Dulce Amor.
"Si me preguntaran qué es el amor me costaría trabajo definirlo, no porque no lo conozca sino porque creo que definirlo es limitarlo."
Mara Loneliness.
Se miró en el espejo una vez más antes de acomodarse la corbata—. ¿Es normal que sienta vértigo? —inquirió a su hermano mayor al verlo atravesar la puerta gracias al espejo.
—Bastante normal.
Suspiró mientras se contemplaba una vez más. El moño estaba perfecto, al igual que el prendedor de su solapa—. Estoy más nervioso que en mi primer juego oficial.
—¿No iras a echarte para atrás ahora?
La voz de Zoro lo hizo mirar a su derecha, e infló las mejillas de manera infantil ante el tono burlón de su amigo, igual que siempre lo había hecho—. Por supuesto que no.
—¡Bien! —Usopp se levantó de su asiento entusiasmado—, porque ya es hora.
Luffy asintió, acomodó su saco y emprendió la marcha. Aquel era el momento más importante de su vida y ya nada volvería a ser como antes.
Su mundo estaba a punto de cambiar...
Él era alguien bastante despreocupado, en parte porque no le gustaba tomarse las cosas muy en serio y en parte porque nunca había tenido verdaderos problemas. Monkey D Luffy era el hijo más joven de una de las familias más prominentes de la ciudad capital, y porque no decirlo, de todo el país. Nunca le había faltado nada, ni emocional ni económicamente hablando, así que ser un alegre y despreocupado adolecente era lo más normal.
Tenía diecisiete años e iba en segundo año de preparatoria. No era muy brillante, pero sí muy determinado. De pequeño había conocido a Shanks Akagami, el mediocampista estrella y capitán del equipo de soccer más popular del país, así que se había propuesto ser jugador profesional igual que él, pero no sólo eso, iba a ser el mejor del mundo.
Ese era su sueño.
Era el mejor jugador de la preparatoria y muchos equipos querían reclutarlo, pero su padre insistía en que hiciera las cosas de manera "sensata" y le había hecho prometer que jugaría a nivel universitario a la par que hacia una carrera, tal cual había hecho su ídolo en sus inicios, obviamente él había aceptado el reto, si Shanks había podido él no tendría inconveniente, el problema era que él nunca había sido una persona muy brillante y para entrar a una universidad con una beca deportiva necesitaba una calificación de B como mínimo.
— ¿Qué haces aquí?
La dulce voz de mujer sacó a Luffy de su ensimismamiento. Estaba sentado en las escaleras del edificio administrativo sujetando un sobre entre las manos. Levantó la vista para mirar a la chica—. No quiero ir a casa.
Vivi se sentó junto a él. Lo observó en silencio algunos segundos antes de decidirse a decir algo—. Vas a perderte la hora de la comida.
El estómago de Luffy gruñó, como si acabara de recordar que tenía hambre. Ella sonrió.
—Quiero jugar soccer —dijo él tras varios minutos de silencio. Ella lo miró—. Quiero ser el mejor jugador del mundo... —su rostro se iluminaba siempre que decía aquello, pero en esa ocasión estaba demasiado preocupado—, pero creo que mi padre sólo busca la manera de impedirlo —suspiró estrujando un poco el sobre entre sus manos—. Supongo que quiere que estudie administración como Ace, o que entre a la escuela militar como Sabo...
—Yo no creo eso —lo interrumpió la chica, haciendo que la mirara—. Creo que tu padre sólo quiere que hagas de la forma correcta en lugar de sólo dejar la escuela y lanzarte a la aventura —Luffy la miró con suspicacia, y ella se ruborizo un poco y apartó la mirada, pero siguió hablando—. Si él no quisiera que cumplieras tu sueño te habría dejado saltar al vacio esterando que fracasaras...
—Yo no voy a fracasar —se quejó él, inflando las mejillas en un berrinche infantil.
—Claro que no —le sonrió ella— y tu padre también lo sabe, pero también es mayor y sabe que no jugaras soccer toda tu vida —el chico la miró completamente confundido—. Un día tendrás que retirarte, y él quiere que tengas un plan, que sepas lo que harás después.
El chico de cabellera negra abrió los ojos muy grandes a causa de la sorpresa que le provocaba entender que su padre no era el perverso ogro que siempre había creído—. ¡Tienes razón! —gritó entusiasmado.
Ella le sonrió con dulzura, el ánimo le había vuelto repentinamente y a ella le gusta más verlo llenó de aquel entusiasmo.
Luffy se levantó de golpe y tomó a la chica de las manos para que hiciera lo mismo y así poder darle un fortísimo abrazo—. ¡Vivi, eres la mejor! —la hizo girar un par de veces antes de darle un beso en la mejilla y soltarla.
Salió corriendo a toda prisa, dejando a la chica sonrojada y en trance por algunos minutos.
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Llegó a casa con las boletas de calificaciones en la mano. Tocó el timbre, pero apenas la puesta se abrió arrolló al mayordomo y corrió al comedor, donde su padre y hermano ya debían estar sentados.
Se detuvo en seco en medio de su padre y su hermano mayor. Respiraba agitadamente a causa de la carrera—. ¡Las tengo! —anunció levantando el sobre.
Su padre estaba leyendo el periódico mientras esperaba que sirvieran la comida. Miró al más joven de sus hijos de reojo.
— Luffy no debes correr así por la casa —le reprendió su hermano mayor, Ace.
El muchacho se talló la nariz descuidadamente—. Si, lo sé —respondió entre risas.
Dragón, su padre, bajó el periódico y tomó el sobre con las calificaciones de su hijo. Escudriñó de manera solemne el contenido ante la mirada expectante de los dos—. Luffy —el joven se irguió—, ve a asearte y luego baja a comer —le ordenó.
Luffy abrió los labios, quería preguntarle cómo habían salido sus notas, pero los volvió a cerrar y se dio la vuelta para hacer lo que su padre le había pedido.
— Por cierto... —el preparatoriano se detuvo en la puerta—. Una B es buena, pero esfuérzate más.
Una enorme sonrisa abarcó todo el rostro del muchacho, su mundo estaba comenzando a cambiar.
Aquella noche organizó una gran fiesta. Su hermano invitó a unos amigos que tenían una banda para que tocaran y él le pidió a Sanji que organizara la comida para él evento. El rubio no tuvo problema, la familia de Luffy siempre pagaba bien por la comida y el restaurante de su padre era uno de los mejores de la ciudad.
Anduvo por el salón observando como Usopp y Kaya llenaban todo de artículos de fiesta hasta que se aburrió, luego merodeó por la cocina probando todo lo que pudo hasta que Sanji lo echara a patadas de ahí. Finalmente había terminado sentado frente al reloj que estaba sobre la chimenea, hurgándose la nariz y esperando que llegara alguien para no aburrirse más.
Las primeras en llegar fueron Nami y su hermana mayor y novia de Ace, Nojiko. La chica de cabello celeste había subido a la habitación de su hermano mientras la pelinaranja se texteaba con su mejor amiga para saber a qué hora pensaba llegar—. No puedo creer que Vivi pensara en dejarme plantada —refunfuñó cruzando brazos y piernas. Estaba sentada en un mullido sofá, cerca de la silla que tenía Luffy frente a la chimenea.
—No va a venir —se quejó él con decepción.
—Claro que va a venir —sentenció—. Lo que me molesta es que pensara en no hacerlo.
—No puedes culparla —canturreó Usopp detrás de ella mientras colocaba algunas serpentinas en los candelabros.
— ¿Por qué? —cuestionó Luffy, ladeando la cabeza.
—Es todo tú culpa por ser tan despistado —le regaño la chica, lanzándole un cojín al rostro.
— ¿Mi culpa? —repitió sin entender nada.
—No creo que debas esforzarte —dijo el de la larga nariz a su amiga—, dudo que el entienda de lo que hablas —ella asintió con la cabeza de forma pesarosa.
— ¿Por qué es mi culpa? —insistió el aburrido anfitrión.
—Lo sé —se alzó de hombros, dirigiéndose a Usopp e ignorando a Luffy—. Nunca voy a entender porque esta tan colada...
—Nami, por qué es mi culpa —Luffy había sujetado a la chica de los hombros y había comenzado a zarandearla.
A la chica se le saltó una vena en la frente.
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Quince minutos más tarde Zoro llegó junto a Law, su compañero de piso, al mismo tiempo que la banda que tocaría aquella noche. Al parecer se habían topado en la entrada—. Así que estás listo para las audiciones del próximo año —dijo el peliverde al entrar, pero su mejor amigo no se movió de su lugar—. Luffy —lo zarandeó un poco y el chico cayó inconsciente al suelo. Zoro se alarmó al instante. Incluso Law corrió a socorrerlo, pero aparentemente sólo tenía un chichón en la cabeza. El peliverde suspiró aliviado—. Un día de estos lo vas a matar —refirió a Nami.
La chica miró hacia otro lado indignada—. Qué te hace pensar que yo le hice algo.
—Ese golpe tiene todo tu sello —sentenció con obviedad.
Usopp rió—. Te dije que tus golpes son inconfundibles.
— ¡Cállate!
El de cabello ondulado se achicó aterrado, alejándose de ella.
Law terminó de despertarlo—. ¿Estás bien?
Luffy bostezó como quien despierta de una siesta—. ¿Ya está la comida?
El ojigris parpadeó confundido—. Ni idea.
Hubo una carcajada general y el ambiente se relajó bastante.
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La banda tocaba rock clásico de las grandes bandas en general, salvo un par de canciones inéditas que iban bastante bien con la estridente voz del vocalista. La comida, igual que siempre, estaba deliciosa. La mayoría disfrutaba de la música desde su sitió, sólo algunas parejas estaban en la pista, entre ellas Ace y Nojiko.
Law se levantó y dijo algo a Zoro al oído antes de salir del salón.
— ¿Está todo bien? —inquirió Vivi, preocupada.
El peliverde se alzó de hombros— Sólo está cansado.
— ¿Quién? —Luffy llegó con un enorme plato de camarones fritos y se sentó en medio de los dos.
Zoro tomó un camarón de la bandeja—. Law.
— ¿Se fue? —inquirió Luffy mirando a su alrededor, buscando al susodicho.
— Fue al jardín a tomar aire fresco.
El pelinegro siguió comiendo despreocupadamente—. ¿Dónde está Nami? —preguntó a su amiga mientras le ofrecía un poco de comida.
Vivi tomó un camarón—. Hace como treinta minutos que no sé dónde está —respondió preocupada, mordiéndose el labio inferior—. Espero que no se haya ido para escapar de Sanji —dijo para sí misma—, se supone que voy a quedarme con ella.
El anfitrión habló con la boca llena de camarón frito—. No te preocupes —tragó—. Si Nami se fue puedes quedarte a dormir conmigo.
La cara de la chica se puso roja como una cereza, e incluso Zoro comenzó a ahogarse con un pedazo de camarón. Ella le apresuró un vaso con agua y le palmeó la espalda.
Luffy rió a carcajadas—. Zoro idiota, mastica antes de tragar.
— ¡El idiota lo serás tú! —bramó furibundo.
Kuina se sentó junto a Vivi y ofreció una bebida de naranja—. Puedes venirte conmigo si tienes problemas —la más joven sólo pudo asentir, pues aún le ardía la cara de vergüenza. Se ocultó tras su bebida murmurando un "gracias" muy quedito, especialmente al entender que todos habían oído el comentario del anfitrión.
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La banda paró de tocar un rato mientras Drake, el "manager" (o eso decía él), la hacía de DJ para que sus compañeros descansaran y comieran algo, especialmente la chica de cabello rosa que tocaba la batería, cuyo apetito era equiparable con el barril sin fondo que era Luffy.
— Cómo puede comer tanto y lucir tan delgada —la pregunta de Nami fue hecha al aire, pero no cayó en saco roto, pues Law estaba bebiendo una cerveza cerca de ella.
El ojigris dio un sorbo a su bebida antes de hablar—. Probablemente es un problema de tiroides.
El pelirrojo de la banda se paró junto a ellos y observó a su hermana menor—. Siempre creí que era una especie de alíen que mis padres habían recogido de la basura —comento en voz alta, y un pedazo de salami le golpeó la cara.
—Kueftoy kuesfkufando —bramó la delicada joven arrojándole un trozo de pan al tiempo que peleaba con Luffy por el ultimo pescado frito de la noche.
Miles de gotitas de sudor resbalaron por las cabezas de los presentes—. Es un problema envidiable —meditó Nami, tratando de ignorar el escandaloso espectáculo que estaba armando junto al anfitrión de la fiesta. Usopp había comenzado a correr apuestas al respecto obteniendo de inmediato la atención de la pelinaranja.
La noche había estado maravillosa y ahora tenían nuevos amigos con lo que quedaron de verse después. Todos agradecieron a los hermanos D por aquella velada.
—Fue una gran noche, Luffy —Vivi se inclinó con reverencia—. Gracias por invitarme.
Luffy rió fuerte—. La fiesta fue para ti —anunció con obviedad—, hubiera sido raro que no llegaras.
La joven se ruborizo, pero la amplia y sincera sonrisa de su amigo la llenaron de confianza, así que también sonrió—. Me alegra haber venido.
El tiempo siguió transcurriendo en calma y con su habitual tranquilidad y monotonía. El último año de preparatoria era uno de los más intensos, con todos eligiendo universidades y trabajando duro en los estudios y con sus exámenes.
La vida no podía ir de mejor manera.
Durante la semana de reclutamiento de deportistas sobresalientes Luffy tuvo uno de los mejores juegos de su vida, evidentemente tuvo un montón de ofertas de distintas universidades.
—No sé cuál elegir —se quejó con pesar al tiempo que se recostaba sobre sus libros.
Robin le sonrió y acarició su cabello de manera maternal. Era irónicamente dulce que dos añas atrás, cuando comenzó a darle asesorías todo el mundo pensara que él no tenía futuro y aquello era una pérdida de tiempo, ahora al menos seis universidades estaban peleando por él—. Escoge alguna carrera afín y decídete por el mejor plan de estudios —le sugirió, logrando que despegara la cara de la mesa y se llevara una hoja pegada en la mejilla.
— ¿Carrera afín? —inquirió sin comprender muy bien.
La morena asintió—. Vas a ser futbolista —obvió, captando completamente la atención de su pupilo—, así que lo normal sería estudiar periodismo —el chico hizo una mueca de desagrado y negó enérgicamente.
—No quiero ser comentarista al retirarme —se quejó—. Es aburrido criticar los deportes y no jugarlos. Además tendría que hablar del deporte que me dijeran y hay muchos que no me gustan tanto. ¡Me quedaría dormido de aburrimiento!
Robin rió bajito, especialmente al ver al chico inflar los mofletes en un puchero—. No necesariamente tendrías que ser comentarista, también podrías dedicarte a escribir.
Luffy volvió a negar—. No me interesa el periodismo.
—Y qué tal la administración, he oído que...
—¡No gracias! —la interrumpió de manera cortante. Al parecer tendría que decidirse por cualquier tontería tediosa con tal de dedicarse a lo que realmente le gustaba.
—Y qué tal deportes...
—¿Deportes?
Ella le sonrió otra vez al obtener su interés—. En realidad es licenciatura en cultura física y deporte —aclaró ella tomando uno de los folletos de universidades que el chico tenia amontonados en la mesa—. La universidad nacional tiene un excelente plan de estudios que se ajusta muy bien a los chicos que estén en alguno de sus equipos...
Los ojos del chico brillaron de emoción—. Esa es la universidad donde jugo Shanks.
No hubo que decir más, aunque su ídolo hubiera estudiado una carrera diferente, aquella era su alma mater, y sin duda él quería estar en el mismo equipo donde el pelirrojo había comenzado.
Esa misma noche le comunicó a su padre la decisión que había tomado y a la mañana siguiente el hombre envió el cheque y confirmó la entrada de su más joven vástago.
Sin duda las cosas estaban transcurriendo de maravilla, tan de maravilla que sentía que todo iba a cambiar.
Ocasionalmente Luffy y todos sus amigos se reunían a pasar el rato, divertirse y hacer alguna que otra tocada, pero los finales llegaron y la diversión se terminó. Las siguientes semanas habían sido un completó caos, llenas de estrés, preocupaciones, insomnio y muchísimo trabajo, sin embargo de alguna manera todos lograron aprobar, algunos con satisfactorio, otros con sobresaliente, pero el pequeño grupo de amigos había conseguido aprobar sus finales así que definitivamente aquella tarde estaban más relajados.
Finalmente estaban concluyendo el bachillerato y su futuro estaba a la vuelta de la esquina.
El último viernes luego de recoger la boleta de notas todos estaban mucho más relajados, eran las tres de la tarde e iban saliendo de la preparatoria, juntos.
—El próximo fin de semana ahí un concierto de Soul King —les recordó Nami mientras atravesaban el estacionamiento de la escuela.
—Pues ni creas que te vamos a llevar —respondió Usopp de mal modo, pero oculto de ella, del otro extremo del grupo, con Luffy y Vivi de por medio.
— No te estoy pidiendo que me invites, idiota —refunfuñó la chica de mala manera —, Sanji ya lo ha hecho.
Usopp suspiró aliviado y estiró los brazos para alejar el estrés—. Sólo por eso envidio a las chicas —expresó un poco pesaroso—. A veces me gustaría que me invitaran a algún lado.
— ¿Por qué no se lo comentas a Kaya? —Inquirió la peliazul de forma inocente, refiriéndose a la hermosa novia de su amigo—. Estoy segura que ella no tendría inconveniente en invitarte de vez en cuando.
—De ningún modo —sentenció con energía—. Dónde quedaría mi orgullo de galante caballero si dejara que una chica me pagara la comida.
Miles de gotitas aparecieron en la frente de la amable jovencita.
Nami se mofó—. Haces mucho escándalo por tonterías machistas —le cortó el rollo—, especialmente cuando te la pasas pidiéndome dinero prestado —la chica observó el esmalte de sus uñas con superioridad—. Me debes como quinientos billetes.
— ¡No es machista! —Se defendió Usopp—. Además pedirte dinero a ti no cuenta.
— ¿¡Y por qué no!?
—Las arpías usureras no cuentan cómo chicas.
Vivi se cubrió la boca para no reír, pero Luffy no pudo contener la carcajada que se le escapó.
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Nami sonreía inocente y dulcemente a su mejor amiga, quien tenía una sonrisa nerviosa dibujada en la cara. Detrás de ella estaban Luffy y Usopp en el suelo con un enorme chichón en la cabeza y las mejillas inflamadas—. Por favor, Vivi, di que si —insistió la pelinaranja—. Quiero ir al concierto, pero Sanji se pone muy pesado siempre.
—No quiero estorbar... —respondió mordiéndose el labio inferior, nerviosa.
—Pero no estorbarías —insistió Nami—. Sanji y yo sólo somos amigos. Por favor...
—Pero...
—Además iremos en grupo —la interrumpió—. Te prometo que no es una cita.
Vivi jugueteó con sus manos, nerviosa. No sabía que decir.
—Es cierto —intervino Luffy—. También irán Zoro y Law —le informó—, junto con otros amigos de Ace.
—¡Van a ir todos y no me invitaron! —interrumpió Usopp con incredulidad, señalándolos de manera acusatoria.
—La banda de Eustass va a abrir el show —insistió Luffy, ignorando completamente a Usopp.
—No puedo invitar si soy invitada —se defendió Nami, levantando los brazos como quien se rinde.
—Cierto... —El chico de la gran nariz asintió resignado hasta que cayó en la cuenta de algo importante—. ¡Estas invitando a Vivi!
—Entonces qué dices... —la pelinaranja volvió su atención a su amiga, ignorando al moreno de cabello rizado, quien se sentó en un rincón dibujando círculos en el suelo mientras una aura purpurea lo envolvía al tiempo que se quejaba por los terribles amigos que había elegido en la vida.
—Anda, será divertido que estemos todos ahí —la animó Luffy, y Usopp se dejó caer dramáticamente al suelo cómo si acabaran de apuñalarle el corazón.
La noche del concierto fue una locura. Los lugares eran un asco, pero al final habían podido ir a camerinos con sus amigos y conocer a Soul King en persona. Él hombre era un pervertido, y Sanji había terminado por darle una patada, pero aquello lejos de disgustar al excéntrico cantante había acabado por hacerlo reír con ganas. El desconcertado equipo de seguridad se alejó mientras su jefe hacía las mejores migas con Luffy y su grupo, incluso invitó a los "Heaven's Demons" (la banda de Eustass) a que abrieran sus conciertos en la gira que pensaba iniciar el siguiente otoño alrededor del mundo.
La noche era una locura y todo su mundo acababa de cambiar.
Consiguieron más mercancía firmada de la que hubieran podido pagar en sus vidas. De alguna manera extraña habían conseguido un nuevo amigo, y aquello era increíble. La estrella los invitó a una fiesta en su hotel, habría otras celebridades y tendrían oportunidad de hacer migas con grandes del negocio.
—Si quieren vayan ustedes. Los exámenes aun no terminan y mi padre me matara si me voy a regularización otra vez.
—¡Pero tú traes la camioneta! —lloriqueó Luffy. No podía creer que su hermano estuviera diciendo aquello en serio. Se estaba volviendo una persona demasiado aburrida.
—Yo puedo ir —anunció Vivi de manera tímida—, si Nami también viene.
Estaba muy contenta por la agradable velada que había podido pasar con Luffy y sus amigos. Toda la noche había sido sumamente divertida, pese a los asientos. Cantaron a coro las canciones más populares, juntos. Luffy la había animado a que se acercara y había pasado casi toda la noche con ella bromeando, riendo, animándola. La había llevado de un lado a otro como si sólo estuvieran ellos dos, al menos así lo había sentido ella. Quería seguir compartiendo el rato con él.
—¡Genial! —gritó Luffy con entusiasmo, sujetando a la peliazul de las manos.
Sin embargo no había ni comenzado a celebrar cuando Nami le cortó el rollo—. Lo siento. Mamá puede ser muy liberal, pero dudo que papá apruebe que vayamos a una fiesta de ese tipo, especialmente si Nojiko no me acompaña.
La hermana mayor de Nami no era fanática del cantante y había preferido quedarse en casa a continuar con sus estudios en lugar de ir al concierto. A ella sólo le habían dado permiso porque el novio de esta era quien la llevaría.
Luffy miró a Sanji, esperanzado, pero este saco un cigarrillo y negó rotundamente—. Si se va mi bella dama, me voy con ella.
—Yo tampoco puedo quedarme. Tengo examen mañana y le prometí a papá que le ayudaría en el taller por la tarde.
Luffy resopló al oír a Kuina decir aquello, estaba seguro que ahora Zoro tampoco querría ir. Le miró de forma apremiante.
—Lo siento Luffy —se excusó bastante apenado. Le costaba trabajo negarle algo al moreno, pero... —, tengo dos exámenes mañana y uno de ellos es a las siete.
—¿Law...?
—No me apetece —cortó el ojigris antes que insistiera más.
Kid se colgó de su cuello—. No seas amargado, será más divertido si vamos todos.
Law enarcó una ceja con suspicacia—. ¿Cuántas cervezas te has tomado? —inquirió, pues aquel tipo de comentarios no eran habituales en el pelirrojo.
—No lo sé —respondió con sinceridad y una enorme sonrisa poco común en él—, perdí la cuenta a eso de la octava.
El estudiante de medicina suspiró y rascó una de sus sienes—. No creo que estés en condiciones de andar en fiestas locas —le regañó—, especialmente si ya no estás en tus cabales.
—Por eso debes ir también —insistió—, así podrás cuidarme.
—¿¡Por qué coño querría cuidarte, imbécil!? —gritó, apartándolo y con las mejillas sulfuradas.
—Gracias por la invitación, pero mi hermano imbécil ya no está en condiciones de ir de juerga —se disculpó la pelirosa con el afamado cantante, quien rió de manera estridente y le dijo que la disculparía si le mostraba las bragas. La joven le dio un derechazo en la mandíbula, y Killer tuvo que sujetarla para que no se lanzara sobre el risueño hombre a seguir golpeándolo en la cara, claro que la lluvia de insultos no pudo (o no quiso) evitarlo.
Drake llegó sonriendo de quien sabe dónde, presumiendo que tenía los contactos necesarios para que hicieran oficial la invitación del cantante en cuanto todos aceptaran. No entendía que pasaba, pero prefirió no acercarse a Bonney hasta que se calmara.
Al final nadie fue a la fiesta.
Se despidieron del alegre cantante prometiendo ponerse en contacto pronto y subieron a sus autos para regresar a sus respectivas casas, sin embargo la suerte tenía otros planes para ellos.
Mientras caminaba del brazo de su padre y observaba a todos sus amigos y familiares a su alrededor la llenaron unas inmensas ganas de llorar. Estaba demasiado contenta en aquel momento.
Mordió su labio inferior para contener sus lágrimas. Era increíble que luego de tantas cosas finalmente hubiese llegado aquel momento.
Nami la observaba desde la tarima con los ojos llorosos de felicidad y se sonrieron la una a la otra llenas de felicidad.
El momento había llegado.
Cobra la soltó con mucho pesar y se alejó.
Ella sonrió a Luffy y la ceremonia comenzó. Luego de tanto tiempo separados era maravilloso estar, por fin, viviendo aquel momento.
Ahora todo iba a cambiar.
— ¡Reacciona!
La peliazul parpadeó y la cara comenzó a arderle. Nami estaba enfrente de ella, sujetándola de los hombros... No, sacudiéndola. La pelirroja acababa de abofetearla.
— Reacciona —repitió. Sus ojos estaban llorosos y asustados, pero al mirar a su amiga parpadear había sentido un alivio que la sobrepasaba. Nami la abrazó con fuerza mientras decía cosas incomprensibles entre sollozos y el inconfundible sonido de sirenas la devolvía lentamente a la realidad.
Una camioneta chocó al auto de Law y se volcó delante de ellos. Ace frenó de golpe, antes de impactarse, pero eso no los salvo.
Todo lo que la camioneta llevaba en la parte de atrás salió disparado contra ellos en el momento que esta se volcó. Ace gritó "¡Cúbranse!", pero todo paso tan rápido que casi nadie alcanzo a reaccionar. Ella se agachó y se cubrió la cara, pero el sonido de vidrios rompiéndose y de objetos golpeando la camioneta la aterrorizaron.
Hubo gritos, llantas derrapando, metal contrayéndose... ella entró en shock.
Lo siguiente que recordaba era a los paramédicos, la policía, el interior de una ambulancia y la sala de espera de un hospital. Estaba sentada junto a Nami, quien no paraba de llorar y de sujetarle las manos. Miró a su alrededor sin comprender bien lo que estaba pasando. Law estaba en una esquina, agachado, sujetándose la cabeza. Killer caminaba de un lado a otro con una férula en el brazo... ¿cuándo le habían puesto una férula?
De pronto llegaron los padres de todos. Su padre la abrazó con fuerza, lo escuchaba hablar, pero no tenía idea de lo que decía. No era capaz de entender lo que pasaba.
Nojiko gritó tan fuerte, que Vivi sintió su propio pecho contraerse.
No entendía nada, hacía apenas unas horas habían vivido la mejor noche de su vida, pero ahora toda su vida había cambiado.
Vivi salió de terapia en el sexto piso del hospital y bajo al tercero, donde los pacientes en terapia intensiva eran atendidos. Pasó por el cuarto de Zoro, pero no se atrevió a entrar pues un hombre estaba ahí, sentado junto a la cama, aunque estaba de espaldas a la puerta ella supo que lloraba. Se alejó en silencio pues no hubiera sabido que decir. Sabía que Zoro era huérfano desde los doce años y que el padre de Kuina se había hecho cargo de él... Suspiró con pesar al pensar en la amble chica.
Mordió su labio inferior para evitar las lágrimas, luego de calmarse un poco entró a la habitación de Luffy. Robin y su novio estaban ahí. La morena le sonrió antes de anunciarle a su acompañante que tenía hambre y pedirle que la acompañara a la cafetería.
La joven visitante le devolvió la sonrisa, agradeciendo aquellos momentos de intimidad con el chico. Estaba enamorada de él desde la secundaria. Lo conoció en química, cuando el profesor decidió que era buena idea que hicieran equipo, juntos, el chico más problemático y la niña modelo, probablemente había pensado que ella podría encarrilarlo y hacerlo estudiar.
Las cosas habían resultado un poco a la inversa. Luffy la animo a ser menos tímida, la presento a su grupo de amigos y la hizo salir de su zona de confort, ayudándola a descubrir que era mucho más capaz de lo que pensaba. Poco a poco se volvió más segura de sí misma, más firme y probablemente mucho más valiente en todos los aspectos de su vida, con todas las personas... excepto con Luffy.
No podía evitar ponerse nerviosa cuando estaba con él, y entonces brotaba toda su timidez. Sin embargo era algo inevitable, lo amaba. Seguramente era algo que había sabido desde siempre, pero no había sido conciente de ello hasta luego del accidente. Suspiró mientras saludaba a la enfermera y entraba en la habitación a hacerse cargo de su amigo.
Ayudó a cambiar las sabanas, puso un poco de música y le contó cómo iba todo. Le hablaba siempre de cómo estaban el resto, como avanzaba su recuperación. Le contaba del estado de Zoro y que los doctores creían que pronto podría dejar aquel piso. También le contaba sobre Bonney, a quien visitaba en el área psiquiátrica todos los días, y aunque los doctores decían que no tenía mejorías ella insistía que la había visto mirarla. De Eustass sólo le contaba lo que Law le decía, no podía visitarlo, cuando no estaba sedado era muy violento con todos, a excepción del ojigris. En el fondo no podía más que entenderlo, había perdido un brazo y nunca más podría tocar la guitarra, era normal que estuviera molesto.
Siempre procuraba decirle sólo las cosas positivas, aunque los doctores le dijeran que no se enteraba de nada por los sedantes ella siempre estaba ahí, puntualmente a las cuatro de la tarde, después de su terapia, para estar con él.
Le contó también que Nami había huido con Sanji a quien sabe dónde y que solamente les habían enviado una postal contándoles que se habían casado. Junto con la postal había llegado una fotografía. Ni ella misma lo podía creer, aunque en el fondo siempre creyó que a su amiga no le era indiferente el rubio, jamás se imaginó que aquello pudiera suceder.
Fueron meses duros y muy difíciles de sobrellevar, pero al final todo terminó.
En diciembre del mismo año todos, menos la pelirosa, salieron del hospital, ella estuvo ahí el día que dieron de alta a Luffy, quien mientras bajaba de la silla de ruedas finalmente preguntó por su hermano. Un silencio sepulcral llenó la sala del hospital, su padre y su hermano mayor habían ido por él, acompañados de una de las socias del mayor. El rubio trató de decirle, pero solo balbuceó cosas incomprensibles.
Su padre le miró con una seria indiferencia que le heló la sangre a todos—. No sobrevivió.
Luffy comenzó a gritar, quiso correr, quiso culpar desquitarse con su padre, con todo lo que Ace se esforzaba por ser adecuado para él, con lo miserable que era su vida desde que había comenzado a estudiar esa carrera que odiaba. Gritó tanto y tantas cosas. Se lanzó contra su padre y lo golpeó varias veces hasta que su hermano lo detuvo.
Sabo lo abrazó fuerte y eso lo rompió. Todo el odio, todo el coraje y el rencor que lo llenaba se esfumaron y sus gritos de furia se convirtieron en sollozos de dolor. Las lágrimas corrieron y él se derrumbó.
Vivi mordió su labio inferior, conteniendo sus propias lágrimas. Hubiera querido ser ella quien lo consolara, pero no se atrevió a dar un sólo paso.
Sin duda alguna su mundo había cambiado por completo.
Vivi estaba acostada en su habitación intentando leer, pero lograba concentrarse. Era medio semestre y sabía que Luffy no había querido estudiar... quién sabe si querría retomar su sueño, o si medicamente podría hacerlo. Suspiró abatida. Estaba muy preocupada por él, pero lo único que sabía era que estaba ocupado, siempre ocupado.
Por lo que sabía una socia de Dragon le había conseguido a Luffy un excelente terapeuta físico que iba a ayudarle para poder retomar su sueño de ser futbolista, o era lo que Law le había dicho. Últimamente charla más con el ojigris que con cualquier otro de sus amigos.
Usopp estaba estudiando en Londres, así que sabía de él más que lo que hablaban por redes sociales o mensaje de texto. Kaya también estaba estudiando fuera, y Nami seguía "fugada" con Sanji. Todos los días la llamaba Nojiko para saber si tenía noticias de ella, pero nunca las tenía... hasta esa noche.
El tonó de mensaje de su celular la hizo incorporarse. Generalmente hubiera ignorado los mensajes, pero aquel era el tono que tenía para los mensajes de su mejor amiga. Lo desbloqueo a toda velocidad y leyó el despreocupado texto de la pelinaranja.
"¡Hey! ¿Qué tal has estado?"
Rápidamente comenzó a teclear.
"¿Dónde estás? Toda tú familia está preocupada por ti."
Vivi se quedó contemplando la pantalla de su móvil, en la parte superior aparecían las letras escribiendo, pero luego volvía a aparecer el en línea habitual. Eso se repitió un par de veces, como cuando alguien va a responder y luego borra el texto. Pensó en escribir otra cosa, pero temía que al final su amiga no se animara a responder.
"Luego me comunico con ellos. Has visto a Luffy?"
"No desde hace un par de meses. Tampoco responde mis mensajes."
"Deberías ir al parque nacional, al área de picnic por las mañanas."
Comenzó a escribir, pero justo cuando iba a enviar el texto, el estado de su amiga estaba de nuevo en desconectado. Suspiró y dejó el móvil bajo la almohada. Sabía que Luffy estaba yendo ahí a su rehabilitación, sabía también que la socia de su padre le había conseguido a uno de los mejores terapeutas físicos del mundo, un tal Silver, pero también sabía lo que Law le había dicho: Quizá no le gustara lo que iba a mirar.
Todo su mundo estaba de cabeza, sin embargo ya no había vuelta atrás.
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Una tarde había decidido armarse de valor e ir a ver a Luffy. Quería decirle lo mucho que lo extrañaba y que deseaba que las cosas volvieran a ser como antes, pero aquella tarde se dio cuenta que ya nada volvería ser igual.
Desde la fuente lo había observado entrenar arduamente y había sentido a du corazón dar un vuelco de emoción al mirarlo terminar todos aquellos ejercicios y continuar de pie. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro y pensó que aquel era el momento de acercarse y hablar con él, pero entonces la miró, a una exuberante y atractiva mujer de cabello negro correr hacía él y abrazarlo y besarlo repetidas veces.
Eso le dolió.
Le dolió mirarlo en los brazos de aquella mujer, pero le dolió más ver que no la apartaba, sino que le sonreía y ella dramatizaba desfallecer por la emoción. Le dolió darse cuenta que no le hacía falta, que probablemente suponer que lo que sentía por él era algo correspondido había sido una fantasía en su cabeza. Le dolió, pero al mismo tiempo, entre las lágrimas de desilusión que se le escaparon, sintió una inmensa alegría de verlo otra vez animado y feliz.
Esa mañana le dijo adiós, pero nunca lo olvido.
Ambos siguieron con sus vidas, él cumplió su sueño y ella celebró cada éxito que tenía. Lo veía en televisión, revistas y publicidad y estaba feliz de verlo triunfar.
Un tiempo salió con un viejo amigo de la infancia, pues trató de seguir adelante, pero más temprano que tarde se dio cuenta que aquello no tenía futuro. Cuando Kozha le pidió matrimonio no pudo continuar aquella farsa ni un minuto más. Ese día entendió que sólo podría amar a una persona, aunque esa persona no volviera a su vida jamás.
Suponía que era normal pensar en los momentos más relevantes de su vida en uno de los días más importantes de esta. Suspiró cuando finalmente las puertas se abrieron frente a él. Todas las personas en aquella habitación se pusieron de pie y él sintió como se le revolvía el estómago por los nervios.
Una mano en su hombro le dio ánimo, miró a Zoro y le dedicó una sonrisa que decía: "tranquilo, estoy bien".
Se irguió al escuchar la música y su mirada se ilumino ante la imagen que atravesó aquel umbral.
Luffy se dejó caer en la hierba, cansado pero contento, aquel día finalmente había logrado completar la rutina física que Rayleigh le había puesto. Ciertamente su cuerpo estaba completamente exhausto, pero en esta ocasión no sentía su pecho presionado, ni su corazón rendido.
—Luffy, mi amor, iré por el almuerzo.
La voz cantarina de la pelinegra lo hizo levantar la cabeza. Le sonrió ampliamente al tiempo que asentía y luego se dejó caer una vez más sobre la hierba. Durante el poco tiempo que llevaba junto a ella, esta le había expresado abiertamente todo lo que lo amaba y sus deseos de casarse con él, y aunque él había declinado aquello de una forma no muy amable, la mujer había seguido a su lado y le estaba ayudando mucho. La quería bastante, pero no la amaba y no pensaba pasar toda su vida con ella.
Miró el azul del cielo mientras un vacío le presionaba el pecho.
Había perdido contacto con varios de sus amigos, aunque Zoro y Law iban a verlo seguido con el resto las cosas estaban muy diferente. Nadie sabía dónde estaban Nami y Sanji. Usopp se había ido al extranjero y muchos de los demás evitaban reunirse porque era muy doloroso recordar todo lo que había pasado. A veces les llamaba, pero nunca lograban concretar una reunión, siempre estaban ocupados, siempre había cosas por hacer.
Aunque él nunca había sido muy brillante comprendía ese recelo de todos y ese miedo de volver a juntar. Todo había cambiado. El cielo que antes lo llenaba de paz ahora lo hacía sentirse vacío, como si algo le faltara, algo que siempre había tenido y que ya no estaba más. A veces le hacía doler el pecho tanto que le faltaba el aire y otras veces lo hacía desear superarlo todo, incluso ese vacío que le quemaba desde adentro.
Su entrenador se sentó junto a él y le dio una bebida energética—. ¿Aún no lo descubres?
Luffy aceptó la bebida y lo miró de reojo—. Siempre que voy al doctor, o que Law me revisa, dicen que estoy perfectamente bien —abrió la lata y dio un gran trago—. Sin embargo el vacío y el dolor no se van.
Rayleigh lo miró en silencio. En aquella época el chico había aprendió a sobrellevar el dolor, tanto el físico cómo aquel que le aplastaba el alma a causa de la pérdida de su hermano, incluso se podía decir que se había resignado y había aprendido a verle el lado positivo a las cosas, pero aun así algo faltaba y era difícil saber lo que podría ser aquello.
Cuando había salido del hospital los doctores dijeron que se había recuperado en un tiempo record, de una manera casi milagrosa, a diferencia de su amigo, Zoro, quien había pasado en estado crítico mucho tiempo. Algunas personas incluso pensaban que estaba dejándose morir.
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Luffy comenzó su carrera universitaria y deportista dos años después del accidente, tiempo durante el cual tuvo un tórrido y apasionado romance con Boa Hancock, la dueña de la revista femenina más popular del planeta: "Amazon Lily". La conoció mientras entrevistaba a su padre para un artículo. La mujer se había colgado de él como enredadera y al final sin darse cuenta había terminado dejándose envolver por sus encantos, pero cada vez sentía que aquello no iba a durar.
En aquella época Robin se casó con Franky, un famoso arquitecto que había trabajado en su casa en la época que ella fue su tutora, ahí se habían conocido y enamorado. En el evento sus amigos se reunieron por primera vez en mucho tiempo, o al menos la mayoría.
Había ido acompañado por Hancock, quien no dejaba de hablar de lo maravilloso que sería cuando ellos dieran aquel gran paso. La cabeza terminó doliéndole y se escabullo lejos de ella en cuanto tuvo oportunidad.
—Al menos no soy el único al que le cansan estos eventos.
Luffy estaba sentado en las escaleras afuera del salón cuando aquella voz lo hizo levantar la cabeza. Miró al pelirrojo, quien le extendió la licorera que ocultaba en su saco. La rechazó con suspicacia—. Creí que ya no bebías.
El pelirrojo rió—. Mitiga el dolor —le explicó, sentándose a su lado.
—Law va a preocuparse.
—Él lo sabe, pero prefiere ignorarlo y no lidiar con ello.
El más joven no dijo más, pues comprendía un poco como era eso.
—Tú exuberante novia le está pidiendo la dirección a todos —le comentó tras darle un sorbo a su bebida—, para invitarnos a "su boda".
Luffy suspiró—. Eso no pasara.
Eustass rió fuerte—. Ya me lo imaginaba. ¿Cuándo piensas decírselo?
—Lo sabe, pero no lo quiere aceptar.
Aquel día había visto a Vivi luego de mucho tiempo y había sentido su pecho hincharse, pero al ver que iba acompañada el vacío lo había sofocado una vez más, por esa razón había tenido que huir de Hancock, por esa razón había terminado sentado en las escaleras afuera del salón contemplando el azul del cielo a través de la ventana.
Quizá fue la primera vez que comprendió que no le gustaba ver a Vivi con nadie más... quizá fue la primera vez que comprendió que el cielo lo aplastaba porque le recordaba aquello que le hacía falta...
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Su sueño comenzó cuando cumplió veintitrés años y firmó su primer contrato laboral con "Los Piratas", el equipo más popular de la costa oeste del país.
Aquellos primeros años lejos de su ciudad natal y finalmente separado de Hancock en una relación a distancia lo hicieron entender que esa parte de su vida había llegado a su fin. Ella no lo tomó bien, sin embargo, con la gracia de una reina lo aceptó y siguió adelante con la consigna de "Continuar luchando". De un modo u otro sabía que siempre podría contar con su amistad, pese a todo.
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Su mundo continuó avanzando y lentamente fue devolviendo todo a su lugar. Ocasionalmente iba a su ciudad natal a visitar a sus amigos. Lo había hecho durante la boda de Usopp, dónde prefirió ir solo.
Cuando vio a la peliazul llegar sola intento acercarse a ella gran parte de la noche, pero entre toda la gente agobiándolo con autógrafos, Usopp presumiéndolo y el alboroto que Eustass había armado por culpa de la aburrida música el día terminó sin que pudiera hablar con ella. La miró alejarse mientras su pecho se comprimió.
Tenía veintiséis años cuando su contrato con los piratas iba a terminar, varios campeonatos y tres títulos seguidos como mejor jugador del año era su mejor curriculum. La vida ideal... soltero, millonario y libre, tal y como siempre había querido. Sus compañeros decían envidiarlo, pero al final de la jornada sentía que era demasiado pesado seguirle el ritmo a la fiesta de los jóvenes y demasiado aburrido reunirse con las familias de sus compañeros.
Lentamente comenzó a darse cuenta que los años pasaban y era tiempo de avanzar... o quizá, de retroceder.
El día que bajó del avión de los "soldados", el equipo de la capital, finalmente sintió que estaba en casa.
—¡Luffy!
Aquella voz familiar entre los asistentes lo sacó del ensimismamiento de la celebración. Ese era el primer torneo que ganaba en aquel equipo. Miró a las gradas y sonrió ampliamente al reconocer a esa persona—. ¡Hey! ¡Usopp! —acercarse fue algo inevitable.
Por la tarde le dio una entrevista. Su viejo amigo era periodista y trabaja en una de las revistas deportivas de más renombre en la ciudad. Las preguntas fueron rutinarias y sencillas, y mayormente charlaron y bromearon recordando los partidos en la secundaria cuando estaban comenzando aquel camino de sueños que era la vida.
El tiempo no había pasado en balde y ambos lo sabían—. Extraoficialmente, Luffy —el curioso reportero tomo un caramelo de la mesita de centro de aquel vestíbulo—, ¿hay alguna persona importante en tu vida?
—De qué hablas Usopp —el futbolista frunció el ceño confundido—. Tú sabes que hay muchas personas importantes en mi vida.
—No tonto —le regañó—, me refiero a algún romance.
—Ah... —un vacío le presiono el pecho y su mirada se apagó—. No.
Hubo un breve e incómodo silencio, pero Usopp carraspeó y comenzó a bromear de la suerte que tenía al poder ligar con cualquier mujer de la ciudad, especialmente porque era alguien muy codiciado—... ya sabes cómo son las chicas con los ídolos —Luffy le sonrió, aunque no le apetecía hacerlo en realidad —. ¿Has hablado con Vivi últimamente?
—¿Qué?
—Es maestra en una primaria. Últimamente pasa todo el tiempo ahí.
Una mañana de octubre salió temprano a correr, igual que todos los días, con los audífonos puestos y el contador de distancia encendido, pero el camino que tomó aquel día no fue el mismo de siempre.
De alguna manera, sin comprender cómo había llegado a aquella dirección que le había dado Usopp. Se detuvo en la puerta principal y observó mientras sentía que el aire le faltaba.
—¿Luffy?
Su voz le llegó desde atrás. La escuchó porque en aquel momento la canción de su reproductor se cambió. Se giró de manera lenta y la miró—. Vivi...
—¿Qué haces aquí?
El abrió la boca, pero las palabras no lograron salir. La cerró mientras la música le daba valor. Lentamente se quitó los auriculares y caminó hasta ella. Le sonrió igual que antes, e igual que antes ella se sonrojo—. Quería verte —la chica mordió su labio inferior, y entonces él miró a misma joven que conoció en la secundaria, llena de inseguridades y miedos, en la mujer que tenía delante. Le acarició él rostro con la yema de los dedos y la presión que aplastaba su pecho se disipó. Su corazón volvió a latir con fuerza y rapidez y fue cuando lo entendió—. Me has hecho mucha falta.
—¿Por qué? —preguntó ella con un hilo de voz.
Luffy se inclinó lentamente y junto su frente con la de ella—. Te amo.
Zoro sacó la sortija de su bolsillo y se la arrojó a las manos.
Luffy atrapó la joya sin la necesidad de volverse a mirar a su amigo y sonrió mientras sujetaba la mano de la chica frente a él—. Yo, Monkey D Luffy, quiero que sepas que te amo con toda mi fuerza. Nunca más buscaré otros besos, ni otros brazos que no sean los tuyos, porque contigo encontré todo lo que me hacía falta —al decir aquello colocó el anillo en su dedo, muy lentamente, mientras la miraba a los ojos—. Me gusta mirarte, sonreírte sin ninguna razón y que tu rostro se ponga rojo de vergüenza. ¡Lo amo! Te elegí a ti, Vivi, porque eres la persona con la que quiero ser feliz por el resto de mi vida.
—Te amo —respondió ella al tiempo que comenzaba a colocarle el anillo con lentitud—. Cada momento de cada día voy a esforzarme para que nuestro amor dure para siempre. Tú, Luffy, eres la única persona con la que quiero pasar el resto de mi vida.
Fueron sus votos, sus promesas.
El ministro termino la ceremonia con el clásico "Puede besar a la novia", y así lo hizo. Tomó su rostro entre sus manos igual que en aquella ocasión, junto su frente con la de ella y la besó, tan suave y dulcemente como la primera vez.
Cuando se separaron ella estaba sonrojada y él sonrió tan ampliamente como le era posible—. ¡Estoy casado! —gritó levantando las manos.
Hubo un gran vitoreo general y al bajar las manos ella lo sujeto—. Estamos —le susurró en el oído, y aquello le llenó el corazón.
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La familia D organizó una gran fiesta, con mucha comida y música. Alegre y llena de vida, tal y como era Luffy.
Aquella noche se despidieron para ir al aeropuerto y tomar un avión rumbo al caribe. Su padre le había regalado la luna de miel en un hotel de cinco estrellas por una semana.
Vivi observó, nerviosa, como su esposo daba propina al botones y lo despedía.
La puerta se cerró y él se volvió a mirarla—. Te ves hermosa —le sonrió.
Ya no llevaba el vestido de novia, se había cambiado antes de salir a tomar el avión. Llevaba un vestido blanco de tirantes con bordados de estrellas y flores plateadas con unas sandalias a juego.
Lentamente se acercó a ella y la recostó en la cama mientras la besaba en los labios, de manera suave, experta. Tal vez había estado con algunas mujeres en su vida, tal vez esas mujeres le habían enseñado muchas cosas de la cama, pero aquella noche, con su esposa, por primera vez aprendería lo que era hacerlo con amor, con ese dulce amor que sólo ella le brindaba.
Fin.
