Tenten
Neji había estado más callado de lo que usualmente acostumbraba, ignoraba olímpicamente mis intentos de charla que intentaba comenzar. Tal vez tenía esos días donde se levantaba de un pésimo humor, como en ocasiones había presenciado.
Nos acercamos al área donde posiblemente se encontraban los ninjas que se habían apoderado de los pergaminos, de acuerdo a los reportes otorgados por la Hokage. Los habían rastreado hasta esta área, por lo cual se podría suponer que su guarida estaba cerca.
El Hyuga usó su byakugan para detectar su exacta ubicación.
―A doscientos metros, zona oriente, en un claro oculto entre algunos árboles y arbustos, son dos personas.
Confirmé con la cabeza y aumentamos la velocidad, con los sentidos activados ante cualquier emboscada. Súbitamente el castaño se detuvo a unos 100 metros de nuestros objetivos.
― ¿Cuál es el plan?―. Esperé a que el evaluará la situación, mirándolos a la distancia.
Sus ojos característicos adornaban su rostro, de alguna manera aunque a muchas personas les parezca poco agraciados, verlo ahí de pie mirando al enemigo situado a algunos metros, su porte y figura eran bastante masculinos.
Frunció el ceño ante algo que apreció con su byakugan y evaluó todo el alrededor.
―Están...muy confiados, no aprecio actividad en toda el área. Nos están esperando― habló seriamente.― Has un ataque a distancia, para determinar su poder.
Sus ojos se encontraron con los míos, para demostrar que había entendido el plan. Asentí mientras el calor cubría mis mejillas, ante pensamientos fuera de lugar.
Comenzó a saltar entre los árboles, para acercarnos lo más posible para poder atacar. Estando a unos escasos 10 metros los observé, evaluado cada factor y variable que podría surgir y el área de movilidad. Agarré dos de mis pergaminos y salté algunos metros con una sonrisa en el rostro, se desenrollaron mientras una cortina de humo ocultaba ligeramente mi ubicación. Una vez que mi objetivo se encontró a la vista, lancé fuertemente una gran cantidad de armas, directo al blanco, como era costumbre.
Al descender en la rama de un árbol frondoso, examiné mi objetivo, encontrándolo completamente desierto. El asombro inundó mi ser y sin esperarlo un golpe sacudió mi rostro, alejándome algunos metros. Antes de chocar con un árbol, mis sentidos se activaron y conseguí componerme.
Recorrí mis labios con mi antebrazo, limpiando la sangre que brotó de mi boca mientras la adrenalina recorría mis venas al tener frente mío al ninja más alto. Ese golpe me había tomado por sorpresa. A unos pocos metros estaba el Hyuga consternado mirando fijamente al otro ninja que era más pequeño y poseía fija una sonrisa de autosuficiencia. Desvió levemente la mirada y nuestros orbes se encontraron, eran oponentes fuertes.
―Vamos a bailar― habló el más alto del par, dedicándonos una sonrisa burlesca.
El ninja se movió y no pude verlo. Su velocidad era anormal. En un solo instante estaba a mi lado, propinándome una patada en el abdomen. La fuerza del ataque provocó que me estampara contra un árbol.
Al fijar mí vista al combate del Hyuga, una sonrisa escapó de mis labios. Aunque la velocidad de los adversarios era increíble, el genio alcanzaba esquivar la mayoría de los ataques de su enemigo y de alguna forma contratacaba, pero sin poder acertar. Yo era la más lenta del equipo, considerando el gran entrenamiento que llevaba Lee y Neji que dedicaba cada tiempo libre a perfeccionar cada aspecto de sí mismo.
―Concéntrate en tu propia pelea― gritó mi enemigo seguido de una gran oleada de ataques físicos.
Como pude intenté moverme para escapar de sus puños y patadas, sin embargo muchos dieron en el blanco. Años entrenando con los miembros de mi equipo que eran especialistas en taijutsus o enfrentamientos físicos y seguía siendo tan incompetente. Necesitaba tomar distancia.
Salté fuera de su alcance en un corto segundo. El tiempo era limitado por lo cual desenrollé mi pergamino invocando una docena de sellos de los que posteriormente brotaron grandes bolas de fuego dirigidas rápidamente hacia al ninja. La colisión de ellas causó una gran explosión, a causa de esto fuimos expulsados por el choque de las fuerzas. Sonreí de medio lado mientras respiraba entrecortadamente. Había utilizado una elevada cantidad de chakra.
Un movimiento casi imperceptible alertó a mis sentidos, sin poder creerlo intercepté un ataque mortal proveniente de mi adversario con ayuda de un Bō. Me alejé como pude para recuperarme, pero el enemigo se movía un paso delante de mi, como si supiera mi destino o como si leyera mi mente. El ninja había evaluado mis ataques y no permitiría que tomara la distancia suficiente para poder atacarlo nuevamente.
En uno de sus rápidos y fuertes ataques logré bloquearlo, percibiendo una de sus manos al rojo vivo, como si mi ataque lo hubiera alcanzado, pero eso era imposible porque él era demasiado rápido o quizá, solo quizá...
Una idea creció rápidamente en mi cabeza, observé a mi compañero que atrapó mis ojos entre los suyos y afirmó con la cabeza. Él igual lo había comprendido. Ellos no eran veloces, simplemente tenían la capacidad de alentar a sus contrincantes. Le dediqué una sonrisa a mi rival y él respondió con una mueca de enojo.
Utilicé un Jutsu de sustitución para alejarme y lograr realizar los sellos necesarios. Diversas armas brotaron a mi alrededor y sin esperar ninguna señal fueron directo a dar en el blanco a su presa. Él se borró del sitio, intentando esquivar mis armas letales. Algunas al incrustarse explotaban reduciendo las posibilidades de escapar. Otras se movian nuevamente con ayuda de los hilos que tenía sujetos en ellos, como si pudieran olfatear al enemigo.
Mis manos danzaron en veloces movimientos hasta que lo perdí de vista. Bajé del árbol donde estaba, ansiando localizar a mi objetivo. Fue en ese momento que todo sucedió en un solo segundo. Sin poder esperarlo ni saber de dónde emergió el enemigo sujetó mi antebrazo, llevándolo atrás de mi espalda con gran brusquedad y sentándose en mi espalda, lo cual en consecuencia me provocó caer de frente en el piso. Él me había inmovilizado completamente. Un flujo que iba en crecimiento inundó mi pecho, ira, la incapacidad de poder enfrentarme a alguien tan débil y mi falta de determinación; estaban haciendo estragos en mi cabeza.
Recorrí el campo de batalla hasta localizar a mi compañero de equipo quien me observó detenidamente por unos segundos. El ninja que él enfrentaba se alejó de ahí con evidentes daños en el cuerpo, saltando de árbol en árbol.
Neji vendría a ayudarme. Sin embargo, no fue así. Dirigió su mirada el camino hacia donde se fue el que seguramente tendría el pergamino que teníamos que recuperar. El Hyuga apartó aquellos orbes exóticos de los míos y en una sola acción desapareció.
Una punzada perforó mi pecho, sintiéndome tan traicionada, estúpida e indefensa. Las palabras del Hyuga recorrieron las paredes de mi cabeza "Lo más importante es completar la misión sin pensar en las consecuencias resultantes". Una oleada de ira embriagó mi abdomen y apreté fuertemente los dientes. Era una completa idiota al hacerme falsas esperanzas y de haber sentido algo más por una persona tan despreciable como él.
Ante aquel escenario tan amargo en mi cabeza, comencé a procesar cada opción disponible: soltarme o enfrentar a la muerte sin inclinar la cabeza. El ninja encima presionó más fuerte mi brazo y escuché mi muñeca tronar ante su agarre. Intenté forcejear y en ese momento una idea se plantó en mi mente.
La mano que presionaba contra el suelo la moví levemente, sintiendo cada uno de mis dedos. De alguna manera los dedos de mi muñeca rota se movieron ligeramente, decidí atribuírselo a la adrenalina que inundaba mi organismo. Esperando que funcionara jalé mis manos hacia mi cuerpo, originando que las cuerdas de alambre que había sujetado al ninja se tensarán, ya que se encontraban rodeando un gran árbol a las orillas del claro, y lo apartaran de mi cuerpo. Sin esperar ni un solo segundo e incorporándome levemente, las tensé más logrando que se estampara contra él árbol. Finalmente lo sujeté fuertemente con las cuerdas generando laceraciones en su piel.
―No te muevas, si lo haces, lo sabré. ― Señalé los sellos explosivos que estaban en la longitud de las cuerdas y al menor movimiento los activaría.
El ninja me dedicó un gesto de odio que simplemente ignoré. Sin esperar nada más, decidí ir en dirección hacia donde mi compañero se había esfumado. Un leve dolor en mi muñeca emergió sentimientos negativos que hicieron de las suyas en mi cabeza.
De camino al sitio, alcancé ver a Neji Hyuga en el suelo, por lo cual salté para poder encontrarlo de frente. El me dedicó una leve sonrisa presentándome el par de pergaminos en su mano. Consentí indiferente, entretanto la ira comenzaba a consumirme al no escuchar palabra alguna de preocupación dirigida hacia mí.
Unas tremendas ganas de vomitar se apoderaron de mi garganta y decidí abrir la boca.
―Pude morir ahí atrás, Neji.
Él me observó confundido, evaluándome desde la punta de los pies, hasta alcanzar mi rostro que conservaba una expresión de ira aunada con odio.
―Tenten ¿de qué estás hablando?―profirió calmadamente, tan típico en él.
―Ese ninja pudo haberme matado, aun cuando fuiste consciente de eso, decidiste irte, sin mirar atrás.― Quería bajar la cabeza, pero eso demostraría una debilidad que no quería atribuirme y mucho menos enfrente de él.
Su expresión se tensó y su semblante competía con el de una escultura de mármol, o aquellas de hielo que eran bastante populares hoy en día.
―La finalización de la misión, junto con el éxito...―. Lo interrumpí en su discurso.
Lo observé con desprecio, realmente ¿cómo pude fijarme en una persona como él? La muerte era insignificante para el Hyuga, sin importar de quien se trátese.
―Entiendo perfectamente ese discurso, es solo que una mano no te hubiera costado tanto. Somos un equipo, deberíamos trabajar juntos, pero ahora puedo entender que lo más importante para ti es completar exitosamente la misión sin importar nada.
Mordí fuertemente mi labio, evitando que palabras de más fueran dichas. Contuve el aliento y levemente lo solté observando a mi compañero de equipo a los ojos. Él me devolvió la mirada y ligeramente pude observar un ápice de sentimientos dentro de él, que probablemente querían salir.
―Tenten, eres una ninja. Nos enfrentamos a la muerte cada día, es el camino que elegimos. Confié en tus habilidades al dejarte en ese sitio.―Meditó levemente sobre lo que diría a continuación y la forma adecuada de hacerlo.―Eres la Kunoichi más talentosa de la aldea, no necesitas mi ayuda.
Ahí de pie, sosteniendo aquella dominante mirada y el viento soplando ligeramente entre los árboles provocando que algunas hojas desciendan levemente hasta alcanzar el suelo, escuché dos lentos latidos que originaron un gran estremecimiento en cada parte de mi cuerpo. ¿De verdad había escuchado eso?
Mi sueño es ser tan grande y fuerte como Lady Tsunade, lograr alcanzarla. Ese había sido mi camino ninja desde que era pequeña, pero justo ahora era una completa idiota. Impulsivamente me estaba comportando como una chica indefensa que necesitaba ser salvada, auxiliada y que no confía en su propia fuerza. Había entrenado duro cada día y noche, para ser más fuerte, para alcanzar el talento monstruoso de mis compañeros de equipo. Neji tenía toda la razón, somos ninjas, debemos comportarnos como unos y evitar que los sentimientos cieguen otros ámbitos de mi vida.
El Hyuga, el chico prodigio de su familia aun siendo de la rama secundaria, el genio Hyuga, reconocía mi fuerza y talento como kunoichi. Un ardor atestó mis pómulos y observé mis pies mientras el sentimiento bochornoso reclamaba mi cuerpo.
Silenciosamente emprendimos el viaje de regreso a Konoha, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. Al ocultarse la estrella solar nos detuvimos a descansar. El Hyuga encendió la fogata realizando movimientos automatizados. Junto a la fogata y estando más relajada evalué mi muñeca. Dolía al moverla, por lo cual debía inmovilizarla hasta que regresáramos a la aldea.
De mi bolsa extraje una venda que serviría perfectamente. Instantáneamente la banda de algodón desapareció de mi mano. Elevé la mirada encontrándome dos orbes malva fijos en mí. Avergonzada observé las flamas de la hoguera entretanto Neji tomaba asiento junto a mí. Mi comportamiento anterior me había dejado sin saber cómo dirigirme hacia él nuevamente.
―Dame― ordenó el causante de aquellos sentimientos que me atormentaban.
Sin ganas de contradecirle le ofrecí mi mano que se encontraba herida. El Hyuga comenzó a pasar la venda alrededor del área afectada sin decir alguna palabra al respecto. Los latidos de mi corazón causaban más eco de lo normal ante el silencio sepulcral, por un segundo me sobrecogió la idea de que podría estar escuchándolos.
Al finalizar con ayuda de sus dientes cortó el vendaje, sus delicados y finos labios rozaron levemente la palma de mi mano desatando un estremecimiento que alcanzó cada partícula de mi cuerpo. Maldije internamente cuando unas irresistibles ganas de hacer lo impensable me dominaron, mis ojos observaron detenidamente el objeto de mi adicción y como manera para frenarme me mordí fuertemente el labio.
―Listo― habló serenamente, ajeno a mi batalla interna.
Confirmé con la cabeza, en señal de agradecimiento suprimiendo aquellos deseos turbios que intentaban someterme.
Como odiaba fuertemente los sentimientos que Neji Hyuga me originaba y su falta de interés por intentar complacerlos.
