PUNTO DE QUIEBRE.


Miró en el espejo el muñón que tenía por brazo, luego de salir de la ducha, y al fondo de su habitación (a través de espejo) vio de reojo su guitarra eléctrica y las fotografías de la banda de rock que él y sus amigos habían formado en la universidad. Su hermana lo llamaba "el muro de los lamentos", e innumerables veces le había dicho que lo mejor era quitar todo eso de ahí y ponerlo en una caja en el desván, pero siempre se negaba a hacerlo.

No era que viviera en el pasado, después de todo tenía un título en ingeniería mecánica, una maestría en electrónica y estaba a punto de terminar un doctorado en robótica, y no conforme con eso tenía pensado adentrarse en la biomecánica luego de eso. Tenía grandes proyectos, ideas innovadoras y una gran fila de patrocinadores dispuestos a darle los fondos que le hacían falta. Además contaba con un colega igual de ambicioso que él.

No, definitivamente Eusstass no vivía en el pasado, simplemente no era de los que negaban las cosas para que dejaran de dolerle. Prefería el dolor de la realidad que vivir en una mentira, siempre lo había preferido. Cuando era niño se alegró que sus padres finalmente se divorciaran luego de años de gritos, peleas e improperios. A sus doce años sabía más groserías que muchos preparatorianos, así que sí, le dio bastante gusto que todo aquel circo se acabara, prefería una familia separada que una que estaba junta haciéndose pedazos cada día. Sus padreas continuaron discutiendo algún tiempo, pero finalmente llegaron a un punto en el que lograron convivir en paz. A partir de ese día se hicieron mejores personas, y mejores padres. Bonney, su hermana menor, fue quien más disfruto de aquello, pues era muy pequeña cuando se separaron como para recordar los malos ratos.

El dolor era parte de la vida, él lo sabía mejor que nadie, pero no por eso se había vuelto un quejica, al contrario, el dolor le sirvió para componer excelentes canciones. Había sido un grandioso rockero, y aún componía de puta madre...

Su móvil sonó y contestó de mala gana—. ¿¡Que mierda quieres!?

—¡No me hables así, pedazo de imbécil! —La voz colérica de su hermana le hizo retumbar los oídos—. ¡Iré hasta tu departamento sólo para patearte el culo!

—¿Sólo llamaste para joder? —inquirió en un tono más conciliador.

—No imbécil, llamo para recordarte que nos reuniremos esta noche —el pelirrojo emitió un bufido—. Ni se te ocurra faltar con la excusa que Law no pudo ir a recogerte.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Idiota. El turno de Law termina a media noche y llegará más tarde.

La chica siguió insultándolo otro rato antes de colgar.

En parte le desesperaban esas llamadas diarias de ella, en parte le daban ternura. Sabía que luego del accidente en el que perdió el brazo se había puesto demasiado mal, y la chica temía que se suicidara o algo así, pero él no era de los que se rendían, él siempre había sido de los que hacían algo al respecto, de los que no se detenían, de los que luchaban una y otra vez aunque se dieran de trompicones contra el suelo mil veces. No había llegado tan lejos sólo para renunciar.

Se puso la camisa y comenzó a prepararse para ir a la universidad, tenía demasiadas cosas que hacer y aunque su colega era muy eficiente, también era muy disperso, en especial últimamente, y no era que lo notara, simplemente Law no paraba de decírselo. Su colega y el medico eran compañeros de piso desde la universidad, y aunque él le había insistido a Law en que no era asunto suyo y que lo mejor era que se mudara con él a su piso y dejará de pagar renta, él medico simplemente no lo hacía. "—No puedo dejarlo botado." Le respondía, y él tenía que aguantarse.

Law tenía la manía de querer ayudar a los demás, lo cual era bastante bueno dado su profesión, pero al mismo tiempo resultaba irritante porque sentía que siempre estaba en segundo plano.

Suspiró antes de salir.

Estaba empezando a creer que él no era la prioridad del doctor, y eso le molestaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

.

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En la universidad entró a su taller para concentrarse en su proyecto y dejar de pensar en Law. Era novios desde hacía años, pero cada día sentía que se alejaban más en lugar de acercarse, cada día sentía que doctor toleraba menos sus bromas y lo encontraba más irritante, cada día sentía que aquello que tenía con él comenzaba a desquebrajarse más y más.

Las cosas cotidianas comenzaban a volverse molestas, las vicios un problema y los silencios una bomba de tiempo. El medico era tan reservado que nunca tenía idea de que era lo que realmente pensaba, cuando se enfadaba nunca tenía idea de por qué lo hacía, y cuando discutían todo terminaba con él abandonando la habitación, llenó de frustración, coraje e ira.

Había terminado adaptando una de las habitaciones de su departamento para ejercitarse y dejar salir todo lo que lo volvía loco. A veces preferiría que el médico le gritara y le reclamara todo lo que le molestaba en lugar de sólo quedarse callado como si no pasara nada.

El taller estaba solo, así que puso un poco de rock pesado y el resto de la mañana se concentró por completo en su trabajo.


Law amaba su trabajo. Estaba en el hospital y acababa de salir de una cirugía de apéndice. Todo había salido bien y estaba bastante satisfecho con su trabajo. Saludo a sus colegas, fue a la cafetería por un café y luego acompaño a los residentes a revisar a todos sus pacientes.

Aquel era un día tranquilo de consultas y cirugías menores, pero aun así no se le antojaba pedir permiso para salir antes para ir a la reunión con sus amigos, la sola idea de no estar ahí para una emergencia lo paralizaba.

Tras el accidente en el que Kid perdió uno de sus brazos había comprendido la importancia de los paramédicos, las enfermeras de urgencias y los cirujanos de turno. Si una sola de aquellas personas se hubiese tomado el día... suspiró y sacudió su cabeza, no quería pensar en aquello, no quería pensar en todo lo que había pasado y no quería pensar en el resto de los involucrados, no en ese momento que su mente era un caos absoluto.

Llevaba casi diez años compartiendo departamento con Zoro Roronoa. Originalmente todo había sido cosa de conveniencia, pero con él tiempo se había hecho buenos amigos. No quería pensar en él porque recientemente había descubierto que tenía una relación sadomasoquista con otro hombre, lo cual no debería ser su problema, sin embargo al tener que ser el quien lo recibía luego de las palizas que le daban, ser quien curaba sus heridas y se preocupaba por él, no podía evitar que aquello le molestara.

Curar a los heridos era lo que más le gustaba en la vida, por eso había estudiado medicina, porque le gustaba salvar a los demás...

Ψ


"—No tienes que ser siempre el caballero en dorada armadura"

Le había dicho su madre alguna vez, cuando era pequeño y siempre estaba al pendiente de su hermana menor, quien tenía leucemia.

—Le prometí a Lami que le leería "El principito" —respondió mientras trataba de levantarse de la cama.

—Tienes fiebre y debes descansar.

—Pero mamá...

—Nada —lo interrumpió—. Descansa.

Aun así se había escapado a hurtadillas de su habitación durante la noche para ir con su hermana menor a leer algunas páginas de aquel libro. No lo podía evitar, cuando alguien le importaba deseaba salvarle..."

Ψ


Con el tiempo había llegado a la conclusión que a causa de lo que vivió con su hermana pequeña había desarrollado un complejo de héroe que no se podía sacar, especialmente porque no había logrado salvarla; eso le preocupaba demasiado por todo lo que aquello implicaba. «Eusstass...» Suspiró mientras el pelirrojo cruzaba su mente.

Los últimos meses las cosas entre los dos habían ido en declive, todo a causa de que sus planes a futuro eran muy diferentes. Law quería casarse, comprar una casa, formar una familia, mudarse a los suburbios, adoptar un par de niños y quizá también un perro... le dolía un poco el pecho cada vez que pensaba en aquello, especialmente porque sabía que el pelirrojo no pensaba igual. Kid le había dejado bastante claro que no quería una familia porque él provenía de un hogar roto.

"—Tener hijos en este mundo de mierda es una estupidez —le decía—, sólo vendrían a sufrir."

El ojigris se había tragado lo mucho que aquello le había pesado y había continuado con Kid porque lo quería demasiado y no se imaginaba una vida sin él. Tenían casi diez años juntos y había pensado que quizá era el momento de dar el siguiente paso.

Un fin de semana había acompañado a Luffy a comprar un anillo de compromiso para su novia (y ahora esposa) y no había podido evitar quedarse mirando las argollas de matrimonio, aunque aquel día había llegado a la conclusión de que un "anillo de compromiso" no sería del estilo de Kid. Seguramente se lo arrojaría en la cara cuando se lo diera.

Aquella semana había pensado mucho en eso y había terminado comprado un sujetador para corbata en forma de guitarra eléctrica. Realmente estaba entusiasmado con darle aquel detalle, pedirle matrimonio y deleitarse con la expresión que pudiera poner. Había estado tan feliz con aquella idea que recordarlo hacía que le doliera el corazón.

Durante semanas había guardado el prendedor en su consultorio, esperando el momento justo para entregárselo. Finalmente una reunión con sus amigos coincidía con su aniversario de novios, así que en lugar de irse a la reunión luego del trabajo (como siempre lo hacía), había regresado a su casa para asearse, acicalarse y ordenar el lugar para recibirlo por la madrugada, pasar el rato ahí y pedirle matrimonio después de una buena sesión de sexo...

Sin embargo, en la reunión a Usopp se le ocurrió preguntar si tenían ese tipo de planes, y el pelirrojo se encargó de tirar por la borda todas sus ilusiones al responder que semejante idea era una reverenda ridiculez.

Law había sentido su corazón contraerse en aquel momento y un dolor punzante que lo atravesaba. "El síndrome del corazón roto", por un segundo temió morirse ahí mismo, pero aquello no pasó, tuvo que quedarse ahí, fingir que estaba bien y que no le importaba nada y tragarse todo el dolor que sentía que le estaba partiendo en dos.

Esa noche, al terminar la velada, lo último que deseaba era estar con el pelirrojo. Quería volver a su departamento, recoger toda la sarta de estupideces que había armado y tirarlas a la basura, después de todo seguro ni recordaba que aquel era un día especial.

Ψ


Law condujo de regreso. Eusstass estaba cansado. Era difícil conducir con un solo brazo.

—Te acompaño arriba —sugirió Kid en cuanto estuvieron afuera del apartamento.

—Hoy no, Eusstas —no quería que viera la escena ridícula que había montado, no después de oírlo decirles a todos que el matrimonio entre hombres era una estupidez.

—Vamos... —el pelirrojo lo atrapó con su brazo mientras le hablaba de forma sensual cerca del cuello, erizándole la piel—. Te voy a hacer gritar de placer.

Law sintió como su cuerpo le traicionaba ante la cercanía del otro y tuvo que apartarlo con brusquedad— ¡He dicho que no! —abrió la puerta y bajo del auto.

—Te comportas como una chica —le soltó el pelirrojo con cierto desdén.

— ¿Y eso que mierdas tiene de malo?

—Si quisiera soportar este tipo de escenas saldría con una mujer.

—¡Pues anda y vete con una! —cerró la puerta del auto con fuerza y se perdió en el interior del edificio echando maldiciones. Kid era tan heteronormativo que resultaba frustrante.

Se encerró en su departamento y echó todo lo que había montado a la basura, excepto el sujetador, aunque quería lanzarlo por la ventana no pudo hacerlo. Le dolía.

Esa noche tuvo una terrible dificultad para conciliar el sueño, y cuando Zoro llegó desmoronándose y llenó de moratones no pudo evitar desear cobijarlo. Le dio todo el apoyo y el consuelo que le habría encantado recibir.

Ψ


Quizá había hecho mal en volcar todo su dolor en Zoro como si él pudiera darle consuelo cuando visiblemente se encontraba en una peor situación que la de él, pero todo pasó en un momento y de una manera que no pudo evitar.

"Doctor Trafalgar Law, lo solicitan en urgencias."

Escuchó aquel anuncio al mismo tiempo que llegaba un mensaje a su bíper. Ya no había tiempo para pensar en tonterías, tenía vidas que salvar.


Eusstass limpió el sudor de su frente y colocó la llave stilson que tenía en la mano, sobre la mesa. Tomó un gran tragó de rehidratante y contempló el perfecto trabajo mecánico que había hecho. Sin duda era el puto amo. Todo lo que faltaba en aquel momento era revisar su funcionalidad con el programa de movimiento... maldijo mentalmente a su colega por no haber llegado aún.

Eran las cuatro de la tarde. Todo el día se le había pasado volando a causa del trabajo, pero en aquel momento se daba cuenta que aquel jodido peliverde no tenía planeado llegar.

—Hijo de puta... —renegó mientras tomaba el teléfono y marcaba. Estaba de mal humor, especialmente porque sabía que aquel hijo de la gran puta no le contestaba nunca a nadie cuando se desaparecía con su amante. Espero en la línea, entre maldiciones.

—Diga...

—¿Zoro? —La sorpresa de que le respondieran lo desconcertó por unos segundos, pero no le tomó más que un par de parpadeos recuperar el semblante—. Te estoy esperando para poner en marcha el robot —le recordó—. Se puede saber dónde mierdas estas.

—Yo no podre... —jadeó—. No podré ir hoy...

El pelirrojo hizo cara de asco—. ¿Estas cogiendo? —Hubo un silencio incomodo del otro lado de la línea, sólo interrumpido por el rechinar de algún mueble—. ¡Carajo! Termina de coger antes de contestar.

—Te veré el próximo lunes —soltó entre gemidos.

—Cómo que el lunes, bastardo, hay que terminar de revisar... —pero el pitido de la línea muerta le corto las palabras. Si no acabase de comprarse aquel aparato, habría arrojado el celular contra la pared—. ¡Hijo de puta!

Zoro era un gran programador, pero era un maldito irresponsable, desorientado y disperso bastardo. Si no lo necesitara ya lo habría mandado al demonio, pero habían comenzado aquel proyecto juntos y al menos tenían que terminar la tesis para poder romper lazos y tomar cada quien su camino.

Además, por qué no decirlo, le causaba celos que el muy hijo de puta estuviera cogiendo mientras él tenía que hacer cita para que su novio, mínimo, le diera una mamada.

Law era un espléndido amante, sabía muy bien como complacerlo y era bastante condescendiente, y aunque eso le irritara un poco siempre acababa disfrutándolo mucho. Sin embargo las cosas se estaban yendo de pique, y lo sabía. Había visto el matrimonio de sus padres fracasar cuando era niño, así que sabía que lo que tenía con el medico se estaba muriendo lenta y dolorosamente.

A veces se preguntaba si debería ser diferente, si debería cambiar para hacer feliz al doctor... pero luego recordaba lo duro que había sido para su padre esforzarse tanto en hacer feliz a su madre para que al final las cosas se fueran igualmente a la mierda.

Suspiró largo y tendido mientras recordaba cómo había conocido a Law. La verdad era que aquello había sido tan sólo una coincidencia.

Ψ


Era el estreno de la nueva película de su franquicia de súper héroes favorita y había quedado con su banda de ir a verla juntos, y aunque su hermana menor había convencido a sus amigos de ir disfrazados de súper héroe, él había preferido mantener su dignidad y rehusarse a usar un disfraz ridículo, por consecuencia el resto había decidido huir en el auto mientras estaba en el baño y lo habían dejado atrás.

Tuvo que tomar el autobús temiendo llegar tarde y que esa bola de bastardos lo dejaran afuera, pues ellos se habían llevado los boletos.

Cuando bajo del autobús fue la primera vez que lo vio. Llevaba una gabardina y una bufanda de plumas negras, y un distintivo y peculiar sombrero moteado... la verdad era difícil no verlo, por esa razón cuando se dio cuenta que un automóvil rojo transitaba a exceso de velocidad con un conductor distraído se apresuró en alcanzarlo y evitar que lo arrollaran.

No fue un primer encuentro de novela. Se insultaron el uno al otro y acabaron mandándose a la mierda con letras mayúsculas, pero en aquel momento, ese brusco y burdo encuentro le pareció simplemente una tontería, luego de unos momentos y otro montón de maldiciones corrió al cine y alcanzo a sus amigos.

—¿Dónde mierda te metiste? —Refunfuño su hermana en cuanto se incorporó en la fila junto a ellos—. Estábamos a punto de entrar sin ti.

—Tuve que tomar el autobús porque se largaron en mi auto —respondió entrecerrando los ojos.

—El que se descuida pierde —se alzó de hombros la chica, logrando que su hermano mayor rechinara los dientes.

—Veo que estas de buen humor —comentó su mejor amigo, Killer, un chico de cabello rubio y largo hasta la cintura.

—Oh, si —ironizó—, me encanta que me dejen botado.

—Pues te lo estás tomando bastante bien —insistió el rubio—. En cualquier otro momento hubieras llegado echando pestes y golpeando a alguien.

—¡Eso es ridículo!

—¿El qué? —Drake, otro de sus amigos y el eterno enamorado de su hermana menor llegó cargado de provisiones recién compradas en la dulcería del cine.

—¡Que te importe una mierda! —renegó el pelirrojo, golpeándolo en un brazo y robándole una soda.

—¡Esos dulces son míos! —brincó su hermana, y comenzaron a discutir con incontables improperios, igual que siempre.

Killer no volvió a insistir en su extraño humor, pero la verdad era que por alguna razón no se encontraba tan enfurruñado como siempre. Algo lo había puesto de buen humor.

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Un viernes por la tarde estaban ensayando en la cochera de Killer, a todo volumen, sin importarles una mierda las quejas de los vecinos, cuando Drake llegó y apagó todos los aparatos para obtener su atención. Antes de que lo golpearan gritó:

—¡Tenemos una tocada!

Hubo un silencio general, seguido de toda la emoción que se podía expresar al sentir más cerca los sueños. Esa era su primer tocada oficial, y aunque tal vez era demasiado precipitada, poco les importaba eso. Se prepararon a toda velocidad, y en menos de tres horas finalmente se encontraban dentro a una mansión de lujo descargando sus instrumentos y su equipo de audio llenos de entusiasmo. Estaban tan emocionados que incluso Bonney estaba ayudando a bajar su batería.

Un auto se estaciono atrás de furgoneta de Drake y de ahí lo vio bajar. Ya era verano, así que llevaba ropa mucho más ligera, pero ese muchacho de ojos grises y tez pálida era verdaderamente inconfundible.

—¿Ustedes son la banda que contrató Ace? —inquirió una hermosa chica de cabello negro azulado, corto hasta los hombros, quien había bajado del mismo auto que el chico de aquel incidente.

—¿Quién? —Kid no tenía la menor idea de qué le estaba hablando, pero de la nada apareció Drake detrás de él y asintió con energía.

—Así es. Estudiamos administración juntos y me dijo que su hermano quería hacer una fiesta, pero que era muy difícil conseguir una buena banda de un momento para otro, y le dije: "Hey, yo manejo una", así que venos aquí.

La joven parpadeó, abrumada por tanta información recibida tan de golpe, sin embargo le sonrió amablemente—. ¿Necesitan ayuda para bajar todo?

—Las bocinas siguen en la furgoneta —respondió el pelirrojo mientras se echaba al hombro la guitarra y cargaba un maletín con la otra mano.

La chica se arremango la camisa y se encaminó a la furgoneta para ayudar con aquel equipo.

—No es necesario que ayudes con eso, Kuina...

—Relájate, Zoro —le sonrió—. Soy fuerte, no me voy a romper.

El aludido suspiró y se rascó la nuca—. ¿Quieres ayuda?

Ella rió—. Claro, hay bastantes cosas para todos.

—Yo no quiero ayudar —se quejó el ojigris.

—Temes romperte una uña —soltó el pelirrojo, esperando atraer su atención y quizá iniciar una bronca cuando lo reconociera del incidente en el cine, pero el chico lo miró de forma suspicaz y lo ignoró por completo, como si no lo hubiese visto nunca. Al parecer él no había tenido tanto impacto en el ojigris como le hubiera gustado.

—Law quiere ser cirujano —le informó la chica mientras bajaba con dos enormes bocinas en los brazos—, así que evita cualquier trabajo manual.

—Mis manos son mi herramienta más importante —espetó, evidentemente molesto, al parecer no le agradaba que se burlaran de su sueño.

—Igual las mías —soltó Kid, sin pensar. Era tan poco común que dijera algo sobre sí mismo o lo que le importaba que sus compañeros dejaron de hacer lo que hacían para mirarlo. Law lo miró con una ceja enarcada, esperando una explicación que no denigrara su postura—. Soy guitarrista y compositor —explicó—, necesito ambas para hacer lo que amo.

—No es lo mismo.

—Pero es igual de importante.

—Cómo va a ser igual de importante hacer ruido con una guitarra que salvar vidas en un quirófano.

El pelirrojo rechinó los dientes—. Los ídolos le dan sentido a la vida de las personas.

Law sonrió—. Sólo son banalidades.

—Cumplir un sueño no es una banalidad —una vena se saltó en su frente y su voz comenzó a elevarse paulatinamente, pero luego sonrió de medio lado y añadió—. Una banalidad es querer salvar a los demás cuando tú vida es una mierda.

El ojigris frunció el ceño totalmente descuadrado—. No tienes una puta idea de lo que hablas.

—Kid/Law... —Killer y Zoro llamaron a sus respectivos amigos y los alejaron de aquella riña sin sentido. Al parecer ambos habían tocado una fibra sensible del otro y lo mejor era separarlos.

Eusstass observó como aquellos chicos hablaban a lo lejos. Parecía que tenían una relación bastante intima...

—¡A la mierda! —refunfuñó antes de llevar sus cosas a la habitación dónde iban a tocar. Empujó a Drake y arrojo los platillos de la batería a los pies de Bonney.

—¡Hey! —la chica le recriminó con la mirada—. Ten más cuidado cretino.

Kid le hizo una seña con el dedo medio antes de darse la vuelta. Para su sorpresa la chica de cabello corto continuaba ayudando con las bocinas.

—Debe ser genial tener una banda —meditó en voz alta mientras estiraba un poco tu cuerpo. El pelirrojo torció la boca con fastidió y la ignoró—. Siempre quise tocar la guitarra, pero mi padre considera que esas no cosas de chica, así que nunca me compró una guitarra.

—Cargar bocinas tampoco es cosa de chicas.

Ella rió—. Tampoco estudiar ingeniería, y aun así lo hago— el rockero la vio con suspicacia—. Te he visto en el campus —continuó ella—, estudias mecánica, ¿verdad?

Eusstas enarcó una ceja con recelo—. ¿Eres una especie de fan psicópata o algo así?

Kuina volvió a reír—. Tampoco es que pases desapercibido con esas gabardinas de plumas negras que te ponías el invierno pasado.

Él desvió la mirada, indignado—. Me visto como me da la puta gana —refunfuñó.

—¡Que envidia! —suspiró ella—. Me encantaría también poder hacerlo...

—¡Joder, ya cállate! —La interrumpió con evidente fastidio—. Lo único que haces es quejarte —Kuina parpadeó completamente confundida—. ¡Eres fastidiosa!

Una baqueta golpeó repentinamente la nuca del pelirrojo—. Cierra el pico, cretino. Nunca vas a entender lo complicado que es ser una chica.

—¿Complicado? —se mofó—. Lo único que tienen que hacer es conseguirse un buen imbécil y ya tienen la vida resuelta.

La peliroso volvió a golpearlo con la baqueta—. Cuando haces ese tipo de comentarios me da vergüenza que sepan que eres mi hermano.

Continuaron discutiendo otro rato, aun luego que la joven de cabello corto se despidiera y volviera con sus amigos.

Un par de horas más tarde tocaron sus mejores canciones. Para ser su primer concierto todo había salido de maravilla, aunque Kid no podía apartar la mirada del muchacho de ojos grises; en poco tiempo se percató que observaba fijamente al amigo de Drake y a su novia... seguramente la chica lo había bateado, si él fuera chica también lo batearía por alguien con semejante mansión...

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Más tarde salió a caminar y lo miró con aquel chico de pecas, sólo por un momento, pues un extraño malestar lo hizo volver al interior.

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Había sido extraño cómo pasaron las cosas, pero su banda comenzó a adquirir fama luego de aquella noche, además de que se reunían con mayor frecuencia con aquel grupo de niños mimados. Eran un poco fastidiosos, pero también comenzaron a agradarle sus bromas estúpidas y su sentido del humor.

Una noche, luego de una fiesta, miró al chico de los ojos grises cuando se detuvo en un semáforo. Era un poco tarde así que hizo algo que no acostumbraba hacer: intentó ser cortes.

—¿Necesitas que te lleven?

El muchacho levantó la cara y lo miró—. ¿En esa trampa mortal?—inquirió retóricamente, frunciendo el ceño—. No, gracias.

Eusstass bajó, se quitó el casco y estacionó su vehículo—. La conduzco desde los dieciséis y nunca me ha pasado nada.

—Has tenido suerte.

—¡Por favor! —se burló—. Como estudiante de medicina, deberías saber mejor que nadie que uno se puede morir hasta de hipo.

Law suspiró. No le dio la razón, pero tampoco le hizo bronca, y eso era un triunfo.

Se quedaron sentados en silencio, uno junto a otro, por casi media hora. El viento frio soplaba, pues el invierno se aproximaba. Kid se quitó su chaqueta de cuero y se la arrojó al otro chico al regazó—. ¡Póntela! —le ordenó— o enfermarás.

El estudiante de medicina observó la chaqueta por algunos minutos—. Si me la pongo, enfermarás tú.

Kid hizo una mofa—. Estoy seguro que soy más resistente que tú.

Law asintió con una sonrisa mientras se ponía aquella prenda—. Al menos tienes la cabeza más dura.

—Y eso que todavía no me la tocas...

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Las tocadas continuaron aumentando al mismo ritmo que sus notas bajaron, pero realmente aquello lo tenía sin cuidado. Le encantaba que las chicas en la universidad se le acercaran para que les firmara algún burdo disco grabado por ellas de varias canciones tomadas en vivo en algún bar. Se sentía famoso y eso le encantaba.

Un grupo de chicas se despidieron de él mientras gritaban emocionadas por haberlo conocido. Él había sido tan grosero e hijo de puta como siempre, pero a ellas parecía haberles fascinado.

—¿A cuántas de esas fans locas te has llevado a la cama?

Kid reconoció aquella irritante vocecita de inmediato—. No lo sé —pero por alguna razón el comentario no le toco los cojones—, ¿celoso? —inquirió al tiempo que estiraba el cuello y echaba la cabeza atrás para verlo.

Estaban en la cafetería de la universidad, uno en una mesa detrás del otro—. ¿De ti? —se burló.

Kid se alzó de hombros despreocupadamente— No serías el primero.

—No tengo motivos, ni tiempo para sentir celos por un petulante engreído como tú.

— ¿Por qué no? —Cuestionó con cierto acento burlesco—, ¿tienes novia?

E ojigris sonrió de medio lao, con suficiencia— ¿El celoso no será otro?

La chica de cabello azulado y corto que conoció en casa de los Monkey D se sentó junto al ojigris, entregándole un plato de comida—. ¿Quién está celoso? —preguntó, como si la hubieran invitado a la conversación, provocando en el pelirrojo un enfado que no le gustaba.

Kid apartó la cara, sintiéndose molesto de pronto.

—Oye, Kuina, ¿por qué me dejaste atrás?

—Estabas tardando mucho, Zoro.

Cuando los amigos del ojigris llegaron, Eusstas se fue. No tenía más nada que hacer ahí y no se le antojaba convivir con aquella chica quejica que los seguía siempre como perrito faldero. El muchacho de los ojos grises le agradaba, incluso el otro tío le parecía soportable, pero a esa mujer sencillamente no la toleraba.

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El fin de semana tocaban en el bar de moda del lugar, así que quería aprovechar para tocar una canción nueva que había acabado. Les entregó las partituras a sus compañeros y se acomodó frente al micrófono, pero nadie más que él comenzó a tocar.

—¿Qué mierda les pasa? —preguntó enfuñado.

—¿Tú escribiste esto? —Killer fue el primero que se aventuró a cuestionar.

—¿Quién si no?

De nuevo hubo silencio. Drake estaba hablando por teléfono afuera, pero le había intrigado el por qué habían dejado de ensayar, de manera que entró— ¿Qué sucede?

Bonney le hizo una seña para que se acercara a leer las partituras que tenía en mano. Él se paró junto a ella y tras comenzar a leer se le escapó una carcajada— ¿Quién rayos escribió esta cursilada?

—Kid —respondió la chica, y la carcajada seso inmediatamente. El pelirrojo estaba mirándolos a todos con una expresión aterradora.

Drake aplaudió una vez y se alejó—. Ok, ensayen —y salió del lugar antes que la ira del pelirrojo estallara.

—Solo es una estúpida canción —gruñó, restándole importancia y sintiéndose avergonzado. Él no era la clase de persona que compusiera cosas así, sus canciones estaban llenas de ira y odio contra el sistema, la sociedad y cualquier autoridad, así que entendía la burlesca incredulidad de sus compañeros—. Es para complacer a las estúpidas niñas mimadas que nos persiguen —mintió porque no tenía otra explicación. Realmente no tenía una idea concreta de dónde habían salido aquellas letras.

Nadie le creyó, pero lo dejaron en paz.

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En el bar, como en todas sus tocadas, detrás del escenario todo era un caos llenó de gritos, peleas y desorganización total. Entre repartir las partituras, ordenar los instrumentos y terminar de acomodar su vestuario podría considerarse un milagro que siempre estuvieran listos cuando el telón se levantaba.

Tocaron un par de estridentes canciones, llenos de entusiasmo hasta que lo miró entrar, junto al tipo de pelo verde y la chica acomplejada que siempre andaba con ellos. Era claro que tenían reserva, pues uno de los meseros los acomodo en una mesa cerca de la pista. Los ojos grises de aquel joven se cruzaron con los suyos cuando la canción acabo, y aunque sus compañeros y él habían decidido que la nueva letra era demasiado cursi para su estilo, antes de darse cuenta estaba tocando a solo aquella melodía.

"Esos ojos que me observan, me desnudan,

Tan profundos como ver el ancho mar.

Me hipnotizan, me aprisionan y me embriagan

Que no quiero otras drogas más probar...

Quiero que me mires fijamente

Quiero que esos ojos sean de mí

Quiero atraparte y complacerte

Y ya nunca más dejarte ir

...

Por alguna razón, Law se sintió aludido con aquella canción. Su mirada se quedó fija a la del pelirrojo mientras sus mejillas se llenaban de rubor.

Mírame un instante y date cuenta

Que lo que aparento no es real

Que el fuego y escamas que tú miras

Son solo un escudo y nada más.

...

Kid lo miró, estaba seguro que lo estaba mirando a él mientras cantaba y eso hizo que su corazón se acelerará y se hinchará haciéndolo estremecer. Era como estar en un mundo apartado de todos, donde sus corazones se podían encontrar.

...

El fiero dragón que yo antes era

Ha sido vencido al final

Por esa mirada tan profunda

Que me has regalado al terminar

No me importa que sea en el momento

Que me has encajado tu puñal."

No apartaron los ojos el uno del otro mientras cantaba. Las parejas comenzaron a besarse, los asistentes a aplaudir pero ellos estaban tan ensimismados el uno en el otro que era como si no existiera nada más.

Ψ


El sonido del móvil lo sacó de su ensimismamiento. Era la alarma para ir a casa y asearse. Suspiró con fastidió, pero comenzó a guardar sus herramientas para irse.

Podía sentir como algo se rompía, aunque no estuviera seguro de la razón y comenzara a inventarse historias para encontrar un culpable, sabía que algo había pasado, en un momento, que había cambiado todo.

Se quitó los auriculares y mientras terminaba de ordenar todo el chirrido de la puerta captó su atención— ¡Law! —La sorpresa fue obvia — ¿qué haces aquí?

El ojigris titubeó—. Me cambiaron el turno.

Kid acomodó su mochila y se la echó al hombro mientras un desagradable malestar lo envolvía—. Tú no sueles cambiar tu turno.

El medico estaba revolviendo las llaves en sus manos—. Siempre llego tarde a las reuniones... hoy quería que fuera diferente...

« ¿Por qué...?» La pregunta quedó solamente en su mente. No se atrevió a hacerla, no quería oír sus mentiras, porque en el fondo estaba seguro que sabía la verdad—. ¿Vamos en tu auto o en mi moto?

Law optó por el auto, aunque era consiente que los accidentes pasaban en cualquier parte, odiaba andar en moto.

Los accidentes...

Miró el muñón de Eusstass de reojo y recordó automáticamente aquel fatídico día. Él iba condiciendo y la culpa lo persiguió durante mucho tiempo, aunque supiera que no había sido su culpa, aunque supiera que había hecho todo lo que pudo.

Ψ


Habían ido a un concierto a ver a la banda de Kid y a un famoso cantante. Se habían divertido durante el evento más de lo que podía recordar.

Al terminar el evento se reunieron con el cantante a charlar, tomar algunas cervezas y pasar el rato tras bambalinas.

—Hicieron una gran apertura.

—¿Es eso un cumplido? —inquirió el arrogante pelirrojo mientras bebía una lata de cerveza.

—Para haber tocado esa cursi canción que les gusta a todos y que te lanzó a la fama —se burló—, sí, creo que es un cumplido.

Kid rió fuerte, al parecer estaba demasiado feliz para discutir con él—. Pues me alegra que te guste lo cursi.

—No dije que me hubiera gustado —refunfuñó, apartando la mirada. Lo cierto era que la canción le encantaba. La historia de un fiero Dragón que se deja vencer al enamorarse de la mirada de su adversario... No le sorprendía que fuera tan popular.

—Si quieres te la canto en el oído —le susurró cerca del cuello, erizándole la piel... « ¿Está coqueteando conmigo? » El pelirrojo se alejó de él sin decir más, dejándole una sensación de electrizante placer recorriéndole el cuerpo.

Siguieron un rato más ahí, bromeando, jugueteando, burlándose del cantante, y Kid continuó haciendo aquellos comentarios sugerentes todo el tiempo.

Cuando se fueron, no supo cómo, pero el pelirrojo acabó en su auto.

— ¿Y a donde se supone que voy a llevarte?

—Puedes dejarme en tú cama.

Un intenso rubor invadió el rostro de Law, miró de reojo por el retrovisor para comprobar que Zoro estuviera dormido, pero la risilla indiscreta de Kuina hizo que el carmín se encendiera.

— ¡Estoy hablando en serio, imbécil!

—También yo —respondió Kid sin un atisbo de alteración—. Me gustas y quiero follarte.

—Estás ebrio.

—Sí, lo estoy —admitió—, pero eso no cambia nada. Me gustas y quiero follarte.

—¡Cierra la boca!

—Descuida no lo haré ahora mismo. Quiero ir a casa y asearme, fue un largo día.

Hubo un silencio incomodó, que la chica se encargó de volver más incómodo.

—Law es gay.

El ojigris sintió toda su cara arder, y el pelirrojo soltó una fuerte carcajada—. Eso ya lo sé.

— ¿Cómo lo descubriste?

—Basta con ver cómo me mira.

— ¡No hablen de mí como si no estuviera!

— Tú conduce y date prisa —le apremió.

La chica miró al peliverde que dormía junto a ella—. Tienes razón, Kid —su voz era dulce en esa ocasión, diferente al entusiasmo de hacía unos momentos—. Esas miradas se notan.

Law la miró de reojo, y recordó cuando Zoro le explicó que sentía algo por ella, luego miró a Kid antes de volver la vista al caminó. Era cierto, el pelirrojo le gustaba, quizá era la primer persona que le gustaba realmente, pues era fuerte y autosuficiente... no necesitaba ser rescatado.

Un resplandor lo hizo ver de reojo a Kid una vez más, y luego un impacto, una sacudida y todo comenzó a dar vueltas. La bolsa de aire golpeó a Law con tanta fuerza que se desmayó por unos segundos.

Cuando todo paró Kid gritó, haciéndolo reaccionar, y comenzó a maldecir como un loco. El brazo del pelirrojo estaba atorado y comenzó a jalar—. Detente o vas a desgarrar los nervios.

— ¡Jodete imbécil! —lo calló— Como a ti no te paso nada.

—Cálmate y espera a que lleguen los paramédicos —decían de manera automática mientras peleaba con el cinturón que parecía haberse atorado—. Kuina puedes salir sola... —se volvió a mirarla y por un segundo se paró su corazón. La joven estaba prensada entre los metales retorcidos del auto por la mitad del cuerpo, de milagro había alcanzado a sacar la cabeza.

—Creo que estoy atorada —respondió con calma y voz temblorosa. Estaba asustada —. Pero no te preocupes, no siento dolor.

La tensión estaba envuelta por las maldiciones y los gritos de Kid. Law se movía con desesperación, y al parecer no se daba cuenta de lo que decía.

—Trata de no perder la calma y no te agites —sacó su móvil y marcó a emergencias mientras seguía peleando con el cinturón. Ya había visto a Zoro por el retrovisor, tenía un pedazo de aluminio en un ojo y el cristal de su ventana en el pecho. Explicó a emergencias la situación sin dejar de tratar de tranquilizarlos.

Kid se quedó quietó un momento mientras lo escuchaba usar términos médicos para explicar lo que pasaba, pero al mismo tiempo ver sus manos temblorosas y sus torpes movimientos, como si quien hablaba y quien se movía fueran dos personas diferentes.

—Law... —la chica lo llamó y entonces dejó caer el celular. Ella extendía su mano libre hacía él—. Tengo frio.

—Todo va a estar bien, tranquila.

—Cuida de Zoro... por favor... —entonces perdió la conciencia.

— ¡Maldita sea! —Kid gritó con fuerza y estiró su extremidad atrapada. No quería quedarse de brazos cruzados, pero fue cuando sintió lo peor, y gritó tan fuerte que todo el que lo oyó se estremeció.

Ψ


—Law... —Iban en el auto, y el ojigris solo emitió un sonido para que se supiera escuchado—. No fuiste por mí al taller, ¿cierto?

— ¿De qué hablas? —trató de reírse, hacer una broma, decir algo gracioso para discernir la tensión que el pelirrojo emanaba, pero nada se le ocurrió.

— ¡Vamos, Law! No soy idiota.

Hubo un silenció incómodo y el ojigris suspiró—. Estoy preocupado, eso es todo.

—Claro —se burló—, sólo es eso.

—Sabes que algo no está bien en él desde hace tiempo...

— ¡No es nuestro puto problema!

El medico se mordió el labio inferior.

—No quiero pelear contigo, Kid.

Sabía que no era su problema, pero aun así le importaba...

Ψ


—No quiero tu lastima —gruñó sin mirarlo, pero no tenía que hacerlo, llevaba días visitándolo que ya conocía sus pasos—. Largate.

—Killer dice que no quieres dejar los calmantes —dijo de manera pausada, ignorando lo que le había pedido.

—Killer no sabe cómo duele.

Law mordió sus labios—. Estas vivo...

— ¿¡Y debo ser agradecido por eso!? —Estalló, lanzándole un florero—. ¡Perdí el maldito brazo, mis sueños se terminaron!

—Drake murió.

—Le fue mejor que a mí.

Law suspiró y se masajeó el cuello—. Zoro no ha despertado —le conto mientras se acercaba y se sentaba junto a la cama. Varias enfermeras irrumpieron de golpe, preguntando qué había pasado. El ojigris se culpó por el florero roto diciendo que él lo había tirado. No muy convencidas las mujeres se marcharon—. Kuina y Ace también murieron...

— ¿Y quieres que me ponga a llorar? —lo interrumpió irritado.

—Quiero que te des cuenta que pudo ser peor...

— ¿Qué es peor que vivir sabiendo que nunca cumplirás tus sueños?

—Sobrevivir a quienes amaste —El pelirrojo finalmente se dignó a mirarlo—. Quiero que imagines el dolor de Zoro, el de Luffy, el de Nojiko e incluso el de tu hermana —su voz flaqueó por un momento, pero logró mantenerse firme—. Quiero que trates de imaginar qué es despertarse un día y darte cuenta que la persona que más amabas y te amaba ya no regresara jamás...

Kid lo miró un largo rato—. No puedo —admitió—. No puedo imaginarme lo duro que eso puede ser.

—Tampoco te puedes imaginar lo que es esperar a que alguien se recupere sólo para que el imbécil te diga que hubiera preferido morir.

Por primera vez, desde que era niño, Eusstass sintió como su voz se quebró—. No sé qué haré con mi vida ahora —vio el lugar donde su brazo debería estar.

—¿Qué te parece vivirla?

—¿Para qué?

Law se sentó en la cama y Kid lo miró—. Ya pensaremos en algo...

Ψ


Ahora entendía que Law simplemente había sido el héroe que había hecho falta, en el accidente, en su vida, y ahora...

Lo miró junto a él y lo sintió sumamente lejos de su alcance—. Hace tiempo que pelear no es lo único que no quieres hacer conmigo.

— ¿Qué se supone que significa eso?

Al pelirrojo le dolía decir aquello, y hacer eso, pero sabía que el medico jamás daría el primer paso para matar nada, su naturaleza era salvar—. Te lo explicó con abejas y flores —ironizó.

Law estacionó el auto para poder encararlo—. Lo único que te interesa es el puto sexo.

Kid se alzó de hombros—. Es lo mejor de la relación —le habría gustado decirle que le importaba él y que no quería verlo desmoronarse como había visto con su padre, pero se lo guardó.

— Claro que lo es —se mofó con ironía—. Entre nosotros no hay nada más que sexo —le acusó—. Ni comunicación, ni paz, ni futuro...

—Te pedí que te mudaras conmigo una vez.

— ¡Sabes que no puedo abandonar a Zoro ahora!

— ¡Y de quién es la maldita culpa! —«Zoro, Zoro, Zoro...» Estaba cansado de escucharlo hablar de él y de lo mal que estaba.

—Tomas decisiones por los dos, sin consultarme, y se las dices a todo el mundo haciéndome quedar como un imbécil.

— ¿De qué mierdas hablas ahora?

—Quería pedirte matrimonio.

El auto quedó en silencio por unos segundos, un silencio pesado y desgarrador.

— ¿Se te zafo un tornillo? —preguntó el incrédulo pelirrojo—. Siempre supiste lo que pienso del matrimonio —sintió su corazón crujir al decir aquello, pues a pesar de lo que siempre pensó la idea de pasar el resto de su vida con Law había sido algo que alegraba sus noches más oscuras —. No salimos a ciegas.

—Pensé que cambiarias de opinión.

—Yo nunca cambio de opinión —mintió, mientras sentía como algo en su interior se desmoranaba. Debía salir de ahí.

— ¿Y por qué yo tendría que hacerlo?

Kid suspiró, cansado—. Finalmente llegamos a ese punto.

Law frunció el ceño—. ¿De qué hablas?

—El momento en el que decidimos que nuestras convicciones son más importantes que cualquier cosa —respondió de manera pausada, mientras sacaba la licorera de su chaqueta y le daba un tragó, mientras recordaba a sus padres, mientras pensaba en como sus amigos comenzaban a divorciarse—. El punto de quiebre.

El medico se dio cuenta finalmente de lo que trataba de decir—. No —negó con la cabeza—. No se trata de eso Kid... —su voz tembló—, sólo estamos... hablando...

—No —lo interrumpió—. Tú no vas a cambiar y yo tampoco. No hay nada de que hablar.

—Kid...

—Además, ahora hay alguien más importante que yo ocupando tu mente —abrió la puerta y bajó, lentamente.

—Zoro sólo es mi amigo.

«Pero sabes que hablo de él. » El pelirrojo sonrió—. Repítelo hasta que te lo creas.

Tal vez Zoro solo era una excusa, tal vez él sabía que el médico no le engañaría jamás, pero también sabía que casarse no estaba en sus planes, pero si en los de Law. Cerró la puerta y se alejó de regreso a la universidad, por la motocicleta que había adaptado con una prótesis para poder conducir.

Law lo observó por el retrovisor mientras apretaba el bolsillo de su camisa, donde llevaba aquel sujetador que había decidido darle de cualquier forma, algún día... Le dolía el pecho, igual que la última vez que cargo aquella diminuta guitarra. Kid era fuerte, nunca necesito ser salvado, al contrario, lo había salvado a él en muchos sentidos, incluso ahora que lo dejaba sabía que lo estaba salvando de su egoísmo...

Sonrió cuando lo perdió de vista, sin poder evitar preguntarse si algún día volvería a conocer a alguien que lo amará con tanta intensidad.


*Fin*


Gracias a quienes aún me siguen.