Aquí vamos de nuevo con una nueva aventura. Nuevamente, participando en #Escrito_Activo_Semanal de la página de Facebook Inuyasha Fanfics. En este caso, he elegido la temática de Amor filial.
¡Espero que lo disfrutéis!
Orgullo
La observó dormir plácidamente. Los cabellos oscuros se removían graciosamente con cada pequeño ronquido, despertándole una carcajada que le fue difícil de ocultar. La estampa de la chica era digna de ser retratada; con los brazos extendidos a lo largo del lecho y la pequeña estela de babas que salían de su boca hasta la almohada, le recordaba a la estampa de Shippo cuando dormía a pierna suelta.
Sin embargo, ella llevaba noches que no podía dormir. Después de haberla recuperado, después de saber que su pequeña estaba con ella, no podía evitar que los ojos se mantuvieran atentos durante toda la noche, expectantes por si volvían a arrebatársela.
Aunque sabía que no era la única.
Sintió los brazos de Inuyasha rodearle tiernamente por la espalda, observando por encima de su cabeza a su hija durmiendo con tranquilidad. Veía en los ojos cálidos de su marido el mismo amor que ella misma sentía al ver a su pequeña con ellos, pues, Moroha era su mundo. Esperó nueve meses a poder verla, nueve meses en los que había ideado mil y un futuros en los que la niña crecía con ellos, decía sus primeras palabras, hacía sus primeros pasos… sin embargo, todo aquello les fue arrebatado, dejándolos solo con la posibilidad de ver como su pequeña crecía, sin saber quiénes eran ellos.
Estuvo años llorando por aquel destino. Ser olvidada por su hija fue, con toda seguridad, lo que más le dolió en todos los años que estuvo encerrada allí.
Más ahora, estando los tres en su cabaña, les era posible disfrutar del tiempo perdido. Era una adolescente que, ante todo pronóstico, se parecía muchísimo a ellos. Respondía como su padre, reía como su padre, pero reconocía que tenía su mal carácter.
Sin embargo, su forma de dormir era de Inuyasha, seguro.
—En un par de horas despuntará el sol —comentó Inuyasha entre susurros.
—No puedo apartar los ojos de ella —confesó Kagome—. Temo perderla de nuevo. —Inuyasha suspiró con cansancio—. ¿Tú no?
—No puedo evitar mirarla porque estoy orgulloso de ella —contestó a la vez que frotaba los brazos de ella— se ha convertido en lo mejor que podía esperar y sin nuestra ayuda.
Kagome la observó de nuevo. Su joven hija tenía un dominio con el arco que a ella le hubiera gustado con su edad y una fuerza demoníaca que su padre envidiaba. Si con catorce años tenía ese potencial, no quería ni imaginar cuando creciera por completo. Era una joven valiente, extremadamente sincera y sobretodo, tenía buen corazón.
Inuyasha tenía razón, no podía estar más orgullosa de ella.
—¿Cuándo se lo dirás? —preguntó él con una pequeña sonrisa burlona—. Se dará cuenta en breve.
—¿Crees que se lo tome bien? —pregunto insegura.
—No creo que tenga ningún problema —contestó acariciándole el vientre.
Sí, otra de las ventajas de no envejecer por catorce años era que su cuerpo seguía joven para tener hijos… esperaba que su suegro pudiera perdonarles por mancillar su descanso.
Fin.
Mi segundo drabble, no me lo creo xD
¡Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo al participar aquí!
Gracias por entrar y darle una oportunidad.
¡Nos vemos!
