La historia no me pertenece, es una traducción al español de la historia Quietus escrita por Seraphina Scribes. Por favor, cualquier comentario debe estar en los reviews del escrito en inglés. Si la historia les está gustando, háganselo saber. Dejo link correspondiente.

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Capítulo IX

Y con su partida,

Las flores están en duelo,

Pues, ¿quién habría predicho,

que la primavera se iría?

Como un silencioso fantasma,

Que nada puede ver,

Donde las pesadillas se forman

Sus sueños permanecerán,

¡Y el retoño en flor se marchita!

Tal como su ama,

Sola, a la deriva.

Sasuke se detuvo en el borde del agua, sus ojos parpadeando como carbón encendido. La superficie estaba serena, contrastando con la furia ciega que anidaba dentro de él. Había enviado aviso a todos los habitantes de su reino antes de la llegada de Sakura, aviso de que una mujer mortal residiría en su palacio y cualquiera que fuera lo suficientemente tonto como para siquiera pensar dañarla de alguna forma, tendría que responder ante la ira del dios de la muerte.

Las descuidadas sirenas claramente no habían escuchado la advertencia. Aun así, la sospecha sobresalía por debajo de su ira; no estaba en la naturaleza de las sirenas el engañar a una mujer. Era a los hombres humanos a quienes ellas despreciaban y buscaban llevar hacía su inminente muerte. Entonces, ¿por qué habían atraído a Sakura?

Sólo había una forma de averiguarlo.

—A la superficie —ordenó a las criaturas que acechaban en las profundidades del agua. Ellas residían en su mundo, así que estaban atadas a servirle por un juramento sagrado.

Observó el como las cabezas comenzaron a elevarse sobre el agua y reconoció al instante a la sirena rubia que se había atrevido a enseñarle los dientes como desafío. Sasuke la observó fijamente y ella lo miró con la misma intensidad.

—Gran Dios —ella se comunicó mentalmente. Sus acompañantes estaban cerca, pero era claro para él que ella era la líder de ese grupo de criaturas submarinas.

—Explica tus acciones —demandó con rudeza, yendo directo al problema. Sus ojos enviaron una amenaza adicional advirtiéndole que no agotara su paciencia fingiendo ignorancia.

La sirena rubia permaneció inalterada ante esa mirada. Indignada, respondió a la acusación silenciosa.

—No teníamos intención de lastimarla, Gran Dios. No nos atreveríamos jamás a desafiar tu autoridad.

Los ojos de Sasuke se entrecerraron. Tal como lo sospechó, debía haber una razón escondida detrás de lo que parecía haber sucedido.

—¿Y? —él presionó.

Ella intercambió miradas con otras sirenas, quienes tenían expresiones nerviosas plasmadas en esos rostros etéreos. Desde la periferia de su visión, pudo observar a una de ellas moviendo su cabeza frenéticamente a modo de negación, como si tratara de disuadir a su amiga de hacer, o decir, algo inapropiado.

Pero la rubia respondió sin ningún tipo de vergüenza.

—No le ocultaré nuestras intenciones, Gran Dios. Queríamos regresarla a la superficie.

Las otras sirenas chillaron y sus luminosos ojos turquesa volaron con ansiedad hacia la deidad de la muerte, que permanecía impasiblemente de pie, cerca de ellas. El rostro de Sasuke no mostró reacción alguna mientras procesaba lo que escuchó. Las sirenas, al igual que las ninfas, eran criaturas traviesas. ¿Qué motivo tendrían para hacer algo así?, ¿por qué querrían rescatar a Sakura?

—¿Por qué? —la voz de Sasuke era engañosamente tranquila cuando la cuestionó.

La sirena inclinó su cabeza, sus ojos bajando de igual forma como señal de disculpa que a él no le pareció genuina.

—He jurado silencio, Gran Dios.

Sus acompañantes jadearon conforme sintieron una caída abrupta en la presión del aire, reconociendo la inmensa y escalofriante aura de la terrible ira de Sasuke.

—Me responderás —Sasuke siseó. Electricidad blanca azulina comenzó a lanzar chispazos a su alrededor.

—He… hemos sido obligadas a permanecer calladas por otra deidad —una sirena de cabello blanco intentó razonar a pesar de estar temblando de miedo bajo el peso de la mirada desaprobadora de Sasuke.

—No podemos deshacer nuestro juramento, Amo…

—Ustedes residen en las aguas de mi reino —Sasuke estalló. La lealtad de esas criaturas era, sin lugar a duda, hacia él. ¿Las tontas se habían olvidado de eso? Su mente aguda procesó el conocimiento de que otra entidad las había instruido en la búsqueda de Sakura. ¿Quién sería?, ¿la madre de Sakura? Pero, ella no podría sostener ese tipo de poder sobre sus leyes. Sus pensamientos se detuvieron al considerar la única otra posibilidad. Había otro cuya orden podía anular la suya, la deidad que gobernada el elemento del cual las sirenas fueron formadas, el amo de los mares y océanos.

Ellas desviaron sus ojos, dando a entender que no podían cooperar. Las sospechas de Sasuke aumentaron. ¿Era inconcebible que el individuo que tenía en mente fuera el causante del intento hecho por las sirenas para regresar a Sakura a la tierra de los vivos? De no serlo, ¿por qué razón habría intervenido? Sasuke sabía que el dios del mar era tan travieso en naturaleza como las criaturas que estaban flotando frente a él, pero escoger deliberadamente el molestar al gobernante del inframundo era en realidad una muy mala decisión.

Él sabía que era probable que las mujeres acuáticas ya hubieran informado a su rey de la ubicación de Sakura en el inframundo, lo que indicaba que Sasuke no podía darse el lujo de desperdiciar tiempo verificando si el dios del mar era en efecto el responsable de ese intento de rescate. Y si su instinto estaba en lo correcto, entonces muy pronto debería esperar recibir un visitante molesto, un visitante que demandaría que se hiciera responsable por lo que estaba por suceder.

—Así que no hablarán —dijo él con calma, despacio.

La sirena rubia lo miró descaradamente. Su silencio lo decía todo, dándole la respuesta definitiva. La iracunda mirada de Sasuke observó al resto, flotando en la resplandeciente superficie verde azulada.

—Perdónenos, Gran Dios —otra sirena habló, teniendo el sentido de parecer sinceramente arrepentida.

Un tenso silencio siguió mientras esperaban con aprehensión a la respuesta del dios. Vino rápido y sin advertencia, en la forma de chispeantes y furiosos rayos de energía blanca azulada. Los chillantes sonidos de electricidad resonaron ensordecedoramente dentro de la cueva, mezclándose de manera espeluznante con los agonizantes alaridos agudos de las horrorizadas sirenas.

Sasuke observó con frío desapego el cómo las aguas cristalinas ante él se tiñeron de un rojo intenso, un color mortal que reflejaba la furia latente en sus ojos.

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La pared interna del dosel bordado en oro apareció en la visión de Sakura conforme abrió los ojos. Parpadeó con confusión por un minuto. Entonces su corazón se hundió hasta su estómago conforme su adormilada mente recordaba donde estaba, arrastrando cualquier resto de esperanza de que ella estuviera atrapada en una horrible pesadilla. Estaba en el dormitorio que Sasuke le asignó, aún prisionera de su palacio.

Su cuerpo se sentía agradablemente tibio y miró abajo para encontrar que estaba cubierta por una suave y gruesa manta color bronce. La sutil esencia de lavanda llegaba a su nariz. Eso hizo que su estómago gruñera y Sakura se sintió abrumada con el hambre extrema que sentía, pero aún peor era la insoportable sed en su garganta. ¡Cómo anhelaba un poco de agua! Despacio, Sakura se sentó, empujando los cobertores a un lado, pero bajó la vista para observarse a sí misma con confusión. Llevaba puesta una delgada bata de encaje blanco. Sus cejas se elevaron con duda. ¿No había llevado puesta una bata plateada cuando salió del cuarto de baño?

Su respiración se detuvo en cuanto recordó los eventos sucedidos antes de quedarse dormida. Había estado explorando los hermosos jardines del palacio y había sido guiada a una cueva por una extraña joven de cabello color plata y flores en su cabello. Había entrado en la caverna de paredes verdes y había escuchado a mujeres encantadoras cantando una melodía que ella reconoció como una que su madre siempre le había tarareado cuando era niña. Le habían dicho que la regresarían a la superficie y ella las dejo llevarla a las aguas, y entonces…

Sakura no podía recordar qué pasó después. Debió quedarse dormida. Pero eso no explicaba cómo es que estaba de nuevo en su habitación. ¿Quién la había llevado y, algo más importante, quién la había cambiado de ropa? Incluso su cabello estaba perfectamente seco, cayendo como una sedosa ola a su alrededor. Se sintió perturbada y ultrajada. Quitándose de encima el resto de los cobertores, Sakura se levantó con su cabeza punzando. Tenía que regresar a esa cueva, tenía que estar completamente segura de que no se lo había imaginado. Moviéndose hacía el guardarropa, sacó una túnica de satín color púrpura y la colocó alrededor de su delgado cuerpo. Las puertas dobles se abrieron conforme Sakura se acercó, y ella se quedó quieta cuando se encontró viendo a Chizu y Ume, quienes estaban igual de sorprendidas que ella.

—¡Ama! —exclamó Ume— ¡Ha despertado!

—¿Se encuentra bien? —Chizu preguntó con preocupación. Estaba sosteniendo una pequeña bandeja plateada con un plato dorado que contenía una humeante sopa. Junto a esta se encontraban algunas hogazas de pan con mantequilla. Ume sostenía una jarra llena de lo que parecía ser agua fría.

Todo hizo que se le hiciera agua la boca, pero ignoró el delicioso olor de la comida y se concentró en las dos mujeres.

—¿Quién me cambió de ropa? —reclamó. Su corazón latía rápidamente mientras ella esperaba que no le dijeran justo aquello que no quería escuchar.

—Discúlpenos, señorita. El amo la trajo aquí y usted estaba empapada. Temimos que enfermara por eso —Chizu habló.

Los labios de Sakura se abrieron con asombro.

¿Sasuke?

¿Sasuke la sacó del manantial? Eso significaba que ella en definitiva no había soñado el encuentro con esas hermosas y sobrenaturales mujeres cantantes. Aunque saberlo la hizo sentirse aún más inquieta. ¿Cómo es que sabían la canción de su madre? Recordaba las luces flotando en los jardines; sacudió su cabeza despacio. ¿Cómo podía existir ese tipo de magia? Su mente racional estaba luchando para aceptarlo. ¿Era tal vez una ilusión? No, se dijo en silencio, todo lo que estaba pasando era aterrador y demasiado vívido para ser otra cosa que no fuera la realidad.

—Nosotras le cambiamos de ropa —Chizu dijo. El alivio se extendió por todo el cuerpo de Sakura. Por un horrible momento, había temido que hubiera sido Sasuke quien la hubiera desvestido. De hecho, era lo que sentía que él hacía cada vez que la miraba.

—La señorita debe tener hambre…—Ume comenzó a hablar con timidez—. Le hemos traído un poco de…

Pero Sakura no le dio la oportunidad de terminar. Caminó distraídamente al rodearlas y se apresuró a las puertas.

—¡Ama! —Chizu la llamó con desesperación—. Por favor…

—¡No me quedaré aquí! —Sakura exclamó. Tenía que regresar a la cueva, averiguar cómo era que esas mujeres conocían a su madre. Necesitaba respuestas y ya que Sasuke obviamente se negaba a darle explicación alguna, ella tenía que recurrir a sus propios medios para averiguar lo que pudiera, como pudiera.

Su estómago gruñó en protesta. Las punzadas estaban comenzando a ser difíciles de ignorar y Sakura supo que necesitaría agua muy pronto. Tenía que encontrar la forma de no sucumbir ante el hambre. No comería nada de ese lugar. Probablemente estaba envenenado o tendría algún efecto negativo sobre ella, aún si sus ayudantes y captor le aseguraban lo contrario. No podía confiar en nadie en ese nuevo lugar, en nadie mas que en sí misma.

Haciendo a un lado las llamadas de Chizu, se apresuró a salir de la habitación y corrió en la dirección de los extensos jardines. Sus sentidos se maravillaron de nuevo en cuanto volvió a entrar. Los blancos árboles no dejaron de ser impresionantes ni las luces dejaron de ser cautivantes. Pero Sakura no se detuvo a admirarlos como lo hizo antes. Se apresuró directo a la cueva y estaba sin aliento una vez que llegó ahí. Al momento en que puso un pie dentro, supo que había algo mal. Las luces que iluminaban las paredes se habían desvanecido y no pudo escuchar el calmante sonido del agua cayendo en cascada. Todo estaba mortalmente silencioso. Bajó el espiral del camino, casi tropezándose en su afán de llegar a la base. Lo que vio cuando llegó al fondo y se asomó por el límite de la roca hizo que su corazón se desplomara dentro de ella.

La cristalina y hermosa agua se había congelado. Estaba encapsulada bajo una gruesa capa de hielo impermeable. La cascada también se había cristalizado, formando espectaculares formaciones dentadas contra las paredes. Los ojos de Sakura recorrieron la superficie con asombro. ¿Qué era lo que había pasado?, ¿ha donde se habían ido las jóvenes?

Algo brilló en la parte más lejana de su visión izquierda, algo dorado. Un harpa, Sakura notó, estaba tendida ya rota sobre la superficie del hielo, sus cuerdas sueltas. La vista envió un temblor a su espina dorsal.

No, pensó. Sus manos se elevaron a su cabeza en una demostración sin sentido del pánico que se apoderó de ella. Su única pista potencial se había esfumado. ¿Qué haría ahora? La respuesta que llegó a ella hizo que su corazón latiera descompasadamente. Había sólo una persona que podía responder todas sus preguntas, y era precisamente la persona que había estado tratando de evitar a toda costa.

Pero no era tonta. Sabía que era inevitable. Tenía que hablar con Sasuke de nuevo, y hacerlo bien esta vez, sin asustarse o desconcertarse hasta romper en llanto. De seguro era la única forma de adquirir algo de información sobre su desafortunada situación. Con una última y decepcionada mirada al manantial congelado, Sakura se movió hacia el camino en espiral y subió a los jardines. Al entrar a la primera sección y aproximarse a las escaleras que llevaban de nuevo al palacio, se detuvo de repente y dejó de respirar. De pie al tope de las escaleras, en todo su esplendor, estaba no otro mas que Sasuke. El cuerpo de Sakura se tensó en el instante en que sus ojos cayeron sobre ella. Había tenido intención de reunir sus ideas antes de confrontarlo; no se había esperado encontrarlo enseguida.

Por un largo momento se limitaron a mirarse en silencio. Sakura estaba perturbada por cómo su corazón latía tan fuerte y rápido. El solo mirarlo hacía que su corazón palpitara sin control dentro de ella; de miedo, se dijo a sí misma, era sólo miedo. Pero no permitiría que el miedo a él la frenara de conseguir respuestas esta vez. Abrió su boca para decirle algo, pero Sasuke habló primero.

—No prestes atención a la canción de una sirena.

Sakura se detuvo antes de emitir sonido.

¿Sirenas?

Había leído sobre ellas en libros de mitología y fábulas antiguas. ¿Acaso él estaba sugiriendo que de hecho eran reales? Podría haberse reído con la ironía de todo eso; el cómo una chica como ella, que siempre había soñado con conocer a las criaturas mágicas sobre las que tanto había disfrutado leer, estaba viviendo una fantasía secreta. Excepto que sus fantasías se habían vuelto horribles pesadillas, y Sasuke, quien ella aseguraba era la personificación de la oscuridad, representaba cada una de las cosas que ella temía.

Su captor comenzó a bajar las escaleras, sus gráciles movimientos seguros y certeros.

—Querían ahogarte —añadió viéndola con una intensidad que casi sugería que no podía desviar la mirada.

Y, para su terror, Sakura tampoco podía desviar la suya, no con las luces flotantes viajando sobre su rosto, enfatizando sus exquisitos y refinados rasgos. Él era extremadamente perturbador, sí, pero también asombrosamente apuesto.

Excelentes genes, Ino hubiera dicho. El rápido pensamiento sobre su mejor amiga hizo que Sakura despertara de su estupor y se decidiera a completar su tarea.

¿Las mujeres cantantes habían querido ahogarla? Pero habían mencionado a su madre. ¿Había sido sólo un engaño para atraerla hacia las aguas?, ¿o ella tan sólo había malentendido?

—¿Qué les pasó? —ella cuestionó nerviosamente, forzándose a mantenerse firme conforme Sasuke daba el último paso en la escalera y comenzaba a caminar hacia ella. Parte de ella temía la respuesta que podría recibir, pero necesitaba saberlo.

Su pulso se aceleró cuando sus ojos viajaron apreciativamente sobre ella. Se sintió vulnerable y muy consciente de sí misma bajo esa intensa mirada. Después de otra larga pausa, él respondió.

—Olvídalas —dijo de manera cortante.

Sakura sintió la frustración comenzar a crecer en ella de nuevo. ¿Por qué no respondía ninguna de sus preguntas? ¿Por qué parecía creer que tenía algún tipo de derecho para dictar lo que ella podía descubrir o no? Quería saber que les había pasado a esas jóvenes. Sasuke, sin embargo, estaba claramente decidido a dejar pasar el asunto.

¿Por qué?

Un repentino pensamiento llegó a ella. ¿Acaso él les habría hecho algo? La incertidumbre le susurró eso mientras ella levantaba la mirada para verlo, tratando de encontrar alguna pista sobre lo que pensaba. Pero era imposible, su expresión era completamente indescifrable.

Estás siendo ridícula, Sakura, se regañó a sí misma. ¿Cómo podía Sasuke congelar agua? Pero pensó en todas las demás cosas mágicas y sobrenaturales que había visto al despertar en el inframundo, todas las cosas que las leyes de la ciencia clamaban eran inexistentes. ¿Era tan atrevido el pensar que Sasuke tenía… ciertas habilidades también?

Ella tragó pesadamente, luchando con la abrumadora urgencia de retroceder y poner algo de distancia entre ellos conforme él se acercó a un brazo de distancia. Cada músculo en su cuerpo se paralizó mientras él comenzó a rodearla, como un majestuoso halcón cazando a su temblorosa presa. Lamiendo sus labios, ahora secos, Sakura se enfocó en las preguntas que estaban en su cabeza. Necesitaba mantenerse controlada.

—Estuviste en el festival —ella comenzó a hablar, maldiciendo por dentro la manera en la que su voz titubeó cuando habló. Pero no podía evitarlo. Su cuerpo estaba demasiado consciente de su presencia mientras él se movía detrás de ella. Era como si una carga estática se hubiera manifestado en el espacio entre ellos.

—Sí —afirmó fríamente, su líquida voz como acero envuelto en terciopelo. Ella suprimió un temblor debido a lo cerca que él estaba, el cómo parecía no tener ningún sentido del espacio personal. Como si tuviera todo el derecho del mundo de estar tan cerca de ella.

No pienses en él, se dijo a sí misma, fijando su mirada en las flores de color blanco como la luna que estaban frente a ella.

Tan solo concéntrate en obtener respuestas.

—Estabas esperando —dijo casi como un suspiro cuando ella encajó las piezas sobre todo lo que estaba segura de que sabía, en un intento de construir un cuadro más completo sobre cuáles eran, con exactitud, los motivos de Sasuke.

Su silencio confirmó sus pensamientos. Lo había sabido, pero no por eso fue más fácil aceptarlo. Él había operado ese carrusel con el propósito de atraerla. Él debió saber que ella iría y lo más probable es que hubiera intentado secuestrarla en ese momento, pero Ino y Sai habían llegado justo a tiempo para intervenir. Sakura dejó de respirar.

Sai.

Su dibujo le había mostrado un campo de flores. Y esa noche, cuando él e Ino la habían encontrado, él había parecido preocupado, y de alguna forma, distraído. Su mente se aceleró. ¿De alguna forma él había sabido lo que iba a pasar? Y si fue así, ¿había alguna forma de que él pudiera informarle a su madre? La esperanza creció dentro de ella, pero la frenó. No había manera de saber con certeza si Sai sabía algo de antemano.

—Y… el campo de flores… ¿cómo hiciste eso? —ella habló con dificultad. ¿Cómo es que él había partido el suelo?, ¿cómo había sabido dónde encontrarla? ¿Era siquiera humanamente posible que él hubiera hecho alguna de esas cosas?

Una repentina posibilidad la asaltó, una tan absurda que casi quiso reírse histéricamente. No podía siquiera considerar que estaba pensando que el hombre que estaba rodeándola no era completamente humano. Había visto demasiadas películas sobrenaturales con Naruto en esos últimos meses. Ella las odiaba, pero Naruto siempre la veía con esos enormes ojos de cachorro, así que ella siempre se encontraba cediendo ante su petición.

¿Pero qué otra explicación había? ¿Cómo podía Sasuke haber sido el causante de un desastre natural? A menos que fuera una loca coincidencia (y no podía ser) porque Sakura estaba definitivamente en el subsuelo. Lo había visto con sus propios ojos. Y estaba segura de que había caído a un precipicio. Aún recordaba la manera en la que su corazón había saltado cuando la tierra se partió como arena movediza bajo sus pies.

Sasuke se detuvo detrás de ella. Él pudo ver la manera en que sus hombros temblaban ligeramente, podía percibir su perplejidad. Ella había logrado comprender lo suficiente como para asumir que algo no estaba completamente bien respecto a él, pero su mente todavía no lograba precisar qué. Él jugó con la idea de decirle, de ponerle fin a su miseria. Por otro lado, su confusión era algo entretenido, y él quería ver qué tan lejos podía llegar con sus propias conclusiones.

—¿Cómo puedes vivir aquí? —ella dijo descartando el misterio de cómo él había causado el terremoto y saltó al siguiente tópico.

Hubo una breve pausa. Entonces Sasuke habló.

—Es mi dominio.

¿Su dominio? Lo hizo sonar como si él fuera algún tipo de rey. Pero, ¿que tipo de rey residía bajo tierra?, ¿y con la compañía de nada menos que gente muerta?

A menos que… la mente de Sakura se congeló. A menos que él, ¿también estuviera muerto?

No, pensó. Eso era ridículo y no tenía ningún sentido; si Sasuke estuviera muerto, se parecería a la gente espiritual que ella había visto junto al río. Además, el dedo que él había usado para recorrer su rostro había sido sólido. A pesar de estar segura de que su captor estaba vivo, Sakura no pudo evitar preguntarlo.

—¿Estás… tú estás… —luchó por decir la palabra final—, muerto?

Por unos cuantos horribles segundos él permaneció quieto. El corazón de Sakura comenzó a galopar con fuerza. Ni siquiera se atrevía a respirar, su horror aumentando con cada segundo de su silencio.

—Gobierno a los muertos. No soy uno de ellos —él dijo finalmente.

Ella exhaló despacio, su mente trabajando para procesar la poca información que le estaba dando. ¿El gobernaba a los muertos?, ¿qué quiso decir?, ¿podía gobernar sobre espíritus? Sobrepasada por la confusión, giró lentamente su cabeza para verlo. Él estaba viéndola con ojos que eran sobrenaturalmente brillantes bajo el fulgor de las luces flotantes.

—¿Qué significa eso…? —Sakura preguntó en un susurró, con sus ojos muy abiertos mientras observaba los rasgos en su rostro. La belleza de sus facciones era embrujante, y al mismo tiempo tan fría y distante. Él se encontraba parado tan cerca, y ella sabía que debía moverse, pero de alguna forma no pudo. Se encontró ansiando cada una de sus respuestas, esperando aprender más.

—Lo entenderás —Sasuke parpadeó y luego habló. Su respuesta fue corta y críptica.

Sakura sacudió su cabeza. Esa no era la respuesta que quería. Y aún tenía tantas preguntas. Su mente estaba saturada, y todas las preguntas a las que desesperadamente deseaba tener respuestas se arremolinaron y salieron de su boca.

—¿Qué son estas luces? Esas mujeres que cantaban, ¿cómo sabían la canción de mi madre?, ¿cómo fue que se congeló el manantial?, ¿cómo es que hay estrellas en el cielo si estamos bajo tierra?, y esos botes, ¿a dónde llevan? —habló en voz baja, y después añadió la pregunta que más la inquietaba —. No entiendo, ¿por qué me trajiste aquí?, ¿por qué me estás haciendo esto?

Sasuke se mantuvo en silencio. Su atención se vio desviada por su comentario acerca de las sirenas cantando una canción que ella aseguró le pertenecía a su madre. Decidiendo que consideraría las implicaciones de esto una vez que estuviera solo (porque le era imposible contemplar el asunto con Sakura tan cerca de él), habló.

—Te responderé… si comes.

Sakura inhaló rápidamente. Él había arruinado su vida por completo, y ¿aun así tenía el descaro de demandarle algo? Ella retrocedió. Lanzándole una mirada incrédula, le gritó.

—Tú me secuestraste. No puedes esperar que yo… No soy… —ella luchó por encontrar las palabras necesarias a pesar del peso de su mirada, después volvió a hablar—. ¡No voy a comer nada hasta que no me des una explicación!

Algo increíblemente hostil cruzó sus ojos negros y la temporal valentía de Sakura se esfumó. De inmediato, Sasuke estaba avanzando hacia ella y una alarmada Sakura retrocedió velozmente, tratando de mantener más espacio entre ellos.

—¿Con qué fin, Sakura? —él siseó, poniendo mucho énfasis en su nombre. La forma en la que su lengua pareció acariciarlo envío una sacudida de terror a su espalda —. Abstenerte de comida y agua no va a matarte —hizo una pausa antes de añadir—, no puedes morir a menos que yo lo permita.

—¿Qué…? —Sakura trató de hablar, incapaz de articular otra cosa. La sofocante intensidad de sus ojos estaba dificultándole el pensar. ¿No podía morir a menos que él lo permitiera?, ¿qué significaba eso siquiera?

En un movimiento más rápido de lo que ella pudo anticipar, Sasuke avanzó y cerró el poco espacio que había entre ellos. Ella sintió algo frío atrás de su cuello; su mano estaba colocada ahí, ella notó ya muy tarde. El contacto de piel con piel hizo que perturbadores cosquilleos radiaran por todo su cuerpo. Trató de retroceder, de liberarse de su agarre, pero era como si sus traicioneras piernas se hubieran congelado y ella ya no podía moverlas. Recordó que tenía unos brazaletes dorados alrededor de sus tobillos y sintió la histeria elevarse a través de la máscara de compostura que había intentado tan desesperadamente mantener en su lugar mientras se preguntaba si esos adornos eran los responsables de su repentina inhabilidad para controlar sus pies.

El rostro de Sasuke bajó a centímetros del suyo, causando que el oxígeno se quedara atrapado en sus pulmones.

—Si te quisiera muerta, Sakura —él dijo, leyendo el temeroso pensamiento en sus ojos—. Lo estarías.

El corazón de Sakura estaba latiendo imposiblemente rápido, sacudiendo su cuerpo con cada latido. Lo aterrador era que ella creía completamente en lo que dijo. Sasuke parecía el tipo de persona sin piedad, alguien que no tenía ningún reparo en matar gente. Y eso la aterró más que cualquier cosa. Estaba imposibilitada para desviar la mirada de sus cautivantes ojos. La consumían, la ahogaban y la dejaban sintiendo asfixiada. Apenas podía respirar, consciente de los pequeños suspiros que la dejaban en cortos jadeos. Y estuvo dolorosamente consciente de su proximidad en cuanto él deslizó un brazo alrededor de su cintura y la acercó a él con firmeza; sus ojos jamás abandonando los suyos. Las manos de Sakura comenzaron a moverse por instinto con la intención de empujarlo, pero lo que pasó después fue algo borroso. Un momento estaba parada junto a Sasuke en el jardín, y al siguiente había sido transportada, de nuevo al interior del palacio.

Sakura dio un pequeño grito de alarma y retrocedió rápidamente para alejarse de él, sus piernas respondiéndole de nuevo. Ahora estaba en el salón de banquetes. ¿Cómo fue que Sasuke los había transportado así? Ella no había percibido nada, tan solo un rápido y pequeño viento. Su cabeza giró y ella volvió a verlo, con su mente demasiado abrumada como para formar una oración coherente.

De repente la noción de que Sasuke no era completamente humano dejó de parecerle ridícula. Y cuando él comenzó a avanzar hacia ella, sintió el primitivo y abrumador instinto de correr; la necesidad de una presa de huir de su depredador.

—¿Cómo fue que…? —ella jadeó con histeria—. ¿Cómo hiciste eso?

Él no respondió, tan sólo siguió avanzando. Algo sólido se encontró contra la parte trasera de los muslos de Sakura, y ella perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre algo acolchonado. Una silla, notó; Sasuke la había forzado a retroceder hacia una de las dos sillas en el lugar. Ella la escaló, elevando sus rodillas de manera defensiva hasta su pecho, como si fuera una barrera que pudiera protegerla de él. Pero Sasuke la acorraló, con una mirada amenazadora, inclinándose hacia adelante y colocando sus manos firmemente sobre los descansa brazos, atrapándola en su asiento.

Bajando su rostro de manera que estuviera de nueva cuenta a centímetros del de ella, habló con completa autoridad.

—No te irás de esta habitación hasta que hayas comido.

Sakura tragó con pesadez. Los ojos que la veían ardían más que las velas en sus candelabros, puestos en la mesa detrás de ella. No pudo hacer nada más que mirarlo en shock, y su corazón dio un vuelco violento cuando la mirada de Sasuke se concentró en examinar sus labios. Por un horrible momento estuvo petrificada ante la idea de Sasuke inclinándose hacia ella, preguntándose frenéticamente cómo podía escaparse, pero de pronto la cabeza de él se movió distraídamente a la izquierda y pareció escuchar algo, aunque fuera por unos segundos. Entonces, sin decir nada, se enderezó y rodeó su lugar.

Sakura liberó la respiración y contó hasta cinco antes de voltear sobre su silla, sólo para descubrir que él ya había salido del lugar.

Ni siquiera lo había oído cerrar la puerta tras de él.

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Cuando Ino por fin se arrastró fuera de la cama y observó su reflejo en el espejo, vio a una joven de cara pálida con ojos rojos y círculos oscuros alrededor de ellos. No había dormido nada la noche anterior, ¿cómo podría cuando su mente estaba llena de culpa y preocupación por el bienestar de su mejor amiga desaparecida? Sus tortuosos pensamientos le evitaron tener algún tipo de descanso. ¿Sakura estaba bien?, ¿dónde estaba en ese momento? Ino desesperadamente necesitaba saberlo, pero Sakura llevaba ya 15 horas desparecida y nadie parecía haber escuchado nada sobre ella. La policía había ido nuevamente para volver a recaudar información en cuanto la madre de Sakura se había ido la noche previa, y habían prometido que la buscarían exhaustivamente. Pero parecía que no había progreso alguno, y eso frustraba a Ino infinitamente. Estaba lista para arrancarse su hermoso cabello debido a la pena.

¿Cómo es que nadie encontró ni un rastro de Sakura? Era absurdo. De seguro los perros policía debieron haber detectado algo, ¿no? ¿Cómo podía simplemente haberse desvanecido como si nada?

Ino sintió que lágrimas de desesperación aparecían en sus ojos y se forzó a cerrarlos para evitarlas. Se suponía que ella era la fuerte. Si Sakura pudiera verla ahora, ver el tembloroso y ansioso desastre al que se había reducido, no lo creería. Porque la verdad era que Ino dependía de Sakura también. Su sensible mejor amiga era la persona que la mantenía con los pies en la tierra. Y no saber dónde estaba, si estaba viva y bien, lastimaba a Ino más que nada.

Después de lavar sus dientes y cara, Ino salió del baño conjunto a su habitación y tomó su teléfono morado. Su corazón se hundió al ver que los únicos mensajes que había recibido eran de unas preocupadas Tenten y Hinata, preguntándole si sabía algo nuevo. No lo sabía. Eran casi las 10:30, en un día de escuela. Pero Ino ya había decidido que no asistiría. ¿Cómo podría concentrarse en cualquier otra cosa? Tan solo pensar que hace 24 horas, Sakura aún estaba con ellas…

Ya basta, se regañó y tragó con pesadez. Deja de pensar en ella en tiempo pasado. Ella está por ahí, y la van a encontrar.

Tenía que creer que Sakura estaba bien. Porque creer otra cosa era demasiado preocupante, enfrentándola a una realidad que no podía manejar. Comenzó a cambiarse de ropa de forma automática, con su mente tan preocupada que al inicio no escuchó a su padre tocar la puerta.

—¿Ino?

Ino parpadeó y salió de su propia mente.

—¿Eh?, ¿papá?

—¿Ya estás levantada?

—Sí —dijo, como si en realidad hubiera dormido algo —. Me estoy vistiendo.

—Baja para desayunar algo cuando termines. Tienes una visita.

Ino abrió la boca para preguntar quién era, pero los pasos de su padre ya estaban alejándose y bajando. No creía soportar comer algo, pero era dulce de parte de su padre el prepararle algo. Terminó de cambiarse rápido y aseguró su cabello con su típica cola de caballo antes de salir de su habitación. Conforme se apresuró a bajar las escaleras, se preguntó quién podría estar esperándola. Su corazón aleteó como ave enjaulada cuando entró a la cocina y encontró a no otro que Shikamaru sentado en la mesa. Un plato con el desayuno había sido puesto frente a él, y el pulso de Ino se aceleró cuando sus ojos la vieron.

—Ino —la saludó con un asentimiento.

—Shikamaru, hola —ella dijo, confusa por su inesperada visita. Ni siquiera lo había escuchado llegar, y estaba segura de que había estado despierta toda la noche—. ¿Cuándo llegaste?

—Hace unos 20 minutos —Inoichi respondió, colocando en la mesa otro plato con comida caliente para Ino, justo frente a Shikamaru. Él le señaló que se sentara. Ella lo hizo, y cuando Shikamaru volvió a tomar sus palillos, Ino sintió su estómago rugir. Tal vez sí podía comer algo después de todo.

—¿Papá? —Ino notó que su padre no estaba sirviéndose nada —. ¿Tú no vas a comer también?

—Ya lo hice —su padre respondió—. Ustedes coman. Tengo que hacer una llamada. Si me disculpan.

Shikamaru le dio las gracias a Inoichi antes de regresar su atención a Ino. Era la primera vez que él la miraba con tanta atención, y el corazón de Ino estaba listo para salirse de su pecho. Él era apuesto y tenía una actitud de "la verdad no me interesa lo que pienses". Y eso era emocionante para ella.

Estaba feliz de sólo verlo comer, así que lo cuestionó rápidamente.

—¿Hay noticias?

Shikamaru sacudió la cabeza y tomó un bocado de su plato de arroz.

—Nada.

La felicidad de Ino al verlo se desplomó al momento. Enterró su rostro en sus manos antes de hablar con dificultad.

—¿Cómo pudo sólo desaparecer?

—En definitiva, es sospechoso —Shikamaru concordó—. Y esos problemáticos oficiales no saben siquiera dónde buscar.

Ino lo miró a través de los dedos de sus manos.

—¿Y entonces qué vamos a hacer?

Shikamaru señaló el plato frente a ella con sus palillos.

—Tú vas a comer. No ayudaras a Sakura si estás hambrienta y soñolienta.

Ino se estremeció. ¿Era tan obvio que no había dormido? Pensó que su maquillaje lo había cubierto muy bien. Pero ella sabía que el dueño de su afecto no estaba hablando de su apariencia. No se necesitaba ser genio (algo que Shikamaru sí era) para notar que la mejor amiga de Sakura no había tenido ni un minuto de sueño desde que ella desapareció.

Tomó sus palillos sin mucho ánimo y comenzó a remover la comida en su plato. ¿Qué motivos tendría el atacante de Sakura para dañarla o secuestrarla? Además del obvio hecho de que Sakura era exóticamente hermosa. Sus temores inmediatos de que Sakura hubiera sido violada habían sido desechados por la evidencia de que no se encontraron pistas de lucha, o ropa o sangre derramada. Al menos no había sido atacada sexualmente en ese bosque, pero, ¿quién podría decir que no la habían llevado a otro lado, atada, antes de que algún pervertido se hubiera aprovechado de ella?

Ino tragó con pesadez, cualquier remanente de apetito se desvaneció ante esos pensamientos. Las lágrimas comenzaron a borrar su visión y trató desesperadamente de suprimirlas. ¡No podía llorar frente a Shikamaru! Pero el hecho de que era justo él quien estaba sentado frente a ella pareció hacer todo peor y se sintió completamente patética conforme el tibio líquido se deslizó por sus mejillas. Limpió sus lágrimas con fuerza, tratando de minimizar el daño que habían hecho a su ya característico confiado exterior.

Shikamaru dejó sus palillos y la observó en silencio.

—Ino —comenzó a hablar despacio.

—Lo siento —la voz de Ino tembló—. Es sólo que estoy tan preocupada. Se me pasará pronto.

Él suspiró y bajo su mirada, como si verla en ese estado lo pusiera incómodo.

—Vine a preguntarte sobre el Festival.

Él no mencionó que además de eso, había ido para asegurarse de que la joven mujer sentada al otro lado de la mesa estuviera bien.

—¿Qué hay con el Festival? —ella preguntó entre suspiros por el llanto.

Los ojos de Shikamaru regresaron a verla.

—Dime exactamente dónde encontraste a Sakura después de que dejó el centro del parque.

Ino lo miró con confusión. ¿Por qué preguntaba eso?, ¿qué relevancia había con los eventos de esa noche y la situación de Sakura?

—Estaba sola, junto a algún tipo de carrusel —respondió de todas formas.

—¿El juego estaba operando?

—No —Ino frunció el ceño.

—¿Entonces qué estaba haciendo ella ahí?

—No lo… —Ino jadeó, de repente llegando a su mente que ni siquiera se le había ocurrido preguntarle a Sakura el qué estaba haciendo ahí. Había estado tan distraída en su propia nube romántica cuando la llevó de regreso a su casa que ni siquiera había parecido notar lo preocupada que se veía su amiga. Era curioso, pensó Ino, el cómo recordaba eso ahora —. No le pregunté —terminó de hablar en casi un susurro.

—Estabas con Sai cuando la encontraste —Shikamaru continuó, como un oficial de policía verificando la validez de las declaraciones.

—Él me ayudó —Ino dijo asintiendo. Ahora que lo pensaba, era como si Sai hubiera sabido exactamente dónde buscar. ¿No era eso raro también?, ¿o estaba volviéndose irracionalmente paranoica?

—Pero Sai no regresó contigo.

—¿Eh? —Ino parpadeó en su dirección, sintiéndose aún más torpe —. No, él… —su voz se apagó conforme recordó que habían dejado a Sai atrás—. Probablemente se fue por su cuenta después de nosotras.

—Pero no estás segura —Shikamaru preguntó mirándola con intensidad. Ella sacudió su cabeza con incertidumbre.

—Shikamaru, ¿a qué te refieres?, ¿quieres decir que Sai tiene algo que ver con la desaparición de Sakura? —ella le preguntó incrédulamente. Sai era raro, pero no parecía ser el tipo de persona que dañaría a alguien intencionalmente. Pero, de nuevo, Sakura siempre se había sentido incómoda cerca del pálido chico.

Shikamaru sacudió su cabeza.

—No creo que Sai sea responsable —contestó despacio. Los hombros de Ino se relajaron, le alegraba escuchar eso. La mirada de Shikamaru la dejó para ver a la distancia, su expresión siendo pensativa por un minuto. Entonces se levantó de su asiento.

—¿A dónde vas? —Ino preguntó con preocupación.

—Tengo que hacer un encargo —Shikamaru respondió.

—¿Puedo ir contigo? —Ino dijo y sintió como el calor subió hasta sus mejillas cuando el amor de su vida levantó las cejas como respuesta —. Me refiero a… no te voy a estorbar. Sólo que creo que me volveré loca si sigo aquí.

Shikamaru lució dudoso y luego respondió.

—No por ahora, pero pronto.

Ino parpadeó con confusión, ¿a qué se refería con eso?

—Shikamaru…

—Me tengo que ir —él señaló el plato de ella con la cabeza —. Intenta comer algo. Te llamaré si escuchamos algo.

Antes de que ella pudiera protestar, Shikamaru salió de la cocina. Creyó que lo escuchó decirle algo a su padre mientras salía, algo que no alcanzó a oír, y entonces la puerta del frente se cerró, y con ella se hundió la esperanza en su corazón.

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Tsunade le frunció el ceño a su teléfono sonando por enésima vez. Era el hospital de nuevo. Los había ignorado por un rato, pero sabía que no podía seguir posponiéndolo, tan solo seguiría siendo inundada con estorbosas llamadas.

—¿Sí? —prácticamente le ladró al teléfono.

—¡Ah! Dra. Haruno —una voz habló con educación y formalidad desde el otro lado de la línea —. Es el Dr. Yakushi.

—¿Qué quieres Kabuto? —Tsunade preguntó ácidamente, echando toda la formalidad por la ventana y recordándole así que ella era su superior. Le desagradaba sobremanera ese joven doctor que había estado tratando de remover a Sakura de su tutela en el hospital. Pero ahora Sakura había sido removida de cualquier tutela, incluida la suya. Y Kabuto era la última persona en el mundo con quien ella deseaba hablar.

—Tan sólo nos estábamos preguntando si la veremos hoy en el quirófano. Hemos estado tratando de llamarla sin éxito por ya un par de horas.

—Estoy ocupada. No iré al trabajo. Informa a todos; no quiero que me molesten de nuevo —ordenó.

—Por supuesto, pero como ya sabe, hoy es el día de la cirugía de corazón de Ai Tozuna, y es una operación compleja…

El temperamento de Tsunade relució. ¿La pequeña comadreja estaba tratando de apelar a su consciencia? Ella estaba plenamente consciente de que su paciente tenía mayor posibilidad de morir si un cirujano menos hábil que ella realizaba la cirugía. Pero el equipo de Tsunade era talentoso y poseía un récord impecable. Ella tenía toda la confianza en que su enfermera en jefe Shizune podría revisar todos los detalles en su ausencia.

—Ya te respondí respecto a eso —ella respondió fríamente.

—Lamento mucho haberla incomodado —Kabuto se disculpó diligentemente, tal vez con demasiada educación. Su voz le ponía los nervios de punta. —Y espero que usted y Sakura se encuentren bien y disfrutando de…

Ella colgó abruptamente y exhaló despacio. Sus palabras le causaron un pinchazo de dolor en el corazón. El tonto creía que se había tomado un día libre para estar con su hija. Poco sabía él la verdadera razón de su ausencia en el trabajo. De repente, ninguno de sus pacientes importaba. La única vida que le preocupaba preservar era la de su hija.

Aventó el teléfono en la mesa de la cocina y miró alrededor. Que quieta estaba la casa sin Sakura. Tan vacía y fría sin la musical y calmante risa de su hija.

Maldita sea, los ojos de Tsunade brillaron con lágrimas de frustración que no se derramaron. Ella era una mujer de acción, y el sentarse a esperar la estaba volviendo loca. Miró el reloj. Habían pasado un par de horas desde que Kakashi partió. Se preguntó si ya habría llegado a su destino; después de todo, no era un lugar fácil de acceder y habría muchas pruebas en su camino.

Su mirada se movió a la ventana junto al fregadero y se detuvo en el pequeño geranio que descansaba sobre él. Sus ojos color miel se agrandaron cuando se dio cuenta de repente. ¿Cómo no lo había notado antes? Algo estaba mal con la postura de la flor.

Parecía estarse marchitando.

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Sasuke miró directo a la congeladora niebla blanca. Directamente detrás de él, bostezando como una gigante y carnívora boca llena de cristales de estalactitas y estalagmitas se formaba la entrada rocosa y dentada al inframundo. Guiaba a un estrecho y tortuoso camino, en cuyo fin estaba la colosal puerta forjada en hierro que permitía el pasaje hacia su reino. Las puertas eran impenetrables, sobrenaturales barreras iluminadas, construidas específicamente para permitir la entrada de almas, pero evitar cualquier salida. No había excepciones a las reglas, una vez que una persona entraba en la tierra de los muertos, no había manera de salir. A menos que su gobernante lo permitiera.

Y Sasuke no era conocido por ser un dios benevolente.

Había recibido noticias de Nagato concernientes a que su guardián en las puertas estaba ansioso, una clara señal de que un visitante se aproximaba a la boca del inframundo, así que había dejado a Sakura rápidamente, pero quien fuera no había llegado aún. Así que estaba de pie esperando, manteniendo su atención en el enorme perro de tres cabezas que diligentemente estaba situado frente a él.

El orgulloso y salvaje Cerbero era del tamaño de un gigante, un petrificante conjunto de dientes afilados sedientos de sangre y duro músculo. Poseía pelaje negro, largas y afiladas garras, además de una cola que se agitaba como látigo. Alrededor de cada una de las cabezas de Cerbero, estaba colocado un collar de hierro y rodeando sus poderosas patas, había gruesos grilletes que llevaban impregnada la voluntad de su amo. Sus ojos del color de un fuego infernal ardían dentro de sus órbitas. Prometían dolor y sufrimiento a cualquier mortal que desafortunadamente se llegara a encontrar cerca de su alcance.

Cerbero tenía una infame preferencia por la carne de los vivos y era ese hecho el que lo hacía perfecto para ser el guardián de las puertas del inframundo. Permitía el paso de los muertos hacia el reino de Sasuke, y hacía pedazos a cualquier mortal que se atreviera a querer traspasar. La poderosa peste de muerte y decadencia colgaba en el aire frío, y el enfermizo crujido de huesos debajo de las patas de Cerbero era evidencia del horror que les esperaba a aquellos que fueran lo suficientemente tontos como para intentar desafiar la voluntad del dios de la muerte.

Las cabezas de la bestia liberaron al unísono un gruñido y la saliva goteó de sus poderosas quijadas. Sasuke se tensó, de inmediato en alerta.

—Quieto —murmuró despacio, sintiendo la presencia de alguien acercándose. Cerbero emitió otro rugido de protesta antes de obedecer y permanecer quieto. Sasuke observó como una alta figura se materializó a través de la espesa niebla. Su cara permaneció impasible conforme su visitante pasó de largo a Cerbero sin darle mucha importancia y se detuvo a una prudente distancia de él. Pero debajo de su exterior despreocupado, estaba sorprendido. No había esperado ver tan pronto a la persona que estaba ahora frente a él.

—Sasuke —la voz era ligera pero llena de precaución. Los ojos de Sasuke se entrecerraron mientras analizaba a su visitante. No había cambiado mucho, pero, ¿por qué lo haría? Eran inmortales después de todo.

—Kakashi —respondió fríamente.

—Lamento importunarte —el hombre enmascarado se disculpó —, y no es mi intención traspasar, pero ha habido… un suceso en la superficie que deseo discutir contigo.

Sasuke se mantuvo en silencio conforme el hombre de cabello plateado levanto sus manos. Chispas de luz blanca azulina crujieron y cambiaron hasta formar una esfera que flotaba sobre sus palmas. Una imagen familiar comenzó a distinguirse, colores pastel mezclándose, rosa y verde, durazno y amarillo.

—La hija de Tsunade ha desaparecido. Su nombre es Sakura Haruno. Tiene 18 años y así es como se ve —él dijo y bajó la mirada hacia la cara sonriente de Sakura antes de añadir—, ¿no la habrás visto pasar por tus puertas el día de hoy?

La mirada de Sasuke se elevó del orbe hasta Kakashi. No perdió de vista la manera en la que el tonto enmascarado lo miraba con atención fingiendo estar despreocupado.

—No —respondió firmemente. No era una completa mentira, después de todo, Sakura no había pasado por esas puertas cuando entró al inframundo.

Kakashi suspiró con cansancio.

—Ya veo —dijo y la bola de luz se desintegró en sus manos.

Se mantuvieron en silencio por un largo momento. Kakashi pensó que Sasuke parecía aún más frío y retraído de lo que lo había visto la última vez; pero había sido ya hace tanto.

—En ese caso perdona mi intrusión —Kakashi dijo educadamente. Bajó su mirada con tristeza y después añadió en voz más baja—. ¿Espero que hayas estado bien?

La esquina de los labios de Sasuke se curvó en una sonrisa burlona.

—Vete —respondió. Sus ojos dejaron ver el resto de la oración, "vete antes de que cambie de parecer".

Sin otra palabra, el gobernante del inframundo se giró y desapareció dentro de la oscuridad.