—¡Naruto!

Salí de la perfecta y dichosa bruma en la que había estado a la deriva, dándome cuenta de que todavía me estaba lavando las manos. Miré a Shikamaru y arqueé una ceja.

—¿Qué?

Mi amigo, colega neo y médico prenatal se rió profundamente, sacudiendo la cabeza.

—Nada, estabas en blanco viendo a la jodida pared. ¿Qué demonios está pasando contigo?

—Nada. —Espeté, terminando de enjuagarme y luego secarme las manos. Estábamos parados afuera del quirófano, en la habitación de descanso para después de un trabajo particularmente intenso. De eso se trataba la llamada a la clínica, una madre que estaba de parto y el bebé adentro mostrando signos de angustia. Ahí es donde llegue.

Estuvo difícil, pero entonces, es cuando di lo mejor que pude en mi trabajo. Me había desconectado del resto, las alarmas, los médicos que gritaban, los padres que gritaban. Todo ello. Y había hecho lo que mejor hago. El pequeño no era oportuno, pero yo lo había hecho respirar, lo había estabilizado y lo había devuelto a los brazos de sus padres, y él iba a estar bien.

No voy a mentir, son días como este cuando jodidamente adoro mi trabajo.

Pero Shikamaru tiene razón, estaba distraído. Mierda, ni siquiera estaba aquí. Mi mente estaba firmemente de regreso con Hinata, de vuelta con la chica que había salido de mis sueños a mi realidad. La chica cuyos labios todavía podía saborear, y cuyos dulces gemidos aún podía oír, y cuyo suave toque aún podía sentir.

La chica que sostuvo mi corazón.

Cuando estaba en el quirófano, no había nada más que yo y el trabajo, porque así era como tenía que ser. Pero ahora que había salido, ella volvía a mis pensamientos y nunca he querido que se fuera.

—Hiciste un increíble trabajo ahí dentro, amigo. —Shikamaru levantó una ceja hacia mí, asintiendo con su fuerte mandíbula con esa expresión oscura de él en sus ojos— Ese niño va a estar bien.

—Gracias. —Gruñí, todavía distraído.

—Pero no estás pensando en eso, ¿verdad?

Lo miré, sin decir nada.

Él se rió entre dientes.

—Bueno, cualquiera que sea su nombre, espero que haya sido divertido.

—¿Fácil? —gruñí, mientras mis manos se cerraban a puños.

Shikamaru me miró con curiosidad.

—Mierda, parece que toqué un nervio.

—No tocaste nada, simplemente no es así.

El asintió.

—Está bien, está bien, te escucho. —Frunció el ceño, como si estuviera tratando de mirar dentro de mí.

—¿Qué?

Shikamaru se rió.

—Nada, Naruto, solo estas... —Se encogió de hombros— Si no lo conociera mejor, diría que realmente te ves feliz. Cuidado, podría pegarse.

Puse los ojos en blanco y lo empujé mientras me quitaba la ropa quirúrgica y comenzaba a ponerme nuevamente la camisa.

El caso es que estaba feliz y es algo que no había sentido en mucho tiempo. Pero cuando la vi en esa habitación la primera vez, es como si alguien hubiera abierto las persianas que habían estado cerradas por tanto tiempo que olvidé que incluso se abrieron.

—Bueno, mierda, hombre. —Gruñó Shikamaru— Sé que te lo guardas para ti, pero sea quien sea, me gusta esto. No te he visto así desde antes…

—Lo sé. —Gruñí en voz baja.

—¿Cuál es la duda que parezco escuchar allí?

Negué con la cabeza.

—No tengo dudas. No con ella. —agregué ferozmente— Pero habrá complicaciones.

Shikamaru levantó una ceja y suspiré, gruñendo.

—Es una paciente.

Él hizo una mueca, pero luego se encogió de hombros.

—No es la mejor relación pública, pero la gente vivirá.

—Es joven.

Shikamaru frunció el ceño nuevamente.

—¿Qué tan joven estamos hablando aquí, Uzumaki?

Lo miré.

—Vamos, no me mires así. Ella tiene casi veinte años, no es así. Pero aún…

—Pero, aun así, tienes treinta y dos.

—Sí.

—¿Por qué tengo la sensación de que no te importa ni una mierda lo que yo o cualquier otra persona tiene que decir sobre el asunto?

—Porque no lo hago. —Gruñí ferozmente, mi corazón latía más rápido y acelerado al pensar en Hinata—. Porque ella lo es, hombre. Ella es todo.

Shikamaru silbó.

—¿Esta chica misteriosa que parece haber atravesado el muro de Naruto Uzumaki tiene un nombre?

—Hinata. —dije en voz baja, el sonido de su nombre hizo que mi corazón latiera acelerado y mi verga latiera.

Mi amigo asintió.

—Bueno, joder hombre, supongo que solo tengo una pregunta. Levanté una ceja.

—Sí, ¿cuál es?

Él sonrió.

—Joder, ¿Qué haces aun hablándome?

{…}

Estaba sonriendo. Yo, sonriendo. No es como si no hubiera sentido ninguna felicidad desde, bueno, antes. Pero nunca había sentido esta clase de felicidad. La vida nunca se había sentido tan resuelta, como si todo encajara en su lugar. Hinata era la pieza que faltaba que siempre había sabido que no estaba allí. Ella, y lo que vi en nuestro futuro era lo que quería, y sabía que iba a hacer que funcionara con ella.

Y joder, no podía esperar para volver.

Estaba buscando la manija de la puerta de mi Mustang, cuando la voz me golpeó como un cuchillo en la espalda. La voz que había tratado de olvidar, con la que había estado bien sin nunca la volviese a escuchar por el resto de mi vida.

Shion.

Shion había sido hace toda una vida, un error que seguía pensando entonces que valía el precio en algún momento del camino.

Nunca lo fue.

Nos conocimos cuando todavía estaba en la escuela de medicina y ella estaba, bueno, buscando un médico con quien casarse y aferrarse. Y eso es exactamente lo que hizo… bueno, lo que casi hizo. Habíamos planeado casarnos. No porque estuviera locamente enamorado de ella, sino porque era joven y pensé que eso era lo que todos hacían. Nunca se había sentido exactamente bien, pero tampoco era malo.

Hasta que lo fue. Hasta que descubrí su traición y sus verdaderos motivos.

Mira, yo quería niños. Siempre quise tener hijos, y hasta donde yo sabía, Shion estaba a bordo. Intentamos concebir mientras ella estaba planeando nuestra gran y elaborada boda, pero nunca sucedió. Fue Shikamaru quien me salvó del mayor error de mi vida. Sabía que había tenido problemas para decirme y romper su propio juramento hipocrático como médico, y le estaría eternamente agradecido por ello.

Shikamaru fue quien descubrió la verdad sobre Shion. Había estado en un bar frecuentado por los doctores y estudiantes de medicina de la universidad, y fue allí donde vio a Shion, mi prometida, llevar a otros dos médicos al baño y poner sus manos sobre ellos. Había ido directamente al hospital y sacó sus registros, porque es un hombre inteligente y calculador, y fue entonces cuando encontró el resto antes de que ella me mostrara.

Shion había estado secretamente en control de la natalidad todo el tiempo que estuvimos juntos. A pesar de toda su mierda acerca de querer tener hijos y una familia, había estado fingiendo. Fingiendo y luego abriéndose camino a través de tantos médicos como pudo. Parece que era un fetiche, no un compañero.

A través del Investigador Privado que contraté, descubrí el resto. Su verdadero plan era seguir "intentando" tener hijos conmigo, y cuando no pudiéramos, iba a solicitar el divorcio bajo el argumento de que no podíamos concebir. Y en este estado, eso le daría la mitad. Estaba furioso, por supuesto, y viese golpeado a los otros hombres en la cara y amenazado con sacarlo a la luz en la corte, pero no podía. No tenía nada concreto además del testimonio de Shikamaru, pero el testimonio de Shikamaru también lo expondría a ser quien me filtró su historial médico, lo que le costaría su licencia y su futuro.

No podría hacer eso.

Además, el investigador privado había usado la vigilancia ilegal para obtener lo que había descubierto, así que eso también estaba fuera. Lo peor era que Shion había venido preparada para la guerra. Todo el asunto me había golpeado de la nada, pero ella había hecho su tarea. Durante el transcurso de mí pateando su trasero fuera, ella había presentado una demanda por "agravio", alegando que había abusado de ella y la había engañado.

Sería divertido si no fuera exasperante.

La bruja incluso tenía cuatro mujeres de Dios sabe dónde jurando que había intentado forzarlas, o que había tratado de usar mi condición de médico para hacer lo que quisiera con ellas. Shion afirmó que fueron mis indiscreciones las que la obligaron a "protegerse" con un método anticonceptivo secreto y la "forzaron" a buscar intimidad con otros hombres. Mi abogado se había asegurado de que su mierda completamente inventada sobre las otras mujeres nunca saliera de la sala para dañar mi reputación, pero no había podido mantenerlo fuera de "la cláusula".

Y era eso lo que había colgado sobre mi cabeza durante los últimos años.

La cláusula declaraba que, si alguna vez me casase de nuevo, o que engendrara hijos, sería una prueba de que había querido atar a Shion y dejarla todo el tiempo. Absolutamente absurdo, lo sé, y tan jodidamente poco convincente que era una broma. Pero el juez había estado incrédulo y de acuerdo con todo, a pesar de las protestas de mi equipo legal.

Entonces, fue eso. No fue la única razón por la que estuve solo y alejado de las mujeres y la mayoría de la gente durante los últimos años tampoco me había interesado en nadie después de haberlo vivido. Pero, ciertamente fue una razón. Pero luego conocí a Hinata, y todo mi mundo se había inclinado sobre su eje. La había encontrado, y el resto de la mierda que estaba en mi pasado se había desvanecido en un segundo, hasta que todo lo que pude ver fue a ella, a mí y a nuestro futuro juntos.

La voz en el estacionamiento hizo añicos eso.

Me giré lentamente, mi cara se endureció mientras la miraba.

—¿Qué quieres, Shion?

Sonrió con esa falsa y estúpida sonrisa, hacia mí, agitando su mano como si fuéramos "viejos amigos". Mi mirada se posó en la roca en su mano, y rodé los ojos. Así es, había escuchado a través de fuentes oficiosas que había encontrado a un pobre tonto a quien adular. Ella no podía casarse sin anular la cláusula, así que estoy seguro de que solo llevaría al tipo con una correa todo el tiempo que fuera necesario.

—Te ves bien, Naruto.

—Vete a la mierda.

Ella rió, el sonido agudo y penetrante.

—Ahora Naruto, seamos amables.

—No lo seremos.

Ella me miró.

—¿Qué quieres?

—Nada, solo estaba visitando a Petey aquí en Mercy, y cuando vi tu coche pensé en esperar y saludar.

¿Petey? Puse los ojos en blanco. Por supuesto, su nuevo chico era un doctor. Pobre bastardo. El caso es que, al mirar a Shion entonces, no tenía idea de cómo había sentido algo por ella. No había nada allí, solo una falsedad fría y calculadora. Y honestamente, al verla así, casi quise sonreír ante la vida de prisión y frialdad que había esquivado. Y quería sonreír más ampliamente ante la promesa de la vida real, y un verdadero amor que había encontrado con Hinata.

—¿Estás bien, Naruto?

La ignoré, girándome para desbloquear mi auto.

—Me tengo que ir, Shion.

—¿Viendo a alguien?

Gruñí, mi mandíbula se tensó peligrosamente mientras giraba hacia ella.

—Vete a la mierda, bruja. —Escupí. Shion se rió.

—Ahora seamos amables, Naruto. Quiero decir, Petey tiene todo tipo de dinero, ¡pero tú eres mi boleto de lotería esperando para ser pagado! Una chica tiene que verificar su plan de retiro de vez en cuando, ¿verdad?

—Mantente alejada de mí. —Susurré, entrecerrando los ojos— Y no me pruebes, Shion.

Ella se erizó, pero luego trató de ocultarlo rodando los ojos sarcásticamente.

—Naruto…

—Buenas noches.

Subí a mi auto, cerré la puerta de golpe, aceleré el motor y salí del estacionamiento.

Odiaba que ella tuviera este poder sobre mí, y odiaba que todo lo que pudiera tener con Hinata fuera bajo esta jodida sombra. En un semáforo en rojo, me detuve y respiré, contando hasta cinco y dejando que mi cabeza se calmara.

Joder Shion. Joder si dejo que su mierda me tire hacia abajo, cuando tenía más felicidad de la que alguna vez había estado esperándome.

La idea de Hinata hizo desaparecer las nubes de tormenta, hasta que todo lo que pude pensar fue en su dulce sonrisa, sus ojos, los gritos suaves y melosos que haría cuando la hiciera mía. Ni siquiera me di cuenta de que estaba allí sentado sonriendo como un idiota e imaginándome a Hinata toda embarazada hasta que el auto detrás de mí tiró un bocinazo, recordándome que estaba sentado aun ante la luz verde.

Pisé a fondo, el motor rugiendo mientras me abría paso por las calles de Nueva York, de vuelta a la chica que amaba.