Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
La oficina del Departamento de Aurores estaba un poco agitada cuando James llegó por la mañana, dejó sus cosas sobre su atiborrado escritorio, que por más que quisiera que estuviera impecable, no podía por toda la cantidad de pergaminos de casos abiertos que tenían en esos momentos, sumando los de su propia investigación en un caso que oficialmente estaba cerrado, para incrementar más su molestia, tuvo que tomar la prioridad para la oficina y no para él, solo porque solicitar no tener día libre le ocasionaría muchos problemas con Scorpius no lo había hecho, pero ese día era un desperdicio de tiempo para dar con el paradero de Sebastian Keller.
Su vista se levantó cuando alguien dejó caer algo en el escritorio libre frente a él, así que frunció el ceño, pensando que sería su mejor amigo, Alex, interrumpiendo demasiado temprano, se quedó con la boca ligeramente abierta ante su queja, cuando se percató que no se trataba de su amigo, sino de un desconocido con el uniforme del Departamento.
—Tu escritorio es un caos –informó el nuevo.
—Lo es –aceptó –bastantes casos que supervisar ahora.
—Bien, eso me agrada –se estiró para tomar un par de pergaminos, pero el castaño lo sujetó de las muñecas, con fuerza excesiva.
—No tienes autorización para tocar nada aquí.
—Creí que eras lo suficientemente observador para notar mi uniforme –soltó con una sonrisa de lado.
—Que portes el uniforme no significa que voy a compartir nada contigo, eres un completo extraño.
—Bueno, Potter, no es mi culpa, que mi entrada al Departamento de Aurores, coincidiera con tu día de descanso, puedes hablar con el jefe al respecto.
—El jefe no está, tiene una junta con la ministro de magia –respondió con tranquilidad –y no se nos informó sobre un nuevo miembro en el Departamento, así que no toques mis cosas, ve con alguien más de los que sí te conocen.
—De acuerdo, el jefe me dijo que tenía que esperar a que te aparecieras por aquí y me pusieras al tanto –comentó, sentándose detrás del escritorio frente al de James y subiendo los pies, sus dientes sobresalieron en la brillante sonrisa que le dio al notar que ese simple detalle, le hizo enfadar.
—Baja los pies de ese escritorio, y ve a otro lugar…
—Quisiera, pero no lo haré, este es mi escritorio, y sí, estoy bastante sorprendido que de todos, a ti no te lo informaran, porque soy tu nuevo compañero –soltó divertido –y vamos, con todos tan comunicadores, tuve tiempo de ponerme al día ayer, el hecho de que el jefe del Departamento sea tu padre, y no lo supieras –negó.
— ¿Eso qué tiene que ver?
—Bueno, supongo que tener a papi como jefe te trae buenos beneficios ¿no es así? –se burló –como información sobre un nuevo compañero, antes de que se autorice.
—A mí se me informan las cosas como a todos los demás, no antes, pero claramente sí después –frunció el cejo, confundido.
—Como digas, pero soy tu nuevo compañero, sino quieres que me ponga al día, bien, veamos si puedes tú solo con todo ese trabajo –se llevó los brazos detrás de la cabeza y se recargó en el respaldo de su silla.
James por su propio bien, bloqueó a la persona frente a él y comenzó a revisar las cosas que tenía pendientes, tenía ya bastante tiempo que no tenía un compañero, porque con ninguno se acoplaba, "ya que era demasiado estúpido en los asuntos sociales", y los atrasaba en el trabajo, lo cual no entendía, ya que era el que más casos resueltos tenía, como fuera, su padre le había permitido trabajar solo.
Cielos, ¿eso significaba que el extraño tenía razón y él tenía privilegios solo porque su padre era el jefe y también su padre? Sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento antes de que se hiciera más grande de lo que realmente podía ser.
—Oye, James –le habló uno de sus compañeros, acercándose a él –se supone que él tendría que estar trabajando también, no holgazaneando, estás a tope con todo, por eso tu padre…
—El jefe Potter –corrigió el castaño, frunciendo el cejo.
—Claro, por eso el jefe lo designó como tu compañero –señaló al chico que fingía dormir.
—A mí no me dijo nada –respondió, en un tono como de niño regañado.
—Pues esas fueron las órdenes que dio, así que ponlo a hacer algo…
—No, puede quedarse aquí sin hacer nada, que el jefe se encargue de él cuando termine su junta y lo coloque con otro compañero.
Se puso de pie, se colocó su túnica y sujetó un par de pergaminos, para dirigirse al atrio y salir a una de las locaciones que necesitaba revisar.
—Se enfadará bastante, sabes…
—Él no puede esperar que lleve a un desconocido conmigo.
—Es tu nuevo compañero.
—No oficialmente –soltó avanzando rumbo la puerta.
—Kaplan –ordenó el otro auror –sigue a tu compañero ahora mismo.
—Yo no soy quien va a meterse en problemas –se burló –déjalo hacer lo que tenga que hacer, siempre puedo decirle al jefe que su hijo es un caprichoso y se fue con su noviecita a pasarla bien –comentó sin abrir los ojos.
—Entonces el jefe sabría que mientes –soltó el auror –principalmente, porque James tiene novio, no novia.
Kaplan observó al castaño que apenas había llegado a la puerta del Departamento, bastante sorprendido y observó a su otro compañero.
—No –se burló –en serio le van los tipos –rió divertido –bueno, es demasiado bonito no sé, no tiene el tipo de alguien normal.
—Lo que sea, no estás aquí para calificarlo si es bonito o guapo, si es normal o no, es de los mejores aurores.
—Eso lo dejaremos en un veremos –se burló Kaplan.
—Sé que eres el mejor de dónde vienes, por eso el jefe Potter te trajo y te puso al cuidado de Potter.
—Su hijito –le recordó.
—Como quieras –soltó enfadado y se alejó.
James llegó al atrio del Ministerio, se detuvo cuando escuchó la voz de su padre, así que se giró para enfrentarse a su padre, bueno, en ese lugar era su jefe más que su padre, o así quería verlo James.
—Sirius Potter, ¿dónde demonios está Kaplan? –Cuestionó.
—Kaplan –repitió –en el Departamento de Aurores, esperando por órdenes –comentó –tuyas.
—Maldita sea –refunfuñó –sígueme –ordenó.
—Tengo cosas que hacer, si me retraso…
—Dije que me sigas, no que te pongas a darme excusas, ahora mismo, James.
El castaño suspiró y se apresuró a seguir a su jefe de regreso al Departamento, vio el rostro del chico hacer una mueca de diversión al verlo entrar después del jefe.
—Kaplan, Potter, a mi oficina, ahora mismo.
—Sí, jefe.
Kaplan se puso de pie para caminar junto con James, incomodándolo a propósito, y disfrutándolo por completo, cerró la puerta una vez que los tres estaban en la oficina de Harry Potter.
—Olvidé este maldito problema –dijo Harry –James, él es Alper Kaplan –informó –ha sido transferido al Departamento por petición mía, y es tu nuevo compañero –se encogió de hombros.
—Pero… no habías dicho nada ¿por qué? Además, no necesito un compañero –soltó tajante.
—Desde luego que lo necesitas, he visto tu escritorio, odias que esté así, necesitas ayuda, lo aceptes o no.
—No, lo que menos necesito es a otra persona diciéndome lo estúpido que soy respecto a este trabajo.
—Él no…
—Claro que sí, todos dicen que la única razón por la que sigo siendo auror es porque soy tu hijo –respondió, observando a Kaplan.
—Él no lo piensa, ¿cierto, Kaplan? –hizo un ademán, para que lo apoyara.
—No –informó.
— ¿En serio? Porque recuerdo que mencionaste "supongo que tener a papi como jefe te trae buenos beneficios ¿no es así?" –lo citó.
—Ah, cierto, sí dije eso, pero ese comentario terminó con un "como información sobre un nuevo compañero, antes de que se autorice", más no ser parte del equipo.
— ¿Saben qué? –Harry se pellizcó el tabique nasal, para relajarse –están en lo correcto, soy el jefe de este maldito Departamento, así que tú –señaló a su hijo –te llevarás a Kaplan, porque te guste o no, es tu nuevo compañero y tú –señaló al recién llegado –no saques conclusiones estúpidas antes de conocer a las personas –observó a su hijo –ve, James –ordenó –los dos, y si lo dejas fuera, te quedarás fuera también –le advirtió.
Los dos chicos salieron de la oficina, uno divertido y el otro completamente frustrado por todo lo ocurrido, no le gustaban los cambios en las rutinas, no le agradaban las personas nuevas, conocer a alguien significaba socializar, y él era un imbécil para eso, aunque, al final del día, Kaplan pediría su cambio de compañero, como los demás, así que no tenía de qué preocuparse, no tendría problemas ¿entonces porque la urticaria mental no se le iba y en cambio, incrementaba el escozor?
Llegaron a la dirección que el pergamino le indicó, James avanzó en silencio, y su compañero también, así que le hizo fácil olvidarse de que iba acompañado, comenzó a revisar el lugar, sin perder el tiempo, y Kaplan imitó al castaño, dedicándole una mirada de vez en cuando.
—Ya, sé que no te agrada la idea de que sea tu compañero, pero ¿realmente es necesario que actúes como un imbécil al respecto?
—No estoy actuando –soltó en tono seco.
—Ah, así que eres un imbécil –soltó divertido.
James se quedó callado, apretó la quijada ¿qué se suponía que tenía que contestar a aquello? Le había dicho que era un imbécil, así que una parte de él, suponía que tenía que ser cierto ¿por qué decirlo de no ser el caso?
—Es mejor dedicarse a trabajar –informó.
—Ah, vamos –lo sujetó del brazo –estoy de acuerdo en que no tenemos que socializar, ni ser los mejores amigos, pero del lugar en el que vengo, hacemos las cosas bien, somos compañeros ¿cómo sé que puedo confiar en ti? –Preguntó.
—Yo no confío en ti –informó –no te conozco, eres un extraño.
—A eso me refiero –aceptó –tenemos que crear un vínculo, te guste o no, tenemos que confiar uno en el otro, nos guste o no, tampoco es como si fuésemos a ir a cenar, o te invitaría a mi vida privada.
—Tú cuidas mi espalda, yo la tuya, punto final.
—Claro, pero ¿cómo sé que no vas a traicionarme si alguien nos ataca? –frunció el ceño.
—Te acabo de decir que cuido tu espalda, tú cuidas la mía –le repitió, dándose la vuelta.
—Eso no es suficiente para mí –informó.
James se llevó la mano al cabello, revolviéndolo en un acto de frustración, eso era lo que odiaba de los extraños, siempre pidiéndole más de lo que él podía ofrecer ¿por qué no podían simplemente conformarse con su palabra?
—No sé lo que quieres –admitió.
—Claro ¿qué no es obvio? –se burló.
— ¡No! No es obvio, al menos no para mí, sino puedes expresar lo que quieres con palabras, no me confundas ¿bien?
Kaplan soltó una risa divertida por la actitud del castaño, simplemente su actitud era bastante ridícula, se estaba comportando como un loco solo porque no le agradaba que fueran compañeros.
—Estás… -negó –digo ¿en serio? ¿Eres una chica acaso?
—No, no lo soy –soltó confundido.
—Entonces ¿no eres tú la chica en tu relación con tu novio? Digo, eso de "si no puedes expresar lo que quieres con palabras" no te vuelve la chica ¿qué te vuelve? –Sonrió burlón –no somos una pareja ni me estás reclamando…
— ¡Oye tú! –Gritó James.
Kaplan se giró a ver al hombre que salió corriendo de un pequeño espacio entre las paredes de unos edificios, observó a James, que en algún momento había perdido aquel toque desesperado y frustrado, por uno serio y completamente ajeno a lo demás, llevó su mano al porta varitas dentro de su túnica, pero no fue suficientemente rápido, ese tipo solo era la distracción para que el que estaba de espaldas a James saliera de su escondite, la luz verde golpeó la espalda del castaño, derribándolo.
La luz roja del hechizo del chico en el suelo no golpeó a ninguno de los tipos que estaban escapando, Kaplan maldijo por lo bajo, observó a su compañero que se estaba poniendo de pie, pero no pudo del todo, así que lo ayudó.
—Vamos a San Mungo –informó Kaplan, para nada alegre.
—Debiste ir tras ellos –lo reprendió James.
—Sí, bueno, no estamos en sincronía, así que no me culpes.
Alper Kaplan se recargó en la barda, cruzándose de brazos mientras el medimago atendía al castaño, que estaba respondiendo literalmente lo que preguntaban, su vista se desvió cuando una pelirroja se acercó corriendo.
—James, ¿estás bien? –Cuestionó angustiada.
—Sí, el medimago ya me dijo que no es nada –comentó.
—Claro, pero ¿cómo te sientes?
—Me duele la espalda –informó –una poción lo solucionará, eso dijeron.
—Le dije a tu padre que necesitabas un compañero –las manos de la joven se posaron en los muslos de las piernas del castaño –no puedes seguir este camino tú solo –informó.
—Shev –comentó –no le vas a decir a Scorpius que estoy aquí ¿verdad?
—El Sanador lo hará, necesitas descansar, al menos hoy, enviaré la nota a tu padre personalmente –le sonrió.
—No le digan a Scorpius, no quiero que se preocupe.
—James, no puedes irte solo a casa…
—Yo lo llevaré –informó Kaplan, asustando a la pelirroja.
—Pero ¿tú eres? –Cuestionó.
—El nuevo compañero de tu… -hizo una pausa –de James.
—Claro ¿podemos charlar un momento fuera? –Sonrió.
—Bien.
Kaplan siguió a la chica fuera del consultorio y elevó una ceja, ella se giró enfadada hasta él.
—Si eres su compañero ¿cómo es que terminó atacado por la espalda? –Entrecerró los ojos.
—No me gusta cómo suena esa pregunta, suena a acusación, a todo esto ¿él no sale con un hombre? Estás muy preocupada ¿no crees?
—Él es bastante especial para mí –le informó –James no es como nadie que hayas conocido, pero creo que por ese enfado, ya lo sabes.
—Claro, me tocó con un imbécil, que actúa como un niño solo porque papi no lo complació en despedirme.
—James no actúa –informó.
—Sí, eso dijo, así que es un imbécil –se burló.
—Tampoco, él simplemente, no comprende la interacción social como tú o yo lo hacemos –lo observó –es complicado al inicio, pero una vez que él te deja acceder a su mundo –sonrió –no hay forma de no amarlo.
—Ah, estás enamorada de él –negó –es un rompecorazones en ese caso –se burló.
—Mejor deja de ser tú el imbécil, y no lo juzgues solo por hacerlo, ni siquiera tú eres capaz de ser inmune a él –le sonrió.
—Yo creo que estás por el lado equivocado.
—No hablo en el aspecto amoroso –se corrigió –lo siento.
