Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Hola, pocas veces ya, dejo información extra aquí, solo quería decirles que decidí cambiarle el nombre a la historia, ya tenía tiempo queriendo hacerlo, pero no me había decidido, y hace unos días escuchaba una canción que se llama así: "Stupid Things", y le va muy bien a la trama de esta historia, gracias por todo el apoyo.
El silencio se hizo bastante prolongado, la comida de la chica ya había sido servida, pero el joven castaño sentado frente a ella seguía en silencio, con una apariencia bastante seria como si no se atreviera a preguntarle algo, o a decir la verdadera razón por la cual la invitó a comer en primer lugar.
—Sabes que puedes confiar en mí para lo que sea, ¿cierto, James? –Sonrió encantada, intentando darle un poco de valor.
—Sí, lo has dicho muchas veces desde que nos conocimos –admitió él, removiéndose intranquilo.
—Descuida, creo que he comprendido bastante bien que no importa cuanto pueda intentar conquistarte, no podré hacerlo ni en esta vida, ni en las demás, o puede que en alguna de ellas –sonrió.
—No lo digo por eso –la observó.
El estómago de Elisheva se sintió más pesado de lo normal, no era porque la comida le hubiese caído mal o algo por el estilo, la sensación se acompañó con un fuerte escalofrío que recorrió toda su columna vertebral y sus brazos, sin duda él le fascinaba, pero comprendía que para James Sirius, no existía ninguna persona, salvo Scorpius Malfoy para él, de forma sentimental.
—Entonces, ¿por qué lo dices? –Preguntó conteniendo el aliento.
—Acepto que nos ayudaste mucho en el caso de mi hermana, con su embarazo y a salvarla, pero… ¿de dónde exactamente conoces a Sebastian, Elisheva?
—Pensé que el caso estaba oficialmente cerrado –contestó en un tono serio, cerrándose por completo.
Si Elisheva hubiese sabido las razones que había tenido James para invitarla a comer, realmente se habría negado desde el primer instante, pero ahora era demasiado tarde, estaba completamente dispuesta a no contestar nada referente a Sebastian Keller.
—Lo está, oficialmente lo está, pero que el Departamento no lo esté investigando más, no quiere decir que yo lo dejara en el olvido, no puedo y no lo haré.
—James, puedes desgastar tu tiempo y esfuerzo en esto, pero no tendrás resultado alguno –contestó incómoda.
—Sé que es difícil encontrarlo, pero no voy a dejar de intentarlo, Elisheva, así se me vaya la vida, voy a buscarlo piedra por piedra, iré hasta lo más profundo de los océanos, pero voy a dar con él.
—Pues buena suerte en tu odisea –sonrió incómoda, observando de un lado a otro, deseando porque el tiempo avanzara más rápido y pudiese regresar al trabajo.
—Sé que puedes ayudarme, pero ¿por qué no quieres hacerlo?
—Las cosas son más complicadas de lo que tú piensas, James, digamos que tú vives en un cuento de hadas, pero el mundo es más siniestro y oscuro de lo que realmente la mayoría ve, adentrarte a ese tipo de lugares, nunca es bueno, y por lo que veo, has dado los primeros pasos, retrocede ahora que puedes, porque no creo que quieras perder todo lo que es importante para ti, todo lo que amas.
— ¿Eso es una amenaza, una advertencia o un consejo? –Preguntó confundido.
—Lo es todo, no me gustaría verte recorriendo esos caminos, James, sé que nunca vas a poder corresponder mis sentimientos, pero te equivocaste conmigo, realmente no soy la clase de chica que cae rendida y hace la voluntad de la persona que le gusta y llega a amar, no voy a ayudarte a recorrer ese camino, ¿lo comprendes?
—Solo te pregunté que de donde conoces a Sebastian, no si la noche es oscura y llena de terrores.
Elisheva sonrió encantada. —Eso es de lo que más me encanta de ti, tu tonta valentía.
—Yo no soy valiente –corrigió él.
—Claro que lo eres, normalmente las personas valientes, como las inteligentes, desconocen que lo son, pero si no eres valiente como dices, dime entonces ¿por qué estás corriendo directo a la nada?
—Sebastian Keller asesinó a cientos de chicas, buscando engendrar un obscurus, Elisheva –sacó algo de su túnica y se lo mostró, el rostro de la pelirroja se puso blanco por las imágenes demasiado gráficas frente a ella –mi hermana pudo ser una de ellas, pudo terminar así –señaló la foto.
—Sí, pudo, pero no lo hizo –lo observó –convencí al demonio mismo de no hacerlo, solo porque tuve un tonto enamoramiento a primera vista contigo, James –le sonrió –pero yo sé hasta dónde llegan mis limitaciones, no sacrificaré mi alma, ni la de alguien que amo, así que, si sabes realmente lo que te conviene, deja a Sebastian Keller en paz.
—Claro, para que en un tiempo, las chicas vuelvan a desaparecer, hasta que un día decida venir por mi sobrina y destruir todo a su paso –negó –no voy a hacerlo, es tu decisión si no quieres ayudarme, pero no entonces, de ahora en adelante, cada chica que él sacrifique, estará en tu conciencia también.
—Voy a permitirte este ataque por que claramente no sabes lo que haces, James Sirius –contestó en un tono serio –pero ten en claro algo, las personas no pueden detener el curso de la vida misma, cosas malas pasan todos los días, hay gente mala y gente buena, inocentes sufriendo, pero el destino es imparable.
La chica se puso de pie sin siquiera haber tocado su comida, se dio media vuelta y usó la chimenea del Caldero, el primer pensamiento de James que cruzó por su mente, es que iría a ver a Sebastian, ¿por qué lo protegía tanto? No podía comprender absolutamente nada, su actitud al hablar de Keller era sospechosa.
James regresó a su apartamento, era su día libre y por primera vez en semanas no lo pasó con Scorpius, esa sensación de poca libertad lo abrumó un poco, pero se distrajo a sí mismo cocinando algo para comer, no tenía hambre, pero saltarse los alimentos no eran algo que fuese en su rutina diaria, esperó un tiempo prudente y al ver que ni Alex ni Scorpius llegaron a la hora de comer, decidió hacerlo solo, revisando los documentos del caso Keller, buscando pistas, releyendo lo que él había encontrado en los últimos meses, que no era mucho en realidad, pero algo es algo.
La noche llegó sin que él se percatara de ello, la llegada de Scorpius coincidió con su necesidad de preparar un té para distraerse un poco y poder descansar unos minutos su mente estresada y mejorar su concentración.
—Hola –saludó tranquilo, haciendo que Scorpius se girara hasta él.
—Ah, estás aquí, te hacía con papá todavía –contestó en tono serio.
—No estaba ahí, fui a verlo pero estaba ocupado.
—Extraño, ¿no se desocupó en todo el día? –Elevó una ceja.
—No lo sé, no quise molestarlo.
—Por eso fuiste con Elisheva, supongo, ¿no?
James se congeló, no comprendía como es que su novio se había enterado de eso si él estaba en París, comprando la túnica para el bautizo de Liv.
—Bueno, yo… tenía ganas de verla –mintió.
—Bien –asintió –estoy cansado, iré a dormir.
— ¿No vas a cenar? Puedo…
—Cuando las personas están cansadas, lo mejor para ellos es descansar, así que eso haré, tú sigue en lo tuyo.
—De acuerdo, descansa.
Scorpius le dio la espalda y se alejó enfadado, a veces odiaba el hecho de que James fuese demasiado transparente en algunas cosas y tan impenetrable en otras, no lo comprendía a pesar de todos los años que tenían juntos, y el peso emocional estaba pesando demasiado en él, si las cosas seguían así, terminaría hartándose de la situación, y se marcharía sin pensarlo dos veces.
James entró a la habitación un par de horas después, no le habló porque lo hizo dormido, el colchón se hundió bajo su peso, lo sintió acercarse a él para abrazarlo, pero Scorpius fingió moverse, así que el castaño desistió de hacerlo, el calor junto a Scorpius lo hizo tranquilizarse y olvidar por un momento su cólera, tanto, que por fin pudo quedarse dormido, sin percatarse que unos minutos después, su novio se volvió a poner de pie, para salir del cuarto.
—M—
Teddy se había quedado dormido en la silla mecedora del cuarto de Liv, mientras le leía un cuento, los días en el trabajo habían estado pesados, y no había podido descansar como se debía, observó en dirección a su hija cuando se despertó con un gran sobresalto, cuando escuchó a alguien gritar, la pequeña estaba dormida plácidamente, tenía un sueño bastante pesado, por fortuna.
Se agachó por el libro de Beedle el Bardo que había tirado al suelo al incorporarse tan de golpe, y se recargó en el respaldo para poder tomar otra siesta, pero el golpe en las escaleras lo hizo sobresaltarse otra vez, así que se incorporó, echó otra mirada rápida a la niña dormida y salió en busca del ruido.
El metamorfomago se apresuró a bajar corriendo cuando vio a Lily sobre las escaleras, pensó que estaba inconsciente, así que bajó más aprisa y fue hasta ella, sujetándola con cuidado.
—Lily –la llamó.
La joven levantó la vista hasta él, tenía los ojos nublados por el llanto, pero iban de un lado a otro, con la respiración agitada, se aferró a sus manos, intentando usarlo para ponerse de pie, sin tener éxito, se aferró a sus hombros intentando obtener el impulso necesario pero ese estado de frenesí le impidió lograr su cometido.
—Liv –pronunció desesperada –Ted, ¿dónde está Liv?
—Está dormida en su cuna, Lily, calma, ¿qué pasa? –La cuestionó sujetándola del rostro.
La joven se alejó de él, con un ligero movimiento y aunque le costó, usó el barandal para ponerse de pie, subió con un poco de trabajo hasta la habitación de la pequeña Liv, así que Ted la siguió, confundido por su actitud.
—Tranquila, cariño, mamá está aquí.
Ted frunció el cejo cuando vio que Lily tomaba a la niña en brazos y esta estaba despierta, era imposible que el ruido la hubiese despertado, así que aquello le dejó una extraña sensación.
—Lily, ¿qué pasa?
—Nada –contestó en un tono seco –solo una pesadilla.
Ted no discutió ni agregó más al tema, ni siquiera se quejó cuando la pelirroja decidió pasar la noche en la habitación de Liv, esta vez no evitándolo, sino que algo le preocupaba, y no quería hacerlo parte de ello.
Lily no pegó el ojo en toda la noche, estaba demasiado preocupada por el sueño que había tenido, y es que cuando se trataba de Sebastian Keller, todo en ella se ponía alerta, aunque fuese un simple sueño como aquel, no había entendido nada, no sabía a qué se refería con su «sino lo detienes, me llevaré a Olive». ¿Detener a quién exactamente? No lo sabía, pero estaba aterrada.
Se levantó del sofá apresurada, pero se relajó al ver a Ted entrar, arreglándose el cordón de su túnica del trabajo, su cabello castaño se volvió púrpura al verla, le sonrió así que se acercó a ella.
—Buenos días, amor –se inclinó a besarla.
El contacto fue tan suave y dulce, que lo sujetó para que no se alejara de ella, quería estar acurrucada contra él, sentirse segura, el rio dulce y la estrechó más fuerte.
—No vayas a trabajar, quédate conmigo –suplicó.
—Suena bastante tentador, pero tengo que trabajar, ¿o cómo sobreviviríamos?
—Puedo mantenerte sin problemas –le contestó –y con lo de tus fotos, podrías mantenerte sin problemas.
—Creo que sabes que no quiero que sepan que soy Mangetsu –le recordó –y sobre lo otro, no me sentiría cómodo, necesito sentirme al menos un poco útil.
—Cierto.
—Pero si te hace sentir más segura, hoy me quedaré en casa, iré a mandar una lechuza.
—Gracias –sonrió.
Ted tardó lo suficiente en volver, que cuando lo hizo, Lily dormía con Liv en brazos, mientras la pequeña seguía succionando del pecho de la joven pelirroja, que ni siquiera se inmutaba ante eso.
Sonrió encantado, dejó que la bebé terminara de alimentarse, sacó el aire y la recostó sobre la cuna, mientras le hablaba como retrasado y le hacía muecas que ella no comprendía del todo, pero le sonreía para no hacerle sentir estúpido, o eso pensaba él.
Colocó los hechizos de protección, se guardó el monitor en la túnica y tomó a Lily en brazos y la llevó hasta su habitación, dejándola descansar mejor en la cama, la habitación de Liv no era el lugar más cómodo para dormir, sino eras un bebé.
Se quitó la túnica y se acostó junto a ella, no quería que despertara y pensara que aprovechó que se quedó dormida para irse de ahí.
Lily despertó más relajada, sonrió cuando notó que estaba en su cama, se giró para ver al metamorfo sentado a su lado, con la bebé recostada y jugando con ella.
—Perdón que me quedara dormida –se disculpó.
—Supongo que el sofá de la habitación de Liv no es el mejor lugar para dormir, digo, ni siquiera es bueno para una siesta –se encogió de hombros.
—Es cierto, deberíamos conseguir algo más cómodo para nosotros.
—No –se negó Ted.
—Pero, ¿por qué no? –frunció el cejo Lily.
—Nuestra cama es cómoda, ¿o no?
—Lo es –coincidió –pero necesitamos algo cómodo en la habitación de Liv –indicó.
—Claro que no, esos sofás se quedarán, y la silla mecedora, digo ¿crees que voy a poner algo cómodo ahí? Para que luego prefieras dormir allí, en lugar de conmigo, claro que no –se burló.
—No puedes estar celoso de tu propia hija –se burló Lily.
—No estoy celoso, he pasado noches ahí, cuidando de ella, pero cuando una pareja tiene problemas, siempre uno recurre al cuarto del bebé, y si eso pasa, quiero que pases tan mala noche, que vuelvas conmigo y lo solucionemos en la cama, nuestra cama, ¿tiene algo de malo?
—Para nada, ¿y qué si el que pone esa excusa eres tú?
—Me tendrás en tu cama al día siguiente, no duro mucho enojado, no contigo al menos –se inclinó hasta ella y besó su cuello.
—Es bueno saberlo –sonrió.
Los labios de Ted se distrajeron en el cuello de la joven, incluso bajaron un poco más en su hombro, si hubiese podido, le habría hecho suya en ese momento, pero Liv se había quedado callada y estaba atenta a ellos, así que se alejó.
—Ya que no tenemos nada que hacer hoy –se aclaró la garganta Ted –dime, ¿te gustaría ir a algún lado? Liv ha estado encerrada durante algunos días, me gustaría llevarla a algún sitio a distraerse.
—Me parece buena opción, aunque es todavía una bebé, no creo que distinga mucho la casa entre otro lado –se burló.
—Bien, ve a cambiarte, cambiaré a Liv mientras tanto.
—Tomaré una ducha rápida –lo besó en el cuello y se levantó apresurada, dándole una sonrisa cuando lo observó sobre su hombro.
Él le regaló una sonrisa amplia, si no estuviera Liv con ellos, en ese mismo momento la seguiría al baño, pero en su lugar, se puso de pie, tomó a la bebé y se dirigió a su habitación para vestirla aunque ya les habían dicho que como era bebé, no era tan necesario.
