PINK CHEEKS

–Hey, cara de mochi, ¿qué tan rojas se pueden poner tus mejillas?

Uraraka frunció el ceño y volteó la cara, indignada. Otra vez Bakugo la estaba molestando porque no tenía nada mejor que hacer. Además era una pregunta estúpida, ¿cómo iba a saber ella qué tanto podía sonrojarse? No es como que dependiera de ella o que pudiera controlarlo, era diferente en cada situación, tal vez un cumplido, alguna situación vergonzosa...o probablemente la cercanía de alguien que no sabía respetar el espacio personal.

Bakugo estaba inclinado sobre su mesa, su rostro a pocos centímetros del de ella, sus frentes casi tocándose, viendo cada rasgo como si fuera un descubrimiento.

Uraraka pasó saliva y se hizo para atrás en automático para poner distancia. Sintió el calor poco a poco subiendo a sus mejillas y todo el camino hasta sus orejas. Bakugo frunció el ceño y se acercó más. Uraraka tuvo que desviar la vista de ese par de orbes rojos que parecían perforar su cabeza.

–Bakugo, ¿qué estás...?

–Shhh, trato de probar un punto.

Uraraka sentía la cara más y más caliente, al punto de casi explotar. Bakugo sonrió de lado y se apartó tan repentinamente como se había acercado.

–Creo que ese es un nuevo récord. Pareces un tomate, pero te ves linda.

Uraraka enrojeció a un nuevo tono que superaba al anterior. ¿Bakugo Katsuki acababa de decirle "linda"?

Bakugo soltó la risa y agitó la mano en el aire cuando volvió a su lugar.

–Eres adorable, cara de mochi, creo que siempre será un misterio saber qué tanto puedes sonrojarte. ¿Y sabes qué es lo divertido? Que no puedo esperar a descubrir cuántos tonos puedes cambiar en un día.