¡Vamos de nuevo!
Resumen: Tras ser engañado por Ino cuando era universitario, Naruto se olvidó por completo de las mujeres y creo una tapadera con Gaara, su mejor amigo y quien está completamente enamorado de él. Una noche de tormenta adoptó a un bebé, sin que nadie supiera de dónde salió, se hizo cargo durante doce años, negándose a buscar información sobre los progenitores originales del niño, Boruto, quien se asemejaba muchísimo a él.
Cuando Boruto cae enfermo de anginas y tras que Gaara le expresara sus sentimientas a cuenta de todo eso, Naruto empieza a sopesar la idea de saber quién es la madre y el padre que abandonó al niño. Sakura, intuyendo eso decidió actuar por su cuenta, provocando que su trabajo prenda de un hilo.
Descubre que Boruto es hijo natural de Boruto y tras entablar una conversación con Ino, sopesan la idea de que vendieran su esperma.
Por otro lado, Gaara ha descubierto algo.
Y ya hay preguntas que Naruto no puede negarse a responder.
Capítulo 4
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11 años atrás
Escuchó el llanto retumbar en sus oídos. Resonar entre las paredes del callejón incluso con la tormenta que estaba cayendo. Se detuvo para escuchar mejor. Quizás sus oídos estaban fallándole por el cansancio. No sería de extrañar. Llevaba demasiadas horas acumuladas para sumar puntos para sus prácticas. Terminar la universidad estaba siendo un completo caos.
El llanto se repitió.
Miró a su alrededor. Clavó la vista en la pared más cercana. Recordaba que años atrás el edificio había sido un matadero y ahora estaba abandonado. No era de extrañar que los jóvenes lo utilizaran para reuniones indebidas, algún mendigo en busca de calor y que lo habitara un sinfín de animales. Esperaba que ninguno de ellos fuera el fantasma de un animal resentido por haber servido como comida.
Se acercó a los contenedores, pegando la mejilla lo más que pudo a la pared. El llanto aumentó, así como un murmullo acallado de voces.
Caminó con cuidado, asomándose a la ventana.
¿Qué le llevó a hacerlo en ese momento? No podría responder.
La tormenta iluminó el interior del lugar, de sangre seca en el suelo, mesas deterioradas, máquinas oxidadas y todo tipo de basura. No le extrañaría que hubiera alguna jeringuilla.
Las dos siluetas estaban inclinadas sobre dos fardos. Uno de ellos se sacudía y berreaba. Probablemente, el llanto fuera suyo.
—Le dije a esa estúpida enfermedad que quería un niño moreno, no rubio.
Naruto se quedó sin respiración al escuchar las palabras. Uno de los hombres aferró el otro fardo y lo meció. El segundo sujeto miró al bebé.
—¿Qué hacemos con él?
—Tíralo al río.
La tormenta volvió ensordecer el lugar. Se agazapó para evitar ser visto. Buscó su móvil dentro del pantalón para descubrir que estaba sin batería. Se golpeó la frente. Escuchó la vieja cancela abrirse y chirriar y las dos figuras salieron. Se asomó. Se habían llevado ambos bebés.
Los dos sujetos se separaron. El que cargaba al bebé silencioso se subió al único coche y el segundo, tras cubrirse mejor con la chaqueta, cruzó la calle. No se alejó demasiado. Levantó el bulto por encima de su cabeza, soltándolo.
El bebé atravesó el aire hasta caer. Un ligero chapoteo.
Después se alejó.
Atónito por la sangre fría del sujeto, Naruto cruzó hasta el borde. No lo pensó dos veces antes de hacerlo.
Muchas noticias de niños muertos a lo largo de la ciudad llegaron a su mente. La policía especulaba mucho acerca de madres primerizas que abandonaban a sus bebés después de nacidos.
Él se aferró a aquella teoría durante once años.
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—Un bebé robado.
Naruto asintió, volviendo en sí. Gaara miraba la habitación de Boruto con una ternura inesperada en él. Sentía la garganta tensa por contar la historia que había oculto. No era un héroe y tampoco quería que los demás lo vieran de ese modo.
Logró sacar a Boruto del río aquella noche pero a otro niño se lo llevaron. Esperó, oculto entre las sombras en vez de hacerles frente.
Y mantuvo una mentira durante años.
—No dije la verdad porque temía que me quitaran a Boruto. Por eso me negaba.
Gaara asintió. No le juzgaba. No le acusaba con un dedo.
—Nunca supe quienes eran. No me quedé con la matrícula. No podía apartar la mirada del otro hombre. Pensaba en cómo demonios iba a tener la sangre fría de tirarlo al río. Pensé que se retractaba y se lo llevaría a alguna otra parte. Pero no…
Gaara se movió unos pasos hasta llegar a él. Su mano le apretó el cuello antes de estrecharlo en un reconfortante abrazo. Naruto se dejó abrazar hasta que recordó cómo comenzó la conversación.
—Dijiste que había algo importante que decirme y que era necesario que te contase cómo encontré a Boruto. ¿Por qué?
Gaara retrocedió. Su rostro estaba tenso. Lo invitó a sentarse y Naruto obedeció notando el cansancio en todo su cuerpo.
—Sakura presintió que ibas a pedirle que buscara a los padres de Boruto —explicó. Naruto asintió. Recordaba la tensión, el nudo en la garganta—. No lo hiciste.
—No —confirmó.
—Igualmente ella decidió actuar por sí misma.
Naruto clavó la mirada en él. Sabía que la relación entre Gaara y Sakura era de muy poca cercanía. Las justas, para ser exactas. El único detonante que provocaba si quiera que tuvieran sus números de teléfono era él mismo. Estaba completamente seguro de que pese a ello jamás difamaría a Sakura con una mentira de ese talante.
—¿A qué te refieres? ¿Cómo? —masculló pasándose las manos por los cabellos, alborotándolos todavía más—. Dios, Sakura. He de llamarla y…
Buscó su móvil a tientas, pero Gaara lo retuvo.
—Espera. Lo hizo porque pensó que estabas desesperado, estabas llegando a ese punto y te ibas a forzar. Alguien tenía que tomar la delantera o nunca avanzarás.
—Lo sé, pero… Sin mi permiso, Gaara.
—Sí —aceptó encogiéndose de hombros—. Probablemente la expulsaran del hospital y abrirán un expediente que marcará para siempre su carrera. Tendrá que dejar de ser cirujana y quizás con suerte pueda ser médico de cabecera.
El pánico provocó que su mandíbula temblara.
—No quiero que eso pase. Sakura tiene una hija que mantener.
—Eso ya tendrás que hablarlo con ella. No es el punto que importa.
Naruto frunció el ceño.
—Gaara, sé que Sakura no es santo de tu devoción, pero esto es por mi culpa. Es mi mejor amiga.
Gaara levantó una mano para descartarlo.
—No me mal entiendas. Lo que quiero es ir al punto importante. A lo que ella mismo me dijo. Si es cierto, es porque lo ha comprobado y ha dado positivo.
—¿De qué estás hablando? —cuestionó—. ¿Es malo el resultado?
Gaara pareció dudarlo antes de responder.
—Creo que los azares de la vida a veces es sorprendente, si me lo preguntas.
Enarcó una ceja, dubitativo.
—Los resultados del ADN, por lo que me ha confirmado Sakura, indican que tú eres su progenitor. Boruto es tu hijo, Naruto.
Sus oídos se bloquearon. Sólo podía escuchar los latidos de su corazón. Las palabras de Gaara se repetían en su mente una y otra vez. Hasta que una carcajada irónica escapó de su boca.
—Tiene que ser un error —dijo meneando la cabeza—. No he estado con una mujer desde que pasó aquello con Ino. Lo sabes muy bien.
—Lo sé. Sakura sólo me ha comentado las sospechas hacia el bote que dejaste aquel día. Al parecer, algunas estudiantes vendían esperma para poder costearse la carrera. Igual tu bote estaba entre ellos.
—No puede ser, ttebayo —farfulló.
—Irónico. ¿Verdad? —murmuró Gaara más para sí mismo.
Naruto sonrió amargamente.
—Debí de hacerte caso, Gaara. Aquel día tuve que hacerlo y no ser tan idiota.
Gaara se sentó junto a él.
—Es algo que no se puede cambiar ya. Y el resultado… tampoco es tan malo. Tienes un hijo de verdad.
Naruto se llevó las manos al rostro, presionando la punta de los dedos contra sus ojos. Cuando los retiró, sus ojos estaban enrojecidos y lacrimosos. Su boca se torció en una sonrisa.
—Soy padre de verdad.
—Sí —confirmó—. Sakura seguramente te lo explique mejor, es todo lo que sé.
Naruto se volvió, acomodando la cabeza contra su hombro. Gaara no se movió, tensándose. Naruto se permitió un momento de fragilidad contra él. Ahora sí podía entender esos gestos que le parecían semejantes, esos gustos o hasta la forma de torcer su boca cuando se reía. Boruto era tan semejante a él porque realmente era suyo.
Ironías del destino o no, era su padre verdadero.
Pero eso conllevaba algo.
—Gaara. ¿Sakura ha dicho algo acerca de su madre? —cuestionó—. La suposición es que mi muestra fue vendida. ¿Verdad? ¿Ilegalmente?
—Seguramente —sopesó el nombrado—. Hay mujeres que desean ser madres solteras, así que imagino que el mercado negro también es un buen fin. Pero eso implica que quieren tenerlo de verdad, así que, deduciendo que fue un niño robado, una mujer perdió a su hijo también aquella noche.
—Es horrible. Me pongo en el lugar de Boruto y… —se pasó una mano por el rostro—. Ambos hemos pasado una mierda de vida, pero Boruto…
—Le has dado una buena vida, Naruto —corrigió Gaara asiéndolo de la mano con mucha ternura—. No te juzgues tanto.
Naruto asintió.
—He de verle.
Gaara asintió y le dejó marcharse.
Volvió a la habitación junto al niño. Boruto dormía gracias a los restos de anestesia. Su rostro estaba tranquilo. Le pasó una mano suavemente por sus cabellos. Tan rubio como los suyos mismos.
Lo miró y miró, como si fuera la primera vez que lo hiciera. Como si jamás se hubiera pasado las noches en vela preguntándose si estaba respirando bien, si habría comido lo suficiente o se sentiría cómodo.
Sin poder evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas.
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Naruto se detuvo frente al despacho del director. Konohamaru le había llamado por los altavoces y, pese a que le sorprendió, la idea de que tuviera que justificar las acciones de Sakura regresaron a su mente.
Boruto estaba evolucionando bien y Gaara se había quedado a cuidarle.
Golpeó con los nudillos la puerta y esperó la invitación. El despacho no tenía demasiadas florituras más allá de alguna planta y muchos papeles. Konohamaru estaba sentado en el escritorio, levantándose al verle. A su lado, una mujer se echó ligeramente hacia atrás, inclinando la cabeza de forma que sus ojos quedaran cubiertos por su flequillo.
—Bienvenido —saludó Konohamaru extendiendo una mano que acepto—. Ah, permite que te presente. Esta es Hinata Hyûga, es mi…
—¡Eres la chica de la otra vez! —interrumpió al caer en la cuenta—. La chica de la playa.
Ella se ruborizó y asintió. Tenía unos ojos muy extraños pero dulces.
—¿La playa? —cuestionó Konohamaru enarcando una ceja—. ¿Os conocéis?
—Sí —reconoció—. Se desmayó en los baños.
La mujer dio un respingo y enseguida se inclinó frente a él.
—¡Muchas gracias! El otro día no pude agradecerle, lo siento.
Naruto recordó la forma grosera en que sus familiares habían querido pagar su acción. Lo descartó con una mano.
—No, más bien te recomendaría mandar un poco a la mierda esa clase de toxicidad familiar.
No podía perdonarles que su forma de ver la validez de una persona fuera tal cantidad de dinero. Menos, que considerasen que la vida de una persona era sólo un fajo de billetes.
Ella sólo sonrió y buscó la mirada de Konohamaru, quien rápidamente se inclinó para besarle la mejilla y tomarla del talle.
—Será mejor que te acompañe a la puerta. Puedes seguir buscando lo que quieras si lo necesitas, Hinata. Nos vemos más tarde.
—Sí, muchas gracias —agradeció ella. Se despidió con un gesto de su mano y luego les dio la espalda.
Konohamaru cerró la puerta con un suspiro.
—Lo siento —se disculpó—. Si he dicho algo malo…
—¡No, no, senpai! —negó sacudiendo ambas manos frente a su rostro—. Es que realmente el tema familiar de los Hyûga es un verdadero asco. Me da miedo hasta mí y he de terminar formando parte de su familia.
Naruto comprendió.
—Es muy hermosa, Konohamaru.
El hombre, que se había acercado a su mesa le miró enarcando una ceja sin comprender.
—¡Ah, sí, lo es! —declaró sonriendo—. Perdona que te llamara por megafonía, pero no tengo tu número y no podía moverme del despacho.
—No te preocupes —descartó—. Boruto está mejor, sólo esperamos que pase el médico, pero Gaara se ha quedado con él. E imagino por qué es esto.
Konohamaru suspiró.
—Sí, por la acción de Sakura en referente a la toma de sangre sin permiso alguno y lo que esto conlleva.
Miró el reloj con el cejo fruncido.
—Debe de estar al llegar, pero igualmente, quería hablar contigo antes. Sé que son amigos de infancia y que obviamente, hay un cariño ahí importante. Pero has de comprender que ha hecho algo ilegal y sin permiso.Y…
Dos golpes resonaron en la puerta. Konohamaru chasqueó la lengua.
—Parece que es el día de interrumpirme cuando hablo hoy. ¡Adelante!
Sakura se asomó por la puerta.
—Ah, llegaste antes de tiempo —felicitó Konohamaru—. Justo ahora estaba explicándole a Naruto-senpai lo que ocurre.
—Me imagino —dijo decaida—. Lo siento, Naruto. Presentí que querías y…
—Y así es —interrumpió—. Konohamaru, antes has dicho que entiendes que seamos amigos y crees que voy a excusarla, pero el punto aquí es que gracias a esa amistad de años ella fue capaz de comprender lo que no me atreví a poner en palabras. Sólo que no lo hicimos formas porque estaba más preocupado por la salud de mi hijo.
Konohamaru parpadeó, sorprendido.
—¿De verdad?
—Sí —confirmó pasándole un brazo por los hombros a Sakura—. ¿Dónde tengo que firmar para confirmar mi consentimiento?
Konohamaru les miró alternadamente hasta que, finalmente, suspiró rendido.
—Está bien. Pero que conste que es porque tampoco quiero perder a una de mis mejores cirujanas.
Sakura dio un salto y una palmada antes de abrazarle como agradecimiento.
—Espero que te hagas a la idea que con esto no puedo respaldarte para ser cirujana jefe —advirtió—. No este año, al menos.
—Lo comprendo —aceptó Sakura sin poder dejar de sonreír—. Me lo ganaré por mi misma.
Konohamaru sonrió divertido antes de extender varios folios frente a ellos.
—Anda, firmar antes de que me arrepienta.
Ambos se acercaron al escritorio para ello.
—¿Han sido los resultados, al menos, agradables?
Naruto sintió la mirada de Sakura sobre él mientras firmaba. Se tomó su tiempo para responder y finalmente, no pudo ocultar la sonrisa de felicidad que aparecía en su rostro cada vez que rememoraba la realidad.
—¡Sí, ttebayo!
—Me alegro por ti, senpai.
Naruto le estrechó la mano y antes de Konohamaru volviera a abrir la boca, su móvil sonó.
—Dime, Moegi. Sí, Hinata está de nuevo en los archivos. Dale acceso a todo cuanto puedas. ¿De acuerdo? Sí. Lo sé, ya me encargué de despedirlas. Tengo las pruebas. No podemos permitir que las enfermeras traten así a cualquier paciente, visitante o familiar. Al fin y al cabo, Hinata será mi familia. Sí. De acuerdo. Nos vemos después.
Colgó el teléfono y se volvió hacia ellos.
—De acuerdo. Pues todo aclarado —anunció—. Sakura, mejor descansa hoy. Ayer hiciste más operaciones de las que debías.
—Claro —aceptó la mujer—. ¿Ocurre algo con las enfermeras?
—Sí —respondió Konohamaru—. Ayer recibimos la queja de un paciente acerca de su mal comportamiento hacia otra persona en la salida. Lo comprobamos con las cámaras y son las mismas de siempre, así que he tomado medidas disciplinarias hacia ellas.
—Comprendo —confirmó Sakura—. Entonces, me marcho.
Le dio un beso en la mejilla a Naruto antes de marcharse.
—Tu amigo, Gaara, fue quien nos recomendó disimuladamente mirar las grabaciones, Naruto-senpai.
Naruto no pudo evitar sonreír orgulloso.
—Es el tipo de cosa que él haría, sí.
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Gaara se echó hacia atrás cuando el enfermero entró. Era un chico alto, fuerte, con un característico corte a tazón y una cejas pobladas que no habían visto unas pinzas en su vida. Le llamó la atención lo sonriente que se mostraba y lo rápido que consiguió que Boruto se hiciera amigo suyo.
Y lo fácil que le resultó guiñar un ojo y hasta tomó el descaro de creer que estaba dispuesto a darle su número de teléfono.
Naruto entraba justo cuando salía y Boruto, que si no fuera por el dolor estaría riéndose a carcajadas, los miró atentamente.
—Gaara, estás colorado.
—Olvídalo —bufó y antes que Boruto hiciera una de las suyas lo acalló con la mirada—. ¿Qué tal ha ido?
—Muy bien. Se ha solucionado. ¿Cómo te encuentras?
Boruto se encogió de hombros como respuesta. Estaba más fresco y más saludable.
—He visto a la chica de la playa —rememoró Naruto mirándole—. Estaba en la oficina de Konohamaru. Se llama Hinata.
Gaara entrecerró los ojos. Naruto no era muy dado a recordar los nombres femeninos a la primera, especialmente desde lo que le pasó. Tenía que pasar un tiempo para que los recordara o siquiera pronunciara bien.
—También la vi anoche —recordó—. Estaba buscando información. No me dijo de qué exactamente.
Naruto asintió.
—Si, algo me ha parecido entender también por una conversación de Konohamaru. Y me ha hecho pensar.
—¿Es el fin del mundo? —bromeó Gaara. Naruto le gruñó como respuesta—. ¿En qué?
Hizo un gesto con la mirada hacia Boruto y Gaara comprendió.
—¿Ella lo estará buscando? Recuerdo las palabras que dijo aquel tipo como si acabara de escucharlas.
—Sakura podría volver a…
—No —negó—. Sé que es la vía fácil, pero ya la he metido en muchos problemas. Casi pierde su trabajo. Iba a ser ascendida y ha perdido la oportunidad por culpa de esto. No quiero darles más problemas.
Gaara se encogió de hombros. Sabía que a cabezón no le ganaba nadie. Como cuando se empeñó en clavar el patito de ducha de Boruto en la pared. Lo hizo, sí, pero a cambio saludó al vecino mientras estaba en el baño y no fue muy agradable*.
—¿Qué harás?
—Pensé en buscar por los hospitales de la zona. Igual encuentro un alma samaritana que tenga conocimiento de algo. Las cosas no son como antes y estos temas se hablan mucho. También creo que hay grupos de ayuda y esas cosas.
—Te ayudaré buscando información —propuso.
Naruto se apartó de Boruto, lo tomó por las mejillas y le besó la frente. Gaara podría haberse desmayado ahí mismo de la sorpresa.
—¡Eres genial, Gaara! No sé qué haría sin ti.
Gaara tuvo que hacer su mejor esfuerzo para contestar.
—Sobrevivirías.
Estaba seguro de ello. El Naruto que él amaba no era débil y si caía, volvía a levantarse.
La noticia de ser el verdadero padre de Boruto le había despertado un nuevo rumbo en la vida y estaba seguro de que caminaría por ese sendero sin problema alguno. Sin detenerse, siempre hacia delante.
Y esperaba que fuera de maravilla.
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Boruto escuchó las palabras de su padre atentamente. Podría haberse enfadado, tener una pataleta y sin embargo, estaba mirándole como si acabara de contarle que el cielo es azul y que la tierra es tierra.
Si no fuera porque Gaara estaba a su lado y por la seriedad confirmaba que estaba diciéndole la verdad, habría pensado que era alguna clase de broma para querer entretenerle mientras reposaba.
Se miró los dedos, subió hasta encontrar el tubo del gotero y luego llegó hasta los ojos de su padre, aguados, tan semejantes a los suyos.
La historia de su nacimiento, pese a no tener puntos claros, le parecía emotiva. Demasiado. Podría haber muerto ahogado y, de haberle querido, tendría otro padre distinto, otra madre quizás que le quisiera, pero dudaba tener la misma vida que en esos momentos.
Más tarde, cuando Sarada y unos amigos de clase fueron a visitarle para ver cómo se encontraba, se lo contó. No es que le gustara alardear de sus problemas, pero Sarada casi siempre tenía una idea muy diferente a él de la vida y eso, le venía de maravilla algunas veces.
—Si fuera mi caso, no me importaría. Es decir, los padres no siempre son los que te crían. ¿No? Da la casualidad de que el tío Naruto te crió sin saber que eras su hijo biológico e igualmente, te quiso. Ahora resulta que eres su hijo. No es como para darle muchas vueltas de más. Si no fuera tu padre de verdad, entonces sí.
—Me lo ocultó durante todo ese tiempo —dijo a media voz.
Sarada hizo un gesto para descartar sus palabras.
—Tenía miedo. Los adultos tienen miedos. ¿Sabes? Papá teme perder a mamá y ella a él. Un accidente o algo así. Se lo escuché decir una vez. Son cosas que en teoría nunca dirían delante nuestra porque somos niños y ellos adultos y todo ese rollo.
—Lo que dice Sarada tiene sentido, Boruto.
Shikadai Nara se entrometió en la conversación. Era un chico bastante inteligente con el que le gustaba jugar videojuegos y escalar. Y también tenía muy buenos puntos.
—Los adultos se complican muchísimo la vida sólo para que nosotros vivamos bien. Lo mismo da que él sea o no tu padre, lo ha ejercido muchos años y no te has quejado. ¿Qué influye? Además, para que él no lo supiera tiene que existir motivos más importantes y ajenos a su control.
—¿Qué hay de mi madre? —cuestionó tras rumiarlo un poco.
Ambos niños se miraron, encogiéndose de hombros. Para eso no había respuestas.
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Moegi la abrió la puerta al historial. Todo estaba exactamente igual que lo había dejado la última vez. La vio moverse lentamente por el escenario hasta rodear la mesa y coger otra de las carpetas.
No sabía bien qué buscaba y Konohamaru tampoco le había dado explicaciones. Sólo le había pedido que cuidara de ella, le diera permisos para todos los historiales de niños nacidos, fallecidos o extraviados.
Y si alguien preguntaba por ella, no estaba.
—¿Qué puede interesarte tanto de esos papeles? —cuestionó en voz alta sin darse cuenta.
La mujer levantó los ojos hacia ella, tan característicos de su familia.
—Mi bebé.
Continuará...
*: Vamos, que hizo un boquete en la pared mientras el otro cagaba xD
