Capítulo 25: Exorcizar

— ¿Por qué me ayudan?

— ¿Preferías que te dejáramos morir? — replicó Walburga con ironía —. Fue idea tentadora, no te lo voy a negar.

Riddle estudió a ambos con detenimiento todavía sin entender sus acciones.

Tras desplomarse en el suelo con la herida que Vladimir le profirió se sintió débil. Pudo sentir la sangre correr por su cuerpo, pero su cabeza le pesó demasiado como para mirar la profundidad de la herida, no pudo levantar ni sus brazos ya que todas sus extremidades parecían endebles, pues él se sentía tan débil. Quiso ponerse de pie, pero no pudo, su cuerpo simplemente no le respondió.

¿Acaso nadie lo vio caer? ¿Nadie vendría en su auxilio? Creyó que era poco probable y que nadie lo salvaría pues él no valía la pena.

Fue entonces que se sintió completamente solo. Todo lo que había ocurrido y le estaba ocurriendo habría sido la mitad de malo si hubiera tenido a alguien a su lado, alguien con quien hablar, alguien en quien confiar, alguien que le importara su existencia.

¿Por qué nadie terminó con su suplicio? ¿Alguien siquiera lo miró?

Creyó que era el final y que simplemente nadie lo salvaría. No tenía mucho más que hacer, estaba exhausto, sus ojos le pesaron y su cuerpo se había entumecido. Llegó un momento en donde deseó cerrar los ojos y descansar para que el dolor se acabara.

Sin embargo, algo sacudió su cuerpo. Gritos, exclamaciones, golpes. Sus párpados se abrieron y cerraron, más sus ojos fueron incapaces de ver algo hasta que logró recobrar la consciencia y se percató como Black y Malfoy trabajaron arduamente para curar su herida.

—¿Buscan obtener algo a cambio? — les cuestionó Riddle nuevamente.

—Oh, por Merlín —bufó Abraxas, exasperado —. Cierra la boca, idiota. No te ayudamos porque quisiéramos algo a cambio. ¿Qué podríamos necesitar de alguien como tu? Simplemente lo hacemos porque así lo deseamos.

El mago iba a replicar que no les creía.

— Además — continuó Abraxas —. Sabemos que de alguna forma estabas tratando de ayudar a Valerie, aunque yo hubiera escogido algo un poco más discreto — bufó.

Riddle los observó, extrañado.

Walburga suspiró, agitó su varita y el pergamino que obtuvo tras el encantamiento de análisis corporal que le realizó a Valerie apareció frente al mago, quien lo abrió con curiosidad. A medida que sus ojos leían el contenido su semblante se ensombreció y frunció el ceño.

—¿Ustedes lo sabían?

—Teníamos una teoría, pero creo que tu mismo lo comprobaste —señaló Walburga.

—Alguien poseyó su cuerpo.

—Sin embargo, cuando Vladimir te atacó estoy seguro que Valerie logró recuperar la consciencia, de otra forma no habría saltado a defenderte — señaló Abraxas.

Riddle abrió los ojos, pasmado. ¿Realmente ella…?

— Yo no pondría esa mirada de alegría si fuera tu. No estarás libre de la ira de Vladimir por mucho tiempo — añadió Walburga.

— ¿Qué tiene que ver él con lo que haya hecho Valerie?

— ¿No lo entiendes acaso? Estuviste a punto de morir y claramente no pudiste ver la ira que desprendió Vladimir cuando ella te protegió. Fue como si le clavaran un puñal por la espalda… Y te puedo asegurar que eso traerá consecuencias, no solo para ti sino también para Valerie — le explicó Abraxas con fastidio.

Riddle tragó en seco y su pecho se apretó.

— ¿Ustedes creen que él va a…?

— No le hará daño, de eso estoy segura, pero tampoco creo que vaya a hacerle las cosas fáciles. Está ensimismado en recuperarla y si de algo me he percatado es que ese hombre no se rendirá fácilmente, y usará cualquier método que esté a su alcance para lograr lo que quiere — le cortó la bruja.

— ¿Y no harán nada al respecto? — les increpó el mago.

— ¿Y qué podríamos hacer? — le cuestionó Abraxas—. ¿Enfrentarnos contra el rey de los vampiros? Somos lo bastante inteligentes como para elegir a nuestros adversarios. Además, lo que pueda o no ocurrir es una decisión que ella debe tomar. Vladimir es parte de su pasado y es momento que ella enfrente de lo que siempre ha querido escapar. Nosotros simplemente estaremos detrás suyo para apoyarla en la decisión que tome.

Riddle se mordió el labio, disconforme con la respuesta pues no estaba de acuerdo. Una decisión se había formado en su mente y estaba reacio a cambiarla: finalmente había decidido que si él no podía recuperar a Valerie, Vladimir tampoco lo haría. ¿Debía eliminar a Vladimir para aliviarle la carga de la vampira? Sopeso esa idea no como una forma de recuperarla, más bien deseaba su perdón o algo parecido que le quitara el sentimiento de confusión y culpa que lo carcomía por dentro.

Inhaló y exhaló con furia ante las emociones que lo invadieron mientras Abraxas terminó de curar su herida. El era Tom Marvolo Riddle y él no sentía arrepentimiento. Quitaría a Vladimir del mapa simplemente porque lo odiaba y con eso ganaría su tan deseada libertad. Se repitió aquella idea en su mente para convencerse a si mismo y alejar el remordimiento que la presencia de Valerie producía en su interior.


Un dolor desgarrador latió en su cráneo. Su cabeza se sentía pesada y notó como un fuerte mareo la golpeó. El pánico se apoderó lentamente de Valerie cuando, por unos segundos, la posibilidad de enfrentar el dolor comenzó a parecer cada vez más lejana, obligándola a volver a ahogarse en aquellas profundas aguas oscuras.

Por un momento, consideró escuchar a su cuerpo que le decía que se detuviera, que se rindiera y se dejara llevar por la oscuridad hacia un letargo en donde ni el dolor ni la preocupación podrían alterarla. Cada vez le era más difícil ignorar las sensaciones y las voces que le decían que se detuviera, se sintió incapaz de afrontarlo pese a que lo intentó.

¿Por qué le era tan arduo batallar contra la corriente de las aguas abismales del océano oscuro que deseaban asfixiarla?

Logró abrir sus ojos por unos segundos. Su visión era borrosa y tras varios pestañeos pudo notar que se encontraba postrada en una cama, hasta que su mirada se encontró con las orbes rojas de Vladimir.

Sin embargo, antes de que pudiera emitir alguna palabra el dolor en su cabeza aumentó de manera horrorosa, y sin que ella pudiera evitarlo el océano de oscuridad la agarró con fuerza y la hundió en sus aguas sin darle tregua.

"¡No! ¡Vladimir!"

Sus gritos resonaron solamente en su mente mientras la oscuridad cegó todo a su alrededor.

¿Cuanto tiempo más estaría atrapada en este calvario?


Sus orbes rojas se percataron como Valerie gimoteó débilmente y abrió los ojos. Tras parpadear varias veces enfocó su vista a su alrededor hasta que reparó en su presencia. No pudo evitar tensar el cuerpo cuando sus ojos se posaron sobre él, esperando que volvieran a llenarse de ira y desprecio como lo habían hecho una hora atrás. Sin embargo, cual seria su sorpresa cuando las orbes oscuras de Valerie se llenaron de gratitud, casi como si verlo le diera tranquilidad.

Su pecho se apretó y se relamió los labios al notar como la vampira entreabrió la boca para decirle algo. Inconscientemente se inclinó hacia adelante, expectante de escuchar su voz, cuando súbitamente las facciones de Valerie se tensaron, se agarró la cabeza con desesperación y gimió de dolor.

— ¿Pequeña? — Vladimir se acercó a ella y tomó asiento a su lado, preocupado. — ¿Pequeña puedes escucharme?

Observó el cuerpo de su vampira con cierto desespero y se percató que su herida se había cerrado, sin embargo ello no le aseguraba que se encontrara realmente sana.

La sujetó con suavidad de los hombros para examinarla mejor, pero repentinamente Valerie se quitó las manos del rostro y clavó sus ojos sobre los de él.

Vladimir volvió a relamerse los labios, ansioso y angustiado, porque ella era, en toda su esencia y esplendor, su centro y razón de ser. Su estomago se apretó ante la intensidad de sus emociones, pues hacia siglos que no había podido sentir lo que la vampira le provocaba. Aunque en esta ocasión, sus propios sentimientos estaban mezclados: alivio de verla, inquietud por su salud, ira por los sucesos acontecidos, pero sobre todo celos, una gran cantidad de celos y deseo.

Celos por como había defendido a ese mago y deseo por hacerla entender y que comprendiera que él estaba ahí, que por ella haría lo que fuera con total de que recordara lo que significaba estar a su lado y ser su mujer.

¿Pero, realmente podía lograr hacerle ver lo que alguna vez fueron?

No pudo controlar la frustración que carcomía cada poro de su ser y sin dudarlo le agarró el cuello a Valerie, sin estrangularla, y la besó. La besó tan profundamente con el fin de que olvidara de quién era el aire que respiraba.

El suspiro de sorpresa de Valerie chocó contra la fría piel del vampiro, haciéndolo temblar ante la expectación.

Segundos después de saborear sus labios se alejó de su rostro para estudiarla. Tras ello, con su fuerza y velocidad vampírica la levantó de la cama y la empujó contra la pared, porque ella era su maldita obra maestra y las obras necesitaban ser admiradas constantemente. Y la volvió a besar intensamente como si no pudiera existir sin ella.

Había una poderosa hambre dentro de Vladimir por Valerie. Él quería de su tiempo, de su atención, que aquellas orbes volvieran a brillar con deseo y alegría al verlo. Anhelaba desesperadamente su toque, anhelaba sentir su piel sobre la suya. Necesitaba volver a saborear su sangre. Necesitaba volver a sentirse dentro de ella. Deseaba satisfacer aquella hambre que solo ella le producía y, a su vez, era la única capaz de colmar.

Ante la intensa respuesta que la vampira le otorgó, un ronroneó grave brotó de su pecho, separó su boca de la suya y recorrió su cuello con completa devoción hasta detenerse en su oreja, mientras sus manos recorrían su espalda y cintura con lujuriosa fuerza.

— Lo hiciste, mi pequeña — le susurró con un tono bajo y cargado en deseo.

— ¿Qué cosa…? — jadeó ella, confundida.

Vladimir río con un dejo ronco y dejó un sinuoso camino de besos en su cuello para luego agregar — Una orden de sangre — mordió su lóbulo con sus colmillos y luego le susurró —. ¿Sabes lo que eso significa?

— No veo porque un asunto como ese debería ser importante en este momento — le ronroneó la vampira en respuesta bajando sus manos a su entrepierna.

El rey de los vampiros se quedó congelado unos segundos. La vampira lo miró con confusión ante su abrupto cambio, pero inmediatamente él le regaló una mueca maliciosa al sentir el camino que recorrían sus manos y en respuesta ella también le sonrió.

Sin embargo y para sorpresa de la vampira, Vladimir, de manera abrupta le atrapó las muñecas y la lanzó contra el suelo.

— ¿¡Qué demoni…!?

El rey de los vampiros se abalanzó sobre ella, sujetó sus manos y se sentó sobre sus caderas, inmovilizándola. Sus facciones se habían puesto tensas y la ira destiló de sus ojos. Fue entonces que la vampira cayó en la cuenta de la oscuridad que comenzó a esparcirse por la habitación, como si la estuviera encerrando.

— Sal del cuerpo de mi esposa — la voz de Vladimir resonó en los oídos y mente de la vampira pillándola desprevenida, la cual al verse atrapada chilló del susto.

— ¡Soy tu esposa!

Una oscura carcajada escapó de los labios del vampiro — Oh, querida… ¿Realmente crees que mi mujer no sabría lo que es una orden de sangre?

— ¡Soy tu esposa! — le gritó ella de nuevo intentando soltarse.

Esta vez la sonrisa maliciosa desapareció de los labios de Vladimir. La tomó de las muñecas con una mano y con la otra le apretó el cuello con fuerza.

— No eres mi Valerie — la lentitud y el odio con que pronunció aquellas palabras produjeron un horrible escalofrío en el cuerpo de la vampira.

— Pero, si lo estábamos pasando tan bien hace poco ¿por qué parar ahora…?

El vampiro le gruñió, furioso, sus colmillos se alagaron y la presión en el cuello de la vampira aumentó, pero para su estupor una malvada sonrisa brotó de la comisura de los labios de Valerie.

—¿Vas a dañar el cuerpo de tu propia mujer, acaso?

Ella sintió como Vladimir tensó el cuerpo ante sus palabras.

—Pequeña, perdoname… — susurró.

— ¿Qué…?

Antes de que pudiera decir algo, Vladimir se lanzó contra ella y clavó sus colmillos contra su cuello, perforando su piel.

A pesar de la tentación, a pesar de lo mucho que deseaba probar nuevamente su sangre se abstuvo de beber del cuerpo de su mujer para limitarse a inyectar su veneno en sus venas.

El interior de Valerie comenzó a arder como el mismo infierno. Sus extremidades se retorcieron desesperadas mientras un aullido de dolor escapó de su garganta, sin embargo, Vladimir no se despegó de su cuello por más que se movió, pataleó y gritó.

Abruptamente, el pecho de la vampira pegó con salto anormal, sus colmillos se alargaron y sus ojos se tornaron completamente negros para después perder la consciencia.


Basilea salió volando y su espalda golpeó la pared con fuerza dejándola sin respiración. Sus piernas no lograron sujetar el peso de su cuerpo y se derrumbó contra el suelo.

Sus manos se envolvieron con fuerza alrededor de su cintura, apretándola, acción que sus propias entrañas parecían estar haciendo. Olas y olas de calambres seguido de fuertes punzadas en su cuello y cabeza fue todo lo que sintió por varios minutos que le parecieron eternos. Un sentimiento de pavor se apoderó de ella y por un momento pensó que el suplicio empeoraría.

Le tomó un momento ordenar sus pensamientos, o al menor reunir la fuerza suficiente para pensar con mayor claridad y caer en la cuenta que se encontraba sola. ¿Dónde estaba Clementina? ¿Donovan?

La mujer lobo gruñió, decidida a bloquear el dolor e ignorar como su propia mente le rogaba que se detuviera, sin embargo, sentía dolor en todos su cuerpo y le fue imposible ponerse de pie.

De pronto, en medio de su sufrimiento escuchó el resonar de unos pasos acercarse. A pesar de que lo intentó, no logró levantar el rostro para ver quién era, hasta que los pasos se detuvieron tras su espalda.

— ¿Vas a… A… Ayudar…?

—¿Qué crees que estabas haciendo?

Basilea se quedó muda unos segundos. La voz de Azriel retumbó con fuerza y su tono hizo que su extremidades se tensaran. Una ola de espasmos recorrieron sus extremidades y gimoteó de dolor.

—He dicho —Azriel se inclinó sobre ella, la tomó del borde su camisa y la alzó para clavar sus furiosas orbes rojas sobre su rostro—. ¡Qué demonios estabas haciendo!

—Yo…Yo…

—Poseíste el cuerpo de alguien ¿no es así?

Basilea no logró articular palabra.

—¿Crees que no iba a enterarme de las acciones que realizabas a mis espaldas?

—Yo no…

—¿Qué querías lograr? —le interrumpió el vampiro.

—Hacerla…Sufrir — le respondió con dificultad.

Azriel apretó más el agarre y sus facciones se tensaron — ¿A quién mordiste?

No obtuvo respuesta.

—¿¡A QUIÉN MORDISTE!?

—Val…Valerie — logró articular la mujer lobo.

El vampiro rugió, iracundo y con su mano libre le sujetó con rudeza el mentón a Basilea.

—Tu enemigo es solo uno. Acepté que te unieras a mi para acabar con Vladimir ¡no con ella!

La respiración de la mujer lobo se aceleró, el dolor de su cuerpo había disminuido levemente lo que permitió ordenar con más rapidez sus pensamientos. ¿Por qué Azriel estaba tan furioso? Su deseo por acabar con Vladimir era evidente, pero si no podía lograrlo por lo menos le haría daño ¿y qué mejor forma que hacerlo por medio de Valerie Deanoff?

Jamás lo perdonaría. Vladimir había destruido gran parte de su manada cuando ella había viajado con Donovan al Ministerio de Magia para abogar por los derechos de los hombres lobos, sin embargo a su regreso fue recibida con la casi completa aniquilación de sus compañeros. Durante años, cargó con un sentimiento de culpa sobre sus hombros, pues de haber estado presente las cosas hubieran sido distintas o eso le gustaba creer.

Cuando apareció frente a ella la oportunidad de obtener su deseada venganza, no dudó en unirse a Azriel sin siquiera pensarlo, pues aquello le dio un nuevo sentido a su vida.

—No puedo matarlo —murmuró la mujer lobo—. Pero, por lo menos… le haré daño.

—¿Daño? ¿DAÑO? —bramó el vampiro con violencia—. ¡Tu no tomas tus propias decisiones! Es a mi a quien le haces caso ¿quedó claro?

Basilea quiso discutirle, pero ante la peligrosa ira que desprendía su rostro se limitó a asentir.

—Si… Mi, mi señor —tartamudeó.

—No volverás a olvidarlo.

Las palabras del vampiro quedaron en el aire y Basilea abrió los ojos aterrada. ¿Qué quería decir con ello?

Antes de que si quiera pudiera pensar en algo, Azriel le soltó el rostro y le tomó el brazo izquierdo con fuerza.

—Vas a recordar que tus acciones, tus decisiones y tu existencia me pertenecen. No volverás a hacer nada que no se te ordene.

Y de un simple, pero brutal jalón le amputó el brazo.

El desesperado aullido de dolor se esparció por el lugar fue acompañado del sonido hueco de la extremidad amputada al chocar contra el suelo.


Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue un techo blanco, mientras que la suavidad de la tela que sentía en su espalda le hizo saber que estaba postrada en una cama. Intentó ponerse de pie, pero un dolor en su cabeza y cuello le hicieron la tarea difícil.

Valerie inhaló y exhaló un par de veces, intentando despejar su confundida mente y se limitó a levantar su espalda, con ayuda de sus brazos para sentarse sobre la cama encontrándose de lleno con la penetrante mirada del rey de los vampiros que estaba sentado en un mullido sillón.

—Vlad… — la voz de la vampira sonó rasposa y con cierto dejo de temor. Parpadeó varias veces para asegurarse que lo veía era real.

¿Cuanto tiempo había estado asfixiada en aquellas aguas oscuras? ¿Realmente se había acabado el tormento que había vivido en las ultimas horas? Deseó que así fuera.

Vladimir se percató como la respiración de Valerie se volvió agitada y su mirada se perdió en algún punto muerto.

—Nadie va a hacerte daño de nuevo, pequeña —se levantó con lentitud y caminó hacia ella con tranquilidad para no alterarla—. Nadie te hará daño, quien sea que lo intente lo mataré.

La vampira se sujetó la cabeza, angustiada, en un intento por recordar los últimos acontecimientos, pero imágenes borrosas era lo único que apareció en su mente.

—No recuerdo… Yo —tartamudeó ella—. ¿Ataque a alguien? ¿Les hice daño? ¿Qué paso? ¿Qué..?

La lluvia de preguntas murió en sus labios cuando las manos de Vladimir le sujetaron el rostro con suavidad.

—¿Por qué me ayudas? — le susurró.

Vladimir le dedicó una leve sonrisa, estudió su rostro con detenimiento y cuando terminó de buscar lo que fuera que estuviera buscando besó la frente de la vampira con suavidad.

—Siempre vale la pena salvarte, pequeña, siempre —le susurró contra su piel.

Valerie pestañeó y recuerdos aparecieron súbitamente en su mente. Ahogó un gemido de sorpresa y observó a Vladimir abochornada, mientras él soltó su rostro.

—Yo, yo… Lo lamento, lamento haber jugado contigo —bajo la cabeza, avergonzada.

—No era tú y lo sabes. No hay nada por lo que pedir disculpas.

Ella levantó el rostro y le dedicó una mirada desconfiada.

—¿Y ahora qué harás? ¿Castigarme?

Vladimir tensó la mandíbula y apretó los puños.

—No sé por qué siempre esperas lo peor de mi —murmuró molesto—. Pero la respuesta es no.

—¿Cuál es el plan, entonces?

—Te lo diré después de que hayas descansado —le respondió él con aspereza.

Ambos se quedaron en silencio, pues la vampira pudo notar la molestia en el semblante de Vladimir por lo que prefirió no decir nada. El vampiro, por su parte, intentó controlar el fastidio que inundó su pecho y decidió que era mejor abandonar la habitación para no descargar el tornado de emociones que bailaban en su interior.

Se puso de pie y estuvo por llegar a la puerta cuando la vampira habló.

—Vlad…

El vampiro se detuvo. Escuchó como Valerie inhaló con fuerza, como si se debatiera en decir lo que tenia en mente.

—¿Por qué no bebiste de mi sangre? —le cuestionó—. Podrías haberlo hecho fácilmente.

Vladimir giró el rostro para mirarla y mantuvo el semblante serio.

—Porque no era la forma ni el momento — Valerie abrió los ojos, sorprendida por la respuesta—. Beberé de ti cuando tu o tus acciones me demuestren que, a pesar de que lo niegues, todavía me sigues viendo como tu marido.

La vampira desvió la mirada, abrumada y no le dijo nada, simplemente se acarició el cuello donde Vladimir la había mordido de manera inconsciente.

—Deberías descansar — le dijo el vampiro cambiando de tema—. Necesito que estés con la mayor cantidad de energía posible.

—¿Por qué?

El rey de los vampiros la estudió unos segundos, meditando si decirle o no la verdad.

—Porque nuestro enemigo es superior a nosotros y es el momento de traer a nuestros sirvientes.

—No tenemos un ejército para enfrentar a Azriel — señaló Valerie extrañada y frunció el ceño.

—Siempre lo hemos tenido, pequeña —notó la confusión en el rostro de la vampira, por lo que añadió—. Es momento que recuerdes tu lugar, pues el rey y la reina de los vampiros retornarán a Rumania.


Hola! Disculpas por la demora, tuve un problema con mi computador y casi me da un infarto porque temí perder todo lo que había escrito (les juro que casi me pongo a llorar jajaja).

Pero tras un arduo trabajo logré resucitarlo y recuperar todo (menos mal guardé cosas en una nube).

Así que ya saben bebes, siempre SIEMPRE hagan un respaldo!

Ahora ¿qué les pareció el capítulo? Espero sus comentarios con ansías.

También l s invito a revisar mi instagram, ya que realicé una selección de los comentarios destacados de los últimos capítulos jajaja están tremendos! ¿Habrá sido algun comentario tuyo que fue elegido? ¡Vayan a ver!

Que tengan un lindo fin de semana,

Nos veremos la próxima semana,

Los quiere, Florence!

PRÓXIMO CAPÍTULO: VIERNES 5 DE MARZO