Capítulo 19: La contienda es desigual, parte III

A los poco minutos que Razvan se fue de su lado, Valerie comenzó a respirar con dificultad y un dolor puntiagudo emergió en sus extremidades. Maldijo en voz baja su suerte y bufó exasperada. No imaginó que alguna vez volviera a hacer uso del poder que el título de reina le otorgaba y menos utilizarlo con Razvan. Sabía que en el fondo, el vampiro solo buscaba velar por su seguridad, pero ella no podía permitir que algo le ocurriera a sus amigos. No obstante, no dimensionó que usar una orden de sangre fuera a requerir de tan gran cantidad de energía. De hecho creyó que no volvería a ser capaz de emplear dicha técnica, pero claramente estaba equivocada.

Una nueva punzada de dolor brotó en su pecho y sin poder evitarlo bajó una rodilla al suelo e inhaló y exhaló agitada, la barrera frente a ella tembló y dejó ver un pequeño atisbo de debilidad.

"No ahora, por favor, no ahora". Valerie, angustiada temió lo peor y sintió que su cuerpo perdería el equilibrio, cuando repentinamente una cálida mano se posó en su hombro con cierta rudeza y evitó que cayera. Alzó levemente la visa para encontrarse con el rostro preocupado y molesto de Tom Riddle.


Notó al instante una oscilación en la barrera y la vio, su respiración fatigada, su debilidad, la frustración marcada en sus rasgos y algo se agitó dentro de él con fuerza. Sin siquiera pensarlo corrió hacia ella y la sostuvo del hombro con cierta rudeza para evitar que se cayera. Fue entonces que las orbes oscuras de la vampira, que habían sido su perdición hace muchos años, lo miraron con asombro.

Una tenue sonrisa apareció en la comisura de sus labios pese a la tensión del ambiente — ¿No se supone que la reina de los vampiros es bastante poderosa? — replicó él con leve sarcasmo.

Valerie rió débilmente entre dientes — Me falta un poco de práctica — susurró.

Tom tragó en seco al escucharla ¿realmente le estaba siguiendo el juego de palabras? ¿A él, en aquellos momentos? Su pecho se removió, dichoso, y una expresión divertida se esparció por todo su rostro. Al mismo tiempo y con rapidez agitó su varita para apoyar la barrera evitando que se derrumbara. Valerie suspiró agradecida y lo observó con tanta atención que el mago no pudo evitar bajar su mirada, fugazmente, a sus labios y sentir un hormigueo en su estomago. Una fuerte carcajada interrumpió la tensión entre ambos.

Valerie y Tom giraron sus miradas hacia Lucius Malfoy que pese a las horribles y profundas heridas había logrado ponerse de pie cerca de Basilea y Donovan.

— ¡Siempre cayendo tan bajo, Voldemort! — les gritó con una expresión y sonrisa de enferma locura. — ¡Huyan! ¡Huyan como el cobarde mi hijo! — y volvió a reír de forma demente.

— ¿Lo dice el vampiro que no puede cruzar un simple hechizo de protección? — se burló Riddle.

— Riddle — dijo de pronto Basilea con una sonrisa maliciosa. — ¿Con que tu fuiste el famoso Lord Voldemort? Que decepción… — su tono de voz estaba cargado en sarcasmo. — ¿Tanta fe le tienes a tus capacidades?

— ¿Por que no te acercas y lo pruebas? — le retó el mago con seguridad.

— Oh, no te preocupes, pretendo hacerlo… Tengo unos amigos que están expectantes en corroborar que tanto puede resistir tu barrera.

Detrás de la mujer lobo las siluetas de varias figuras emergieron de la oscuridad, donde sus ojos rojos inyectados en sangre brillaron entre las sombras.

— No, no puede ser… — susurró Valerie aterrada

— ¿Qué demonios…? — replicó Tom, sorprendido.

Frente a ellos un enorme ejercito de cincuenta nosferatu salió a la luz, revelando sus facciones deformes, sus colmillos alargados, la mirada perdida e inyectada en sangre semejante a una bestia a punto de perder el control.

— Acaben con ellos — ordenó Basilea y los nosferatu se lanzaron contra la barrera sin dudarlo.


Harry y Draco irrumpieron en salón de los Archivos Generales del Ministerio, varitas en mano, para encontrarlo levemente iluminado por un par de antorchas y desierto.

Malfoy apretó su varita con fuerza y tensó los labios con disgusto. ¿Realmente no había nadie? ¿Sus conclusiones habían sido erradas? Se encontró con la mirada extrañada de Potter que tampoco parecía convencido de la tranquilidad del lugar.

Ambos magos estudiaron el lugar con recelo, si bien no parecía haber señales de que alguien hubiera ingresado sus instintos les decían que algo no cuadraba.

Repentinamente, unos aplausos resonaron en el amplió salón con un particular sonido metálico — ¡Vaya! No hubiera esperado que algún humano se le ocurriera venir hasta acá… — de entre las sombras apareció una mujer de cabello corto, negro como la noche y ondulado. Sus facciones eran atractivas, sin embargo la malvada sonrisa que cruzaba sus labios le daban un aspecto aterrador. Ya que, cuando lo requería, Clementina Korzha podía llegar a ser de lo más espeluznante.

Su particular atuendo captó inmediatamente la atención de los dos magos, con sus pantalones negros, camisa roja y una chaqueta oscura sin mangas sobre su pecho, una tenida bastante anticuada para la época. A su vez, pudieron notar con bastante claridad de donde provino el particular sonido metálico al apreciar los guanteletes de acero, con parte puntiaguda en la punta de los dedos, que la mujer traía consigo.

Potter y Malfoy tensaron sus cuerpos con todos sus sentidos alerta cuando las antorchas revelaron los ojos rojos que parecían brillar en contraste con la piel oscura de la extraña y particular recién llegada.

Malfoy bufó irritado. "¿Por qué ahora todos tienes que ser vampiros?"

— Estoy sorprendida de vuestra valentía, aun que les puedo garantizar que fue una muy mala decisión — dijo Clementina acercándose a ellos y al sonreír dejó ver sus largos colmillos.

— A estas alturas de mi vida, estoy acostumbrado a las malas decisiones — replicó Draco con sarcasmo.

— Y si te das el lujo de amenazarnos en vez de retirarte del lugar — añadió Harry. — De seguro es porque no haz podido encontrar lo que sea que estás buscando — y le dedicó una mueca burlona.

Clementina los fulminó con la mirada, sin embargo el comentario no pareció afectar su buen humor — Acabar con ustedes no me tomará mucho tiempo.

— Demasiada amenaza y poca acción — se quejó Malfoy sin pensarlo.

Sin embargo, la vampira se agazapó y se lanzó contra ellos a una velocidad inhumana, desapareciendo de su vista. Ambos magos se inclinaron hacia atrás sorprendidos cuando la mujer apareció en el aire frente a ellos sin darles oportunidad para reaccionar.

Súbitamente, otra figura surgió frente a ellos y arremetió contra Clementina segundos antes de que pudiera tocarles un pelo. La vampira salió volando por los aires y chocó contra uno de los múltiples estantes, destrozándolo por completo.

— ¿Burlarse del enemigo cuando es superior a ustedes? ¿En qué demonios estaban pensando? — les gruñió Razvan furioso cuando giró el rostro para mirar a los jóvenes que estaban detrás suyo y les dedicó una clara expresión de indignación.

— Perdón, es la vieja costumbre — respondió Malfoy con la voz tensa por la sorpresa.

— Gracias, Razvan — añadió Harry.

El vampiro se limitó a chasquear la lengua, fastidiado. Odió que aquello jóvenes fueran imprudentes, que fueran humanos débiles y que a su vez su reina se preocupara de ellos. Eran este tipo de acciones inmaduras que le hacían cuestionar el por qué Valerie podía guardarles tanto cariño, pero a su vez eran estos hechos los que más le enfurecían. Si los dos magos hubieran sido más cautelosos de seguro él no habría sido enviado a protegerlos, dejando de lado la misión que se había comprometido a cumplir.

— Retírense de aquí, me aseguraré de que…

— Ah… Mi querido Razvan — dijo de pronto la vampira, interrumpiéndolo. Se levantó y sacudió el polvo de su ropa como si nada hubiera pasado. — Quién diría que te llegaría el día de verte protegiendo humanos. ¿No habrás caído muy bajo? — añadió con burla.

— Clementina — el pelirrojo pronunció su nombre con evidente desagrado.

— Tiempo sin vernos — Clementina le guiñó el ojo con una mueca altiva en su rostro.

— Por qué será que no me sorprende el verte aquí. Era de esperar que estuvieras en contra de mi maestro.

La vampira se encogió de hombros y ladeó el rostro, divertida — Ya sabes como son las cosas… Sin embargo, en estos momentos solo quería acabar con unos humanos entrometidos.

— ¿Enserio? — observó fugazmente a los jóvenes. — Pensé que tendrías algo mejor que hacer — replicó el vampiro alzando una ceja.

Ella suspiró y agito su mano restándole importancia al asunto — Lo que buscaba claramente no se encuentra en el lugar y como se que no lo encontraré, prefiero desquitarme con estos entrometidos… Dudo que te importe ¿verdad?

El pelirrojo sonrió con maldad — Oh, la verdad es que no me puede importar menos lo que quieras hacer con un grupo de seres humanos — Harry y Draco abrieron los ojos estupefactos por sus palabras.

— Sin embargo — continuó Razvan — Este par de magos son, lamentablemente, personas importantes para mi reina por lo que no puedo dejar que los dañes.

La vampira no pudo evitar la mueca de disgusto y asco que apareció en su semblante — ¿Tan bajo ha caído la reina de los vampiros como para enviar a su lacayo a proteger a unos meros humanos?

Potter y Malfoy esperaron una reacción de ira ante esas palabras, pero cual sería su sorpresa cuando Razvan dejó escapar una fuerte carcajada — ¿Lo dice la vampira que fue desterrada y se convirtió en asesina a sueldo para darle algún sentido a su vida?

Clementina gruñió, furiosa, pero un inesperado temblor en las instalaciones del lugar hizo que todos se quedaran en silencio anonadados. A los pocos segundos que el suelo dejó de vibrar se logró escuchar una numerosa cantidad de rugidos.

Harry y Draco se dedicaron miradas preocupadas al notar como Razvan tensó el cuerpo de manera poco sutil. La única que no parecía sorprendida era Clementina que sonrió con perversidad.

— ¿Estás seguro que debiste haber dejado sola a tu reina?

Razvan gruñió, enajenado, mientras que las uñas de sus manos se alargaron hasta convertirse en largas y gruesas garras, y se lanzó contra la vampira en un pestañeo. Clementina bloqueó el zarpazo que iba en dirección a su rostro con su antebrazo, protegido por su guantelete y le devolvió el golpe, pero Razvan se retiró hacia atrás y las garras metálicas pasaron a pocos centímetros de su rostro.

Clementina no dudó en continuar atacando y lo que inició como una batalla se convirtió en una especie de baile donde el vampiro esquivaba de manera ágil los zarpazos que intentaban perforar su piel mientras que su enemiga intentaba por todo los medios lograr rasgar su pellejo.

Repentinamente, Razvan se vio acorralado contra la pared sin tener un espacio que le permitiera eludir los ataques de su enemiga. Sin embargo, a los pocos centímetros de que la vampira pudiera lograr su cometido algo se lo impidió y la arrojó lejos de él.

Razvan giró el rostro con rapidez y vio a Harry y Draco con sus varitas apuntadas hacia él, que le sonrieron orgullosos ante la efectividad de sus encantamientos.

— ¡Estúpidos entrometidos! — bramó Clementina furiosa y se lanzó contra ellos sin dudarlo. Sin embargo, Razvan fue más veloz y arremetió contra ella con un fuerte zarpazo. La vampira gimió de dolor cuando las largas garras perforaron su piel y se alejó del vampiro para evitar otro ataque. Cuando logró guardar distancia no pudo evitar sujetarse el brazo con una leve mueca de disgusto mientras que sangre se deslizó desde su brazo hasta uno de sus guanteletes.

Fue entonces que un nuevo temblor interrumpió el enfrentamiento y los numerosos rugidos volvieron a escucharse, esta vez con más fuerza. Clementina comenzó a reír de manera perversa y clavó sus orbes rojas en Razvan — Tal vez puedas auxiliar a estos patéticos humanos. ¡Pero no podrás proteger a tu reina!

Antes de que Razvan pudiera hacer algo, hubo un brutal cambio en el ambiente. Harry y Draco no pudieron controlar los fuertes escalofríos que recorrieron sus espaldas mientras un dolor repugnante atravesó sus estómagos. El entorno pareció aplastar a los presentes, como si la energía que los rodeaba se marchitara. Entre tanto, la oscuridad pareció esparcirse por el lugar como si se tratara de una neblina y un aura de muerte los rodeó.

Clementina abrió los ojos aterrada ante la asfixiante sensación de debilidad y captó que Razvan parecía inmune a lo que ocurría, el cual le dedicó una sonrisa socarrona — Creo que haz olvidado que soy el único dispuesto a protegerla.


Los despedazó, a los pocos que lograron acercarse fue destruyéndolos sin piedad paso a paso, pero Riddle pudo notar que las fuerzas de Valerie menguaron rápidamente. Osciló su varita con maestría alejando a los nosferatus que la vampira no alcanzó a atacar, alejándolos de ella.

Hacia pocos minutos que sus ex mortifagos habían abandonado la barrera tras darles la orden de que sacaran al resto de los presentes lo más rápido posible. Y a pesar de su capacidad y la bestialidad de la vampira, la verdad era evidente: Valerie y él no podrían contra ellos, eran demasiados.

Como si ella le hubiera leído la mente, súbitamente le gritó mientras le partía el cráneo a un nosferatu. — ¡Huye! ¡Huye y ayuda a los demás! — Sus colmillos se habían alargado y sus ojos ahora estaban rojos como la sangre.

Riddle inmediatamente negó con la cabeza.

— ¡Vete! — le volvió a gritar. Justo cuando desvió su mirada hacia él para hablarle, un nosferatu saltó entremedio del resto y clavó sus colmillos en su hombro.

— ¡No! — exclamó Riddle

Valerie aulló en ira y dolor. Rápidamente tomó a la criatura del cabello y lo aventó contra el suelo, destrozando su rostro, a pesar del grueso charco de sangre brotó de su hombro y descendió por su brazo.

— ¡VETE! — aulló la vampira y empujó al mago lejos de ella, pero Riddle se rehusó a abandonarla. Se lo prohibió… Se prohibió dejarla a su merced.

Se sintió inútil y débil ante lo que ocurría. ¿Cómo no podía destruir a esas bestias? ¿Realmente él, el mago más poderoso de todos los tiempos, no era capaz de acabar con aquellas repugnantes criaturas?

De pronto, una fuerte ráfaga de viento interrumpió sus pensamientos, obra de Valerie en un intento de alejarlo de la batalla y Riddle voló por los aires mientras tres nosferatus saltaron directo hacia la vampira, con sus colmillos dirigidos a su cuerpo.

— ¡VALERIE!

El mago cayó de espaldas contra el suelo, pero no dudó en ponerse de pie lo más veloz que pudo pese al dolor que reinó en su cuerpo. Vio el cuerpo de la vampira ser atiborrado por nosferatus y se negó a aceptarlo. Ella no podía… Valerie no podía…

Fuego emergió al rededor de la vampira y las criaturas amontados sobre ella aullaron en dolor y perecieron al instante mientras que el resto logró, a duras penas, escapar de las llamas.

Apenas el fuego se esfumó, cinco nosferatus volvieron a arremeter contra Valerie, sin embargo una nueva muralla de llamas brotó frente a ella y los convirtió en cenizas, inmediatamente.

— ¿Qué demonios…? — Riddle escuchó la exclamación de sorpresa de Basilea.

Fue entonces que el suelo tembló y el fuego creció hasta alcanzar tres metros de alturas de manera imponente y majestuosa. Al mismo tiempo, el ambiente pareció colapsar, como si la energía se marchitara. La oscuridad se esparció por el lugar como si fuera una neblina y una poderosa aura de muerte brotó en el lugar.

A los pocos segundos, las llamas se apaciguaron revelando a una Valerie de rodillas en el suelo, respirando con dificultad y con el rostro elevado hacia la nueva figura que se encontraba adelante de ella: aterrador, poderoso y letal, con sus orbes rojas cargas en odio y un evidente deseo por aniquilar a todos.

Vladimir, el rey de los vampiros, había arribado.


¡Lo prometido es deuda! Y aquí está el nuevo capítulo.

¿Qué les pareció? Espero sus comentarios con ansías. No alcancé a seleccionar los mejores comentarios, por lo que para el próximo capítulo habrán dos seleccionados (usen su mejor creatividad jajaja).

Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo y solo les puedo decir... Ni se imaginan lo que se viene (inserte risa malévola aquí).

Nos vemos próximamente (espero lo antes posible) y que tengan una linda semana.

Los quiere,

Florence!