Capitulo siete
Rin se había quedado en su habitación a la espera de que su hermano terminara de hablar con su padre. No le gustaba discutir con él, pero le dolía mucho que no confiara en sus decisiones.
Mientras revisaba sus fotos y elegía algunas para publicar al día siguiente en Instagram, su hermano entró a su cuarto con una taza de chocolate.
-Katsumi me dijo que te vio llorando- comentó él mientras se sentaba a su lado-, ¿estás molesta con papá?
-Sí... no me gusta cuando no quiere escucharme- susurró la joven-. Normalmente es agradable, pero me pone triste que no quiera saber de las cosas que me gustan.
-Es porque papá es viejo- su hermano la abrazó por sobre los hombros- y él piensa de forma muy tradicional.
Rin asintió antes de limpiar las lágrimas de sus ojos.
-Me asusta eso, - confesó- quizás tiene a alguien en Osaka para que me case cuando termine la escuela.
Su hermano comenzó a reír por lo que ella sonrió en respuesta.
-No debes tener miedo, ¿está bien? Papá hoy estaba muy cansado y se ha desquitado contigo, pero no se lo tengas en cuenta.
-Ya lo sé: él es bueno y sí me quiere.
-Todos te queremos mucho, Rin, así que nunca pienses lo contrario.
Aquella noche Rin se durmió con una sensación incómoda. No le gustaba pelear con su familia, pero se sentía herida y no consideraba que había hecho algo malo como para pedir disculpas, pero era cierto que su padre era mayor y que debía tener más paciencia con él... se despertó cada cierto tiempo pensando que resolvería eso cuando él le volviera a llamar.
Al día siguiente Rin se levantó muy temprano, ya que recordó que había quedado de encargarse del almuerzo para aquel día de ensayos. Comenzó a preparar las cajas de almuerzo como su cuñada le había enseñado y decidió darle al de Sesshomaru una forma de iguana con el arroz y las verduras, mientras que la de ella tendría forma de oso panda y camarones apanados extra porque eran su favorito.
Cuando terminó de cocinar y de colocarse su uniforme se encaminó hacia la escuela con el bolso en que llevaba sus implementos de danza y uno más pequeño con los almuerzos. No obstante, aunque intentó darse prisa su compañero ya estaba de pie en la entrada esperándole.
-Llegas tarde.
-Son 15 minutos- se excusó Rin mirándole con los brazos cruzados sobre el pecho- y me demoré porque estaba preparando nuestro almuerzo ¡¿No quiere ver su caja?!
-No. Es raro que me prepares almuerzo.
-¿Por qué es raro? A mí me gusta mucho cocinar y no me molesta preparar almuerzo extra.
Sesshomaru entrecerró los ojos, ya que nadie nunca había tenido aquel gesto con él, por lo que no podía descartar que Rin hubiese escupido en la comida o le hubiese puesto algo en descomposición o laxante, por lo que se dijo que prestaría especial atención a la caja que ella quisiera darle.
Cuando entraron al salón en que habitualmente tomaban las clases del club de danza, Rin se sorprendió de lo amplio que se veía estando completamente vacío y de lo silencioso que era a esas horas del día.
-Rin, ve a cambiarte de ropa: tenemos mucho que ensayar...
-¡Sí!
La chica se alejó corriendo hacia los vestidores y se colocó su leotardo rosa, la faldita de gasa de color amarillo, unos calentadores en las piernas y llevó sus zapatillas de punta para atarlas cerca del escenario.
-Sesshomaru, ¿puedo preguntar algo?- Rin le miró mientras él elongaba inclinando su torso hacia su rodilla derecha mientras ambos permanecían sentados frente a frente con sus piernas extendidas.
-Dime.
-¿Cuál es tu obra favorita de ballet? - quiso saber Rin interrumpiendo su estiramiento.
-No tengo favorita.
-¿De verdad no te gusta ninguna? ¿Ni siquiera el lago de los cisnes?... A mí me gusta Gisselle, ¿la conoces?
-No, solo vi tu baile cuando llegaste aquí.
-¡Es preciosa! Es de una chica que se enamora de un señor que finge ser un campesino, pero en realidad es alguien importante, él promete que se va a casar con ella aunque es el novio de alguien más y cuando la chica lo descubre se vuelve loca y muere, pero su alma es capaz de perdonarle porque ambos sí estaban enamorados.
-Demasiado drama...- respondió él mientras se incorporaba- ¿por qué en lugar de hablar de ballet no me das tus manos?
Rin parpadeó perpleja, pero accedió ante la solicitud mirándole con una sonrisa. Sin embargo, en cuanto Sesshomaru tomó sus manos comenzó a jalarla hasta que su barriga tocó el suelo, obligándola a elongar.
-¡Oye! ¡No es justo!- protestó Rin intentando alzar su barbilla- Tú no me dejas ayudarte en tus estiramientos.
-Es porque hablas demasiado y no estabas estirando, además debes considerarte afortunada.
-¿Por qué? ¿Por qué mi estómago toca el suelo en la posición más incómoda del universo?
-No, porque no suelo ayudar a los demás en sus cosas.- Sesshomaru la miró como si lo que dijese fuese muy obvio, pero decidió soltar a Rin para que pudiese acomodarse a su gusto.
Rin decidió quedarse unos minutos más estirando de aquella forma.
-Es raro...- insistió ella una vez que ambos se pusieron de pie.
-¿Qué cosa?
-No tener ballet favorito, ya que si eres campeón nacional pensé que conocías muchas obras.
-Mejor vamos a ensayar, hay que dejar de perder el tiempo... ¿Trajiste las cintas?
-¡Sí!
El ensayo comenzó con un repaso de la coreografía, pero se quedaban inevitablemente entrampados en aquella parte de la danza en que ellos debían permanecer más cerca, unidos por la cinta. Se supone que debían darle forma a un cuadrado, pero cuando ambos intentaban salir del enredo creado por la cinta no lo conseguían y retrasaban el resto de la coreografía.
-Estás atando mal la cinta- declaró Rin mientras cortaba el tercer trozo de tela- o quizás debemos acercarnos un poco más para que tengamos más espacio para salir y armar el cuadrado.
-No, ya estamos muy cerca.
-¿Qué otra idea tienes?
-Vamos a intentarlo otra vez.
Rin frunció ligeramente el ceño, ya que se sentía cansada de que las cosas no resultaran, pero sabía que probablemente no estaban yendo bien por su causa: ella no era tan buena como Sesshomaru y quizás aquella parte de la coreografía no resultaba bien por su causa.
Ensayaron por al menos cuatro horas hasta que Rin comenzó a sentir mucha hambre y exigió tomar la hora del almuerzo. Ella no pudo contener su sonrisa cuando le ofreció su bento a Sesshomaru y porque tenía muchas ganas de comer los camarones apanados.
-¿Te gusta el almuerzo que hice?- preguntó Rin mientras comenzaba a beber de su jugo.
Sesshomaru entrecerró los ojos: ¿por qué ella estaba tan interesada en que comiera ese almuerzo que contenía la forma de una simpática iguana? Definitivamente debía haber algo extraño en la comida, por lo que no estaba dispuesto a arriesgarse.
-No puedo comer esto.
-¡¿Qué?! - exclamó ella sorprendida- ¡¿Por qué no?! Yo... lo hice con mucha dedicación...
-Porque hiciste una iguana: es como si me estuviera comiendo a Jaken, algo totalmente imposible...-Sesshomaru intercambió las cajas de comida para comenzar a comer con sus palillos- prefiero el oso.
Rin vio como frente a sus ojos se iban sus preciados camarones. Aquello definitivamente no era justo, pero tenía tanta hambre que comenzó a comer de inmediato sus verduras.
Sin embargo, sus ojos se abrieron de golpe cuando vio que Sesshomaru dejaba a un lado los camarones, como si no los quisiera, ¡como si los despreciara profundamente!
-¡¿Qué estás haciendo?!- preguntó ella mirándole con los ojos muy abiertos.
-Termino de comer.
El chico la miró sin entender porqué ella lucía tan sorprendida.
-Pero... ¡Te faltan los camarones! ¿Por qué los apartas de esa forma? ¿Qué te han hecho?
-Nada... pero soy alérgico.
-¡¿De verdad?!- Rin lo miró muy preocupada, ya que no quería que él tuviera una reacción alérgica por haber comido un trocito del marisco.
-Sí, así que nunca podré comer eso.
-Oh... entiendo...¿entonces puedo comerlos?
-Bueno.
Rin sonrió mientras pasaba los camarones a su cajita de comida. La verdad es que le habían quedado muy buenos y se sentía contenta por haberlos recuperado.
Sesshomaru, entre tanto, miraba a la chica de reojo: ella parecía muy contenta mientras comía y bebía de un jugo en caja. Rin parecía ser una buena chica y algo en él le decía que se atreviera a confiar en ella y a ser su amigo, después de todo, debía reconocer que ella parecía agradable.
Mientras terminaban de almorzar, Rin notó que tenía mensajes pendientes en su teléfono, por lo que se dedicó a responder y hablar con las otras personas.
-Tengo que hacer un trabajo de historia- dijo ella de pronto- ¿podemos parar el ensayo en un par de horas? Es que me reuniré con Kohaku en la biblioteca.
-Claro.
-¡Gracias!
El ensayo continúo con normalidad mientras ambos intentaban resolver el enredo que habían ocasionado con la cinta. La situación para Sesshomaru se había vuelto incómoda: estaban tan cerca que podía sentir el perfume de Rin a la perfección, por alguna razón había comenzado a contemplar la sonrisa de la joven y comenzaba a sentir un cosquilleo extraño en su interior, por lo que una vez que lograron solucionar el enredo, él decidió alejarse de la chica, quién le miró visiblemente confundida.
-¿Estás bien?- quiso saber Rin mientras enrollaba la cinta para guardarla- Aún falta media hora para que termine nuestro ensayo.
-Yo... sí. Tengo que irme, nos vemos, Rin.
-Pero...
Sesshomaru se alejó lo más rápido que pudo. No quería seguir prolongando aquel momento tan incómodo, además él, al igual que Rin, tenía mucho que estudiar en casa. Incluso tenía que alimentar a su iguana y pensar en qué hacer para la cena en caso de que su mamá no estuviera.
Rin se quedó sola, parpadeando extrañada ante aquel comportamiento, pero decidió que no iba a darle demasiada importancia: quizás había surgido un problema o algo por el estilo.
Ella decidió tomar un baño en los vestidores y cambiarse de ropa para usar su uniforme.
Mientras caminaba a paso lento en dirección a la biblioteca, pudo ver a Kagura sentada sola sobre una banca. La chica ya no llevaba su cabello de color rojizo, en cambio, ahora era negro y parecía que estaba llorando.
Rin sabía que eso no era su asunto, pero no le gustaba ver a las demás personas tristes y aunque esa chica no fuese en especial alguien amable, pensó que necesitaba un poco de ayuda.
-¿Por qué me estás mirando?- le preguntó la chica mientras limpiaba sus lágrimas rápidamente.
-Kagura, ¿estás bien?
La joven sonrió en una mueca que intentaba ser pura ironía.
-Seguramente te alegra todo lo que me pasó, ¿verdad?
-Yo no sé...
-¡Vamos, no puedes ser tan inocente! Seguramente estás feliz porque van a expulsarme del club de danza y quizás de la escuela.
-No lo entiendo...- Rin se sentó a su lado en la banca- ¿por qué dices esas cosas? Yo sé que no te agrado, pero no me gustaría que te expulsaran del club.
-¿De verdad no sabes que sucedió?- Rin negó con la cabeza- Te lo contaré porque vas a saberlo de todos modos: hay... hay un vídeo de mí haciendo... cosas con un chico, yo no quería, pero sus amigos me amenazaron y el problema es que después lo publicaron en internet y la escuela se enteró.
Rin se sentía sorprendida: ella nunca había tomado la mano de alguien y sospechaba que el video de Kagura era muy comprometedor como para que la escuela decidiera intervenir, aunque esperaba que eso fuera por ayudarla.
-¿Esto sucedió ayer?- Kagura asintió- Yo... no entiendo: si te obligaron, ¿por qué van a castigarte? ¡No es justo!
-Porque sería diferente si te hubiera sucedido a ti: tú luces tan angelical que es imposible que tengas pensamientos sucios, en cambio para mí esto es la gota que colma el vaso.
-Sigue sin ser justo.
Un grupo de chicos de último año pasó frente a ellas y de inmediato comenzaron a murmurar entre sí.
-Lo mejor que puedes hacer es irte- señaló Kagura antes de mirar en dirección de las personas que habían pasado-: si te ven hablando conmigo van a comenzar a pensar que haces lo mismo que yo y no serán amables contigo...
Rin se alejó sin mucho ánimo, pero pensando en cómo podría ayudarla: quizás podría decirle a su cuñada que hable con ella, después de todo siempre le había dado buenos consejos y era alguien muy buena.
-Rin, hola.
La chica parpadeó antes de notar que Kohaku ya había llegado. Le miró con una sonrisa mientras él habría la puerta de la biblioteca para que entraran. Aquel día no había nadie por lo que podrían conversar cómodamente mientras realizaban su investigación.
-¡Hola! Lo siento mucho por haberme perdido ayer- Rin bajó un segundo la mirada-, pero aún no me acostumbro a Tokio del todo: se me confunden los nombres de las estaciones del tren.
-No te preocupes, Rin. Lo importante es que pudiste regresar a casa segura- Kohaku le miró con una sonrisa antes de elegir una mesa para comenzar con su tarea-, de hecho tengo un regalo para ti.
-¿De verdad?
-Sí, espera un momento mientras lo busco- El chico comenzó a buscar entre su mochila- ¡Aquí está!
El joven le entregó el peluche de un gato de manchas blancas y negras que tenía a su alrededor una cinta de regalo de color rojo.
-¡Es hermoso!- exclamó Rin muy contenta ya que amaba recibir obsequios- ¡Muchas gracias! ¿Por qué lo compraste? No es mi cumpleaños.
-Es que lo vi y pensé en ti.
-¡¿De verdad?! ¡Muchas gracias!
-Esto Rin... yo... me preguntaba si te gustaría ir a tomar helado un día después de clases ¡Sé que es muy repentino y no nos conocemos mucho! Pero... sería agradable ir.
-¡Claro que sí!
Rin no pensaba que nada malo sucediera por ir a tomar helado con un compañero de clases. Además estaba segura de que irían Shippo, Shiori y los chicos del almuerzo, por lo que no sería una cita ni nada incómodo: era la oportunidad perfecta para estrechar los lazos con las personas que sentía, podían ser buenos amigos.
