Yo Cuidaré De Ti.


Quien puede mirar atrás y no arrepentirse de nada debía ser alguien con mucha suerte, o al menos eso pensaba él algunas veces, tras extenuantes días de trabajo en los que las cosas no resultaban del todo bien. Tenía un record casi perfecto, pero no era un Dios, y a veces, aunque no cometiera errores, aunque hiciera todo exactamente como debía hacerse, aunque cada acción tomada y cada paso seguido fuera el correcto, las cosas no salían bien. Cómo explicar eso, cómo explicar a la gente que el paciente simplemente había muerto cuando no debió morir.

Si Dios realmente existía debía encontrar aquello bastante divertido, porque la mitad de los pacientes que había perdido, habían muerto así.

Exhaló el humo del cigarro que tenía entre los dedos cuanto escucho la puerta detrás de sí abriéndose.

— Lo buscan para una consulta en el sexto piso.

Miró de reojo a su mejor amigo en aquel edificio y tiró el tabaco—. Creo que lloverá.

—Nah —negó el bonachón doctor en la puerta, tras observar un segundo el cielo—, pero habrá viento, y tal vez este helado.

Law sonrió—. Debí traer un abrigo.

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A veces, mientras trabajaba, no podía evitar pensar en ciertas cosas, especialmente aquellos días en los que las cosas salían inesperadamente mal en su quirófano. Días como aquel pensaba en los muertos, pensaba en sus padres y en su hermana, pensaba en Cora, pensaba en Ace...

Los últimos dos, al igual que su paciente, habían muerto inesperadamente. Claro que Cora trabaja con alto riesgo, pero Ace... Sintió un escalofrío, y tuvo que suspirar para no sacudirse por completo en medio de aquel pasillo.

Ace D. Portgas, hijo ilegitimo de Dragon D. Monkey, hermano mayor de Luffy... y básicamente su primer gran amor. Se conocieron por mera casualidad a causa del chico mono, quien lo llevó un par de veces al departamento que compartía con Zoro Roronoa, el mejor amigo del menor de los D.

Recordaba que habían hecho una conexión casi inmediata, recordaba también que le había resultado dulce y encantador. Ace había sido muy importante en su vida, pero era algo que no podía compartir con nadie abiertamente. El pecoso jamás había salido del closet. Para ser sinceros había terminado con él y formalizado una relación con una chica encantadora, Nojiko, la hermana mayor de Nami, poco tiempo antes de su muerte.

Con el paso del tiempo había aprendido a sobrellevar aquella situación y no guardarle rencor, incluso había comenzado a experimentar atracción romántica hacia otra persona. Sin embargo, la muerte de Ace fue tan intempestiva que había removido todo lo que sentía.

Su vehículo y el del pecoso fueron parte de una carambola. Muchos autos involucrados en un desafortunado accidente en el que se perdieron múltiples vidas, resultaron demasiados lesionados y las marcas que quedaron en sus mentes y en sus corazones parecían incurables.

Todo se fue al carajo por aquellos años, la mayoría se distanciaron tras terminar la universidad, separándose y hundiéndose en su propio dolor. Tal vez las cosas habrían sido más sencillas su hubiesen tratado de salir de aquel hoyo todos juntos, pero cada uno sentía que su perdida era más importante que la del resto.

Kid, cayendo en el alcohol y las drogas tras perder su brazo y sus sueños de ser estrella de rock se convirtió en su prioridad. No había mucho que decir sobre eso, comenzaron una relación basada básicamente en la dependencia y el sexo. Law lo quería y en el fondo sabía que el pelirrojo sentía lo mismo por él, pero las cosas se habían dado en una época tan tormentosa y vulnerable, que más que unirlos con firmeza había levantado un muro de dudas e inseguridades entre ellos. Lo había aprendido a la mala.

Suspiró cansado mientras abrochaba su reloj antes de irse del hospital.

Su relación con Eusstas había sido larga y conflictiva. Peleaban a menudo, tenían sexo de reconciliación y no volvían a hablar del tema más nunca... hasta que de nuevo era un problema y el ciclo se repetía.

A pesar de eso se había enamorado, incluso había contemplado la posibilidad de casarse y pasar el resto de su vida con él, pero Kid se encargó de dejarle en claro que no tenían los mismos planes en mente en una de las reuniones que hacían en grupo luego de que la mayoría se había estabilizado un poco...

"— ¡Son estupideces! — le había gritado a Ussop luego que este le preguntara si pensaban en sentar cabeza algún día—. Dos hombres casándose, ¡que ridículo!"

Era cierto que nunca habían hablado de aquello, pero descubrir de esa manera tan abrupta lo que el pelirrojo pensaba de lo que él quería para su futuro le había roto el corazón.

Tal vez esa decepción fue la que lo hizo volcar sus afectos a otra persona, tal vez como Kid le había dicho, lo único que quería era rescatar a alguien y ahora lo botaba porque ya no necesitaba ser rescatado...

Volvió a suspirar. Había recorrido el trayecto hasta su auto con aquellas cosas dando vuelta por su cabeza y comenzaba a sentir migraña, quizá lo mejor era olvidar aquello y centrarse en conducir a casa.


Era martes por la tarde. Tras una jornada de varios turnos en el hospital finalmente había vuelto a su solitario y frio departamento a descansar. Se duchó y recostó a dormir por unas horas, no sin antes programar la alarma para reunirse con Luffy y sus amigos, tal y como acostumbraban desde hacía años, en el restaurant bar de Nami y Sanji. No quería que el chico mono le diera la turra por no presentarse como había hecho un par de semanas atrás. No podía evitar preguntarse si era igual de pesado con todos los que llegaban a faltar...

Suspiró. Estaba seguro de que era un verdadero fastidio con todos, pues nadie faltaba más de dos veces seguidas...

«Excepto Zoro.» Pensó con pesar.

El peliverde se había distanciado del grupo luego de romper una relación toxica que le había hecho mucho daño. Acabó su doctorado y se fue de la ciudad sin decir más nada, y aunque habían compartido departamento muchos años, los últimos meses de su doctorado los había pasado viviendo con Kid... ¿Por qué con Kid?, nunca lo entendió. A pesar de que habían sido colegas tras terminar ambos sus respectivas ingenieras, nunca fueron precisamente amigos, de hecho, el pelirrojo había dejado más que claro que no tenía la menor intención de ayudar a Zoro cuando descubrieron que su pareja lo lastimaba hasta casi matarlo...

Recordaba el día que se fue como si hubiese sido ayer.

—No tienes que irte —dijo sin pensar mientras lo veía empacar sus cosas en algunas cajas.

—Sí, si tengo —admitió con pesar—. Luffy vendrá a ayudarme con las cajas en quince minutos.

—Zoro...

El aludido suspiró con un dejo de frustración—No puedo quedarme Law, necesito alejarme de todo.

—Que se vaya él —bramó, enfurecido, cómo si tuviera idea de quien estaba hablando. Francamente, si tuviera idea de quién era el bastardo que le estaba quitando a su eterno compañero de piso, estaba seguro que usaría sus dotes de doctor de una manera muy poco ética.

Zoro cogió las cajas—. Gracias —dijo antes de salir de la habitación. No intento dar explicaciones, y él no las pidió, aunque le habría gustado saberlas.

«No te vayas.» Abrió la boca, pero solo lo pensó mientras miraba su espalda perderse por el pasillo, rumbo a la puerta.

En aquel tiempo supo que se iría de la ciudad con unos antiguos compañeros de la secundaria para intentar poner orden a su vida y comenzar de nuevo. No podía culparlo, sabía que las cosas se habían salido de control desde hacía mucho tiempo, lo único que lamentaba era haber sido tan indiferente. Un tiempo culpó a Kid, pues él insistía en que Zoro era lo suficientemente mayor para saber lo que hacía con su vida, pero luego de un tiempo finalmente había aceptado que simplemente se había escudado en las frases del pelirrojo para no inmiscuirse, para no involucrarse, para no sentirse responsable... o culpable.

Claro que no era responsable de las decisiones de su amigo, pero si era responsable de haber decidido ignorarlo en lugar de, al menos, tratar de hablar del tema.

El ultimo y peor episodio de la relación toxica de su amigo lo había enviado al hospital con múltiples fracturas y contusiones... aunque quizás la peor herida era aquella que no se podía ver, aquella que lo había destrozado. Sea quien fuera esa persona, lo había partido en dos.

Le habría gustado ayudarlo a recuperarse, de hecho, lo esperaba, pero el peliverde abandonó el departamento, dejándolo solo. Semanas después se enteró (para su enorme sorpresa) que había estado viviendo con Kid, y no solo se enteró de eso, sino también que el pelirrojo estaba enterado de todo desde hacía mucho tiempo, y que de alguna manera extraña era una de las razones por las que Zoro no se había desmoronado tiempo atrás, porque contaba con Kid.

Escuchó el silencio de la habitación preguntándose si el resto tenía siquiera una idea de que era lo que estaba haciendo, o dónde estaba.

Si, era cierto que de cuando en cuando lo llamaba al móvil para ver cómo estaba y charlaban largo y tendido de un montón de cosas, la mayoría sin sentido u importancia; había cosas de las que Zoro no quería hablar y de las que Law prefería no indagar más de la cuenta. Temía abrir las heridas y no quería que dejara de llamarle.

Tiempo antes de que se fuera, él había roto con Kid y había comenzado a desarrollar un afecto especial por el peliverde, a pesar de lo indiferente que siempre se portaba con él. No había podido evitarlo, tenía una especie de delirio de súper héroe, pero fue su ruptura con Kid la que le hizo darse cuenta que, si quería tener una verdadera relación, sana y duradera con alguien, debía dejar de salir con personas que necesitaban ser rescatadas, así que, pese a que cada fibra de su cuerpo le decía que detuviera al peliverde y le dijera lo que sentía, había cerrado los ojos, apretado los puños y aguantado la respiración para dejarlo partir.


La noche había caído más rápido de lo que le habría gustado, pero así solía pasar cuando pensaba demasiado en el pasado. Tomó una ducha y subió a su auto para dirigirse al "Baratie" de Nami y Sanji.

Ese par habían sido los primeros en casarse, pero el último año recién habían expandido su familia adoptando un par de bebes encantadores. Había sido una sorpresa cuando anunciaron que adoptarían, sin embargo, no había habido un solo comentario incomodo luego que Luffy gritara: "—Eso seguro será genial."

La gran mayoría ya habían formado una familia, Kaya y Usopp tenían cuatro críos, mientras Luffy y Vivi tenían un pequeño al que habían llamado Ace. Robin y Franky, pese a estar divorciados vivían y criaban juntos a un pequeño niño del mediterráneo que la arqueóloga había adoptado en uno de sus viajes. El pequeño Tony tenía ya doce años. Kid no quería hijos o familia, aunque se rumoreaba que salía con alguien mayor.

—No deberías hacer mucho caso a los rumores.

—No es que les haga caso —se excusó—, solo me gustaría que salieras con alguien que no solo quiera rescatarte.

—Es cierto que cuando comenzamos a gustarnos yo no necesitaba que me rescataras —le dijo el pelirrojo luego de una larga pausa—, pero cuando nuestra relación comenzó... vaya que necesitaba que lo hicieran —rió.

Law también sonrió un poco—. Ese accidente nos marcó a todos —admitió, señalando con la mirada el muñón de Kid. No le gustaba mencionar aquel accidente, en el que varios de sus amigos habían muerto, y en el que todos habían perdido tantas cosas...

Eustass sujetó la parte donde su brazo terminaba—. Fue muy duro para todos —aceptó, mirando a los demás por el rabillo del ojo, especialmente a Luffy y a su hermana—, pero salimos adelante a pesar de todo —Bonney había perdido a su mejor amigo, quien probablemente había sido el amor de su vida.

El ojigris miró a la chica, quien charlaba con Killer mientras engullía grandes porciones de carne—. ¿Crees que se casen?

—Un paso a la vez —respondió un poco enfurruñado, en parte por celos de hermano, en parte por celos de mejor amigo, en parte porque sabía lo difícil que era para ambos. Drake también había sido un buen amigo suyo y de Killer, sabía lo difícil que era para el rubio acercarse a Bonney.

—Escuché que ahora es bajista de Soul King.

—Sí, el hijo de puta fue el mejor en las audiciones —volvió a refunfuñar, pero no había rencor u odio real en su voz. Sonreía.

—También oí que está negociando que el rey toqué tus canciones.

Esta vez soltó una carcajada—. El muy cabrón se tomó muy personal lo que le dije —la mirada interrogante del otro lo hizo continuar—. Le dije que si lo conseguía saldría de mi agujero y buscaría una cita real.

—Lo lamento...

— ¿Por qué? —le sonrió conciliador—. Aunque solo hicieras de "salvavidas", he de admitir que tú ayuda me sirvió bastante.

—También a mí la tuya.

—Y debo reconocer que nadie la mama como tú.

Las pálidas mejillas del doctor en medicina enrojecieron—. Idiota.

Kid era muy cínico y directo, pero era parte de su encanto, y era parte de él. Había tenido sus roces con todos en los años que llevaban siendo amigos, pero al final habían aceptado su falta de tacto e incluso cuando quería una opinión directa y sin tapujos recorrían a él.

Quién hubiera dicho que se volvería el mejor consejero de todos.


La velada pasó sin grandes acontecimientos, una vez más Zoro no se presentó y la mayoría la había pasado hablando de sus hijos o de sus nuevos proyectos. Concluyó, camino a casa, que asistir estaba comenzando a volverse algo deprimente, especialmente porque, "una familia" era algo a lo que quería dejar de aspirar. Luego de terminar con Eustass y enamorarse de Zoro no había vuelto a conocer a nadie que realmente le importara.

Sus salidas se limitaban a encuentros casuales, ligues en algún bar y no volver a llamar a nadie o recordar siquiera sus nombres.

Las vidas de todos parecían haberse encausado y tomado finalmente un rumbo mientras sentía que la suya se iba en declive a ninguna parte.

Miró el reloj mientras subía por el ascensor hasta su departamento. Pensó en ir a algún bar antes de ir a casa, pero aquel día había sido demasiado agotador. Lo único que realmente quería en aquel momento era llegar a descansar, pero cuando las puertas del ascensor se abrieron no podía creer lo que estaba ahí.


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Cuando su teléfono sonó y se enlazó la llamada con sus auriculares aquella mañana ni siquiera había dejado de teclear. Respondió la llamada y charló con su mejor amigo con una cordialidad casi inhumana, y posiblemente no lo habría notado si el hombre del otro lado de la línea no se lo hubiese comentado.

—A veces siento que estoy hablando con una contestadora.

Luffy no decía aquellas cosas con la intención de moverle el piso a nadie, simplemente así era él: sincero.

Suspiró y apartó la atención de su computadora por un momento—. Una contestadora no te respondería —bromeó, pero el chico del otro lado de la línea no rió.

—Tampoco vendrás está vez...

—No lo creo —respondió, aunque sabía que no era una pregunta—, tengo mucho trabajo.

—Me gustaría que conocieras a Ace.

—Seguro es un niño muy hiperactivo, como su padre.

A veces había silencios incomodos, en los que ninguno sabía que decir, otras veces Luffy soltaba comentarios como bombas en un campo minado, que no solo hacían daño al caer, sino que desencadenaban dolorosas explosiones en serie que luego no querían detenerse.

—¿Aun piensas en él?

—A veces —admitió.

—¿Crees que él piense en ti?

—No lo sé...

Pero se lo preguntaba muy seguido. Luego de terminar su doctorado e irse de la ciudad había comenzado a asistir a terapia, y por ende a comprender muchísimas cosas que en su momento se había rehusado a ver con claridad. Una de las cosas que más trabajo le había costado aceptar era que el amor que sentía no era real, especialmente porque él mismo no había puesto fin a aquello.

Sacudió la cabeza tratando de que esos pensamientos se esfumaran.

—Todos quieren verte otra vez.

—También yo los extraño, Luffy...

—Entonces ven.

Silencio.

Quizás el problema era que la estúpida terapia era complicada, quizás el problema era que no solo había entendido todo lo que había estado mal... y había un montón de cosas que habría preferido no comprender...

—Lo pensaré.

—Mentiroso.

—...—

—...—

—Cuídate Luffy.

El aludido suspiró—. Claro...

Habían alargado un poco la charla, pero no se habían dicho más nada.

Luffy no entendía que volver implicaba enfrentar todos sus demonios, y aunque él no se consideraba un cobarde, había alguien a quien no estaba seguro si podría volver a mirar a la cara. «Law.» El medico había sido testigo de su declive emocional y mental, y aunque nunca hubiera mostrado intención alguna de tenderle la mano, no le guardaba rencor. En el fondo sabía que Law había supuesto que era lo suficientemente fuerte para salir adelante... por un tiempo él mismo lo creyó, pero luego murió Kuina, Koshiro le quitó el apoyo y se encontró completamente perdido. Todos sus amigos comenzaron a dispersarse, seguir con sus vidas, alejarse y llamarse poco... es lo que pasaba al entrar a la universidad: todo cambia.

La única constante en aquella debacle emocional en la que se vio envuelto siempre había sido Law, con sus comentarios certeros, sus miradas interrogantes y esa rabia contenida cada vez que lo veía llegar hecho una ruina.

Ψ

—Espero que al menos lo dejaras en peor estado —le había soltado una madrugada mientras atendía sus heridas, particularmente el corte que tenía en la palma de la mano, pero no comprendió lo que le decía—. ¿Cuántas veces más deben asaltarte para que entiendas que debes comprarte un auto?

Ahora sí que lo había comprendido—. No puedo pagar un auto —respondió sin mirarle—, y aunque pudiera, dudo que logrará pagar el mantenimiento —«Además, igual me golpearían.»

Law suspiró, dejó de suturarle la herida y lo miró—. ¿Estás bien?

—No me rompo tan fácil.

—Como digas —aceptó de mala gana y continuó atendiendo sus heridas.

Ψ

En aquella época no había caído en cuenta que el doctor no le había preguntado por su estado de salud, al menos no por su salud física. Law no era muy insistente, solía ser frio y reservado y jamás insistía demasiado las cosas, respetaba de manera descomunal el espacio y la privacidad de los demás, tal vez por eso no se había percatado de su preocupación, tal vez por eso había preferido mirar hacia otro lado en lugar de darse cuenta que alguien realmente intentaba cuidarlo.

Nunca se preguntó porque daba la casualidad que el cirujano siempre tuviera libre el día que llegaba hecho un lio, al menos no lo hizo hasta que se fue, cuando se dio cuenta que él realmente se preocupaba por él.

Ψ

—Sé que no he sido el mejor amigo en todo este asunto, y que tal vez debí intervenir desde la primera vez que llegaste al departamento hecho un desastre —Zoro lo miró—. Lamento no haberte ayudado.

—No podías saberlo —le dijo, confundido y extrañado.

—Debí darme cuenta —interrumpió—, soy doctor, veo casos así a diario...

—Me ayudaste mucho curando mis heridas —le recordó, era mucho más de lo que había hecho cualquier otra persona por él aquellos años.

—Pero no cure las heridas correctas...

Quiso saber a qué se refería, pero no hizo falta preguntar, el ojigris anuló la distancia que los separaba y lo besó, suave, dulce y maravillosamente.

.

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Volver al departamento de Kid aquel día había significado un terrible conflicto, era cierto que Law y Kid habían roto hacía meses, pero también sabía que el pelirrojo aún no había superado del todo.

— ¿Cómo te fue?

El peliverde se talló la frente con algo de frustración—. No puedo seguir quedándome contigo.

Kid se levantó, apagó el televisor y lo miró con escrutinio—. Viste a Law —dedujo, y antes de que Zoro dijera nada se alzó de hombros—. Llamó preguntando por ti —explicó—, estaba desesperado por saber dónde encontrarte...

—Kid...

Pasó de largo junto a él, rumbo a la cocina—. Ya lo sabía —tomó una cerveza y le dio un tragó—. Siempre estaba preocupado por ti, todo el tiempo. Si salías no podíamos vernos porque insistía en quedarse en casa a esperarte —volvió a alzarse de hombros—, por más que le dijera que podías cuidarte solo, que era asunto tuyo, que sabías lo que estabas haciendo... probablemente no hizo más por mi insistencia, quizá por eso no te ayudó como hubiera querido —se rio ante el desconcierto de Zoro, y continuó—. Siempre eras su prioridad, aunque él mismo no se daba cuenta de ello.

—Law te ama.

Kid dio otro trago a su cerveza y sonrió con ironía—. Puede ser... pero siempre te ha amado más a ti.

Ψ

Muchas cosas cobraron sentido luego de aquella conversación con Kid, cosas que no se había detenido a pensar nunca. El pelirrojo no le guardaba rencor, de hecho a su modo se había disculpado por evitar que el medico lo ayudara. Permaneció un par de meses más en aquel departamento, hasta concluir su proyecto, y terminar sus respectivos doctorados, luego dejó la ciudad.

Ψ

Luffy había ido a recogerlo al departamento que compartía con Law, llevaba solo un par de cajas y una maleta—. ¿Hablaste con él?

Zoro lo miró, mantenía la vista en la carretera, pero sabía que no iba a dejarlo tranquilo hasta saber lo que quería—. No, no hay nada que decir.

—Torao se veía triste.

—Hemos vivido juntos mucho tiempo —se alzó de hombros—, supongo que es normal.

—Creo que él te quiere –soltó sin más, así como siempre soltaba las cosas.

—Somos amigos —evadió, mirando por la ventana.

—Sabes de que hablo.

—...—

—Torao nunca ha sido bueno expresando sus emociones —retomó con calma—, y tampoco ha sido bueno ocultándolas.

—Luffy...

—Cuando quería a Ace era igual, trataba de ocultarlo pero no podía hacerlo.

Zoro suspiró. Recordaba aquella época bastante bien, cuando ese par salía a "escondidas" el ojigris siempre estaba cabizbajo, triste. Intentaba ocultarlo centrándose en la escuela y los libros, portándose indiferente y sarcástico, pero era fácil notar su melancolía. En algún momento quiso decirle que sabía quién era su amante secreto, pero respeto la decisión del pecoso de mantenerse en el closet, y la de Law de dejarlo ir. Lo vio andar con el corazón roto mucho tiempo y trato de animarlo, pero las cosas simplemente siguieron su curso. Fue Kid quien logró ayudarlo a seguir.

—Sólo somos amigos.

—Claro —dijo, de manera condescendiente luego de un silencio prolongado.

Ψ

Actualmente vivía en una ciudad en las montañas del norte, donde trabajaba desarrollando sistemas de seguridad para grandes corporaciones y se ocupaba de sus proyectos de robótica en sus ratos libres. No había visto a sus amigos en años, pero se mantenían en contacto a través de redes sociales y llamadas telefónicas...

Ψ

«Robin.»

— ¿Qué tal todo?—

— Bien, supongo. —

— Cómo están todos allá? —

— Vivos =) —

— Aunque Franky tiene un resfriado —

— tal vez sea un nuevo virus y no viva demasiado —

— … —

— Law está muy disperso últimamente —

— ¿has hablado con él? —

— Hablamos la semana pasada —

— Creo que te extraña —

— Deberías venir a visitarlo —

Ψ

Era agradable charlar con ellos, pero había ocasiones en las que eran demasiado insistentes y molestos, en especial con aquel tema.

Se recargó en su silla giratoria y suspiró mientras revisaba su última conversación.

Luffy había sido particularmente insistente aquel día, y consecuentemente había terminado prometiéndole que iría a visitarlos ese fin de semana. No le apetecía, le dolía el estómago de solo pensar en volver, pero era imposible decirle que no a Luffy cuando se proponía algo, y vaya que ya tenía bastantes años logrando evadirlo.

Suspiró largo y tendido antes de levantarse a hacer la maleta.

Ya no había marca atrás.


.


Se miraron por un periodo de tiempo que pareció interminable.

Law había perdido el aliento, y casi podía jurar que había sentido a su corazón detenerse por un segundo—. Zoro...

—Hola, Law —le sonrió, pero aquella sonrisa más bien parecía una mueca mal ensayada. Se sentía estúpido de estar ahí—. ¿Cambiaste la cerradura? —preguntó por pura autonomía, ¡claro que había cambiado la cerradura! Se había dado cuenta de ello cuando, quince minutos atrás, su llave no había podido abrir la puerta.

El ojigris asintió—. Perdí mi llave hace algunos meses y preferí cambiarla —no estaba mintiendo, simplemente no tenía por qué decirle que la había olvidado en el motel donde se revolcó con alguien cuyo nombre no recordaba, y cuyo número nunca le había pedido—. No creí que conservaras tu llave.

Zoro mordió su labio inferior. Qué podía decirle: "no quise tirarla por si quería volver algún día"—. Pensé que era tiempo de devolvértela.

Law sonrió—. Me habría servido hace meses.

—Eso supongo —se alzó de hombros.

—...—

—Esto es incómodo —suspiró—. Creo que debí llamarte primero.

—...—

Eso era todo.

Law no decía nada, sólo lo miraba en silencio. No tenía más nada que hacer ahí. «Esto fue un error.» caminó rumbo al elevador, pasando junto al cirujano, dispuesto a irse... pero una firme mano sujetando su muñeca lo detuvo.

—Por qué no pasas a tomar una cerveza y descansar un rato, luego te llevo a tu hotel.

.

.

Estaban sentados en la cocina en silencio, dándole un sorbo a sus respectivas cervezas—. El departamento está impecable.

—Contraté una ama de llaves —se alzó de hombros el doctor—. No paso mucho tiempo aquí, pero me gusta que este ordenado cuando llegue.

—Lo sé —sonrió—. Recuerdo lo mucho que te molestaba cuando Luffy y yo teníamos la sala hecha un desorden.

...

Otra vez reinó el silencio.

Law suspiró, frustrado. Quería decir tantas cosas, pero no sabía ni por dónde, ni cómo comenzar. Toda su elocuencia y astucia estaba perdida en alguna parte.

—La última vez que nos vimos... —fue Zoro quien habló—, me encontraba en un momento demasiado complicado como para quedarme aquí —suspiró —, aunque deseaba hacerlo.

—Lo importante es que estás mejor ahora.

— ¿No vas a preguntarme nada?

—Bueno, no es que estemos incomunicados —se excusó—. Sé que estás mejor y lo que has hecho con tu vida en general, y tú sabes cómo me las he apañado.

Zoro echó la cabeza atrás y miró el techo—. No quería volver a la ciudad porque temía ir a buscarlo.

Law sabía que se refería a su ex pareja, esa de la que no sabía nada, excepto que casi mataba a su amigo varias veces—. ¿Lo hiciste?

—No.

El ojigris sintió alivio, un alivio que hizo que toso su cuerpo se relajara. Siempre temió que el peliverde corriera a buscar a ese hombre si acaso volvía, y esa idea lo volvía loco, lo enloquecía de celos. Sabía que Zoro se había ido para poner distancia de por medio con aquel hombre, porque pese a que habían terminado, no fue el peliverde quien concluyo la relación, sino aquel bastardo. Luego de años golpeando, rebajando y desquebrajando a su amigo, había sido aquel bastardo quien había puesto punto final a todo, por eso tenía miedo, por eso no detuvo a Zoro cuando quiso alejarse, aunque deseaba que se hubiera quedado a su lado.

Nunca supo ni su nombre, y no se esforzó en saberlo porque estaba seguro que no haría nada bueno con esa información...

—Cuando tomé el avión hacia acá pensé que lo haría.

— ¿Y qué paso?

—Al bajar del avión, el único lugar al que quería volver era a éste —Law lo miró—. La única persona a la que necesitaba ver era a ti.

— ¿A mí?

Zoro se levantó, rodeando la mesa hasta quedar frente a él—. Cuando nos besamos aquella noche pude sentir algo que nunca antes había sentido —el ojigris tragó duro—, y necesito saber si es real, o fue sólo por el momento.

Law no necesito escuchar una palabra más, lo rodeó por la cintura, atrayéndolo a su cuerpo y lo beso con una desesperación desconocida, con una sed insaciable, con unas ansias desmedidas... y cuando el peliverde lo correspondió, rodeándolo por el cuello, alargó tanto aquel beso que tuvo que separarse únicamente porque necesitaba volver a respirar—. ¿Y bien? —inquirió con la respiración agitada y el corazón a todo galope.

Zoro le sonrió—. Supongo que, no sabes cuál es el lugar correcto hasta que tienes que volver ahí.

Ψ

—Eres la segunda persona que viene a ver éste piso hoy —comentó la joven de cabello verde y grácil caminar.

Zoro silbó mientras observaba aquel lugar maravillado—. Me alegra que no se haya ocupado.

—Mi cliente lo renta con opción a compra.

— ¡Eso es genial!

La joven le extendió una tarjeta mientras salían del departamento—. Ésta es la renta mensual —Zoro extendió el papel y se petrifico—. El primer mes hay que pagarla junto con el deposito, y si luego le interesa comprar el lugar puede contactarme.

—Gracias...

Se despidió de la chica. No tenía nada más que decir, no podía pagar aquel lugar el solo.

— ¿Quieres compartirlo? —Por alguna razón se giró a mirar la jardinera izquierda al salir del elevador. Estaba sentado un muchacho de cabello azulado y ojos grises con un libro en mano. Cerró aquella enciclopedia y lo miró—. Habló del departamento —explicó. Ahí fue cuando Zoro confirmó que le estaba hablando a él—, es perfecto para mí porque está a cinco calles de mi facultad, pero no puedo pagarlo solo.

—No te conozco.

El chico ladeó la cabeza como si aquel detalle, para el irrelevante, fuera lo único que faltaba—. Mi nombres es Trafalgar Law, estudio medicina.

—Roronoa Zoro —se dieron las manos—, estudio ingeniería informática.

—Tu facultad está más cerca que la mía —Zoro asintió—. ¿Y bien?

—Bueno, supongo que si eres un psicópata no matarías a quien te ayuda a pagar el alquiler.

Law enarcó una ceja—. Si fuera un psicópata no necesitaría ayuda, me quedaría con el dinero de mis víctimas y lo pagaría solo.

.

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El día de la mudanza él fue acompañado por Kuina, y Law por un desordenado hombre rubio que luego supo que era su padre.

— ¿Le dijiste que eres gay? —cuestionó la chica mientras subían las cajas por el elevador.

—No.

— ¿Piensas decirle?

—No.

—Sería muy peligroso si él es homofóbico.

—Puedo cuidarme solo.

El elevador se abrió y justo enfrente estaba Law—. Cora insiste en que te informe que soy homosexual —soltó como si nada—, al parecer cree que puede ser un problema.

Antes de que Zoro dijera nada, su acompañante suspiró—. No tienes de que preocuparte, Zoro también es gay.

Las mejillas del aludido estaban más rojas que un tomate maduro.

—Excelente, se lo diré a Cora.

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Law abrió la puerta un sábado por la mañana luego que sonara el timbre.

—Les traje la despensa.

El ojigris se hizo a un lado y talló sus ojerosos ojos—. Zoro sigue en la cama —su padre tropezó y tiro la despensa, rompiendo la mayoría de los huevos. Suspiró—. No en mi cama.

—Ya lo sabía —rio, completamente ruborizado—. Pero si deciden hacer cualquier cosa, hay condones en la bolsa de medicamento —susurró.

Law apretó el puente de su nariz, frustrado—. Solo somos compañeros, ya te lo he dicho.

—Claro que si —rio sonoramente una vez que estuvo en la cocina—. Ahora preparare la cena —exclamó con entusiasmo, omitiendo el hecho de que era de mañana y que era un pésimo cocinero. Más temprano que tarde el fuego de la estufa alcanzo el techo y la alarma contra incendios activo los aspersores.

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— ¿Ustedes se han besado? —inquirió Kuina mientras Zoro bebia una cerveza, la cual se le escapó por la nariz provocándole un ataque de tos.

Law frunció el ceño—. ¿Por qué nos besaríamos?

—Bueno —se alzó de hombros—, ambos son gays.

—Eso es tan ridículo como suponer que tu besas a todos los chicos heterosexuales que conoces —sentenció el ojigris mientras ayudaba a Zoro a recuperar el aliento.

—Pero ustedes hacen una excelente pareja.

El estudiante de medicina puso los ojos en blanco y suspiró—. Claro, y por eso se la mamo cada vez que esta estresado.

— ¡Law! —Zoro se puso de pie, completamente ruborizado.

— ¿Lo haces? —la chica enrojeció.

— ¡Claro que no! —gritó Zoro.

Law se alzó de hombros—. Quien lo hace es él.

— ¡Quieres dejar de decir pelotudeces!

—Relájate, ella sabe que es broma.

Ψ

Aquella mañana era la primera vez que despertaban juntos, a pesar de haber compartido departamento por más de diez años. Law estaba recostado sobre el pecho de Zoro, acariciando la cicatriz que lo atravesaba.

—Ya no me duele —dijo de repente.

—Es obvio, fue hace muchos años.

Zoro tomó la mano de Law y la puso sobre su pecho—. Ya no me duele —repitió.

El ojigris comprendió lo que decía y lo abrazó fuerte—. Me alegro.

—Cuando Kuina murió me sentí culpable —Law se incorporó para mirarlo a la cara—. Me dormí y no pude protegerla.

—Yo iba manejando —le recordó.

—Cuando mis padre murieron la culpa me torturaba —continuó—, ellos peleaban en el auto por mi condición.

—Sus prejuicios no eran culpa tuya.

—Creí que estaba bien que él me lastimara, porque pensé que era una manera de expiar mis pecados. Creí que era lo que alguien como yo debía tener...

—Sabes lo que dicen —Zoro lo miró, interrogante—, "aceptamos el amor que creemos merecer".

El peliverde asintió, pensativo—. Eso es muy profundo.

—La frase no es mía —se alzó de hombros—, la saque de un libro.

—No me sorprende, tú no dices cosas así.

Law le golpeó un brazo—. Yo puedo ser profundo.

—Si —sonrió de medio lado, con malicia—, lo note anoche

El rubor en el rostro del médico era comparable con una cereza madura. Zoro rio a carcajadas con aquella idea, y comenzaron a pelear, pero no era una pelea real, era más bien un juego, entre empujones, risas y una felicidad que los hinchaba... como si estuvieran hecho el uno para el otro.

Ψ

— ¿Ya se fueron? —inquirió Zoro mientras recogía la mesa.

Law asintió—. Cora se ofreció a llevarla a casa.

—No deberíamos dejarlos pasar tiempo juntos —se quejó—, creo que planean todo lo que dicen.

—No me sorprendería.

La siguiente media hora se dedicaron a recoger el desorden y guardar la despensa en silencio. Ocasionalmente no solo Kuina y Cora les insinuaban que hacían una buena pareja, sino también el resto de sus amigos, y aquello era desesperante, pero de cierta forma entendían esos prejuicios heterosexuales tan arraigados, especialmente Zoro al recordar como las amigas de Kuina le presentaban chicos gay asumiendo que se volverían mejores amigos. Nunca paso.

Law por otro lado sentía que su padre temía que se quedara solo, especialmente por su particular dificultad para relacionarse con otras personas.

—Seguro Cora cree que nunca encontraré a nadie —suspiró al terminar su parte, dejándose caer en el sofá donde siempre leía.

Zoro se sentó frente a él y abrió una lata de cerveza—. Descuida, cuando estés viejo, senil y amargado, yo cuidaré de ti.

—Eres tan lindo —ironizó el ojigris antes de concentrarse en una enciclopedia que tenía que estudiar—, disculpa si no te doy las gracias.

Ψ

Aquella tarde se reunieron con todos sus amigos, hicieron una fiesta en casa de Luffy y se divirtieron como no habían hecho en muchos años.

Era difícil de explicar, pero por primera vez después de mucho tiempo Zoro no se sintió como un intruso entre sus amigos, y eso era perfecto.

Luffy tomó un montón de fotografías de todos.

Usopp cantó en el karaoke con sus hijos como fans.

Tony no dejaba de mirar a Law mientras se escondía tras las piernas de su madre—. Quiere ser doctor —le explicó Robin. Franky lo cargo en sus hombros mientras gritaba: "¡Va a ser un SUPER doctor!"

Todo estaba tan bien, que incluso Kid cantó una canción mientras Killer y su hermana lo acompañaban en los instrumentos.

De alguna forma todo se encontraba en donde debía estar.

FIN.

Ψ

Kuina subió al auto de Cora y agitó el brazo en lo alto para despedirse de Law antes de ponerse el cinturón—. Me alegra que vivan juntos —dijo sin pensar.

Cora sonrió—. A mí también —arrancó la camioneta y miró a su hijo entrar al edificio—. Se complementan.

La chica rió bajito, un poco ruborizada—.Cuando se casen no me voy a cansar de decirles: "se los dije".

Cora también rió y se alejaron del lugar mientras planeaban como seria aquella boda imaginaria que tanto deseaban ver.

Ψ


N/M:

Y terminé, al fin, está serie de shots que me prometí que no empezaría. XD

A quienes los han leído les agradezco profundamente, a quienes los han seguido les agradezco más. =)

Besos y hasta otra.