Ilógico, II.


Estaba solo en la habitación, pero sabía que no estaba solo en realidad. Siempre había alguien vigilando afuera, asechando, esperando que él volviera y poder hacerle frente y echarle en cara cosas que sólo habían sido sus propias decisiones, cosas que no tendrían que echarle en cara ellos... no era que Mihawk lo amenazara con un arma, la verdad se había esforzado en hacerlo irse, las marcas en su cuello eran prueba de ello.

Suspiró, cansado de todo aquello. Habría preferido la habitual indiferencia de Law... si hubiese podido subir solo...


Ψ

Había despertado en el auto del mayor, el movimiento, el ruido y la luz del sol lo hicieron reaccionar, acompañando aquella reacción con un terrible dolor de cabeza... ¿se habría golpeado al desmayarse?

Miró a Mihawk, concentrado en el camino y pensó que esa seriedad lo hacía lucir muy bien, luego miró por la ventana y, aunque la mayoría de los edificios de la ciudad eran iguales, le pareció ver algo familiar en aquel camino.

—Qué bueno que despiertas —la voz del mayor era calmada, pero estaba seguro de haber escuchado alivio en aquella voz... o quizá eso había querido escuchar—. ¿Cómo estás?

—Me duele la cabeza —sonrió. Le agradaba su preocupación, le agradaba sentir que pensaba en él—, y un poco el cuello.

El mayor lo miró de reojo, pero continuó su trayecto en calma—. ¿Sólo eso?

Zoro se alzó de hombros, acomodándose en el asiento—. Estaré bien.

—Es bueno saberlo —aseguró al detenerse—. Ahora baja.

El peliverde parpadeó y miró a su alrededor. Estaba afuera de su edificio—. ¿Me trajiste a casa? —preguntó, incrédulo.

—Por favor, baja...

—Nunca me traes a mi casa... —por alguna razón un miedo extraño comenzó a presionarle el pecho—, pensé que no sabías dónde vivo...

—Sé dónde y con quien —le cortó—, ahora bájate de mi auto y aléjate de mi vida.

—Mihawk...

El mayor quitó el seguro de la puerta y él no pudo decir más nada. Bajó lentamente y tomó su mochila del asiento de atrás. Quiso despedirse, más no supo que decir, así que simplemente se alejó rumbo a la puerta mientras su pecho se aplastaba y sus ojos se nublaban... le faltaba el aire... se desmayó, lo sabía porque lo siguiente que recordaba era que alguien lo sujetaba frente a la puerta de su departamento... la voz de Law desde adentro del departamento lo volvió lentamente a la realidad...

Ψ


... si tan sólo hubiera logrado subir con su propio pie...

El medico había hecho un drama innecesario, quizás si había necesitado atención, quizás si había necesitado una pequeña cirugía, quizás le habían tenido que hacer algunas puntadas por el cuerpo, pero no era realmente nada grave, no era realmente nada que le doliera tanto... tenía cicatrices más grandes que esas... en el cuerpo y en el alma...

Ciertamente Mihawk lo lastimaba, a veces, cuando las cosas se salían de control, cuando él rompía las reglas y el mayor perdía los estribos... un poco... tal vez era cierto que todo aquello le dolía más profundamente de lo que aparentaba, pero él quería estar ahí, con él... aunque le doliera, aunque lo lastimara también era la única persona que lo comprendía, que lo escuchaba, que le brindaba apoyo y consuelo cuando su mundo más se oscurecía.

Los demás no podían entender aquello... no podrían hacerlo, nunca se habían quedado solos, nunca habían llorado en medio de ninguna parte carente de esperanza... no habían tenido que seguir adelante sólo por una promesa cuando lo único que deseaban era dejar de luchar...

Mihawk entendía eso, a pesar del dolor, lo comprendía.

"— No quise lastimarte, es sólo que... recordé tantas cosas..."

Aquellas palabras le habían aplacado el corazón en su momento, cuando Mihawk se las dijo la primera vez que lo vapuleó. Aquella vez lo había dejado atado a una cama por tres días, sin agua, sin posibilidad de moverse, sin ayuda... había estado gritando maldiciones por largo tiempo, hasta que las funciones fisiológicas de su cuerpo comenzaron a trabajar, entonces las maldiciones se convirtieron en suplicas, en disculpas, entonces trato de comprender qué carajos había sucedido para que las cosas terminaran de aquel modo, qué había hecho mal, de qué manera pudo haber hecho que un hombre tan tierno y amoroso como aquel profesor de física perdiera así los estribos.

Esos días de tortuoso cautiverio lo dejaron pensar en la vida que había llevado, en las cosas que había hecho...

Todo lo que le estaba pasando era porque lo permitía, porque no se atrevía a hacer nada para cambiar las cosas, porque no podía evitar preguntarse lo diferente que todo sería si Mihawk no estuviera tan herido... tan lastimado... No podía evitar pensar que ese amor que le tenía podía ser tan acogedor y tranquilizante cuando toda la ira se desvanecia.


Bepo entró a la sala de descanso, donde Law dormitaba en una silla frente a la cafetera—. ¿Se encuentra bien doctor?

—No he podido dormir hace días, pensando por qué nunca hice nada —respondió sin abrir los ojos, pero se notaba el timbre de frustración en su voz—. Lo vi llegar durante años hecho un desastre y preferí suponer que podría salir solo de eso, en lugar de hacer algo...

—Doctor... —el enorme y albino sujeto suspiró—. Esto no es su culpa, no es la primer víctima de abuso que atendemos, ni tampoco será la última...

—Es la primera que de verdad me importa —le interrumpió.

Bepo suspiró y se sentó junto a él—. Entonces deje de pensar en lo que no hizo, y comience a pensar en lo que hará.


Una enfermera entró y abrió las cortinas, dejando entrar la luz del sol. Lo revisó y le dejó el desayuno antes de irse. Seguramente quería preguntarle muchas cosas, lo suponía por el modo en el que lo miraba, pero lo más probable es que la lástima que le inspiraba se lo impidiera.

— ¿Cómo sigue?

Escuchó voces afuera hablando de él...

— Mejorará siempre y cuando no vuelva a hacer una imprudencia.

Voces conocidas a las que no quería encarar. Ya tenía suficiente el enfado y los reclamos de Nami, la evasión del cocinero, la indescifrable mirada de Franky y las sonrisas falsas de Robin. Ya tenía bastante con la exagerada amabilidad de Sanji y con las torpes y nerviosas bromas de Usopp mientras intentaba aligerar el ambiente. Ya tenía demasiado con los reproches de Law... cómo si realmente le importará aquello...

— ¡Gracias por cuidar de él!

El pomo de la puerta se movió y cerró los ojos fingiendo dormir... le habría gustado dormirse y no saber ya más nada, pero no pudo hacerlo. Sintió entrar a sus amigos mientras fingía estar dormido para que lo "molestaran."

.

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No entraron, seguramente estaba demasiado cansado de todo. La policía acababa de irse, de nuevo, pero por más que lo interrogaran insistía en que estaba bien y que nadie estaba haciéndole nada que no quisiera, y justamente era aquella afirmación la que había comenzado a preocuparlos a todos—. Quizá debamos trasladarlo al área psiquiátrica... —sugirió Nami, y aunque lo dijera con una gran firmeza y seguridad, lo cierto era que pronunciar aquellas palabras le partía el corazón.

Bonney hizo explotar el globo de chicle que tenía en la boca mientras fijaba su atención en su hermano. Él la miró y entendió lo que le decía sin decirle nada, pero negó con la cabeza, pidiéndole que aguardara un poco.

— ¡Zoro no está loco! —gritó Luffy, molesto. Él sabía que las cosas no debían llegar a tal extremo, quizá necesitara ayuda, pero encerrarlo... quién encierra a la víctima...

—No Luffy, no está loco — aceptó la pelinaranja—, está enfermo, y como sus amigos debemos ayudarlo.

— ¿Cómo es que encerrarlo le ayuda? —Hubo un silencio incomodo tras aquella pregunta—. Él que debería estar encerrado es el loco que lo tiene así.

—No podemos trasladarlo a psiquiatría solo porque si —les recordó Robin—. Es necesaria una recomendación médica.

Usopp masajeó su nuca—. Tal vez Law pueda conseguirnos una...

— ¿Estás hablando de falsificarla? —preguntó Vivi, evidentemente escandalizada.

—No necesariamente —meditó el periodista deportivo de larga nariz—, más bien me refiero a buscar una segunda opinión que esté de acuerdo con nosotros.

Hubo silencio, un silencio que claramente indicaba que estaban considerando aquello.

—No importa cuántas opiniones consigan —les cortó Kid—, si él no quiere estar encerrado no pueden obligarlo.

—Como sus amigos, debemos intentarlo —enfatizó Nami.

El pelirrojo bufó—. Amigos... —se burló.

— ¡Nosotros somos más amigos suyos de lo que eres tú! —le encaró la mujer. El lugar comenzó a llenarse de tensión.

— ¿Y dónde diablos estaban cuando más los necesito?

—Nosotros no sabíamos lo que pasaba —le recordó—, a diferencia de ti y de Law.

—No tienes puta idea de nada —refunfuñó entre dientes en colérico pelirrojo.

Sanji le sujeto el hombro a su mujer antes que perdiera los estribos—. Si tienes algo que decir, Kid, déjate de rodeos.

—Quieres lavarte las manos y limpiarte la conciencia, niño bonito...

Los hombres se miraron con intensidad, pero cuando el ascensor se abrió y Law salió de él la tensión se disipo un poco.

—No voy a ser parte de esto —sentenció el pelirrojo antes de subir al ascensor junto a su hermana, quien se despidió de Luffy con un ademan antes que la puerta se cerrara. Ella y Luffy eran buenos amigos, aunque no lo pareciera, y el chico creyó entender algo en aquella despedida que nadie más noto.

— ¿De qué me perdí? —inquirió el doctor antes de que el grupo lo pusiera al tanto de sus planes... planes que no secundo.


Debería estar feliz, lo estaban dando de alta.

Aquella mañana, Bepo Hokkyokuguma, su médico asignado por Law finalmente lo estaba dando de alta. Le dio una serie de recomendaciones acerca de cómo debía cuidarse y le sugirió buscar ayuda para no volver a caer en aquel comportamiento autodestructivo. Le recomendó un colega muy bueno, entregándole una tarjeta. Él había asentido a todo, aunque realmente no le prestó atención a nada, por suerte el orondo doctor anotó todo en la receta que le extendió antes de irse.

—Roronoa... —el aludido lo miró—. Tiene buenos amigos —el muchacho asintió—, apóyese en ellos.

Luego de aquello el doctor se fue, probablemente a hablar con sus amigos y darles las mismas recomendaciones que le había escrito. Miró el papel y trató de leerlo, pero no pudo. Su mente estaba dispersa.

Quizá en un mundo posible, en otra dimensión, suponiendo que los multiversos existieran, las cosas serían muy diferentes, quizás fuera astronauta o bombero, quizás fuera un samurái o un pirata, quizás viajara por el mundo en algún barco especial rodeado de las personas que le importaban, quizá nada de lo que estaba viviendo en ese momento fuera siquiera una posibilidad.

Tal vez en alguno de esos multiversos fuera un gladiador o un esclavo, tal vez en esos otros mundos él no lo tratara como basura, tal vez lo respetara, lo admirara y lo amara de ese modo en el que las novelas y las historias románticas de Hollywood hacían ver al amor. Tal vez pudiera mirar esos ojos dorados y tocar esa pálida piel sin temer por su integridad física y mental...

En un mundo posible, si existiera, seguramente podría amar a ese hombre sin sentir como su pecho se contraía y las lágrimas se le acumulaban... quizás el amor que él conocía no era el amor de verdad, quizás el verdadero amor era ese que describían los poetas más elocuentes de la historia, ese en el que lo que duele es la ausencia y la distancia, en el que la presencia es un bálsamo y una luz... quizá él sólo había conocido al falso amor, al impostor, al que vivía para engañar a los ingenuos y a los tontos.

A veces le gustaba pensar todas esas cosas para que su mente no evocara recuerdos desagradables o pensamientos ponzoñosos, para no pensar en aquellas personas que estaban decepcionadas de él, o en aquellas otras que si lo vieran en ese momento no sentirían otra cosa más que lástima...

Lástima... eso era lo único que podía sentir por sí mismo luego de aquel tiempo en el hospital, luego de la única visita de Mihawk, luego de que la policía estuviera ahí haciéndole preguntas que no había evadido responder, luego de los gritos de Nami y las miradas evasivas de todos.

Era patético y lo sabía, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Necesitaba de ese hombre. No podía vivir sin él, no sabría hacerlo... cómo volver a empezar luego de él, cómo explicarle a alguien sus perversiones... cómo explicarle a alguien cualquiera de esas cosas... estaba jodido, y lo sabía...

—Oye, Zoro, ¿cómo estás?

Luffy entró a la habitación con su alegre y habitual sonrisa, aunque era fácil notar que aquella expresión no era del todo sincera.

— ¿Qué haces aquí?

—Law nos avisó que hoy te darían de alta y me tome el día libre para venir a verte —explicó—. Todos están muy ocupados en el trabajo hoy.

— ¿Te tomaste el día? —su amigo asintió—. Eso quiere decir que te saliste del entrenamiento sin permiso —no era una pregunta, pero por la expresión del pelinegro y el modo en que comenzaba a hurgar su nariz para evadirlo, sabía que había dado en el blanco. Luffy era jugador profesional de soccer, el mejor del mundo, así que no podía evitar querer hacer lo que le daba la gana de vez en cuando—. Gracias —intentó sonreírle, aunque realmente no era capaz de sentirse aliviado de tenerlo ahí.

Luffy y Vivi eran unos de los pocos que aún eran capaces de ir a verle y mirarle a la cara, aunque él los evadiera ellos seguían ahí, no cómo el resto, mirándolo de aquel modo tan desagradable... no como Law, que aunque estaba siempre en ese hospital iba lo menos posible a verlo luego de la visita de "ese bastardo"... así lo llamaba el ojigris... quizá tenía razón.

— ¡Venga! —Luffy levantó un brazo animado—. Vístete que te llevaré a tu casa.

—Mi casa... —repitió con pesar... ¿lo era realmente?... realmente podría continuar ahí, soportando la mirada acusadora de Law... soportando todos los recuerdos que lo atormentaban ahí...

— ¿Pasa algo?

—Me prestas tu teléfono.

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Luffy nunca había sido presumido, aunque siempre había estado acostumbrado a las "buenas cosas". Había sido rico siempre, no podía evitar comprar ciertas cosas que para el resto eran lujos, para él eran lo más normal del mundo.

Viajaban en el mustang negro del futbolista, llamando la atención de quien los viera.

Zoro suspiró. Estaban parados en una luz roja a cinco o seis cuadras de su destino—. Pensé que traerías otro auto.

Luffy rió—. A Vivi tampoco le gusta mucho, cree que es muy llamativo —El peliverde le sonrió segundos antes de que arrancará. Pensó que el trayecto sería callado, pero era evidente que no debía contar con ello—. Sabes qué cuentas conmigo, ¿verdad? —Zoro no le respondió—. Creo que no he sido el mejor amigo estos años —continuó hablando ante el silencio de su amigo—. Debí darme cuenta que necesitabas...

—Basta... —el pelinegro se aparcó en un sitio prohibido—. No tienes que hacer eso, Luffy, estoy bien —quiso sonreírle, tranquilizarlo y que aquella charla parase, pero no logro más que formar una mueca triste en su rostro.

—Sé que eres fuerte, Zoro —admitió—, siempre los has sido, pero no tienes que serlo todo el tiempo...

—Luffy...

—Apóyate en mi... déjame sostenerte...

Había una intensidad tan fuerte en aquellas palabras, que Zoro sintió como si una puerta se abriera y todo lo que lo estaba sofocando liberaba un poco de presión...


Ψ

Tuvo una infancia relativamente agradable, su madre era una mujer comprensiva, amable y llena de bondad que siempre había hecho lo imposible para que él se sintiera seguro. A veces la escuchaba discutir con su padre, pero en su infantil comprensión no entendía el motivo de aquellas peleas: "que si eso es para mujeres", "que si aquello lo hacen los hombres", "que los colores adecuados", "que los gustos inapropiados"...

En algún momento comprendió que las peleas se debían a él, que de alguna forma no era como se suponía que debía ser. En ese momento se sintió inadecuado... no quería que sus padres discutieran, no quería que las cosas en su familia estuvieran mal por su culpa, así que decidió hacer feliz a su padre.

Comenzó a jugar soccer y a practicar kendo, comenzó a ser "un hombre".

Era sumamente cuidadoso y disciplinado, por esa razón lograba sobresalir en todo lo que hacía. Era una estrella de soccer en su escuela y en su equipo de kendo era el mejor, Koshiro, su maestro, lo admiraba y respetaba profundamente. Lo llamaba prodigio, y creía que lo era hasta el primer torneo regional en el que participó.

En el duelo final se topó con un adversario de la escuela rival que sobresalía más allá que cualquiera. Era como luchar con un profesional, así que, en aquella ocasión, delante de sus padres y toda la región, perdió por primera vez.

Fue la primera vez que sintió frustración, pero al mismo tiempo fue la primera vez que sintió el deseo y la admiración de superar a alguien más.

En la entrega de premios su rival se quitó el casco y resulto ser una chica—. Lo hiciste bien —le dijo ella con una sonrisa arrogante. Él le dio la mano y por un instante todo lo demás desapareció... pero apenas fue un instante.

Escuchó a su padre gritar que aquello iba en contra de las reglas, y el gimnasio se convirtió en un campo de batalla.

Su maestro de Kendo entró de quién sabe dónde y tomó a aquella chica del brazo mientras la reprendía por haber hecho aquello—. ¿Qué se supone que haces?

—No me dejaste opción...

—Eres una chica, esto no es cosa de chicas.

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—Los hombres y las mujeres tienen roles específicos en la sociedad —decía su padre mientras conducía—. Ese hombre debe sentirse avergonzado de tener una hija así.

—Solo estaba practicando kendo —murmuró su madre—, no entiendo cuál es el problema...

—Por esa mentalidad tuya es por lo que Zoro era como era...

— ¿Qué se supone que significa eso?

— ¡Tú lo confundes! —la acusó—. Si no le metieras esas ideas estúpidas sobre "diversidad y tolerancia" habría sido un chico normal desde el principio.

—Zoro es un chico normal.

El hombre se burló—. Un chico normal no pide un juego de té como regalo de navidad.

—No entiendo que tiene de malo que quiera tomar té...

— ¡Sabes que ese no es el puto problema!

— ¿Por qué no lo dejas ser feliz?

— ¿Por qué quieres convertirlo en un marica?

Luego de eso no recordaba mucho. Algo paso, sintió una sacudido su mundo entero se volvió negro por un momento.

Despertó en brazos de su madre. Estaba llorando—. Mamá... no llores...

Ella sonrió entre lágrimas—. Te amo —y besó su frente antes que volviera la oscuridad.

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Cuando despertó en el hospital la chica que le ganó en el torneo de Kendo estaba parada junto a su cama, mirándolo con seriedad—. Te golpeaste la cabeza —le dijo—, pero aparte de eso estas bien.

— ¿Qué pasó?

—Tuvieron un accidente.

— ¿Dónde está mi mamá?

—...

Ella desvió la mirada, y eso fue todo lo que hizo falta para que lo entendiera, no había más que decir.

Lloró.

Lloró mucho, muy fuerte, mientras aquella casi extraña tomaba su mano, dándole, sino consuelo, si compañía... a veces la compañía de alguien era todo lo que hacía falta, especialmente cuando nuestra mente se vuelve en nuestra contra, cuando nuestros pensamientos evocan ideas que nos hacen daño... «Si fuera normal, ellos no habrían peleado.» Ideas cuyo único objetivo es flagelarnos con más fuerza. «Si no hubieran estado discutiendo por mi causa, seguirían conmigo.» Herirnos...

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Koshiro lo adoptó y Kuina, comenzó a formar parte de su vida. La mente cerrada de su maestro, parecida a la de su padre lo mantenía a raya cuando llegó a la adolescencia y comenzó a sentir atracción por alguno de sus compañeros.

Era duro, pero ella estaba con él, con su mente abierta, su sonrisa sincera y su fuerza de voluntad inquebrantable. Era perfecta, era una luchadora.

No supo cómo o por qué, pero comenzó a quererla, a pensar en tener una vida con ella. La amaba, no porque quisiera esconderse tras ella para parecer normal, la amaba de verdad. Quería estar con ella, compartirlo todo y protegerla siempre... quería ayudarla ser libre y cumplir sus sueños.

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—Es sólo un concierto padre —refunfuñó la joven—, y voy a ir con Zoro.

Koshiro suspiró y luego miró a su hijo adoptivo de manera paternal—. ¿Cuidaras de ella?

—Por supuesto.

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— ¿Por qué no le dices lo que sientes?

Law era sumamente practico, así que le costaba trabajo entender las dudas que tenía respecto a aquello.

—Kuina sabe que me gustan los muchachos —le recordó—. No quiero que piense que quiero usarla de tapadera.

Law bufó—. Sabes que la bisexualidad existe, ¿verdad?

—Pero no soy bisexual —le cortó—, sólo me gusta ella.

El ojigris se rascó la nuca, desesperado—. No voy a ser yo quien te expliqué esto.

—Ok, le diré si tú le dices a Eusstass.

—Decirle qué —el estudiante de medicina enarco una ceja—, que es un cretino.

—Sabes de qué hablo.

—Tenemos maneras de ver la vida muy diferentes —dijo mientras sacaba sus mocasines, refiriéndose al pelirrojo—. No tiene caso comenzar algo que no tiene futuro.

—Él te gusta.

—Una relación no se construye con eso —suspiró—. Ahora acaba de vestirte o nos perderemos la apertura.

Zoro sonrió—. Sólo quieres ir para velo.

—Cállate.

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— ¿Qué paso...? —El cuerpo enteró le dolía cuando despertó. Miró a su alrededor... «Un hospital...»

—Tuvimos un accidente.

Miró a Law sentado junto a él—. ¿Accidente?

—Kuina murió —la voz de Koshiro fue cómo una sacudida de realidad. Estaba al fondo de la habitación y pensaba andarse con rodeos.

—No tiene que ser tan directo... —la voz de Law sonaba enfadada.

—Yo no quería que ella fuera con ustedes —le cortó el hombre. Claramente los estaba culpando de lo ocurrido.

— ¡Fue un puto accidente!

—Si hubiese andado con hombres normales esto no habría pasado... —murmuró.

— ¿Qué mierda se supone que significa eso? —Law estaba colérico.

Una enfermera entró y los sacó a ambos por alterar al paciente, dejándolo sólo con su mente ponzoñosa diciéndole que si no se hubiese dormido habría podido cuidar de ella...

Ψ


En cuanto se tranquilizó Zoro, y tras recibir una multa Luffy había vuelto a conducir. Aún quería decirle muchas cosas a su amigo, pero no estaba seguro de cómo abordar ciertos temas. Ya no era un adolecente atrabancado que hacía todo sin pensar, había aprendido que había cosas que requerían tiempo—. ¿Seguro que no quieres quedarte conmigo y con Vivi? —preguntó por tercera vez cuando el peliverde cerró la puerta del auto.

—Te lo agradezco, Luffy, pero no podría —«No quiero que me miren más, así.»

El pelinegro le sonrió débilmente—. Llámame si necesitas algo.

—Seguro —mintió.


Ψ

— ¡Juegas increíble!

Un chico con sombrero de paja lo miraba desde detrás de la reja del campo de entrenamiento, seguramente iba en sexto grado apenas—. Gracias —respondió mientras tomaba una toalla para quitarse el sudor y rehidratarse.

—Yo seré el mejor jugador del mundo cuando sea mayor.

Zoro le miró. Muchos de sus compañeros decían aquello seguido, pero ninguno lo decía con la convicción con la que lo había hecho ese niño. No fue capaz de reírse de él como lo hacía con sus amigos—. Suerte.

—No la necesito —sonrió ampliamente—. Seré el mejor.

—Mi hermano menor es muy optimista a veces —se disculpó Ace, el portero del equipo y su compañero de escuela.

—Soy Luffy D. Monkey.

—Zoro Roronoa.

Se hicieron amigos, más que nada porque el pequeño siempre estaba pegado a él para que le enseñara algunas jugadas. Solían practicar juntos, y definitivamente el chico era un excelente jugar, tanto que Zoro no dudaba que algún día cumpliera su sueño.

— ¿Tú qué vas a hacer, Zoro? —preguntó un día que estaban desayunando en el parque, junto a algunos de sus amigos. El aludido lo miró con extrañeza—. El otro día me dijiste que el soccer sólo era un hobbie —le recordó mientras le daba una gran mordida a su sándwich de doble carne.

—Quiero ser programador —respondió—. Quiero crear tecnología que facilite la vida de las personas.

— ¿Cómo robots? —preguntó Usopp mientras terminaba de preparase su emparedado.

—No. Los robots son mecánicos —explicó—, yo más bien quiero hacer el cerebro de esos robots. La inteligencia que los vuelva autónomos.

—Suena muy irreal —meditó Nami antes de darle un sorbo a su bebida.

—Especialmente porque yo lo haré primero —afirmó Kuina con una arrogante sonrisa, sentándose junto a ellos.

— ¡Poder femenino! —gritó Nami y chocaron las manos antes de echarse a reír e insistir a Vivi que celebrará con ellas.

Zoro miró a su hermanastra con una sonrisa. Era fuerte, alegre, decidida y estaba tan llena de vida y de entusiasmo. «Lo haremos juntos.» Pensó, y fue en ese momento cuando supo que la quería.

Ψ


La puerta se abrió y el dueño del departamento se hizo a un lado para dejarlo entrar—. Cuando llamaste pensé que era una broma.

—Si quieres me voy.

—No te estoy corriendo, hijo de puta —se masajeó el cuello—, sólo digo que soy la última persona a la que creí que le pedirías ayuda.

—Eres el único que no me trata como si fuera un retrasado inválido.

Eusstass suspiró—. Están preocupados por ti —le dijo con pesadez—, y siendo sinceros yo también lo estoy...

Zoro se sentó en un sofá de dos plazas exhalando con fuerza—. Hace años que sabes que esto sucede, y es la primera vez que me dices algo así...

—Cuando los encontré en el taller de la universidad pensé que todo era sólo un juego sexual inofensivo —le explicó—. Él tipo casi te mata Zoro.

— ¿No le has dicho a nadie quién es?

—No —Kid sacó una cerveza y comenzó a beberla—, pero quizá debería...

—Hablaré con él —lo interrumpió bruscamente—, llegaremos a un acuerdo... sólo necesito...

—Habla con él si quieres —le cortó—, pero no te atrevas a decirme que se aman y que lo que te hace es normal porque juro por Dios que voy a ser yo quien te muela a palos —su voz comenzó a emitir un sonido de irritación que no le había oído nunca.

Zoro guardo silencio y comprendió que nadie entendería el amor que él y Mihawk se tenían, ni siquiera Eusstass, nadie iba a advertir que sus sentimientos, aunque estuvieran en medio de tanta mierda eran reales...


Ψ

—Yo la mate... —estaban recostados en la cama luego de haber hecho el amor. Afuera llovía, y él no entendía en realidad porque estaba diciéndole aquello. Mihawk no dijo nada, sólo lo miro en silencio en la oscuridad—. Nunca la defendí, nunca me enfrenté a su padre para protegerla porque tenía miedo de que supiera lo que era yo... pero él ya lo sabía... por eso me dejaba estar cerca de ella, porque suponía que yo no era un peligro por mi condición... Él odiaba a las personas como yo —rio—. No tiene sentido...

—Es ilógico —aceptó Mihawk. Se había sentado en la cama y estaba encendiendo un cigarrillo—, no gastes tu tiempo tratando de entenderlo... la gente que nos odia no es lógica... ni racional... —exhaló una buena cantidad de humo—. Un día quieren salvarte, volverte "normal", y al otro no dejan de repetirte la miseria que les trajiste por haber nacido... por ser como eres... Y puedes pasar tu vida tratando de entenderlos, tratando de complacerlos haciendo lo que esperan que hagas, pero aun así te desprecian por cobarde e hipócrita... No tiene sentido...

Zoro quería abrazarlo pero no era capaz, así que sólo asintió—. Sí, es ilógico...

El mayor se levantó en silencio, apagó el cigarrillo y rodeó la oscura habitación hacía él. Levantó una mano y (por instinto) el peliverde se agachó, cubriéndose... pero no recibió un golpe, sino que el ojimiel le acarició una mejilla con ternura—. Lo soy también, Zoro... —el joven estaba confundido—, soy ilógico, absurdo e irracional... te lastimo cuando no quiero lastimarte, ¿me odias por eso?

Su voz se oía quebrada, y Zoro tragó saliva para deshacer el nudo que se formaba en su garganta—. Claro que no... Yo te amo.

El mayor rio... o lloriqueó... quién podía saberlo en esa oscuridad—. Que ilógico —se burló, presionando el pómulo del moreno, donde horas antes lo había golpeado, haciéndolo quejarse de dolor...

Ψ


... su amor era ilógico, sin sentido, irracional... absurdo, toxico... tal vez mortal, pero era real... era por mucho lo más real que había tenido en la vida, aunque lo estaba matando... ¡Que ilógico!


Bien, gracias a quienes siguen conmigo, al pie del cañón.

Esta parte de la historia fue dura, pero espero que haya sido lo peor.

Nos estamos leyendo.

Besos y abrazos.