HINATA.

Suspiro, mi boca se abre y mis ojos se cierran en éxtasis mientras lentamente me hundo en el agua burbujeante.

Dios, sí.

La bañera de hidromasaje en el baño privado de Naruto de su oficina en la clínica había sido demasiado tentadora para dejarla pasar. Me derretí en el agua, hundiéndome hasta mi barbilla mientras dejaba que el vapor girara a mí alrededor.

Mis pensamientos hicieron lo mismo.

Todo este día había sido un torbellino, y mi tímido enamoramiento de colegiala con mi sexy doctor mayor se había convertido en algo muy real. Jadeé en el agua caliente, pensando sobre sus manos sobre mí, y su promesa de lo que estaba por venir.

Esa noche, iba a ir a donde nunca había ido con nadie.

Esa noche, iba a dárselo todo a él. Y no puedo esperar.

No tenía miedo, estaba emocionada. Quería que fuese el hombre que lo tomase. Porque esto no era solo una lujuria física que sentía por Naruto. No, era mucho más, y sabía que él sentía lo mismo.

Naruto Uzumaki me había robado el corazón, y quería que se lo quedase.

Me senté en su bañera por un rato, dejando que el agua caliente empapara mi piel y relajase cualquier tensión que surgiera, cualquier nerviosismo que surgiera pensando en lo que vendría esa noche. Pero todo era un nerviosismo de excitación. No había miedo ni aprensión allí.

No podía esperar a que él me tomara.

Finalmente, salí de la lujosa bañera y me envolví con una toalla, solo entonces me di cuenta de que en realidad no tenía ni una cosa que ponerme aparte de la ropa que me había quitado. Me envolví en una toalla blanca esponjosa, asomándome de nuevo a su oficina antes de salir del baño. Toda la oficina estaba ricamente decorada, paneles de madera oscuros y masculinos, estanterías de libros en las paredes, sillas de cuero y un moderno escritorio de madera regenerada y hierro, ubicado cerca de la enorme ventana que daba al centro de Manhattan.

La oficina estaba a oscuras y camine por el suelo descalza con mi toalla para contemplar la deslumbrante vista de la ciudad por la noche, brillando como joyas.

—Ahora este es un espectáculo que me moría de ganas por ver.

Jadeé, girando mientras abrazaba la toalla, para ver a Naruto sonriéndome desde la puerta de su oficina. Entró, cerrando la puerta detrás de él antes de ir hacia mí. Apenas tuve tiempo de abrir la boca para saludarlo antes de que me envolviera en sus brazos, acercándome a él, y me besase ferozmente.

—Joder, te extrañé. —Gruñó en mis labios, sus duros músculos ondulaban mientras me abrazaba fuertemente.

—Regresaste. —Sonreí, sintiendo mi pulso rugir por el olor de él, y el sabor de esos labios, y el sonido perturbador y sexy de su profunda voz en mis oídos.

—¿Por ti? Siempre, Hinata.

—¿Está todo bien?

Él arqueó una ceja.

—La emergencia, en el hospital...

Él asintió, sonriendo.

—El bebé estará bien. Las complicaciones suceden, y yo... —Se encogió de hombros— Creo que estoy allí para arreglarlo.

Algo ardió dentro de mí, la idea de que él cuidara a todos esos pequeños bebés tiraba algo primario dentro de mí. Era increíble, por supuesto, pero también muy atractivo. Era tan sexy y caliente pensar en este hombre no solo como este magnífico dios del sexo, sino también ese héroe desinteresado y afectuoso que salva a niños.

Me hizo pensar en cuan maravilloso padre que sería.

La idea me hizo gemir, mi corazón se paró ante la idea de mí convirtiéndolo en padre. Imaginé como su verga se deslizaba tan profundamente dentro de mí, y me reclamaba, y luego me bombeaba con su semilla hasta que lo tomase. Me imaginaba hinchándome con un niño mientras él se preocupaba por mí, y luego los dos cogiendo a nuestro recién nacido juntos, como familia.

Cuando él me tomó en sus brazos otra vez, me hundí en él, besándolo con una pasión aún mayor, con una llama aún más brillante que ardía a través de mí. Él gruñe ante la forma acalorada en que más fuerte lo besé, y me atrajo hacia su camisa.

—Te duchaste. —Ronroneó

—Tomé un baño.

La mano de Naruto se deslizó hacia abajo sobre mi trasero, tirando de la toalla hacia arriba mientras su cálida palma se deslizaba sobre mi suave piel. Él ahuecó mi culo y luego empujó su mano más profundo entre mis piernas, hasta que, con un grito, pude sentir, por detrás, sus dedos jugando con mi coño ya húmedo.

Gruñe, quitándome la toalla y haciéndome jadear mientras tiraba de mi cuerpo desnudo contra su musculoso y hermoso cuerpo.

—Supongo que eso significa que tendré que darte más de mi semen, ¿no es así, pequeña chica mala?

Gemí en sus labios mientras me besaba, mis manos deslizándose por su torso acanalado y cincelado. Él me empujó hacia atrás hasta que mi culo se presionó contra el costado de su escritorio. Él me levantó sin esfuerzo, deslizándome sobre la madera pulida y separando mis piernas mientras se movía entre ellas.

—¿Es por eso, que te bañaste? ¿Así que podrías hacer que te dé más de mi caliente semen? ¿No podías esperar a sentirme llenando ese pequeño coño con cada gota?

Gemí, sus palabras sucias, besos dulces y manos firmes me volvieron loca. Tiró de los botones de su camisa de vestir, sacándola y tirándola lejos antes de que se moviera contra mí. Mis pequeños y duros pezones rozaron su grueso y varonil pecho, y cuando sus manos agarraron mis caderas y me empujaron contra el grueso bulto en sus pantalones, grité.

—Tan jodidamente mojado. — Gruñó. —Y no me digas que es del baño, porque puedo sentir tu coño resbaladizo y pegajoso contra mi verga incluso a través de mis pantalones. Puedo sentir que empapas mis pantalones con tu dulce miel.

Me besó de nuevo antes de bajar a mi cuello, haciéndome jadear. Naruto me ayudó a apoyarme en mi espalda sobre su escritorio, mi cabello extendido alrededor y mis piernas abiertas para él.

Sus labios se arrastraron más abajo, a través de mis pezones, y por la suave pendiente de mi pecho. Besó mis costillas, moviéndose más hacia abajo mientras mi cuerpo entero temblaba de anticipación. Poderosas manos me abrieron los muslos, y cuando sus labios encontraron mi estómago y mordisquearon su camino hacia abajo, juro que solo por eso prácticamente me podría haber venido.

Su lengua se arrastró a través de mis labios, haciéndome gritar de placer mientras arqueaba mi espalda en el escritorio. Nada en este mundo se había sentido tan bien como esa sola lamida, y cuando lo hizo de nuevo, me perdí en el cielo puro por eso. Naruto gruñó, su húmeda y malvada lengua penetrando profundamente dentro y luego bombeando dentro y fuera. Él jugueteó sobre mis labios, su lengua arrastrándose lentamente sobre mi dolorido clítoris mientras mis caderas se sacudían del escritorio contra él.

—Pequeña ansiosa, ¿no? —Gruñó, sus manos se tensaron en mis muslos cuando los abrió y me inmovilizó contra el escritorio. Su lengua se deslizó hacia abajo, provocando mi apertura y luego empujando hacia adentro. Empezó a deslizar su increíble lengua dentro y fuera de mí, como si me estuviera jodiendo con eso. Todo mi cuerpo se encendió, cada nervio ardía de calor mientras gritaba y gemía su nombre. Mis dedos encontraron su cabello, y me agarré fuerte mientras comenzaba a sacudir mi mundo.

Se movió hacia mi clítoris, sus labios envolviéndolo y chupando suavemente mientras su lengua se arremolinaba en círculos lentos y enloquecedores. Me convertí en pedazos, gimiendo y lloriqueando, mis jugos resbaladizos cubriendo su barbilla y goteando por mi trasero hasta su escritorio. Su lengua se arremolinó sobre mi clítoris, sus gemidos vibraron a través de mí y me hicieron tambalear cuando el placer explotó en mí.

Naruto gruñó, haciéndome jadear cuando sus manos fuertes agarraron mis muslos y empujaron mis piernas arriba y abajo. Su lengua descendió más abajo, sobre mis labios, y luego bajó aún más.

Mis ojos se abrieron de par en par, mi respiración era un grito ahogado en mis labios mientras su malvada lengua se arremolinaba sobre mi pequeño culo apretado.

—Oh Dios, Naruto.

—Recuéstate, Hinata. —Gruñó, sus manos se tensaron en mi piel posesivamente— Recuéstate y déjame mostrarte lo bien que te puedes sentir.

Su lengua se arrastró a través de mi arrugado y sensible anillo, haciendo temblar todo mi cuerpo con un placer prohibido y perverso. Mi cara se tornó roja al pensar en este hombre besándome en un lugar tan privado, pero se sentía tan malditamente bien que nunca quise que se detuviera. Todo mi cuerpo se estremeció en crudo éxtasis cuando me lamió lentamente, burlándose de mi pequeño trasero. Su pulgar se movió hacia mi clítoris, rodeándolo lentamente, haciendo círculos como si mi mundo entero se hubiera borrado en los bordes.

Su lengua empujó contra mi trasero, colocando la punta contra mi anillo mientras su pulgar trabajaba cada vez más rápido. Me quedé sin aliento en la garganta, mis pezones rosados se tornaron a puntos pequeños y todo mi cuerpo temblaba de placer. Él gruñó en mi piel, su lengua, sus dedos y sus gruñidos masculinos me empujaban más y más alto, hasta que de repente, todo se hizo añicos. Grité, mis caderas se arquearon contra el escritorio mientras el poderoso orgasmo explotaba a través de mí. Naruto gimió, inmovilizándome contra su escritorio y manteniendo su lengua y sus dedos moviéndose, empujándome a través de mi clímax hasta que jadeé por aire y me fundí en un charco en su escritorio. Temblé mientras él se alejaba, jalándome de su escritorio y tomándome en sus brazos mientras se sentaba en la silla de su oficina.

Podía sentir su verga tan fuerte, gruesa y palpitante contra mí a través de sus pantalones. Jadeé por aire y temblé al sentir las réplicas de mi orgasmo cuando me estiro entre nosotros y curvo mis dedos alrededor de él.

—Lo quiero. —gemí en voz baja—. Lo quiero todo. Quiero que me tengas, Naruto.

Él gimió, atrayéndome hacia él y besándome ferozmente.

—Por favor. —Jadeé.

Retrocedió, su cara dura y llena de lujuria y necesidad, sus ojos ardiendo ferozmente.

—No aquí, dulzura. —Ronroneó.

—Pero yo quiero…

—Oh, te voy a tomar, Hinata. Voy a empujar mi pene dentro de ese coñito pequeño y apretado y te mostraré cómo se siente un hombre. Te extenderé mucho y me conduciré tan profundo que me extrañarás cuando no esté dentro de ti.

Jadeé, besándolo con avidez.

—Pero cuando haga eso. —Ronroneó. —Será con sábanas a tu espalda, como una reina.

—Dónde…

—Mi pent-house. —Gruñó. —Vístete. Te llevaré allí ahora.