Capítulo 13: Los nuevos súbditos y aliados


— Bienvenidos a la Mansión Lestrange — les dijo con ironía Tom Riddle al grupo de jóvenes cuando las enormes puertas de madera oscura se abrieron ante ellos.

— Debes estar de broma — replicó Ron pasmado. — Se supone que la Mansión Lestrange fue destruida cuando Rodolphus y Rabastan fueron enviados a Azkaban.

— No se puede destruir fácilmente un hogar mágico que alberga generaciones de magos poderosos, además una mansión como ésta es fácil de esconder para aquellos que no saben como buscarla — fue la seca respuesta que le dio Riddle.

— Se supone que el Ministerio de Magía quebró los cimientos y los lazos mágicos que mantenían en pie la mansión — replicó Hermione con el ceño fruncido. — Yo misma gestioné el proceso.

— Ah, Granger, podrás saber mucho sobre los cimientos y lazos mágicos de una edificación, pero parece que no consideraste la raíz mágica que la sangre de los propietarios han transmitido durante generaciones. Es un aspecto y tradición muy usual entre los sangre puras, pero es un conocimiento que solo se transmite entre familiares. Es probable que por ser hija de muggles no estuvieras al tanto de una tradición tan especifica y que ya pocos magos la practican — la respuesta de Riddle fue tranquila, sin ninguna mala intención de por medio, como si estuviera dictando una clase. Hermione se quedó muda, sin saber que con que contradecirlo ya que la información la pilló desprevenida. El silencio de la bruja le hizo saber a Riddle que había tocado un tema que ignoraba y una leve mueca burlona se formó en la comisura de sus labios, sin embargo nadie logró verla. — Además — continuó el mago. — Vladimir realizó incontables modificaciones en el lugar, reconstruyéndola casi por completo, por lo que ya no es propiamente la Mansión Lestrange tal cual.

Harry, Ginny, Draco, Hermione y Ron observaron la espalda de Riddle sorprendidos por su explicación mientras le seguían el paso, varitas en mano, por un amplio pasillo de cerámica gris. Finalmente, llegaron a una amplia sala de estar, en el cual se desarrollaba una escena que jamás imaginaron presenciar.

Rabastan Lestrange, un mago delgado y de aspecto nervioso, estaba sentado en una cómoda butaca de cuero y se frotaba la frente concentrado. Su pelo negro le caía sobre la frente mientras miraba las piezas de ajedrez que yacían frente a él en una pulida mesa de madera. Su contrincante, Antonin Dolohov, tenía una mueca burlona en sus delicadas y atractivas facciones, sus orbes oscuras de casi el mismo color que su pelo observaban divertido la mueca de concentración de Rabastan, mientras que tenía el cuerpo echado hacia atrás y los brazos cruzados sobre su pecho en una postura ganadora.

Por otra lodo, en un amplio sillón escandivano, con los pies apoyados sobre uno de los posa brazos, yacía Corban Yaxley de espaldas mientras leía un grueso libro titulado "Antología de los encantamientos del siglo XVIII". Sus rasgos continuaban siendo igual de duros y contundentes y su pelo rubio le había crecido hasta los hombros, el cual tenía amarrado en un moño rápido dejando su rostro despejado.

Por ultimo, Rodolphus Lestrange, se encontraba sentado frente a un pequeño escritorio en la esquina del salón, sus gruesas cejas negras estaban fruncidas y su mano escribía a tal velocidad que parecía absorto en sus propios pensamientos, sin tener conciencia de lo que ocurría a su alrededor.

Un leve carraspeo de Riddle hizo que los ex mortifagos detuvieran sus actividades para observar a los recién llegados.

— Vladimir ha ordenado que los amigos de Valerie se queden aquí hasta su regreso — explicó con indiferencia Riddle, tras lo cual se alejó de los jóvenes, tomó una botella de brandy del pequeño bar que había en la pared derecha cerca de la entrada, se sirvió un vaso y tomó asiento en una cómoda cerca de Yaxley como si fuera lo más normal del mundo.

Rodolphus despegó la vista de su pergamino y les dijo — Bienvenidos — y sin más continuó trabajando en lo que fuera que estaba haciendo.

Yaxley dejó escapar un suspiro, abandonó su lectura y se acomodó correctamente en el sillón, inclinó la cabeza a modo de saludo y dijo — ¡Galy! — con fuerte crujido, un elfo doméstico de grandes ojos verdes apareció en el lugar.

— El señor Yaxley ha llamado. ¿Qué puede hacer Galy por usted?

— Trae un poco de comida y algo para beber, de seguro nuestros invitados han de estar cansados y hambrientos — le respondió Yaxley con tranquilidad.

Galy inclinó la cabeza en una larga reverencia y desapareció con otro fuere chasquido. Los jóvenes magos y brujas continuaron observando a los ex mortifagos anonadados, ninguno se había percatado que ya eran las diez de la noche tras haber estado bajo tierra en las frías catacumbas.

— ¡Venga, adelante! Pareciera como si hubieran pasado siglos desde que tuvimos alguna visita. Por favor, siéntanse como en casa y tomen asiento — replicó Dolohov con entusiasmo y aplaudió levemente con sus manos. Se puso de pie con gracia y se acercó un poco a los jóvenes con una sonrisa amistosa, recorrió a cada uno y su mueca alegre creció cuando sus ojos cayeron sobre Hermione. — Ah, la famosa señorita Granger, la subdirectora más joven del Ministerio de Magia. Antonin Dolohv — sin que ella lo previera le tomó la mano y le besó la palma con suavidad. — Se que ya nos conocemos, pero nunca tuve el placer de presentarme formalmente — y le guiñó el ojo.

Pasmada y fuera de lugar, Hermione simplemente le respondió — Dolohov…

— Por favor, llámame Antonin — volvió a sonreír dejando ver unos perfectos y blancos dientes. — Ya había escuchado de tu inteligencia, pero no estaba al tanto de la belleza en la que te haz convertido ptichka.

— ¿Ptichka? ¿Qué demonios significa eso? — bufó de la nada Rabastan, extrañado.

— Significa pajarito en ruso — respondió impulsivamente Hermione y la sonrisa de orgullo que le dirigió Dolohov hizo que sus mejillas se ruborizaran. Giny tuvo que taparse la boca para evitar soltar una carcajada ante el nerviosismo de su amiga.

— ¡Ptichka! ¿Sabes ruso? ¡Definitivamente eres una mujer brillante! — le alabó el ex mortifago con un leve tono coqueto.

Draco Malfoy, que se encontraba al lado de Hermione, sintió como su cuerpo ardió en rabia. Sin pensarlo, tomó la mano de la bruja con fuerza y la alejó del mago hacia uno de los sillones vacíos.

— Suficiente cordialidad, Dolohov — murmuró Draco, Antonin solo le dedicó una mueca altiva y maliciosa. Ron, por su parte, siguió el paso del rubio y decidió tomar asiento en una butaca solitaria cerca de la chimenea. Ginny observó divertida como el sonrojo de Hermione aumentó considerablemente cuando Malfoy la hizo tomar asiento a su lado y mantuvo sus dedos entrelazados con los de ella.

Con un crujido, Galy apareció con una enorme bandeja de metal llena de diferentes platillos, a su lado, otra bandeja flotó en el aire con varias tazas, interrumpiendo el incomodo silencio.

— Galy ha traído café para los invitados — dijo con una leve reverencia y chasqueó los dedos. Las tazas que descansaban en la bandeja flotante volaron por la estancia hacia los recién llegados que aceptaron gustosos el brebaje.

Tom Riddle tomó una taza y la dejó sobre la pequeña mesa que había a su izquierda mientras observó a Dolohov, él cual continuaba lanzándole intensas miradas a la joven Granger. Controló la mueca de burla que quiso formarse en sus labios y se inclinó hacia atrás en la cómoda. No podía negar que Granger se había convertido en una mujer bastante atractiva desde la última vez que la vio en la batalla de Hogwarts, además de ser considerada la bruja más lista de su generación. Incluso Ginny Potter también se había vuelto una bruja encantadora, pese a que no le gustaran las pelirrojas.

Resopló por lo bajo y negó sutilmente con la cabeza. ¿Cómo podría ver con interés a otra mujer cuando todavía tenía la imagen de Valerie Deanoff clavada en su mente? Verla había sacudido todo su ser por completo al notar la sorpresa, el temor y la leve esperanza que vio en las orbes de la vampira cuando reparó en su presencia. Las emociones que experimentó al tenerla frente suyo le otorgaron una tranquilidad y sensaciones que pensó había olvidado, sin embargo, tras la conversación que la vampira tuvo con Vladimir, su mirada había cambiado a una colmada en profundo y claro desprecio.

El mago apretó los puños ¿creía acaso Valerie que podía llegar y mirarlo de esa forma como si nada? No. Si bien había dejado pasar diez años sin verla, no iba a dejar pasar la nueva oportunidad que acaba de presentarse a sus pies. Después de todo, ella no era la única que tenía derecho a mirarlo con desprecio, él llevaba cargando con demasiadas preguntas y un gran rencor por varios años, el cual zanjaría definitivamente.

Los pensamientos de Riddle fueron interrumpidos cuando Harry Potter se paró frente a él y le extendió la mano a modo de saludo. El mago alzó la ceja, extrañado — ¿Qué necesitas, Potter? — su voz sonó sería, pero con un dejo de curiosidad, ya no había en ella el odio que caracterizaba a Voldemort cuando se enfrentó, en reiteradas ocasiones, al Niño que Vivió.

— Me gustaría presentarme de manera correcta — le respondió el mago de anteojos. Todos los presentes giraron la mirada hacia él, anonadados. ¿Quién podría imaginar que Harry Potter estuviera presentándose e intentando estrechar manos con el mismísimo Tom Marvolo Riddle?

— ¿Presentarte? — inquirió Riddle con desconfianza. — Nos conocemos perfectamente, Potter… ¿O me vas a decir que el pasado no ocurrió y estás empezando desde cero?

— Algo así — Harry se encogió de hombros y sus labios se apretaron en un leve gesto de incomodidad. — Pero, técnicamente conocí a Lord Voldemort, quién ya no existe, por lo que nunca he conocido personalmente a Tom Riddle — y agitó su mano extendida con seguridad.

Tom Riddle se quedó mudo unos segundos, las palabras del joven mago lo habían dejado completamente anonadado. Examinó el rostro de Potter con atención y le estrechó la mano todavía con cierta duda, el agarre que recibió fue firme, pero amistoso.

— ¿Estás haciendo las paces conmigo?

— Por ahora — Harry le sonrió con malicia. — Puede que ya no seas Lord Voldemort, pero eso no significa que confíe en ti.

Fue el turno de Riddle de responderle con una mueca de oscura diversión — Lo supuse… Todavía me aguardas algo de rencor.

— Bueno, al fin y al cabo asesinaste a mis padres — la tranquilidad con la que el mago mencionó el hecho dejó estupefacto a Riddle. Él esperaba que, de todos los presentes, Potter fuera el que mayor odio y desprecio le guardara ¿por qué no era así? — Quiero ver si realmente la influencia de slytherin fue la que hizo que tomaras ese tipo de decisiones — agregó Harry.

— Yo no albergaría tanta esperanza, Potter.

— Oh, no lo hago, pero creo que la presencia de cierta vampira puede afectar tu comportamiento… Pero es solo una teoría — y le dedicó una mueca burlona.

Riddle estudió a Potter con detenimiento. La barba negra y el pelo largo amarrado en un moño acentuaban sus rasgos que reflejaban que ya no era un adolecente, sino un hombre hecho y derecho. Su vestimenta, con aquella gabardina roja, le entregan un aspecto de rudeza mientras que su mirada revelaba que se poseía bastante conocimientos como para ser considerado un habilidoso mago. No le cupo duda que Harry Potter se había convertido en un poderoso personaje, respetado y admirado por el mundo mágico, y el que finalmente ya no era él el mismo rival de antaño.

— Entonces… — Harry tomó asiento en el sillón más cercano a Riddle. Agitó su varita y una copa junto a una botella de wisky volaron por el aire hasta su mano. — ¿Cómo fue lograste escapar de Azkaban, Tom? — Harry se sirvió un poco de trago en su copa y estiró la botella con un gesto de pregunta.

Riddle le sonrió, alargó el brazo y aceptó, gustoso, que Potter le rellenara su vaso — Es una respuesta sencilla, Vladimir me liberó.

El resto de los jóvenes clavaron sus miradas en la conversación que ambos magos empezaron a desarrollar, en cambio los ex mortifagos no parecían sorprendidos ante la respuesta de Riddle.

Harry alzó una ceja — ¿El mismísimo rey de los vampiros te sacó de Azkaban hace diez años?

— Eso fue lo que dije ¿o acaso eres sordo?

Harry hizo caso omiso al comentario sarcástico, bebió un trago y preguntó — ¿Y por qué después de diez años han regresado a Inglaterra?

Riddle suspiró y cerró los puños — Por qué no nos quedó más remedio…

— ¿A qué te refieres?

— Nunca supe y sigo sin saber con absoluta claridad por qué Vladimir me liberó de Azkaban. En aquel entonces, nuestra intención fue alejarnos de Inglaterra y sobre todo, alejarnos de Valerie… Me imaginó que sabes lo persistente que puede ser, estuvo detrás de nosotros por años.

— Estuvo buscándote a ti, Riddle. — le increpó el mago de anteojos con las cejas fruncidas. — Te daría más protagonismo, pero veo que mi opinión sobre ti no ha mejorado mucho. ¿Todos estos años supiste que Valerie estuvo buscándote sin descanso? ¿No pudiste por lo menos decirle que se rindiera? ¿Que abandonara la búsqueda? ¿O es que fue tu ego el que quiso probar que tan persistente y cuanta entrega podía dar ella con total de encontrarte? — Las palabras de Potter calaron hondo en el pecho del mago que apretó su vaso con fuerza y fulminó con la mirada al joven. ¿Creía acaso que podía entender sus decisiones y juzgarlo así como así? — No sé a estas alturas qué es peor… — continuó Harry con tranquilidad y miró a Riddle directamente a los ojos. — Que nunca hayas tenido el valor de decirle algo a Valerie durante diez años o el hecho de que sabes que ella jamás se rindió y ahora, que la tienes frente a ti, no sabes como enfrentarte a ese hecho.

Riddle respiró con lentitud en un intento por controlar la ira que quiso emerger en sus facciones. ¿Cómo podía Potter hablar con tanta certeza sobre algo que él todavía buscaba comprender? Todas las dudas que tenía en su mente parecían simplificarse ante la recriminación que recibió. Ambos magos se quedaron en silencio unos segundos.

— Hay algo que no estoy entendiendo — señaló de pronto Harry chasqueando la lengua. — ¿Por qué quisieron alejarse de Inglaterra y de Valerie? Dudo que haya sido que quisieran escapar de ella eternamente, sino no estaríamos teniendo esta conversación.

El rostro de Riddle se tensó y Harry notó como el resto de los mortifagos desviaron la mirada, nerviosos.

— ¿No saben nada, verdad? — dijo Riddle de pronto.

— ¿Saber sobre qué? — le preguntó Harry.

— Sobre el pasado de Valerie… Sobre Vladimir, la guerra, la eterna enemistad… — la sorpresa en los ojos del mago de anteojos fue suficiente respuesta. — No tengo absoluto conocimiento de todos los hechos — explicó Riddle con molestia. — De lo que imaginó ya están al tanto, Vladimir fue y sigue siendo el rey de los vampiros. Su reinado se remonta siglos atrás y su territorio se ubica en Rumania. Desconozco si actualmente eso sigue siendo así, pero en el pasado, Valerie fue su reina. Más allá de todas las guerras que ambos, como rey y reina, libraron, es importante que estén al tanto que Vladimir posee un solo enemigo que ha perdurado por siglos.

— ¿Quién?

— Azriel — dijo de pronto Dolohov con la mirada puesta en el suelo y los hombros tensos.

— ¿Y él es el enemigo que se mantiene hasta el día de hoy? — dijo Harry.

Riddle asintió — Es un vampiro que desea derrocar a Vladimir, pero sobre todo busca dañar a cualquiera que guarde relación con el rey — el rostro de Harry se crispó por la preocupación. — ¿Lo entiendes ahora Potter? Estuve diez años… Diez años junto a Vladimir recorriendo el mundo para alejar a Azriel de Inglaterra y de Valerie, porque el punto débil más grande que posee Vladimir es ella, tu amiga y la misma vampira que, por razones que no sé, abandonó a su rey.

— ¿Y qué tiene que ver ese enemigo con que tu y Vladimir estén aquí? ¿Qué relación tienen con tus mortifagos?

— ¿No haz hecho la conexión? ¿Todas las misteriosas desapariciones que han ocurrido, el ataque al Ministerio de Magia, el escape de los mortifagos? ¿Crees que todo eso no tiene relación alguna?

— ¿Es obra de este tal Azriel?

— Está construyendo un ejército, Potter. Está usando a los muggles y magos como tropas, incluso los otros ex mortifagos que abandonaron mi lado se le han unido. Tiene hasta un clan completo de hombres lobos a su servicio. En cambio, mis leales seguidores y yo somos parte del bando de Vladimir en su batalla contra Azriel y sus aliados — dejó escapar un resoplido frustrado.

— ¿Por qué está haciendo todo eso?

— Por que Vladimir no es su único objetivo, también lo es Valerie. La famosa vampira del mundo mágico de Inglaterra… — replicó con sarcasmo Riddle. — No solo pretende destruir a sus enemigos, sino que ha hecho alianzas con mis mortifagos y un clan de lobos que odia a los magos y les dará la oportunidad de arrasar con nuestra sociedad. ¿Y sabes lo más irónico de todo? Es que Azriel, a su vez, está buscando alguna especie de arma mágica que le permita lograr destruir a una criatura tan poderosa como el rey de los vampiros, algún artefacto milenario que nuestro propio Ministerio ha tenido la delicadeza de estudiar y archivar toda la información que él necesita.


Mantener el semblante serio y que las emociones no se revelaran en su rostro era una capacidad que Walburga Black había aprendido a manejar a la perfección. Si bien su rostro parecía tranquilo e imperturbable, en su interior no podía negar la preocupación y molestia de la situación que se presentó ante sus ojos cuando despertó. Se sintió perdida y con mucho dolor, sin embargo la alegría en los ojos de Valerie cuando pronunció su nombre hizo que los recuerdos volvieran rápidamente a su memoria.

Tras una leve revisión del doctor Hill, que le aseguró que ella y Abraxas estaban fuera de peligro, pudo recién apreciar a los recién llegados. Dos hombres de ojos rojos que asumió rápidamente eran vampiros y tenían cierta relación con Valerie. Uno de pelo rojo y cuerpo esbelto, que parecía muy interesado en ayudar en lo que fuera a la vampira. Sin embargo, era el otro personaje quien más llamó su atención; esa postura esbelta, llena de seguridad y absoluto poder, envuelto en una aura oscura y autoritaria. Si bien no podía negar sus atractivas facciones, lo que más le llamó la atención eran sus ojos, los cuales estudiaron el lugares en reiteradas ocasiones como si buscara asegurarse que no había ningún peligro a su alrededor, pero al hacerlo cierto dejo de bestialidad parecía emerger de sus facciones. En cambio, cuando aquellas orbes rojas se posaban en Valerie ocurría un cambio absoluto.

Un leve escalofrío recorrió la espalda de Walburga al recordar que Tom Riddle emitía una mirada parecida cuando observaba a Valerie. Sin embargo, aquel vampiro de cabello negro observaba a la vampira de una forma mucho más profunda, como si el mundo dejara de girar por completo porque toda su atención se centraba en ella. Saboreando cada gesto que hacia con las manos, estudiando cada mueca que se formaba en su cara, deleitándose con las emociones que inundaban el rostro de la vampira. Una devoción tan profunda y arraigada como jamás había visto.

De pronto, las orbes rojas como el vino del vampiro se clavaron en las suyas y la bruja desvió la mirada, esperando que él no se hubiera dado cuenta que llevaba varios minutos examinándolo, pero parecía que no tendría tanta suerte.

— Walburga Black…

La bruja controló el miedo que apretó su pecho cuando sintió aquella aura oscura cerca suyo, pero aun así levantó el rostro con tranquilidad y educación para fijarse como el vampiro la observó con prudencia.

— Asumo que eres Vladimir — le dijo ella con seguridad. El aludido alzó una ceja, curioso y levemente sorprendido. — Valerie nos contó un poco sobre ti.

— Una conclusión acertada y obtenida de forma muy rápida — señaló Vladimir cruzándose de brazos, interesado.

— Tu aura y tus ojos lo revelan — le respondió la bruja con tranquilidad. — Después de todo, Valerie fue convertida por el rey de los vampiros… Tu presencia cumple con ese papel.

Vladimir le regaló una sonrisa tenebrosa, pero de diversión. Con una leve reverencia tomó la mano de la bruja e hizo el ademán de besar su palma, pero sus labios nunca tocaron su piel — Soy Vladimir Dragavei, es un honor conocerla, señora Black.

Walburga era una bruja astuta, incluso más de lo que aparentaba. El rey de los vampiro había notado como controló sus emociones con habilidad, se enorgulleció en saber que una de solidas amistades que su pequeña vampira había forjado en su ausencia comenzó a ganarse rápidamente su respeto. Sin embargo, recordó la razón por la que le había dirigido la palabra a la humana.

— Me gustaría poder conversar con usted de manera privada.

La bruja echó el rostro hacia atrás, extrañada y alzó una ceja — ¿Ahora? — el vampiro asintió.

— No es una conversación que todos deben escuchar — recalcó Vladimir.

Walburga suspiró, tomó con tranquilidad su varita y con sutil movimiento realizó un hechizo silenciador a su alrededor sin llamar la atención del resto.

— Lo escucho, señor Dragavei.

Las facciones del vampiro cambiaron y cualquier atisbo de alegría se esfumó de su rostro.

— Para eliminar la maldición que Azriel les lanzó tuve que beber un poco de su sangre para analizar la profundidad del daño.

— Agradezco lo que hizo y lamentó cualquier molestia que le pudo haber causado darnos de vuestra ayuda — le respondió la bruja con educación.

Vladimir frunció el ceño, se acercó a ella y le dijo — Señora Black… La sangre de cualquier ser vivo contiene no solo la esencia de una persona, alberga también todos sus pensamientos, sentimientos, recuerdos y el estado de su cuerpo. Se requiere beber de una gran cantidad de sangre para poder obtener la esencia completa de un ser humano, sin embargo, con un simple dejo es posible establecer la calidad. ¿Entiende a lo que me refiero?

La bruja tensó el cuerpo y cerró los puños con fuerza, bajó la vista y negó con la cabeza.

— Walburga… Tu enfermedad está muy avanzada y te estás muriendo lentamente… Es probable que…

— Lo sé — le interrumpió ella y alzó sus ojos, para sorpresa del vampiro la mirada de la bruja era segura y sin miedo. — Se que estoy muriendo, puedo sentirlo y el doctor ya me había dado el diagnostico.

Vladimir guardó silencio unos segundos — ¿Y no harás nada al respecto?

La bruja bufó con una sonrisa triste — ¿Crees que de haber alguna solución no lo habría intentando? No hay más que se pueda hacer… Podría beber una poción que alargue un poco mi vida, pero eso no quitará el dolor que me produce la enfermedad, además ¿para qué extender lo inevitable?

El vampiro la observó con curiosidad — ¿No le temes a la muerte?

Walburga inclinó el rostro hacía atrás y con seguridad le dijo — Tal vez no tanto como debería. Por un lado no quiero morir, es el instinto de supervivencia de cualquier humano, pero por otro lado… Estoy tan cansada, tanta guerra, tanto sufrimiento, siento que ya no puedo cargar más con eso y no quiero presenciar nuevamente que mis seres queridos perezcan por ello — se agarró el cuello y extrajo un colgante circular, el cual con suave crujido se abrió y reveló una imagen de Sirius Black. — Ya perdí a mi hijo en una guerra… — guardó silencio unos segundos observando la foto y luego clavó sus ojos en el rostro del vampiro. — ¿Cuanto tiempo me queda?

Vladimir se cruzó de brazos y suspiró — Tres meses.

Walburga asintió con calma y murmuró para si misma — Tiempo suficiente para ayudar a Valerie y a mi nieto en la batalla que se viene — volvió a observar al vampiro, ambos conectaron miradas por unos largos segundos donde las palabras no fueron necesarias para reflejar lo que cada uno pensaba. Finalmente, con una leve inclinación de cabeza el rey de los vampiros hizo el ademán de dejar sola a la bruja.

— Vladimir

— ¿Si?

— ¿Puedo pedirte algo? — El vampiro se detuvo y estudió a la bruja con atención, guardó silencio esperando a oír sus siguientes palabras. — Por favor no le digas a nadie — Vladimir frunció el ceño, pero asintió muy a su pesar.

— Gracias — susurró la bruja, compungida.

— No tienes que darme las gracias, Walburga. No me corresponde a mi decirle la verdad de tu situación a Valerie, sin embargo eres una persona muy importante para mi pequeña y es solo por eso que respetaré tu decisión.


Tras la conversación de Dumbledore con Reuben Hill se les informó a Abraxas y Walburga que ambos deberían pasar el resto de la noche en San Mungo y que al día siguiente les darían de alta.

Valerie obligó a Albus a que se retirara a descansar tras decirle que ella se quedaría cuidando a sus amigos. Sin embargo, para su sorpresa, Vladimir se negó a que ella pasara la noche en el hospital.

— Alguien debe quedarse cuidando de ellos, no pienso dejarlos solos — discrepó furiosa la vampira.

— Nadie a dicho que quedarán desprotegidos, pequeña — el rey de los vampiros sonrió y miró a Razvan. — Trae a alguno de los magos.

— ¿De qué estas hablando? — preguntó Valerie extrañada.

Razvan se limitó a asentir ante la orden de su rey y dijo — Lestrange.

Todos los presentes se quedaron en silencio unos segundos, varios de ellos sorprendidos y confundidos ante lo que estaba ocurriendo hasta que un crujido irrumpió en el lugar y Rabastan Lestrange apareció.

— Me ha llamado, mi señor — dijo el ex mortifago haciendo una leve reverencia cuando estuvo frente a Vladimir.

— Te quedarás aquí hasta que la señora Black y el señor Malfoy sean dados de alta. Estas a cargo de velar por su seguridad.

— Como usted lo desee, mi señor — respondió con tranquilidad el mago. Se puso de pie y se percató como la vampira lo observaba — Señorita Deanoff — un leve gruñido que no solo provino de Vladimir sino también de Razvan hizo que el ex mortifago pegara un pequeño salto y bajara la cabeza de manera sumisa.

— Mis disculpas — carraspeó y habló nuevamente. — Mi señora — Valerie odió que la llamara así, pero el mago continuó — Vuestros amigos fueron atendidos y se les dio una habitación en la mansión para que pudieran pasar la noche. De seguro estarán expectantes a su retorno, pero es probable que ya se hayan retirado a descansar.

Antes de que Valerie pudiera preguntarle algo, Razvan se le adelantó — Buen trabajo, Lestrange.

El aludido inclinó la cabeza, agradecido, luego observó a Abraxas y Walburga que lo miraban pasmados y les dedicó una mueca divertida — ¿Listos para una larga noche?

La vampira solo logró hacer un gesto de despedida cuando la fuerte mano de Vladimir se posó en su hombro y sus dedos se cerraron sobre su piel con determinación — Hora de retirarnos, mi pequeña.

— Pero, yo…— se quejó ella, pero el rey de los vampiros fue más rápido y con un movimiento fugaz ambos desaparecieron de la habitación sin más palabras.

— Parece que alguien es un poco controlador — replicó con ironía Abraxas y Razvan se giró para dedicarle una mirada despectiva, pero el mago no se inmutó — No se si lo hará a propósito o es que todavía no se da cuenta que controlar a nuestra Valerie es algo completamente imposible.

Para sorpresa de Abraxas, Razvan dejó escapar una fuerte carcajada.


— ¿Dónde estamos?

— Lo que alguna vez fue la Mansión Lestrange, aunque he hecho algunas modificaciones — le respondió Vladimir cuando ambos aparecieron en un lujoso vestíbulo y una enorme lampara de cristal colgaba sobre ellos.

El rey de los vampiros tomó suavemente la mano de Valerie para guiarla por los pasillos hasta un pequeño despacho, ante lo cual ella no tuvo energías para negarse. El interior estaba pulcramente decorado, había un escritorio de madera negra cerca de la ventana y un par de cómodas adornaban el lugar, mientras las paredes contenían estanterías que sostenían innumerables libros y pergaminos perfectamente ordenados.

— ¿Necesitas algo?

Valerie negó con la cabeza y se dejó caer sin mucha elegancia sobre uno de las cómodas mientras Vladimir se apoyó en el borde del escritorio, se cruzó de brazos y estudió el rostro de la vampira. Ella simplemente lo ignoró, se tomó el rostro entre sus manos y suspiró largamente.

— Gracias por ayudarlos — susurró. — No sé que habría hecho si algo les hubiera pasado.

— Pequeña…

La vampira se masajeó el rostro, después dejó caer sus manos sobre su regazo y sin levantar la vista continuó — Azriel no solo buscará destruirte, sino también irá tras las personas que a mi me importan. Y yo… Yo no puedo permitir que mi pasado afecte a mis amigos, si algo les pasa no podré vivir conmigo misma.

Vladimir sintió como su pecho se estrujó, preocupado. Conocía a Valerie demasiado bien y sabía que no solía bajar su guardia ni revelar sus temores tan fácilmente. Verla así, tan vulnerable, hizo que si sangre ardiera en odio hacia su enemigo y sin dudarlo se dirigió hacia ella, se arrodilló para que sus miradas quedaran a la misma altura y le sostuvo las manos con suavidad — Sabes que no dejaré que algo así ocurra.

— Ni tu ni yo podemos protegerlos a todos — le susurró la vampira abatida.

— Entonces confía en las capacidades de tus amigos, confía en sus habilidades y sobre todo, confía en mi, porque yo no permitiré…

— ¿Confiar en ti? — le increpó ella interrumpiendolo, pero su voz sonó débil sin ganas realmente de discutir. — ¿Por qué debería?

— Mi palabra es ley, pequeña.

— ¿Cómo quieres que confíe en ti si haz estado trabajando todo este tiempo desde las sombras? ¿Por qué voy a confiar en ti cuando no haz sido claro en tus planes?

— Responderé siempre con la verdad a todo lo que me preguntes.

Valerie clavó sus orbes oscuras en el rostro del vampiro y junto las cejas con leve fastidio — ¿Por qué Riddle trabaja para ti?

Vladimir se separó de ella con cierta brusquedad, molesto — De todas las preguntas que puedes hacer, ¿esa es la primera que se te viene a la mente?

— ¡Es que no tiene sentido! Podré comprender las decisiones que tomes para pelear contra Azriel, pero… ¿Riddle? ¿Enserio? — sus ojos se oscurecieron levemente por el dolor y se puso de pie furiosa consigo misma por mostrarse débil frente a él. — ¿Quieres manipularme acaso? ¿Es por eso qué tienes con vida a un hombre por el que sentí algo?

— He deseado matarlo muchas veces, todavía quiero hacerlo, pero se que no me perdonarías si lo hiciera. Sin embargo, él me ha dado cierta esperanza.

— ¿Esperanza? ¿Él? — le increpó con desconfianza la vampira y se acercó a Vladimir con las facciones crispadas en ira.

— Pudiste haberlo matado, Valerie. Cuando peleaste con el en Hogwarts y lo mordiste podrías haber acabado con su vida fácilmente, pero a pesar de todos sus errores no fuiste capaz, porque él es alguien importante para ti… Y por eso tengo esperanza, porque si pudiste perdonarlo a él ¿tal vez puedas hacer lo mismo conmigo?

— ¿Estás burlándote de mi? ¿De mi piedad? Tus acciones son completamente diferentes a las de Tom — replicó ella levemente pasmada por las palabras del vampiro.

— ¿Por qué defiendes sus acciones por sobre las mías? ¿Por qué le demuestras más lealtad a un humano que no fue capaz de revelarse contra su amo por la mujer que amó? Diez años estuviste tras de él, buscándolo, pero él jamás quiso aliviar tu carga.

Valerie cerró los puños y su pecho se apretó no solo por el dolor de la verdad en las palabras de Vladimir sino también porque su orgullo estaba herido. — ¿Esto es lo que quieres, Vladimir? ¿Verme sufrir y burlarte de mis elecciones? ¿Demostrarme lo patética que puedo ser por las decisiones que tomé?

Vladimir gruñió, tomó velozmente la muñeca de la vampira para tirar de ella y la empujó contra el escritorio encerrando su cuerpo contra el suyo y la mesa de madera. Sus manos se posaron en cada muñeca, sosteniéndola con fuerza.

— No, no es eso lo que quiero — Sus orbes observaron observaron con intensidad a la vampira. — Pequeña, podré ser un monstruo, podré derramar la sangre de cualquiera que se me oponga, pero jamás querré ser la razón de tu sufrimiento. Fuiste y seguirás siendo mi reina, mi esposa y mi mundo. — Y sin dudarlo se inclinó y juntó sus labios con los de ella en un lento y suave beso.

Acarició la boca de la vampira con tortuosa lentitud y delicadeza, como si quisiera memorizar por completo cada parte de ellos. Valerie ahogó un pequeño gemido de sorpresa, momento que Vladimir aprovechó para introducir su lengua, cálida y mojada, que danzó dentro de su boca con maestría y sutileza. Soltó las muñecas de la vampira y una de sus manos fue a parar a su cintura, donde sus dedos la acariciaron realizando suaves círculos. La otra, tomó suavemente la cabeza de la vampira para profundizar todavía más el beso y evitar que se alejara.

Valerie intentó soltarse cuanto sintió los colmillos de Vladimir acariciar su boca. Desesperada e iracunda no se le ocurrió nada mejor y le mordió el labios con fuerza. El vampiro abandonó su boca con rapidez con leve quejido. Notó sus ojos rojos colmados en deseo y su labio inferior sangraba dejando un hilo de aquel liquido rojo que descendió por su mentón.

Valerie tragó en seco, nerviosa, y trató de negar con todo su ser que el vampiro frente a ella se veía demasiado atractivo en esa faceta. Pudo sentir como en su interior sus instintos más primitivos se agitaron, ansiosos, pero ella intentó esconderlo.

Vladimir dejó escapar una sutil risa al percatarse como los instintos de la vampira comenzaron a despertar por más que quisiera ocultarlo. Acercó su boca a su oreja sin tener intenciones de limpiar su herida y le susurró — No puedes esconder para siempre tus impulsos mi pequeña — y cuando el olor de aquella sangre, tan cerca de ella, llegó a su nariz supo que había perdido el control absoluto de su cuerpo.

Colmada de sus propios instintos, Valerie recorrió el mentón de Vladimir con su húmeda y cálida lengua siguiendo el hilo de sangre hasta llegar a sus labios, dejando al vampiro pasmado por unos segundos, fue entonces ambos cuerpos ardieron entre si. La vampira con un movimiento ágil atrajo el rostro de Vladimir contra el suyo y lo beso con vehemencia mientras disfrutaba de las pequeñas gotas de sangre que logró saborear. Un gruñido sobrenatural escapó de la garganta del vampiro, una mezcla de placer y desesperación. Se giró sobre sus pies, sentó sobre el escritorio y tomó de los muslos a Valerie para posarla sobre sus piernas sin dejar de besarla.

La vampira aprovechó la nueva posición, despegó sus labios de los de él y con un rápido movimiento botó todo lo que había sobre el escritorio, para después llevar sus manos al pecho del vampiro y empujarlo suavemente para que apoyara su espalda contra la fría madera.

Un ronroneo de placer emergió de la garganta de Vladimir y le dedicó una sonrisa altiva dejándose hacer mientras Valerie se acomodó sobre su cadera y lo besó nuevamente. El vampiro dejó escapar un suspiro de deleite cuando Valerie le mordió el labio inferior con suavidad y después aquella boca, que lo tenía completamente a su merced, comenzó a recorrer su cuello dejando un camino de exquisitos besos y pequeños mordiscos sobre su piel.

Fue ahí, que el rey de los vampiros sintió los labios de Valerie acercarse a el punto más débil de su cuello, aquella parte donde una sutil marca adornaba su piel y que el siempre lucía con orgullo: la cicatriz donde ella lo había mordido para convertirse en su mujer y su vampira. Percibió los fríos colmillos rozar la cicatriz y completamente entregado a la mujer que yacía sobre él no pudo evitar susurrarle — Te amo. Después de todos este tiempo, todavía te amo. Siempre haz sido tu. Fuiste tu hace siglos y seguirás siendo tu mañana, y por el resto de mi vida serás tú. Te amo, pequeña.

Las palabras golpearon la mente de Valerie como si hubiera chocado con una pared de metal. Separó su rostro del cuello del vampiro y apoyó sus manos sobre su pecho, su respiración era agitada y tomó consciencia de lo que estaba haciendo y de la pose en la que se encontraban.

— No — susurró ella. — No, no, no, yo no puedo…

— No es solo tu cuerpo el que lo desea, tu también lo haces. Ven pequeña, bebe de mi sangre y yo de la tuya — tomó con suavidad su cintura y Valerie pudo sentir el bulto bajo ella. — No sabes cuanto he añorado saborearte, tantos siglos sin tenerte cerca.

— No, tu no puedes querer… Tu no… — tartamudeó ella y con ágil movimiento, imposible de captar para el ojo humano, Valerie se alejó de el y abandonó el despacho aterrada.

Vladimir gruñió y la dejó ir. Se levantó unos segundos después y se mantuvo sentado sobre él escritorio con el ceño fruncido. Si bien tenía la fuerza para haber mantenido a la vampira con él, jamás la obligaría a hacer algo que ella no quisiera, por más placentero que fuera. Recordó la cara de terror que puso ella al salir corriendo y una sensación de malestar se formó en su pecho. ¿Por qué ponía esa expresión? ¿Tanto disgusto le causaba tener que beber su sangre? ¿Cuál era su verdadero temor?

Apretó los puños, frustrado. ¡Oh, cuanto la deseaba! No solo su sangre, sino su presencia, su mente, su cuerpo, la deseaba a ella en su totalidad. Anhelaba volver a tenerla en sus brazos, completamente desnuda sobre él, apreciando su belleza, sus ojos cargados en deseo y la ferocidad de sus colmillos contra su piel.

De pronto, las propias palabras de Valerie resonaron en su cabeza: "Puede que haya escogido sacarte de mi vida y borrar los recuerdos de lo que vivimos juntos, pero no volveré a olvidar lo que fui y la razón por la que me alejé de ti".

Vladimir suspiró, se puso de pie y una leve sonrisa determinada se formó en sus labios.

"Intentaste borrar todo nuestro pasado juntos mi pequeña, pero yo te haré recordar, te haré recordar todo lo que hice y siento por ti".


Sin saber hacia donde iba, los pies de la vampira se detuvieron en uno de los pasillos de la mansión y apoyó su frente contra el muro de piedra en un intento por calmar sus pensamientos y el calor que había emergido en su cuerpo. Respiró hondo varias veces y se maldijo en voz baja por su debilidad, por haber dejado que las palabras de Vladimir le hicieran bajar la guardia. ¿Cómo había permitido que algo así ocurriera? Culpó a su sed de sangre aun cuando sabía en lo más profundo de su ser que ello era, en cierta parte, una mentira.

De pronto, escuchó unos pasos acercarse y la persona que menos quería ver en aquellos momentos apareció frente a ella.

— Valerie — susurró Riddle.

— Tom.

— Quisiera hablar contigo un momento.


¡Finalmente lo logré! Ufff perdón la demora, pero estaba inspiradisima y creo que merecían que este capítulo fuera un poco más largo.

¿Qué les pareció? Estoy expectante a todos sus comentarios jijij

Ante mi apuro (y porque estoy atrasada con cosas del trabajo por publicar a estas horas) no alcance a elegir el comentario de la semana :( Espero que la calidad del capítulo sea suficiente.

Y vengan preparándose porque las cosas se van a poner cada vez más complicadas jejeje

Sin nada más que decir, nos veremos (espero dios quiera) el lunes que viene! De todas formas siempre les estaré contando cualquier novedad.

Los quiere,

Florence!