El mustang oscuro de color negro mate de Naruto rugió por las calles de Nueva York, haciendo que mi corazón retumbara en mi pecho mientras la ciudad pasaba borrosa a través de nosotros. Sin embargo, el coche fue solo una de las razones de la emoción y la adrenalina que me atravesaban. La otra parte era él, y las cosas que acabábamos de hacer, y la promesa de lo que estaba por suceder.

Además, la emoción de que debajo de la parte superior suelta y los pantalones de yoga que me había vuelto a poner, estaba vacía. Me quitó las bragas de las manos cuando traté de ponérmelas nuevamente y se las guardó en el bolsillo.

—Estas son mías ahora. —Había gruñido.

Los pantalones de yoga eran delgados, y el coche rugía ferozmente mientras nos conducía, enviando pequeños y traviesos temblores a través de mi núcleo mientras el asiento debajo de mí palpitaba contra mi pequeña rendija y mi dolorido clítoris.

Naruto se volvió hacia mí, su rostro duro y lleno de lujuria cruda.

—Quítatelos. —Gruñó.

—¿Qué?

—Quítate los pantalones de yoga, Hinata. No puedo esperar hasta llegar a casa, tengo que verte.

Jadeé, mi lengua salió para mojar mis labios.

—¿Aquí? ¿En el auto?

—Muéstrame lo húmedo que está el coño. — Ronroneó, con los ojos destellando fuego. —Muéstrame qué tan listo está ese pequeño coño rosado para mí.

Gimoteé, la emoción de sus feroces palabras tronando a través de mí.

Y lentamente, asentí.

Me volví hacia él en mi asiento, mis manos se deslizaron hacia la cintura elástica de los pantalones ceñidos. Mis pulgares se engancharon en el interior, y lentamente, comencé a bajarlos mientras mi pulso se aceleraba y la chica sucia dentro de mí volvía a la vida.

—¿Te gusta esto, doctor? —Arrullé.

Sonreí, viendo la lujuria en su rostro y la forma en que sus manos se apretaban tornándose los nudillos blancos sobre el volante.

—Joder, Hinata. —gruñó.

—¿Pasa algo, doctor Uzumaki? —Ronroneé con mi voz más dulce e inocente. —¿Quiero decir, eres médico y todo, y esperaba que pudieras echarle un vistazo a mi pequeño coño y decirme qué está mal?

Él gruñó ferozmente, su mandíbula apretada fuertemente.

—¿Y qué tiene de malo, dulzura?

—Está tan mojado.

Jadeé. Bajé los pantalones, mostrándole casi todo mi coño resbaladizo y goteante.

—Más. —Gruñó Naruto, sus ojos se movían rápidamente entre la carretera y yo. —Muéstrame más.

Gimoteé mientras empujaba los pantalones hacia abajo sobre mis caderas, deslizándolos por mis piernas hasta mis rodillas. Levanté mis piernas, extendiéndolas lo más que pude con el material elástico de los pantalones de yoga que ataban mis rodillas y permitiéndole ver mi coño rosado y resbaladizo.

—¿Te gusta esto, doctor? —Jadeé.

Naruto gimió.

—Tócate, Hinata. Juega con ese pequeño coño para mí.

Gimoteé, mi mano empujando entre mis piernas hasta que mis dedos se deslizaron a través de mis labios pegajosos y calientes. Me sentí tan traviesa, y ardiendo tanto por este hombre. Esto no era nada que hubiese hecho nunca, pero aquí con él, era todo lo que quería hacer. Quería ser mala por él, y mostrarle lo mala que podía ser, porque él lo sacó de mí.

—¿Te gusta esto? —Di un grito ahogado cuando comencé a rodar mi clítoris bajo mis dedos. El placer se disparó a través de mí, haciéndome gemir fuertemente mientras jugaba con mi clítoris. Naruto gruñó, y una de sus manos dejó el volante para alcanzarme.

—Mmm. —Gruñó, haciéndome estremecer. —Tan jodidamente húmedo para mí, pequeña chica mala. ¿Tu coño siempre se pone tan pegajoso y necesitado por hombres mucho mayores? ¿Por tu doctor?

Grité cuando dos de sus dedos se hundieron y penetraron hacia dentro.

—¡Solo por ti! —Di un grito ahogado, lanzando mi cabeza hacia atrás y frotando mi clítoris más rápido.

—Frota el clítoris de chica mala por mí. —gruñó. —Frota ese pequeño clítoris y haz que este coño se venga en mis dedos.

—¿Quieres que me venga por ti, doctor?

Se giró, sus ojos parpadeando mientras me sentía comenzar a tambalear.

—Quiero que este coñito apretado cubra mis dedos con tu crema para que pueda lamerlos. Quiero que te vengas por mí, porque te quiero agradable, mojada y lista. Porque cuando lleguemos a casa, extenderé esos bonitos muslos y deslizaré cada pulgada de mi pene dentro.

Grité, tambaleándome en el borde mientras mis dedos se desdibujaban sobre mi clítoris y él bombeaba dentro y fuera de mi apretado coño.

—Vente por mí, Hinata. —Gruñó Naruto. —Vente por mí, amor.

Oh, mierda.

Mis gemidos explotaron a través del rugiente Mustang cuando el orgasmo me hizo añicos. Grité, agarrándome de su muñeca y sosteniendo sus dedos profundamente dentro de mí mientras el clímax llenaba mi cuerpo y me hacía tambalear.

Apenas me di cuenta de que estábamos entrando al estacionamiento subterráneo y estaba apagando el automóvil. Todavía estaba jadeando y sintiendo un cosquilleo cuando Naruto abrió la puerta, me envolvió en una manta y me llevó al ascensor —uno privado— que nos llevaría hasta el pent-house.

Las puertas apenas se habían cerrado cuando estaba juntando sus labios contra los míos y presionándome contra la pared del ascensor. Podía sentir su gran verga latiendo contra mi temblorosa hendidura cuando sus poderosas manos agarraron mi culo con fuerza.

—¿Estás lista, dulzura? —Ronroneó en mi oído, haciéndome estremecer.

—Sí, —Jadeé.

—Entonces déjame mostrarte todo.