Capítulo 23: Extremidades sin control
Walburga y Abraxas recorrieron la mansión con rapidez, cada rincón, cada habitación, llegando incluso a usar encantamientos de búsqueda con el fin de dar con el rey de los vampiros, pero no tuvieron éxito.
Frustrados, regresaron a la habitación donde habían dejado a Valerie.
Abraxas había logrado hacerle beber una poción de regeneración y revitalización con la intención que apoyar e intentar eliminar la toxina de su cuerpo, por lo que la dejaron reposando mientras buscaban a Vladimir.
— ¿Dónde demonios se puede esconder un vampiro? — replicó el mago, molesto.
— Creo que es mejor esperarlo acá, seguro aparecerá en algún momento queriendo saber como se encuentra Valerie — le respondió Walburga.
Abraxas asintió y suspiró, cansado. Observó el semblante tenso de su vieja amiga y antes de que abriera la puerta para ingresar en la habitación, la detuvo posando su mano sobre su hombro.
— Debes estar tranquila. Encontraremos la solución para esto, siempre lo hacemos y Valerie es un hueso duro de roer.
La bruja a su lado bufó, pero ante el intento de su amigo por subirle el animo respiró e inhaló profundamente un par de veces. Abraxas dejó caer su brazo con lentitud, dándole espacio para que calmara sus ánimos.
— No es solo el estado de Valerie lo único que me preocupa… — señaló de pronto Walburga. El mago iba a replicar, pero ella continuó. — El enemigo está buscando algo y si mis suposiciones son correctas desean usar un arma.
— ¿Un arma? ¿Para qué necesitaría un arma el enemigo? Son criaturas muy poderosas que pueden acabar con nosotros con bastante facilidad, además cuentan con un ejercito altamente más grande que nuestro ajustado numero de miembros.
— ¿No te haz preguntando en estos últimos días contra quién realmente nos estamos enfrenando? Nosotros los humanos no somos más que peones en el tablero — le discrepó la bruja.
— ¿De qué estás…?
— Piensa Abraxas. Es Vladimir quien está liderando nuestras fuerzas y quien toma las decisiones, por lo que es más que obvio que nuestro enemigo está relacionado con él. Creo que el arma que buscan alguna vez estuvo en manos de magos, pero fue escondida…
— ¿Y cuál crees que es la finalidad de esa arma?
— ¿De qué forma puedes destruir a una criatura que es inmortal? ¿De qué forma puedes vencer a un ser que parece haber recorrido la tierra por siglos? ¿De qué otra forma puedes acabar con el rey de los vampiros?
Abraxas se quedó mudo unos segundos, completamente pasmado.
— Temo que el enemigo haya logrando identificar exactamente el artefacto que necesita para lograr su cometido… Aun así, necesito continuar investigando para cerciorarme, pero si mis temores son correctos, estaremos en una peor desventaja de la que creemos — añadió Walburga.
El mago analizó con magistral rapidez los últimos sucesos en su mente y no pudo más que admitir que su vieja amiga tenía una lógica indiscutible.
— Me carcome saber cuál es exactamente el papel que Valerie jugará en todo esto — señaló de pronto la bruja más para si misma.
Abraxas inhaló con fuerza — Está claro que tendrá un papel importante y no por ello fácil. Lo que más me preocupa es qué es lo que Vladimir quiere de ella.
Walburga alzó una ceja — ¿No está claro, acaso? Desea recuperar a su reina, a su esposa.
Abraxas se cruzó de brazos — Eso es evidente, pero creo que hay algo más detrás de sus acciones que no estamos logrando ver… ¿Por qué ahora? ¿Por qué no años antes? ¿Qué le impidó hacerlo antes? ¿Qué pudo haber cambiado para que decidiera actuar ahora?
Walburga bufó, exasperada ante los pensamientos de su amigo y se amasó el rostro con fuerza. Toda esta situación la tenía realmente frustrada y su creciente enfermedad no la hacía sentir mejor. Abraxas, al notar su desesperación le sujetó una de sus manos y se la acarició con delicadeza.
— No sirve de nada calentarnos la cabeza con hechos que no podemos dilucidar y por cosas que todavía no han ocurrido. Centremosnos en lo que nos apremia y cuidemos de Valerie ¿te parece?
La bruja estudió le rostro de su viejo amigo con atención, luego le sonrió de manera cansada y asintió.
Cual sería la sorpresa de ambos cuando, posteriormente, abrieron la puerta de la habitación y la encontraron vacía, el cuerpo de la vampira había desaparecido.
Los oídos de Valerie captaron todos los sonidos.
Gritos.
Llantos.
Bramidos de guerra.
Todo ese ruido pareció repercutir en su cuerpo, ahogándola en dolor hasta que su mirada borrosa logró ver la escena que se desarrollaba ante sus ojos: un campo de batalla sembrado de nosferatus despedazados, destrucción y sangre. El rojo era ahora el nuevo color de lo que alguna vez fue un vasto y tranquilo campo que se había convertido en el escenario de una guerra.
El aire estaba cargado con el hedor de sangre y muerte, como si lo que se presenciaba era solo aquello que alguien puede ver como una visión en sus más profundas pesadillas.
Valerie vio como dos ejércitos peleaban entre ellos, sin embargo la batalla aun no tenía un bando ganador. Con el caos que reinaba, que ocultó cualquier sensación de victoria y solo aumentó el aura de muerte, la vampira se demoró en divisar, entremedio de la muchedumbre, la silueta de Vladimir y Riddle.
Repentinamente, en el frenesí de matar frenéticamente a cualquier enemigo a la vista, Riddle cayó de rodillas con una herida mortal en su cuello. Quien había sido el causante no estaba claro, el caos no permitía identificar al resto, pero la sangre no dudó en brotar de la herida y descender por su pecho como si fuera un río.
Valerie gritó su nombre desesperada e intentó moverse, más su cuerpo se negó. El ruido del ambiente apaciguó sus aullidos, como si estos solo fueran escuchados en su mente.
El cuerpo del mago se desplomó sin vida contra el suelo, sin nunca reparar en la vampira y el gritó desolado que emitió.
Segundos después, con la agonía en su pecho, Valerie se percató que Vladimir no había advertido la caída de Riddle, ya que no había cesado sus ataques hasta que una figura menuda de ropas negras se detuvo frente a él y el caos que rodeaba al rey de los vampiros se detuvo abruptamente.
La vampira intentó ver quién era la persona que frenó a Vladimir, pero la larga capa negra con capucha que llevaba puesta no le permitió identificarla.
Fue entonces que el recién llegado extrajo, a una velocidad inhumana, una larga navaja de sus ropas y la enterró de lleno en el pecho de Vladimir, directo en la zona donde se encontraba su corazón. El dolor en el rostro del rey de los vampiros indicó que aquella arma había logrado herirlo profundamente, pues cayó de espaldas al suelo y se retorció en el mientras la sangre brotó de sus ojos y nariz.
Valerie sintió un dolor sordo y se llevó una mano a su pecho para sentir algo liquido y pegajoso en el: sangre.
Una herida apareció en el mismo lugar donde yacía su corazón y gotas de sudor comenzaron a caer por su frente. Aterrada, clavó sus orbes rojas sobre Vladimir que lentamente dejó de agitarse en el suelo hasta quedarse quieto sin dar atisbos de volver a levantarse.
No. No. Aquello era imposible. ¡Él no podía morir!
Su visión se volvió borrosa cuando las lágrimas llenaron sus ojos y cayó de rodillas al suelo ante los calambres agonizantes que aplastaron su pecho desde su interior.
La figura de capucha negra continuó de pie observando el cuerpo inmóvil de Vladimir, hasta que repentinamente reparó en la presencia de la vampira.
Valerie, agonizando, le lanzó una mirada de odio y deseó con cada poro de su piel tener la fuerza para levantarse y matar a aquel desconocido, pero el dolor se lo impidió. Sin embargo, cuando sería su estupor y horror cuando la figura menuda se quitó la capucha y reveló el rostro del culpable: ella misma.
Ahí, de pie en medio de la guerra y tras haber asesinado al rey de los vampiros se encontraba un reflejo de Valerie con una sonrisa petulante en sus labios.
La verdadera vampira, todavía agonizante, observó como su copia se relamió los labios que estaban rojos con sangre que no le pertenecían.
"La sangre de Tom".
¿Estaba teniendo una visión? ¿Era acaso una premonición del futuro? ¿Por qué ella habría de asesinar a Riddle y a Vladimir?
La vampira encapuchada le regaló una sonrisa altiva y movió sus labios, pero con el ruido era imposible que la verdadera Valerie pudiera escucharla, sin embargo su propia voz resonó en su mente: "Eres la perdición de estos hombres, porque no importa cuanto lo intentes, siempre serás tu la que acabará con sus vidas".
Su copia se esfumó como si fuera de humo y una sensación de ardor irradió en el pecho de la vampira. Aterrada, se clavó sus propias uñas contra su piel en busca de comprender si lo que estaba viviendo era real, más el dolor que sus propio dedos le hicieron sentir le profirieron la verdad que tanto temió aceptar: aquello no parecía ser un sueño.
Abruptamente, la escena cambió y se vio caminando por los pasillos de la mansión Lestrange sin que ella lo quisiera. Parecía haber perdido el control de su propio cuerpo, mientras la confusión y el dolor continuaban persiguiéndola. ¿Dónde estaba realmente? ¿El campo de batalla había sido real?
Su mente comenzó a hundirse en unas aguas abisales de un océano oscuro y siniestro, ahogándose en aquellas vastas y profundas aguas oscuras donde nadie la oía y su única compañía era su propio dolor.
¿Qué tan profunda podía llegar a ser esa oscuridad?
— Fue una osada maniobra la que hiciste, Potter — señaló Yaxley.
Ginny Weasley observó como su marido, que estaba sentado a su lado en un mullido sillón, se rascó la cabeza, acción que solía hacer cuando estaba incomodo. La bruja inhaló largamente y controló la molestia que se agitó en su interior al recordar la escena. ¿Por qué era Harry el que siempre se aventuraba a la situación más riesgosa?
Observó a los presentes que estaban en el salón junto a ella: Luna, Hermione, Yaxley, los hermanos Lestrange y se guardó la ira que quiso escapar de sus labios.
— Bueno, yo… — quiso decir Harry y la comisura de sus labios dejaron ver una pequeña sonrisa.
— Una maniobra peligrosa, pero efectiva — le interrumpió Ginny sin poder evitarlo.
Harry le dedicó una mueca de disculpas y posó su brazo por detrás de ella para acercarla en un abrazo.
De pronto, Dolohov y Ron ingresaron al salón en un extraño silencio. El pelirrojo traía una sonrisa traviesa en sus labios mientras que el ex mortifago simplemente parecía incomodo, pero al notar la presencia de Hermione no dudó en tomar asiento a su lado.
Para sorpresa de Dolohov, Hermione se giró hacia él — ¿Cómo les fue con Razvan?
— ¿Ya me extrañabas, ptichka? — Dolohov le dedicó una sonrisa ladina y al notar el leve rubor que apareció en sus mejillas rió entre dientes. — El señor Becali estará bien, solo necesita reposar — posó su brazo tras la bruja como si fuera lo más normal del mundo. — Y descansar de las constantes preguntas que Weasley pueda continuar haciéndole.
— Aguafiestas — refunfuñó Ron, avergonzando y se cruzó de brazos. — Solo quería saber un poco más sobre él.
— ¿Estuviste cuestionando a Razvan? — le increpó Ginny.
— Más bien fue como un interrogatorio — señaló Dolohov con una mueca burlona y Ron lo fulminó con la mirada.
— No me parece una mala idea querer establecer algún vínculo con él — añadió Luna. El rostro de Ron se tornó igual de rojo que su pelo y le agradeció a la rubia entre balbuceos.
Ginny bufó, cansada — Entre tu y Harry van a hacer que me salgan canas.
— ¿En qué demonios estabas pensando, Ron? — lo cuestionó Hermione cruzándose de brazos.
— ¡Solo quería hablar un poco con él! Somos aliados en todo caso, no veo que tenga de malo.
— Él no es nuestro amigo, Weasley. Harías bien en recordarlo — replicó Rabastan con seriedad, para sorpresa de los demás.
— De acuerdo, aun que no veo que sea algo tan grave — se quejó el pelirrojo.
— Razvan no es humano, es un vampiro — dijo de pronto Yaxley. — Sus prioridades y lealtad difieren completamente con las nuestras. Lo único que lo une a nuestro bando es la mera presencia de Valerie Deanoff. Tu afán, al igual que el tuyo Potter, de inmiscuirse en situaciones que no les corresponde es un comportamiento peligroso el cual no están dimensionando. — miró de soslayo al mago de cuatro ojos. —Los deseos de esos vampiros no corresponden a lo que nosotros podemos aspirar y si bien, Vladimir puede ser un líder poderoso y ejemplar, no duden jamás que él hará todo lo posible por obtener lo que quiere, aun cuando eso signifique sacrificarnos de por medio. Somos, en estos momentos, nada más que peones en un campo de batalla mucho más complejo.
— Valerie jamás dejará que algo nos ocurra — l3 discrepó con seguridad Harry.
— No lo dudo — señaló Yaxley. — Sin embargo, ¿y si vuestra amiga perece?
Los jóvenes iban a discutirle lo contrario, pero él añadió — Esto no es una guerra entre magos y brujas, ¡estamos hablando de malditos vampiros! Seres sobrenaturales altamente más poderosos que nosotros. Valerie Deanoff puede ser vencida por alguno de ellos, ya vieron el estado en que quedó tras nuestra ultima batalla.
— Hemos de trabajar unidos, prevalecer y fortificar nuestras capacidades — dijo de pronto Hermione.
Esta vez fue Dolohov quién habló — Ptichka, ¿no te haz dado cuenta ya? Estamos en gran desventaja… Podremos tener en nuestras filas a los magos más formidables de los últimos años: Dumbledore, Riddle, incluso Potter y tu. Contamos con hasta el mismísimo rey de los vampiros, sin embargo continuamos en desventaja. Nuestro enemigo cuenta con un ejercito completamente superior al nuestro… Un ejercito de seres sin raciocinio ni instinto de supervivencia, simples criaturas que existen solamente para complacer su sed de sangre.
— Nuestra desventaja es evidente — le respondió Hermione. — Sin embargo, me niego a creer que Vladimir, siendo el rey de los vampiros, no haya sido capaz de notar ese detalle. Si o si debe estar planeando alguna forma de volver la balanza a nuestro favor.
Los ex mortifagos se miraron entre si.
Dolohov suspiró y le sonrió tristemente — A veces se me olvida que puedes llegar a ver las cosas con demasiado positivismo, ptichka — Hermione le dedicó una mirada de molestia.
— Las cosas son distintas, Granger — dijo Yaxley. — Vladimir podrá ser el rey de los vampiros, pero en estos momentos su única preocupación es la salud de Valerie y temo que si ella no se logra recuperar, Vladimir se volverá completamente loco…
Inesperadamente, al conversación murió con rapidez cuando el sonido de una explosión retumbó en la mansión, seguido del ruido de varios escombros al caer.
Minutos antes...
Tom Riddle sintió la presencia de alguien acercarse a su habitación y bufó exasperado. Sin ánimos de corroborar quién podía ser ni con intenciones de ver a nadie, por lo que mantuvo en pie sus escudos y encantamientos sobre la puerta de la pieza que impedían el ingreso.
Sin darse cuenta, se acarició el costado de su cuello donde la marca de los colmillos de Vladimir todavía estaban impresas sobre su piel y el dolor continuaba presente, pero en menor grado que antes. No quería admitir que la herida podría haber sido peor si Potter no hubiera intervenido, sin embargo su orgullo jamás le permitiría agradecerle al mago de anteojos.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por un suave y casi inaudible golpeteo en la puerta, si no fuera por las barreras que había puesto no habría notado que había alguien queriendo entrar al lugar. Cansado, abrió la puerta con desgano para quedarse estupefacto ante quien apareció en el umbral de su habitación.
— ¿Valerie? ¿Qué… qué estás haciendo aquí?
La vampira pareció no escucharlo y el mago inmediatamente notó que algo no andaba bien en ella. Su respiración estaba entrecortada como si cada inhalación le costara un gran esfuerzo, su mirada parecía perdida y sus extremidades lucían débiles y con una evidente promesa de perder el equilibrio en cualquier momento.
Si bien la herida en su cuello se había cerrado, rastros de sangre seca seguían esparcidos por su piel lo que le otorgaba un aspecto mortecino.
— Yo… Yo no sé… — Valerie levantó el rostro y observó al mago como si recién cayera en cuenta frente a quién se encontraba. — ¿Tom…?
Riddle iba a decir algo cuando repentinamente la vampira perdió la estabilidad y amenazó con caer contra el suelo, pero él logró sujetarla segundos antes, no sin un poco de dificultad.
— ¡Valerie! — sacudió el cuerpo de la vampira con poca fuerza. — Hey, ¿me escuchas? — Palabras intangibles fueron la única respuesta que obtuvo.
Preocupado y cansado el mago suspiró y cargó en sus brazos el cuerpo de la vampira para posarlo, suavemente, en el amplio sillón de cuero que estaba cerca de la ventana.
Tras acomodarla, se alejó un par de pasos y la observó sin saber bien qué hacer a continuación.
— No… — susurró Valerie tenuemente. — No me dejes sola, por favor.
El mago tragó en seco y su pecho se apretó rápidamente ante el tono cargado en suplica. Por más que hubiera querido aquel tono le hizo imposible negarse y actuó de manera automática. Se acercó a ella, la cargó nuevamente en sus brazos y luego tomó asiento con lentitud. Posó el cuerpo de la vampira sobre sus piernas y pecho haciendo que su rostro quedara apoyado su cuello lo que le permitió sentir su respiración agitada. Sin siquiera pensarlo comenzó a acariciarle el cabello con suavidad.
— ¿No deberías estar en manos de Walburga y Abraxas?
Valerie carraspeó, en un intento de aclarar su garganta, pero no logró articular ninguna palabra comprensible.
— Deberías descansar — le señaló Riddle sin dejar de acariciarle el pelo.
La vampira tosió, tomó aire y le respondió — Yo estaba… durmiendo. No sé… No sé cómo llegué aquí.
— ¿Quieres decir, que de alguna forma u otra, tus pasos siempre te llevan a mi? — se mofó sutilmente el mago. Una tenue risa, seguido de un carraspeo doloroso fue la respuesta que obtuvo.
Una pequeña mueca socarrona emergió en la comisura de los labios de Riddle y elevó su vista al techo, pensando.
— Recuerdas aquella vez que yo… Bueno, parte de mi, ya que era Voldemort en ese entonces, quiso obligarte a usar un vestido.
Valerie, que había cerrado los ojos ante las caricias que el mago le regaló y el agotamiento que su cuerpo sentía se limitó a asentir con la cabeza débilmente. ¿A dónde quería llegar con ese recuerdo?
— ¿Todavía te acuerdas de lo que me dijiste cuando aceptaste sentarte en la mesa conmigo y beber un poco de vino? — le preguntó el mago.
La vampira pestañeó varias veces, intentando recordar. ¿Por qué le costaba tanto traer esa memoria a su mente?
Sin esperar una respuesta Riddle continuó — Solo quería traer de regreso tus propias palabras.
Valerie separó su rostro del cuello del mago e intentó mirarlo a los ojos. Como consecuencia, Riddle bajó la vista para encontrarse con unas orbes rojas que lo estudiaron con confusión.
— ¿Te acuerdas? — rió entre dientes tenuemente y luego acercó sus labios a la oreja de la vampira. — Si las circunstancias fueran otras, de seguro disfrutaría más la situación.
Los recuerdos explotaron como por arte de magia en la mente de Valerie y una pequeña sonrisa creció en sus labios.
— ¿Y la compañía? — logró preguntarle ella con debilidad.
El mago volvió a conectar sus miradas — No importa el lugar ni la situación, tu presencia es algo que siempre he disfrutado y lo seguiré haciendo.
Valerie observó con atención las facciones de Tom como si quisiera encontrar algún indicio, alguna pista de que estuviera mintiendo, más no halló nada.
Un tenue bufido fue la única expresión que dejó escapar la vampira y Riddle alzó una ceja, extrañado.
— Es… — Valerie tomó aire un par de veces para poder continuar. — Es irónico como las cosas cambian con el tiempo. — El mago la observó sin comprender. — Ahora he sido yo la que ha intentando olvidarte y tengo miedo… Miedo de lo que eres capaz de hacerme sentir cuando me prometí que no quería sentir nada.
El pecho de Tom se agitó y su respiración se aceleró. ¿Ella todavía…? ¿Era posible? ¿Tal vez tuviera una oportunidad? El cuerpo de la vampira sufrió un fuerte espasmo que le obligó a cortar sus cavilaciones.
— ¡Valerie!
Su cuerpo tembló, su rostro se inclinó hacia atrás y su mirada se escondió dejando a la vista solo su esclerótica.
— ¡Valerie! — Tom la sujetó de los brazos con ambas manos y tras unos segundos sus extremidades dejaron de temblar.
La vampira mantuvo sus ojos cerrados, el ceño fuertemente fruncido y agitó su cabeza ligeramente hacia los lados.
— No… No… — sollozó, extenuada.
Escondió su rostro en el pecho de Tom y sus manos se clavaron en sus hombros aferrándose a ellos como si le fuera la vida en el acto.
— No… Dejame, dejame — Valerie inhaló y exhaló varias veces, hasta que logró calmar su respiración.
Cuando sintió que el cuerpo de la vampira se relajó, el mago la inclinó hacia atrás para estudiar su rostro y la observó con detenimiento. Sus orbes habían adquirido un tono diferente, un rojo más parecido al color del vino que su usual tono sangre y su mirada parecía más dura de lo usual, sin embargo su análisis se vio interrumpido cuando la mirada de la vampira cayó sobre su boca y volvió a clavarse en su rostro.
Riddle, sin darse cuenta, se relamió los labios y le recorrió el mentón con sus dedos con tanta delicadeza como si casi no la tocara, como si temiera que tenerla tan cerca fuera solo un sueño, y de ser un sueño no deseaba que acabara tan pronto.
Cuando sintió su piel fría con la yema de sus dedos supo que no estaba alucinando y simplemente la besó. Sin permiso, sin siquiera haberlo pensado antes, simplemente porque no pudo haber hecho otra cosa.
La vampira inhaló sorprendida por la repentina acción y entonces el mago supo que necesitaba ese aliento que ella estaba conteniendo, le pertenecía y lo quería devuelta.
Sin dudarlo, le tomó la cara con ambas manos y presionó con más fuerza sus labios contra los de ella. No era un beso suave, no iba a perder el tiempo con eso, lo que él necesitaba era un beso posesivo, uno que le recordara a la vampira quién era la persona que devoraba sus labios con vehemencia. La intensa repuesta que recibió hizo que una punzada se esparciera por su entrepierna.
Repentinamente, hizo una pausa y la miró a los ojos, manteniendo su rostro a centímetro del de ella. Buscó en su mirada cualquier indicio de arrepentimiento, cualquier atisbo de duda, más solo encontró sus pupilas cargadas en deseo.
Riddle sintió el calor que emanó de su propio cuerpo y como la vampira estaba sin aliento, razón suficiente para retomar su tarea con determinación.
"¡Oh, Merlín!"
Tom Riddle jamás creyó que algo lo podría volver tan loco, pero ante las manos de la vampira recorriendo su cuerpo comprendió que no haberla tenido por tanto tiempo y ahora saborear su cercanía era como una droga que lo tenía completamente desquiciado.
La deseaba de la peor manera… Deseaba su sabor, su aroma, la sensación de su piel junta a la suya y lo quería en ese momento.
Entre besos y caricias, el mago se posó sobre la vampira quedando sobre ella. Besó su cuello con desesperación mientras un ferviente deseo por recorrer cada centímetro de ella creció en su interior. Le urgía tenerla ahora, completa y absolutamente suya, no quería tener que esperar más.
Su cuerpo le pidió a gritos lo que su mente siempre quiso ocultar: la necesitaba, la deseaba y la quería a su lado. Necesitaba sentir su sabor debajo de sus ropas y escuchar su voz, murmurando su nombre en todos los tonos posibles.
El olor de su aliento contra sus labios necesitados lo obligó a mirarla a los ojos por unos segundos, para luego dirigirse a su oreja y besarla con pasión mientras sus manos viajaban por su cuerpo memorizando cada pequeño detalle.
— Necesito saber — murmuró Tom con la voz ronca cargada en ansiedad. — ¿Podrías volver a hacerme la misma promesa?
— ¿Qué quieres que te prometa…? — le susurró entre jadeos la vampira.
Tom no pudo evitar sonreír al escucharla.
— Vuelve a hacer tu promesa, Valerie… Dimelo de nuevo, susúrralo, quiero escucharlo de tus labios…
Lo requería. Por más que el deseo quemara cada rincón de su cuerpo y su mente se doblegara en la locura, le urgía volver a escuchar lo que lo había marcado para siempre años atrás. Aquellas palabras que la misma vampira le había dicho con tanta seguridad: "Te prometo estar siempre a tu lado…".
— Te prometo ser solo tuya — le susurró ella.
El muro de piedra explotó, el cuerpo de la vampira salió volando entremedio de los escombros y se clavó en la pared contraria para después desplomarse contra el suelo.
En medio del hoyo en donde se destruyó el muro se encontraba Tom Riddle, de pie, sujetando su varita con fuerza mientras cada poro de su piel destiló odio puro.
— ¿Quién eres y que haz hecho con Valerie? — bramó.
Lo he logrado!
Espero les haya gustado el capítulo, me costó lograr lo que tenía en mente así que espero sus comentarios con ansias.
Se mueren el cansancio que tengo por tanto trabajo, por lo que queda más que pendiente los comentarios destacados, pero se vendrá una gran selección.
Nuevamente espero les haya gustado el capítulo y preparence que esto recién se está poniendo bueno (inserte risa malévola).
Nos vemos la próxima semana!
Los quiere,
Florence!
