La historia no me pertenece, es una traducción al español de la historia Quietus escrita por Seraphina Scribes. Por favor, cualquier comentario debe estar en los reviews del escrito en inglés. Si la historia les está gustando, háganselo saber. Dejo link correspondiente.
s/7449361/1/Quietus
Por otro lado, gracias por sus comentarios. Me alegra saber que la traducción está llegando a más personas, ya sea quienes desconocen el inglés, o quienes ignoraban que esta historia existía y ahora la están leyendo directo de la fuente.
Sólo para comentar, la historia original ya va por el capítulo 105 (la autora lleva 10 años escribiéndola), así que, sí, nos esperan varios capítulos todavía, y si hasta ahora les está gustando, déjenme decirles que continua mejorando, aún en el último capítulo publicado hasta ahora.
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Capítulo X
Ojos que apuñalan,
A través de la oscuridad,
Ojos que cierran,
La luz verdadera,
Perforarán y arderán,
Dejando su marca,
Sobre una mente,
Pura e inocente,
Y nunca más,
Consuelo encontrará.
Esa marca carmín
En su cabeza permanecerá.
Bronce, dorada y plateada cubertería brillaba bajo la luz invitante de los candelabros. Sakura se sentó acuclillada en su silla, mirando tristemente a la variedad de platillos frente a ella.
Sasuke no había bromeado, pronto notó, cuando le informó que no podía abandonar el salón de banquetes hasta que hubiera comido. Sakura había tratado desesperadamente de abrir las puertas una vez que su captor se fue, pero no habían cedido ni un centímetro. Las había golpeado con puños furiosos y gritó por ayuda, pero sus suplicas tan sólo hicieron eco en las frías paredes cubiertas con tapices. Y ya sabía, aun cuando había gritado con todas sus fuerzas hasta quedar ronca, que nadie escucharía sus protestas. Nadie le abriría la puerta. La palabra de Sasuke era claramente la ley, y ella ya había presenciado lo nerviosas y ansiosas que las ayudantes bajo su servicio se mostraban con la sola mención de su nombre.
Bajando su cabeza para descansarla en entre sus brazos, Sakura cerró sus ojos con fuerza e hizo lo mejor que pudo para ignorar las punzadas de hambre. Pero era imposible. Su estómago dolía y parecía comerse a sí mismo, rogando por alimento. Sabía que lo más sensato sería ingerir algo de comida. La ayudaría a estar más alerta el reponer energía y fuerza. Y requería esforzarse todo lo que pudiera si quería tener siquiera alguna oportunidad para escapar del resplandeciente pero atormentador palacio que era su prisión.
Pero sí ella comía, estaría conscientemente inclinándose ante las demandas de Sasuke.
Sakura lamió sus labios secos, sintiéndose en guerra con su lado interno, más necio y combativo. La realidad era que Sasuke ya llevaba la ventaja. Ya había ganado cualquiera que fuera su enfermo y retorcido juego. Había decidido secuestrarla por razones que ella desconocía, había tenido éxito en alejarla de la gente que la amaba y se preocupaba por ella, y nadie la había encontrado aún. El corazón de Sakura se hundió y se preguntó si su madre o alguno de sus amigos podría siquiera encontrar el inframundo en el que estaba atrapada.
¿Cómo podrían? ¿Qué posible pista podrían tener? Sasuke no parecía ser del tipo que dejaba evidencia tras de él. Encontrarían su bolsa en ese prado si es que tenía suerte, pero ¿qué probaría eso?
Gruñó frustrada. Debía haber alguna forma de enviar un mensaje a aquellos que estaban buscándola desesperadamente, pero ¿cómo?
Come un poco, te ayudará a pensar. O al menos toma algo de agua, una voz le imploró dentro de su cabeza.
¡No!, otra voz peleó ese comentario. Si comes, estarás rindiéndote ante ese trastornado psicópata, ¿qué diría Ino?
Las lágrimas volvieron a picar sus ojos. Ino siempre le había ordenado el nunca, en ninguna circunstancia, someterse a un hombre, jamás. Extrañaba tanto a su mejor amiga. Si tan sólo Ino o alguno de los otros estuvieran cerca de ella, Sakura sabía que se sentiría mucho más valiente, podría tragarse su miedo y tal vez confrontaría agresivamente a Sasuke. Pero estaba completamente sola, y estaba patéticamente por dejarse llevar por la desesperación. Si comía, estaría cediendo la única forma de poder que aún tenía, control sobre su propio apetito.
Sabía que no podía pasar mucho sin alimento. Los platos frente a ella eran innegablemente atrayentes, pero ella no quería comer la comida de Sasuke. Y aun así su decisión de encerrarla en el salón de banquetes sugería que él mismo estaba entrando a una batalla de voluntades, y era una que él claramente esperaba ganar.
La furia se encendió dentro de Sakura ante ese pensamiento, con una fuerza que la dejó temblando. Esta vez las lágrimas quemando detrás de sus ojos eran de ira. ¿Qué le daba a ese cretino arrogante el derecho de decidir lo que ella podía o no hacer?, ¿qué le daba el derecho de arruinarle la vida y de imponerle ordenes? ¿De verdad esperaba y creía que ella aceptaría amablemente?, ¿Qué ella tan sólo aceptaría la situación que había sido forzada sobre ella y se conformaría con esa nueva existencia? Sakura sabía que Sasuke hablaba en completa ventaja y usando sus miedos e incertidumbre, su sentido de no pertenencia. ¿Qué tipo de criminal sadista era él?
Fracturando la tierra, viviendo entre espíritus muertos, siendo algún tipo de auto proclamado gobernante de los muertos, cambiando de lugares en un parpadeo; de seguro todo eso era una locura. Él lo había planeado todo, de alguna forma, y se regocijaba en el terror que le provocaba. Sakura se levantó, con la ira dándole energía a la escalante imprudencia corriendo por su sangre. Miró con frustración a los platillos arreglados casi artísticamente. No comería nada hasta que él le respondiera. Le demostraría lo que opinaba sobre su comida. Si su captor creía que ella era algún tipo de dócil tapetito sobre el que podía pasar, estaba por completo equivocado. La educación, su método preferido, obviamente no había funcionado con Sasuke. Tal vez era tiempo de que ella tratara de enviarle el mensaje de que ella no cooperaría con un loco de una manera menos sutil. Sakura tragó con pesadez, armándose de coraje. No podían culparla por lo que estaba a punto de hacer.
Es culpa de él, le dijo a esa molesta voz en su consciencia que le advertía no hacer nada tonto. Sentarse y quejarse en una esquina no le había dado resultados. Necesitaba hacer algo drástico para provocar una reacción en Sasuke. La aprehensión revoloteó en las profundidades de su hambriento estómago conforme se dio cuenta de que no había forma de que ella supiera con certeza el cómo reaccionaría Sasuke a lo que ella hiciera. A pesar de no tener idea de cuánto tiempo había estado en su palacio, estaba segura de que al menos un par de horas habían pasado, y eso no era para nada lo suficiente como para formarse una opinión acerca del carácter de su secuestrador. Parecía despreocupado y reservado, dominante y altanero, y un completo cretino. Si había algo más que descubrir sobre su personalidad (y Sakura lo dudaba), ella no quería averiguarlo. No quería tener nada que ver con él. Y si él no podía entenderlo mediante una conversación normal, entonces no le dejaba otra opción.
Él había afirmado que no deseaba matarla; bien, entonces ella no tenía nada que temer en realidad.
Decidida, caminó alrededor de la mesa y tomó la jarra de cristal que contenía una bebida color miel. Brillaba hipnóticamente dentro, como si fuera oro líquido. Un dulce aroma despedía de la jarra, un delicioso olor que le hizo agua la boca y provocó que su estómago rugiera ruidosamente, pero ella lo ignoró. Con toda calma, vertió el jugo sobre la humeante bandeja con arroz y lo que ella asumía era pato glaseado. Dispersó el resto del contenido sobre un gran platón de fruta, una bandeja con postres, y luego en sushi, ensalada; por último, lo derramó sobre el mantel decorativo. El líquido dorado brilló sobre la superficie de los platillos, y Sakura sintió un dejo de culpa por desperdiciar comida cuando tanta gente en el mundo pasaba hambre. Pero estaba segura de que nadie en su sano juicio querría comer la comida de Sasuke tampoco. Disculpándose con cualquier deidad que la escuchara en ese momento, Sakura dejó la jarra y, respirando profundamente, tomó la pesada bandeja plateada con arroz y la dejó caer con un satisfactorio y ensordecedor ruido cuando cayó directo al suelo. Observó con ojos grandes y fascinados el cómo los pequeños granos de arroz se esparcieron por todos lados, como una explosión. Y fue como si algo se prendiera dentro de ella en ese momento. Tal vez era su ansiedad interna al saber que Sasuke de seguro estaría muy molesto cuando encontrara que su captiva había arruinado su comedor a propósito, o tal vez era la emoción de sentirse liberada, poderosa y sin importarle en realidad. Sakura no pudo detenerse. Tomó lo que tuvo a su alcance en la mesa, alcanzando la cubertería, bandejas plateadas y cálices de cristal.
—Ups, se me resbaló —dijo en voz baja. El sonido de cristal rompiéndose y el acero golpeando era como música para sus oídos. Encontró alivio en el ruido.
Sasuke había vuelto su vida en un caos. Era tan sólo justo que ella le regresara el favor, aunque fuera a una escala mucho menor. ¿O no? Eso era lo que ella seguía diciéndose a sí misma mientras tiraba otro recipiente con agua fría. Su corazón latió con fuerza ante el hecho de que Sasuke podía entrar por esas puertas en cualquier momento. Pero no había vuelta atrás. La adrenalina la recorría y todo se había hecho ya.
Mezcló alegremente diferentes alimentos además de verter bebidas a otros recipientes, observando como los líquidos se unían para formar colores inesperados. Pronto había transformado la elegante mesa de banquetes en algo irreconocible. Parecía que alguna fuerza de la naturaleza la había dañado. Una severa sonrisa se formó en los labios de Sakura conforme estropeaba plato por plato, extrañamente encantada con el infantil desastre que estaba llevando a cabo.
Después, Sakura tomó un pequeño y elegante contenedor de madera hecho a mano. Lo sacudió y escuchó el sonido de pequeñas partículas moviéndose dentro. Sus ojos brillaron. Lo giró y comenzó a salpicar todo con la sal. Los gránulos parecían nieve cayendo sobre todo lo que tocaban. Volteó otro contenedor hasta el suelo cuando no hubo más sal, y después desprendió varias uvas de sus ramilletes y los esparció por toda la mesa además de lanzarlos dentro de varias copas.
¡Esto es lo que pienso de tu comida y modales, estúpido cretino loco!
Su voz interna gritaba mientras tomaba otro plato y embarraba su contenido con los restos de mezclas de comida ahora irreconocible, Sakura estaba a punto de soltarlo por accidente cuando sus ojos se detuvieron de pronto sobre un tazón lleno de granadas.
Una de las frutas estaba partida, revelando rellenas y apetitosas semillas. Sakura dejó lentamente el plato en su mano y se estiró para tocarla. El interior brillaba con un rojo lustroso y las semillas parecían rogarle ser consumidas. Sería una pena el desperdiciar fruta tan fina, y Sakura siempre había tenido debilidad por las dulces y jugosas granadas.
Tal vez sólo un bocado, razonó para sí misma, sorprendida por la imperiosa necesidad de consumir el alimento a su alcance. Brillaba con restos de jugo, y ella tenía tanta sed. La elevó hacia sus labios y los separó para morderla, cuando el sonido de los seguros de la puerta siendo abiertos la hizo paralizarse de terror y soltar la fruta.
¡No! ¡Sasuke regresó muy rápido!
El alivio casi hizo que sus piernas cedieran bajo ella cuando la pequeña forma de Ume atravesó la puerta.
—Ama, escuchamos un horrible son… —se detuvo y jadeó, llevando una de sus pálidas manos hacia sus labios rosas en una señal de impresión mientras observaba el desastre alrededor de Sakura. Chizu entró después, y sus ojos se agrandaron casi de manera cómica.
—¡Por todos los cielos! ¿Qué fue lo que pasó aquí? —la mujer mayor exclamó con horror.
Sakura colocó la palma de su mano sobre su galopante corazón. ¿Qué explicación podía darles?, ¿Podrían entender el por qué lo hizo? Chizu rápidamente cerró la puerta y regresó a revisar el desastre que Sakura había causado. La mirada de completo terror en su cara era igual a la de Ume.
—Oh, ¡no podemos dejar que el amo vea esto!¡No podemos! —Ume exclamó casi llorando.
Chizu estuvo es silencio por un momento. Después su expresión se tornó decidida.
—Vemos que tuvo un desafortunado accidente, Ama. Por favor, permítanos limpiarlo. Ume, la cubeta y escoba, ¡deprisa, niña! ¡Y varias telas de limpieza! ¡Informa a las sirvientas y cocineros que deben preparar una nueva orden completa! ¡Rápido!
Los ojos de Sakura se agrandaron con incredulidad. ¡Esa no era la respuesta que quería! No había hecho un desastre para que ellas lo descubrieran y limpiaran antes de que Sasuke pudiera siquiera verlo. Levantó sus manos en señal de alto conforme Ume retrocedía a la puerta.
—¡Déjalo!
Ume dudó, lanzando una mirada aprehensiva a la mujer mayor. Chizu endureció la quijada y habló con voz tensa.
—Le pedimos, señorita, nos permita manejar esto. Nuestro amo estará muy decepcionado si a su retorno encuentra el salón de banquetes… —tragó antes de terminar de hablar, escogiendo sus palabras—en este estado. Ume…
La frágil rubia comenzó a retroceder de nuevo, pero fue interrumpida de nuevo por Sakura.
—¡Basta! —exclamó con enojo. ¿Pero qué les pasaba a estas mujeres? ¿Por qué le temían tanto a Sasuke? Sí, él era intimidante, pero de seguro no las dañaría físicamente. La sangre se le congeló cuando se dio cuenta de que en realidad no podía asumir nada. Sasuke no había sido amable con ella. Tal parecía que no era un amo misericordioso tampoco. Por un momento la culpa la golpeó al notar que sus ayudantes podían ser castigadas por lo que hizo, pero rápidamente la hizo retroceder. Respirando largamente para recuperar compostura, les habló en un tono más educado.
—Por favor. Yo hice este desastre, yo lo limpiaré. No tienen que preocuparse por explicarle lo que sucedió a… —dudó antes de continuar con voz tensa—, Sasuke —se sintió extraña al mencionar su nombre en voz alta, era como algún tipo de reconocimiento final de que él en verdad existía, y que la locura en la que había caído estaba sucediendo en realidad. Ume y Chizu intercambiaron miradas ansiosas. No parecían más tranquilas, así que Sakura continuó —. No me dicen por qué estoy aquí. Y él no me responde. ¡Me secuestró! Me alejó de mi madre, de mis amigos —hizo una pausa, sintiendo como las lágrimas se acumulaban en sus ojos, pero no se molestó en tratar de evitarlas. Tal vez si las ayudantes frente a ella presenciaran que tan desesperada y asustada estaba, se apiadarían de ella—. Estoy sola en un lugar extraño y él me dijo que gobierna a gente muerta, es decir… —Sakura soltó una risa tensa, notando que estaba al borde de la histeria otra vez—, ¿no es eso una locura?
Ume jadeó de nuevo y Chizu inhaló con asombro.
—Ama —comenzó a hablar Chizu con un tono de voz que envió una inesperada sensación de miedo por toda la columna de Sakura—. Me temo que no sabe lo que está diciendo…
—¡Entonces díganme! —Sakura exclamó, alzando sus brazos con fuerza—. ¡Díganme quién es él y que quiere de mí! ¡Díganme por qué estoy aquí!
La pequeña Ume parecía estar sufriendo, al borde de las lágrimas. Chizu parecía asustada y abrió la boca para responder, junto cuando se escuchó el eco de las puertas abriéndose, haciendo que todas las miradas se giraran hacía la entrada del salón.
Sasuke entró elegantemente al salón de banquetes.
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—Buscaré en el lado oeste del campus. Tú ve al este. Llámame si lo encuentras. Nos veremos de nuevo aquí si no tuvimos éxito y cubriremos la parte norte los dos. Y, Naruto —el aludido giró su cabeza para mirar a Shikamaru. El Nara suspiró con pesadez antes de terminar de hablar—, intenta ser cauto —Naruto sonrió, notando la voz resignada en su amigo.
—No sé qué significa eso, pero estoy seguro de que éste tonto lo puede hacer —bromeó, haciendo que Shikamaru murmurara un "problemático". Después, sin decir otra palabra, se separaron para cazar a su objetivo.
Justo una hora antes, Shikamaru lo había llamado con la novedad de que había pasado por la casa de Ino y descubrió nueva información sobre su búsqueda. La noche del Festival, habían encontrado a Sakura junto a un carrusel que no había estado operando. Eso había sido sugerido directamente por Sai cuando él e Ino la buscaron en el parque. Pero Sai no se había ido con Ino después de encontrar a Sakura, se había quedado atrás. Naruto había sabido por su conversación previa con Sai que algo no estaba bien. Sabía, también, que Sai no era del tipo que retenía información, no a menos que tuviera una muy buena razón para ello.
Tenían que encontrar cuál era esa razón. Kakashi, Naruto estaba seguro, conforme llegaba al ala este del campus, ya había llegado a su destino y regresaría pronto con su reporte. Naruto esperaba desesperadamente que no tuviera información fuera de lo común.
Sintió una punzada de dolor en su pecho cuando un recuerdo que no había logrado suprimir había comenzado a resurgir en su cabeza de nuevo. Podía soportar que alguien fuera responsable, todos menos él. El pensamiento se rompió cuando se asomó por la ventana rectangular en la puerta hacía uno de los auditorios. Estaba vació. Se giró y continúo caminando por el corredor.
Shikamaru había preguntado por el paradero de Sai en la oficina de administración, argumentando que necesitaban acompañar a su amigo a una urgente cita médica, pero el encargado terminó por decirles que Sai tenía periodo libre al momento. Lo que indicaba que podía estar en cualquier lugar del campus. Al principio habían buscado en la biblioteca, porque sabían que Sai prefería los lugares tranquilos, pero no había estado ahí. Así que decidieron separarse para cubrir más áreas en menor tiempo.
—Buscar así nos tomará demasiado —Naruto murmuró para sí mismo mientras caminaba por el corredor hasta llegar a una puerta doble que lo llevaba a la cafetería del campus. Había poca gente, adelantándose a la hora del almuerzo, pero los ojos de Naruto no encontraron la familiar cabeza con cabello negro. Aunque sí vio a Chouji sentado junto a Shino en una esquina del gran comedor.
—¡Hey, perdedores! —Naruto los saludó con una alegría que no sentía cuando se acercó a ellos.
—¿Eh? Hola, Naruto —dijo Choji entre bocados, tomando algún tipo de botana dulce que tenía en una bolsa.
—No estuviste en las primeras clases —Shino dijo formalmente—. ¿Por qué te ausentaste? No pareces estar enfermo.
—Ah sí, bueno, pues, supongo que ya me siento mejor —dijo Naruto e hizo una mueca interna. Hasta ahí llegó el ser sutil. Buscando cambiar el tema, siguió hablando—. Hey, y bueno, ¿de casualidad han visto a Sai por aquí?
—¿Sai? —Chouji pensó mientras masticaba. Su rostro de repente se iluminó y eso elevó las esperanzas de Naruto—. ¡Sí! Lo vi antes. Pero se fue después de la primera clase.
—¿Se fue? —dijo Naruto elevando una de sus cejas y luego acercándose a él—. ¿Te dijo a dónde iba?
—No —respondió Chouji después de un momento—. Lo siento, Naruto.
Los hombros de Naruto se encorvaron.
—Genial —bufó—. Gracias, los veo luego.
Salió de la cafetería con su frustración creciendo con cada callejón sin salida que encontraba. 20 minutos después estaba al borde de jalarse el brillante cabello cuando su teléfono sonó. Naruto casi lo tira en su prisa por responder.
—¡Sí!
—Lo encontré. En el Patio. Ven aquí ahora, Naruto —Naruto estaba corriendo desde antes de que su amigo hubiera terminado la frase.
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Había entrado al salón de banquetes esperando ver a Sakura comiendo con resentimiento o llorando patéticamente. Lo que no se había esperado de ninguna forma era el descubrir cubertería rota, platos literalmente volteados, además de comida y bebida desparramada por todos lados.
Así que, considerando su sorpresa, le había costado un serio esfuerzo el ocultar la incredulidad de sus facciones.
Un tenso y pesado silencio se quedó en el aire, serio y amenazador, cargado de algún tipo de corriente eléctrica que Sasuke parecía llevar con él. Sakura tragó con pesadez, su corazón galopando sin control dentro de su pecho conforme esos ojos oscuros miraban todo el desastre que ella había creado. Tal vez actuar con ese descontrol no había sido tan buena idea. Había esperado que él se molestara como mínimo, pero su molesto rostro apuesto permaneció completamente en control, como si no le afectara la escena delante de él.
—A… amo —Ume comenzó a tartamudear violentamente. Los ojos de Sakura se agrandaron cuando despegó la mirada de su silencioso captor y miró a la niña. Ume estaba temblando sin control, casi a punto de hiperventilar del miedo. Sakura sintió algo desagradable en su estómago, como si alguien le hubiera clavado una daga y estuviera moviéndola dentro. Volvió a mirar a Sasuke. Que él provocara ese tipo de reacción…
¿Qué tan peligroso era?
Chizu tomó con valentía el papel de hablar primero. Su voz sonaba más fuerte y serena, pero Sakura pudo detectar el dejo de miedo que había debajo.
—Señor, por favor, denos la oportunidad de explicar lo que está viendo, si tan sólo nos permitiera…
—¡Fue un accidente! —Ume dijo de prisa. Pareció encogerse sobre ella misma cuando los insondables ojos de Sasuke la vieron—. Fue, fue un accidente; lo… lo sentimos tanto, Amo…
—En efecto, le imploramos su perdón por nuestra impertinencia, Gran Amo —Chizu le hizo una reverencia.
Los labios de Sakura se abrieron de la impresión cuando se dio cuenta de lo que pasaba. Ellas trataban de cubrir lo que había hecho. Le hacían creer a Sasuke que había sido culpa de ellas. La confusión giró en su mente. ¿Por qué harían eso? No tenía sentido, a menos de que estuvieran tratando de protegerla de alguna forma. Pero ella no las dejaría hacer eso. Si Sasuke quería castigar a alguien, sería a ella. Tragándose su miedo, confesó.
—Yo lo hice —dijo. Ume jadeó y Chizu le lanzó una mirada de incredulidad antes de volver a bajar su cabeza. Sakura se preparó conforme los ojos de Sasuke se enfocaron en ella. No parecía sorprendido. De hecho, no parecía haber emoción alguna en su rostro. La desesperación la carcomió, tan fuerte como el hambre en su estómago. Su acto de protesta no tuvo el efecto deseado.
—Déjennos —dijo Sasuke a las sirvientas. Ellas se inclinaron en obediencia y salieron de inmediato. El fuerte eco de las puertas cerrándose sonaba como una campana mortal para Sakura. La valentía que había tenido cuando decidió hacer ese desastre se había desvanecido por completo, dejándola asustada, insegura, pero decidida a defenderse de ser necesario; aunque sabía que tendría mejor posibilidad de hacerlo verbalmente y no de forma física.
Sasuke comenzó a caminar despacio hacia la mesa. Ella hizo una mueca conforme los tacos de sus botas crujían sobre el vidrio roto. Pareció tomarse otro momento para examinar el daño antes de hablar. Su voz fue dura y filosa, como los fragmentos regados en el piso.
—¿Qué significa esto?
Sakura permaneció en silencio mientras él levantaba un cáliz, observándolo antes de dejarlo de nuevo con un refinado desprecio. Cuando ella no respondió, el volvió a hablar.
—¿Cuál es el propósito que alcanzarían tus infantiles acciones?
Se quedó quieta al escuchar el tono condescendiente con el que él había hablado. El fuego iracundo que había estado ardiendo en ella antes regresó a la vida, haciéndola confrontarlo con impertinencia.
—¡Si soy tan infantil tal vez deberías regresarme con mi madre!
Sus ojos brillaron con una advertencia a ese comentario y Sakura se maldijo por dentro. Había planeado mostrarse confiada y calmada cuando lo enfrentara. Pero tal parecía que no podía ser nada de eso cuando hablaba con Sasuke, si es que se podía llamar conversar a lo que sea que estuvieran haciendo. Le parecía más como si estuviera enfrascada en una batalla perdida cada vez que intercambiaban palabras. Y eso la frustraba por completo.
—Tu madre —dijo él con desprecio, como si la palabra no fuera apta para ser hablada en público. No dijo nada más y Sakura parpadeó con confusión. Estaba agradecida de que la mesa formara una barrera física entre ellos, tal como había sido la primera vez que lo vio una vez que despertó en ese lugar. Él no hizo otro movimiento hacía ella, tan sólo descansó sus dedos ligeramente sobre la superficie de la mesa y la miró con ojos penetrantes.
—Me está buscando —dijo Sakura, con más convicción de la que de verdad sentía al estar bajo el peso de su poderosa y perturbadora mirada—. Me encontrará.
Sasuke enderezó su cabeza con altivez.
—Sólo aquellos a quienes permito pueden pasar por las puertas.
Estaba hablando en esa forma enfadosamente críptica otra vez. Él sabía muy bien que ella no sabía a que "puertas" se refería; él sólo quería perturbarla más. Sakura sacudió su cabeza, su miedo dejándola debido a la incredulidad.
—Tú… ¿tan sólo me viste en el Festival y decidiste raptarme como si nada?, ¿fue eso?
Lo que él respondió calmadamente la hizo sentir como si el suelo hubiera cedido bajo sus pies, tal como había pasado cuando él la secuestró.
—Mucho antes de eso, Sakura.
Sakura pudo sentir su quijada temblar. ¿Antes de eso? ¿La había visto desde antes del Festival? Un repentino y horrible pensamiento la hizo paralizarse. ¿Sasuke la había estado observando de alguna forma?, ¿acosándola?, ¿pero por qué haría algo así?, ¿qué quería de ella? Su revelación había sido inesperada, y aún así ella supo por la mirada en él que estaba hablando completamente en serio; era eso o él era un increíble actor. El terror la hizo temblar otra vez y luchó por hablar.
—¿Qué?, ¿a qué te refieres con mucho antes de eso? —dijo casi ahogándose, y después repitió la pregunta que le había hecho cuando todo inició—. ¿Cómo sabes mi nombre? —forzó el pánico creciente antes de añadir—. ¿Me… me has estado observando?
Su silencio y la intensidad con la que la miraba fueron la única confirmación que necesitó. Se sujetó al borde de la mesa y exhaló temblorosamente. El horror le estaba dificultando respirar y pensar claramente. Él había estado observándola. Las implicaciones de eso eran demasiado terribles como para que ella pudiera siquiera contemplarlas.
—¿Por qué? —logró decir apenas—. ¿Por qué harías…?, ¿desde hace cuánto…? Yo jamás…
—Debes ingerir alimento.
Su cambio abrupto de tema la hizo marearse más. Prácticamente estaba diciendo, "sí, te he estado observando, ¿y qué? Ahora come". Como si no fuera la gran cosa. Ella frunció el cejo.
—No. ¿Hace cuánto has estado…
—Ingerirás alimento —Sasuke la interrumpió de nuevo y su corazón saltó hacia su garganta cuando él comenzó a rodear la mesa.
Le estaba dando órdenes otra vez. Como si ella fuera una de sus sirvientes, pero no era así. Movió su cabeza con resolución, alejándose conforme él caminaba.
—¡No! ¡No hasta que me digas…
—Mantente en inanición. Protesta cuanto quieras. No cambiará nada, Sakura —dijo él simplemente, sus ojos jamás dejando de mirarla—. Permanecerás aquí.
El temperamento de Sakura se encendió.
—¡No puedes mantenerme aquí en contra de mi voluntad!
—Puedo —él expresó misteriosamente, deteniéndose de nuevo.
La mano derecha de Sakura se cerró inconscientemente sobre un objeto, uno de los cálices que ella no había volteado ni mezclado con otras bebidas. Se aferraba a él tan fuerte que sus nudillos se volvieron blancos. Su arrogancia y presunción eran insoportables. ¿Quién rayos se creía que era?, ¿algún tipo de dios intocable y poderoso? ¡Ella tenía una vida en su propio hogar! Y él no tenía ningún derecho de interrumpirla, de robarla.
Su corazón latía con furia y adrenalina, latiendo también de hambre y sed. Se sentía físicamente enferma, pero sabía que no lo dejaría darse cuenta de eso. Así que hizo lo único que una presa acorralada y vulnerable haría para enfrentar a un depredador superior. Habló en un último intento de mantener a raya el peligro inminente.
—¿Por qué yo?
—Porque así lo quise —respondió fríamente.
Era la misma respuesta que ya le había dado, y fue también el último empujón para que ella perdiera lo último de control que le quedaba. Con un grito frustrado le arrojó el cáliz, demasiado molesta, furiosa y atrapada en el momento como para importarle cualquier consecuencia; pero presenció con horror como el cáliz se congeló a mitad de vuelo en el espacio entre ellos.
Sakura emitió un grito ahogado, a punto de perder su único aliado al momento, su mente. Cualquier lógica se esfumó.
¿Cómo estaba haciendo eso? Ni siquiera había movido un dedo. Sus ojos aún la veían. Como para burlarse de ella, el cáliz se movió sólo un poco a la izquierda. Sus ojos siguieron el movimiento sin poder creerlo. Estaba segura de que estaba al borde de un ataque de pánico. ¿Cómo es que todo había escapado de su control tan rápido?
¿Con quién, o qué, estaba lidiando?
Entonces, despacio, como si estuviera vivo, el cáliz descendió a posarse sobre la mesa. Se mantuvo ahí, mirándola con inocencia, como diciendo, "¿qué? A mí ni me veas, yo no hice nada".
La mirada borrosa de Sakura regresó a Sasuke y se sorprendió. Él estaba viéndola con cuidado, como esperando algún tipo de reacción en particular.
No. No te alteres. No pierdas la calma, se dijo frenéticamente. Lamió sus labios secos antes de hablar apenas.
—Tú no… tú no puedes ser normal…
La mirada de Sasuke bajó por un momento.
—Hn. Tienes razón.
Y entonces él desapareció. Sólo así. Un momento estaba parado ahí y al siguiente, en un parpadeo, se había desvanecido. La cabeza de Sakura se movió violentamente y sus ojos buscaron alrededor de ella, tratando de anticipar en dónde volvería a aparecer. Estaba segura de que su cuerpo estaba por colapsar del terror, cuando sintió un pequeño cambio en la presión del aire a su alrededor, seguido de la abrumante aura que acompañaba la figura de Sasuke. Jadeó, girándose para encontrar a Sasuke acechándola, con sus ojos carbón atravesándola. Con reflejos que eran mucho más rápidos que lo que ella podía reaccionar, las manos de él la sujetaron bajo los hombros, antes de que pudiera siquiera intentar alejarse de él.
Un pandemonio estaba estallando dentro de ella. El agarre de Sasuke era inquebrantable, y le parecía que mientras más luchaba, más fuerte se volvía.
Por Dios, pensó con histeria, viendo la chispa de algo en sus ojos, algo tan potente y amenazador que no auguraba nada bueno para ella, pero no podía identificarlo. Su caótica mente tan sólo se rehusaba a reconocer qué era. ¿Qué iba a hacerle?
—Suéltame —dijo en un susurro, sintiendo como la sangre en sus venas se paralizaba por sentirlo tan cerca—. Déjame…
Como respuesta, Sasuke liberó uno de sus brazos, pero antes de que ella pudiera retraerlo en un intento por alejarlo, o golpearlo como Ino alguna vez le enseño que debía hacer con cualquier hombre que la molestara, él había usado su propio brazo para rodear su cintura y atraerla a él, atrapando también su mano en su espalda. Sakura sintió el calor de su cuerpo, y estaba segura de que su corazón estaba a punto de explotarle en el pecho. El brazo que él tenía a su alrededor la aprisionaba, él era demasiado fuerte. No podía escaparse, y Sasuke parecía por completo indiferente ante su ansiedad. Sus ojos se cerraron y ella se preguntó que pensaría hacer ahora, cuando sus párpados se abrieron de nuevo, haciéndola paralizarse al verlo.
Un vívido rojo carmín la mantuvo en su lugar, con una luminosidad increíble que le quitó la respiración. Dentro de esos iris sangrantes, observó tres figuras, como comas, girando despacio, hipnóticamente, lanzándole un desconcertante y vertiginoso hechizo. Observó con alarmante fascinación el como las comas se fusionaron para formar un intrincado patrón similar a algún tipo de estrella de seis picos traslapada. Era lo más increíble y atemorizante que había visto. Sakura estuvo pronto capturada, sofocada, presa. El intenso y oscuro caleidoscopio perforó su cabeza, hacia su mente, cautivándola y hechizando su alma. Una voz en su cabeza le gritaba a lo lejos que girara su rostro y dejara de verlo, pero cualquier intento de hacerlo era detenido por un fuerte agarre de sus dedos en la quijada, manteniéndola firme.
—Obedecerás —una voz autoritaria le habló, entrando no sólo a sus oídos y mente, sino también a todo su cuerpo. Sus extremidades estaban fuera de su control, pero Sakura ni siquiera pudo pensar en lo que estaba sucediendo. Un pasajero y agudo dolor llenó sus sentidos, haciendo que sus labios se separaran para soltar un grito sin voz. En ese momento estuvo perdida y consumida por un mar de rojo ardiente. Cualquier otro color se desvaneció hacia la nada, y todo lo que pudo ver fueron sus ojos sin fondo. La orden de Sasuke llegó hasta ella, haciendo eco dentro de su cabeza como un mantra enloquecedor, un mantra que la hacia seguir la orden por completo—. Ingerirás alimento. Ahora.
Sakura jadeó un poco y sus ojos perdieron foco conforme se dejó caer lívida contra él.
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Sai levantó la vista del libro del cual había estado estudiando cuando una sombra tapó su visión. Dos pares de ojos familiares estaban mirándolo, unos de café grisáceo y los otros de un vívido azul. El joven suspiró y se retiró los audífonos para darle toda su atención a los dos individuos parados frente a él. Había buscado refugiarse en su hora libre para estudiar en el patio, bajo la tranquila sombra de un árbol, pero si hubiera sabido antes que esa mañana sería acosado por Naruto y Shikamaru, tal vez hubiera preferido retirarse del campus por completo.
Ya sabía qué era de lo que tenían que hablar.
—Hola, Shikamaru, Naruto —saludó educadamente, ofreciendo su característica sonrisa inintencionada.
—Tenemos que hablar —Naruto le dijo secamente, logrando que Shikamaru lo viera de forma rápida con una mirada desaprobadora. Le había dicho a Naruto claramente que lo dejara hablar a él, pero Naruto jamás había sido bueno para seguir instrucciones.
—Sai —el Nara dijo y suspiró, dándole una cuidadosa mirada al patio. Estaba casi vacío, así que pensó que era tan buen lugar como cualquier otro en el que hubieran querido hacer sus preguntas—. Queríamos preguntarte sobre…
—Sakura —Sai suspiró con pesadez. Los dos jóvenes intercambiaron miradas, pero Shikamaru habló rápido antes de que Naruto permitiera que sus emociones lo superaran.
—Ino me dijo que la encontraron junto a un carrusel la noche del Festival.
—Es correcto —Sai asintió.
—Pero el juego no estaba operando —Shikamaru continuó.
—No que recuerde —Sai dijo pensativo.
—¿Tienes alguna idea de lo que ella pudo estar haciendo ahí?
—No pensé en preguntarle —Sai respondió sacudiendo su cabeza.
—Sai, ¡trata de recordar! —Naruto lo apresuró—. ¡Estamos hablando de Sakura-chan!
—¿Estaba sola cuando la encontraron? —Shikamaru presionó.
Sai se mantuvo en silencio por un momento y el corazón de Naruto comenzó a acelerarse. Algo estaba mal. Él sabía que Sai no estaba diciéndoles todo.
—Sí —Sai respondió—. Estaba sola cuando llegamos —tomó otra pausa antes de añadir—. Ya les he dicho todo lo que sé. Me disculpo si no puedo ayudarlos más…
Sin advertencia, Naruto tomó el cuaderno de dibujo que estaba al lado de la mochila de Sai. Él estiró su mano automáticamente para tratar de recuperarlo, pero Shikamaru lo intercepto, permitiendo que Naruto ojeara las páginas. Sus ojos buscaron frenéticamente sobre cada hoja, y la decepción cayó sobre él cuando no encontró nada extraordinario dibujado en el papel. Dejó que la portada se cerrara sobre el cuaderno y se giró para ver a Shikamaru. Después le entregó el cuaderno a un silencioso Sai.
—Sai —Shikamaru habló después de una pausa—, Ino dijo que tú sugeriste buscar en el lugar en el que encontraron a Sakura. ¿Cómo sabías que había que buscar ahí?
—A Sakura le gustan los carruseles —Sai respondió en voz baja.
—Pero ustedes fueron directo a ese carrusel en particular —Shikamaru dijo.
Los oscuros ojos de Sai lo vieron por un momento. Entonces se giró hacia su mochila, abrió el cierre y sacó un pequeño pergamino. Se lo ofreció a Naruto sin decir nada. Naruto tuvo que controlarse para no arrebatárselo al aceptarlo y desenrollarlo para encontrar un dibujo borroso. Sus cejas se elevaron en confusión.
—¿Eh?, ¿qué es esto?
El entendimiento lo golpeó unos segundos después. Reconoció las líneas de caballos pegados a postes, la plataforma circular; la estructura familiar de un carrusel. Shikamaru se asomó a ver por encima de su hombro y Naruto escuchó como jadeó al darse cuenta. Entonces ambos jóvenes miraron con sospecha a Sai, los ojos de Naruto acusándolo.
—¿Lo sabías? —Naruto cuestiono, con la ira encendida en sus ojos cobalto. Elevó el dibujo y lo señaló agresivamente—. ¿Así supiste como encontrar a Sakura-chan?, ¿y no nos dijiste nada?
—Naruto —Shikamaru dijo despacio, lanzando miradas a su alrededor—. Cálmate.
—¡No! —Naruto gritó, agitando el papel con furia ante un inexpresivo Sai—. ¡Sé que éste bastardo está ocultando algo, maldita sea! ¿Dónde está Sakura-chan?
—No lo sé —Sai bajó la mirada al responder.
—¡Estás mintiendo! —Naruto le gritó—. ¡Este dibujo tiene que significar algo! ¡Shikamaru! —dirigió sus ojos salvajes hacia su amigo, quien examinaba a Sai cuidadosamente—. ¡Dibujó un campo, donde encontramos el bolso de Sakura-chan, y ahora un carrusel, no puede ser coincidencia!
—Sai —Shikamaru elevó una ceja, su tono era significativamente más bajo que el de Naruto—. Tu arte ha significado algo antes. Si sabes algo sobre el paradero de Sakura, si has visto algo en tus sueños que pudiera darnos alguna clave sobre le que pudo haberle pasado…
Sai reunió los papeles y con cuidado volvió a depositarlos dentro de su mochila, junto con el libro que había estado leyendo. Poniéndose de pie, colocó su mochila sobre su hombro y su cuaderno de dibujo bajo su brazo y luego miró directamente a Naruto.
—No sé nada. Lo siento —dijo en voz baja y después se hizo a un lado para caminar y dejarlos atrás.
—¡Oye! —Naruto comenzó a gritar con furia—. ¡No he terminado contigo! ¡Regresa aquí…
—Naruto —la voz severa de Shikamaru y un fuerte apretón en su hombro hicieron que sus ojos dejaran de mirar la espalda de Sai—. ¡Contrólate! Recuerda dónde estamos. ¡La gente está mirándonos, idiota problemático!
Naruto parpadeó y luego liberó un lento suspiro.
—Él sabe algo, sé que lo sabe…
—Lo sé —dijo Shikamaru. Naruto dejó de hablar y sus ojos se agrandaron.
—¿Eh?, ¿estás de acuerdo conmigo?
—Tiene sentido —Shikamaru liberó el agarre sobre su amigo en cuanto estuvo seguro de que Naruto no iba a salir corriendo tras Sai para tratar de sacarle información a golpes—. Y no creo que sea una coincidencia —sus cejas se levaron con sospecha—. Pero no es característico de Sai el ocultarnos cosas. No a menos que tenga una buena razón.
Guardaron silencio, uno en el cual Naruto estuvo seguro de que podía escuchar los mecanismos moviéndose dentro de la inteligente mente de Shikamaru.
—¿Entonces qué sigue? —preguntó después con frustración en la voz.
—Esperamos a Kakashi —dijo cuando lo miró a los ojos.
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—Asegúrense de que esté bien alimentada —Sasuke ordenó a las doncellas a quienes había comandado regresar al salón de banquetes—. Después regrésenla a su aposento, y… —miró con enfado el desorden en la mesa—, limpien esto.
—Sí. De inmediato, Gran Amo —Chizu le hizo una reverencia, seguida de Ume.
Sasuke miró a donde Sakura estaba sentada, perfectamente quieta, en una de las sillas. Estaba mirando hacia las velas titilando frente a ella, sin ver nada en realidad, una señal inequívoca de que en ese momento estaba atrapada en la hipnosis que él puso sobre ella. Se giró abruptamente para alejarse de las sirvientas antes de que pudieran ver el cejo fruncido en sus facciones. Esta no era la forma en la que él quería que ella comiera, pero la necia niña mortal no le había dado otra alternativa. Su carcaza física dejaría de servir si ella seguía negándose a comer. Y él en definitiva no tenía preferencia por sólo piel y huesos.
Sasuke dejó la habitación y salió del palacio. Estaba desconcertado al darse cuenta de que se sentía más intrigado que molesto por las acciones de Sakura. La tonta niña había sido lo suficientemente imprudente como para hacer un desastre en su mesa y lanzarle un cáliz, una prueba de que debajo de su educada y dócil apariencia, había algo de fuego.
Era un descubrimiento inesperado, pero emocionante.
Sakura estaba resistiéndose, pero él la quebraría eventualmente, en mente, cuerpo y espíritu. Consumiría todo, cada pequeña parte de ella. Sakura no tenía forma de saber que sus días de indultar sus berrinches infantiles eran extremadamente numerados. Nadie se había atrevido nunca a levantarle la voz y arrojarle cosas. Nadie que hubiera vivido después de eso.
Excepto uno, recordó con amargura y pronto cortó el recuerdo antes de que pudiera resurgir del todo. En lugar de eso, dirigió sus pensamientos hacia un asunto que requería su inmediata atención. Tenía que lidiar con eso con cuidado y de manera correcta, y después de eso, tenía que hacerle una visita al mensajero. Entonces, en cuando estuviera satisfecho con todas las precauciones puestas en su lugar, podría poner toda su atención en estudiar a Sakura, tal como quería. La visita de Kakashi había movilizado todo, y Sasuke sabía que actuar rápido era esencial.
Se desvaneció, reapareciendo junto al río Aqueronte, dónde observó a Juugo y Karin de pie junto a un hombre joven, alto y de cabello blanco, con dientes afilados y ojos color lavanda. Le dirigió una filosa mirada a sus súbditos, quienes rápidamente inclinaron sus cabezas y regresaron a su trabajo.
—Hey, nos vemos —el hombre de cabello blanco se despidió agitando su mano con simpatía. Estaba vestido con una capa púrpura con blanco, sus colores favoritos. Se giró hacia Sasuke conforme se acercó a él, sus ojos mostrando un sobrenatural brillo con una luz altanera y segura. Sasuke endureció la quijada. Tal como había sospechado, el Dios del mar ya había recibido información sobre el paradero de Sakura.
—Suigetsu —habló despreocupado.
—Sasuke —la deidad del agua asintió al saludo—. ¿Qué tal va la vida en este lúgubre y depresivo lugar? —ofreciéndole una engañosa sonrisa, fue directo al grano—. Un pajarito me dijo que las cosas se han puesto más interesantes para ti —hizo una pausa antes de que su sonrisa despareciera por completo—. O debería decir pequeñas sirenas cuyo paradero es desconocido ahora. No sabrás tú algo al respecto, ¿o sí?, ¿eh?
Sasuke lo vio a los ojos. Si el tonto pensaba que llevaba la ventaja, estaba muy equivocado. Ambos sabían quién era más poderoso y superior.
—Me desobedecieron —respondió a la acusación hablando con tranquilidad.
—Ahí te equivocas —Suigetsu le dirigió otra sonrisa mostrándole la dentadura—. Verás, estaban siguiendo mis ordenes —así que él sí las había enviado, pensó Sasuke.
—Residían en mi reino —el Dios de la muerte hizo hincapié. Suigetsu tan sólo bufó.
—No te puedes escapar esta vez, Sasuke. Y tal vez debas tener más cuidado con esa boca tuya. ¿Esperas que tan sólo acepte el hecho de que asesinaste a siete de mis súbditos?
Sasuke permaneció tranquilo, observando a su visitante.
—¿Sabes quién me visitó hace un par de horas? —Suigetsu siguió hablando—. Alguien llamada Tsunade. ¿Te suena ese nombre? —el gobernante del inframundo mantuvo su ira a raya usando un exterior de perfecta indiferencia mientras permitía que el travieso dios frente a él continuara—. Sí, luce bien para ser una diosa tan antigua —Suigetsu murmuró antes de regresar al asunto principal—. Como sea, parece que perdió a su hija. Una lindura llamada Sakura.
Los ojos de Sasuke se entrecerraron un poco al escuchar la manera tan casual en la que Suigetsu había hablado de ella.
—¿Y sabes qué es curioso? —el dios del agua continuó—. Ese es exactamente el mismo nombre que mis sirenas me dijeron antes. Pero claro, podría ser sólo una loca coincidencia…
La paciencia de Sasuke se partió en ese momento.
—No interfieras —le siseó con sus ojos brillando en rojo como advertencia. Pero Suigetsu no pareció afectado.
—¿Eh?, ¿me estás amenazando a mí?, ¿en serio? Mira, niño bonito. No te hagas ideas. La única razón por la que no te he delatado es porque tengo curiosidad. ¿Pero por todos los infiernos, sin ofender, qué estás tramando? Sabes quién es Tsunade. No es precisamente alguien con quien quieras meterte en problemas —puso los ojos en blanco, como si quisiera censurarse a sí mismo—. Oh, se me olvidaba, eres el gran y poderoso Sasuke, y tienes el hábito de causarle problemas a todos, incluido tu propio herma… —dejó de hablar cuando el fuerte agarre de Sasuke sobre su garganta se lo impidió. Los ojos rojos perforaron con odio los ojos lavanda, retando a Suigetsu a terminar esa frase. La deidad de cabello blanco tosió incómodamente y terminó de hablar—. No estás precisamente encantándome para ponerme de tu lado, ¿sabes?
—No dirás ni una palabra —Sasuke ordenó.
Suigetsu bufó, ignorando cómo los dedos alrededor de su cuello se apretaron más ante su gesto.
—¿Sí?, ¿y qué gano yo?
Una pequeña y siniestra sonrisa ligera apareció en los labios de Sasuke.
—Vivir —le dijo.
—Aah —Suigetsu desestimó —. No puedes matarme. Somos inmortales, ¿recuerdas?
—Tártaro no discrimina —Sasuke dejó entrever el significado.
Los ojos de Suigetsu se agrandaron por un momento, y luego intentó deshacerse del agarre de Sasuke. Él había anticipado eso, así que al instante capturó el puño. Suigetsu lo pateó con reflejos tan rápidos como los de una serpiente. Pero Sasuke era aún más rápido. Evadió el ataque, elevándose del suelo y usando el empuje y su agarre sobre el Dios del Mar para saltar. Aterrizó con gracia detrás de Suigetsu y le propinó una dura patada directo en la espalda, enviando a la deidad a volar por los aires delante de él. Suigetsu giró, recuperándose rápidamente y mostrando una sonrisa hostil en el rostro. Sus ojos brillaban con el desafío.
—Así que a esto llegamos. No puedo esperar para patearte el trasero. Ya es tiempo de que alguien te enseñe una lección, Uchiha —le dijo burlándose.
Sasuke parpadeó una vez y una jaula de hierro se elevó abruptamente desde el suelo obedeciendo su voluntad, con sus gruesas barras chispeando por la electricidad. Suigetsu estuvo atrapado antes de que siquiera hubiera podido pensar en teletransportarse y le dirigió una expresión estupefacta a Sasuke. Sus ojos se agrandaron cuando notó símbolos girando amenazadoramente en las profundidades de los ojos rojos del Dios de la Muerte.
—¿Qué demonios, Sasuke?, ¿enloqueciste? —Suigetsu demandó. Hizo una mueca cuando un hilo de electricidad lo alcanzó. El maldito bastardo estaba usando la debilidad de su elemento para tener la ventaja. Si había algo que podía mantener a raya al Dios del Mar, la única cosa que lo molestaba más que nada, eran los malditos rayos. Pero la ira que sentía por el tratamiento que estaba recibiendo por parte de Sasuke se esfumó por el momento, reemplazada por una completa incredulidad. No había esperado que él hiciera eso, pero bueno, el mocoso insolente siempre había sido locamente impredecible. ¿Acaso el rey del inframundo se sentía tan amenazado como para arriesgarse a aprisionarlo?, ¿estaba preparado para llegar a ese extremo para evitar que se supiera su secreto?, ¿todo por una chica mortal? No tenía sentido, a menos que hubiera más sobre la tal Sakura de lo que Tsunade reveló.
—No eres confiable —Sasuke dijo.
—Imbécil —Suigetsu le soltó —. ¿Piensas que no puedo salir de aquí, sólo porque lo cubriste todo con corriente eléctrica?
—Si prefieres entrar a tártaro, puede arreglarse —Sasuke respondió ominosamente. Ambos sabían que él era capaz de arrojar a la deidad del agua hacía el pozo infernal antes de que pudiera escapar. Suigetsu tensó la mandíbula con furia.
—¿Te das cuenta de lo que estás haciendo?, ¿tomando a otra deidad como rehén? Enloqueciste. Tantos años en la oscuridad se metieron con tu cabeza. Tengo océanos y mares que administrar, bastardo. La superficie podría inundarse…
—No me importa —Sasuke lo interrumpió. Suigetsu abrió la boca para dirigirle un colorido insulto, sólo para darse cuenta de que su prisión había sido recolocada en otro lugar con un simple parpadeo. Sasuke los había transportado lejos del río, alejándolo de su elemento. Todo lo que había ahora eran barras cargadas de electricidad atrapándolo, bajo una superficie de sólida roca. Suigetsu miró a su alrededor, sin ver otra cosa que no fueran cavernas a su alrededor.
—Tan sólo espera a que salga de aquí, imbécil —Suigetsu amenazó, lanzándole una mirada asesina a un nada perturbado Sasuke.
—Hn —Sasuke respondió restándole importancia, algo que implicaba el mensaje oculto: "Si logras salir". Entonces, en un suspiró, se desvaneció, dejando al Dios del Mar quejándose en su celda.
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Tsunade ya sabía quién estaba al otro lado de la puerta cuando la abrió. El aura familiar de Kakashi era tranquila, confiable. Abrió la puerta y lo miró con ojos muy abiertos.
—¿Y bien? —casi le gritó, con el corazón golpeándola, anticipando las noticias. El único ojo de Kakashi bajó al suelo, lo que hizo que los hombros de Tsunade bajaran igual—. Se negó a verte.
Kakashi suspiró despacio y entró. Tsunade cerró la puerta tras de él, apretando los dientes.
—Pude verlo —Kakashi respondió después de un rato—. Ella no ha pasado por las puertas del Inframundo, Tsunade.
Tsunade dejó escapar la respiración con alivio. Ya sabía que Sakura seguía viva. Elevando su mirada hacia el rostro enmascarado de Kakashi volvió a hablar—. ¿El Uchiha no la ha visto en absoluto?
—No —Kakashi respondió. Aún cuando dijo eso, estaba lleno con una insistente sensación de duda. No había ninguna evidencia que apuntara a que Sasuke tuviera alguna razón para secuestrar a Sakura y aún así, algo acerca de la particularmente escalofriante recibida de Sasuke había levantado sus sospechas. Aunque tal vez era sólo su imaginación. Después de todo, había pasado demasiado tiempo desde que él había visitado y hablado con Sasuke. Tal vez su distraída mente sólo había olvidado lo mucho que el gobernante de los muertos lo despreciaba.
—Suigetsu accedió a enviar sus sirenas para cubrir la búsqueda bajo el agua —Tsunade dijo hoscamente, logrando que Kakashi elevara una de sus cejas.
—Eso es demasiado cooperativo de su parte, considerando cómo es.
—Hice un trato con el joven tonto —Tsunade murmuró.
—¿Y qué fue?
—No importa —ella le restó importancia. Entonces le señaló que la siguiera a la cocina. Kakashi lo hizo y se detuvo detrás de ella, frente al fregadero.
—Han pasado menos de 24 horas, y ya están marchitándose —dijo ella suavemente. Kakashi siguió su mirada, notando la flor marchita. Su ceño se frunció un poco. ¿Qué podía hacer él para confortar a la mujer que tenía enfrente? Notó como sus hombros temblaron con ira y dolor reprimidos.
—La encontraremos, Tsunade. Esta viva.
Tsunade guardó silencio. Kakashi abrió la boca para sugerir otra cosa, cuando la puerta principal se abrió de golpe. Él giró rápido, sacando la daga escondida en la discreta bolsa en su cintura, sólo para bajarla poco después conforme su sorprendida mirada reconoció al intruso.
—Pero vaya, ¡Hola Kakashi! —una voz profunda saludó con entusiasmo. Un alto y fornido hombre, con largo cabello blanco que enmarcaba unas facciones ligeramente bronceadas, arreglado en picos como un río puntiagudo lo miró atentamente. En su mano izquierda sostenía una botella de Sake color verde. Una pista de su verdadera identidad—. ¡Ha pasado mucho!
