Capítulo 35: La calma antes de la tormenta

—Les daré el día para despedir a Walburga, pero apenas el sol se ponga haré mi movimiento.

Las palabras de Azriel se repitieron en su cabeza con fuerza, mientras la mansión Lestrange se alzó ante sus ojos en la oscuridad.

Riddle apretó la bolsa de cuero con sus dedos y suspiró largamente. No supo cómo había logrado hacer que el vampiro cambiara levemente de opinión, pero era una pequeña victoria que debía agradecer. Al fin y al cabo, lo que fuera a ocurrir mañana era un asunto que, en aquellos momentos, no podía resolver.

Decidido, ingresó a la mansión en un silencio sepulcral y con ágil movimiento de su varita la bolsa desapareció de sus manos. En las horas restantes que quedaban debía pasar lo más desapercibido posible, detalle que comenzaba a ser bastante usual desde que se había convertido en una especie de sirviente de Vladimir.

Fue entonces que notó que el ambiente había cambiado levemente y un tenue intento por subir los ánimos flotaba en el aire. Parecía que Vladimir había logrado tranquilizar a Valerie, lo que sumió a los demás en una mayor tranquilidad. Tom supuso que muchos de ellos pensaban como él, no sabían a ciencia cierta cuales serían los próximos acontecimientos por lo cual tal vez era mejor aprovechar los pequeños espacios de paz que se lograban obtener, por más cortos que fueran.

Riddle dejó caer los hombros y recorrió los pasillos de la mansión sin un destino claro hasta que una tenue luz al final de corredor captó su atención. Esperaba que el resto de los presentes estuviera descansando, pero estaba claro que se había equivocado. ¿Quién vagaba a esas horas de la noche?


La enormes llamas de fuego iluminaron las delicadas y serias facciones de Valerie. Sus orbes rojas estaban clavadas en la chimenea, sin embargo pudo sentir la penetrante mirada de Abraxas sobre su nuca.

—Se que quieres decirme algo, lo puedo notar —señaló ella con ironía.

El mago contempló a su vieja amiga unos minutos en silencio para luego suspirar, cansado.

—No quieres saberlo.

—¿Por qué no?

—No es un tema de conversación agradable.

Valerie exhaló con pesar, todavía con la vista clavada en la chimenea.

—Que novedad… —murmuró con sarcasmo y sacudió los hombros—. Solo dime lo que tanto te carcome la mente.

—Intento darle cierta lógica a los últimos acontecimientos… —le respondió Abraxas con disgusto.

La vampira torció el rostro hacia él y frunció el ceño.

—¿Cuál lógica?

—Pues… Sigo sin entender por qué este tal Azriel tuvo que asesinar a Walburga o cualquiera que trabaje para él—. Valerie tensó el cuerpo inmediatamente y el mago continuó—. ¿Cuál es realmente su motivación? Lo único que se con certeza es que es enemigo de Vladimir, por lo que asumo que tuyo también, sin embargo sus ultimas acciones no se si buscan dañarlo a él o a ti.

—Una mezcla de ambas tal vez —susurró la vampira y desvió la vista al techo—. Todo lo que pueda dañarme también es un ataque hacia Vladimir y Azriel lo sabe… Ambos se odian a muerte y a estas alturas del tiempo las razones de por qué son un poco irrelevantes, pues el desprecio mutuo solo se potenciado con el paso de los años. Su enemistad se remonta incluso antes de que yo naciera.

—¿Y qué papel juegas tu en esto? ¿Estás en medio de su pelea solo porque eres la reina de los vampiros?

Valerie se mordió el labio inferior, incomoda y bajó la mirada al suelo.

—Es más complicado que eso…

Abraxas le dedicó una mirada seria y tensó la mandíbula.

—Soy todo oídos.

La vampira mantuvo el rostro hacia abajo, sin poder encarar a su viejo amigo.

—Conocí a Azriel mucho antes de convertirme en la reina de los vampiros… Mucho antes de siquiera conocer a Vladimir…

El mago se quedó mudo de la sorpresa.

—Pero… ¿él era…?

—Yo no sabía que era un vampiro y digamos que él, en ese entonces, no recordaba bien quién era. Nos conocimos porque vivimos en el mismo pueblo, justo en la época en que Vladimir expandió su control sobre las tierras de Rumania. La guerra y la ampliación del ejercito de Vladimir hizo que yo terminara en el castillo trabajando como sirvienta —dejó escapar un resoplido frustrado—. Ninguno de los dos jamás creyó posible que yo terminara convirtiéndome en la reina de los vampiros…

—Hay más en esta historia ¿no es así? No fue solo que se conocieron, entre ustedes…

Valerie cerró los ojos por unos segundos y apretó los labios.

—Azriel fue el primer hombre del que me enamoré cuando fui humana…

Abraxas ahogó un exclamación, estupefacto.

—La vida es una ironía ¿no lo crees?—ella se giró para observarlo—.De todos los hombres que pude haberme enamorado tenía que ser justo el vampiro más odiado de toda Rumania.

—Pero, ¿de haber seguido siendo humana tu…? .

—¿Me habría quedado con él? —Valerie suspiró—. Es probable, si no fuera por el error que cometió que jamás le perdonare —. Levantó el mentón y su mirada de llenó de seguridad—. Él podrá haber sido mi primer amor, pero Vladimir es y será el último hombre a quien le di mi corazón y mi vida.

En medio de la oscuridad y sin que ambos se percataran la silueta de Vladimir se alejó por los pasillos en silencio, pero con una sonrisa en el rostro. Su pecho se hinchó del orgullo tras las palabras de la vampira y sin tener intenciones de interrumpir la conversación que se estaba llevando acabo prefirió retirarse.

Él bien conocía la historia de Valerie con Azriel, hecho que nunca dejaría de generarle molestia, pero tal como ella había señalado lo había escogido a él al final. No importaba cuanto tuviera que sacrificar, a quién tuviera que matar o que tuviera que destruir para impedir que el otro vampiro le intentara quitar lo que más apreciaba de su existencia: su mujer.


El cansancio en su cuerpo era evidente, pero debía terminar su última ronda antes de poder descansar, si es que si quiera lograba conciliar el sueño dado los últimos acontecimientos. Sin embargo, pasos y la luz que se filtró por la puerta de la biblioteca lo obligaron a detenerse.

¿Quién demonios podía estar dando vueltas a esta hora?

Antonin Dolohov bufó exasperado y se giró hacia el lugar, después de todo era parte de su trabajo asegurarse que todo estuviera en orden a pesar de lo mucho que deseara estar metido en su cama en aquel instante.

Empujó la puerta con suavidad y el reclamó que iba a escapar de sus labios murió inmediatamente cuando se topó con una imagen que no hubiera esperado.

Hermione Granger estaba sentada de piernas cruzadas en uno de los sillones. Vestía una polera de mangas largas con el símbolo de gryffindor en el pecho y debajo de ésta un pantalón corto de color carmesí, mientras que en sus muslos descansaba un grueso libro. No notó la presencia del ex mortifago al estar sumida en su lectura.

—Buenas noches, ptichka.

La bruja levantó la vista y sus ojos se abrieron como platos al reparar en él.

—Oh… Antonin —cerró el libro con rapidez y lo depositó a su lado—. Este yo… —se enderezó, posó las piernas en el suelo e intentó, de manera inconsciente, bajar sus ya cortos pantalones—. No podía dormir y bueno… ¿Qué haces acá?

Dolohov le regaló una mueca divertida.

—Terminando mi ronda.

—¿Ronda? ¿Qué ronda? —la voz de la bruja sonó aguda y dejó en evidencia su nerviosismo.

El mago tuvo que aguantarse la risa.

—Estaba haciendo guardia para que, las bellezas como tu, puedan dormir o bien… Leer con tranquilidad —no pudo evitar recorrer con sus ojos sus facciones y su cuerpo.

La bruja tragó en seco ante la penetrante mirada que la estudió con tanto detenimiento. Más allá de sentirse incomoda un suave rubor apareció en sus mejillas, detalle que al ex mortifago no le pasó por alto.

Antes de que pudiera decir algo, Dolohov se le acercó, levantó el libro y tomó asiento a su lado.

—Y bien ¿qué era lo que leía con tanta concentración mi ptichka?

Ojeó la portada titulada: "Lugares mágicos de Escocia".

—Buscaba información de Stonehenge… Algo que nos fuera útil—. Hermione se apretó las manos levemente ofuscada—. Tras las ultimas palabras de Walburga pensé que tal vez podría hallar algo que nos guiara un poco.

Dolohov la observó en silencio, impresionando.

—Nunca dejas de asombrarme… —murmuró—. Pero, creo que dado los últimos acontecimientos tus amigos y yo agradeceremos que estés con tus energías al máximo más que buscar respuestas. El enemigo nos acecha y es necesario que descanses.

Hermione resopló.

—No podía quedarme dormida, ya te lo dije —refunfuñó y se cruzó de brazos—. Entre dar vueltas en mi cama y hacer algo productivo, prefiero hacer algo provechoso con mi tiempo.

—Era una mera sugerencia —le respondió Dolohov con fingida inocencia mientras una pequeña sonrisa se asomó de la comisura de sus labios.

—Si, como sea… —gruñió ella evidentemente molesta, pero al ex mortifago le causó gracia su fastidio. Dejó el libro a un lado y acercó su cuerpo al de ella.

—Bueno, en ese caso y si de verdad no puedes dormir tengo otras propuestas para hacer algo productivo con tu tiempo —le ronroneó con voz baja.

Hermione cometió el error de girarse para mirarlo y se encontró con su rostro a escasos centímetros del suyo. Parpadeó varias veces, sorprendida y su respiración se agitó. Las oscuras orbes del mago recorrieron sus facciones y se detuvieron algunos segundos en sus labios para volver a cruzar sus miradas.

Nerviosa, se alejó de él repentinamente y se puso de pie.

—Creo que… que debería retirarme —titubeó con el rostro completamente rojo y dio unos pasos hacia la puerta.

Dolohov río entre dientes y también se levantó.

—¿Y no me darás las buenas noches, ptichka?

La bruja se congeló en el lugar y volteó el rostro para observarlo.

¡Merlín! Dolohov se sentía tan joven ante el brillo que las orbes cafés de Hermione desprendían. Sabía que aquella bruja le producía algo, pero jamás creyó que sus interacciones fuera a ser tan entretenidas. Algo tan simple como coquetear, pero que por tanto tiempo no había hecho ¡le hacían sentir como si hubiera vuelto a la vida! No era que necesitase a una mujer en realidad o estuviera desesperado por una, sino que la naturalidad con la que actuaba de esa forma con Granger lo hacían sentir joven y le permitían olvidar el sufrimiento que había vivido en los últimos años. Algo le atraía de ella, con fuerza, pero sobre todo le fascinaba la manera en que reaccionaba a su presencia, pues estaba claro que no le era indiferente. Ahora bien, la pregunta era ¿qué tanto interés podía tener por él realmente?

—Este…yo… —balbuceó Hermione, nerviosa.

El ex mortiago se le acercó con una sonrisa en los labios.

Ella apretó los puños. ¡Aquella maldita sonrisa! ¿Por qué sus piernas temblaban con aquella expresión en su rostro? ¿Se estaba burlando de ella? ¿Desde cuando que la presencia de ese mago la ponía tan nerviosa? ¡No! ¡No! ¡N….!

Su mente se fue a blanco cuando Dolohov se detuvo a escasos centímetros suyos. Ambos se observaron en silencio por unos segundos y una atmósfera los envolvió la cual no les permitió apartar la mirada del otro.

El mago levantó una mano con lentitud para no romper el ambiente y al notar que la bruja no se retracto, le sujetó el mentón con suavidad. Inclinó su rostro poco a poco mientras sus ojos estudiaron su boca hasta que sus labios se rosaron levemente. Levantó la vista y se topó con la pupilas dilatadas de la bruja que lo observaron expectante mientras que su respiración agitada golpeó su rostro, tentándolo.

—Buenas noches, krasivyy —susurró Dolohov y posó sus labios sobre los de ella.

Repentinamente, la puerta de la biblioteca se abrió.

—Te apuesto a que Herm…

Dolohov y Hermione pegaran un salto y se separaron abruptamente para toparse con la mirada asombrada de Ginny y las pupilas llenas de ira de Draco Malfoy.

Ginny fue la primera en recuperarse de la sorpresa, les sonrió de manera cómplice y golpeó el hombro de Draco de manera relajada.

—¡Viste! Te dije que la encontraríamos en la biblioteca. Como puedes ver esta en… perfectas manos —señaló con diversión.

Las mejillas de Hermione se tornaron rojas. Dolohov, al notarlo, se mordió el labio entre divertido y molesto. ¡Había estado tan cerca!

—Creo que deberíamos retirarnos a dormir —dijo Draco con el rostro tenso—. Vamos, Hermione.

Antes de que la bruja pudiera hablar el rubio la tomó de la muñeca, la alejó del ex mortifago y la guió fuera de la biblioteca.

—Oh, este… Si, creo que… si —titubeó ella confundida. Volteó para echarle una rápida ojeada a Dolohov quien le dedicó una mueca altiva y le guiñó el ojo—. Buenas… Buenas noches, Antonin.

Ginny y el ex mortifago se quedaron unos segundos en silencio observando por donde los otros dos habían desaparecido, tras lo cual, la pelirroja suspiró, se acercó al mago y le palmeó el hombro negando con la cabeza.

—Lamento haber interrumpido grandulón.

Dolohov dejó escapar una risilla y se encogió de hombros.

—Te diría que me molestó, pero tal vez haya sido para mejor… No es el momento adecuado para este tipo de cosas.

Ginny se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—¿De qué hablas? No seas idiota, nadie sabe como va a terminar esta batalla en la que estamos metidos. Yo que tu no perdería el tiempo —chasqueó la lengua—. Además, tienes competencia por lo que no me quedaría de brazos cruzados, pero es solo mi consejo.

El mago la observó, sorprendido.

—¿Qué? —le cuestionó ella ante la mirada que le dedicó.

—Pensé que no estarías… Es tu amiga y yo…

—¿Y tú qué? ¿Fuiste un mortifago? ¿Estuviste en Azkaban? —bufó, sacudió los brazos y puso los ojos en blanco—. Estamos en el mismo bando ahora y las cosas han cambiado. Un hombre lobo asistió a mi boda, una de mis mejores amigas es una vampira, hay un ejercito de chupa sangres detrás nuestro, ¿y crees que esto me va a molestar? —chasqueó los dedos frente al rostro del mago—. El tiempo corre Dolohov, no dejes que se te escape.

El ex mortifago quedó mudo y estudió la silueta de la pelirroja abandonar el lugar dejándolo solo, pero a los pocos segundos la puerta se agitó nuevamente y ella asomó el rostro.

—¡Y apresurate! Aposté por ti y espero ganar —le dijo con una sonrisa altiva.


Mordisqueó el pedazo de pan con energía ante lo hambriento que estaba y lo saboreó con alegría, sin embargo sus instintos se tensaron de forma repentina, alertandole que no estaba solo. Sin siquiera pensarlo, Ron Weasley sacó su varita y apuntó con ella a la esquina de la cocina.

—Buenos reflejos, pelirrojo.

De entremedio de las sombras emergió Ileana que lo observó divertida mientras continuó masticando su comida sin bajar la guardia. De todos los particulares humanos que había visto en las ultimas horas, el pelirrojo era el que más le había llamado la atención de la general. Sus forma tranquila de desenvolverse no parecía fuera de lo común, pero su hábil ojo, acostumbrado a percibir detalles que los demás pasan por alto, identifico de inmediato el dejo de un guerrero en él. Por más que sus facciones demostrasen tranquilidad o indiferencia su mirada siempre parecía fijarse en los detalles, en lo que lo rodeaba y analizaba el ambiente de manera calculadora. No era un simple humano y la destreza con la que notó su presencia confirmó sus suposiciones.

—Ohgg… Eggges tú —Ron habló con la boca llena y pedazos de pan cayeron al suelo.

Ileana contrajo sus facciones ante la aversión que la invadió. Todo atisbo de interés se esfumó casi por completo ¿a esa asquerosidad de criatura había estado observando todo este tiempo?

—¿Acaso no tienes modales humano? —dijo asqueada. Con lentitud extrajo un pequeño cuchillo de su cadera y jugueteó con el con sus dedos—. Es una ofensa dirigirte a mi de esa forma ¿lo sabías?

Ron tosió y se atragantó por la sorpresa, pero apretó el agarre de su varita cuando la vampira dio un par de pasos hacia él con su rostro crispado por la molestia.

—Deja al pobre joven tranquilo… —con un gruñido Razvan apareció en la cocina abruptamente.

Su repentina aparición hizo que Ron se relaja levemente. Ileana, por su parte, notó la forma en que el vampiro se acercó a ellos y tomó una postura protectora con el joven mago, ante lo cual alzó una ceja.

—No sabía que era tu protegido.

—Pgoteggido… ¿gueee eggg eso? —preguntó Ron.

Razvan puso los ojos en blanco.

—Traga antes de hablar, idiota —le reprendió para luego enfocarse en Ileana—. Es amigo de la reina como bien sabes, por lo que no creo que le guste que su general lo esté amenazando.

Las facciones de la vampira cambiaron súbitamente y una mueca socarrona cruzó sus labios, cómo si nada hubiera pasado.

—¡Que serio te has puesto! Era solo una broma —, y alzó las manos de manera pacifica—. ¿Verdad? —miró a Ron y le sonrió.

Razvan frunció el ceño y apretó los dientes, frustrado.

—Solo déjalo en paz.

—Bien, bien como quieras —la vampira bufó—. No sabía que le tenías echado el ojo, mala mía, es todo tuyo —volvió a clavar sus orbes rojas en Ron—. Si cambias de opinión ya sabes a quien buscar. No quería amenazarte solo deseaba… platicar un poco contigo —le guiñó el ojo y se retiró sintiendo la mirada de Razvan sobre su espalda ante lo cual una risilla escapó de sus labios.

—¿Me perdí de algo? —preguntó Ron cuando él y el vampiro estuvieron solos.

Razvan chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

—Nada de lo que debas preocuparte, ella suele tener cierta… inclinación por los pelirrojos.

Ron abrió los ojos sorprendido y una pequeña sonrisa apareció en su boca.

—¿Ella? ¿Enserio le gustan…? —su pecho se hinchó del orgullo e inhalo aire con una mueca soberbia.

—Que no se te suban los humos a la cabeza, humano.

El joven perdió el entusiasmo y bufó, molesto.

—Cuantas veces he decirlo, me llamó… —sus palabras quedaron atascadas en su garganta cuando Razvan apareció frente suyo en menos de un parpadeo.

—Ella no es para ti, Ronald. ¿Quedó claro?

Él asintió, nervioso ante la escasa distancia que había entre ambos.

—De acuerdo, cierto… Ella y tu… Comprendo, claro. No me refería a que yo quisiera… No es mi tipo— titubeó y se alejó un par de pasos del vampiro.

Razvan le dedicó una mueca burlona.

—¿Quién dijo algo sobre ella y yo? —reparó en la distancia que el mago tomó e inclinó la cabeza hacia un lado—. No te alejes tanto Ron, o pensaré que te desagrada mi compañía.

—¿Qué? —Ron parpadeó varias veces y negó con la cabeza, todavía demasiado nervioso y confundido—. ¡No! No lo hago por eso… Me agrada tu… Me simpatizas.

Nuevamente, en un movimiento rápido Razvan se le volvió a acercar e inclinó su rostro hacia el del mago.

—¿Simpatizar? —su voz sonó como un ronroneo—. Créeme, en algún momento será mucho más que solo eso.

¿Qué cojones? Ron se quedó como piedra mientras el vampiro se alejó. Él no acaba de… Acaso se insinuó… El quería que… ¡No! Merlín, era muy tarde para pensar en esas cosas, mejor se iba a su habitación a dormir.

Sus pensamientos de retirarse desaparecieron cuando se percató que Razvan se quitó la capa negra que traía puesta y la dejó sobre la mesa. Vestía un chaleco de tela, estilo victoriano, color carmesí sin mangas que dejó ver sus tonificados y gruesos brazos. Ron agitó la cabeza, avergonzado por quedarse pegado en esos detalles y desvío la mirada.

—Cambiando el tema, quiero aprovechar la instancia para darte algo —dijo Razvan. Al mover sus brazos para sacar algo de los bolsillos de su espalda Ron se percató de una horrible cicatriz que cruzaba su hombro derecho y bajaba por la parte trasera de su brazo. Parte de la piel tenía un color oscuro con relieves en forma de hondas, como si hubiera sido quemada por fuego,

—¡Merlín! ¿Qué te ocurrió? —la pregunta salió de su boca sin que pudiera evitarlo—. Creí que los vampiros no tenían heridas o que era casi imposible lastimarlos.

Razvan se observó la cicatriz sin parecer sorprendido.

—Es correcta tu afirmación, pero yo personalmente decidí dejar la marca como recuerdo.

—¿Recuerdo? ¿Recuerdo de qué?

—De cuando Valerie intentó matarme.

Ron abrió la boca, perplejo, pero no lo logró articular palabra. Sacudió la cabeza y se cruzó de brazos.

—¿Es broma, cierto? Ella no… Asumo que se arrepintió cuando eso ocurrió, de lo contrario no estarías con vida en estos momentos.

—Por el contrario, nadie hubiera esperado que sobreviviera, pero lo hice. Ten claro que ella deseó con cada parte de su ser en acabar con mi vida.

Ron sacudió los brazos, nada de lo que le había dicho el vampiro tenía lógica en su mente.

—Tu y ella tiene una relación demasiado extraña, ¿lo sabías?

—Para las concepciones que ustedes tienen no me cabe duda.

Fue entonces que el vampiro le tendió su mano donde cargaba una daga cubierta en una funda de cuero negro.

—Toma.

—¿Y esto? —Ron estudió el arma con atención. Extrajo la daga y probó la empuñadura que se amoldó con facilidad en sus manos.

—Es una daga negra, un tipo de arma que usamos para destruir de manera rápida a nuestros enemigos. Te será de gran utilidad si eres atacado por un nosferatu pues tienen la capacidad de destruirlos si logras cortar su cuello.

El joven mago observó la pequeña arma con sorpresa, sin poder creer el poder que ésta pudiera albergar.

—Espero no tengas que usarla, pero ante lo que pueda ocurrir es mejor estar preparados —agregó el vampiro.

—Gra…Gracias… Le daré un buen uso.

—Eso espero.

Para estupor del mago, Razvan se le acercó y con uno de sus dedos le acarició el mentón.

—No queremos que una cara tan bonita termine sin vida ¿cierto?

—¿Qué?… Mi cara… ¡Bonita! —exclamó Ron y su rostro se torno tan rojo como su cabello.

La fuerte carcajada de Razvan resonó con fuerza en la cocina.


Tras largos minutos contemplando las llamas de la chimenea luego de que Abraxas se excusara para descansar, la vampira no esperó encontrarse con Tom en medio de los oscuros corredores de la mansión.

—¿Te gusta vagar a estas alturas de la noche o me estabas esperando? —señaló ella con sarcasmo.

Riddle se mantuvo en silencio por unos segundos. La conversación que se había dado entre la vampira y Abraxas se repitió en su mente reiteradas veces, todavía asimilando la información que había obtenido. S bien por fin había comprendido, en parte, la relación que guardaba Valerie con ambos vampiros la duda que ahora carcomía sus pensamientos consistía en ¿qué era realmente lo que ellos querían de ella?

—Solo quería ver cómo estabas.

Valerie suspiró, cansada.

—He estado mejor —le respondió con indiferencia. Notó como Riddle asintió, pero no pareció conforme con su respuesta. Sin querer alargar más situación que comenzó a tornarse incomoda, agregó:— Agradezco tu preocupación, pero estaré bien. Por ahora mi único consuelo es vengar la muerte de mi amiga y que todo este conflicto se acabe de una buena vez. Ahora, si me disculpas me retiraré a descansar.

Riddle la observó darle la espalda por unos segundos y no supo bien de dónde salió el impulso por decirle las palabras que salieron de su boca. Tal vez fuera porque no sabía bien cómo las cosas iban a terminar o porque sentía que debía decir algo antes de tener que realizar una acción que, de seguro, ella no vería con los mejores ojos.

—Se que cometí muchos errores y ya es tarde para pedirte que me perdones… —Valerie se detuvo abruptamente y volteó el cuerpo para observarlo—.Creo que jamás he podido y tal vez jamás pueda demostrarte lo que realmente significas para mi, porque nunca nadie me había importado tanto como tu. Se que es probable que no quieras saber ni escuchar nada que venga de mi, pero yo no descansaré hasta que seas libre…

—¿Libre? ¿Libre de qué? —le preguntó Valerie confundida.

—Libre de todas tus ataduras. Libre de aquellos que han estado en tu vida y te atan a un pasado que deberías dejar ir.

Sus palabras fueron como un balde agua fría para la vampira que quedó pasmada en el lugar.

—Tom…

—Es lo mínimo que puedo intentar —le respondió él con seguridad.

Valerie apretó los puños.

—¿Sabes lo que más me gustó de ti cuando nos conocimos? —añadió Riddle antes de que ella pudiera hablar—. Que nunca me miraste con odio o con miedo, sino que simplemente quisiste conocerme y entenderme. Nunca te motivó estar junto a mi por mi poder y comprendí, muy tarde, que aquellos que están a tu lado sin dudar merecen ser protegidos. Y fue el miedo, mi miedo a abrirme a alguien, a sentirme débil ante tu presencia y el miedo a perderte lo que me hizo cometer tantos errores. Porque no me cabía en la cabeza que alguien pudiera amarme más allá de mi inteligencia o mi físico, que amara simplemente a Tom.

Antes de que Valerie pudiera preverlo, el mago se le acercó y acunó su rostro entre sus manos.

—No tengo forma de borrar lo que ocurrió en el pasado, pero buscaré enmendar el futuro. La vida humana es corta, frágil y volátil, pero mis ansias de poder y el deseo por ser inmortal me cegaron de ver el verdadero tesoro que se me presentó ante mi: tú —inclinó el rostro y besó la frente de la vampira con suavidad para después alejarse levemente y observarla a los ojos—. Te amo.

Y sin más se retiró dejando a Valerie petrificada en el lugar.


La tenue luz del sol que se comenzó a esconderse en el horizonte recibió a los presentes con un ambiente frío y poco amigable. A pesar de ello, todos se mantuvieron firmes y serios mientras el ataúd negro se movió sobre el suelo hacia el centro del patio.

El funeral de Walburga se realizó de manera emotiva, entre los más cercanos y sin dar a conocer el suceso dadas las circunstancias. Debido a la importancia que la figura de la bruja tenia en el mundo mágico, las razones de su fallecimiento iban a ser compartidas de manera más sutil para no llamar la atención en la sociedad, una recomendación que sugirió Dumbledore tras conversar con el Primer Ministro.

Durante la ceremonia, las miradas recayeron con mucha frecuencia en la figura de Valerie, la cual mantuvo el semblante tenso y la mirada perdida a medida que transcurrieron los minutos, sin embargo, Greyback se mantuvo a su lado todo el tiempo como su punto de apoyo, mientras que Vladimir estuvo de pie a escasos pasos de ella, en silencio.

Por otro lado, Draco fue el pilar de Abraxas que, por más que lo intentó, no logró esconder el dolor que crispó su mirada en el transcurso del funeral.

Cuando el ataúd comenzó a descender en el suelo, Valerie exhaló el aire que había acumulado y apoyó la cabeza en el hombro de Fenrir.

—¿Necesitas algo, lobita?

—Estaré bien —susurró ella.

—No necesitas hacerte la valiente conmigo —le respondió Greyback y la abrazó con cariño—. Eres una mujer fuerte y llorar no te hará ser menos ante mis ojos.

La vampira escondió el rostro en el pecho del hombre lobo, cerró los ojos e intentó controlar los sollozos que estaban en la punta de sus labios.

Vladimir observó como los hombros de Valerie se sacudieron y apretó los dientes, molesto. Si bien, hubiera preferido haber sido él quien estuviera abrazándola, dado el contexto no iba a discutir por detalles menores. Aun así, el hecho de ver a su pequeña, sufriendo, le era un suceso que sacudía su interior por completo y la necesidad de hacerla sentir mejor se volvía su primera prioridad. No debía, necesitaba hacer lo que fuera para vengar, proteger y asegurarle a Valerie que todo estaría mejor, porque nada ni nadie le continuaría haciendo daño, aun si para lograrlo tuviera que destruir todo a su paso.

—Una ceremonia conmovedora ¿no les parece? Le ofrecí a Walburga unirse a mi bando, pero he de señalar que tenía bastante clara su lealtad… Una lastima.

El cuerpo de Valerie tensó cada extremidad al escuchar esa voz, pero antes de que cualquiera pudiera siquiera moverse, Vladimir la tomó de la muñeca y se puso frente suyo como un escudo.

—Azriel… —murmuró el rey de los vampiros con su voz impregnada en odio.

—Ha pasado tiempo, viejo amigo