Continuación cortita pero tiene sus por que : D
Anteriormente:
Naruto es engañado por Ino para conseguir su esperma y así aprovar sus clases de medicina. Desde entonces, decide que nunca volverá a confiar en las mujeres. Gaara se convierte en su punto de apoyo. En otro lado de la ciudad, meses después, una mujer da a luz a un niño que, más tarde, le arrebatan...
Capítulo 1
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Doce años después…
Boruto se adentró de puntillas en el dormitorio, dispuesto a tirarse sobre la cama. Esquivó las botas desparramadas de cualquier forma sobre la moqueta y calculó el salto hasta el bulto cubierto de mantas.
En su mente contó hacia atrás y al llegar al cero, saltó. Un gruñido escapó del durmiente y cuando consiguió descubrir quién era, chasqueó la lengua en fastidio.
—¡Tío Gaara! ¿De nuevo?
Gaara se frotó los cabellos completamente adormilado. Miró hacia el niño con los ojos entrecerrados y bostezó antes de responderle.
—Si le buscas, está en el salón.
—¿Por qué no está en la cama? —curioseó con enfado.
Gaara se encogió de hombros y volvió a cubrirse la cabeza. Boruto se bajó de encima de él y caminó hacia el salón. Su padre estaba babeando sobre el ordenador mientras roncaba. En pijama y enseñando el comienzo de su trasero.
Boruto hubiera tirado agua encima de él si no temiera las consecuencias de estropear su trabajo en el ordenador y si no fuera porque eran demasiados caros y le costaría muchos meses de su paga. Pero su padre era un asco en esas cosas.
No podía tener un padre más normal. No. El suyo tenía que ser el tipo más estúpido del mundo.
No se podía decir que fuera un mal padre dentro del todo. Tampoco era una eminencia, pero había cosas que no eran las que Boruto querría.
Naruto se enfocaba tanto en su trabajo que hasta se lo traía a casa. No era un padre capaz de regañarle muy severamente y cuando lo hacía a veces perdía credibilidad. Y luego, sus relaciones era básicamente una mierda. La única persona que se llevaba a su cama era a Gaara.
Y Gaara era para Boruto como su tío perfecto. La pareja perfecta para su padre. Aunque él sí fuera más estricto en su educación, Gaara también tenía sus momentos de ser el tío consentidor.
—¡Padre tonto! ¡Despierta!
Naruto dio un respingo en la silla y miró a su alrededor. Boruto estaba cruzado de brazos frente a él y un mohín en los labios. Si no fuera porque sabía que no era cierto, casi hubiera jurado que era idéntico a él en esos momentos.
—¿Qué es lo que pasa?
Boruto hizo un mohín.
—Me prometiste llevarme a la playa hoy.
Naruto se rascó la cabeza y buscó el calendario con una ceja alzada. Boruto había dibujado un círculo tan grande alrededor del número que indicaba la fecha en la que se encontraban que apenas se veían los demás.
—Cierto.
—Incluso preparaste una bolsa con lo necesario para ello.
Señaló hacia la puerta donde una bolsita a rayas descansaba sobre el mueble de la entrada. Naruto asintió y se estiró.
—Iré a despertar a Gaara para ir. ¿Llevas todo, Boruto?
Boruto detuvo sus pasos antes de tirarse al sofá.
—Ah. No. La consola.
Volvió sobre sus pasos con tanto jaleo que realmente Naruto no necesitó volver a despertar a Gaara.
—
Ir a la playa no era la mejor idea cuando era pleno verano y los turistas estaban en pleno apogeo. Aunque era capaz de aguantar el calor siempre que tuviera una fuente de agua fresca, en esos momentos estaba realmente agotado. Lo único que quería era tirarse en una toalla y dormir hasta que fuera la hora de volver a casa.
Pero Boruto realmente estaba disfrutándolo.
—Así que habéis venido.
Naruto levantó la vista de la cesta que estaba sacando para clavarla en la mujer frente a él. En bikini, con un pareo cubriendo sus caderas y una sonrisa en todo su rostro. Sakura Uchiha se arrodilló frente a él para quitarle algo de arena del cabello.
—Sí —respondió guiñando un ojo y señaló con el pulgar a Gaara y Boruto que jugaban a la pelota cerca de la orilla—. Se lo prometí. ¿Y el teme?
—Sasuke ha ido a por bebidas y Sarada está con él. No tardarán. ¿Qué te parece si unimos nuestros puestos?
Naruto aceptó de buena gana. Si Sakura estaba por ahí igual podría echar una buena siesta. Una vez que enlazaron sus puestos, toallas y demás, se sentó para ver a Gaara y Boruto batallar en quien golpeaba más veces una pelota de plástico.
Sakura suspiró a su lado.
—Realmente han pasado muchos años. ¿Verdad?
—¿Desde esa noche? Sí. Sakura-chan… ¿crees que realmente lo esté haciendo bien?
Un golpe llegó contra su cabeza. Sakura le sonrió pese a todo.
—No lo pongo en duda.
Sakura le dio unas palmadas suaves en la espalda. Una espalda que cargaba desde hacía mucho con algo que no era suyo.
Varios meses y Once años atrás…
—¡Sakura-chan! ¡Sakura-chan!
Tanto Sakura como Sasuke se miraron con una ceja alzada a la par. Cuando de nuevo otro golpe resonó contra la puerta de su casa lo primero que pensó fue que mataría a Naruto como la tirase al suelo. Bastante problemas tenía con intentar sacarse la carrera de medicina y no vomitar al mismo tiempo gracias al regalito que tenía creciendo en su vientre.
Abrió la puerta antes de que la volvieran a golpear. Naruto estaba empapado hasta los calzoncillos y su rostro pálido. Tenía los ojos como un loco y el húmedo cabello se le pegaba al rostro. Sakura podría haber imaginado que llegaba de en medio de una borrachera o que se hubiera peleado con Gaara por algo. Sin embargo, el bulto que cargaba entre sus brazos la alertó.
—¿Qué diablos ocurre? —jadeó al ver que entraba dejando todo el suelo encharcado—. Más te vale que sea algo que valga la pena y…
Naruto extendió el bulto hacia ella. Su rostro completamente desfigurado por el terror.
—Ayúdame… ttebayo…
Sasuke, por aquel entonces el novio de Sakura, se acercó para inclinarse con curiosidad. Al apartar los ropajes que cubrían el extraño bulto sus ojos oscuros se desviaron de Naruto a ella.
—Un bebé.
Presente…
—¡Viejo! ¡Ven a jugar!
La voz de Boruto hizo que Naruto regresara al momento. Se levantó con una sonrisa y corrió hacia ellos, apretando a Gaara y Boruto entre sus brazos antes de hacerlos caer en el mar. Entre risas, terminó por unirse a los juegos de los otros dos.
—Naruto.
Sakura levantó la vista hacia arriba. Sasuke se sentó a su lado bajo la sombrilla mientras que su hija, Sarada, corría para unirse a los otros. Le hizo entrega de una botella de té fresca y Sakura se encargó de servirla en dos vasos.
—Sí. Me dijo que quizás vendría y mira, lo hizo.
Sasuke tomó el té que le entregaba y dio un sorbo mientras los observaban.
—No le ha ido mal.
—Por suerte no. Mira que declarar que iba a adoptarlo después de lo asustado que se le veía cuando lo encontró. Por cierto; ¿a ti te contó dónde?
—No —respondió—. El que seguro lo sabe es Gaara.
Sakura se encogió de hombros.
—Bueno, es su pareja por algo. Aunque nunca pensé que Naruto se hiciera gay. Quiero decir, antes no cesaba de perseguir a las chicas. Sigo creyendo que la culpa la tuvo Ino y su maldito comportamiento de entonces. Pero nunca descubrimos la verdad.
Sasuke entrecerró los ojos.
—Creo que hay más secretos que ese.
Sakura no pudo evitar darle la razón. Y tampoco evitar pensar que Naruto era muy bueno guardándolos.
—
Horas más tarde, Naruto estaba completamente agotado y Boruto parecía lo suficientemente satisfecho como para sentarse a dormir un rato la siesta. Gaara y él se ofrecieron para ir a comprar las bebidas además de ir al baño.
—Hace mucho calor ya —protestó Naruto frotándose la nuca.
—No demasiado.
—Gaara, tú estás demasiado acostumbrado al calor. Donde naciste son desiertos básicamente —rezongó haciendo un mohín con la boca.
Se encaminó hacia el cuarto de baño más cercano.
—Ten cuidado. Son unisex.
Cabeceó afirmativamente y se metió dentro del aseo cuando comprobó que estaba libre.
Si lo pensaba detenidamente, Boruto se merecía desde hacía buen tiempo disfrutar de un día en que los tres compartieran horas de diversión. Siempre estaba tan concentrado en su trabajo que tendía a olvidar sus necesidades como hijo. Pero diablos, si hasta olvidaba las suyas propias.
Si no fuera por Gaara muchas veces estaría perdido y tenía que reconocer que ese hombre hacía más por él de lo que esperaría de alguien así. Que se hubiera quedado a su lado tras las diversas decisiones que había tomado a lo largo de su vida ya era para coronarlo como un santo.
Tras lavarse las manos, abrió la puerta sin el menor de los cuidados. Hasta que no escuchó el golpe brusco contra el suelo no se percató. Gaara apareció a su lado y con una ceja enarcada miró hacia el suelo y señaló el punto exacto.
—¿La has matado?
—¿Por qué diablos voy a matarla?
—Porque yo la veo bien tirada en el suelo y con la cabeza sangrando.
Fue entonces cuando bajó la mirada y vio el cuerpo de la mujer. Dio un respingo y rápidamente se agachó.
—¡Oye, oye! No te mueras. Gaara. ¿Qué hago?
—¿Enterrar el cadáver?
—¡Déjate de bromas, diablos! —exclamó atolondradamente.
Gaara bufó.
—Llamar al socorrista, por ejemplo, serviría.
Naruto asintió y la levantó en brazos.
—La pondré en esa tumbona, tráelo por favor.
Gaara salió a regañadientes y él deposito a la joven mujer sobre el tumbona. Tenía el cabello largo y la piel blanca. Un vestido blanco cubría su cuerpo y justo en la frente, una gota de sangre resbalaba por su piel.
—Como me la haya cargado… —murmuró.
Miró a su alrededor preocupado. Pudo ver a Gaara hablar con el socorrista, quien comenzó a descender de la torre y rápidos saltos. La gente comenzaba a mirarle con curiosidad y frunció el ceño preguntándose si alguien la reconocería. Pero nadie parecía dar un paso al frente como señal de que así fuera.
Cuando el socorrista y Gaara llegaron a la par, se hizo a un lado para dejar que se encargaran. En el mismo instante en que un trozo de hielo tocó la frente de la mujer esta abrió los ojos y emitió un gritito de sorpresa, mirándoles con gesto confuso.
Naruto pudo respirar tranquilo.
—
Hinata miró a su alrededor preguntándose qué demonios había pasado. Acababa de salir del baño cuando repentinamente la puerta se había abierto y la había golpeado. Resbaló por culpa del agua del baño y terminó cayendo de espaldas. Lo último que recordaba era el techo de mimbre sobre su cabeza.
Y ahora no solo tenía a un socorrista encima, si no que el resto de las personas la miraban como si fuera la sirenita en persona y no terminaran de creérselo.
—¿Se encuentra usted bien?
Miró hacia el hombre en calzonas rojas y cruz blanca, asintiendo.
—Sí. Yo… solo me golpeé y… me desmayé. Lo siento.
—¿Es frecuente que usted se desmaye?
—Sí —reconoció aturdida.
—bien. De todas maneras, será mejor que vaya al hospital a echarse un vistazo. ¿Ha venido usted con familia?
—Sí.
Miró a su alrededor sin descubrir ninguna cara amiga. El socorrista se incorporó.
—La ayudaré a buscarlos. Pero antes —se volvió hacia un hombre rubio que estaba de espaldas hablando algo entre susurros con otro pelirrojo—. Señores, gracias por avisarnos.
—No es nada —alegó el rubio mirando hacia ella.
Tenía los ojos más azules que hubiera visto en su vida. Sin embargo, no sonrió ni emitió ningún gesto especial hacia ella. Era como si no estuviera. Como si no quisiera verla.
Se abrazó a sí misma y desvió la mirada.
—¡Papá! ¡Tío Gaara!
Un niño corrió hacia ellos, saltando hasta que se aferró al rubio con brazos y piernas. Miró a su alrededor con curiosidad, deteniéndose en ella y luego, al hombre que lo sostenía.
—¿Qué ha pasado?
—Solo una chica que se desmayó. Nada más. Volvamos, Boruto.
El niño asintió y echó a correr de nuevo. Una punzada de dolor estranguló su garganta. Se levantó como pudo y alargó una mano hacia el hombre.
—Espere —rogó.
Ambos hombres se detuvieron para mirarla.
—Yo quería… quería…
—¡Hinata!
Dio un respingo al escuchar la voz de su madre. El pánico la hizo cerrar la boca de golpe y agachar la cabeza. Los hombres continuaban frente a ella, esperando. Cuando sintió el agarre de su madre en el brazo supo que no habría modo alguno de darles las gracias.
—¿Qué haces aquí? ¿Qué ocurre?
—¿Es usted su familiar? —el socorrista avanzó enseguida hacia ellos.
—Soy su madre. ¿Qué ocurre?
—Se ha desmayado en el cuarto de baño. Estos caballeros la han sacado y me han avisado de su problema.
Su madre miró por encima a ambos hombres antes de escupir un seco gracias.
—¿Quieren algo en compensación? ¿Diez euros, quizás? Neji, encárgate de ellos.
Y tiró de ella en dirección al lugar donde habían dejado sus cosas. Con los dientes apretados e ignorando la indicaciones del socorrista.
Hinata miró hacia atrás una vez. La suficiente para ver que el hombre rubio apartaba de un manotazo el dinero que su primo insistía en que aceptara.
—
Gaara siguió a Naruto a través de las diferentes sombrillas. Estaba que echaba humo tras la grosería del sujeto de y la mujer. No era para menos. Validar la vida de una persona en diez euros era la cosa más ridícula que alguien podría hacer. Y que encima fuera una madre, seguro que estaba irritándole de sobremanera.
A él mismo lo cabreaba.
—¿Nos vamos? —cuestionó Boruto secándose la cabeza con una toalla.
—Nos vamos —indicó Naruto mirando hacia Sakura—. Nos vemos otro día, Sakura.
—Claro —aceptó esta—. Cuando quieras. Además, ya sabes que siempre puedes dejar que Boruto se quede en casa cuando lo necesites.
Gaara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Naruto negó con la cabeza y aceptó su ofrecimiento.
—Otro día, hoy no —negó.
Para su sorpresa, Boruto no se negó.
Caminaron de regresó al coche cuando se percató de que muchas miradas femeninas estaban posadas sobre ellos. Nunca se había considerado un hombre apuesto o que llamara la atención de más. Naruto sin embargo sí. Era muy consciente de ello y guardar silencio de ello a veces lo afectaba.
Podía compartir su cama. Podía ser su cuartada. Pero jamás tendría lo más importante y era su corazón.
Lo que ninguno de los tres podría sospechar es que el mundo del destino siempre da muchas vueltas y lo que hoy parece ser una calma antes de la tormenta, realmente está formándose el ojo del huracán.
Continuará...
