Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.


James llegó al Departamento de Aurores a la misma hora de siempre, y como era normal para él, primero que cualquier otro, o eso pensó hasta que vio a Alper Kaplan salir del cuarto trasero con una taza de café humeante, aquello no le agradó, él estaba acostumbrado a ser el primero en llegar y ser el último en marcharse, por la mirada que su compañero le otorgó, tampoco estaba feliz de verlo, sin duda lo odiaba por cómo se comportó con él cuando se conocieron, aunque Kaplan quiso ser "amable", James lo había tratado como un intruso y no lo culpaba por no soportarlo ahora.

La incomodidad alcanzó a James cuando su compañero no desvió la mirada y para completar el paquete, elevó una ceja para confundirlo ¿quería que le hablara o simplemente se estaba burlando de él? Ignoró el conflicto que comenzaba a formarse en su mente, así que frunció el cejo y caminó hasta su escritorio, solo escuchó una risa divertida de su compañero, haciendo que el gesto en el castaño se pronunciara más que nunca, que buena habilidad de Kaplan, era el único capaz de enfadarlo con algo tan simple como una risa.

El castaño avanzó hasta su escritorio, decidiendo ignorar la urticaria mental y toda la lluvia de preguntas que quería hacerle a Kaplan, sacó un montón de pergaminos de su morral y los colocó de forma ordenada para dedicarse a revisarlos, no se dignó a observar al otro hombre, pero pudo sentir los movimientos a su alrededor hasta que vio su mancha sentarse en la silla detrás del escritorio que estaba pegado al suyo.

James levantó la vista, el chico se enfocó en el pergamino que tenía delante de él, mientras tomaba de su taza el café todavía humeante, el castaño podía apostar a que estaba lo suficientemente caliente como para ocasionar una quemadura de tercer grado si se derramaba por accidente en la piel.

— ¿Es acaso que tú nunca vas a casa? –Cuestionó de la nada, indignado.

Kaplan levantó la vista de su lectura y observó a su compañero con una expresión impasible, le dio un trago largo a su café de nuevo, después de eso, meditó un largo momento si contestaba aquella pregunta o simplemente era mejor ignorarla, sonrió de lado al notar que tomarse su tiempo en contestar, estaba irritando demasiado al castaño, al final, simplemente suspiró harto.

— ¿Es acaso que te molesta que haya alguien a quien sí le guste trabajar y por lo tanto, trabaje?

—A mí me gusta trabajar –contestó en un tono indignado –he estado aquí más tiempo que tú y nadie me ha dado café por quedarme noches enteras haciendo mi trabajo.

—Bueno, no veo la necesidad de darle algo a alguien por hacer su trabajo, al final de cuenta, te pagan por hacerlo, ¿no es así?

—Lo sé, pero la gente te trata diferente solo por hacer tu trabajo, te dicen hermano, te traen café y creen que eres la octava maravilla del mundo, solo por hacer lo que te corresponde.

—No –negó divertido –a ti te enfada que a los demás les agrade sin hacer simplemente nada, dime ¿Cuánto tiempo has estado intentando ganártelos? –Elevó una ceja,

—No es asunto tuyo.

—Mejor pregunta, ¿por qué razón estás intentando encajar con tanta desesperación entre esos pelmazos?

La pregunta de Kaplan hizo que James se quedara callado, era obvio que una persona como él jamás comprendería la necesidad —de alguna forma— de James por encajar entre sus compañeros de trabajo, y en general, con las personas a su alrededor, él era el favorito de los demás y no tenía mucho tiempo en ese lugar.

—No sé qué es lo que pasó entre esos idiotas y tú, y no sé si realmente me interese saber la historia, pero lo hacen precisamente por eso, porque saben que te molesta que me traten como si fuese algo súper especial, cuando posiblemente tengamos el mismo nivel laboral.

—Eso no contesta mi pregunta inicial.

—No te interesa –respondió devolviendo su atención al pergamino.

Los minutos avanzaron en un silencio sepulcral que a James le gustó, normalmente la gente hacía muchos ruidos que lo enloquecían y tenía que soportarlos, o intentaban charlar de cosas, sacándolo de su concentración.

—Oye, ratón –alguien golpeó su hombro, sacándolo de sus pensamientos que viajaban a mil por hora –tú archivaste mis casos, ¿no es así?

—Sí, lo hice –admitió James, en un tono enfadado.

—Bueno, como tú los archivaste, necesito un par, ve por ellos.

—Ya hizo suficiente en archivarlos, ve a buscarlos tú mismo –soltó Kaplan, en un tono pasivo-agresivo, sin levantar la vista.

—Bien, pero en el trayecto, moveré todo en mi camino, mezclando todo.

Aquella información hizo que James se pusiera de pie de inmediato y fuera sin chistar al almacén, su compañero suspiró al ver la sonrisa del otro auror, les parecía genial manipularlo con sus obsesiones compulsivas.

Todos se quedaron callados cuando Harry Potter entró al lugar, seguido de una bruja que estaba histérica, gritando que le parecía una falta de respeto para ella y la memoria de su hija, todo aquello era un show, el gran chisme de la semana, al menos James no tenía que soportar aquello, pensó Kaplan.

—Descuide, hablaré con él y tenga por seguro que tendrá una gran sanción disciplinaria.

—No, no me está entendiendo, señor Potter, no me importa que salvara al mundo, o que ese inútil auror sea su hijo, creo que la memoria de mi hija merece respeto, y lo que él ha estado haciendo, a pesar de que ya había tenido un cierre la investigación… no sé ni siquiera porqué estoy hablándolo con usted, debería ir personalmente con la ministra de magia, qué importa que sea su mejor amiga.

—Dígame, entonces ¿qué medida considera pertinente, señora?

—Destituya a su hijo, sáquelo de este lugar ¿a cuantas familias tendrá que torturar en su camino?

—Llevaré el reporte a la junta de esta semana, le pediré al secretario que le avise personalmente lo que se dictamine.

—Eso espero.

Los ojos esmeraldas de Harry Potter se posaron en el escritorio vacío de su hijo, y al no verlo, movió la cabeza en dirección a Kaplan, que se levantó sin mucho ánimo, no quería meterse en problemas.

—Cuando James se digne a aparecer, díganle que se dirija a mi oficina –soltó furioso el jefe de aurores y entró a su oficina seguido de Kaplan.

El silencio en ese lugar duró hasta que la puerta se abrió, el castaño estaba bastante tranquilo, posiblemente no fue puesto al tanto de lo que había pasado en su ausencia, buscando aquel archivo que le habían pedido.

—Una mujer vino aquí, diciendo que has estado insistiendo en lo que pasó con su hija.

—Tengo muchos casos, necesito uno en específico.

—Sebastian Keller, ¿necesitas más especificaciones? Quiere que te destituya, dime ¿debería hacerlo?

—No sé por qué deberías…

—Lo siento, señor –habló Kaplan –pero creo que la señora solo está enfadada, yo estuve poniéndome al día con los casos que ha llevado James, así que le pedí que me pusiera al tanto de ese, dijo que era en contra de las reglas revisar casos como ese, pero me pareció algo interesante, ya sabe, en mi país no teníamos casos así tan serios de magia tenebrosa.

—Aun así tengo que informar de esta queja –observó a su hijo, que asintió, apretando la quijada, Alex le había dicho que cuando alguien mentía por él, era descortés exhibirlo.

—Bien, aprovechando esto, Alper, hay una pequeña reunión en casa de mis suegros –lo observó –mi esposa desea conocerte, hace mucho que James no trabajaba con alguien, así que está sumamente emocionada por el hecho, él te llevará a La Madriguera, es pasado mañana.

—Gracias. Señor Potter, pero…

—No, no, no es una invitación, es una asistencia obligatoria.

—Bueno, en ese caso ¿tengo que llevar algo?

—Tu trasero, ahora, márchense, tengo cosas que hacer y un gran dolor de cabeza.

La mano de Kaplan se colocó en la capucha de la túnica estilo gabardina del uniforme de trabajo de James y lo jaló hasta un pasillo desocupado, lo soltó de forma brusca.

—Es la primera y la última vez que arriesgo mi trasero por ti, ¿te queda claro? –Soltó enfadado.

—No te pedí que lo hicieras.

—Cuando alguien hace algo así, simplemente das las gracias, ¿lo comprendes?

—No sé por qué lo hiciste, es claro que no te agrado.

—Que me agrades o no es irrelevante para el trabajo, tenemos que hacerlo, y creo que eres lo suficientemente maduro como para poder hacerlo, ¿no es así?

—Bueno, ya que estás dando esta oportunidad –meditó un momento, haciendo un mohín –Alex me dijo que te debía una disculpa, por comportarme como un idiota infantil, incapaz de adaptarse al cambio.

—No tienes por qué disculparte de esa manera, un simple lo siento por mi actitud basta.

—Lamento mi actitud al inicio –aceptó, asintiendo.

Kaplan suspiró cansino y asintió, a veces le complicaban las cosas situaciones así, pero como lo había dicho la bonita pelirroja, lo cierto es que el castaño frente a él no le caía mal, simplemente había aceptado permanecer al margen de él.

—Eres bastante comprensivo con un idiota como yo –comentó James, caminando de regreso a la oficina.

—No eres un idiota, y el hecho de que hagas referencia a tu persona de esa forma, me molesta.

—Pero es mi persona –comentó James –no te estoy insultando.

—Desde luego que no, pero a ti si, y comprende una cosa, si a los demás no les gusta cómo eres, al demonio, que les den por el trasero.

James elevó una ceja ante el comentario de Kaplan, aquella expresión hizo que el chico soltara una risa divertida, completamente diferente a la que le había molestado esa mañana.

—Lo siento, supongo que para ti no debe ser desagradable que te den por el trasero –soltó una risa un poco más suave, y observó al castaño que se encogió de hombros –digo, conocí a tu novio, y no luce precisamente como un chico pasivo.

—Scorpius es bastante dominante.

—Por eso –aceptó –pensé que era el que ya sabes –balbuceó.

—Ciertamente nunca nadie había preguntado por los roles sexuales en nuestra relación, ¿crees que todos piensan en mí así? –Cuestionó meditando la situación.

—Pues no parece molestarte que piensen que te gusta que te den –se encogió de hombros.

—No puedo decir que me disgusta, nunca me han dado por el trasero –se encogió de hombros.

—Sí, esa es mucha información, no deberías… informarlo –pidió.

—Bien.

Avanzaron hasta la oficina, una nueva puerta se había abierto entre ellos, Kaplan observó a James sentarse en su lugar, con hombros relajados y mirada más suave, parecía un niño pequeño que había hecho su primer amigo en la escuela, sonrió divertido, observando la pequeña foto colocada en su escritorio.

—X—

El reloj sonó al dar la hora de salida, James levantó la vista hasta su compañero, que seguía enfrascado en su trabajo, apretó los labios, no sabía si la pequeña charla de hacía horas contaba como el inicio de una segunda oportunidad y ahora eran amigos o había posibilidad de serlo.

—No te quedes callado y dime lo que te pasa –soltó sin prestarle atención.

—Me preguntaba si, ya sabes, ya eres mi amigo.

—Es demasiado pronto para decir que lo somos, ¿no lo crees? –Sonrió.

—Sí, bueno, no lo sé, por eso te lo pregunto.

—Hay una alta posibilidad, tienes esas vibras de cachorro recién nacido –admitió –me recuerdas a alguien –aceptó.

—Espero que ese alguien te cayera bien –sonrió.

—Mucho –lo observó –ahora, eso no era lo que querías decir, dime, ¿qué te ocurre?

—Scorpius estará ocupado con mi hermana, viendo cosas del bautizo de mi sobrina, así que ¿quieres ir a comer algo? Mi cuñado se nos unirá, digo, papá ya te obligó a asistir a la reunión familiar, no te hará mal conocer otro rostro aparte del mío.

Kaplan puso los ojos en blanco. —Bien –aceptó.

—Entonces, es hora de marcharnos –se puso de pie emocionado.

James observó sobre su hombro para ver si Alper lo seguía en la chimenea, y sonrió al ver el rostro impasible del chico, salió por la chimenea del caldero chorreante y su compañero salió unos segundos después.

—Ven, normalmente nos sentamos por aquí –lo guio alegre.

Cuando estaban cerca de la mesa, pudieron ver a un hombre sentado, así que Kaplan pensó en la mala suerte que había tenido el castaño al encontrar su lugar ocupado por alguien más.

—Ah, no vienes solo, me sorprende –comentó el que hasta hacía un momento había sido castaño.

—No, Teddy, él es Alper Kaplan, mi nuevo compañero –lo presentó –Alper, él es Edward Lupin, mi cuñado –hizo un mohín –se supone que tiene que serlo, pero no lo es realmente.

—Mucho gusto –saludó Ted, un poco incómodo por la información que había soltado James –supongo que aún no estás tan acostumbrado a él y su manual, ¿cierto?

—Según Alex, es una broma interna, hacen referencia a que yo soy…

—Un robot, supongo –comentó en un tono neutro Kaplan –diría que es un placer, pero… comienzo a dudarlo.

—Vaya –soltó Ted –directo.

—Más de lo que a las personas les gusta, yo digo a la cara lo que los demás intentan cubrir con mal sarcasmo y comentarios fuera de lugar con alguien a quien apenas conocen.

—Sí, sean mis invitados, tomen asiento –comentó Ted.

Alper observó al que al parecer era un metamorfomago, no pareció enfadarse por su personalidad ni por lo que le había dicho, así que se sentó como si nada.

—Bueno, Alper, ¿qué puedes decirme de ti? –Cuestionó Ted.

—La verdad no mucho, me gusta mi trabajo, así que a eso dedico la mayor parte de mi tiempo.

—Claro, entonces, no eres una persona de relaciones, ¿o sí?

—No mucho, soy una persona al final de cuentas, somos sociables por naturaleza o así se supone que debe de ser, socializo, cubro mis necesidades básicas e instintos primitivos, pero no me interesa mucho, para ser honesto.

—Ya, así que supongo que eres un obseso del trabajo, como James, bueno, al menos desde que está con Scorpius, se une más a las reuniones familiares.

—Ah, ¿no tienes mucho saliendo con él? –Cuestionó girándose a James.

—Sí, tenemos siete años juntos, pero él es más joven –aclaró.