Capítulo 8: Actuar desde las sombras


Harry se cruzó de brazos y mantuvo el semblante serio al escuchar las palabras del médico. El mago de anteojos había regresado abruptamente de su luna miel cuando le llegó la noticia de que Walburga y Abraxas habían sido atacados. Oscuros circulos alrededor de sus ojos reflejaban sus pocas horas de sueño y estrés ante lo ocurrido.

Su mirada se clavó en la espalda de Valerie quien tenía los puños apretados y sus facciones tensas ante lo que le explicaba el médico, era evidente la ira y frustración que se albergaban en su cuerpo; ira ante aquellos que habían osado atacar a sus viejos amigos e impotencia al darse cuenta que no podía hacer nada para ayudarlos.

— Señorita Deanoff, estoy al tanto de las particularidades de su sangre, sin embargo, en este caso con exactitud no surgió efecto en los pacientes… — señaló Reuben Hill, Jefe del Área de Daños Provocados por Hechizos. Harry se percató como Valerie tragó saliva, furiosa, como si supiera la razón de por qué su sangre no pudo curar a sus amigos, pero si lo sabía prefirió guardar silencio. — En base a mi conclusiones, que no puedo asegurarle que sean del cien por ciento correctas, su sangre no tuvo efecto porque Abraxas y Walburga no fueron atacados físicamente.

— ¿Disculpe? — le interrumpió Harry, avanzó unos pasos y observó con el ceño fruncido al mago. — ¿Cómo que no fueron atacados físicamente?

— Los exámenes preliminares pensaron que ese fue el caso, después de todo presentaron alguna que otra herida en sus cuerpos, pero nada de gravedad. El estado en el que se encuentran ahora no guarda relación a un ataque físico… Mi teoría es mucho más sencilla, alguien les lanzó una especie de maleficio.

— ¿Y? ¿Qué tiene eso que ver con que la sangre de Valerie no haga efecto? — le cuestionó Harry, interrumpiéndolo.

— Señor Potter — continuó Hill sin inmutarse por el tono molesto con el que le hablaron. — Como estaba explicando, creo que se les ha lanzado un maleficio del cual no tenemos conocimiento ni información sobre su origen. El señor Malfoy y la señora Black se encuentran en estado de coma inducido por sus cuerpos a modo de defensa y es su propia magia la que les está permitiendo seguir con vida. Mi mayor preocupación es cuanto tiempo pueden sus energías aguantar en un estado así. Nunca nos habíamos enfrentando a algo similar, todas las medidas que hemos intentado no han funcionado. Tengo a varios magos y brujas de mi equipo buscando mayor información sobre maldiciones para poder obtener alguna solución, por ahora hemos logrado darles poción energizantes que permiten que sus cuerpos no se agoten, pero es una solución parche ya que no servirá eternamente.

— ¿Cuanto tiempo cree que les quede? — le preguntó abruptamente la vampira.

Hill suspiró — Tal como van las cosas… Le daría tres semanas… Necesitamos encontrar una forma de romper la maldición o lograr despertarlos lo antes posible. — Valerie comenzó a discutir las posibles maldiciones de las que tenía conocimientos, mientras Hill tomaba nota y le señalaba su opinión.

Harry se alejó de ellos, contrariado mientras la frustración crecía en su pecho. ¿Qué podía hacer él para ayudar? En aquellos momentos nada, lo cual solo aumentó su mal humor.

De pronto, una enfermera caminó con paso apresurado hacia él, tenía el rostro rojo y se notaba que había corrido varios pisos para llegar lo antes posible. — Señor Potter — respiró acelerada. — Me han pedido que le entregue esto lo antes posible — le extendió un sobre blanco y tras una inclinación de cabeza se retiró.

Harry, extrañado, abrió la carta y a medida que leía sus ojos se abrieron de la sorpresa. Se giró hacia Valerie rápidamente apretando con fuerza la hoja con letras pulcras, mientras una de las frases se repitió en su mente: "Tengo la forma de salvar de la maldición a Walburga y Abraxas, pero deberás seguir mis instrucciones".


Basilea volvió a morderse los labios para evitar que un gemido de dolor se filtrara de su boca.

— He aplicado varias capas del ungüento y te he cambiado las vendas de la espalda — señaló Clementina con seriedad. — Haz tenido suerte… De estar unos minutos más expuesta a ese fuego dudo que pudiera haber salvado tu piel, sin embargo, vas a tener cicatrices de por vida. — La mujer lobo gruñió furiosa como respuesta. — No me gruñas a mi, no es mi culpa que te hayan dado una paliza.

Esta vez fue Donovan el que rechinó los dientes, rabioso. La mitad de su rostro se encontraba vendado y sus huesos estaban comenzando a sanar de manera lenta y tortuosa.

— De seguro en vez de centrarse en distraerla, se las dieron de valientes y le dijeron algo que la molestó — les recriminó Clementina.

— No es nuestra culpa que ella sea tan susceptible a los ataques verbales — se quejó Basilea con el ceño fruncido.

Una risa grave resonó en la habitación. Las miradas se giraron hacia el imponente hombre sentado en un sillón pulido de cuero que observaba la escena con perversa diversión.

— ¿Encuentra la situación divertida, mi señor? — le preguntó Clementina extrañada.

— Absolutamente — respondió con simpleza, Basilea y Donovan tensaron sus cuerpos, furiosos.

— Pero señor… — quiso replicar Clementina.

— La confianza en sus habilidades les cegó y no analizaron a su oponente — señaló el hombre, con burla en su voz. — Un verdadero guerrero debe saber a que atenerse y además… Si vas a lanzar algún ataque verbal siempre debes temer las consecuencias. — Cruzó los brazos sobre su pecho. — Las palabras son un arma, pueden ser como el filo mortal de un cuchillo y llegar a ser aun más dolorosas cuando dicen la verdad que no queremos escuchar… — El hombre clavó sus orbes rojas en Basilea — Si vas a despertar a la bestia, por lo menos debes considerar que eres capaz de hacerle frente.

— ¡Deanoff es absolutamente invencible! Nadie nos avisó del poder y potencial al que nos enfrentaríamos — le recriminó abruptamente Donovan, iracundo.

Una fuerte carcajada retumbó contra las paredes y los presentes no pudieron esconder el escalofrío que recorrió sus cuerpos, como si un pedazo de hielo descendiera por sus espaldas y no pudieran hacer nada para detenerlo. — Nadie es completamente invencible — las orbes rojas del hombre observaron a los presentes con morbosa entretención. — Pero aquellos que lo parecen, significa que son lo suficientemente fuertes de mente y cuerpo para seguir adelante pese a las dificultades. La determinación de tus acciones será clave para enfrentar cualquier adversario… — Se relamió los labios. — ¿Creían que una vampira con tanta experiencia sería un enemigo fácil? Los perros deberían aprender bien sobre sus enemigos antes de mostrar los colmillos.

— ¿Nuestra derrota le causa gracia? ¿Nuestro sufrimiento es oportunidad de burla? ¿Qué clase de líder es usted? — le cuestionó Basilea.

— No celebro vuestra derrota, su misión era distraer a Valerie, cosa que hicieron. — se inclinó hacia adelante y les regaló una sonrisa aguda y siniestra, mostrando sus colmillos. — Sin embargo, hacia tiempo que no veía el dolor y las heridas que ella podía ocasionar. Su talento parece no haber desaparecido con los siglos, después de todo… Aprendió de uno de los mejores.

La mujer y hombre lobo no fueron los únicos que apretaron los puños, furiosos, Clementina tuvo que controlar la ira que inundó su cuerpo al escuchar esas palabras. Con un leve movimiento de mano, el hombre les dio la señal para que abandonaran la sala, dejándolo solo.

Basiela y Donovan arrastraron los pies, fastidiados y con sus orgullos heridos, detrás de ellos, Clementina caminó con el rostro tenso por la molestia. ¿Cómo podía su señor glorificar las acciones de Deanoff? ¿Por qué parecía orgulloso de la paliza que le había dado a la mujer y hombre lobo? Tensó el cuerpo y respiró con lentitud para intentar apaciguar la tormenta de emociones que se batía en su cuerpo. Valerie Deanoff… La odiaba, siempre lo había hecho, pero en estos momentos aquel desprecio parecía nublar su mente y visión. ¿Cómo podía su señor tenerla tanta estima?

Clavó sus ojos en la espalda de Basilea, si bien aborrecía a la mujer lobo, tal vez fuera el momento de dejar ese detalle de lado por un objetivo en común. Ya que dudaba que, tras las heridas que cargaba en su cuerpo, no odiara a Valerie Deanoff casi tanto como ella lo hacía.

— Basilea — la nombrada se giró al escuchar su nombre repentinamente.

— ¿Qué?

Clementina caminó hacia ella con seguridad y una mueca maliciosa en sus labios — Tengo una propuesta que hacerte… — Basilea alzó una ceja y dejó que la vampira continuara. — Vamos a devolverle la mano a Deanoff… Pagará por el daño que les hizo sufrir y pagará por la glorificación que mi maestro siente por ella.

— Sabes tu señor no estará de acuerdo con esto — le replicó Donovan con recelo.

— Y no tiene por qué saberlo — le respondió Clementina con oscura diversión.

— ¿Cuál es tu razón para esta propuesta? — le preguntó Basilea con leve desconfianza.

— Guardo siglos de odio hacia esa vampira por asuntos que no les incumben, pero no toleraré más que mi maestro continué celebrando sus acciones. — Miró a ambos licántropos con intensidad — Además, ya escucharon lo que dijo… Nadie es completamente invencible.

Basilea le regaló una sonrisa altiva y peligrosa — Y yo he visto una debilidad en ella que podemos aprovechar… — y Clementina supo que había dado con una información valiosa que no desaprovecharía.


Razvan Becali caminó con pasos seguros por el frío pasillo de piedra, la humedad del lugar hizo que las paredes perdieran su color y manchas de agua se esparcieran por ellas. Llegó a una especia de galería subterranea donde las llamas de las antorchas iluminaban el espacio, a su izquierda habían unas estrechas y ascendentes escaleras de caracol de piedra que daban paso a un sin fin de pasillos parecidos a un laberinto, mientras que a su derecha se encontraba una amplia doble puerta de madera con mangos de metal. Quería abandonar es subterraneo lo más rápido y sigiloso posible, pero sus orbes rojas repararon en una silueta que intentó, inútilmente, pasar desapercibida

— No intentes ocultarte en las sombras… Creíste que eras capaz de vivir en ellas y controlarlas, pero las sombras deben ser ganadas y tu solo haz sido un peón en ellas — dijo el vampiro con mofa.

De entre las penumbras apareció un encapuchado con una capa negra, ésta se encontraba abierta revelando una camisa oscura y sobre esta una chaqueta de traje del mismo color. Con desgana, se quitó la capucha y las tenues llamas iluminaron las facciones de Tom Marvolo Riddle.

— ¿Planeas salir?

— ¿Y desde cuando tienes la autoridad para cuestionar mis acciones? — replicó Razvan alzando una ceja.

— Se que alguien le envió una carta a Potter y estoy seguro que fuiste tu. Podrás darle ordenes a mis mortifagos, pero ellos siguen siendo mis leales servidores.

El vampiro le regaló una sonrisa maliciosa — ¿Estás seguro de ello? Aun que así lo fuera, Riddle — pronunció su apellido con lentitud y evidente desagrado. — Lo que yo haga sigue sin ser de tu incumbencia.

— No puedes ocultarle algo así a tu maestro y lo sabes. Todo lo que guardé relación Valerie se le debe informar… — le respondió Riddle cruzándose de brazos, pero no esperó la mirada de odio que le lanzó Razvan en respuesta.

— ¿Cómo te atreves a pronunciar su nombre? Tu, entre todos los patéticos mortales que he conocido, osas pronunciar el nombre de Valerie como si no valiera nada. Le debes más respeto que esto.

— ¿Por qué le debo respeto al nombre de una mujer que no se lo merece? — un gruñido sobresalió de la garganta de Razvan de manera amenazante.

— Haré caso omiso a tu vano intento por hacerte el fuerte y que intentes hacerme creer que ella no te importa — la voz del vampiro sonó tensa por la ira.

— Eres tú el que se preocupa por ella, eres tú el que quiere protegerla, si estoy aquí es porque es en contra de mi voluntad y todo lo que tenga que ver con esa vampira me es indiferente.

— ¡Eres un cobarde! — le siseó Razvan con odio, pues el mago todavía no dimensionaba el desprecio que todo su ser le guardaba. — Diez años… ¡Diez años gastó Valerie buscándote por cada parte del mundo! Y tu lo sabías, siempre lo supiste, pero aun así nunca intentaste encontrarte con ella.

— Tu maestro jamás me lo habría permitido. Él debió haberme matado, en cambio, aquí estoy, como una mera marioneta de sus planes.

— Oh, no te confundas, estoy seguro que él pensó en matarte en más de una ocasión. Sin embargo, la muerte sería algo demasiado fácil para ti… Así que le está sacando un mejor provecho a tu patética vida. Aun que no jamás lo olvides, el te odia. Te odia incluso más que yo, porque nunca intentaste sublevarte, nunca le llevaste la contra a sus ordenes pese a que Valerie jamás dejó de buscarte.

Riddle apretó los puños tras su espalda queriendo ocultar su molestia — Ella me lo quitó todo… Todo lo que era y lo que pude haber sido.

— Creí que eras más inteligente, Riddle. ¿Realmente no te haz dado cuenta? Ella te salvó. Salvó tu patética vida y tu alma de ser completamente corrompida por Slytherin. Ella podría haberte matado fácilmente, pero aun así no lo hizo. ¿Lo entiendes ahora? — Razvan le dedicó una mirada tan intensa y cargada de desprecio que Riddle inconscientemente dio un paso hacia atrás. — Mi maestro se ha pasado siglos buscándola, sin descanso, con paciencia para actuar en el momento exacto, casi igual como ella hizo contigo. Por eso para mi no vales nada, no eres más que una piedra que se metió en el zapato y no quiere salir, simplemente eres un estorbo… Graba mis palabras porque las diré una sola vez: estás vivo solo por ella y porque eres el peón de un juego de ajedrez mucho más grande del que pudieras imaginar. Si yo mismo no te he matado, es meramente porque no podría vivir con el odio de Valerie sobre mis espaldas nuevamente, es solo por eso que he perdonado que puedas respirar el aire que compartimos.

— Tu concepción de amor y la de tu maestro es perversa… Tu maestro no la ama, solo quiere usarla.

— ¿Así como Lord Voldemort quería usarla para obtener la inmortalidad? — le siseó el vampiro y sus colmillos brillaron a la luz de las antorchas, amenazantes. — No vengas a hacerte el inocente de la historia, que no te queda. Jamás comprenderás la relación que tuvo y tiene con mi maestro, pues tu concepción de amor es demasiado pequeña y vaga como para comprender semejante unión.

— Tu maestro solo quiere usarla como un fin para lograr sus objetivos… ¿Por qué ocultas a Greyback, entonces? — Razvan apretó los dientes al notar que su secuestro no había pasado desapercibido, aun que ya se lo temía. — ¿Por qué actúas a sus espaldas y le envías una carta a Potter? Porque sabes que él le hará daño y solo va a usarla como una herramienta — pero para sorpresa del mago, el vampiro profirió una fuerte carcajada .

— ¿Qué puede saber un mortal como tu la relación que mantiene mi maestro con Valerie? ¿Qué puedes saber tu sobre mi lealtad cuando no eres fiel ni a tu mismo corazón? Los vampiros no somos como ustedes, nuestros lazos van más allá del tiempo y la concepciones que alguien que le teme a la muerte puede comprender. Al finy al cabo, lo que yo haga sigue sin ser de tu incumbencia, pero por lo menos yo tomó las acciones que deseo por las personas que me importan aunque me juegue el cuello en ello.

Riddle estaba por lanzar un comentario mordaz, sin embargo Razvan se cruzó de brazos, sus facciones se relajaron un poco, pero mantuvo su rostro serio — Ella puede que te haya amado, probablemente todavía lo hace. Probablemente piensa en ti todo el tiempo, pero no es lo que importa. Lo que importa es lo que estás haciendo al respecto y lo que ahora estás haciendo al respecto es nada. Y ciertamente, si tu no estás haciendo nada, ella tampoco debería. Ella necesita a alguien que haga todo lo posible en sus acciones para que le sea obvio que la quieren en su vida… Y es por el simple hecho de que mi señor no se ha detenido jamás que él siempre será más digno de tener a Valerie que tú, después de todo, nunca pudiste ni podrás lograr lo que ambos siguen siendo: marido y mujer.


"Tengo la forma de salvar de la maldición a Walburga y Abraxas, pero deberás seguir mis instrucciones.

Ven al cementerio de Brompton, en la entrada de la catacumba de portón negro con cruz ortodoxa hoy a las ocho de la noche.

Si no cumples con estos pasos, no tendrás mi ayuda".

— ¿Están seguro de esto? — les volvió a preguntar Ron a medida que ingresaban al oscuro cementerio. — Me sigue sonando como una muy mala idea.

— Por ahora no tenemos una mejor opción — replicó Draco con seriedad. — A estas alturas, lo que sea que sirva para salvar a mi abuelo y Walburga me es suficiente.

— Sigo insistiendo que debimos haber traído a Dumbledore… — suspiró Hermione.

— No, es mejor que se haya quedado allá con los gemelos — le dijo Valerie observando las tumbas a su alrededor. — No podíamos dejar a Abraxas y Walburga solos, y sin protección. No confío en las intenciones de alguien que escribe una carta ofreciendo ayuda, pero no revele su identidad… Esto podría ser una trampa.

— Que buena forma de aligerar el ambiente — bufó Harry con ironía y una leve sonrisa en cruzó su rostro.

— Debe ser ahí — señaló repentinamente Ginny. Una reja negra cerrada con una cruz ortodoxa impedía el paso a las catacumbas, lugar donde el grupo de magos, brujas y la vampira se detuvieron.

— ¿Y ahora qué? — preguntó Ron con un suspiro.

— Esperar tal como decía… — comenzó a decir Harry, pero sus palabras murieron cuando Valerie se acercó rápidamente a la reja, inhalando reiteradas veces.

— Fenrir — susurró la vampira.

— ¿Valerie? — le dijo Draco.

— Fenrir — volvió a repetir ella como si estuviera en trance. — Fenrir estuvo aquí.

— ¡Valerie, no! — gritó Draco, pero fue muy tarde, la vampira de un golpe quebró la reja y se adentro en la oscuridad de las catacumbas con rapidez.

Ron observó a sus amigos, suspiró, sacó su varita con velocidad para iluminar el camino y fue el primero en seguirla — ¡Sabía que esto era una mala idea!


¡Hola! Tuve algunos problemas para subir el capítulo ayer, pero ya estamos aquí.

¿Qué les pareció? ¿A quién se encontrará Valerie en las catacumbas? Estoy expectante a sus comentarios como siempre.

Eso si, dado todo el trabajo que tengo y como no quería dejarlos esperando más tiempo no alcance a elegir el comentario de la semana :( ¡Vamos a ver si con este capítulo sale uno para la próxima!

Que tengan linda semana,

Los quiere,

Florence!