INVITACIÓN

Uraraka salió de la cafetería por la noche cuando terminó su turno y se ajustó el abrigo. El cielo anunciaba una tormenta y tenía que darse prisa si quería alcanzar a llegar a la estación. Apenas había dado dos pasos cuando vio, a unos metros de distancia, una moto negra con rojo estacionada al lado de la acera y recargado en ella a un joven de cabello rubio que usaba una chaqueta de cuero. Lo reconoció de inmediato.

–Bakugo Katsuki –exclamó Uraraka a modo de saludo–. ¿Qué estás haciendo aquí?

Bakugo sonrió de lado y se acercó a ella con las manos en los bolsillos del pantalón.

–Estaba esperando que salieras del trabajo.

Uraraka entrecerró los ojos y se cruzó de brazos. Bakugo ensanchó su sonrisa.

–¿Qué? No estoy haciendo nada malo. Me dijiste que no querías que te molestara en el trabajo, y no lo estoy haciendo.

–Estás literalmente afuera.

–Podemos discutir toda la noche acerca de esos tecnicismos, pero tengo una mejor idea. Vamos a cenar.

–¿Todavía no te rindes? Me has invitado a salir todos los días las últimas semanas, mi respuesta es la misma.

–Me conoces, Ochako, no acepto un no por respuesta. Si aceptaras salir conmigo aunque sea sólo una vez te dejaría tranquila.

–¿Por qué insistes tanto?

–No lo sé, ¿por qué siempre me dices que no?

–¿No se te ha ocurrido que no quiero salir contigo?

–Dame una buena razón y te dejaré tranquila. Una sola.

Uraraka soltó un suspiro. La tenía acorralada, no podía pensar en ninguna razón porque no había. Bakugo Katsuki era un cliente frecuente de la cafetería que la había invitado a salir desde el primer día que ella entró a trabajar. Algo en su forma arrogante de hablar y de su excesiva confianza no terminaba de convencerla, pero de ahí en más no tenía ningún motivo para rechazarlo. Si había insistido tanto tal vez valía la pena arriesgarse y tomarle la palabra. Bakugo parecía una buena persona, bastaría con establecer unos cuantos límites y todo iría bien.

–De acuerdo. Saldré contigo esta vez. Pero sólo esta vez. Y si algo no me gusta, me llevarás directamente a casa y me dejarás tranquila.

Bakugo sonrió de lado, triunfante. Subió a su moto y le pasó uno de los cascos. Uraraka subió detrás de él y se agarró suavemente de su chaqueta.

–Agárrate bien, esta lindura va de 0 a 200 en segundos –dijo Bakugo.

Uraraka se sonrojó pero hizo lo que le pedía. Le puso las manos alrededor del torso y se abrazó a su cuerpo para no caerse.

–No hagas que me arrepienta de esto –exclamó.

–Créeme, no lo harás –respondió Bakugo acelerando por la avenida.