Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.


Scorpius se giró en la cama, abrió un poco los ojos y volvió a cerrarlos, solo para terminar abriéndolos de nuevo, James estaba aún despierto, mirando al techo, con su brazo derecho debajo de la cabeza, completamente descobijado, era injusto que incluso de aquella manera, luciera tan guapo.

¿Qué tenía James Sirius que simplemente lo volvía loco?

Habían pasado bastantes años, y seguía completamente enamorado de él, normalmente, el gusto, la atracción por los demás se le iba a la semana o a los dos días, pero con el chico a su lado, simplemente incrementaba con el pasar de los segundos.

Se acercó a él, recostándose en su pecho, y colocando su mano en su marcado abdomen, sonrió cuando lo sobresaltó, había estado tan sumergido en sus pensamientos las últimas semanas, y se había negado a decirle la razón, así que simplemente lo atribuyó a asuntos de trabajo, era la única línea que James nunca cruzaba, de ahí, siempre le contaba sus cosas.

—Deja el trabajo por un momento en el ministerio, y duerme un poco.

—Estoy tan cansado, que no puedo dormir.

—Me siento culpable –hizo puchero Scorpius –dijiste que no estabas de ánimo para una fiesta, y organicé una en casa.

—Está bien, no te preocupes por eso –le sonrió.

—Será tu día libre, si quieres, puedo darte una poción para que puedas dormir un poco ¿qué dices?

—Estoy bien, no voy a depender de eso para dormir cada que no pueda.

—Qué bien que lo dices –sonrió –porque tengo otra alternativa, que aunque es adictiva, te gustará más.

Los labios de Scorpius se pegaron al cuello de su novio, acercando su cuerpo más al del castaño, sintiendo de inmediato su calor abrasador, por un momento, creyó que su humor no estaba ni siquiera para eso, pero se equivocó, lo besó apasionado, subiéndose sobre él, mientras que sus manos acariciaban su torso sobre la playera gris que traía puesta, la mano traviesa del rubio descendió hasta los bóxer del castaño, introduciendo su mano, acariciando la creciente erección de su novio.

—Espero que esto pueda relajarte un poco, para que puedas dormir.

—Lo que menos quiero ahora es dormir –le informó, antes de descender por el cuerpo del rubio, hasta su miembro.

Soltó un gemido fuerte, cuando sintió la calidez de la boca de James en su miembro, sin duda con un gesto tan simple, podía elevarlo tan rápido a la estratósfera; jamás se iba a cansar de él, por mucho que lo intentara, no podría.

Sus labios volvieron a unirse en un apasionado beso, sus pieles rozando con suavidad, incrementando la pasión entre ellos, el castaño sonrió dulcemente por primera vez, de manera genuina en algunos días, sin duda aquella había sido una gran manera de hacerlo salir de su letargo, el rubio lo acarició encantado, antes de morderle el hombro de forma ruda.

—Tómame ahora, Potter –ordenó, en un tono excitado.

—X—

James despertó demasiado temprano para su gusto, ya que era su día de descanso, se acomodó un poco más entre los brazos de su novio y volvió a cerrar los ojos, dispuesto a ceder un poco al cansancio y permanecer más acurrucado con aquel rubio atractivo, pero el chispazo de ansiedad de no haber podido dar con Sebastian Keller todavía, lo hizo levantarse, para él no habría descanso hasta atraparlo.

Se vistió en completo silencio para no despertar al chico dormido en la cama, una vez que estuvo presentable, salió a la estancia rumbo a su mesa-escritorio, tomó todos los pergaminos del caso y comenzó a repasarlos de nuevo, para ver si una vez un poco más descansado, podía encontrar algo que le ayudara de nuevo.

Las imágenes de las chicas desaparecidas le seguían sonriendo, y cambiar esas fotos por imágenes de esas mismas chicas sin vida, era una tortura, pero alguien tenía que hacer ese trabajo, y tomando en cuenta que todos parecían haberse olvidado de aquello, asumía que ser él quien tomara cartas en el asunto.

—Tengo diez minutos hablándote –la voz se acompañó de un fuerte movimiento, que lo sacó de sus pensamientos –James ¿pasa algo?

Los ojos azules del castaño se posaron en su novio, que claramente tenía una mueca de preocupación, así que se apresuró a negar, poniéndose de pie, para distraer la atención del otro chico en los pergaminos que había estado releyendo.

—Todo en orden, cosas del trabajo, como siempre, perdón ¿qué decías?

—Que son las tres de la tarde ¿has probado algo de alimento desde que te levantaste? –Elevó una ceja platino.

—No, era demasiado temprano para despertarte con el ruido y el olor a comida.

—Bueno, pues ya no es tan temprano, me fui de aquí a las nueve de la mañana, pero ahora supongo que ni siquiera me escuchaste despedirme ¿o sí?

—Lo lamento, cariño –se disculpó.

Scorpius suspiró, era un débil, la simple palabra cariño, lo desarmó por completo ¿cómo se suponía que tenía que seguir riñéndolo ahora, si se había portado todo encantador?

—Iremos a comer con mi padre –le informó –y nada de que te quedarás trabajando, cuando iniciamos esta relación, me dijiste que tus días libres eras todo mío ¿no?

—Cierto –sonrió –tomaré una ducha rápida y me arreglaré ¿eso puedo hacerlo, sin desatar tu furia?

—Sí, eso puedes hacerlo sin desatar mi furia, pero tendré que observar el proceso –le guiñó un ojo.

—Sé mi invitado –le indicó con un ademán que pasara primero en dirección al baño.

—Sé que solo me das el paso, para poder deleitarte con mi trasero ¿o me equivoco? –Sonrió.

— ¿Cómo podrías?

—Es por eso que lo ejercito más que otra parte de mi cuerpo.

—Y lo agradezco mucho –sonrió.

—X—

James sonrió amable cuando Draco Malfoy se puso de pie para recibirlos, le extendió la mano, así que la estrechó de modo tranquilo, las cenas con el padre de su novio le agradaban, aún seguía sin entender la razón por la cual su padre, tenía en reservas a Draco.

—Me alegra que pudieran venir –sonrió.

—Afortunadamente, es su día libre, del trabajo, porque jamás tendrá un día libre de mí –sonrió Scorpius.

—Eso suena tan posesivo –soltó Draco, con el ceño fruncido.

—A mí no me molesta –comentó el castaño –por el contrario, lo disfruto, Scorpius es un chico completamente encantador.

—Ya ves, tú me haces ver demasiado tóxico, papá.

—Bueno, aquí tu novio presente, no tiene el don de ver esa parte de ti ¿no? Él lo toma del mejor lado posible.

—Vaya que sí –sonrió Scorpius, sonriendo ampliamente, acercándose al castaño, para depositar un suave beso en su cuello –y lo toma muy bien ¿cierto, cariño?

James observó a Draco, que negó, cubriéndose un poco el rostro, así que prefirió no emitir palabra alguna, porque no terminó de comprender el sentido en que su novio había dicho aquello.

—M—

El sonido de la chimenea distrajo a Lily por primera vez, no tenía ni idea de cuánto tiempo se la había pasado observando a su pequeña bebé, solo sabía que no podía dejar de verla, la amaba tanto, a pesar de que todo su embarazo había sido una mezcla extraña de sentimientos y emociones, que hasta ese momento no podía explicar del todo bien, pero en ese momento, no tenía duda alguna, que amaba a su hija más que nada en la vida.

—Hola –saludó Ted, con una sonrisa amistosa.

—Hola –respondió en un tono tranquilo.

—Me imagino que no te ha dado muchos problemas ¿o sí?

—Creo que me daba más problemas durante el embarazo –sonrió –increíble, pero cierto.

—Es bastante tranquila, ahora que solo tiene que manejar solo sus propias emociones, y no las de mamá también.

—Puede ser –sonrió divertida –dime ¿quieres comer?

—Ah, estoy un poco cansado, creo que descansaré un poco y después prepararé algo rápido.

—De acuerdo –se encogió de hombros.

La chica volvió a recargarse en el respaldo del sofá, observando a su dulce bebé, que para ese momento, cambió su tono de cabello a un extravagante verde, haciéndole sonreír aún más, a pesar de que no eran padre e hija biológicamente, Liv le recordaba demasiado a Ted.

—Sabes, estaba pensando en la posibilidad de ir a ver a mi abuela –habló Ted, haciendo que la joven volteara a verlo –y llevar a Liv.

—Oh –Lily se mordió el labio, desviando la vista.

—Hace un tiempo que no la vemos, ninguno de los tres, y ella será muy feliz de volver a verte ¿qué dices?

—Vaya ¿estoy invitada?

—Sí, no pensaba dejarte sola.

—Bueno, como dijiste que…

—Sí, a veces ni yo solo me entiendo –le sonrió –tomaré una ducha, y una muda de ropa para Liv, por si algo se ofrece, no tardo.

—Bien –le sonrió.

El varón subió corriendo las escaleras, así que la joven mujer se inclinó hacia la pequeña bostezante bebé, la sujetó de sus manitas y la besó suavemente en la nariz.

—Parece que las cosas no han cambiado, sigues de su lado más que del mío ¿cierto? –Sonrió la mujer cuando la niña abrió sus ojos –la verdad es que aunque quisiera, no puedo culparte, yo también estoy loca por él –suspiró.

La casa de Andrómeda Tonks seguía como siempre, casi parecía que no habían pasado meses desde la última vez que habían estado ahí, el diciembre del año pasado.

—Hola abuela –sonrió Ted, abrazando a la mujer.

—Cariño, que bueno que… Lily –musitó al verla.

—Hola, Andrómeda –sonrió dulce.

—Oh, niña, me alegra tanto que estés bien, hubieses visto al pobre de Ted, sufriendo como un alma en pena por creer que te había perdido.

—Ah, yo las dejaré hablar, llevaré a Liv a dar un paseo por aquí cerca –sonrió, quitando a la niña de los brazos a Lily.

—Creí que la razón por la que veníamos, era que tu abuela pudiese ver a… pues… Liv –comentó.

—A su abuela ¿no? –Sonrió Ted.

—Técnicamente, no es su abuela –recordó Lily.

—Literalmente Olive tiene mi apellido en su registro ¿tengo que recordarte eso? Soy su padre, al menos, legalmente.

—Técnicamente, ella tiene razón –habló Andrómeda –soy su bisabuela, no abuela –sonrió la mujer, y Lily hizo un ademán, dando a entender que se refería a eso, desde un principio.

—Además de que malinterpretaste el comentario que hice –suspiró Lily.

—Yo las dejaré hablar en paz, viendo que están del mismo lado.

Ted le sonrió a la niña y salió con ella en brazos, así que Lily se dejó caer en el sofá, sin importarle mucho la impresión que Andrómeda tendría de ella con ese acto.

—Es una niña hermosa –informó Andrómeda.

—Lo sé –admitió con una sonrisa enorme.

—Perdón que me meta en esto, pero, se nota a kilómetros que tienen problemas.

—Bueno, creo que no necesito explicarte, mi hermano me dijo todo, que tú y mis padres se pusieron de acuerdo para hacernos creer que estábamos casados, porque sospechaban de él, como un asesino serial.

—Lo sé –aceptó –posiblemente pienses lo peor de mí por aceptar eso, Lily, pero que Ted sea mi nieto, no es suficiente, como para quedarme callada al respecto ¿cuántas familias? ¿Cuántas chicas? Si él estaba detrás de eso, quería que se detuviera, por fortuna, no era él.

—Sí, por fortuna –se encogió de hombros.

—Eso no lo hace menos padre de Liv, ¿comprendes? Posiblemente no es biológico, pero jamás lo había visto tan feliz ante la idea de ser padre –sonrió –sabes que él no puede tenerlos ¿cierto? Y fue decisión propia no quererlos, y cuando los dos se prestaron a ese juego, bueno… creo que por primera vez, se arrepintió de esa impulsiva decisión, pensó que jamás encontraría a una mujer a la cual amaría con todo su ser.

—Ya sé por qué me trajo aquí, ese era su plan ¿no es cierto?

—Ojalá lo hubiese hecho, pero no se le ocurrió –rió Andrómeda –lo que estoy haciendo es por decisión propia, Lily, jamás lo he visto tan enamorado de alguien, hasta que llegaste a su vida, ni tus padres ni yo, pensamos que esto sería posible, creímos que el tiempo suficiente para saber la verdad, sería después de su caótica luna de miel –sonrió encantadora.

—Así que todo fue planeado.

—Sabíamos que ninguno se llevaba bien en ese momento, que él era impaciente y un tanto histérico, y que tus hormonas se pondrían pesadas e incontrolables –admitió ella –dos semanas serían suficientes, y más con un error tan fuera de su control, nos sorprendieron, a todos.

—Bueno, él y yo hicimos un trato, nos separaríamos en cuanto el bebé naciera –sonrió –y cumplo mis promesas.

—No puedo fingir y pretender que entiendo lo que pasaste en aquel lugar, y todo por lo que viste entre mi nieto y Susan, pero te lo digo en serio, Lily, reusarte a sentir lo que sientes por él, el uno por el otro, no es buena idea, nunca sabes cuánto tiempo podrás estar con esa persona.

—Estoy tan confundida –admitió la chica –lo amo, eso es lo único que tengo seguro entre él y yo, pero soy consciente de que las cosas se dieron porque alguien más lo manipuló –murmuró.

—No cariño, nosotros pudimos manipular las circunstancias que los rodeaban, pero jamás los sentimientos que tienen el uno por el otro, eso tenlo claro, ni lo que mi nieto siente por tu hija, si tu madre no hubiese intervenido al respecto, tu padre no habría permitido que él la registrara a su nombre, estuvieron un tiempo sin hablarse por eso mismo, para él, eres su esposa, la madre de su hija, el amor de su vida, y se le nota ¿por qué otra razón te seguiría insistiendo para estar contigo? Si las cosas ya salieron a la luz.

Andrómeda se puso de pie y salió del lugar, para dejarla pensar a gusto, la vio llegar hasta Ted y sostener a la niña en brazos, pero eso no hizo que el hombre regresara hasta la casa, sino más bien, se quedó observando a la nada, sumergido en sus propios pensamientos.

Le tomó media hora salir en su encuentro, al parecer Andrómeda había llevado a Liv más lejos, para darles la oportunidad de tener una charla en serio, más de las que habían podido estar teniendo, con la bebé presente.

—Tenemos que hablar –soltó en un tono tranquilo, pero serio.

—Sí, sin duda tenemos que hablar, pero he estado esperando a que aclares todos los puntos que necesites.

—Tú no necesitas aclarar nada –se burló.

—No, creo que tantos años de diferencia entre los dos, funcionan en algunos aspectos, yo sé que te quiero en mi vida, no voy a presionarte en nada, solo quiero tener una buena relación, Lily.