— Valerie Deanoff regresará a Londres, ha decidido suspender por un tiempo su trabajo de Embajadora y por ahora se quedará a cargo del Departamento de Búsqueda de Objetos Milenarios Perdidos — dijo Kingsley.

— ¿Necesita que realice un comunicado, señor Ministro?

— ¿Cuántas veces te he dicho que me llames Kingsley si estamos los dos solos? — el mago rió. — No, Hermione, te lo cuento para que le digas al resto de tus amigos que su querida vampira viene de regreso y creo que, por fin, se quedará por bastante tiempo en Londres. Tomate un par de días, después de todo tienes que terminar los últimos detalles de la boda de tu mejor amiga.

Hermione Granger, a sus veinticinco años, se había convertido en la bruja más joven en ser la subdirectora del Ministerio de Magia. Atrás había quedado la niña de pelo desordenado y con la nariz pegada a los libros. Si bien continuaba siendo una amante de la lectura, los años la habían pulido para ser una mujer ágil, una gran duelista y sobre todo, una hábil bruja en el mundo de las relaciones mágicas.

Su vestimenta, pulcra y ordenada, era la combinación perfecta entre la ropa del mundo mágico con cierto toque muggle. Vestía unos pantalones negros ajustados, una camisa blanca tapada por un blazer negro y sobre el una capa verde oscuro abierta por los costados que cubría su torso y dorso. Una "M" mayúscula dorada descansaba en el lado izquierdo de su pecho, mientras su pelo, ahora menos ondulado caía suavemente por su espalda.

La bruja caminó apresuradamente por los pasillos mientras la conversación con Kingsley se repetía en su mente y una enorme sonrisa iluminó su rostro. ¡Valerie regresaría! ¡Y su mejor amiga se casaría, por fin, con su mejor amigo! En sus últimos años escolares, Harry y Ginny comenzaron una hermosa relación la cual con los años se fue fortaleciendo. Los dos, decididos a tomarse las cosas con calma, se enfocaron en trabajar arduamente en sus carreras y hace ya, un año, Harry había tomado la decisión de decirle a Ginny que se fueran a vivir juntos, lo que generó una ola de noticias en los medios. Dicha acción, finalmente, se tradujo en que dos meses después de compartir un mismo techo el mago de lentes se arrodillo y le pidió matrimonio a la mujer que amaba.

Hermione llegó al piso del Departamento de Aurores, se paró frente a una puerta de vidrio que decía "Jefe del Departamento de Aurores: H.J. Potter" y tocó la puerta con demasiado entusiasmo — ¡Adelante!

La bruja ingresó a un amplio despacho, en el fondo había un enorme escritorio de madera lleno de papeles, en el lado izquierdo dos grandes estanterías negras se encontraban llenas de varios pergaminos que cubrían la pared mientras que, a la derecha, un mueble con trofeos y fotografías adornaban el lugar, el despacho en si tenía cierto desorden que lo volvía armónico, y Hermione sabía perfectamente que su amigo no era muy fanático del orden.

Detrás del escritorio Harry Potter se puso de pie con una amplia sonrisa en su rostro. Su mentón, mejillas y borde de los labios estaban cubiertos por una gruesa pero bien cuidada barba negra. Su desordenado cabello ahora estaba largo, el cual, en lo que se veía como un vano intento por despejar el rostro se encontraba amarrado en un rápido moño dejando algunos mechones sueltos que caían sobre la cara del mago. Vestía unos zapatos altos que le llegaban hasta las canillas de color negro, mismo color que tenían sus pantalones de tela gruesa, en el torso superior tenía una camisa gris con el cuello abierto y sobre esta una chaqueta delgada negra cerrada con tres tiras que cruzaban su pecho de manera horizontal, cada una con broches dorados. En su cadera descansaba un cinturón negro con una gruesa hebilla también de color dorada y sobre sus hombros reposaba una gruesa gabardina roja, la cual en su interior era peluda y de color blanco. Aquella gabardina era la chaqueta preferida de Harry, había pertenecido a Sirius, y le daba un aspecto rebelde, pero atractivo. Sus ojos verdes continuaban detrás de unos anteojos redondos y su singular cicatriz con forma de rayo se lograba vislumbrar levemente entre los mechones de pelo.

— ¡Hermione! Que alegría verte, pensé que nos encontraríamos en mi casa hoy en la tarde. Ya sabes, con todos los últimos detalles que tienes que finalizar con Ginny — se rascó la cabeza nervioso.

— Oh, si, de todas formas iré hoy a ver a Ginny — rió, ansiosa. — Pero he venido por otro asunto.

— Espero que nada malo — le dijo Harry elevando una ceja. Tenía bastantes preocupaciones con su trabajo de auror en aquel momento y realmente no deseaba malas noticias.

Hermione sonrió — ¡No! ¡Es una buena noticia! Kingsley me acaba de notificar que Valerie a suspendido su trabajo de Embajadora por un tiempo.

— ¿Suspendió su trabajo? Pero…

— Lo suspendió y se quedará a cargo del Departamento de Búsqueda de Objetos Milenarios Perdidos — Harry le dedicó una mirada de confusión sin entender por qué su amiga parecía estar contenta con esa idea. — Harry… ¡Valerie va a volver a Londres y se va a quedar por un buen tiempo aquí! No más viajes alrededor del mundo.

El mago abrió los ojos sorprendido y una gigante sonrisa se asomó de sus labios — ¡Maravilloso! Pensé que solo vendría a mi boda y después se iría a quien sabe donde. ¡Debo contarle a Ginny! Estará igual de feliz con la noticia. ¿Sabes cuando llega?

— Creo que debería llegar hoy en la noche o mañana en la mañana. Conociéndola de seguro su primera parada será ir ver al señor Malfoy. Le envié una lechuza a Remus para que él y Tonks estén al tanto.

Harry asintió — Bien, yo hablaré con Walburga, ella debe saber mejor que nosotros el itinerario de Valerie. También hablaré con Ron cuando regrese de su misión — pero al mencionar a su otro amigo su rostro se puso más serio.

— ¿Ron esta bien verdad? — preguntó la bruja dejando caer los hombros, preocupada. Ron y Hermione habían salido por un tiempo en su época escolar, pero tras un tiempo juntos se dieron cuenta de sus diferentes ambiciones y opiniones. Sin embargo, dado el gran cariño que se tenían y como buenos amigos que eran decidieron terminar la relación y continuar su amistad. Eran jóvenes en aquel entonces y desde ahí entre ellos no volvió a surgir otro sentimiento que no fuera el existente cariño, donde cada uno se veía como si fueran hermanos. Con los años, los tres amigos seguían igual de inseparables, con una fuerte amistad y amor entre ellos.

Ron, hace dos meses, había terminado su relación con Lavender Brown y el quiebre no había sido fácil, pero sin dudarlo Harry y Hermione estuvieron ahí para apoyarlo. Al pelirrojo le había costado volver a tener su característico entusiasmo y alegría, por lo que Harry le ofreció que se tomara un tiempo fuera del trabajo, pero Ron se negó explicándole que necesitaba algo que lo distrajera.

Harry suspiró — Él esta bien. Las misiones hacen que se distraiga y el tema de Lavender ya no le afecta tanto como antes. Es la razón de la tarea lo que me tiene preocupado.

— ¿Hubieron nuevas desapariciones? — le preguntó inquieta su amiga.

— Si, esta vez fue una pareja de magos, los Allan, que viven en las afueras de la ciudad. Ron fue con equipo a revisar su vivienda tras el aviso de su desaparición. — Harry resopló, cansado. — Al principio fueron un par de muggles lo que alertó al Ministro de que estuviéramos atentos, pero ahora ya van cuatro magos y dos bruja que se han esfumado… Sus familias están desesperadas y esperan noticias positivas de que podamos averiguar dónde están. Tampoco podremos esconder por mucho tiempo esta situación y entenderás que Kingsley no desee alterar a la población… Menos estos días donde se cumplen diez años desde que Voldemort desapareció…

— Tranquilo. Encontraremos la solución, ahora enfocate en tu boda. Siendo lunes, te quedan pocos días de soltero — bromeó Hermione en un intento de animar a su amigo.

— Como si pudiera olvidar que este sábado me caso — rió Harry. — Ya van once veces que me he negado a una entrevista para el Corazón de Brujas.

Hermione rodó los ojos — Lo sé. No eres el único a quien le han pedido una entrevista… Puedes creer que me alcanzaron en la calle para preguntarme: ¿qué se siente que uno de los magos más famosos y atractivos del mundo mágico se vaya a casar? ¿No esperaba ser usted la novia al ser su amiga por tantos años? Te juro que no las hechice porque ya veía que la próxima portada de El Profeta sería: "Hermione Granger, subdirectora del Ministerio de Magia, lanza maleficio contra inocentes periodistas".

Harry comenzó a reír, demasiado divertido ante la mirada molesta de su vieja amiga — Me alegro saber que todavía me consideran uno de los magos más atractivos del mundo mágico, se lo recordaré a Ginny.

Ella lo miró con cara de pocos amigos y le golpeó el hombro — ¡Que no se te suban los humos a la cabeza Harry Potter!

El mago levantó las manos haciéndose el inocente — Es broma, es broma… A todo esto Ginny me volvió a preguntar si ya decidiste a quién invitarás de pareja a nuestro matrimonio, me aseguró que no dejaría que su dama de honor vaya sola, y creeme, lo decía muy enserio.

Hermione resopló — Merlín… Que mujer más insistente… Y no, no he decidido a quien invitar todavía.

— Podrías ir con Ron — dijo Harry tranquilamente.

— Harry, ambos sabemos que una de las razones por las que peleó con Lavender fue porque sentía celos de mi. No voy a aparecer en tu matrimonio acompañada de Ron… Eso solo haría que los medios se lo coman vivo y no quiero que todo el progreso para que este bien se vaya por la borda.

— Buen punto, no lo había pensado — el mago se rascó la cabeza, pensativo. — ¿Por qué no le dices a Draco que te acompañe?

— ¿Draco? — la voz de Hermione sonó un poco más aguda de lo que quiso y bajo la vista cuando sintió sus mejillas ponerse rojas.

— Si, Draco. Su curso de Alquimia Avanzada en Egipto ya debe haber terminado, creo que duraba cinco meses. No sé si tendrá con quien ir, pero no pierdes nada preguntándole, después de todo no es como que se vaya a perder la boda de uno de sus mejores amigos.

Hermione trago en seco. Desde hace un tiempo que se ponía inquieta estando cerca de Malfoy, ambos eran buenos amigos, pero la bruja creyó que comenzaba a verlo de manera más atractiva que al resto y aquello la incomodaba bastante. Poco tiempo después, Draco les contó que se iría unos meses fuera del país para estudiar sobre alquimia, si bien no necesitaba de un trabajo debido a la fortuna de su familia quedarse haciendo nada no era una opción para él, por lo que se adentro en los estudios de la alquimia convirtiéndose un gran referente de dicha práctica aun a su joven edad.

Durante esos meses Hermione había dejado de lado cualquier pensamiento sobre Draco, pero ahora que su regreso era inminente no pudo evitar sentirse exaltada ante la idea de volver a verlo.

La bruja asintió — Ssi.. Si, podría ser una buena idea — logró controlar el nerviosismo de su voz y Harry le dedicó una cálida sonrisa.


— Su traslador estará disponible en treinta minutos, señor Malfoy. Si quiere puede tomar asiento y le notificaré cuando esté listo — le dijo su guía, entregándole los últimos papeles que debía firmar de la Oficina de Traslados del Ministerio de Magia Egipcio.

— Muchas gracias, Abasi.

— Lamento si ha tenido que esperar mucho.

Draco levantó una mano restándole importancia — No hay problemas. Me imaginé que adelantar mi regreso a Inglaterra podría generar algunos inconvenientes, pero la verdad tu gestión ha sido impecable.

Abasi sonrió complacido e inclinó la cabeza agradeciendo el cumplido — Es usted muy generoso, señor Malfoy — le respondió el mago egipcio con una leve reverencia. Draco controló la sonrisa sarcástica que quiso asomarse en sus labios. ¿Humilde él?

Abasi trabaja en la Federación de Alquimistas del Reino Egipcio y, tras una "generosa" donación, que el joven Draco Malfoy emitió al querer profundizar sus estudios de alquimia en ese país la Federación había dispuesto a Abasi como su guía personal, aunque la palabra guía quedaba un poco corta ante todo lo que hacia aquel hombre por él.

— Espero que su repentino retorno no sea por alguna mala noticia — dijo de pronto Abasi. Era sabido que la Federación de Alquimistas iba a extrañar a Malfoy, no solo por su dinero sino porque era una mago muy hábil en la materia y su nombre ya era reconocido en varios países.

Draco Malfoy le sonrió altivamente — No. De hecho debía viajar de todas formas ya que uno de mis mejores amigos se va a casar en pocos días…— Abasi asintió. — Pero me acaban de llegar noticias inesperadas y es necesario que regrese antes de lo previsto — y su sonrisa se ensanchó recordando la carta que había recibido la noche anterior.

"Ella viene de regreso a Londres y planea quedarse por tiempo indefinido". - H.P.

¿Cómo iba a perderse Draco Malfoy el retorno de su querida y favorita vampira?


Amber Balson suspiró apenas abandonó los pasillos del Ministerio de Magia a las nueve de noche. La joven bruja recién empezó su segunda semana en el Departamento de Transportes Mágicos y, aun que solo fuera lunes, ya añoraba una cálida ducha y echarse en su cama a descansar. El trabajo era duro, pero sabía que la estaban poniendo a prueba y ella no pensaba echarse atrás ante semejante reto.

Amber caminó tranquilamente por las calles de Londres hacia su pequeño departamento. No quedaba muy lejos del Ministerio por lo que podía darse el lujo de ir a pie todos los días sin temor a retrasarse o aparecerse.

Un escalofrío la recorrió cuando una suave, pero fría brisa se esparció por el lugar. Se subió la chaqueta hasta el mentón y continuó caminando, sumergida ante la expectante ducha caliente y una buena comida que la esperaba en la comodidad de su hogar. Sus pasos la llevaron a una calle poco concurrida con varios automóviles estacionados y un pequeño espacio verde con tres bancas, una pileta de piedra y tres faroles que iluminaban el lugar con debilidad. Un escalofrío volvió a recorrer sus extremidades, sin embargo esta vez no fue por una corriente de frío. Su magia se removió inquieta dentro de ella, como si estuviera alerta. Amber se detuvo, extrañada ante esa sensación y fue entonces que se percató de un detalle inusual: no escuchaba nada. Sacudió la cabeza extrañada, como si creyera que sus odios le estaban jugando una broma pesada. Era imposible que no hubiera ruido alguno a su alrededor, aquello era Londres, una ciudad con mucha vida nocturna y unos ruidosos muggles que parecían incapaces de dejar de lado sus coches para moverse a través de la urbe. Sin embargo, el silencio era absoluto.

La piel de Amber se tensó y lentamente sacó su varita de su capa para apretarla con fuerza entre sus dedos. Continuó su marcha con todos sus sentidos atentos, la carencia de ruido comenzó a ponerla cada vez más nerviosa, sus manos transpiraron y su respiración se volvió agitada.

"Llegando a casa estaré segura. Llegando a casa estaré tranquila". Se repitió constantemente aquellos pensamientos en su mente para mantener un poco la calma. Su hogar contaba con hechizos protectores que le permitirían estar calma.

Sus pasos eran el único ruido que se escuchaba en la pequeña calle que continuaba extrañamente vacía, sin embargo ya solo le quedaban unos pocos metros para llegar. Amber volvió a mirar a todas partes, atenta a cualquier extraña sombra o ruido que pudiera aparecer, pero todo continuó misteriosamente en silencio.

Finalmente, sus pies se detuvieron ante un edificio de cinco pisos, color naranjo y una bella puerta negra. Un suspiro de alivio escapó de sus labios y un sutil vaho emergió en el aire ante el frío. Amber dejó que una leve sonrisa cruzara sus labios al comprender que estaba actuando de manera un poco paranoica. Su mano viajó a su bolsillo en busca de las llaves cuando un movimiento a su derecha captó su atención. Giró el rostro y se percató de la presencia de una persona con una larga capa negra que cubría tanto su cuerpo como su rostro parada a tres metros de ella. La bruja tragó en seco, nerviosa, cuando otro movimiento a su izquierda la hizo pegar un pequeño salto, otra persona también encapuchada de la misma forma, apareció a dos metros de su posición.

La bruja estaba por preguntar si necesitaban algo, pero se mordió la lengua con fuerza. Los encapuchados parecían no prestarle mucha atención así que lo que mejor era ignorarlos, además su presencia no les dio buena espina, y no tenía intenciones de continuar en la fría calle por más tiempo. Decidida, acercó su llave a la puerta cuando un sutil movimiento en el aire hizo que su cuerpo se tensara por completo: había alguien detrás suyo. Pudo sentir una oscura aura y su magia se agitó, inquieta. Sin poder evitarlo, Amber giró el rostro sobro su hombro atisbando un encapuchado mucho más alto y grande tras su espalda. Lo ultimo que vio antes de desaparecer fueron una blancos dientes, con largos colmillos, que forman una perversa sonrisa y unos ojos rojos.

El único sonido que llenó el lugar fue el golpe de las llaves caer contra el suelo. Los dos encapuchados restantes se alejaron del lugar en silencio, despareciendo entre las sombras.


¡Nuevo capítulo! ¿Qué les pareció?

Las cosas ya se están poniendo sospechosas antes de la llega de nuestra querida Valerie. ¿Quién será el culpable? ¡Como siempre estoy expectante a sus comentarios!

A todo esto, en la semana estará disponible como algunos de nuestros queridos magos se ven en su versión más adulta jiji (Harry coff.. coff... y Draco... Coff... Coff...) Encontré algunas imágenes que me inspiraron y espero estén de acuerdo con mi visión.

Ahora... La buena noticia... ¡Habrá capítulo el juevessss! Así es, no tendrán que esperar tanto para ver que es lo pasará cuando llegue nuestra vampira a Londres. ¿Qué les parece?

Otro tema importante: ¡Habemus el mejor comentario de la semana! Y en esta ocasión la ganadora fue... ¡ fannjalymont ! ¿Cuál fue su comentario? Está publicado en mi instagram y de verdad que cada vez que lo leo muero de la risa jajaja.

Espero hayan disfrutado del capítulo y nos veremos el jueves. ¡Que tengan linda semana!

Los quiere,

Florence