Al fin, después de que mi enfermedad atacara de nuevo (es verano, así que lo hará muchas más veces, perdón. Estoy en la etapa de Hiatus inesperados), llegó la actualización.


Capítulo 9

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Boruto no comprendía qué estaba sucediendo, pero tenía un sentimiento extraño rondando por su cuerpo. Incomodidad, expectativa y miedo mezclados. No era normal que Sasuke Uchiha acudiera en su busca en casa de uno de sus amigos. Si bien Sarada también estaba con él, el Uchiha había hecho hincapié en querer llevárselo a él. Aunque cuando Sarada preguntó, también confirmó su presencia.

Cuando le preguntó a Sasuke el motivo de la urgencia, no respondió más que una simple frase.

—Tu padre necesita que regreses.

Boruto sabía que su padre bien podría haberle llamado y ordenado regresar. Era extraño que no lo hubiera hecho. Preocupante, cuanto más.

Sarada movió su mano por encima del asiento hasta aferrar la suya. Cuando la miró, comprendió que estaba preocupada por él. No estaba seguro de haberle devuelto la sonrisa que ella esperaba, pero Sarada se conformó. Eso sí, no le soltó la mano en ningún momento. Tampoco él quería que lo hiciera. De alguna forma, aquella extraña sensación continuaba en su pecho, creciendo a medida que las familiares calles se mostraban frente a ellos.

Cuando Sasuke aparcó, casi corrió en dirección a su hogar. Batalló con las llaves, nervioso, ignoró el ascensor y comenzó a subir de tres en tres los escalones. Escuchó jadear a Sarada a su espalda. Cuando llegó, estaba rojo, sudado y apenas podía mantener la compostura.

—Intenta calmarte, Boruto —recomendó Sarada. Sabía que lo hacia de buena fe y que tenía razón, pero igualmente, volvió a enfocarse en lo que le interesaba, ignorando su recomendación.

Se detuvo frente a la puerta para intentar abrir, pero la puerta se abrió sola. Sakura apareció poco después. Su gesto maternal estaba serio y remarcaba un silencio que le espantaba.

—¿Y mi padre? —preguntó.

—Está dentro —indicó Sakura haciéndose a un lado.

Entró casi de puntillas. Esperaba verle tirado en el sofá, padeciendo algún tipo de enfermedad. En su lugar, estaba sentado en el sillón de una plaza, tenso, con las manos sobre sus rodillas y el gesto tirante. Levantó la mirada al escucharle, pero no abrió la boca.

A su lado, una mujer que desconocía le miraba con los ojos muy abiertos. No comprendía del todo por qué, pero se llenaron de lágrimas y su boca tembló. De alguna forma, aquello le sentaba terriblemente mal. ¿Acaso le había hecho alguna trastada a esa mujer? Porque no se acordaba de haber hecho travesuras últimamente. No desde lo de Gaara, claro.

—Sarada.

La voz tensa de Sasuke lo sacó de sus pensamientos. La muchacha miró a su padre con claro interrogante y gesto similar. Sasuke levantó la mano para señalar su habitación.

—Enséñame algo que tenga Boruto.

—¿Qué? —Sarada pareció tan perdida como él. ¿Qué diablos quería que le enseñara de su dormitorio?

La niña pareció entender, porque tomó la mano de su padre y lo guio hasta la habitación, encerrándose ambos en ella. Sakura posó una mano sobre su hombro y lo invitó a acercarse más. La mujer dio un respingo, como si deseara levantarse y a la vez, no estuviera seguro de si debía de hacerlo.

Boruto desvió su mirada de ella hacia su padre.

—Te juro que no he hecho nada malo —prometió.

—Lo sé, Boruto, lo sé —concedió él frotándose el ceño—. Es sobre un tema más serio. Primero, quiero presentarte —indicó señalando educadamente a la mujer—. Ella es Hinata Hyûga.

Asintió, confuso.

—Ehm… Un placer —saludó, algo receloso. ¿Acaso sus notas eran tan desastre que pensaban ponerle una profesora de repaso? Se la veía del tipo inteligente, con ese aspecto de maestra. Seguro que, si levantaba el dedo índice frente a él, temblaría como un niño regañado.

Su padre se lamió los labios. Parecía cada vez más nervioso.

—¿Es una mujer de esas que vienen a buscar a los niños cuando creen que sus padres no los están cuidando bien? —cuestionó ante la repentina idea. Un escalofrío de terror le recorrió la espalda.

—No, no —negó ella rápidamente. Luego, agachó la cabeza y se apretó las manos, como si se arrepintiera de haber hablado.

—No lo es —garantizó Sakura inclinándose hacia él—. Sabes que tu padre estaba buscando información a cuenta de tu madre. ¿Verdad?

—Sí, claro —confirmó.

—Bien. Allí conoció a Hinata. En el hospital, para ser más exactos —continuó—. Ella también esta buscando a su hijo nacido. Se lo arrebataron nada más nacer. En resumidas cuentas, ambos se han estado ayudando uno a otro durante este tiempo —simplificó. Luego, los miró a ambos y de nuevo, a él—. Hinata ha pasado por mucho y la han engañado de muchas formas. Indiferente de cómo se sentía. Hasta hoy.

Miró a la mujer de nuevo. Apretaba sus labios con fuerza y los dedos en la falda estaban blanco. Hacía un gran esfuerzo por no llorar, al parecer, porque parpadeaba cada dos por tres.

—Boruto —nombró su padre—. No vamos a dar más rodeos. Hemos logrado encontrar a tu madre.

—¿¡De verdad!? —exclamó sorprendido. Lo sentía por la mujer, pero eso era más importante—. ¿Por qué? —preguntó—. ¿Se lo has preguntado? ¿Es que yo…?

Se miró las manos. Las cerró en puños.

—Es Hinata.

Levantó la mirada hacia su progenitor. Naruto no bromeaba. Era claro en su mirada, en la forma tensa de su mandíbula y en cómo mantenía su postura de protección. Cuando miró a Sakura, esta asintió con la cabeza.

—¿No es… una broma?

—No lo es —aseguró Naruto—. Hinata se hizo una prueba y Sakura comprobó los resultados. Eres nuestro hijo. Ella es tu madre.

Entonces, la miró. Con otros ojos, con los pensamientos y las preguntas agolpándose a la vez su cabeza y boca. Hinata le miraba aterrada, como si esperase que él la despreciara de alguna forma.

Sólo se le ocurrió una pregunta:

—¿Por qué?

Ella le miró sin comprender. Su voz pareció no salir a la primera. Su padre se movió, posando una mano sobre la de ella y darle un apretón.

—Ella no te abandonó, Boruto —aseguró—. Tal y como temíamos, te robaron.

Hinata asintió. El llanto finalmente había escapado de sus ojos en silencio.

—Tuve a mi bebé en ese hospital y se lo llevaron. No pude hacer nada y cuando reclamé, me contaron muchas mentiras. Yo… he estado buscándote durante todo este tiempo.

—Antes de que preguntes —intervino Sakura—. La prueba que le he hecho hoy se la hizo en su momento y le mintieron. Le dijeron que su hijo había muerto para que dejase de buscar.

Hinata lo confirmó y su padre lo corroboró también.

—Entonces… no puedo culpar a nadie —balbuceó—. No hay nadie a quien pueda partirle la cara por lo que hicieron.

—Boruto… —murmuró su padre preocupado.

Hinata entonces, se movió. A pasos lentos hasta su altura. Tragó, nerviosa.

—¿Puedo…? —Era un ruego tan cálido que no fue capaz de negarse.

Ella se agachó y con suma cautela, le rodeó con sus brazos. Olía de maravilla y tenía esa calidez que siempre había encontrado en Sakura cuando lo abrazaba del mismo modo que lo hacía con Sarada. Era más intenso, más natural. Como si algo muy antiguo en él recordara esa sensación pese a nunca haberla tenido. Sintió el escozor de las lágrimas en sus ojos y los cerró a la par que levantaba sus manos hacia ella y la abrazaba a su vez.

No estaba seguro de cuanto tiempo estuvo así. Ni de quien de ellos dos lloró más. No quería poner en una balanza los sentimientos de ambos. No lo necesitaba.

No podía hacer preguntas que, claramente, ella no tendría las respuestas. Pero sí había una que deseaba.

—¿Querías tenerme?

—Boruto —aseveró su padre.

Hinata negó.

—No, tiene derecho a preguntar —aceptó. Le sostuvo la mano con sumo cariño—. Sí, Boruto. Quería tenerte. Sin duda. Te busqué y quería que nacieras. Ibas a ser algo mío, algo que atesoraría. Puede que cuando seas padre comprendas mejor esto, pero te aseguro que eras un bebé amado.

Se miró las manos, luego a ambos.

—Pero ustedes dos nunca…

—No —negó su padre raudo—. Nos hemos conocido en el hospital. Nunca antes nos encontramos. Todo ha sido por casualidad.

Asintió pensativo.

—¿Y ahora qué? —cuestionó.

Ambos se miraron entre sí. Parecían tan perdidos como él. Su padre se frotó el cuello, pensativo.

—Bueno… lo suyo es que pases un tiempo con cada uno. Seguramente habrá que hablar con algún juez o algo sobre esto y… —Parecía más que perdido.

Sakura suspiró, poniéndose en pie.

—Creo que en estas cosas os podrá asesorar mejor Sasuke —indicó—. Pero dudo que queráis tener juicios extraños y esas cosas. Además, el cambio para Boruto sería brusco.

—Prefiero que las cosas sean poco a poco —reconoció Hinata—. Yo… tendré que preparar a mi familia para todo. El hecho de que mi hijo está vivo, cambia muchas cosas.

Boruto miró a la mujer con interés.

—¿Eres de una familia rica?

Hinata asintió. Pese a eso, había una mueca de amargura en su gesto que no pasó por alto.

—Ellos me odian, imagino.

Hinata negó, acariciándole la mejilla.

—No, me odian a mí. Es muy diferente —aseguró.

—Boruto. La situación en algunas familias es muy delicada. La de tu madre es justamente una así. Hay que ir paso a paso, poco a poco y organizaremos todo. Claro está, siempre que quieras.

Los miró a ambos.

—¡Claro que quiero, ttebassa! —exclamó poniéndose en pie—. Realmente pensé que las cosas serían muy diferentes, pero lo entiendo. Y… si a ninguno de los dos le supone un problema tener un hijo como yo, entonces…

Hinata volvió a apretarle la mano cariñosamente.

—Tu padre me ha contado muchas cosas sobre ti, Boruto —le dijo—. Cosas que me habría gustado vivir a tu lado. Y viéndote ahora, sé que eres un chico maravilloso, así que para mí no supone ningún problema. Soy tan feliz ahora mismo que hasta podría gritar.

—¡Pues grita! —animó. Ella se ruborizó, demasiado adulta y demasiado rectada para como hacerlo.

Boruto no pudo evitar echarse a reír.

—Creo que he sacado más de la locura de mi padre —bromeó.

—¡Oye! —protestó este.

—Son dos calcos —aseguró Sakura. Hinata sonrió como respuesta, divertida por la situación.

Entre risas y gritos, el móvil de Hinata rompió la calma. Boruto la observó mientras tiraba de las mejillas de su padre, quien también la miraba con suma atención. La mujer se levantó, disculpándose de ellos para alejarse. Hablara con quien hablara, no parecía ser alguien que alegrara sus días, desde luego.

Cuando se reunió de nuevo, estaba pálida.

—He de irme —anunció.

—¿Ya? —cuestionó soltando a su padre y acercándose un poco a ella.

—Sí —confirmó acariciándole las mejillas—. Pero volveré a verte. ¿Vale?

Boruto asintió, extraño.

—¿Quieres que te lleve? —cuestionó Naruto poniéndose en pie.

—No, no —negó ella rápidamente—. Konohamaru ha venido a buscarme.

Notó que su padre se tensaba, pero asentía. Luego, miraba a Sakura.

—Será mejor que saquemos a Sasuke y Sarada del dormitorio o se van a aburrir como ostras.

—¿Esos dos? —ironizó Sakura—. Qué va. De tal palo tal astilla. Pero sí. Además, necesito dormir. No sé si recordaré como se hace eso.

Boruto se acercó a Hinata lentamente. Ella enarcó una ceja, sonriéndole.

—¿Seguro que volveré a verte?

—Segurísimo —prometió—. Quiero escuchar todo lo que tengas que decirme. ¿De acuerdo?

Parpadeó, sorprendido.

—¿Cómo has…?

Ella pareció sorprendida a su vez.

—¿Será el poder de una madre? —le preguntó.

Él se encogió de hombros.

—¿Cómo voy a saberlo yo?

Ambos emitieron sonrisas semejantes. La tomó de la mano.

—Te acompañaré hasta abajo.

Hinata le devolvió el apretón.

—Muchas gracias.

Se detuvieron para que ella se despidiera de su padre con una educada reverencia. Sí, cuanto más la miraba más parecía una de esas niñas ricas que no encajaban con la idea de que hubiera sido madre soltera. Tenía muchas preguntas que hacerle, contarle tantas aventuras, hacerla reír y tantos días de la madre que celebrar, que empezaba a pensar que el tiempo se le acababa de alguna forma.

Aún así, caminó firme a su lado, como si fuera capaz de sacar pecho y gritarle de esa forma al mundo que, finalmente, tenía una mamá.

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Hinata realmente no quería separarse de Boruto. Había pasado muchos años llorando por él, pensando que lo había perdido. Esperaba que terminaría pagando una tumba para siempre para su hijo o hija. Sin embargo, era un joven guapísimo, fuerte y sano.

Igualmente, una parte de ella que pensaba que estaba vivo se había imaginado miles de situaciones en las que le negaban ver a su hijo. En todas esas pesadillas se quedaba sin voz y sin su hijo. Despertaba llena de lágrimas o se estremecía de pavor. La única cosa que conseguía aliviarla era pensar que estaba vivo.

—¿Va todo bien?

Regresó al momento. Konohamaru estaba sentado a su lado en el asiento trasero del coche. El conductor mantenía la mirada fija en la carretera, ignorándoles.

—Siento haberte llamado repentinamente, si interrumpí algo…

—No —negó—. Es que…

—Sakura me lo contó —interrumpió aliviándole la carga de tener que contarlo. La tomó de la mano gentilmente y sonrió—. Es maravilloso, Hinata.

Intentó sonreír.

—Para mi familia no lo será. Y te afectará.

Él tomó aire, mirando por la ventanilla antes de responder.

—Prometí que te protegería y eso haré. Mis votos no son una broma —recalcó mirándola.

—Eres alguien importante —le recordó.

—Lo sé. Maldita sea si no lo sé cada vez que me levanto por la mañana o en una urgencia. Tengo miles de llamadas, expedientes que firmar, muchas personas bajo mi mando y todavía estoy reparando los errores que dejaron mis predecesores —protestó—. Sin embargo, es el camino que escogí. Los demás deberán de aceptar lo que viene conmigo.

Le dio un suave apretón en la mano e inclinó la cabeza sobre su hombro.

—Estaré a tu lado.

—Mi madre conservará la furia hasta que te vayas. Lo sabes. Es peor después.

Konohamaru apretó los labios para retener una palabrota.

—Hanabi y yo nos turnaremos.

—¡Sabes que no puedes hacer eso! —protestó, aterrada—. Es cierto que mi madre siente predilección por ella, pero…

Konohamaru negó con la cabeza.

—Cuéntaselo primero a ella y que decida sus acciones.

—Es injusto.

—Lo injusto sería que nos sacaras de tu vida y del deseo de protegerte. Cuando se celebre la boda, serás libre. Mientras tanto… no pienso dejar que te sigan torturando.

Hinata guardó silencio. Sabía que intentar convencerlo sería una tontería. Él no daría su brazo a torcer. Era capaz de intervenir en medio de la reunión y su madre entraría en caos por haber sido descubierta. Eso sería peor.

—¿Cómo se ha comportado Naruto-senpai?

Sonrió sin poderlo evitar.

—Fenomenal —respondió—. Tiene miedo de que le quite a Boruto. Pero es algo que no deseo hacer. Puedo ver claramente que lo ha educado bien. Le quiere y Boruto muestra que adora a su padre. Esa unión… sería horrible de mi parte romperla.

—A ti te quitaron muchos años.

—No Naruto —recalcó—. ¿Por qué tengo que pagarlo con un hombre bueno?

—No quería decir… —farfulló, sorprendido—. Sé que es un hombre bueno, desde luego. Lo admiraba. No. Lo admiro mucho. Pero también te quiero a ti y me gustaría que pudieras disfrutar de Boruto.

—No lo haré separándolo de su padre. No tengo derecho. ¿Realmente estás proponiéndome algo así?

—No lo decía de mala forma. Me refería al punto en que pases a formar más de su vida. No sé. Ir a recogerlo al colegio. Ir con él al cine, comer, que duerma a tu lado. Nadie va a poder devolverte las cosas que te perdiste de bebé.

—Oh —comprendió—. La verdad… no hemos profundizado porque Boruto estaba ahí y todo es demasiado nuevo. Pero no quiero depender de abogados, jueces ni cosas así. Creo que Naruto y yo podríamos pactar algo. Una forma cómoda para los tres. No me importa tampoco gastar tiempo con él de ser necesario.

Konohamaru sonrió.

—Se hará como tú quieras.

—Gracias, Konohamaru —murmuró.

El trayecto hasta su casa fue demasiado corto. Pese que para su madre había pasado la noche en casa de Konohamaru como cualquier día en que pasaba más horas en el hospital, su recibimiento anunciaba la tensión que iban a ocasionar sus palabras. Apenas habían podido explicarle nada a Hanabi, así que esta estaba incómoda y pensativa, al parecer, buscando la forma de lidiar contra la tormenta que la existencia de su hijo estaba a punto de ocasionar.

Sin embargo, dar rodeos no iba a solucionar nada, así que tras pedirle una reunión que no le quedó más remedio que aceptar, explicó la situación. Su madre tensó la boca tanto que apenas podía percibir la forma de sus labios. No habló, pero su mirada bastó para asegurarle que, una vez estuvieran a solas, le haría lo imposible por haberle hecho esa encerrona. Poco importaba que la idea fuera de Konohamaru o de su hermana. Ella siempre sería la mala.

—Entonces, soy tía —murmuró Hanabi emocionada.

Hinata asintió, sonriéndole.

—Y sé que te gustará. Oh, dios, lo amarás.

Su progenitora carraspeó, irritada.

—Dejaros de tonterías. Sois ambas adultas como para comportaros de ese modo y obviando lo que esto causa a la familia. Por causa de tu rebeldía innecesaria a esa edad, mira lo que has traído contigo. Dios mío, debes de sentirte realmente avergonzado, Konohamaru, de ver esta parte oscura de nuestra familia.

—No, señora —descartó él—. Más bien…

—Cuando se confirmó la muerte de ese bebé que jamás debió de ser creado, sentí mucho alivio. No es algo que te ocultásemos, por supuesto —continuó ella obviando las palabras de Konohamaru y guiándolas a su favor—. Era mil veces que estuviera muerto y enterrado con esa vergüenza. Pero ella se empeñaba en desenterrar ese pasado y no había forma de controlarlo. Pensaba que con la boda se le olvidaría todo, pero no ha sido así y ahora, hemos de cargar con esta vergüenza. ¿Vas a querer detener la boda?

—¡Mamá! —aseveró Hanabi sorprendida.

—No, en absoluto —aseguró Konohamaru sorprendido—. Quiero continuar con ella. No hay nada que me haga cambiar de idea en casarme con su hija.

—¡Oh, es un alivio! —exclamó agradecida rodeando el brazo de Konohamaru. Tanto ella como Hanabi se quedaron a cuadros mientras lo guiaba hacia la salida—. Ya que estas aquí, hay unos cuantos temas que me gustaría hablar contigo. Pensemos en cosas mejores.

—No, pero si yo… —balbuceó Konohamaru mirándolas.

—Está bien, está bien. Más tarde hablaré de esto con mi hija. No te preocupes.

Cerró la puerta tras ellos. Hanabi y ella se miraron incrédulas.

—Sabía que mamá era buena evitando los temas, pero… no hasta este punto —murmuró Hanabi apretando los puños—. Le importaba más asegurarse la boda con Konohamaru que otra cosa. Como si la existencia de tu hijo fuera moco de pavo. ¡No lo es!

—Está bien, Hanabi —descartó buscando una silla donde poder relajar sus pobres piernas temblorosas—. Sabía que iba a hacer esto. Y más tarde, buscará la forma de que tú tengas algo que hacer para quedarse a solas conmigo.

—Entonces, nos iremos.

—¿Qué? —cuestionó sorprendida.

—Vamos a relajarnos. Lo usaremos de escusa como preparación para la boda —animó—. Además, quiero que me cuentes cosas de mi sobrino.

Antes de que pudiera negarse, Hanabi la arrastró hacia la salida. Su madre, que había logrado quitarse de encima a Konohamaru, se detuvo en seco a verlas. Hanabi no le dio ninguna oportunidad de tenerla. Pero eso sólo serviría para retrasar lo inevitable.

Su madre debía de aceptar que tenía un nieto. Le gustase o no, era su hijo. Lo considerase un lazo oscuro o no, existía.

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Gaara se detuvo en seco al casi chocarse con ella. La mujer emitió un gritito femenino, de esos que provocaba cierta alerta en el cuerpo de cualquier varón. La retuvo de la mano antes de que resbalara, para soltarla automáticamente.

—Muchas gracias —murmuró—. Por poco me caigo. No miraba por donde iba con las prisas.

Finalmente, le miró. Abrió la boca en sorpresa.

—¡Es usted! —exclamó—. El hombre del taxi.

—Sí —reconoció—. Simplemente, la confundí con otra persona.

—Mi hermana.

—Así es. Fue muy amable en explicarme su situación —agradeció.

—Soy Hanabi. Hanabi Hyûga —se presentó—. ¿Usted era…?

—Gaara —respondió escuetamente.

—Eso —aceptó cruzándose de brazos—. Aunque ahora ya no tendrá que preocuparse mucho más de mi hermana. Ella ha encontrado a su hijo al final. Estaba vivo. ¡Y mire usted que es curioso el destino! El hombre con el que estaba buscando, resulta ser el padre de ese hijo.

Estuvo a punto de marearse.

—¿Ella es la madre de Boruto?

Ella pareció confusa.

—Oh, sí, ese es su nombre —indicó pensativa—. ¿Le conoce?

—Sí —confirmó frotándose el ceño. Había criado a ese niño. Le quería como si fuera suyo propio. No necesitabas ser el padre creador para amar a un crío al que criabas. No necesitabas tampoco amar al padre para confirmar ese hecho.

—Qué pequeño es el mundo y qué curioso el destino —reconoció ella.

No pudo más que darle la razón. A veces, consideraba que era una mierda. Pero así como él había escogido su camino, el destino debía de mover el de Naruto y Boruto. Al fin y al cabo, él le había apoyado para que buscara a la madre real de Boruto. Finalmente la había encontrado. Aunque fuera una puta ironía el hecho de que fuera la misma mujer por la que Naruto había vuelto a reaccionar como el hombre hetero que era.

Más bien, desde que apareciera por primera vez en la playa le había creado una mala sensación. Ahora lo comprendía.

Hanabi levantó una mano.

—Bueno, le dejo. Hemos de prepararnos para la boda.

—¿La boda?

Hanabi sonrió y levantó los pulgares.

—Me aseguraré de que sea precioso. ¿Acompañaras a Naruto?

—¿Está invitado? —cuestionó.

—Claro. Es el padre de mi sobrino. Imagino que Hinata querrá que Boruto esté presente, así que me imagino que él querrá acompañar a su hijo. Aunque eso quizás haga explotar a mi madre —reconoció con una mueca divertida.

—No iré.

Ella se detuvo.

—Oh, pensaba que erais muy amigos.

O pareja. Como hasta ahora habían hecho pensar al resto del mundo. Metió las manos en el bolsillo de los vaqueros y negó.

—No. Yo ya tengo pareja.

Ella sonrió y él se percató que decirlo no era tan malo. Pensar en Lee de esa forma, presentarlo de ese modo, era algo bueno. Algo que aliviaba ese peso que su corazón se empecinaba en sostener.

—Ahora se te ve más feliz, sí.

Eso sí que le sorprendió.

—No sabría cómo explicártelo correctamente —continuó Hanabi—. Es como si te hubieras quitado de encima esa carga que te ralentizaba en avanzar. Se te ve más fresco, más capaz de comerte el mundo. Considero que eso es bueno. Sigue buscando tu felicidad.

Le dio una palmadita en el hombro y se alejó.

Gaara la siguió con la mirada hasta perderla de vista. Poco después, mientras todavía asumía las palabras de la chica, alguien lo empujó con el hombro al pasar.

—Disculpe.

Reconoció a la mujer y al hombre que la acompañaba. Ellos a él, pareció que no. La mujer se detuvo a unos pasos, blasfemando de una forma poco común para una mujer de su estatus, o del quería dar a entender que tenía, antes de darle una palmada en el brazo al hombre.

—¿Estás seguro de que están aquí?

—Sí, tía.

Ella bufó.

—Estas dos niñas. Me la han jugado. No sólo se jactan de traer la oscuridad y vergüenza a nuestra familia, sino que son incapaces de obedecerme. Menos mal que tú no has salido como ellas. Encima que Konohamaru hace la vista gorda y acepta nuestros errores… En fin, vamos, Neji.

Él obedeció en seguida.

Gaara no sabía por qué, pero decidió seguirles. Recordaba las palabras de Hanabi antes de marcharse y la frase que dedicó hacia su madre. Si esa mujer quería hacerles daño y Boruto estaba implicado por ser hijo de una de ellas… No. Mataría por Boruto.

Encontraron a las chicas en un salón de pedicura. Las dos, cuando vieron a su progenitora se pusieron pálidas. Hanabi intentó interrumpir, pero Neji fue el encargado de llevársela y dejar a la madre y la mayor, cara a cara. Bastó un chasqueo de dedos para que las trabajadoras se marchasen y las dejaran a solas.

¿Por qué? Tardó en comprender que ese lugar era de los Hyûga.

—Al fin vas a dejar de dar vueltas como una idiota, Hinata —aseveró su madre—. Arrastrar a Konohamaru y tu hermana en esto. Justo cuando la boda está cerca de celebrarse y bien él podría haberla cancelado a causa de… de tú… —Se llevó las manos al rostro, aturdida—. ¡No me salen ni las palabras con el descaro de tu ofensa!

La mujer apretó los puños y miró a su madre con una determinación que parecía cercana a flaquear en cualquier momento.

—Sabes que he estado buscando a mi hijo todo este tiempo.

—¡A uno muerto! —objetó enérgicamente la otra—. ¡Y así habría sido mejor que se quedara!

Ambas guardaron silencio. La mayor, tomando aire mientras su rostro delataba la furia que esa conversación despertaba en ella. La más joven, parpadeando en un vano intento de retener las lágrimas.

—Es mi hijo. ¿Cómo puedes decir algo tan cruel? Si fuéramos… No. Si fuera Hanabi.

—¡No te atrevas a intentar empatizar usando a mi hija de ejemplo! —advirtió la madre.

—¡No tengo otras armas para usar a mi favor! —soltó Hinata. Parecía entre la espalda y la pared—. Necesito que comprendas mi dolor, mi alivio al saber que esta vivo… Amé a ese hijo desde el principio.

—Lo amabas porque querías hacerme daño. Di la verdad, Hinata. Te quedaste embarazada de esa criatura para llevarme la contraria en todo. Creías que así ibas a poder ser diferente y hasta el destino castigó tus actos arrebatándotelo. Creo que fue una señal tan grande como un cartel de neón.

Hinata negó con la cabeza repetidas veces, hasta que esa veracidad pareció convertirse en un sí latente.

—Era algo mío. Por primera vez, tenía una decisión por mí misma sin que tú mandaras, mamá. Siempre ha sido igual. Lo mismo ahora con Konohamaru. Lo manipulas y me manipulas a mí para retenerlo.

—Necesitamos a Konohamaru —objetó la madre—. Al menos alguien de alta cuna quiere…—. Suspiró—. No sé ni por qué gasto más saliva de lo necesario.

Se encogió de hombros, pegando más su bolso contra ella.

—Como sea. No pienses que el hecho de que ese niño exista te va a librar de todo. Y no te imagines por azares del destino que voy a reconocerlo como un Hyûga. No quiero ni imaginarme la clase de chico que es.

Gaara no lo soportó. Tomó aire y se apoyó contra la puerta, cruzándose de brazos y piernas en una postura ligeramente inclinada.

—Es un chico maravilloso. Inteligente, inquieto y sano. Y demasiado brillante como para que su abuela sea una arpía.

Bien. Eso era lo contrario a NO meterse en una pelea de gatas.

Ambas mujeres le miraron. Una más sorprendida que otra. La mayor, frunció el ceño y levantó el labio superior, irritada por su interrupción o por las palabras. Le daba absolutamente igual.

—¿Este quién es? ¿El padre?

—No —negaron ambos a la vez. Se miraron, estudiándose.

—Soy el tío de ese niño —declaró—. Lo he criado desde que era un bebé. Desde el momento en que el hospital corrupto decidió venderlo. Su padre, lo salvó por azares del destino. Y lo hemos criado sano, feliz y educado.

Aunque Boruto fuera realmente un terremoto, claro está.

La mujer levantó ambas manos a cada lado de su cabeza.

—¡Suficiente! No quiero escuchar más tonterías acerca de esto. Por mí como si está bañado en oro. No permitiré que algo así dañe lo que tengo planeado. Oh —se detuvo para mirarla—. Ni te atrevas a invitarle a la boda. No vas a llevar la vergüenza al altar.

Pasó por su lado sin el menor de los cuidados y se marchó. Gaara empezaba a darse la vuelta cuando ella lo retuvo, sosteniéndolo del brazo. Sus ojos muy abiertos y llenos de lágrimas.

—Muchas gracias —murmuró. Temblaba como un flan—. Gracias, de verdad.

Repentinamente, su cuerpo cedió hacia delante. Sin fuerzas, como si acabasen de desinflarla.

—Ey, oye —alertó. Ella resbaló hasta desfallecer en sus brazos.

No había señal de peligro, simplemente, agotamiento mental. Algo que no consideraba algo mínimo, pero que una ambulancia no llegaría por eso.

Llevó la mano al pantalón. Detuvo los dedos un momento sobre la pantalla del móvil. Había una nueva fotografía supliendo la anterior como fondo de pantalla. Lee y él. El enfermero pegando su mejilla tanto a la suya que sus caras parecían extrañas.

Sin embargo, no fue a él a quien llamó.

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Naruto se mordió el labio mientras veía a Konohamaru cubrir a Hinata con sumo cuidado. Después, fijó su ver en él y le siguió cuando movió la cabeza en significado silencio. Cerraron la puerta tras ellos y se percató de que Gaara estaba cerca de la puerta. Se detuvo al escucharlos.

—Oh. ¿Te marchabas? —cuestionó Konohamaru sorprendido.

—Sí —afirmó. La incomodidad era clara.

Naruto recordaba su voz por teléfono, la tensión.

"No tenía a otra persona a la que llamar". No era cierto. Habría sido mil veces mejor llamar a Lee, que era enfermero, que, a él, que lo único que pudo hacer fue llamar a Konohamaru mientras la cargaban en el coche.

—¿Te importa si hablamos un momento, Konohamaru?

El joven los miró a ambos, negando.

—Claro que no. Estaré en la cocina preparando algo de comer para Hinata cuando despierte.

—Gracias —murmuró. Esperó a que se marchara para acercarse más a Gaara—. De nuevo, he tenido que depender de tu generosidad.

Gaara lo estudió con la mirada por un momento.

—No. Tú no. Ella.

—Podrías haberte marchado, dejándome solo con todo y te has quedado. Gracias, Gaara. Por muchas cosas.

Gaara se encogió de hombros. Continuaba con la mano en el picaporte. Dejó de mirarle para mirar sus pies.

—¿Es su madre? De Boruto.

—Sí —respondió—. Ella se hizo una prueba de ADN y confirmó que era suyo. Todo esto se podría haber solucionado mucho antes si no fuera por mi egoísmo y te hubiera hecho caso.

Gaara soltó una risita leve entre dientes.

—Tú eres como eres Naruto —le dijo. Finalmente, giró el cierre—. Ahora, sin embargo, tu vida va a estar enlazada a otra persona a causa de Boruto. Así que te avisaré por última vez: esa mujer trae consigo mucha oscuridad tóxica. La asfixia y hace que se doblegue o actúe de forma errónea. Boruto fue un acto de rebeldía hacia su madre.

—Lo sé.

Gaara le miró, estupefacto.

—Sin embargo, también sé que ama a Boruto. Te lo aseguro. Hinata es sincera en sus sentimientos hacia él.

—Va a complicarse.

Naruto metió las manos en los bolsillos, encogiéndose de hombros y esbozó su mejor sonrisa.

—¡Y seguro que tendrás razón, como siempre! —aceptó—. Pero es algo que viene en el saco con mi hijo y aceptaré. Lo protegeré. Esa idea no cambiará nunca.

Gaara lo miró por primera vez de otra forma. Como si acabara de verlo por primera vez fuera de la burbuja en la que había vivido.

—Sé que lo harás. Ahora, si me disculpas, tengo que ver a una persona.

Naruto no pudo evitar sonreír con cierta picardía.

—Dale recuerdos a Lee.

Ver las mejillas de Gaara enrojecer nunca estaría pagado. Era una buena señal y adoraba verla.

—Parece que terminaron en buenos términos.

Se volvió hacia Konohamaru, quien tendía una taza de café hacia él y sostenía otra cerca de su boca. La aceptó, asintiendo.

—Digamos que ha tenido que pasar el tiempo. —Miró a su alrededor—. Bonita casa.

—No me halagues tanto. Venía con la herencia de mi tío.

Sonrió y aceptó el asiento que le ofreció.

—Gracias por cuidar de Hinata.

—No es nada —descartó dando un sorbo de su café—. Eres mucho más seguro que llamar a Sakura. Me habría cortado por la mitad de haberlo hecho.

—No creas. Sakura ama su trabajo, pero es cierto que, sin descanso, no rendimos. Y estos días ha tenido mucho trabajo. Entre operaciones y demás…

—Y en parte, muchos han sido por mi causa —reconoció con la mirada baja.

—Viéndolo desde fuera, eres un paciente más —corrigió—. Así que nada de eso.

Lo aceptó, encogiéndose de hombros y mirando hacia la puerta encajada.

—Gaara me contó por encima lo que ha pasado. Hinata ya me contó el por qué se quedo embarazada. Imagino que todo esto no hace más que aumentar la pelota.

—Sí —reconoció Konohamaru suspirando y echándose hacia atrás—. Su madre es la típica villana de manga. De las que se niegan a que el mundo vea las imperfecciones de su familia. Para ella Hinata es la hija que no debió de tener. Ya sabes, el rollo de que un varón debe de nacer primero. Ella tuvo dos hijas. A su marido realmente le daba igual, pero… ella se ha obsesionado. Hasta conmigo.

—Serás tú el que se quede con todo tras la boda.

—Sí —confirmó—. Aunque hay más secretos de los que le gustaría a esa mujer que se sepan. Hasta yo los sé.

Naruto enarcó una ceja, curioso. A veces pecaba de ser demasiado cotilla.

—Cuando busqué las partidas de nacimiento por Hinata, descubrí que los Hyûga habían entregado una gran fortuna a nuestro hospital para ocultar otra. Se lo oculté a Hinata y Hanabi por su bien, pero… imagino que esto saldrá a la luz tarde o temprano.

—No me digas que su madre sabe que lo sabes —dedujo.

—Sí —reconoció rascándose la nuca—. Pequé de curioso. Y de creerme las mentiras de su falsa cara. Pensaba que sería una mujer coherente, pero no es así.

—Estoy confuso —reconoció.

—Puedo comprenderlo —aceptó Konohamaru—. Te lo contaré.

Se levantó y tras asegurarse de que Hinata dormía, cerró la puerta para regresar a su puesto.

—La familia de Hinata, pese a ser muchos, está gobernada por los de arriba. En este caso, su madre, Hinata y Hanabi. Tras la muerte de su padre, la mujer retomó todas sus labores. En un núcleo familiar tan grande y con dos hembras, se espera que haya un heredero varón. Hace años, antes de Hanabi, se intentó.

Naruto frunció el ceño, comprendiendo.

—La partida de nacimiento que encontraste lo confirma. ¿Verdad?

—Así es. No sé si le hayas visto. Lo hacen pasar por el primo. Neji Hyûga (1). Es en realidad el hermano y heredero por parte de madre.

Naruto se puso en pie, sorprendido.

—¡Es de otro!

Konohamaru asintió lentamente.

—Del hermano gemelo del padre.

Guardó silencio. Le recordaba. El mismo tipo que no se separaba de la mujer. El mismo que tuvo los huevos de acercarse para darle diez euros por su hermana porque su madre lo demandó. Era un perro faldero.

—¿Por qué no hereda entonces?

—Por el testamento —respondió Konohamaru suspirando—. Su padre se aseguró de que sus hijas eran aceptadas en buenas familias antes de que se pudiera destapar la tapadera. Sin embargo, la madre se ha obsesionado tanto con ocultar las cosas que nunca ha reconocido a Neji y tampoco está dispuesta a perder el poder que sus hijas obtienen como herederas.

—Y ahí estás tú.

—Sí —reconoció rascándose la nuca—. Está costando, pero… realmente considero que Hinata merece ser feliz. Hanabi ha vivido con más libertad. Se ha esforzado por sí misma para llamar la atención de su madre de Hinata, pero el odio y la vergüenza que Hinata creó al quedarse embarazada de esa forma, seguramente levantó sus recuerdos, así que desde entonces, la castiga.

—Porque es como verse a sí misma en el pasado.

—Sí. Hinata en realidad es muy buena persona. Es amable, no duda en ayudar y su timidez impide que dañe a nadie. Si la presionan, se echa las culpas de todo. La única vez que quiso algo de por ella, no se le ocurrió otra cosa que tener un bebé. Era joven, sí. Todos cometemos errores. Pero tanto el destino como su madre no han cesado de herirla desde que pasó todo aquello.

—Sí, algo de eso me ha dicho Gaara.

Konohamaru asintió, suspirando.

—Esa mujer creo que ha sido capaz de rezar porque vuestro hijo estuviera muerto. Que realmente no fuera así, ha debido de trastocar todo su plan.

—¿Y el tuyo? —preguntó.

Konohamaru emitió una sonrisa enigmática.

—Voy a cuidar de Hinata, Naruto. Aún así tenga que llevarme a más Hyûgas de lo normal.

Esbozó una tirante sonrisa, acariciando la taza de café, ya vacía y fría.

—Sólo espero que eso no arrastre a mi hijo, Konohamaru —le dijo, entrecerrando los ojos—. Porque entonces, seré yo quien se lleve por delante a los Hyûga. O a ti.

Konohamaru palideció, pero sonrió, levantándose. Caminó hasta el dormitorio para abrir la puerta.

—¿Ya estás despierta?

Naruto se sorprendió del agudizado oído que poseía el médico. No se volvió, dándoles su intimidad. Escuchó su nombre como parte de la conversación pero nadie lo invitó.

Poco después, Hinata apareció. Tenía el rostro enrojecido y se inclinó frente a él.

—¡Lo siento muchísimo!

Naruto se levantó al instante, sorprendido.

—No necesitas preocuparte por nada —descartó—. En realidad, quien ayudó fue Gaara, no yo. Sólo te he traído aquí.

Hinata negó, temblaba, apretando los labios.

—Mi madre dijo cosas crueles de Boruto —susurró—. Apenas fui capaz de detenerla ni pude explicarle lo maravilloso que es Boruto.

Se rascó la nuca, algo avergonzado.

—Bueno, nuestro hijo puede ganarse a la gente o hacer que le odien en nada, así que está acostumbrado, no te preocupes. Es un niño mucho más fuerte de lo que parece, Hinata —aseguró—. Puede que no lo sepas porque le has conocido recién, pero te lo aseguro. Ahora mismo necesita mucho más a su madre, aprender de ti todas esas cosas que no pudisteis tener. El cariño que sólo tú le puedes dar. Da igual, sinceramente, que tu madre no le quiera. Él deseaba conocer a su madre y tú reencontrarte con él. Eso es lo verdaderamente importante, ttebayo.

Hinata le miró con los ojos muy abiertos mientras las lágrimas escurrían por sus mejillas. Naruto estiró la mano, reteniéndose para pegarla contra su cadera. No era su deber.

Konohamaru le rodeó los hombros, otorgándole un suave apretón.

—Está bien, Hinata. Aunque pueda parecer que no, tienes a personas de tu lado.

Ella asintió, abrazándose a sí misma. Después, le miró en súplica.

—¿Podría ver a Boruto? —preguntó casi con terror.

Enseguida llevó la mano hasta su bolsillo.

—Por supuesto. —Se apartó para llamar a su hijo y, después, regresó—. ¿Os apetecen hamburguesas?

—Paso —denegó Konohamaru—. Id vosotros. Yo tengo que regresar al hospital.

Hinata le miró preocupada.

—¿Tienes? ¿Cuánto hace que no duermes?

El médico le sonrió amablemente.

—No te preocupes, que no voy a fallar ni para el día de la boda ni para la luna de miel. Justo por eso, tengo que trabajar más —prometió.

Naruto desvió la mirada justo cuando se inclinaba. Pudo escuchar el sonido de un beso corto. Extrañamente, le repugnó. Se frotó el pecho, incómodo.

—Senpai.

Se volvió para mirarlos.

—Dejo a Hinata a tu cuidado.

—Claro. Cuenta conmigo —prometió.

Konohamaru inclinó la cabeza y después se acercó hacia la puerta.

—¿Cierras por mí, Hinata?

—Sí —aceptó esta rebuscando en su bolso. Cuando Konohamaru se hubo marchado y los dos quedaron a solas, le miró—. Siento pedir algo tan egoísta en un momento así.

Negó.

—Puedes ser lo egoísta que quieras. Pero… —Se detuvo para mirarla fijamente—, no me quites a Boruto. Puedes estar con él cuanto quieras, jamás te lo negaré. Estás en tu derecho de estar un mes, un año. Es tanto tuyo como mío, pero…

Apretó los puños con fuerza, angustiado por el terror.

Hinata posó una mano sobre una de sus manos, aferrándolo con una ternura sin igual.

—No voy a quitarte a Boruto, Naruto —aseguró—. Creo que la luz que tú le brindas, es lo que le hace ser también como es. Y yo, ahora mismo, tampoco podría darle una seguridad estable. De tenerla, igualmente, no querría haceros daño. Así que no tengas miedo.

Se llevó una mano a la frente, afligido y avergonzado con su acto tan infantil. Se echó a reír.

—¿Naruto?

—Perdón —se disculpó aferrándose a su mano—. Está bien. Sólo es que pensaba en cuán idiota soy. He pasado miedo siempre por él. Con servicios sociales, unos padres verdaderos, que me sigue dejando huella. Así que suelto cualquier idiotez ahora. Perdona.

Dio un suave tirón de ella.

—¿Qué tal se te da comer hamburguesas en un coche?

Hinata parpadeó.

—¿Horrible? En realidad no he comido ninguna nunca —confesó.

Naruto se quedó con la boca abierta.

—¡Madre mía! Eso tiene que cambiar. Aunque recuerdo que dijiste que no eras muy de comida rápida, cosa que está muy bien, las hamburguesas son parte de nuestra dieta una vez a la semana al menos.

Habló mientras subían al coche, de camino a su casa, hasta cuando Boruto subió al coche, continuaron explicándole sus extrañas tradiciones. En alguna que otra, Gaara estaba presente y eso, acallaba por un instante la conversación.

Una vez hubieron pedido las respectivas hamburguesas, puso rumbo al cine para coches que ya conocía. Pagó la entrada para tres y se acomodaron para cenar.

—¿Qué ocurre? ¿No te gusta? —preguntó Boruto casi al final de la película. Se percató de que Hinata no había comido más de la mitad y que mantenía la hamburguesa abierta sobre sus piernas.

—No, no es eso —negó sonriéndole algo forzada.

—¿Entonces? —preguntó él. Movió su mano lentamente para quitarle un poco de salsa de la mejilla. Tardó un poco en percatarse de que no lo eran—. ¿Estás llorando?

—¿¡Qué!? —exclamó Boruto—. ¡Si esta película es de risa!

—También puedes llorar de la risa. ¿Sabes? —ironizó.

—Ah… Ah. No lo sabía —reconoció avergonzado Boruto.

—No es por la película. ¿Verdad? —cuestionó volviendo su atención hacia ella. Hinata negó con la cabeza.

—Simplemente, me doy cuenta de que nunca hice nada tan normal porque… "una Hyûga nunca comería en el parquin de un cine al aire libre. Menos una hamburguesa". Hay tantas cosas que me han vetado que… da miedo.

Boruto le miró, sin comprender. Naruto movió la cabeza negativamente para que no preguntase.

—Pues las harás —indicó él—. Poco a poco y a tu ritmo. Seguro que Boruto está encantado de enseñarte muchas más cosas. ¿Verdad?

—¡Claro que sí, ttebassa! ¡El parque de atracciones, por ejemplo! —recordó—. Sería la primera vez que fuera con mis padres —murmuró, bajando algo la voz.

Ambos se miraron, comprendiendo.

—Boruto —le dijo acariciándole los cabellos—. Vayamos poco a poco. ¿Vale? No descartaremos el parque, pero tu madre primero tiene que organizar su vida.

Boruto la miró inquisitivo y Hinata asintió, sonriéndole. Por supuesto, no iba a contarle lo duro que era su vida ahora mismo y que la espera para su libertad se trataba de una boda.

El móvil en su bolsillo resonó. Tras tirar la caja de su comida en la bolsa, lo sacó, chupándose los dedos.

—Konohamaru. ¿Qué ocurre? —preguntó, sorprendido. Hinata desvió la mirada hacia él, curiosa—. Sí, espera, hay mucho ruido. Disculpadme.

Salió del coche, alejándose lo suficiente como para que Hinata ni Boruto lograran escuchar su conversación.

—¿Estás bien?

—Sí —contestó el otro a través del teléfono—. Perdona que te llame a ti y no a Hinata, pero no quería causarle más problemas. Sé que si le digo que su madre ha venido al hospital, histérica, se asustará y querrá venir. No quiero que lo haga, tampoco que vaya a su casa o a la mía.

Naruto se frotó el ceño, tenso.

—Sé que es un descaro pedírtelo, pero…

—Se quedará en mi casa, sí —aceptó—. Aunque preguntará o querrá marcharse.

—Intenta que no lo haga. Al menos, hasta que pase este huracán. He conseguido tranquilizarla asegurándole que no quiero detener la boda, pero buscará las formas para hacerle la vida imposible a Hinata hasta entonces. Y no quiero eso.

Se rascó la nuca, preocupado.

—Vale. Le diré que puede pasar la noche con Boruto, quizás eso la convenza.

—Sí, por favor. Su madre está en completo caos desde que sabe de Boruto.

—¿Crees que querrá hacerle daño? —cuestionó sin tapujos.

Konohamaru guardó silencio por un momento.

—Te diría que no, pero ya no me trago su cara de niña buena. Ten cuidado, senpai.

—Lo tendré —prometió.

Después colgó. Cuando volvió al coche, ambos le miraban con el mismo gesto de curiosidad. Como dos gatitos. Cada vez era más conscientes de que Boruto tenía gestos de Hinata.

—¿Ocurre algo?

—Konohamaru me ha llamado porque va a trabajar de más esta noche —explicó—. Dijo que como las cosas están de este modo, te dejara en su casa. Pero… —la miró con el cejo fruncido. Si la mentira no funcionaba, iba a ir muy mal—. ¿Y si en vez de eso pasas la noche con Boruto?

La propuesta encantó a su hijo.

A ella también.

Aliviado, miró hacia la pantalla.

El mundo había cambiado para ellos. Su hijo estaba enlazado a la oscuridad de la familia Hyûga a causa de su madre.

Y no iba a permitir que lo arrastraran.

Continuará…


(1): En el fic, Neji es menor que Hinata y mayor que Hanabi.