CONFESIÓN

–Qué tontería –exclamó Todoroki–. Si en verdad te gusta deberías decirle.

Bakugo lo volteó a ver con una mirada asesina.

–¿Ah? ¿De qué hablas, idiota mitad y mitad?

Todoroki le dio un sorbo a su jugo, su expresión impasible de siempre en contraste con la agresividad del chico explosivo.

–Eres demasiado obvio.

Bakugo lo tomó de la camisa y lo acercó a su rostro, sus ojos rojos encendidos.

–¿Qué estás...?

–Si no se lo dices tú, se lo diré yo –dijo Todoroki simplemente.

Era de los pocos de la clase 1A que no se sentían intimidados por él. Bakugo lo sabía, así que lo soltó y le dio un empujón.

–Tch, qué molesto. Eres insoportable, no entiendo de qué estás hablando.

Todoroki caminó más rápido y alcanzó al grupo de adelante, en el que iba Tenya, Midoriya y Uraraka.

–Uraraka, ¿puedo hablar contigo un momento?

Los tres lo miraron desconcertados. Uraraka pasó saliva y asintió. No se le ocurría de qué quería hablar con ella un chico como Todoroki, siempre tan frío y reservado.

Pero antes de que pudiera responder, una mano jaló a Todoroki hacia atrás.

–¿Qué crees que estás haciendo, imbécil? –gruñó el rubio.

–Ya te lo dije, si no se lo dices tú, se lo...

–¡Agh! ¡Métete en tus propios asuntos!

Bakugo lo empujó y acto seguido agarró la mano de Uraraka y la jaló aparte del grupo, lo suficientemente lejos como para que nadie más los escuchara.

–¡Kacchan!

–¡Uraraka!

Uraraka estaba congelada y no sabía cómo reaccionar. Las cosas cada vez se ponían más tensas y peligrosas. Primero Todoroki y ahora Bakugo Katsuki, el chico explosivo.

Bakugo se rascó la nuca nerviosamente. No se atrevía a mirar a los ojos a Uraraka, esos enormes orbes cafés que parecían capaces de ver lo más profundo de su ser. Pero sabía que tenía que decir algo, estaba a solas con Uraraka gracias al imbécil de Todoroki que había descifrado sus sentimientos y había estado a punto de contarle todo a la chica.

–Bakugo...¿estás bien?

–Tch, ese idiota...

Uraraka miró nerviosa a su alrededor. A excepción de Tenya, Midoriya y Todoroki, no había nadie más en la cercanía.

–Eh...creo que voy a volver con...

–Sal conmigo.

–¿Ah?

Bakugo frunció el ceño y desvió la vista, había un ligero sonrojo en sus mejillas, pero el de Uraraka era todavía mayor. Su cara se puso como un tomate y retrocedió un paso.

–No me hagas repetirlo –gruñó Bakugo–. Sal conmigo.

La agresividad, el hecho de que no había titubeado, la forma directa de exigirle más que pedirle que saliera con él. Sus palabras la tomaron desprevenida, no esperaba escuchar algo como eso, mucho menos viniendo de alguien como Bakugo. Entonces pensó en lo difícil que debía ser para él, quien se mostraba siempre tan rudo, frío y cerrado a los demás. Había tenido el valor de decírselo, era un gesto lindo a pesar de su actitud y eso la hizo considerar su demanda.

–Muy bien, saldré contigo –dijo al fin.

Bakugo levantó la vista y la miró como si se hubiera vuelto loca. Probablemente tendría que sonreírle o algo por el estilo, ponerse de acuerdo para tener una cita, hacerle un cumplido tal vez...

Pero no Bakugo. Él simplemente resopló y empezó a alejarse.

–Bien, sabrás de mí en los próximos días, cara de mochi. Prepárate.

Uraraka soltó una risita. ¿Por qué todo lo que decía Bakugo tenía que sonar a una amenaza?