CELOS

–¡Waaah! ¡La entrevista de Hawks ya va a empezar! –gritó emocionada Uraraka subiendo a la cama.

Bakugo, que estaba acostado del otro lado leyendo un libro, levantó una ceja inquisidora al percatarse de la emoción de la chica. ¿Por qué se ponía así por una estúpida entrevista? Sí, entendía que Hawks era famoso y "apuesto", pero no era para tanto. ¿O sí?

Bakugo apartó la vista de su libro y miró de reojo a Uraraka, viendo la televisión con los ojos muy abiertos, una enorme sonrisa y las mejillas más rojas que de costumbre.

Tch, qué tontería, pensó.

–Y ahora, el momento más esperado de la semana, con ustedes, el héroe más joven que alcanzó el éxito con...

–¡Ahí está! ¡Es Hawks! –gritó Uraraka–. Ah, ¡su cabello rubio es tan hermoso!

Bakugo frunció el ceño y le picó una mejilla con el dedo a Uraraka.

–Hey, ¿qué hay de malo con mi cabello rubio?

–Nada, nada –respondió Uraraka moviendo la mano, como quitándole importancia al asunto–. ¡Waaah! ¡Su sonrisa es encantadora!

La vena de la sien de Bakugo palpitó furiosamente.

–¿Qué hay de malo con mi sonrisa, cara de mochi?

–¿Eh? Pero Bakugo, tú nunca sonríes a menos que estés molestando a Deku...

–Tch, ¿qué tiene que ver ese maldito nerd con esto?

–Nada, sólo decía...

En la televisión, Hawks se levantó a petición de la audiencia y extendió sus alas para mostrarlas. Hubo un grito general de asombro y las chicas se mostraban enloquecidas.

–¡Mira eso! ¡Ah, sus alas son majestuosas! ¡Es tan fuerte y tan cool!

Bakugo frunció el ceño y apagó la televisión.

–¡Hey! ¿Por qué la apagas? Yo estaba viendo la entrevista de Hawks –exclamó Uraraka haciendo un puchero.

Bakugo la jaló hacia atrás y la sometió con un ataque de cosquillas. Uraraka se retorció de risa y luego sintió el peso de Bakugo apresándola en la cama. El joven la tomó de las manos y las sujetó encima de su cabeza para que no se moviera.

–Bakugo, ¿qué estás...?

–Admite que soy mejor que Hawks –gruñó Bakugo.

–Aww, ¿estás celoso?

–Admítelo.

–Eres tan lindo cuando estás molesto –se burló Uraraka sin dejarse intimidar.

Bakugo se acercó a su rostro y quedó a sólo unos centímetros de sus labios. Uraraka contuvo la respiración y pasó saliva. Estaba tan cerca que podía contar las pestañas de sus ojos. Bakugo se acercó un poco más y sonrió de lado al ver que Uraraka cerró los ojos, esperando el beso.

Entonces se separó de ella y volvió a su lectura.

–Muy bien, me conformo con saber que soy el único que puede ponerte así. Ni siquiera tu preciado Hawks te hace sonrojar de la forma en que yo lo hago, mucho menos por las mismas razones, cara de mochi.