Sigamos de racha antes que me corten internet de nuevo =D
Capítulo 8
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—Esto no estaría pasando si Gaara estuviera aquí.
Naruto tuvo que apretar los labios para no contestar a su hijo. No sabía bien qué habría dicho. Pero la verdad era esa. Su hijo tenía razón. Gaara era el que había llevado hasta ahora las tareas del hogar y algo tan sencillo como poner una lavadora les estaba superado a ambos de una forma alarmante.
—¿Por qué no le dices que venga? —preguntó Boruto—. Este es su hogar.
—Ahora ya no —respondió tajante.
No le había dado ningún tipo de explicación a Boruto que implicase lo que había sucedido entre ellos. No es que le molestara rememorar un beso, es que le aterraba el hecho de que había sido capaz de hacerle llorar. Gaara le había dado todo y él le había pagado de ese modo. La culpa era sólo suya.
—Llamaré a Sakura —zanjó al final.
Por supuesto, Sakura se echó a reír y prometió ir cuando terminara su turno. Aunque le rogó que no le dijera nada a Sasuke, más diestro en las tareas del hogar, estaba seguro de que terminaría escapándosele de un modo u otro.
Boruto no tardó en cansarse de esperar y decidió que era mejor ir a casa de uno de sus amigos. Naruto, aprovechó esos momentos de tranquilidad para revisar las carpetas. Su móvil vibró al poco tiempo. Pensó que sería Sakura anunciando su llegada. No era la primera vez que el porterillo se rompía.
Sin embargo, no era el número de la mujer el que aparecía. La tenía agenciada. Y hacía poco que se lo había entregado. Naruto sólo había enviado un mensaje para avisarle de que había guardado su número y después, ninguno se dijo nada más.
Hinata Hyûga.
Se lamió los labios, deslizando el dedo por la pantalla hasta abrir la sala de chat. Primero vio la fotografía junto a su nombre. Era ella junto a otra mujer, más joven y semejante a ella. Ambas mostraban sus manos, donde dos anillos brillaban en iguales similitudes. La sonrisa que mostraba no llegaba a sus ojos.
Finalmente, abrió el mensaje.
[Hinata Hyûga]: Espero que pueda perdonarme que le moleste en este momento. He encontrado varios archivos que coloqué mal sin querer, en otra estantería. Pertenece a clanes también importantes. Hoy no están permitidas las visitas al hospital. ¿Le parece bien si quedamos en algún lugar para que pueda entregárselos? Igual son importantes para usted.
Demonios. Si realmente lo fueran, sería un completo alivio. La esperanza era algo que no podía perder.
[Tú]: Por favor, sí. Cualquier pista importante me serviría de mucho. Si le parece bien, podríamos encontrarnos en la calle xx, en el bar que hay, algo más tarde.
Hinata le respondió enseguida con una afirmación. Él se quedó mirando el chat abierto, preguntándose por qué de vez en cuando se tuteaban y otras veces, no. Ambos tenían la misma edad. La misma situación. Ella… ella despertaba cosas que había aplacado durante mucho tiempo tras lo de Ino.
Miró el reloj y presionó el botón de llamada.
La tímida voz de Hinata le saludó.
—Siento llamar de repente —dijo rascándose la nuca pese a que no podía verle.
—No, no, no hay problema —descartó ella—. ¿Ocurre algo?
—Sí, bueno… —Se frotó el centro del cejo con el índice—. Hinata —nombró.
—¿Sí?
—Ah. —Se echó a reír—. Perdona, estaba pensando en que podría tutearte. A veces lo hemos hecho, pero cuando nos descuidamos, volvemos a tutearnos.
—¡Oh! —exclamó ella—. Es cierto. Me sale sin querer.
Hubo un momento de pausa.
—Me encantaría que me tuteases —dijo, poco después. Él esbozó una sonrisa.
—¡Perfecto entonces! —zanjó—. ¿Qué te parece si nos vemos ahora? En el bar que te he dicho. ¿Puedes?
Ella pareció dudar un momento. Quizás miraba el reloj, sopesaba las posibilidades de escaparse de una reunión o a saber qué.
—Enseguida iré.
Ambos colgaron a la vez. Él sólo tuvo que echarse su chaqueta por encima antes de salir.
Hinata llegó poco después. Cargaba una enorme bolsa marrón bajo el brazo y estiraba el cuello para poder verle. Naruto se puso en pie y sacudió su mano para mostrar su ubicación. Tras asentir con la cabeza ella sorteó las diferentes mesas hasta llegar a su altura.
—Lo siento —se disculpó dejando la bolsa a un lado—. Salí tan deprisa que me olvidé las carpetas. Volví a por ellas y eso me retrasó.
Naruto tenía la boca abierta mientras la escuchaba hablar, hasta que se formó una sonrisa que hacía mucho no sentía. Soltó una risita, ofreciéndole asiento.
—¿Quieres tomar algo?
—Un té —respondió mientras se sentaba.
Naruto se encargó de pedirle al camarero las bebidas para ambos. Al volverse, ella había sujetado la bolsa entre sus manos una vez más y se la ofrecía.
—Está algo pesada, pero espero, de verdad, que logre encontrar algo.
—Muchas gracias —aceptó. Luego cayó en la cuenta de algo—. Cierto. ¿Nunca le he mostrado a mi hijo?
—No —respondió ella curiosa.
—Pues eso tiene arreglo —dijo metiendo la mano en el bolsillo para sacar su móvil. Rebuscó entre las diversas fotografías y, cuando encontró una en la que salían ambos, se la mostró—. Él es Boruto.
Hinata tomó el móvil de sus manos con cuidado especial de que sus dedos no se rozasen. Por un instante, sintió el ligero cosquilleo de moverlas, tocarle los dedos, apretarlos y llevárselos a la boca.
—Es precioso. Y se parece mucho a ti —halagó ella devolviéndolo al presente y alejándolo de aquel mundo que había pausado durante tanto tiempo—. Tiene sus ojos.
—Creo que son un poco más claros los de Boruto —objetó frunciendo el ceño—. Pero es cierto que tenemos las mismas marcas en la cara. Nunca pensé que sería genética, la verdad. Hay tanta gente con marcas de nacimiento parecidas que ni se me pasó por la mente. En realidad, no quería investigar sobre sus padres —confesó.
Hinata le devolvió el móvil por encima de la mesa y él lo atrapó para dar un rápido vistazo a la fotografía por última vez. Fue durante su cumpleaños. Gaara había tomado la fotografía antes de que Boruto les tirase a todos tarta por encima.
—Quizás piensas que soy egoísta —murmuró mirándola—, pero la idea de que me lo quitasen me aterraba.
Ella negó.
—No, le comprendo —aseguró—. Si yo hubiera sido más fuerte… no me habrían quitado a mi bebé.
La venda de la tristeza se instaló en sus ojos. La vio parpadear para disipar las lágrimas y, después, se forzó a sonreír.
—No podemos cambiar el pasado, pero sí modificar el presente y ahora mismo, tienes la posibilidad de hacerlo. Te ayudaré, como prometí.
Naruto extendió su mano por la mesa hasta atrapar la suya.
—Muchas gracias, Hinata.
Ella le sonrió. De nuevo, no llegaba a sus ojos.
—De nada, Naruto.
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Gaara retrocedió cuando vio la escena para salir al exterior. Había entrado al bar sin pensar, por costumbre. Siempre solía comprar ahí café o comida para Naruto y ya, por costumbre, no pensó en modificarlo.
Tampoco esperaba verle allí. Y menos con esa mujer.
Entendía que estaban ayudándose mutuamente, pero había algo más. Algo que era capaz de notar. Naruto nunca tomaba de las manos a las mujeres desde lo que ocurrió con Ino. Ni siquiera a Sakura, con la que tenía más confianza.
Sintió en su espalda una mano y al volverse, se encontró con la oscura mirada de Lee y su bonachona sonrisa.
—¿Ocurre algo?
Metió las manos en los bolsillos y le dio la espalda al local.
—Me apetece comida china mejor que esto. Vamos.
Lee no le siguió enseguida. Estaba mirando al interior del bar. Después, caminó hasta quedar a su altura.
—¿No vas a confrontar tu pasado nunca? —preguntó—. Una cosa es perder el amor de tu vida y otra pensar que la amistad que vivisteis no pueda seguir existiendo.
Gaara se detuvo. Estaba demasiado furioso. Consigo mismo, con los años, con Lee y con todo el universo.
—¿Acaso crees que puedo ver como el hombre que amo está avanzando sin necesitarme? ¿Crees que voy a poder mirarle algún día a la cara y fingir que no he imaginado ciento de cosas sobre él? ¿Crees que podré mirarle a la cara sabiendo que me masturbaba a su lado? No, Lee, no es tan sencillo. Hay cosas que jamás podré volver a hacer.
Además, Naruto no le necesitaba. De haberlo hecho ya le habría llamado. Él se había preocupado sobre cómo les estaría yendo sin su presencia en el hogar. Debía de reconocer que tanto Naruto como Boruto eran dos irresponsables y torpes encargados de un hogar. Nada que no se arreglara con práctica, pero los había mimado demasiado y debía de notarse con su ausencia.
Sintió que sus ojos ardían cuando Lee posó su mano sobre su cabeza.
—Tómate las cosas poco a poco, Gaara —aconsejó—. Te aseguro que en el futuro verás las cosas muy diferentes. Tómate tu tiempo.
Después, rodeó sus hombros y lo guio en dirección contraria al bar. Aquel ya no era su lugar.
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Naruto se había olvidado por completo, así que, que Sakura quisiera patearle el trasero no era extraño. Cuando llegó a su casa, silbando distraídamente, se la encontró en la puerta, con el móvil pegado a la oreja y gruñendo entre dientes el juramento de matarle. Casi habría reculado hacia atrás y huido, sino fuera porque le vio.
—¿Tienes idea de cuánto tiempo llevo llamándote y esperándote? ¡También tengo una familia que atender y he estado de guardia tres días!
—Lo siento, lo siento —se disculpó.
Ella suspiró, rindiéndose al final. Se notaba su cansancio y el deseo de irse a casa.
—Anda, abre —indicó.
Naruto lo hizo y tras explicarle sus deficiencias en las tareas del hogar y recibir más y más regaños, ambos se sentaron en el sofá, agotados. Sakura había hecho algo de té para ellos y ahora, sostenía una taza entre sus manos mientras soplaba y miraba a su alrededor.
—¿Y bien? —preguntó antes de dar un sorbo—. ¿Quién de los dos ha engañado a quién?
Naruto tardó en comprenderlo.
—Ah. No es lo que crees —aseguró. No podía explicar los detalles. Era algo que sólo atenía a Gaara y él. —Nos hemos separado por decisión mutua —explicó—. Gaara y yo… necesitábamos tiempo. Y bueno, creo que él tiene grandes oportunidades de ser feliz.
Recordó a Lee y la fortaleza y determinación que demostró hacia Gaara y su deseo de felicidad. Sonrió.
—Parece que no te va mal —decidió ella cruzándose de piernas y dándose golpecitos en los hombros—. Entonces. ¿Quién es él?
Naruto parpadeó.
—Ya te digo que no hay nadie que causara que…
—No, digo que quién es él; que te retuvo fuera por tantas horas incluso habiendo quedado conmigo, hasta el punto de olvidarte.
Un extraño calor se inundó en su pecho como respuesta. Subió por su cuello, tensando su boca y dificultándole tragar.
—Ah. ¿Naruto Uzumaki poniéndose colorado por alguien? Madre mía, no veía eso desde la universidad. Debe de ser alguien muy interesante. ¿Es guapo? ¿Alto?
—Es una mujer —dijo al fin.
Sakura se quedó en silencio y dio otro sorbo de su taza. Miró al frente. Había fotografías en las que Gaara aparecía. Abrazando a Boruto. Mirándole a él como si fuera la cosa más maravillosa a su alrededor. ¿Acaso fue tan necio? Sí.
—La he conocido por Konohamaru. Ella también está buscando a su hijo.
Sakura inclinó la cabeza en asentimieto.
—Hinata Hyûga. La conozco. La he visto muchas veces en el hospital o saliendo del despacho de Konohamaru. Él sólo tiene buenas palabras para ella y, no me extraña.
Naruto tragó pesadamente.
—Sí —reconoció inquieto—. También me he dado cuenta de eso.
Sakura volvió a asentir, dejó la taza sobre la mesa frente a ellos y se acomodó para quedar hacia él, ladeando parte de su cuerpo.
—¿Es sólo por el interés de los niños o es algo más, Naruto?
Él no supo responder al instante. Cuando habló, fue como verse desde otro lado de la sala, como un espectador.
—Podría ser algo más —reconoció—. No obstante, sólo nos juntamos para hablar de los niños. Durante todas estas horas hemos estado hablando de posibilidades, de Boruto, de su hijo perdido, de lo bueno y maravilloso que es Konohamaru o lo mierda que es su familia. Ya sabes… todo eso. No hay posibilidad para otra cosa. Ella está enfocada en encontrar a su hijo y… Yo debería de hacer lo mismo con su madre. Además, también está Konohamaru —se recordó, más a él que a Sakura.
Sakura se lamió los labios antes de preguntar.
—¿No ha pedido una prueba? —preguntó.
Naruto parpadeó.
—¿Puede hacerse con la madre?
—Por supuesto —asintió Sakura incrédula—. No me digas que Konohamaru nunca se lo ha propuesto.
—Pues… la verdad es que no lo sé —reconoció completamente perdido.
Sakura chasqueó la lengua.
—¿Por qué no le preguntas? —propuso.
Naruto miró su móvil, preocupado.
—¿Y si cree que me estoy metiendo donde no me llaman? —preguntó. Sakura torció el gesto, culpable—. No, no lo digo por ti —aseguró estrechándole la mano—. De verdad, Sakura. Te agradezco que tuvieras el valor que yo no tuve y siento si en algún momento te dije palabras hirientes. Es sólo que… Hinata es algo más sensible. Le dijeron que su hijo había muerto. Se lo arrebataron recién nacido. Es como lo que sucedió con Boruto, sólo que a la inversa.
Sakura le devolvió el apretón.
—Bueno, ya que tú no quieres ir por lo rápido. Deja que ella sí lo haga. ¿No crees que se lo merece?
Por supuesto. Él era el que se estaba complicando la vida. Pero debía de existir algún tipo de motivo por el que Hinata no había tirado por esa posibilidad. Le carcomía la duda, en ese momento. Aún así, presionó el botón de llamada. Sakura se pegó contra él para escuchar la conversación.
—¿Naruto? —preguntó Hinata sorprendida. Se escuchaba algo de voces desde el interior—. Lo siento, pero ahora mismo no es un buen momento. Mi familia está…
Hubo algo de ruido. Alguien pareció quitar el móvil de Hinata y colgar. Ambos se miraron, aturdidos.
—Hyûga —murmuró tirante Sakura—. Son peor que los Uchiha muchas veces.
—¿Estará bien? —Se preguntó—. ¿Y si por mi culpa pasa algo?
Sakura se mordió el labio inferior.
—Esperemos que no.
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Hinata finalmente suspiró aliviada cuando pudo escaparse. Gracias a la intervención de Konohamaru, logró recuperar el móvil que su madre le había requisado por interrumpir la cena. Por supuesto, Naruto no sabía nada de las estrictas normas de su casa o de lo importante que era su hermana para su madre.
Hanabi había ganado un premio importante y querían celebrarlo. Estaba feliz por su hermana, a ella la amaba, pero su familia era demasiado tensa con esos temas. Menos si eran de ella, por supuesto.
—¿Era Naruto quien llamaba? —le preguntó Konohamaru antes de que se marchara—. Quizás sea algo importante. ¿Por qué no le llamas de nuevo?
Y así lo hizo. Aunque le inquietaba la hora, Naruto no tardó en contestarle.
—¿Hinata? —preguntó. Su voz de notaba la intranquilidad de cuando la llamada se cortó—. ¿Todo bien? No quise volver a llamar porque no quería causarte problemas. Lo siento mucho, de verdad.
Sonrió pese a que él no podía verla. Sintió las mejillas tirantes. Hoy se había reído y sonreído muchas veces con él. Más de lo que había hecho en todos esos daños.
—Sí, tranquilo. Es sólo que mi madre me descubrió con el móvil en la cena trascendental de mi hermana y colgó por su cuenta. Me preocupaba que fuera algo importante.
—No es que fuera importante —descartó él—, pero en ese momento tenía conmigo a alguien que podría haber opinado mejor que yo para contarte una posibilidad.
Su voz temblaba.
—¿Es malo?
—No, no. Bueno, no lo sé. Más bien no se me ocurre el porqué no lo has intentado.
Hinata se humedeció los labios. Buscó con la mirada uno de los bancos cercanos y tras caminar a él, se sentó.
—¿De qué se trata?
Dios, estaba tan angustiada con encontrar a su bebé que se aferraría a un clavo ardiente.
—Una prueba de ADN.
Hinata sintió que se desinflaba.
—¿Hinata?
—Ya la hice —respondió con la voz tomada por el llanto—. Hice esa prueba y dio negativo. No había nadie… ningún resultado.
Naruto guardó silencio. No quería llorar. No quería que la escuchase llorar.
—Hinata —murmuró suavemente—. ¿Cuándo la hiciste?
—Al cumplir la mayoría de edad. Antes necesitaba el permiso de mis padres y no quisieron dármelo. Así que cuando pude, lo hice.
Naruto tardó en contestar.
—Cuando eso sucedió, todavía estaba aquella mafia de bebés robados —le recordó. Al parecer, había estado echando cuentas—. Hinata. ¿Por qué no vuelvas a hacerla? Sé que es horrible que te de esperanzas, pero quiero creer que, quizás, en aquel momento no les interesaba que supieras la verdad y por eso, te mintieron. Quiero creer que finalmente puedas encontrar a tu hijo.
Cerró el puño alrededor de su falda. Se clavó las uñas en la carne mientras lo cerraba.
—Por favor… —suplicó—. Por favor… que sea quien sea… te escuche y realmente funcione esa vez.
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Sakura le ayudó a convencer a Konohamaru, esa vez, necesitarían de su firma para consentir aquella prueba. Fue interesante ver cómo el chico retrocedía mientras Sakura extendía el permiso frente a él y Hinata, a su lado, mantenía las manos unidas en súplica. Pese a ser el director del centro, Naruto estaba seguro de que estaba temblando.
Sonrió cuando buscó su ayuda.
—¿Tienes miedo, Konohamaru? —le preguntó—. Puede que los Hyûga se te tiren encima, pero…
Miró a Hinata y luego a él.
—¿Quieres hacerla feliz o no?
Konohamaru suspiró y aceptó el papel, sacando el bolígrafo de su bolsillo en el pecho, las miró, deteniéndose en Hinata.
—¿Eres consciente de que si vuelve a salir negativo…?
—Lo soy —confirmó Hinata con la voz tensa—. Pero… necesito esto. Los datos se limpiaron cuando quitaste toda esa mafia. ¿Verdad?
—Es cierto —confirmó. Finalmente, firmó—. Espero que sea positivo, de corazón.
Le entregó la hoja a Sakura y esta, sin miramientos, tomó a Hinata de la mano para tirar de ellas. Ambas casi se tropezaron con la puerta del despacho al salir. Antes de seguirlas, Naruto se detuvo para mirar a Konohamaru, quien se sentaba agotado en el sillón tras el escritorio.
—Si sale positivo… si realmente encuentra su hijo. ¿Qué pasará?
Konohamaru le miró con gesto severo antes de responder.
—Se creará un caos en su familia. Pueden desheredarla. Expulsarla de su hogar. O bien, fingir que ese hijo no existe y nunca podrá heredar. Además, la boda se adelantará para asegurarse de que Hinata sufre.
—Pero tú estás dispuesto a hacerla feliz.
Konohamaru asintió.
—Todo lo que pueda.
Naruto salió para seguir a las mujeres. Se quedó esperando en la puerta mientras Sakura se encargaba de todo el proceso, esa vez, con seguridad. Cuando Hinata salió, le sonrió tímidamente y lo tomó de las manos en un acto de atrevimiento que no le molestó.
—Muchas gracias por darme el valor necesario para esto de nuevo —le dijo con ojos brillantes.
—De nada —respondió esbozando una tensa sonrisa.
Porque si esa prueba volvía a fallar o daba el resultado aterrador que confirmara que realmente Hinata había estado buscando un niño muerto, sería un golpe imparable directo a su fortaleza. De derrumbarse, no sabía qué sería capaz de hacer ella. Era algo a lo que se había aferrado para obviar los males que su familia le ocasionaba.
—Hinata —nombró. No sabía bien cómo hacer la pregunta, así que fue directo —: ¿Qué harás si realmente los datos que creías que eran falsos son verdad?
Ella parpadeó y le soltó para darle la espalda. Naruto se golpeó la frente. Era un bocazas idiota.
Pero cuando vio que se apoyó contra la pared y levantó la cabeza para mirar al techo, comprendió que estaba buscando la forma de expresarse y controlar sus emociones. Cuando habló, Naruto estaba a su lado, con la espalda en la misma pared y mirando al frente.
—Creo que comprendería —dijo finalmente—, que he estado persiguiendo una realidad que quiero evitar. Sería doloroso. Lloraría y sentiría que me arrancan el corazón. ¿Pero, sabes qué haría también? —preguntó mirándole.
Él le devolvió la mirada. Le brillaban los ojos y, quizás ella no se había dado cuenta, pero una solitaria lágrima surcaba su mejilla.
—¿Qué harías? —preguntó. Sentía tensión en la garganta, dolor en las manos y los brazos como nunca del deseo que sentía por estrecharla, calmar su dolor de alguna forma.
—Iría al cementerio —respondió—. Compraría una tumba para él. Le pondría un nombre finalmente y… podría despedirme de alguna forma.
—Podrías…
—Nunca olvidaría —interrumpió—. Una madre jamás olvida.
Se rascó el pecho. La idea de perder a Boruto sería dolorosa, horrible. No sabía si sería capaz de tener esa misma determinación con ella demostraba.
Las mujeres, desde luego, eran impresionantes de muchas formas. Especialmente, cuando eran madres. Parecían poseer un poder que a los hombres se les escapaba.
—¿Te ha dicho Sakura cuando estará listo?
—No —negó nerviosa—, pero no puedo moverme de aquí, siento que… si me voy me perderé algo importante.
—Te entiendo.
Sacó el móvil para revisar los mensajes. Boruto le había enviado ya unos cuantos para informarle que se quedaría a dormir en casa de Shikadai Nara. Otro día se habría negado rotundamente, sin embargo, en ese momento, no se veía capacitado para volver a casa, acostar a Boruto y mirar el techo de su dormitorio.
Además, Hinata le necesitaba en ese momento. Puede que cuando Konohamaru finalmente pudiera unirse a ellos estorbase, pero mientras, quería estar ahí.
Empezaba a sopesar la idea de realmente acortar por lo sano y hacer la prueba con Boruto. Aligerar la espera.
—Quizás debería de dejar mi orgullo a un lado.
—¿Perdón?
—Ah, lo siento —se disculpó rascándose la nuca—. Estaba pensando en voz alta —explicó—. Verás… la primera prueba de Boruto fue sin consentimiento y me dio pavor, me enfadé también y quería hacer las cosas a mi manera, como un cabezón orgulloso. Y sólo he dado palos de ciego, así que pensaba que, quizás, debería de dejar de hacer eso y permitir que le hicieran la prueba de ADN también.
—Pues…
—Chicos —nombró Sakura. Ambos se separaron de la pared a la par—. Esto va a llevar muchas horas, así que podéis ir a casa tranquilamente. Yo me quedaré y cuando sepa algo, os llamaré.
Hinata la miró asustada.
—Yo… no podría irme a casa —confesó—. ¿Realmente no puedo quedarme quieta en un sillón y esperar?
—Pues, preferiría que no —negó otra voz.
Los tres se volvieron hacia una de las puertas correderas. Konohamaru caminaba con cara de malas pulgas.
—Tengo guardia esta noche y no voy a poder estar pendiente de qué haga tu familia, Hinata —confesó—. Me sentiría más cómodo si fueras a casa. O mi casa —ofreció—. Ya sabes dónde es.
Algo en las tripas de Naruto se retorcieron. Hinata había extendido su mano para aceptar las llaves, a regañadientes.
—Espera —intervino—. Puede venir conmigo. A mi casa. Vivimos cerca de Sakura, así que si ella nos llama podremos estar en su casa en poco tiempo.
—Eso es cierto —corroboró Sakura—. Además, dudo que Hinata quiera ahora estar sola.
—La verdad es que no, pero… —dudó la joven. Buscó con la mirada a Konohamaru, quien parecía sopesarlo.
—Bien. Entonces, ves con él —aceptó finalmente—. Llamaré a tu casa para informar. Con un poco de suerte, lo cogerá Hanabi.
Hinata se inclinó en agradecimiento. Naruto abandonó el hospital con cierta inquietud de mariposas en su estómago.
—¿Te gusta la comida rápida? —le preguntó mientras subían a su piso. Hinata se mostraba recatada y educada, manteniendo una distancia prudencial y pensativa—. ¿Hinata?
—¡Ah! —exclamó al darse cuenta que estaba hablándole. En realidad, era él quien parloteo durante todo el camino sin obtener más que monosílabos o silencios—. Lo siento mucho. No dejo de darle vueltas y de rezar porque… salga algo bueno.
—Lo comprendo —tranquiló. Pasó una mano por sus hombros y abrió la puerta para invitarla a entrar. Algo sonó a sus espaldas, pero cuando miró, no había nada—. Qué extraño.
—¿Ocurre algo?
—No, no —descartó—. Te preguntaba si te gusta la comida rápida. No he podido comprar mucho esta semana, así que estamos escasos de ingredientes. Ayer Sakura agotó lo que quedaba para hacer algo para los dos.
—Bueno, no soy muy fan de ella, pero una vez está bien —aceptó—. Deja que te de la mitad del dinero de lo que pidamos.
—Para nada —descartó—. Invito yo.
Después de pedir la comida, el silencio regresó. Naruto no sabía cómo llenar esos huecos en los que, claramente, ella divagaba sobre sus posibilidades.
—¿Y Boruto?
La pregunta le sorprendió.
Naruto había puesto la mesa para ellos dos y esperaba impaciente a que llegase el repartidor. Cuando Hinata se fijó en la mesa, comprendió.
—Está quedándose en casa de un amigo desde ayer. No está llevando muy bien la marcha de Gaara y que ambos seamos algo torpes con el tema del hogar —explicó algo avergonzado por lo último.
—Oh —aceptó ella. Se levantó y paseó por la sala, observando las fotografías —Era precioso de pequeño —murmuró—. Un niño muy vivo.
—Un travieso que gateaba y se llevaba todo a la boca, fuera lo que fuera —puntualizó recordando aquellos días—. Una vez lo pillamos chupando un zapato. Por suerte, era nuevo, pero igualmente… no fue agradable quitárselo.
Rio al recordar más peripecias del bebé rubio que les sacó más de una cana a él y Gaara.
—Tuvo una etapa en que mordía el pelo de las personas. No le importaba quien fuera. Se subía a la cama de matrimonio y se sentaba en nuestra almohada para chupar el pelo. Mamaba y se quedaba dormido. Pensábamos que era su forma de decir que tenía hambre, pero no quería el biberón o las papillas.
Hinata le escuchaba atentamente, con la boca apretada en una sonrisa tirante y los ojos muy abiertos.
—Tenía predilección por el cabello que era diferente al suyo, así que el que más babeaba era el de Gaara. Después, el de Sasuke. —Soltó una carcajada al recordar las peripecias—. Es el marido de Sakura y es abogado. Muchas veces, cuando yo tenía turno de noche, Sakura cuidaba de él junto a su hija, Sarada. Ambos han compartido madre de cría, como dice aquel. Pues Boruto solía buscar las vueltas para treparle a Sasuke y chuparle el pelo. Cuando volvía a recogerlo, Sasuke tenía el cabello tan tieso que su hija le colgaba los juguetes como si fueran pendientes. Lo que aguantó Sasuke con los niños, creo que es… impresionante.
Y Gaara. Él más que nadie. Aguantó a un hijo que no era suyo, que le forzó a aceptar y lo amó como si fuera suyo.
—¿A Sasuke no le gustan los niños? —preguntó ella tomando una fotografía en la que salían el matrimonio Uchiha y él con ambos niños. Gaara había tomado aquella fotografía.
—Si tuviera que decir que le gustan… más bien los tolera. Sabe que no puede hacerles daño y soporta. Ama a su hija, pero cuando tiene que ser estricto, lo es. Aunque Sarada puede hacer con él lo que le da gana, hasta ponerlo de rodillas de ser necesario —bromeó—. Una vez, Sarada se enfadó tanto con él que no le quiso dar un beso de buenas noches… A Sasuke creo que todavía le duele.
Hinata soltó una risita animada y, esa vez, sí llegó a sus ojos.
—Tengo tantas anécdotas que ellos que podríamos hablar toda la tarde y la noche sin cansarme.
Ella caminó hasta él, tomándole de las manos.
—Hazlo, por favor —rogó—. Siempre me ha gustado escuchar a las otras madres o padres hablar de sus hijos. Todas las cosas que me perdí… me gusta ver su felicidad, lo que en aquel momento les pareció el fin del mundo, pero ahora se pueden reír felices. Por favor, sé libre de contármelo todo.
Él movió sus manos. Lentamente, oscilando hasta tomar las de ellas bajo las suyas. Si esa era la única petición para él, si era algo que podía hacer para hacerla feliz, lo haría.
—Entonces, hablaré de todo.
Y lo hizo. Durante horas, hasta que, ambos, agotados, se recostaron en la cama de matrimonio de su dormitorio.
—Lo siento. La habitación de Boruto es un caos como para que alguien pueda dormir —se disculpó—. ¿Seguro que estás bien?
—Sí, tranquilo —agradeció—. Perdona por pedirte que no te vayas. Necesito… al menos esta noche, a alguien a mi lado.
Naruto se cubrió mejor con el edredón. Era lo único que se había echado encima mientras que ella tenía todo el set completo y estaba dentro de la cama con uno de sus pijamas.
Se había ofrecido a dormir en el sofá, pero ella le miró aterrada y suplicó porque no se marchase. Por eso, idea esa forma tan infantil de dormir.
Ella se volvió hacia él. Había dejado encendida una lamparilla de noche y podía ver su figura bajo las ropas. Su cabello ocupaba su almohada en una cascada que resbalaba por la cama. Olía de maravilla.
—Naruto. ¿Qué harás de encontrar a la madre de Boruto?
Esa pregunta le desconcentró del camino que iba surcando sus pensamientos.
—No lo sé —confesó—. Creo que buscarla, primero que nada. Intentaría averiguar si quería a su hijo y, de ser así, hablaría con ella. Le entregaría pruebas que demostraran que es suyo y, después, imagino, que tendría que presentarle a Boruto y dejar que ellos se conocieran.
—Comprendo —murmuró ella observándole también—. Y tendrías miedo. Como al principio.
—Uno siempre tiene miedo de perder a su hijo. ¿No?
Hinata asintió y cerró los ojos. Quizás para evitar que las lágrimas salieran.
—Cuando me quedé embarazada tenía mucho miedo de que mi madre hiciera algo para evitar mi embarazo. Obligarme a perder al bebé… Y si no era ella, yo, con mi torpeza. Caerme, por ejemplo. Me daba pavor. Y cuando sé que iba a nacer, pensaba que… ¿Y si no soy capaz de engendrar bien a mi hijo? ¿Y si nace mal? Fue como si el destino me estuviera avisando, pero yo continué adelante, ahí, en ese hospital.
Naruto se volvió para posar una mano en su mejilla. Estaba húmeda.
—Hinata. Cuando investigamos, descubrimos que muchos hospitales estaban en ello. Cerca de nuestra zona, además. Fuera este u otro, habría pasado. No fue tu culpa lo que pasó.
Ella se movió. Rápida y firme contra sus brazos. La rodeó y besó la cabeza con cuidado. Dejó que llorase, que soltara todo el dolor hasta sentirse mejor.
Si tan solo él hubiera sido más valiente en ese momento. Podría haberles plantado cara, descubrir la verdad y quizás, salvar no solo a su hijo, sino al de Hinata.
Se quedaron abrazados en silencio. Compartiendo su dolor, calmándose el uno al otro. Sintió sus manos rodearle y aferrarse a su espalda.
—Gracias… —murmuró.
Naruto no estaba seguro de si había dicho esas palabras en realidad, pero, cuando quiso preguntar, se percató de que ella se había quedado dormida.
Él la siguió poco después. Embriagado por su perfume, por la suavidad de su cuerpo contra el suyo. Por el recuerdo de lo que era sentir en sus brazos el cuerpo de una mujer.
Despertó cuando amanecía al escuchar que alguien parecía dispuesto a tirar abajo el timbre de su casa.
Hinata estaba de espaldas a él. En algún momento de la noche se habían soltado y ella se había acurrucado en el otro lado. Sintiendo una extraña sensación de abandono, se levantó.
—¡Al fin abres la puerta! —protestó Sakura.
Tenía el cabello y los hombros empapados. Se dio cuenta de que fuera estaba lloviendo. Todavía llevaba la bata del laboratorio y marcadas ojeras.
—No podía esperar a llamaros. Ni siquiera iba a poder dormir con esta noticia.
Jadeaba. Su voz era apenas un pulso firme de su tono de voz.
—¿Dónde está Hinata? —preguntó tragando.
Naruto parpadeó, nervioso.
—Pues está durmiendo en la cama —respondió.
Sakura frunció el ceño. Iba a preguntar algo más cuando la voz de Hinata les interrumpió.
—¿Ocurre algo? —preguntó.
Tenía el cabello enredado en una parte de su cara y se había echado por encima el edredón que él había utilizado, abrazándose, inquieta. Su rostro fue perdiendo color a medida que los observaba a uno y otro.
—¿Sakura? —preguntaron a la par.
Ella cabeceó.
—Tengo los resultados —informó—. De tu bebé, Hinata.
La nombrada emitió un gemido lánguido. Dio un paso hacia ellos más. Clavaba las uñas sobre la tela, como si estuviera reteniéndose de zarandear a Sakura. Pero es que la pobre realmente necesitaba un respiro. Le costaba tanto respirar que tenía el rostro rojo.
—Tu bebé está vivo —dijo, al fin—. Está vivo.
Las lágrimas escaparon del control de Hinata. Parpadeó, se echó las manos al rostro y lloró. Como si fuera un bebé. Cayó de rodillas y él se agachó, preocupado.
—¡Hinata! —exclamó. Ella le miró, con el rostro congestionado por el llanto y no pudo reprimirse para abrazarla—. Tranquila. Tenemos algo por lo comenzar. Podemos buscarlo mejor ahora.
Sakura se arrodilló a su lado. Tragó diversas veces.
—No necesitas ir muy lejos, Naruto.
—¿Qué? —preguntó algo ido. Apenas podía apartar la mirada de Hinata.
—Digo, que no tienes ir muy lejos. Te juro que no sé si esto es una clase de broma del destino o no, pero… tú conoces a su hijo.
Entonces, la miró. Sakura sonreía.
—¿Yo?
—¿Él? —preguntó a su vez Hinata. Le miraba dolida, repentinamente. Su nariz se tensó y su boca se apretó tanto que formó una fina línea—. ¿Naruto sabe de mi bebé?
Naruto la soltó, levantando ambas manos.
—¡Te juro que no! —prometió—. No sé nada de esto.
Sakura se puso en pie.
—Hinata, Naruto —dijo. Su voz tensa, firme. Naruto conocía ese tono, del que no aceptaba interrupciones o que no obedecieras. Era algo que también parecían evolucionar las mujeres cuando eran madres y, debía de reconocer, le causaba cierto pavor—. Boruto es hijo vuestro.
Les extendió unos papeles que hasta ahora no había visto.
—Esto lo confirma. Boruto, es vuestro.
Continuará…
¡Aaaal fín! Sí, ya se sabe. Ya lo sabíamos, pero finjamos que no. ¡Sorpresa! Ok, no.
Espero que les gustase =D
Recuerden que tengo comisiones abiertas =D
