Llegamos al 5 capítulo. Como siempre, un resumencillo, pero igualmente os invito a releer porque siempre hay pistas que olvidan.


Resumen:

Tras que las anginas se complicasen hubo que operar a Boruto y Sakura se ofreció a sí misma para ello. Naruto se debatía en si hacer la prueba o no de paternidad y Sakura finalmente la hizo a sus espaldas, jugándose su trabajo. Se descubre que Boruto es hijo suyo y Naruto no cabe en sí de alegría, pero sabe que tiene que encontrar la parte que falta de la verdad para que Boruto pueda decidir su destino.

Mientras, Hinata está ofuscada buscando cualquier pista que la lleva hasta su bebé.

¿Estarán enlazados sus caminos? ¿Gaara seguirá amando a Naruto pese a que no es correspondido? ¿Logrará Naruto dar con la verdad?

No te lo pierdas en Lazos Oscuros.


Capítulo 5

.


Boruto regresó a casa mucho más pronto de lo que ambos esperaban. Su recuperación era increíble. Volvía a ser el niño hiperactivo que saltaba de un lado a otro, se tiraba en el sofá a jugar, que había que perseguir para que hiciera sus deberes o que para dormirle era un infierno cuando no podía pegar ojo.

Gaara y él eran los que volvían a caer completamente agotados en la cama antes incluso que él. Entre sus trabajos y tenerle en recuperación en la casa, era un caos agotador.

Además, Naruto se había enfrascado más seriamente en el asunto de su paternidad. Tras consultarlo con Boruto ambos decidieron que sí querían tener más información. Naruto le prometió a Boruto contarle toda la verdad una vez hubiera esclarecido las dudas que quedaban todavía tras su nacimiento. Aunque consideraba que era horrible contarle a su hijo que nació de una muestra que robaron. Al menos, aclararía un poco más la luz en medio de esa oscuridad.

No podía evitar pensar en cuál sería la realidad tras la misteriosa madre. ¿Compraría la prueba por algún motivo? ¿Querría ser madre y no encontraba un hombre? Si se vendía en el mercado negro quizás el precio era mucho más barato que un centro especial. No había indagado mucho, pero esos lugares era algo que no descartaba.

Por ahora, tras rumiarlo con Gaara y consultar a Sakura, quien volvió a ofrecerse a hacer otra prueba de ADN que rechazó, decidió empezar por los hospitales. Tenían un punto a seguir, en realidad dos, acerca del lugar dónde logró salvar a Boruto. El matadero donde se reunieron ya no existía, habían hecho un nuevo edificio de pisos, pero durante esos doce años no cambiaron los hospitales.

—¿Y si empiezas por el mío? —propuso Sakura—. Aprovecha que tienes contacto con Konohamaru. Él también tendrá otros contactos. Aprovéchate de eso. Es tu hijo de quien hablas, así que, que no te importe aprovecharlo. Sé que suena feo, pero un padre siempre hará lo que sea por su pequeño. Sasuke, por cierto, me dijo que cualquier asunto legal se lo dejes después a él. Te apoyará.

Gaara había asentido cuando le preguntó acerca de ello, aunque él no estaba prestando mucha atención, ya que durante unos días no hacía más que mirar su móvil con el ceño fruncido y una mueca extraña.

Cuando se lo preguntó guardó el móvil y alegó que era trabajo. No le dio más vueltas porque generalmente no entendía demasiado de política y Gaara no hablaba demasiado del trabajo en casa.

Sin embargo, Boruto se reía entre dientes mientras fingía hacer otra cosa y empezó a pensar que había algo que se le escapaba.

Aunque estaba completamente ocupado como para prestar mucha más atención.

Reservó una reunión con Konohamaru cuanto antes y cuando finalmente pudo exponer su petición, el director frunció el ceño con curiosidad.

—Podrías hacer la prueba completa de paternidad, Naruto-senpai —ofreció.

—Se niega —gruñó Sakura, quien estaba presente como apoyo—. Ya se la ofrecí. Esta vez por la vía legal —añadió.

—¿Por qué negarse entonces? —cuestionó Konohamaru.

Naruto suspiró.

—Quiero hacerlo por mis propios medios y no usar de nuevo algo que puso en peligro el trabajo de mi mejor amiga y la comida de su hija. Lo dejaré para lo último de ser imposible.

Sakura dio un pisotón en el suelo.

—Si tan sólo Sasuke no me hubiera obligado a borrarlo…

—Hizo bien —interrumpió Konohamaru—. Era ilegal. Tu marido te salvó el culo claramente.

Sakura puso los ojos en blanco.

—No es la primera vez que lo hace —murmuró—. Como sea. ¿Qué planeas?

Naruto asintió y les explicó por encima la situación. Konohamaru escuchó pacientemente y asintió.

—Comprendo. Me parece increíble… burlaron entonces la seguridad del hospital, aprovechando ser trabajadores. He de reconocer que hace once años hubo un despido en masa de enfermeras y médicos corruptos entre nuestras líneas. Pero hubo muchos otros hospitales afectado por ello. ¿Recuerdan las noticias de los bebés muertos?

—Sí, algo cruel —recordó Sakura.

—Algunas formaban parte de esa clase de oscuridad asquerosa. El hospital sufrió una limpieza por entonces. Todavía estaban bajo el mando de Tsunade Senju, así que fue radical.

—¿Y tienen esas fichas para poder interrogarlas? —cuestionó esperanzado.

Konohamaru negó.

—Tristemente la policía las clasificó así que es imposible y como es un caso antiguo, menos nos permiten entran. A menos que tengas algún amigo en los altos fondos, claro—recalcó.

Naruto desvió la mirada hacia Sakura, quien ya asentía sacando el móvil y tecleando sobre pantalla segundos después.

—¿Y los bebés nacidos? ¿No hicieron fichas y demás? —cuestionó.

—Eso sí lo tenemos nosotros —confirmó Konohamaru pensativo—. Podría darte permiso para que buscaras. Pero tendrás que compartir espacio con…

Calló cuando el móvil de Sakura sonó. La mujer se disculpó y respondió tras darle la espalda. Por el tono de su voz se notaba que era Sasuke. Esperaron hasta que colgó.

—Sasuke se pondrá a investigar eso —confirmó—. Tiene algún que otro contacto en la policía que nos podría ayudar. Pero…

—Siempre hay un pero —bufó.

—Sí, lo siento. Llevará tiempo —se disculpó—. Te avisaré de cualquier cosa que tengamos.

—Entonces, por ahora, revisaré los expedientes de nacidos hace once o doce años. No puede haber tantos. ¿No?

Pero había un montón.

Cuando Konohamaru abrió la puerta para mostrárselo era una habitación enorme repletas de dosieres y documentos. Muchos de ellos estaban abiertos sobre una mesa de madera en el centro y otros apilados en distintos montones.

—¡Venga ya, ttebayo! —exclamó—. ¿Tantos?

—Sí —confirmó una mujer bajita de cabello claro y peinado llamativo que se acercó a ellos. Inclinó la cabeza ante Konohamaru. Su placa la nombraba Moegi—. Los pacientes sólo veís una parte del hospital casi siempre. Aquí detrás hay muchas cosas. Nacimientos, madres fallecidas, madres cuyos hijos mueren durante el parto, bebés nacidos antes tiempo. Son muchos casos y por lo tanto, muchos datos por recabar.

Naruto se pasó una mano por los cabellos.

—¿Pero todos son de hace once a doce años? —cuestionó atónito.

—Sí, lo son —confirmó Moegi—. Lo que pasa es que ya los están usando.

—¿Alguien más está buscando a su bebé perdido? —indagó.

Konohamaru asintió.

—¿Recuerdas a Hinata?

Naruto asintió. La mujer de la playa. La recordaba.

—Ella está buscando aquí también. Tiene mi permiso igual que tú, así que seguramente os terminéis por encontrar alguna vez —explicó Konohamaru—. —Así que, Senpai, por favor, cuida bien de mi…

—¡Director!

Konohamaru puso los ojos en blanco.

—¿Por qué nadie me deja terminar mis frases? —gruñó—. ¿Qué ocurre?

Una mujer regordeta apareció ante ellos.

—¿Anko? —cuestionó Moegi—. Qué raro que bajes aquí.

—No lo haría si no fuese porque el director no está en su puesto —regañó—. Llevo media hora buscándolo.

—Lo siento —se excusó Konohamaru. Parecía un niño regañado repentinamente—. ¿Qué ocurre?

—Es el departamento de Dermatología. Orochimaru quiere tener una reunión con usted para ver si puede patrocinar unos estudios con cambio de piel.

—¿Otro? —masculló agotado—. Está bien, voy.

Se volvió hacia él.

—Encargaré que te hagan una tarjeta de visitante para poder entrar aquí cuando lo necesites, Senpai. Y cuando no quede nada, estaré encantado de ayudarte con algún contacto.

—¡Gracias, Ttebayo!

Le vio marcharse casi arrastrado por la nombrada Anko. Pese a ser una mujer regordeta parecía poseer mucha energía. Moegi suspiró.

—Te pediré por favor que no remuevas los papeles de Hinata. Es… la chica mimada de Konohamaru, así que procuramos no molestarla demasiado. No hace mucho ruido y es tranquila, así que en realidad ni notarás que está.

No le dio mucha importancia, aunque sentía curiosidad cómo una mujer que tenía una familia tan tóxica era capaz de estar entre esas paredes, buscando un crío. ¿Sería de ella? ¿Fingiría para buscar por otra mujer?

Sería irónico hasta que fuera la madre del otro bebé al que no pudo salvar.

Se puso pálido de sólo recordarlo. Lo cobarde que fue. Por más que Gaara pensara que había sido increíble por saltar al río para salvar a Boruto, la realidad es que nadie salvó a ese bebé. Y eso quería decir que existía un bebé cuyos padres lloraban su muerte.

—¿Aquí también ponen los niños fallecidos?

—Como le dije, ahí está todo. Incluso niños robados —murmuró Moegi—. No se habla mucho porque es una parte oscura del pasado del hospital, pero existió. Muchos creen que fue cosa de Danzo, un hombre que ansiaba el poder del hospital y que ocultaba muchas cosas. Los rumores dicen que no sólo ocultaba estas cosas con falsas muertes, sino que hasta permitía acoso entre trabajadores, especialmente de superiores a inferiores. Explotación laboral y robo de material.

—Un alma cándida, vamos —terció frunciendo el ceño.

—Sí, pero murió hace unos años en un accidente. Todo su cuerpo se quemó. Lo trajeron al hospital y misteriosamente, lo necesario para poder curarle pasó a estar… agotado.

Moegi se estremeció de tan solo pensarlo.

Los oscuros secretos de los hospitales daban miedo.

—Por supuesto, muchos medios trataron la noticia y las dudas de que Tsunade-sama fuera cómplice casi destruyó el sistema si no se hubieran sacado pruebas que confirmaban las corrupciones de Danzo de testigos fiables. Así que ahora, cualquier cosa del pasado que fuera turbia, era a su causa. ¿Cuál es su causa?

Naruto miró las carpetas con seriedad.

—A mi hijo le arrebataron su madre.

Moegi ahogó un gemido de dolor.

—Suenan ambos igual.

—¿Quienes? —cuestionó.

—Hinata. Ayer se me escapó a cuenta de por qué pasaría tantas horas buscando entre esas líneas viejas. Me contó que buscaba a su bebé.

Naruto tragó, nervioso. Sentía un escalofrío helada recorrerle el cuerpo.

—Parecía realmente afligida. Teniendo en cuenta de la familia que viene, no me extraña que tengan oscuros secretos.

—Sí, ya conozco a su madre y primo, y la frialdad con la que pagan a la gente —ironizó.

Moegi se encogió de hombros.

—En fin, le deseo también suerte al igual que ella. Espero que encuentre lo que busca.

Le dio las gracias y se volvió hacia la habitación. Parecía de terror con tantas cosas por hacer. Pero Boruto lo valía. Si él quería una madre, la encontraría. Si esa mujer también padecía, la encontraría.

.

.

Gaara se quitó el delantal mientras le veía dejar la chaqueta en el perchero y suspiraba. Las ojeras cada vez eran más profundas en él y el cansancio se le acumulaba.

—¿Qué tal ha ido? —cuestionó.

Naruto caminó como un zombi hasta apoyarse contra él. Gaara lo retuvo mientras su corazón salía casi disparado. Sintió su mejilla contra la suya y su aliento en su oreja.

—Mal. Hay tantas cosas por buscar y leer. ¿Tienes idea de cuántos niños nacieron esos años? Es de locos.

Intentando que el pulso no le temblara le dio unas palmadas en la espalda.

—Encontraremos algo.

Naruto asintió y se echó hacia atrás, bostezando. Dio con la comida en la mesa y buscó con la mirada.

—¿Y Boruto?

—Ahora iba a llamarle a comer. Está encerrado en su cuarto jugando. Así que creo que será capaz de ir a clases muy pronto y desgastar esa energía suya.

Naruto asintió y se dejó caer en la silla cercana, bostezando una vez más.

—Cena y duerme —ordenó sirviéndole algo de cerveza.

—Eres el mejor, Gaara —alagó.

Gaara se encogió de hombros. Su móvil tembló en la parte trasera de su pantalón. La loca idea de matar a Boruto llevaba corriéndole por la mente desde que saliera del hospital. Claro que hipotéticamente.

Cuando fue a buscarle para la cena, antes de que saliera corriendo lo detuvo agarrándolo de la oreja.

—¿Por qué el enfermero tiene mi número, Boruto?

El niño abrió mucho los ojos intentando en vano poner una cara de pánico. Finalmente estalló en carcajadas.

—¡Se lo di! —exclamó. Luego bajó la voz—. Entre nosotros, papá no te merece. Búscate un amante. Que aprenda a quererte mejor.

Luego echó a correr hasta la mesa. Gaara se llevó una mano al rostro.

Si su sufrimiento amoroso era tan obvio hasta para Boruto, es que mal iban.

El móvil volvió a vibrar. Con un gruñido lo sacó para revisar los mensajes.

El enfermero que trató a Boruto volvía a preguntar algo. Sacar conversación. No importaba si era muy estúpida.

Gaara le había respondido con monosílabos casi siempre, sin querer ahondar en más. Al fin y al cabo, su corazón continuaba latiendo por el hombre sentado en aquella mesa.

.

.

Naruto bostezó y aunque sabía que no debía de estar desgastando tanta energía no podía dejar de mirar aquellas hojas con esperanza. Boruto le había hecho muchísimas preguntas durante la cena que todavía no tenían respuestas. Y aunque Gaara había conseguido calmar al chico, él mismo las tenía rondando por su cabeza.

El móvil de Gaara lo sacó de sus pensamientos. Estaba sobre la mesita de noche en su lado y generalmente no sonaba a menos que fuera la alarma a esas horas. Así que le intrigó. ¿Qué sería lo que tenía de morros al hombre pelirrojo durante todo el día?

Naruto extendió la mano antes de pensar siquiera en lo que hacía.

Abrió el móvil y pudo ver la notificación. Era de un tal Lee y la única frase que podía apreciar invitaba a Gaara a ser libre y reunirse con él en unas coordenadas que no alcanzó a ver bien. La foto era pequeña pero por un instante el hombre se le hizo familiar.

Una idea vino a su mente y cayó en la cuenta.

Era el enfermero que había tratado a Boruto. Aquel chico de pelo tazón tan característico y de cejas pobladas.

Dejó el móvil, preguntándose cuándo sería que Gaara le dió su número, con lo reservado que era. Y luego, otra pregunta llegó a su mente.

¿Por qué lo mantenía en secreto?

.

.

Se sentó frente a ella y la tomó de las manos. Hinata dio un respingo. Había estado tan absorta en sus pensamientos que no había notado que estaba ahí hasta ese momento. Le sonrió.

—Lo encontrarás. ¿De acuerdo?

Ella asintió y se soltó para acariciarle la mejilla.

—Muchas gracias, Konohamaru. Eres el mejor.

Continuará...