N/A: Es necesario aclarar que cada una de las peleas esta sucediendo al mismo tiempo en cada sitio.


Capítulo 33: Subyugación


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Maito Gai se desplazó hacía un lado con una velocidad sobrehumana, apartándose del muro de metal antes de que su contrincante lo alcanzara. El metal cedió en el lugar donde el puño de aquel hombre se estrelló, haciendo un gran agujero en la estructura.

La bestia verde de Konoha se impulsó contra uno de los barandales de segundo piso que había, acercándose al hombre, desatando una lucha de golpes y patadas, que eran detenido por el otro y buscando acertar a su contrincante. Los puños chocando entre sí, las patadas haciendo retumbar el cuerpo contrario. Gai logró acertar un golpe estridente en la mejilla del responsable de todo esto, lanzándolo a volar, hasta que se estrelló en la pared de metal del fondo, hasta atravesarla.

Respiró agitadamente, con las cejas fruncidas. Sentía la ira dominar todo su organismo, al pensar en lo que aquel hombre había hecho, lo lejos que había llegado por poder. Había lastimado a cada uno de sus pupilos, que más que sus alumnos, eran su familia.

Y a Tenten, ella era la que más había sufrido en todo esto. Siendo atrapada, torturada protegiendo información sobre él y al negarse tomaron control sobre ella. Presionó las manos hasta convertirlas en puños. Ella, la flor de primavera del equipo… sus dientes se apretaron hasta que sonaron. Sentía la adrenalina correr por todo su cuerpo, la energía brotar de todos lados. Las imágenes de los años anteriores vinieron a su cabeza, la mirada vacía de Neji, la frustración de Lee. La culpa cayó sobre sus hombros aunque sabía que no ninguno de ellos lo era, lo habían estado buscando a él.

Sorpresivamente una explosión vino desde donde había salido el enemigo, Gai sintió la magnitud del avance demasiado tarde. Una ventisca impetuosa. No solo una, sino una detrás de otra, lanzándolo por todos lados, como si fuera una pelota de ping-pong. Hasta que el enemigo lo estrelló en el suelo con una fuerza aplastante, hundiendo su rostro y haciendo que todo el sitio se estremeciera descomunalmente. Ese lugar no iba a resistir a contener aquella pelea por mucho tiempo.

―Vaya, ¿acaso eso es todo lo que la bestia de Konoha puede ofrecer? ―Soltó una risa estridente dejando ver una sonrisa retorcida con los ojos negros destellantes, extasiado de la imagen que veía.

Maito Gai en el suelo, sin moverse o recuperarse, aquel hombre que era el más fuerte en taijutsu.

Aquel hombre con barba oscura y el cabello negro y largo, la ropa que antes tenía se había despedazado, dejando ver su cuerpo formado con las venas saltadas, con una tonalidad rojiza por la apertura de sus propias puertas, se acercó hasta quedar a una distancia considerable del hombre en el suelo, que parecía inconsciente. Soltó una ligera risa, observó sus manos que sentía como transcurría un inmenso poder en todo su cuerpo, satisfecho que todo haya valido la pena, tanto tiempo e investigaciones y ahora nadie podría detenerlo. Lo había conseguido, finalmente. Ser un hombre extremadamente poderoso que nadie podría parar.

Maito sentía sus ojos pesados y el cuerpo adolorido resultante de aquel ataque y la presión que la apertura de las puertas traía en su cuerpo. Mientras su mente iba y venía en la inconsciencia, un recuerdo vino a su mente.

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"Años atrás, cuando había recibido una paliza de unos ninjas por defender a su padre, cuando estaba por entrar a la academia. Había terminado en el hospital, donde Dai, había estado en todo momento. En ese entonces se había sentido tan frustrado, que jamás iba a lograr nada, por no poder hacer ningún tipo de genjutsu o ninjutsu. Que era un perdedor y que debía dejar de ser tan optimista cuando era evidente que aunque el desee muchas cosas, la realidad era otra.

― ¿Cómo voy a probar que puedo vencer a alguien más fuerte solo con creerlo hasta la muerte? Alguien como yo…

Había presionado las sabanas con fuerza con sus manos y varias lágrimas habían salido de sus ojos producto de la más abrumante frustración. Pero entonces, Dai, dijo unas palabras que lo habían cambiado todo.

―La auténtica victoria no consiste en vencer a alguien más fuerte, sino en ser capaz de proteger algo que te importa de verdad."

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Gai abrió los ojos sintiendo una opresión en el pecho cálida, nada de esto tenía que ver con él, con el pergamino ni por demostrar quién era el más fuerte entre los dos. Se trataba de proteger a las hojas verdes de los árboles que aún eran jóvenes, a su familia y jamás permitir que algo como eso volviera a suceder, él se aseguraría de eso.

Se concentró en su interior, sintiendo la apertura de la séptima puerta Kyōmon (la puerta de la conmoción) fluir entre sus venas. La adrenalina y el poder dominando su cuerpo, la presión materializándose con mayor fuerza.

Un aura de chakra azul rodeando el cuerpo del hombre en el suelo llamó la atención de Ushio quien se alejó con el ceño fruncido ante ese cambio de sucesos, arrastrado por la fuerza descomunal. Aunque una sonrisa divertida salió de sus labios, a la par que activaba la séptima puerta al mismo tiempo. Las cosas se pondrían interesantes.

La figura de la bestia verde de Konoha se levantó del suelo, hasta que encontró la mirada de aquel que se atrevió a tocar a su familia, con la determinación presente en todo su aura. Iba a detenerlo ahí y ahora. Comenzó a expulsar un gran torrente de chakra de cada uno de los poros de su cuerpo, las venas marcadas en su rostro. Levantó las manos y las juntó en una posición de manos hacía el hombre que tenía enfrente.

Hirutora― La masiva concentración de chakra salió de entre sus manos.

Antes de que siquiera pudiera reaccionar o respirar, el golpe en forma de tigre colisionó de lleno del cuerpo estallando, destruyendo la pared de enfrente, revelando el bosque que rodeaba el lugar.

Gai respiró agitadamente al sentir los músculos de sus brazos tensos, desgarrándose. Sin embargo, una sonrisa surcó sus labios. Lo había conseguido, había protegido a sus alumnos. Estaba por dejarse caer al suelo, para sentir los estragos de utilizar las puertas internas cuando una silueta comenzó a avanzar desde el bosque y por la cortina de polvo que se había ocasionado por la ventisca procedente del ataque.

Una risa grave sonó en eco por todo el lugar cuando finalmente logró entrar. Fue en ese momento que pudo apreciar como aquella persona seguía acercándose hacía él con lentitud.

― ¿Realmente pensaste que algo como eso iba a detenerme?

Maito entreabrió los labios al ver la sombra acercarse más y más hacia él. ¿Cómo eso era posible? El tigre matutino es una técnica con un poder demoledor, en el cual una gran cantidad de chakra se concentra, cuando entra en contacto toda esa presión acumulada estalla, causando la muerte del individuo que alcanza. Es una técnica final, era impensable que una persona como Ushio, sin ningún poder ninja o algún grado de resistencia soportara eso. Unas gotas de sudor corren por su rostro. La figura finalmente entra a su campo de visión y la conmoción se hace más grande al verlo.

El anterior cuerpo de Ushio se veía bien formado y conservado, como si realmente fuera un ninja o se hubiera esforzado en entrenarse. Sin embargo, ahora mismo su masa corporal había crecido descomunalmente, deformándolo. Maito observó perplejo como el abdomen de aquel hombre se encontraba retorcido por el ataque que había acertado, pero se encontraba reforzado por fibras musculares, aquellas que habían logrado canalizar el golpe y evitar que impactaran como debía. Retrocedió al ver como esa parte se deformaba de tal forma como el resto de su cuerpo, dando una apariencia repugnante.

― ¿Cómo…? ― Gai no pudo terminar su pregunta, anonadado por lo que veía.

― ¿De verdad pensabas que simplemente me había conformado con el poder de las ocho puertas? ―Miró sus manos que estaban recubiertas de capas de musculo y algunos huesos saltándose en su abdomen.

El hombre avanzó con una sonrisa lunática salir de sus labios, Gai comprendió que no solamente había experimentado con todos sus hombres, sino con él mismo.

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Sutetchi Suparu, aquel soldado que Lee había conocido en la Getsugakure y cuya espada Denshi Borokku le permitía conducir electricidad y realizar cortes paralizantes, observó al ninja de Konoha que sostenía el costado derecho de su abdomen, la sangre empapando las vendas que tenía cubriendo sus brazos.

Ladeó la cabeza pensando en lo lamentable del enfrentamiento. Al conocerlo en Getsugakure, parecía realmente fuerte, junto con sus compañeros. Pudieron detener a los otros ninjas que habían ido junto con ellos. Se suponía que iba a ser una misión, por eso solo había ido él.

El resto de los nuevos espadachines de la niebla; Kiri Misuto, con su espada Fureraranai que le brinda la capacidad de hacer su cuerpo intangible como neblina haciéndolo inmune a ataques físicos y Kappa Numachi, con sus dos dagas gemelas que le permitian escapar en sus charcas, hundiéndose en el piso, o atacar si era necesario se habían encargado de otra misión más interesante.

Grande fue la sorpresa de Sutetchi al saber que aquella Kunoichi de chongos podría resultar útil y que ellos eran alumnos del hombre que habían estado buscando. En este reciente enfrentamiento se daba cuenta que había errado en pesar que era lo suficiente para enfrentarlos juntos. Sonrió con arrogancia mientras envainaba su espada.

De la nada la figura del Lee desapareció de la vista de los espadachines, que miraron hacia atrás esperando ver al ninja de Konoha ahí. Sin embargo, una patada colosal alcanzó la mejilla de Sutetchi, lanzándolo a volar lo suficiente para estrellarse en el muro sin poder evitarlo. Sin detenerse a descansar, Lee tacleó fuertemente al siguiente enemigo, Kappa, antes de que pudiera escabullirse, elevándose con él varios metros en el aire. Lo rodeó con sus vendas en el abdomen.

Ura Renge

Con su fuerza descomunal otorgada por las cinco puertas abiertas, tiró de las vendas impulsando el cuerpo en un segundo hacía él y evitando que el espadachín reaccionara. Lo acercó lo suficiente hasta su alcance y le impactó su puño y su pierna en el cuerpo, lanzándolo hacia el suelo hasta estrellarse y provocando un agujero ahí.

Realizó una pirueta en el cielo y aterrizó en el suelo, girando para encontrar al ninja que se fusionaba con la niebla, Kiri. Justo entonces sus labios se abrieron con amplitud al sentir el frio metal atravesando su hombro, haciéndolo retroceder y sintiendo como el poder de las puertas se escapaba de entre sus dedos. Tosió mientras retrocedía dando dos saltos hacia atrás, alcanzando la pared. Su respiración agitada, sintiendo toda la presión de las puertas en su cuerpo, sus músculos desgarrándose.

Apenas podía moverse, pero solamente quedaba uno… sus ojos se abrieron por completo al ver a los dos ninjas, el espadachín de electricidad y aquel que se hundía en el suelo levantarse de donde él los había dejado. ¿Acaso ninguna de sus técnicas había servido? Eran tres enemigos contra él, además que el daño que las puertas ocasionaban era una clara desventaja. Por eso debía ser la última alternativa y acabar la lucha lo más rápido posible, antes de que los efectos se presentaran. Ahora, con ellos haciendo sucumbir su cuerpo, no mostraba un buen pronóstico de la finalización de aquella pelea. La frustración llenó su pecho, era su deber acabar con ellos, él había entregado en bandeja de plata a Tenten y con eso al mismo Neji, se los debía, el detener a esos ninjas. Pero… fue ahí que notó como los ninjas parecían agotados, con claras heridas en el cuerpo. Sonrió, debía llevarse a alguno con él, debía detenerlos. Debía hacerlo.

Una idea vino a su cabeza, recordando las palabras de Gai tiempo atrás, rebuscó entre sus bolsas delanteras del chaleco de Jounin que tenía, tomando entre sus dedos aquel objeto redondo. Justo en ese momento su garganta fue apresada por una mano, cortándole la respiración y la navaja de la espada Denshi Borokku acariciando la piel de su cuello, ocasionando una herida ahí, logrando que las gotas de sangre descendieran, Súbitamente la espada en su cuello se movió con gran agilidad, clavándose en el hombro de Lee, evitando de esa forma que se moviera. Gimió de dolor al sentir el metal incrustado.

―El líquido carmesí, lo más placentero de ver cuando nuestras cuchillas alcanzan la carne humana. ― Sutetchi Suparu sonreía fascinado mientras veía desangrarse el hombre de las mallas verdes. ― No te preocupes Lee-san, una vez que despedacemos tu cuerpo hasta hacerlo irreconocible, haremos lo mismo con tus preciados compañeros.

Su mirada oscura resplandecía al ver extasiado la sangre bajar por la garganta hasta manchar las mallas verdes y la mancha de su hombro hacerse más grande en el color verde de su vestimenta.

Lee estaba inmovilizado, con el brazo izquierdo colgando, los músculos de sus piernas mandando punzadas de dolor en cada célula conectora con su sistema nervioso. Su cuerpo fallaría en cualquier momento y no podría moverse por el dolor aplastante, debía hacer algo ahora o sería demasiado tarde. Sin embargo, había sido inmovilizado antes de poder reaccionar. Sentía el objeto entre sus dedos de la mano izquierda, solo tenía que alcanzarlo. Vio como aquel ninja corpulento, Kiri Misuto limpiar el filo de aquella monstruosa espada, Fureraranai, con sus pantalones y sostenerla entre sus manos. Esa era su oportunidad o pronto daría su última respiración.

Con la mayor fuerza que su brazo apresado pudo darle, lanzó aquel pequeño objeto hacia adelante, haciéndolo rebotar en Fureraranai, hasta que finalmente alcanzó su boca, que había abierto cuando lo vio acercarse. Mordió con fuerza, viendo el rostro del ninja que tenía enfrente, Sutetchi, mirarlo anonadado ante su rápido movimiento y torciendo la boca, claramente enojado.

En ese momento Lee dejo caer la cabeza, como si se hubiera desmallado. Sutetchi retrocedió, pensando si debía retirar la espada insertada. Tal vez esperaba que lo hiciera para tenerlo a una distancia considerable y atacar. La incertidumbre sobre qué era lo que había comido, lo mortificaba ¿una píldora de alimento? Debía entender que no tendría posibilidad contra ellos. A pesar de esa innegable realidad, mantuvo su distancia, esperando. Sin embargo, no hubo movimiento consecuente.

―Acabemos con esto, de una maldita vez.

Se acercó hacía el ninja de Konoha para tomar su espada y decapitarlo, cuando una ventisca de poder lo hizo retroceder y entrecerrar los ojos cubriéndose los ojos con su antebrazo. ¿Qué estaba pasando? Cuando la expulsión de chakra se detuvo observó a Rock Lee liberado de su posición en el muro. Su espada, Denshi Borokku, salió volando por el aire, Sutetchi se movió para atrapar el mango con su mano derecha, con una expresión consternada en su rostro.

La bestia de Konoha levantó el rostro y un ligero color en sus mejillas alertó al espadachín eléctrico, pero aún más impensable, ¿Cómo se había liberado de eso? Su cuerpo estaba demolido, no había posibilidad de que lo hiciera. Pero ahí estaba, danzando en su sitio, con los otros entrecerrados y una sonrisa torpe en los labios.

―Vamos, atrápenme si pueden… ―Habló con la voz irregular y demostrando que tenía hipo.

Sutetchi Suparu apretó los dientes y se acercó hacía aquel ninja de la hoja con fiereza, para terminar con eso de una vez por todas. Estaba harto de ese maldito juego. Lanzó un ataque directo para perforar el corazón de Rock Lee, pero este lo esquivó. Repitió su acción una y otra vez, mientras el hombre de las mallas se contorsionaba esquivando cada uno de sus ataques con movimientos erráticos. Era un espadachín de la niebla, su letalidad era sin igual, nadie había escapado de sus cortes precisos. Podía cortarte la garganta antes de que te dieras cuenta, sin embargo, ahí estaba fallando rotundamente.

― ¿Pero qué...? ―El espadachín no podía acertar ni un solo golpe considerando que anteriormente ya lo había hecho.

Retrocedió cuando el puño de vendas atinó a alcanzar su abdomen y sacarle el aire de los pulmones. Apretó los dientes frustrado y miró hacia atrás, haciendo un gesto al resto Kiri y Kappa, para que atacaran en conjunto y terminar con ese ninja, que más que peligrosos era un chiste.

Los tres espadachines atacaron a la par, sincronizando sus ataques mortíferos, en búsqueda de desgarrar piel y desmembrarlo. La danza de espadas filosas cortando el aire a su paso, encerrando al ninja en un círculo sin dar ninguna apertura para escapar. Sin embargo, Rock Lee se movió frenético, mucho más rápido que antes, esquivando cada uno de los ataques, mientras dejaba salir el hipo de sus labios.

Súbitamente se cayó al suelo, mientras unos ronquidos salían de sus labios. Los ninjas se sorprendieron de aquella reacción, acercándose para comprobar que estaba haciendo. De repente se levantó, girando con las manos y lanzando un círculo de vigorosas patadas, alcanzando a cada uno de los ninjas.

―Han caído en mi trampa. ―Se incorporó moviéndose en una pequeña danza irregular y levantando las manos, cubriendo sus labios.

Soltó una risa divertida mientras se balanceaba y el hipo no desaparecía. Los espadachines se incorporaron, atacándolo, cortando el mismo aire pero sin poder alcanzar al ninja con grandes cejas por lo impredecible de sus movimientos, además que lanzaba golpes y patadas, sin ningún tipo de señal, logrando alcanzarlos y haciendo vibrar sus cuerpos por golpe, esto a la par que esquivaba cada uno de los ataques de las espadas y contratacando, generando un daño pero sin ser alcanzado.

¿Qué demonios estaba pasando? Antes no podía esquivar cada uno de sus ataques, a pesar de que lograba ser más rápido. Sin embargo, podían anticipar sus ataques, lo cual les ayudaba a poder rebanar la carne del ninja de la hoja, logrando acertar alguno, por mínimo que fuera. Ahora escapaba de sus cuchillas con total maestría. Seguía sangrando pero tal parecía que todo el cansancio de su cuerpo se había esfumado, parecía… hasta feliz. Su taijutsu era mucho más rápido y certero.

―Que débiles son ― arrastró las palabras al salir de su boca. ― no le han atinado.

Sutetchi enfureció ante esa burla, levantando su espada, sintiendo la electricidad acumulándose. Iba a calcinarlo, estaba cansado de ese juego. Veía a los dos espadachines restantes intentando llegar hacia él. Kappa intentando hundirlo en el suelo para atraparlo, además de lanzar ataques subterráneos, para desequilibrar a la bestia de Konoha, pero este esquivaba su agarre como si pudiera intuir su próximo ataque, saltando en el suelo como si de un juego se tratara mientras reía y balbuceaba cosas sin sentido. La neblina rodeaba a Lee y la cuchilla de la espada salía de todos lados, en un intento de alcanzar su cuello. Ambos ataques, los subterráneos y los de la neblina con toda la decisión de matarlo. Rock Lee brincaba y esquivaba cada ataque, contorsionándose de forma impredecible con una flexibilidad y velocidad sobre humana.

Suparu se acercó con rapidez hacía él, con su espada cargada en mano, justo cuando iba a alcanzarlo, gracias a la distracción de sus compañeros, Lee giró sobre sus manos, golpeando con las piernas a los otros espadachines y lanzándolos contra el espadachín que se acercaba. El torrente de electricidad destelló, atrapando a los tres hombres, que se quejaron ante la descarga de electricidad.

Lee soltó una carcajada energética mientras se movía en su sitio, como si no pudiera mantenerse en pie. Decidido y estando a punto de quedarse dormido, se acercó con rapidez antes de que aquellos espadachines se recuperen del todo, saltando en medio de ellos y lanzando una serie de patadas que los elevan del suelo, hasta que están en una altura óptima. Sus vendas enrollan sus cuerpos, uniéndolos e inmovilizándolos, además de aún estar aturdidos por la electricidad.

Suiken

Un aura verde brotó de entre los poros de la piel de Rock lee mientras deja salir un rugido de sus labios y saltó en el aire, acertando un puñetazo al bulto de vendas donde estaban enrollados. A una velocidad más rápida que la luz se movió por todo el cuarto, arremetiendo cada vez hacia los hombres, con impetuosos golpes y patadas, haciendo que los golpes llegaran de todos lados sin que pudieran reaccionar, moviéndose ante la torrencial aura de energía y los estridentes golpes. Finalmente proporcionó una patada que los lanzó hacia el suelo.

Todo a su alrededor se estremeció ante el impacto de los cuerpos cayendo, causando que el mismo techo cediera y pedazos de metal filosos cayeran en el suelo, alcanzando los cuerpos.

Rock Lee aterrizó en el suelo, esquivando el metal que cedía del aire, dando pequeños saltos hasta que alcanzó la pared del cuarto. Finalmente todo se quedó quieto de nuevo. Su corazón acelerado corriendo producto de la adrenalina y el efecto del alcohol del chocolate con relleno de sake, desapareciendo de su organismo. Prontamente su cuerpo perdió toda la fuerza que había tenido momentos antes, como si fuera drenada toda su energía. Se apoyó en la pared de metal, con su mano cubriendo la herida punzante de su hombro izquierdo. Se deslizó hasta que su trasero alcanzó el suelo y los ojos entrecerrados por el daño en su cuerpo adicional del cansancio. Su respiración agitada saliendo de sus labios y el sudor corriendo por su rostro, pero una sonrisa triunfante en los labios. Sentía los músculos ardiendo de un dolor inmensurable y agonizante, la sangre brotando lentamente de su cuerpo.

Levantó el puño al cielo, repitiendo en su mente que jamás podrían volver a subestimarlo.

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El frio metal atravesó el abdomen del Anbu, haciéndolo toser, el líquido carmesí deslizándose por sus labios. La oscuridad presente en sus ojos y la presión aplastante en su cabeza provocando un dolor agonizante que recorría cada partícula de su cuerpo.

Sonrió ligeramente y sujetó con una mano el frio metal que atravesaba su cuerpo.

Kinzoku, maestro en el control de cualquier tipo de metal y el creador de aquella fortaleza indestructible, ladeo la cabeza al ver aquel gesto en el usuario del byakugan. Hizo presión en la lanza de metal, perforando aún más el cuerpo del ninja, aquella curvatura en su rostro le enfermaba. Le recordaba a la kunoichi de la hoja en sus interrogatorios.

A pesar de dejarla en el suelo sin poder moverse por el tortuoso interrogatorio al inicio de su captura, le preguntaba si estaba lista para hablar. Esa chica simplemente sonreía sin ganas y cerraba los labios, demostrando que no diría nada. Ante esos gestos la idea de quitarle dedo por dedo atravesó su cabeza para seguir con sus extremidades, sin embargo, Sutetchi le había dicho a Ushio que podría ser de utilidad para entrar a Konoha por sus habilidades, por lo que no podía desmembrarla.

Lo habían limitado y su arrogancia por no querer hablar le enfermaba. Aquel ninja con la lanza atravesándolo, aun considerando su alarmante situación, parecía renuente a ceder. Con su mano libre formó una nueva lanza de metal, listo para terminar con esto. Lo escuchó gemir de dolor ante el poder de Yoru, nunca había sido voluntario para saber el poder arrollador del reciente experimento de Ushio.

La habilidad de tortura mental, ejerciendo un dolor sin igual en la psique de la gente. Kinzoku había quedado fascinado al encontrarla en una de los pueblos que habían destruido para obtener sujetos de prueba, sus ojos habían resplandecido de codicia. Era perfecta para la adquisición de información de enemigos. Si ella hubiera llegado con ellos antes, las cosas serían más fáciles. Sentía envidia por un poder como ese, a pesar de que el suyo era más físico, la conjunción de ambos hubiera sido alucinante. Pero podían trabajar juntos, como en ese momento.

Adicional de aquel poder, le habían brindado la habilidad de aquel niño débil que encontraron años atrás, con un cuerpo débil pero un poder tan inmenso de dejar indefenso a cualquier portador de poderes oculares. Su cuerpo era su gran desventaja. Ushio había logrado salvar aquel poder. Yoru con ambas habilidades era una maquina indetenible. Su sonrisa encantadoramente retorcida y el color de su cabello y ojos en conjunto, la perfecta máquina para aniquilar tu mente.

Era tan poderosa como Zuri Yamanaka, eran tan similares pero a la vez tan diferentes.

Escuchó los dientes del ninja enfrente castañear intentando reprimir los gritos por el dolor exponencial en su cabeza. Odiaba ese gesto en su rostro, iba a arrancárselo como fuera necesario. Levantó el brazo libre para insertar la segunda lanza.

―Borraré esa maldita sonrisa de tu rostro.

De repente la mano del portador del byakugan se estiró más aún, atrayendo hacía él más la lanza, hundiéndola más en su cuerpo, pero alcanzando a tomar la mano de Kinzoku, con una mirada enloquecida. Sonrió con la sangre escurriendo por su barbilla, levantó su brazo derecho libre hacia un lado, directamente hacía Yoru.

Fūrin jinguru no jutsu.

De la palma de su mano expulsó una esfera de aire comprimido dirigido específicamente hacía Yoru, a puntos específicos en el sistema de chakra de la fémina, causando una liberación un impulso de alta presión. Aquella descarga de aire solo agitó su cabello, pero Yoru pensando que causaría un peligro se paralizó. Al darse cuenta que no sucedió nada agudizó aún más su poder para inmovilizarlo. Había logrado actuar a pesar de que seguía usando las punzadas de dolor en su psique.

Fue en ese momento que notó lo que había pasado y todo ocurrió demasiado rápido.

El Hyūga en un movimiento rápido lanzó a Kinzoku lejos de él, liberándose de aquella prisión de metal por las lanzas y corriendo con una velocidad sobrehumana hacía Yoru. La chica por inercia aguantó la respiración, ese segundo bastó para tenerlo encima.

Hakke Rokujūyon Shō

Los dedos del Hyūga se hundieron en cada uno de los puntos del chakra de la mujer, haciéndola retroceder por el dolor de cada ataque. Cuando el últimos dos golpes acertaron el cuerpo, Yoru salió disparada hacía atrás, estrellándose en el muro de metal.

En ese momento de lucidez Neji soltó el aire que había sostenido en su cuerpo. Fūrin jinguru no jutsu, una técnica derivada del Hakke Kūshō, pero en vez de liberar aire comprimido que enviaba lejos a tu contrincante, había logrado adaptar ese jutsu para combatir a adversarios, específicamente en Tenten.

Por su estilo de pelea, los Hyūga se especializaban en combate de corta distancia. Sin embargo, la rama principal había desarrollado habilidades para cubrir sus desventajas. Una de ellas erra el Hakke Kūshō. Sus frecuentes combates con la experta en armas, le dado la pauta para realizar una variación, una técnica que había empezado a desarrollar antes de la captura de Tenten años atrás. Pero que había desechado cuando pensó que estaba muerta.

Una habilidad que en vez de lanzar al enemigo fuera de su alcance, emanaba una onda que por segundos afectaba la emanación del chakra hacía el objetivo que atacara con el aire comprimido. Unos segundos, lo sabía, pero era lo que necesitaba. Su mayor dificultar era aquella ninja que podía nublar su poder ocular a la vez que destruía su psique. Su nula utilización del byakugan era una debilidad que había logrado compensar en todos esos años, por su mala experiencia en el bosque. Sin embargo, algo como las punzadas de dolor en su mente, no podría contra eso. Necesitaba otra alternativa, unos segundos, una apertura de segundos que le permitiera moverse.

Usando toda su fuerza de voluntad se había movido, logrando sacar de combate a aquella kunoichi. La vio inmóvil en el suelo, limpiándose la sangre en sus labios y sintiendo el dolor materializándose en su cuerpo. Aquella lanza en su cuerpo había sido necesaria, para inmovilizar al ninja que controlaba el metal y tener la apertura para atacar a la kunoichi. La adrenalina disfrazaba el dolor pero sabía que no tendría el tiempo suficiente, debía actuar.

Giró sobre sí mismo, en el momento en que tenía casi encima a Kinzoku con sus brazos recubierto de metal, con puntas afiladas. Saltó en el aire cuando un jutsu se electricidad se dirigía hacia donde estaba. Solo restaban dos, necesitaba terminar esto y acudir con Tenten. Su atención se dirigió un momento hacía donde estaba su compañera, sintiendo una presencia abrumadora.

¿Qué estaba pasando? ¿Esa era…Tenten? Presionó los labios con impaciencia y regresó hacía los ninjas que se acercaron con ferocidad hacía él. Cuando sus orbes hicieron contacto con los de Kinzoku, el Furaito byakugan se presentó en el color malva de sus ojos.

El ninja que controlaba el metal, Kinzoku y el del raiton, Sanda, se acercaron realizando ataques por separado, con la intención de alcanzar al hombre herido. Neji saltó hacía atrás, esquivando cada uno de los ataques que veía segundos antes de que se efectuaban. Su vista se tornaba borrosa, por la pérdida de sangre. Debía terminar con esto cuando antes.

Vio las líneas del chakra futura de los ninjas, realizando un ataque conjunto, realizando una torre de metal, y lanzando varias descargas de energía por todo el cuarto. Neji las esquivó con maestria, utilizando su gran velocidad de Anbu. Giró rotando en el aire para esquivar las descargas de electricidad. Pudo ver como aquel metal solo conducía electricidad cuando el ninja del raiton, presionaba sus manos en el suelo. Se impulsó en aquella torre y saltó, acercándose con gran velocidad hacía Sanda, impidiéndole que pudiera reaccionar. Aterrizó encima suyo, atrapando su rostro entre sus manos, con los dedos extendidos.

―Tamashī kūkyo no jutsu. ―El chakra de usuario del raiton fue succionado hasta que el color en sus pupilas desapareció.

Como último movimiento el ninja debajo suyo, tosió escupiendo sangre, que salpicó en su rostro. Se levantó dejando el cuerpo inerte ahí y esquivando el ataque que vino desde atrás. Una gran cantidad de picos de metal intentando alcanzarlo. Su Furaito byakugan le ayudó a esquivar cada uno de ellos y sosteniéndose en la pared de metal con ayuda de su chakra en los pies. Saltó cuando sintió el muro moverse con la intención de apresarlo o tal vez aplastarlo.

Sabía que aquel ninja usuario de metal no dejaría que se acercara, no cuando había visto lo que podía hacerlo. Movió las paredes, lanzando gran cantidad de ataques que el Hyūga esquivaba con maestría, como si fuera un paso por delante. Todo tipo de restos del metal siendo arrojados hacía el Hyūga, él simplemente realizaba el Kaiten. Jutsu que decidió usar para poder acabar con eso. Saltó en el aire y giró en su lugar, usando el Kaiten para acercarse hacia el ninja, Kinzoku y evitar cualquier ataque letal. Una vez lo suficiente cerca se estrelló contra el suelo con el chakra girado como esfera y atrapando a Kinzoku en el suelo. Golpeó cada uno de los puntos del chakra de sus brazos. Tomó un pedazo de metal que tenía cercano y lo clavó en cada una de sus piernas, arrancando un chillido de dolor.

No podía moverse, por lo que no podía evitar ni uno de sus ataques. Lo miró desde arriba, recordando cada una de las cosas que Tenten había dicho que ese nombre le había hecho para que hablara sobre Gai-sensei. Realmente pareció disfrutar dañarla mentalmente. Neji no podía hacer algo como eso, no con su psique, pero podía ejercer el suficiente daño antes de deshacerse de él. Si lo hubiera tortura a él no hubiera importado. Sin embargo, había disfrutado torturando a Tenten, algo que jamás podría perdonarle. A ninguno de ellos, tal vez él podría morir ahí, pero no dejaría que nadie más tocara a la kunoichi, aunque le costara la vida.

Clavó una de las lanzas en el abdomen de Kinzoku, arrancándole un grito más fuerte, que intentó reprimir sin éxito. Era una forma bastante curiosa de morir, considerando que ese era su elemento. Le dio la espalda, en un par de minutos moriría desangrado. Un destino digno para alguien como él. Los otros ninjas habían muerto con rapidez, mientras la vida escapaba de sus cuerpos por su mano propia. Pero ese ninja merecía una muerte más lenta y agonizante al no poder moverse ni hacer nada para evitarlo.

Neji Hyūga con la mirada borrosa dirigió su atención hacia el otro lado del cuarto, viendo los movimientos, pero sin distinguir algo con claridad. Obligó a cada uno de sus pies a moverse. La sangre descendía de su abdomen, la adrenalina desapareciendo de su cuerpo y el dolor incrementándose como fuertes lengüetazos de fuego consumiendo el área dañada. Sin embargo, tenía una sola idea en su cabeza.

Necesitaba ir con Tenten, ir y protegerla sin importar nada.

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Se levantó del suelo con una fuerza torrencial, lanzando al ninja que tenía encima lejos. Limpió la sangre de entre sus labios, retirando sin ningún tipo de cuidado el metal de su vientre.

Ninpō: Sōzō Saisei― Susurró para sí misma.

La herida en su vientre cerró con rapidez, hasta que ninguna marca podía apreciarse.

Dio un par de pasos, comprobando que su sentido del equilibrio había vuelto, mientras el poder recorría cada célula de su cuerpo, creando nuevas células a una velocidad asombrosa para sanar cada una de las heridas que tenía, arreglado sus órganos internos, hasta que la única evidencia de que las heridas anteriores, era la ropa rasgada y manchada de sangre.

Levantó sus ojos castaños hasta que encontraron los azules, que estaban a una distancia considerable, conmocionados de ver el cambio de la ninja de Konoha. Las heridas habían desaparecido y el aura que parecía envolverla era distinto. Más imponente, además de las visibles marcas negras en su rostro. Torció la boca, ordenando a sus títeres que arremetieran contra ella.

Tenten fue sumergida en una pelea entre la cantidad de ninjas ahí, se movió entre ellos, invocando las armas en sus manos sin tener que tocar sus pergaminos, de forma instantánea. Una tofas aparecieron en sus manos, moviéndose entre los ninjas, logrando acertar a varios, desarmándolos, a la par que lanzaba patadas de donde brotaban kunais y shurikens, con la intensión de alcanzar a los ninjas que se acercaban. Los cuales fueron esquivados, pero Tenten sonrió mientras saltaba dando una voltereta apoyándose en la cabeza de uno de los ninjas, haciendo regresar las armas con sus piernas y acertando a un par de ninjas que retrocedían.

Uemuki bukijutsu, una técnica en la cual había estado trabajando antes de que cayera en manos enemigas. Un estilo de pelea que había desarrollado por sus largos entrenamientos con el Hyūga, pensando específicamente en él. Una tarea complicada debido a la cantidad de chakra que necesitaba. Pero que ahora, con la cantidad abrumante de chakra no debía limitarse. Las armas que estaban en el suelo se movieron direccionadas entre los ninjas que se acercaban hacía ella, alcanzando a clavarse. Algunos de los ninjas caían pero otros se movían para alcanzarla.

Se movió con gran velocidad entre ellos, invocando una guadaña entre sus manos, lanzando ataques alcanzando a los enemigos, desgarrando la ropa y sintiendo la piel cediendo ante el filo de su arma. Invocando arma tras arma, atacando a cada enemigo que se le cruzara, en una pelea de un ejército contra ella sola. Una danza desenfrenada mientras las armas se agitaban entre los ninjas que salían saliendo alcanzándolos. Algunos luego de unos momentos terminaban cayendo sin poder levantarse, a pesar de que no se había dado en ningún punto vital. Cada una de sus armas había sido sumergida en veneno paralizante, una invención suya que había perfeccionado en los últimos días antes de la misión.

Sin embargo, los enemigos no dejaban de salir de todos lados, viendo a la Yamanaka aun a la distancia, con una sonrisa arrogante en el rostro. Saltó tomando distancia de ellos, invocando un arma entre sus manos. Un arco rojo y un carcaj que tenía en la espalda. Con rapidez tomó tres de los palos entre sus dedos y aplicó chakra en ellos, formando la punta filosa. Apuntó hacia los ninjas que se acercaban y cerró un ojo para conseguir el mejor Angulo.

Hane tatsumaki no jutsu

Las flechas salieron disparadas antes de que fuera alcanzada y dirigió las flechas con ayuda de su chakra, acertando el pecho de cada uno de los ninjas, demostrando su puntería perfecta. Sin esperar un segundo, se movió con rapidez, lanzando más flechas, rodó en el suelo y lanzando más hacia los enemigos. Dio la vuelta y su dedo soltó la cuerda que soltó tres flechas más que alcanzaron a los ninjas que tenía casi encima. Una lluvia de flechas por el campo de batalla acertando los pechos de cada uno de los ninjas. A la par que esquivaba los ataques y las espadas cortando el aire a su alrededor. Varios ataques la habían alcanzado, otros los había esquivado, pero ahora las heridas no le preocupaban, sanaban una vez que retiraba el arma.

Dio un salto hacia atrás, mientras el arco desaparecía de entre sus manos y observando el espacio vacío entre ella y la Yamanaka. Avanzó hacía ella, con la resolución en sus ojos. Era el final y podía ver los ojos azules que siempre eran tan seguros, dudar ante su avance.

La rubia frunció el ceño, embriagaba por la más primitiva ira al ver como cada una de sus juguetes caían al suelo, inmóviles. Había tardado años en lograr coleccionarlos, todo un ejército. Y esa ninja de Konoha los había derribado sola en un par de minutos. Eran los mejores ninjas que había conseguido de cada una de las aldeas que habían destruido y ahora… presionó los puños con fuerza. Una sonrisa maniática salió de sus labios, por eso era su favorita, su poder colosal de poder destruir una aldea sin ninguna ayuda. Inclinó su cabeza hacia un lado, realmente ansiaba tanto recuperarla.

Un mar de títeres humanos apareció ante ella, anteponiéndose. Evitando a que llegara a la responsable de su reclusión interior. Sonrió de medio lado, al considerar usar eso que tanto había querido desde hace tiempo. Desenrolló su pergamino que tenía en la espalda y lo invocó. Un abanico de gran tamaño hecho de plumas donde la base y las puntas eran de color carmesí y el centro era blanco, Bashōsen. Los ninjas se acercaron con rapidez hacia la castaña con armas entre las manos. Tenten levantó el abanico con una de sus manos y con la otra desenrolló un pergamino invocando un sinfín de armas. Con toda la fuerza que pudo agitó el abanico de atrás hacia adelante, dos veces.

Tsuisuta senso no jutsu.

Aquel movimiento provocó una ventisca torrencial, que sacudió todo el lugar, tan magnificente como un huracán, llevándose entre esta sus armas. Ambas corrientes de aire chocaban entre si generando una presión incontrolable. El aire moviéndose entre todo el lugar como cuchillas, alcanzando a cada cuerpo a su paso y si no era suficiente para alcanzarlo, las armas se estrellaban con cada uno de los cuerpos. Era imposible que alguien escapara a su alcance. No había ni un tipo de apertura.

Finalmente el aire se calmaba y Tenten puede ver que no queda nadie de pie. A unos metros aprecia a la Yamanaka escurriéndose por el suelo, con un par de Kunais clavados en su pierna. La castaña tomó una espada que estaba ante sus pies luego del ataque y se acercaba hacía la rubia que aún sigue consciente. Las miradas se encontraron y Tenten observó como aquella sonrisa arrogante que siempre tenía la rubia había desaparecido.

La mirada celeste resplandece con el más puro terror al ver la imponencia con la cual se acerca la kunoichi de Konoha, con el odio presente en cada una de sus facciones. La espada agitándose a cada paso que daba. Por primera vez en mucho tiempo Zuri Yamanaka se estremecía de miedo, sintiendo el filo delos kunais incrustados con fuerza en su pierna. El aire había sido tan fuerte que no había podido respirar adecuadamente, se había ahogado hasta casi alcanzar la inconsciencia. Además que varias armas habían rozado su cuerpo con furia, generando varios cortes profundos. La sangre salía de su mejilla, mientras veía avanzar a la castaña con esa mirada feroz, cada paso enviando un aura estremecedora.

Jamas había necesitado aprender a defenderse o aprender algún combate físico. Desde que había nacido, su poder había destacado como ningún otro. La intromisión total de las mentes para que hicieran lo que quisiera y su mejor jutsu, aquel que le permitía controlar a la gente, usarlos como marionetas vivientes. Por eso nunca necesitó defenderse, tenía a muchas personas dispuestos a interponerse ante un enemigo. Peleando sus batallas y defendiéndola cuando era necesario. Con un poder como eso ¿Por qué tendría que ensuciarse las manos alguna vez? Esa era su debilidad y la aceptaba, nunca pensó que fuera a necesitarlo. Había pasado gran parte de su vida saliéndose con la suya. Sin embargo, en ese instante, se percató que estaba acabada.

No ganaría, no contra alguien como ella. Su mirada oscura haciéndose más profunda y una sonrisa arrogante en el rostro, mientras avanzaba. Tragó profundamente cuando llegó a su lado.

Tenten blandió la espada, colocando la punta bajo la barbilla de la mujer y obligándola a levantar su rostro hasta que la mirara. Sus labios morados temblaban, le sorprendía que no hubiera huido, sin embargo tal vez las armas en sus piernas eran la respuesta.

―Lo estas disfrutando ¿no? ― Zuri decidió escupir las palabras a pesar de tener miedo, la ira ante su derrota se alzaba con mayor fuerza.

―A decir verdad, demasiado. ―Presionó más fuerte la hoja de la katana en la barbilla.

―Mátame de una vez y terminemos con eso. ―Sus manos temblaban mientras evitaba lanzar cualquier cosa que pudiera tomar.

―Libera a toda esta gente y lo haré indoloro para ti.

― ¿Para qué? Ya están muertos. ―La Yamanaka se sorprendía ante esa petición.

No tenía sentido hacerlo, si ellos habían muertos, simplemente era un desgaste de energía. No le quedaba mucho chakra, a pesar de que no los manejaba como marionetas con hilos de chakra, el hacerlo con su cabeza exponía una gran cantidad de chakra.

―Solo hazlo.

La rubia liberó cada una de las mentes de los ninjas que estaban en el suelo, con el labio temblando al saber que finalmente ese sería su fin. Al terminar simplemente asintió. Vio a la castaña inclinarse, hasta que estuvo lo suficiente cerca. Zuri Yamanaka cerró los ojos esperando que fuera rápido como había prometido. No tenía sentido intentar algo, sabía que no había manera de huir de eso.

Tenten giró la katana entre sus manos con gran maestría, alzándola en lo alto. Y con gran rapidez descendió, hasta que se clavó con fuerza en el frio metal junto al rostro de la Yamanaka, generando un corte en su mejilla, pero prolongando su vida.

― ¿Qué? ― Dejó salir la exclamación al ver cómo había fallado y observar la hoja de la katana de cerca. ― ¿Qué estas esperando? Hazlo de una vez.

Estaba jugando con ella, podía verlo por el brillo divertido en los ojos castaños, ella jamás fallaba y a una distancia como esa, era imposible. Quería divertirse con ella a pesar de que había dicho que terminaría con todo esto con rapidez. Admitía que estaba en todo su derecho, aunque no se arrepentía de nada de lo que había hecho.

La kunoichi de Konoha sonrió divertida, con un aire más tranquilo en su rostro. Levantó el dedo pulgar e indicó con un leve movimiento hacia atrás.

―No necesito hacerlo. ― Se inclinó hacia ella hasta ponerse en cuclillas y poder contemplar los ojos azules desde más cerca. ―Ellos se encargaran de hacerlo.

Zuri Yamanaka siguió la dirección del dedo hacia el campo de batalla, donde cada uno de sus juguetes había caído muerto. Más sin embargo, fue testigo de cómo varios de esos cuerpos se levantaban con pesadumbre, mientras su consciencia regresaba a ellos. Los ojos azules se abrieron como platos al entender lo que había ello. Por eso le había dicho que dejara ir a cada uno de sus títeres, porque no había matado a todos. Los había controlado durante años, lo cual había alimentado el odio de cada uno de esos ninjas al ver manipulado su cuerpo sin tener la posibilidad de oponerse.

Varios pares de ojos la visualizaron en el suelo y comenzaron a acercarse con el más claro odio en sus rostros.

―Tal vez deberías correr.

El miedo profundo llenó el rostro de la Yamanaka quien, alimentada por la adrenalina, se levantó del suelo y corrió tan rápido como sus piernas se lo permitieron, siendo seguida por varios ninjas con armas en manos.

Tenten simplemente escuchó el blandir de las espadas y un grito ensordecedor escucharse a la distancia.

La kunoichi detectó un movimiento de reojo y giró encontrando al Hyūga observándola desde un par de metros, con la mirada un poco perdida y sujetando su abdomen. La sangre manchaba su mano. Tragó saliva, sintiendo su alma esfumándose. Lo vio caminar hacia ella y sin más, estrechándola entre sus brazos. Con tanta ternura que parecía que temía que desapareciera en cualquier momento. Tenten sintió un golpe en su pecho ante tal acto.

―Estas bien, lo estas. ―Susurró tan tenue que pensó que lo había imaginado.

Si no fuera por el alentó acariciando su oreja y por qué repitió lo mismo un par de veces, para convencerse más que nada a si mismo de que seguía ahí. Lo alejó sin más, tocando su piel malva con restos de sangre y manchas de óxido. Lo obligó a sentarse en el suelo y observó las heridas en su abdomen. Respiró profundamente, no era ningún problema, no con el poder que tenía ahora. Sin esperar más colocó su mano en el vientre del hombre que gimió ante el toque. Aplicó su jutsu medico en él, aquel que el aquella herida desapareció.

El color en el rostro del Anbu regresó, mirándola con mayor lucidez, cargado de tanto sentimiento que Tenten desvió la mirada avergonzada, sintiendo su corazón latir con fuerza. Neji levantó la mano y acarició en un ligero toque la barbilla de la fémina, comprobando que no tenía ni un solo rasguño o algo que hiciera peligrar su vida. Reconoció aquellas marcas a la perfección, de Tsunade-sama. Se había enterado tiempo atrás que había decidido convertirse en un aprendiz, por boca de Lee, cuando pensaba que estaba muerta.

Esa había sido el lugar donde Tenten había estado frecuentando tiempo atrás, antes de ser capturada. Un entrenamiento intensivo con Tsunade, ya que sus habilidades de control de chakra jamás fueron lo suficiente buenas, tuvo que esforzarse mucho más que las otras aprendices de Tsunade. Algo digno del equipo Gai, jamás rendirse y seguir intentando, esforzándose más que cualquier otro ninja para cumplir con sus expectativas.

Lee le había estado ayudando a entrenar, curando un par de heridas cuando Tenten tuvo la capacidad de realizar curaciones menores. A eso se debió su acercamiento, cosa que él había entendido erróneamente y que ahora se avergonzaba de sobremanera. La kunoichi había estado perfeccionando sus habilidades, apuntando más alto, hacía donde siempre había querido llegar.

Tenten había reservado todo ese entrenamiento únicamente a él, tal vez con la intención de sorprenderlo o porque era la persona que más buscaba impresionar. O eso es lo que Gai le había dicho en una de sus reuniones años atrás. Tal parecía que ella jamás se había dado por vencida, ni aun cuando estuvo cautiva. Sonrió de lado al ver aquella imagen imponente de la kunoichi, no debió preocuparse por ella en la pelea, pero no podía evitarlo y jamás dejaría de hacerlo. Velaría por su bienestar toda su vida.

―Nada mal. ―El Hyūga se refería a las marcas negras en su rostro.

Tenten dejó salir una risa, levantándose y ofreciéndole la mano al Anbu que la tomó sin dudar.

―Tenemos que encontrar a Lee y Gai-sensei.

Neji tomó la mano de la kunoichi sin intención de soltarla en ese momento y nunca más.

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¡Hola!

Se que la semana pasado no subi la continuación, pero no me encontraba con disposición para terminar el capítulo. Ha sido de los más complejos por el trabajo de investigación detrás. Para la creación de habilidades me ayuda FenixParker, por lo que mucho de todo lo que han visto es por su inventiva. Sin embargo, para poder narrar cada una de las peleas necesito ver muchos videos, capítulos del anime para que coincidan con el mundo canonico, además que un par de las habilidades salen de los videojuegos. Por lo que si un capitulo de esta magnitud puedo terminarlo en 8 horas, con los videos, capítulos e información de internet me lleva el doble de tiempo o triple. Así que hay un trabajo colosal detrás, por lo que muchas veces sacrifico todo mi tiempo libre fuera del trabajo para traer la continuación.

Dejando en claro esto, paso a aclarar varias cosas.

Los nombres de los espadachines de la niebla y sus espadas son nombres inventados y relacionados a sus propias habilidades. De igual forma los nombres del hombre que controla el metal y la mujer con poder mental. Son todas de mi invención.

Las habilidades:

Hirutora- Tigre matutino: habilidad de Gai canonica.

Ura Renge- Loto inverso: habilidad de Lee canon, resultante de abrir la 5 puerta.

Suiken: Habilidad unicamente de Lee, invensión mia, que es utilizada unicamente cuando consume alcohol y que esta basada en un movimiento del Ninja storm 2. La diferente es que en el juego hace un combo con Gai y acá lo hace él solo, con alta velocidad y fuerza.

Fūrin jinguru no jutsu.- Invensión mía: Es lo equivalente a un pulso electromagnetico, ya que inhabilita cualquier habilidad que este realizandose en ese momento, solo por unos segundos. Tiene el mismo principio que el Hakke Kūshō pero que la finalidad es diferente, ya que este ultimo busca alejar con una presión comprimida al contrincante y el Furin inhabilita sus habilidades bloqueando sus puntos del chakra. Seria similar a la habilidad de Eraserheard de Boku no hero.

Tamashī kūkyo no jutsu- Invensión mía: Solo para recordar, jutsu capaz de drenar todo el chakra del cuerpo contrincante, provocando su muerte.

Ninpō: Sōzō Saisei- creación de renacimiento: Ninjutsu canonico, una poderosa habilidad de regeneración que funciona sin posiciones de mano y que logra curar cualquier herida y que solo es posible usarlo una vez liberado el Byakugō no In.

Uemuki bukijutsu- invensión mia: Tecnica de manipulacion total, en la que cualquier arma que invoque puede controlarlas dandoles dirección y velocidad. Necesita una gran cantidad de chakra para esto.

Hane tatsumaki no jutsu- Invensión mía: Técnica que consiste en atacar con una lluvia de flechas dirigidas a traves del chakra. Las puntas de las flechas son de chakra y esa es la clave de la habilidad.

Tsuisuta senso no jutsu.-Invensión mía: Con el Bashōsen, crea un vendabal con el que al mismo tiempo golpea con sus armas invocadas, es imposible que alguien escape de su alcance.

Tenten fue la única Kunoichi "normal" con la habilidad de usar este arma y aproveché lo más que pude esto, destacando su dominio en el arma. No me podía quedar con las ganas de mostrarla sumamente poderosa.

Demasiado texto pero queria dejar todo claro y más con las habilidades. Muchas gracias por leer, más cerca del final.

¡Saludos!