Lee


Las grandes puertas de roble se unieron detrás de nosotros dando por terminada la misión de escolta de aquel arrogante hombre opulento. Un sentimiento cobró vida en mí interior que era imposible reprimir.

―¡La llama de la juventud está ardiendo en nosotros!―exclamé haciendo uso de mis pulmones en su totalidad.

Mi compañero junto a mí se alejó evitando el poder sonoro de mi voz con una expresión de fastidio en su rostro, dejaba ir su vitalidad y fortaleza conteniendo en su interior la llama que gritaba por salir.

―Vamos a celebrar, hay una barbacoa cerca, Neji.― Giré sobre mis pies para encontrarme de frente al Hyuga que había disminuido su caminar.

El susodicho prolongó sus peculiares ojos en los puestos que se encontraban en los dos lados de la calle, incitando a acercarse a los peatones que deambulaban sin preocupaciones.

―Ahora te alcanzo.―Me dirigió una mirada determinante.

Mi rostro reflejó sorpresa ante su comentario, sin dudar me encaminé al puesto de comida que se encontraba a unas esquinas. Entré encontrándome a una chica agradable que me sonrió mientras me acompañaba a una mesa al fondo del establecimiento que era para cuatro personas, como todas las del lugar.

Le sonreí al terminar de pedirle la orden de comida intentando ser agradable, la fémina castaña me guiñó el ojo dedicándome una sonrisa traviesa al dar la vuelta para aproximar los cortes de carne. Un leve rubor adornó mis pómulos. No me esperaba esta reacción.

La chica distribuía las carnes en la parrilla central de la mesa para que se guisen cuando el genio Hyuga tomó asiento en la silla enfrente de mí tranquilamente, colocando su fardo en la silla continua. Se centró en la carne, tomando algunos trozos y depositándolos en su plato acompañado de arroz y algunos vegetales.

― ¡Esta delicioso!― confirmé al introducir otro pedazo de carne a mi boca, el sabor jugoso del filete junto con el aderezo era increíble.

Neji ingirió tranquilamente, siempre era una persona de pocas palabras aunque éramos amigos desde hace años. Una duda inundó mi cabeza al recordar que hace unos momentos había ingresado a una tienda. Lo inspeccioné para determinar que había adquirido, no encontré nada fuera de lo normal. Mis ojos fueron atraídos por un destello leve emergiendo de su fargo.

Levanté una ceja extrañado evaluando el pequeño instrumento.

― ¿Eso es una wakizashi, Neji?―. Él abrió los ojos fijándolos en mí un breve segundo y centrarlos de nuevo en su plato de comida.

La curiosidad me impulsó a estirarme encima de la mesa y extraerla de su bolso. Era pequeña, liviana y los detalles que le forjaron eran exquisitos. Él se sobresaltó ligeramente, prestándome toda la atención posible. Sus ojos malva se centraron en el objeto en mis manos, pero era todo tan confuso.

―¿Para que necesitas tú una wakizashi?―. Le devolví la katana en sus manos, él la introdujo en su fargo, hasta el interior.―Tú no usas….

Las palabras se perdieron en mi garganta cuando una idea captó toda mi atención.

―Pero Tenten ha estado buscándola durante hace meses…―dejé la frase al aire mientras mi voz se desvanecía y contemplaba al ninja enfrente mío con detenimiento.

Se removió en su asiento y prosiguió comiendo, intentando mantener la compostura y las apariencias. Cerró los ojos centrando toda su atención en la carne y decidido a ignorar cualquier cosa que le diga.

― ¿Qué diablos pasó entre tú y Tenten en nuestra ausencia?―. Diversas imágenes sugestivas pasaron por mi cabeza, una más grave que la otra.

Se levantó de la silla una vez terminado de comer como si no le hubiera dicho absolutamente nada y prosiguió a salir del establecimiento, sin esperar nada devoré mi parte de la comida, dejé el dinero y corrí a su encuentro intentando alcanzarlo.

―Neji, ¡Hey, Neji!―. Visualicé su espalda entre la multitud de personas.

Al llegar a su altura, apoyé mi brazo en su hombro recuperando el aliento. El genio Hyuga se deslizó fuera de mi alcance para evitar cualquier contacto. Un fuego interior comenzó a crecer al observarlo frente a mí, con aquella expresión de frustración, había descubierto su secreto.

― ¡Su llama de la juventud esta ardiente intensamente!―.Exterioricé mis sentimientos llamando la atención de los peatones. ―Tienes que contarme todo Neji, hasta los detalles más indecorosos―susurré para que solo nosotros escucháramos.

Me había perdido de tanto en estas semanas fuera, mis antiguos compañeros, ahora amigos, dejaron su juventud fluir y se dejaron llevar, habían hecho caso a mis sabias palabras que hacían eco de los pensamientos de Guy-sensei. Tenía que conocer todos los detalles, la curiosidad estaba matándome.

Un leve color coloreó las mejillas del Hyuga mientras su rostro reflejaba una expresión de vergüenza y enojo.

―Deja de hacerte ideas Lee, no pasó nada en lo absoluto.―Un tic en el ojo se le formó al proferir aquellas palabras con fuerza para que pudiera escucharla.

―¿Por qué otra razón le regalarías algo a Tenten?―.Le dediqué una sonrisa sagaz, dándole a entender que no debía mentirme más, era evidente.

Me dedicó una mirada de pocos amigos y súbitamente prosiguió su paso hacia las afueras de la aldea de Yugakure, tal vez esperaba a que me cansara del asunto, pero si realmente tenía esa idea, el genio Hyuga no me conocía lo suficiente, Rock Lee jamás se daba por vencido.

Tenten


Limpié mis manos en el mandil azul que rodeaba mi cintura, la salsa estaba deliciosa, con el toque exacto de condimentos. La mezclé con la pasta que reposaba a un costado y sonreí al llevármela a la boca disfrutando la explosión de sabor.

―Delicioso―. Me felicité a mí misma.

Los ninjas no dedican cada segundo a realizar misiones y entrenar, de igual forma tenemos pasatiempos, en cuando a mí, me había decidido por la cocina desde hace años. Por lo cual era medianamente buena en ese ámbito y esta fue la razón por la que Hinata Hyuga me pidió ayuda en un platillo para cierto rubio imperativo.

Disfruté el platillo hasta terminarlo, tomé algunas cosas de la cocina y emprendí mi camino hacia la mansión Hyuga. Los rayos del sol acariciaron mis brazos descubiertos por la blusa de tirantes blanca que decidí usar en juego con los pantalones rojos que acostumbraba a utilizar diariamente.

Al llegar a mi destino la primogénita del clan me dejó pasar guiándome hacia la cocina con un tono carmesí en los pómulos, lo cual no era novedad al involucrar al Uzumaki. Al pasar por el pasillo exterior que conducía a la cocina miré levemente hacia el patio, fue un gesto involuntario y al no encontrarlo entrenando como suele estar la palabra "idiota" ocupó mi cabeza. Él había tenido una misión con Lee.

Sacudí la cabeza pretendiendo liberarme de esas ideas que causaban estragos en mi interior. Miré a Hinata que caminaba algunos pasos adelante, encontrándome con una sonrisa sugerente de su parte al contemplar mis acciones. Escapé de su mirada al ser descubierta de una forma demasiado absurda y aclaré mi garganta para redirigir la atención.

Ingresamos a la cocina y nos pusimos manos a la obra con un silencio un poco incómodo rodeándonos, de verdad que pude ser mucho más reservada, pero ante esos ojos característicos del clan Hyuga, ninguna cosa se les escapaba.

―Entonces… ¿es oficial lo tuyo con Naruto?―. Mencioné entretanto mezclaba la masa del pastel y Hinata preparaba la cubierta.

Con un leve sonrojo confirmó con la cabeza mientras batía fuertemente los ingredientes para lograr el merengue deseado.

―Neji-niisan acaba de regresar de su misión.― Arrojó la oración sin más.

Sus labios se presionaban entre si intentando contener una sonrisa. Aunque muchos atribuían a la dulce Hinata una inocencia abrumadora y el ser distraída, no podrían está más equivocados, Hinata Hyuga era demasiado observadora y ocultaba perfectamente aquel lado vil.

El pastel resultante era perfecto, el merengue blanco cubría suavemente el pan, adornado con jugosas fresas. Hinata sonrió ante el producto exitoso. Adicional al pastel Hinata me pidió que le enseñará a hacer galletas con chispas de chocolate. Estas estaban a un lado, luciendo verdaderamente deliciosas.

―Tienes talento Hinata, debemos hacerlo más seguido.― La emoción me invadió completamente, la cocina jamás terminaría de sorprenderme.

La Hyuga colocó las galletas en una canasta cubriéndolas, pero apartó algunas en un plato profundo. Me ofreció la bandeja con una sonrisa pequeña en los labios.

―Son las favoritas de Neji-niisan, su cuarto está subiendo las escaleras, a mano derecha, la tercera puerta.―Una vez que colocará el plato en mis manos se giró hacia la canasta de galletas llevándose una a la boca.―Le encantarán.

Percibí mi rostro arder, mis manos por poco sueltan el plato. Hinata era demasiado, jamás había esperado este golpe bajo de su parte. La Hyuga con una sonrisa en el rostro me contempló subir las escaleras.

―Hinata, me las pagarás.

Caminé lentamente escuchando mis latidos acelerados en mis orejas, odiaba que él me hiciera tan débil. Parecía una oveja asustada por ir a la guarida del león. Detestaba que me hiciera sentir tan insegura. Toqué levemente la puerta escuchando una ligera melodía procedente del cuarto, era algo que ya sabía, el pasatiempo de Neji Hyuga era la música.

―Pasa.―Una voz profunda salió del cuarto.

Hace años que Neji, Lee y yo éramos compañeros de equipo, compartimos demasiadas cosas juntos desde misiones riesgosas hasta situaciones relajantes, pero eso no fue más allá del campo de entrenamiento y la aldea, nunca había estado en el cuarto del genio.

Tomé la perilla de la puerta de roble y la giré dando acceso a la habitación. Era amplia, en el centro de la pared derecha se apreciaba una cama grande que era lo que visualmente te atraía más al ingresar, al frente de la cama había una puerta que conducía a un pequeño baño. Al final de la habitación en la pared izquierda se apreciaba un modesto closet de doble puerta. Neji se encontraba enfrente de este, rebuscando entre las cosas que se encontraban adentro.

Sus ojos se desviaron de su acción y se fijaron completamente en mi persona. Abrí ligeramente los labios al contemplarlo a la distancia. El cuarto destilaba aquel olor característicos del genio, embriagado mis fosas nasales, aquella fragancia que había percibido anteriormente pero en menor cantidad, maderosa pero fuerte, dominante. Mi corazón se detuvo durante unos segundos, a continuación un latido fuerte y doloroso brotó de mi pecho. Ahí estaba el Hyuga observándome con aquellos ojos penetrantes y con el dorso desnudo del cual se apreciaban ligeras gotas de agua recorrer su bien formado abdomen. Algo dentro de mí se sacudió, provocando una corriente de electricidad y un gran bochorno.

―Tenten―habló casi en un susurro.

Mis piernas temblaron como si fuesen gelatina. Tragué ruidosamente, intentando mantener la calma y ordenándole a mis ojos centrarse simplemente en aquellos orbes malvas, orden que fue desobedecida.

―Uhm…vine a ayudar a Hinata con un pastel y…―escupí las palabras intentando mantener la compostura, centré mi atención en el plato que sostenía en mis manos.―preparamos estas y pensé que podrían gustarte.

Dirigí mis ojos almendrados a los suyos encontrándome con una mirada amable y una ligera sonrisa escapando de sus labios. Algo explotó dentro de mí.

"Tranquilízate, respira, contrólate"

Múltiples imágenes no inocentes corrieron por mi cabeza, cerré los ojos intentando frenarlas en vano. Coloqué el plato de galletas en la mesa junto a la cama y me dirigí hacia la puerta.

―Disfrútalas― hablé bastante segura, si tan el tono de mi voz sería un fiel reflejo de mi interior.

―Tenten, espera.

Regresé a mi posición anterior, mordiendo ligeramente mis labios. Neji se adentró al closet buscando algo en particular. Al transcurso de unos segundos centró su atención en mí y comenzó a aproximarse lentamente.

Mi interior estaba en llamas, su sosegado caminar me obligó a tragar nuevamente. Neji Hyuga no era solamente apuesto, era candente. Podía escuchar mis latidos desenfrenados hacer eco en mi organismo obligándome a perder el control, apreté fuertemente mis manos, el dolor me regresó a la realidad.

El Hyuga se detuvo a unos pasos de mí. Su cabello tenía pequeños cristales que destellaban con la leve luz que se filtraba por las cortinas de la ventana del fondo. Su frente descubierta era amplia y en el centro se apreciaba aquella marca que tanto intentaba ocultar y aquel pantalón oscuro se acentuaba perfectamente en su cadera contrastando con su piel aparentemente suave y nívea.

Cerré fuertemente los ojos, que pasara lo que tenía que pasar, no me opondría. Un estremecimiento recorrió cada centímetro de mi piel y mi órgano cardiaco iba a explotar.

―Un vendedor las forja en Yugakure.

Sus palabras me desconcertaron por lo cual abrí los ojos encontrándome aquellos ojos malva mirándome y señalando levemente su mano extendida. Seguí la dirección para contemplar una wakizashi en su mano.

La tomé de entre sus dedos fijándome en los detalles del mango exquisitamente forjados, la extraje de su funda y el filo centelló por la luz del cuarto. Mi euforia era incontrolable, hace meses, tal vez hace un año buscaba una y ahora estaba en mis manos. Una gran sonrisa se instaló en mi rostro.

―Oh, oh ¡No es posible, de verdad es maravillosa, la he querido tanto, meses buscándola y por fin la tengo, y los detalles son increibles!―Alcé la voz emocionada, sin poder caber en mi felicidad.

Impulsivamente me acerqué a él y rodeé con mis brazos su abdomen.

―¡Muchísimas gracias, Neji!

Me tomó tres segundos pensar en mis acciones frenéticas. En esos tres segundos mi corazón saltó intentando salirse de su lugar. Los brazos del genio se quedaron estáticos en el aire conmocionado por aquella imprudente muestra de afecto. El sentir de su piel bajo mis manos desató demasiados sentimientos en mi interior y escuché unos rápidos latidos que no tenía su origen en mi organismo. Sus palpitaciones fueron suficientes para recobrarme y alejarme, en contra mía, de mi compañero de entrenamiento.

Mi piel estaba ardiendo de vergüenza, estupidez y algo más, ¿cómo pude ser tan impulsiva? Era mi perdición hacer las cosas sin pensar en las consecuencias posteriores.

Dirigí mis ojos a los suyos con el corazón en la boca, su mirada destilaba curiosidad, asombro y un sentimiento que no pude descubrir. Era momento de componer las cosas, solté una risa entre avergonzada y divertida, resultando forzosa.

―Las galletas están en la cómoda―señalé la mesa y jugué con el arma entre mis manos―de nuevo, gracias por la katana.

Sin esperar ninguna respuesta de su parte, a paso rápido salí de la habitación sin saber cómo, las sensaciones estaban a flor de piel y mi rostro estaba completamente colorado.

Me apoyé en la puerta una vez cerrada e intenté recuperar la respiración, ya que en algún punto la había contenido, mis músculos están entumecidos.

"Eres una gran idiota, Tenten"

Me maldije internamente, estos sentimientos me habían llevado al extremo, sin poder medirme y en este punto las cosas iban a resultar extrañas, no sabía cómo iba a comportarme desde ese punto.

Pero de algo podía estar segura, al contacto con mi piel, la suya estaba ardiendo.


Luego de mucho tiempo les traigo la continuación de la historia, espero sus comentarios.