FOTO

Uraraka sintió que su cuerpo se congelaba cuando sonó el obturador de la cámara. Un escalofrío bajó por su espalda y lo único que pudo hacer fue levantar la vista lentamente para encontrarse con la mirada fija de Bakugo, sus ojos rojos viéndola entre fastidiado y curioso, la ceja levantada como pidiendo una explicación.

¿Por qué no le quité el sonido a la cámara antes de tomar la foto?, pensó Uraraka.

Su cara se puso como un tomate y empezó a hiperventilar. Tenía que salir de ahí antes de que algo malo pasara. Bakugo Katsuki, el chico por el que tenía un crush desde hacía meses, la había descubierto tomándole una foto a escondidas.

–Hey –la llamó Bakugo dando un paso hacia ella.

Uraraka abrazó el celular contra su pecho, tomó su mochila y se echó a correr fuera del salón.

–¡Hey! –gritó Bakugo, pero la chica ya se había ido.

Uraraka bajó las escaleras lo más rápido que pudo, sin importarle si chocaba con alguien o se tropezaba y se caía. A esas alturas probablemente era lo mejor, pasar a una mejor vida antes que revivir la vergüenza que acababa de pasar. Llegó a su casillero y se apresuró a guardar sus cosas para irse a casa. Y cuando cerró la puerta, una mano recargada en el casillero de al lado le impidió el paso.

Uraraka abrió mucho los ojos al ver de quién se trataba y pasó saliva pesadamente. Aquel era su fin, podía sentirlo. Bakugo se acercó y Uraraka retrocedió al mismo tiempo.

–¿Qué crees que estás haciendo? –gruñó el rubio.

–Yo...eh...nada...

–¿Me tomaste una foto?

Uraraka negó con la cabeza, pero Bakugo bajó la vista a la altura de su pecho y le quitó el celular de las manos, el cual todavía abrazaba como si se le fuera la vida en ello. Esperaba que le reclamara, que la acusara de ser una acosadora en potencia o que la reportara con algún maestro, pero la reacción del chico no fue ninguna de esas.

Bakugo vio la foto y primero frunció el ceño, pero después sonrió de lado y se lo devolvió. Uraraka estaba sin palabras.

–No voy a borrarla porque creo que es una buena foto, pero si no me hubieras agarrado distraído hubiera salido mejor.

Uraraka no respondió. Lo único que se le ocurría en ese momento era pedir disculpas, pensando que tal vez no fue de buena educación tomarle una foto sin su permiso, pero fue interrumpida por Bakugo antes de abrir la boca.

–¿Estás libre ahora?

–¿Eh? –la pregunta la tomó desprevenida.

–Te invito a tomar algo.

Uraraka tardó en reaccionar. Su cerebro estaba procesando la nueva información. Bakugo Katsuki la estaba invitando a salir. ¿Acaso era un sueño?

–Si no quieres no hay problema –dijo Bakugo al ver que no había respuesta de su parte–. Supuse que si te tomaste tantas molestias para una foto, a lo mejor te apreciarías el gesto de invitarte a salir.

Uraraka se las arregló para asentir un par de veces. Bakugo sonrió de lado.

–¿Cómo te llamas? –le preguntó.

–U-Uraraka...Ochako.

–Bien, Uraraka. Supongo que no hace falta presentarme, ¿o sí?

Uraraka negó con la cabeza. Era más que obvio que lo conocía, lamentablemente. Aunque aquella presentación no era lo que tenía en mente. Bakugo sacó su celular, le tomó una foto a Uraraka sin decirle nada y sonrió al ver su cara de desconcierto.

–Podría decirse que estamos a mano –dijo guardando su celular–. ¿Nos vamos?