Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
La mirada de Scorpius se posaba seguido en Alex, que estaba devorando como era su costumbre, poco le importaba que James le dijera que comiera como una persona normal, no, él seguía aspirando la comida más que degustarla, como se supone tiene que ser, aun así, la charla con Lily y Ted seguía en su mente, ¿cómo alguien que come como cerdo puede tener unas abs de acero?
— ¿Y bueno, cómo te fue con ese nuevo compañero del trabajo? —Cuestionó Alex, quitándose un poco de comida de la boca.
—Trabaja –contestó como todo, James.
—Eso no me dice nada, y necesito algo más que simple comida para alimentarme y lo sabes, soy un chismoso.
—Ah, eso sin duda –bromeó Scorpius divertido.
—Él lo comprende, ahora dime algo más que el simple "trabaja", ¿qué clase de persona es?
—Una persona trabajadora, eso es lo que es, le gusta trabajar, en horario laboral trabaja.
—Claro –puso mala cara Alex –pero, ¿de qué hablan mientras trabajan? Ya sé que normalmente tú eres muy callado y reservado, pero ¿él platica de algo?
—No, él no habla, yo no sé crear conversaciones con gente nueva, lo sabes ¿por qué me interrogas, hice algo malo?
—No, pero para que lo pongas a la mesa, dime ¿qué hiciste?
—Solo fui yo, cuando lo conocí, no le interesa ser mi amigo ni conversar en el trabajo de algo que no sea de trabajo.
—Mmm… es demasiado apático –frunció el cejo Alex, llevándose la mano a la barbilla –sino se rindió con tu cara, debió hacerlo con tu personalidad.
—Alex –lo nombró James, serio –no le caigo bien a las personas ¿recuerdas eso?
—Entonces debo ser un orangután, porque a mí me caes de maravilla –lo observó –pero sí eres un poco difícil de acceder, siempre tienes esa barrera invisible a tu alrededor, deberías ser amable e intentar hacer las paces con tu nuevo compañero.
James se levantó de la cama una vez que Scorpius se quedó profundamente dormido, sabía lo mucho que odiaba que no durmiera por quedarse trabajando, pero aunque se hubiese quedado en cama no iba a poder dormir, lo sabía, su mente se la pasaba cosquillando respecto a Keller, no le agradaba para nada la idea de que estuviese suelto, no quería que ninguna otra familia sufriera el dolor de perder una hija en esas circunstancias.
Se recargó en el respaldo de la silla de oficina que Alex le había regalado por simple gusto, y aquello también lo tenía inquieto, no había contestado el obsequio, así que debería hacerlo pronto, sus ojos azules se posaron en el reloj sobre la mesa-escritorio, eran las seis y cuarenta de la mañana, y su novio despertaría en cualquier momento, así que se puso de pie y avanzó al cuarto.
—Ah, despertaste temprano –bostezó Scorpius al verlo cerrar la puerta.
—Voy al baño –comentó y salió de nuevo.
Las mentiras no eran lo suyo, nunca lo habían sido, pero tenía que encontrar una forma de hacerlo, no quería involucrar a Scorpius en algo tan peligroso como lo era la búsqueda de Sebastian Keller.
—Oye, cariño, estaba pensando en ir a París a buscar algo para el bautizo de Liv –le dijo Scorpius entrando al baño sin tocar para orinar –y estaba pensando en que como es tu día libre…
—De hecho iba a ir a ver a tu papá, por un caso –informó apenado, mientras apretaba el lavamanos con un poco más de fuerza y evitaba observar a su novio, aunque por fortuna, este le daba la espalda –como no me dijiste que tenías planes para nosotros, yo…
—Ah, no te preocupes, siempre puedo conseguirme a alguien con buen gusto –soltó en un tono despreocupado.
—No estás enfadado, ¿cierto? –Se giró a observarlo.
—Claro que no, pasarás la mañana con papá, y no sé en qué momento comenzaste a agradarle tanto.
—Desde que puede molestar a tu abuelo diciéndole que tienes un novio.
—Ah, sí, esa conducta es muy de mi padre, sigue siendo un niño –se colocó junto a él y lo empujó suavemente para que le dejara lavarse las manos –aunque ¿sabes qué me dejaría más tranquilo al respecto?
James lo observó atento, intentando encontrar la respuesta correcta a la pregunta de su novio, y su cara de preocupación casi pánico debió ser muy obvia, porque el rubio suspiró agotado.
—No te preocupes, era una tontería, veré si tu hermana tiene tiempo para ir conmigo a buscar a París algo, llevaremos a Liv, su primera salida del país y con su padrino, qué genial.
—De acuerdo, diviértete mucho, antes de irte ve a Gringotts y saca un poco de dinero de mi cuenta y no de la mutua que tenemos, yo también soy el padrino, y no estoy apoyándote mucho en los planes.
—Sabes, llevaré a alguien con mejor gusto que Lily y yo juntos.
James asintió y se dirigió a la ducha sin darle mucha importancia, y sin percatarse de la mala cara que había puesto su novio al ni siquiera intentar averiguar qué lo tranquilizaría ese día.
James salió primero de su apartamento que su novio, se despidió con un suave beso que no fue correspondido, pero no prestó mucha atención a ese detalle.
La mansión Malfoy estaba más callada de lo normal, así que cuando apareció el duende y le informó que Draco Malfoy no estaba en casa, tuvo que marcharse bastante decepcionado de no poder interrogar al padre de su novio sobre magia oscura.
La mujer pelirroja se detuvo frente a él claramente sorprendida de verlo ahí, para nadie era un secreto que ella tenía un enamoramiento platónico por él, así que sus compañeras se observaron de una a otra, con una sonrisa cómplice, desde luego también sabían que el castaño era pareja de Scorpius Malfoy, entonces ¿qué hacía en San Mungo, buscando a Elisheva?
—Según por lo que me dijo la jefa de Sanadores, estás por salir a tu hora de almuerzo –habló en un tono tranquilo.
—Sí, en quince minutos salgo a mi hora de almuerzo –aceptó.
—Bien, ¿quieres almorzar conmigo? –Se encogió de hombros, haciendo una mueca que hizo que las chicas se derritieran sin proponérselo –aunque realmente no tengo hambre, pero –la detuvo –no me molestaría verte almorzar, así que ¿qué dices? –Le sonrió.
—De acuerdo, puedes esperar en mi oficina, si quieres.
—Ah, no, me quedaré por aquí, vagando –agradeció.
—Bien.
Las chicas se alejaron cuchicheando sobre algo a lo que él no prestó mucha atención, sus quince minutos los ocupó vagando por San Mungo, haciendo que algunos de los residentes lo observaran, si no estaba ahí por alguna enfermedad, estaba ahí por alguien.
—Sigues aquí –lo sacó de sus pensamientos Elisheva.
—Lo estoy, dije que te esperaría –le recordó, haciéndola sonreír.
—Y aquí sigues –admitió contenta –así que ¿a dónde piensas llevarme a almorzar?
—A donde tú quieras ir.
—Voy a salirte muy cara –le informó riendo.
—Descuida, mis padres insistieron en hacerme un fondo que crece constantemente con parte de mi salario –se encogió de hombros.
—Bien, bien, pero cuéntame ¿a qué debo tu visita repentina?
—Necesito hablar contigo –suspiró –el señor Malfoy estaba primero en mi lista, pero está bastante ocupado.
—Bueno, ser el número dos en la lista, no está tan mal, siempre y cuando sea la tuya –se encogió de hombros –pero vayamos, mis minutos de descanso se acortan.
James y Elisheva fueron hasta el caldero chorreante, pero la chica se dirigió al callejón Diagon, así que el castaño la siguió sin decir ni una sola palabra, le había dicho que ella elegiría y respetaría su propia palabra.
—M—
Scorpius caminó enfadado por toda la calle exclusiva de ropa y túnicas de bebés y niños, pero iba bastante enfadado, así que logró irritar a su acompañante, que no hizo más que poner los ojos en blanco, tal parecía que se le estaban pegando algunas mañas de su novio.
—Scorpius –lo llamó Alex –en serio, si me trajiste a París solo para estar de mal humor, me hubieses evitado caerme de bruces en el traslador.
—Dime ¿para qué te traería a París? ¿Para romancear contigo? –Se burló el rubio.
—Dijiste algo de comprar algo para el bautizo de Olive Lupin, así que si vas a estar de mal humor, que por lo menos sea mientras elegimos algo, hemos recorrido esta calle al menos quince veces, y te apuesto que no has visto realmente nada.
—Ya, bien, bien, te traje aquí para que me ayudaras ¿ya viste algo bueno? –Lo cuestionó.
—Sí, cuadra abajo, hay algunos lugares que se ven bien.
—Bien, pues vayamos.
Scorpius se dirigió a la dirección contraria de su amigo, y tuvo que regresarse casi corriendo cuando Alex negó avanzando a grandes zancadas a la otra dirección.
—Ya dime, ¿qué rayos te tiene de ese humor?
—Bueno, quería sexo con mi novio esta mañana, y no pasó –informó enfadado, mientras acompañaba todo con una mala cara.
—Me es extraño, él jamás está de poco humor para eso contigo –frunció el cejo.
—Bueno, ha estado bastante extraño últimamente, más de lo normal –observó a Alex, él debería saber lo que le pasaba a James.
—Scor, Jamie es normalmente extraño, eso no dice nada.
—Ha estado escabulléndose de la cama cuando cree que duermo y regresa poco antes de que se supone que tengo que despertar.
—Pero ¿sale de casa? –Lo observó, preocupado.
—No lo sé, yo no salgo de la habitación, si lo hago y sigue en casa escuchará la puerta, y no quiero que sepa que sé que se escabulle.
—Me quedaré en su casa un día de estos, yo lo haré.
—Gracias, pero ¿entonces no te ha dicho nada?
—Absolutamente nada –admitió Alex –y si está ocultando algo, tiene que ser serio.
—Gracias, al menos ahora sé que no estoy exagerando las cosas, tiene esa estúpida manía de querer ocultar las cosas, hoy, por lo menos irá con papá, al menos no tendré que preocuparme porque este haciendo algo estúpido –sonrió.
Una vez que sacó sus dudas con Alex, Scorpius pudo relajarse, normalmente tendría que preocuparse, porque si su novio no acudía a su mejor amigo tampoco, significaba que había muchas banderas rojas, pero estaba emocionado por haberle atinado a algo real, que James estuviese realmente extraño, y no fueran sus alucinaciones, como otras veces en el pasado.
—Por otro lado –habló Alex –dime, ¿qué con el nuevo compañero de James? –Lo observó.
—Bueno, siendo honesto, no sé qué esperar, es extremadamente sexy, pero es todo un machito como tú –se encogió de hombros.
—Hetero –cuestionó Alex, pero no sonó a pregunta.
—Sí, uno de esos –restó importancia.
—Claro, entonces ¿qué te preocupa? James no es de la clase de personas que se fija en otra tan fácilmente mientras está saliendo con alguien, y menos si es hetero.
—Bueno, no vas a negarme que tiene una atracción inexplicable por Elisheva, ¿no? Y ella es hetero, de hecho, me sugirió un trío ¿puedes creerlo? –Gruñó –quizás no me preocupo por el nuevo compañero, pero por ella –silbó indignado –sé que nos ayudó mucho con lo de Lily, pero que esté detrás de mí hombre, no me gusta para nada, lo escuchas, para nada.
—Elisheva es guapa, pero no te engañará con ella, primero tienes que dejarlo, para que él pueda desenfocar su vida entera de ti.
—Ah, eso suena tan hermoso, ¿por qué no puede decirlo él? –negó.
—Sabías como era él antes de estar en una relación, no vengas a decirme que no pensaste que él cambiaría por el poder del amor.
—Suena estúpido cuando lo dices en voz alta –admitió serio.
—Pongámoslo así, Scor, te enamoraste de un radio descompuesto, no esperes que un radio descompuesto se convierta en televisor último modelo.
—Dime, Alex, ¿es tan malo que quiera que me diga que me ama? Por lo menos una vez –soltó enfadado.
—James no es de decir, pero sí de hacer y demostrar ¿no te ha demostrado que te ama todos estos años? –Cuestionó Alex.
—Sí, pero… lo dices porque para ti es diferente, es tu amigo, no tu pareja –le recordó –si a ti no te dice que te quiere, está bien, es solo tu amigo, pero si fuera tu novia y jamás lo dijera ¿qué harías?
—Decírselo yo –se encogió de hombros –lo he hecho, pero no hay respuesta de su boca.
El día de Scorpius y Alex fue bastante productivo, incluso el rubio estaba pensando en invitar a Madam Malkin al bautizo solo para que pudiera admirar que había cosas mejores que las que ella vendía en su tan anticuada tienda de túnicas que desde hacía mucho ya no eran para toda la ocasión, por lo obsoletas y malos modelos que tenía, observó a Alex, que se acercó a pagar por la pequeña túnica de bebé.
Una vez que llegaron a Inglaterra, Scorpius dirigió a Alex a la casa Lupin-Potter, no iba a ser el único de mal humor, así que se vengaría con Ted, provocándole por unas horas unos grandes celos, Lily decía que no, pero Alex seguía provocándole algo, quizás más instintivo como atracción sexual, pero algo era algo.
—Hola, hola ¿cómo va todo? –saludó Scorpius en un tono amable fingido, haciendo que la pareja volteara.
La cara de Ted fue automática, tal parecía que su cerebro olvidó informarle a su cara que no debería mostrar esa mueca de desagrado, que nunca antes –de enamorarse de Lily- le había puesto a Alex.
—Hola –saludó Alex, fingiendo indiferencia por la cara de Ted.
—Hola, Scor, Alex ¿cómo están?
Lily se puso de pie y fue hasta los chicos, los abrazó y besó en la mejilla, pero Scorpius se las arregló para que pareciera que la pelirroja demoraba más en soltar a Alex, provocando que la mala cara de Ted se incrementara.
—Bien, bien –soltó Alex, más tranquilo por el buen recibimiento de Lily –veníamos a mostrarles la túnica.
—Bien, ¿la encontraste? –Cuestionó Lily a Scorpius.
—Sí, lo hice.
—Liv, pero cada vez estás más hermosa, justo como tu madre.
El chico se acercó a la bebe que jugaba tranquilamente con sus manos, le sonrió y le estiró los brazos, haciendo que Alex se la quitara a Ted y la alzara, el metamorfo no dijo nada, pero que su hija pareciera agradarle el chico también, no le agradó para nada.
—Vaya, es hermosa –soltó Lily fascinada por la túnica –Scor, pero… esto debió salir carísimo.
—Por favor –hizo un ademán restando importancia al hecho –es mi sobrina y será mi ahijada, ella merece todo el mundo –le informó –tanto, que podría volverme un mago tenebroso para darle el mundo entero.
—Ya con el padre tenemos –murmuró Alex.
—Yo soy su padre –soltó Ted, enfadado.
—Por eso –informó –solo mírate, estás tan enfadado, que parece que quieres arrancarme la cabeza o hacerla explotar.
La confrontación pareció gustarle a Scorpius, porque soltó una risita fastidiosa, que todos distinguieron, así que Lily lo golpeó fuertemente en el estómago, logrando controlar los ánimos y haciendo que Alex y Ted rieran divertidos y contagiaran a Liv, que rio igual.
