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Inuyasha no me pertenece.


Época feudal, actualidad.


Bien, ella estaba en una situación de mierda. Pensó Kagome.

La verdad, cuando ella había tomado la decisión de buscar al asesino de su hermana, no pensaba ser tan estúpida y caer en una trampa.

Esa misma mañana ella había interrogado a Hakudoshi, el sirviente que había encontrado a su querida hermana Kikyö inconsciente y con una herida en su pecho, hace dos meses atrás. Él le había dado exactamente la ubicación y ella estúpidamente, había salido como alma que lleva el diablo para ir a ese lugar. Sin flechas, sin arco, si escolta, sin sus mejores amigas. Fue sola. Estúpidamente sola, cabe destacar. Ella debía de tener mierda en el cerebro. ¿Quién en su santo juicio, sale a buscar a un asesino, que para rematar era un Yōkai, sola, sin ningún tipo de arma para defenderse?

Al parecer solamente ella. Bueno, es que ella es estúpidamente terca. Kikyö se lo había dicho tantas veces. Suspiro.

Estaba emocionada la verdad es que, se había hecho la valiente y pensó que conseguiría respuestas, o al menos, algunas pistas. Lo que consiguió fue un pase libre derechito a su muerte. Y para colmo, moriría virgen.

-Oye perra, estamos hablándote.-La estúpida voz de uno de sus captores la trajo de vuelta del viaje a sus pensamientos, lo miro. Realmente lo hizo, y maldita sea, ella deseo no haberlo hecho. El tipo era simplemente horrible, bueno, horrible, era una palabra condescendiente para decir lo malditamente feo que era ese bicho.

Al menos el hermano era más fácil de mirarlo, a pesar de que era un demonio era bastante guapo.

Se hacían llamar a sí mismos como los hermanos relámpago. Un nombre estúpido si se lo preguntaban a Kagome. La verdad, es que los dos tipos eran unos payasos totales. Pero ella no se dejo engañar, Kagome podía sentir sus poderes, y tenía un nivel bastante bueno.

El hermano mayor se llamaba Hiten, Kagome supone que es el guapo de la familia. Es un demonio con una apariencia casi exactamente igual a un humano, lo que lo diferencia de ellos son sus evidentemente enormes colmillos, los que están más desarrollados porque se alimenta de humanos y pequeños demonios según lo que le había dicho, para Kagome había sido una información que no le hubiera gustado obtener. Tiene una abundante cabellera negra que apila de forma de trenza y un par de flequillos sobre la frente. Tiene pequeñas orejas en las que usa unos aros sencillos, cejas arqueadas de color café oscuro y ojos rojos. Hiten en general es un demonio con la complexión de un humano atlético, lo que le hace tener gran ventaja sobre otros demonios al momento de la batalla, según él. El tipo era todo un fanfarrón.

Su hermano feo, era todo lo contrario.

Mantén, así se llama el bicho raro. Es un demonio con apariencia humanoide, pero muy distante a la forma y rasgos de un humano, siendo un demonio feo con una enorme cabeza desproporcionada, su cuerpo es más ancho que el de un humano y es de baja estatura en comparación a ella. Su piel es blanquecina y semejante a la de un lechón y es casi completamente calvo, excepto por una pequeña trenza que tiene en la nuca, tiene una maldita enorme frente que, sus orejas son pequeñas y puntiagudas y su nariz y boca son alargadas y no están separadas entre sí, teniendo Mantén como nariz sus dos pequeñas fosas nasales solamente y su dentadura es igual de filosa que la de un cocodrilo. Sus ojos son alargados y sus manos terminan en garras afiladas en cada uno de sus cinco dedos.

El bicho era muy horrible la verdad. Y lo peor, era él bicho feo, el que la había secuestrado.

Kagome estaba llegando al prado que se encontraba en la división del manantial, que había cerca de la aldea del palacio. Estaba entretenida mirando a todos lados, estaba agotada, llevaba al menos una hora caminando y ni una maldita pista. Necesitaba refrescarse, y cuando diviso el manantial lo único en lo que podía pensar era en meterse al agua. No había puesto ni un maldito pie dentro, cuando el idiota bicho feo se había aparecido de la nada para decirle. "Serás mi mujer" Como si ella estuviera ciega y sorda, para ser la mujer de un bicho tan feo. La verdad, es que prefería morir, a verse involucrada con esa cosa.

Y no es porque ella fuera superficial o algo así, y por eso es que no podía mirar su fealdad. En realidad, no le importaba si era feo o no, el caso es que el bicho ese, le había ofendido. Él muy idiota había aprovechado su estado de Shock y le había agarrado los pechos, y para rematar le había dicho. "Son pequeños, me gustan más grandes. Pero servirán, al menos mientras me canso de ti" Como si el bicho ese, fuera un espécimen digno de admirar. Por dios, de solo pensar yacer con él en el lecho, le daban arcadas.

Ella le había dado un manotazo, y un bofetón, y tal vez se había pasado un poco con lo que le había dicho.

-¡Ni en tus mejores sueños camarada, prefiero que alguien me viole con una lija!-Si, tal vez ella lo ofendió a tal extremo que él se vio obligado a darle una bofetada, y jalarle de las greñas mientras le daba un golpe en el nervio de su cuello, mientras ella caía como un maldito saco de patatas.

Se había despertado unos momentos después, y se había dado cuenta en el estado que se encontraba, estaba desnuda, y atada. Arrinconada en un maldito árbol, como si no fuera más que basura. Se había dado cuenta, cuando volvió en si, que no era solo un idiota el que la había secuestrado. Eran dos, por lo menos el segundo, era más fácil de mirar.

El tal Hiten, se había limitado a mirarla, examinándola de pies a cabeza y le había dicho a su hermano con voz divertida y ronca.

-Que buena presa Mantén, nos divertiremos con ella, y luego la mataremos.-Lo había dicho con intenciones de atemorizarla, ella estaba cagada del miedo por supuesto, y tenía ganas de llorar, pero se negó a si misma semejante debilidad. Ella no lloraría frente a ellos no les daría el gusto de verla débil y vulnerable. En cambio, había alzado la barbilla, a la final, ella era una maldita princesa. Y si tenía que morir ahora, lo haría con dignidad y orgullo. Pelearía con uñas y dientes, antes de que uno de esos malditos hermanos le ponga una mano encima. Ella era una digna Higurashi, hija de un gran terrateniente y una mujer excepcional, la mejor amiga, de una excelente exterminadora, y una Yōkai, era la hermana de una difunta sacerdotisa, ella misma lo era. Su hermana, había sido valiente mientras estaba viva, y si ella tenía que morir ahora, lo aceptaría con valentía. No por nada, era la hermana de Kikyö Higurashi. Al pensar en su hermana, no pudo evitar que su corazón se estremeciera.

Su hermana Kikyö había aceptado su muerte con los brazos abiertos, dios de solo recordar ese día se ponía frenética. Aún estaba fresca la herida en su corazón, e inevitablemente recordó ese día.


2 meses antes, palacio Higurashi.


-¿Cómo sigue?-Al escuchar la suave voz femenina, Sango se giro a ver a su mejor amiga. No iba a disimular qué no sabía lo que estaba preguntando su amiga. Ella sabía lo importante que era Kikyö para Kagome.

-No voy a mentirte Kag.-Dijo con voz suave pero firme.-Esta mal, muy mal. Los curanderos no creen que resista mucho.-Un sonido ahogado provino de su amiga.-Ha perdido mucha sangre, la herida en su pecho no se cierra.-Titubeó un poco.-Ella quiere verte.

Sango se hizo a un lado para que su amiga entrara a la habitación de su hermana mayor. Con paso firme entro y cerró la puerta detrás de ella.

-¿Morirá pronto, cierto?-La pregunta de Yura Sakasagami la pone nerviosa, aún más si es posible. Se giro a ver la Yōkai. Esta la miro con una mirada triste, pero llena de apoyo.-Porque lo hará, puedo oler la muerte sobre ella.

A pesar que es muy conocido que los demonios y los humanos no se llevan, hay algunos que entrelazan amistades, como ellas. Ella y Kagome conocieron a Yura una noche de luna nueva. Cuando ellas tenían ocho, hace más de diez años. Estaban caminando alrededor del palacio, hacía los jardines cuando encontraron a una muchacha de 13 años herida cerca del estanque de los peces. Kagome y ella había corrido a auxiliarla, cuando la ayudaron a darse media vuelta pudieron ver que no era del todo humana.

Desde entonces su amistad empezó. Ganarse la confianza de Yura fue difícil, era una Younkai herida, y desconfiada. Sango al principio estuvo recelosa a su alrededor, pero Kagome fue distinta. Le brindo su amor y cariño sin limitaciones, ayudo a sanar las heridas, no solo físicamente, internas también. Yura tenía el corazón herido, su madre la había abandonado con tal solo 10 añitos por haberse negado a matar a un anciano. Horrorizada por que una madre pueda hacer tal cosa, Kagome les pidió a sus padres que la dejaran vivir en el palacio, ellos aceptaron, y desde entonces Yura vivía en el palacio Higurashi. Su amistad era tan fuerte que Yura era capaz de sentir las emociones de Sango y Kagome.

Por lo mismo Yura estaba ahí en ese instante. Sabía que la vida de Kikyö estaba llegando a su fin, y estaba dispuesta a darle todo el apoyo a su amiga. Kagome y Sango han sido su todo, le ayudaron cuando más necesitaba un hombro donde apoyarse.

Sango suspiro y asintió.

-Solo espero que.. Todo salga bien.

Yura la miro, y frunció el ceño.

-No creo que las cosas puedan ponerse peor.-Le dio la espalda a Sango y miro por la ventana.-Aunque.. tengo un mal presentimiento y a mi parecer, esto es solo el comienzo de la tormenta.-Murmuro para sí misma.

Y cuan ciertas eran sus palabras.

Kagome no sabía a dónde mirar para que su hermana no viera como las lágrimas salían sin cesar de sus ojos. No quería llorar frente a ella, quería verse fuerte. Su hermana Kikyö siempre fue perfecta, la hija disciplinada, una excelente sacerdotisa amada por los aldeanos, y por todo aquel que la conociera. Ella le enseño todo lo que sabía Kagome, le enseño a como peinarse y maquillarse. Como vestirse, y como canalizar sus poderes. Le enseño a usar el arco y flecha, le enseño a sentirse querida.

Los padres de Kagome y Kikyö murieron en un accidente cuando Kagome tan solo tenía doce años, y Kikyö dieciocho. La noticia de la muerte de sus padres fue devastadora para todos, su padre era un Señor poderoso, y muy bueno con su pueblo, pero fue más difícil para la pequeña Kagome, que tan solo era una niña. No quedaron solas, los padres de Sango estaba con ellos. Era los mejores exterminadores de todo Japón, y los mejores amigos de sus padres. Pero ellos tampoco se quedaron mucho tiempo. 11 meses después, murieron inesperadamente de una enfermedad, dejando así a las hijas de sus mejores amigos solas, como también a sus dos hijos.

Al ver a su hermanita tan mal, Kikyö le había hecho una promesa. Siempre estarían juntas, y nunca la abandonaría. Seis años después, en contra de su voluntad, Kikyö estaba a punto de romperla.

-V-en, Kag..ome.-Le constaba muchísimo hablar, el dolor en su pecho era desgarrador, nunca lo vio venir. Se había confiado, Kikyö amo y fue traicionada por ese amor.

Haciendo un esfuerzo inmenso Kagome se dirigió hacia la silla que estaba al lado de la cama de su hermana, vio un cepillo, y prosiguió a peinarle el cabello a Kikyö.

-Me gusta tu cabello hermana.-El pelo de Kikyö era de un color negro intenso, y liso como la seda.

Kikyö sonrío, su pequeña hermana, era tan indiferente con su propia belleza. Ya le gustaría a Kikyö poseer su cabellera azabache con tonos azulados, de esa manera tan rebelde, que la hacía ver, apetitosa. Pero no era el momento de admirar la belleza de su hermana, había cosas más serias de que tratar, antes de que parta de este mundo terrenal.

-Tienes que..-Tosió un poco, pero continúo.-Escuchar..me.

Kagome frunció el ceño, su hermana estaba esforzándose de más y eso le estaba pasando factura.

-Kikyö deberías..

-Shh.-La silencio.-Solo escucha.

Asintió, haría lo que su hermana le pidiera.

-Me estoy murien..do. No, no, no lo hagas más difícil de lo que ya es.-La miro, necesitaba que su hermana entendiera lo importante que es para ella.- ¿Sabes lo que pensé cuando te cargue por primera vez en mis manos?

Kagome negó, las lágrimas llenaban sus ojos. No quería llorar, quería ser fuerte para su hermana.

-Pensé.. pensé que eras la cosita más bonita del mundo.-Los ojos se le llenaron de lágrimas esta vez, a Kikyö.-Pensé, que al fin tendría a alguien para jugar. A alguien para peinarle el cabello por las noc-hes.

Ya Kagome no podía controlar sus lágrimas.

-Me dije a mi misma, que haría todo lo que fuera para cuidarte.-Le sonrío.-Y te cuide. ¿Lo hice bien?-Le pregunto, no parecía la Kikyö de siempre. Parecía insegura, y llena de miedo. Kagome le apretó la mano, y asintió. Tenía un nudo en la garganta y no podía hablar. Sentía como si un puño invisible le aplastara la garganta, el dolor en su pecho era inevitable.

Kikyö sonrío satisfecha.-Te protegía de todos y de todo, te enseñé a usar tu arco y tus flechas, te enseñe todo lo que pude hermanita.-La miro a los ojos, las dos estaba llorando, porque sabía que esta sería la última vez que lo harían juntas.-Quiero que sepas, que nunca fuiste una carga para mí. Cuando murieron nuestros padres, te críe como si fueras mi hija Kagome. Y en cierta parte lo fuiste, lo que esta pasándome fue mi culpa.

Kagome la interrumpió.-Esto fue culpa, de aquel maldito demonio, no tuyo Kikyö..

-Déjame terminar..-Tosió.-Por favor, no me queda mucho tiempo.

Como para que le quedara más claro, su Kimono blanco, empezó a mancharse de sangre.

-Eres y serás la luz de mis ojos hermana. Me enamore, Kagome.-Sus palabras dejaron sorprendidas a su hermana.-Me enamore, confié.-Una pausa.-Me enamoraron, y me fallaron. No le niegues el paso al amor hermana, yo me enamore de la persona equivocada y esa fue mi perdición y la causa de mi muerte. Enamórate, y la persona que tu elijas, lo juzgare y si es el correcto, tendrá mi bendición desde donde este.

Las lágrimas ya no paraban, las palabras de su hermana eran puñales en su corazón. Sabía que estaba cerca, Kikyö iba a morir, y ella no podía hacer nada más que observarle. La vida era muy injusta.

-Te cuidaré desde el cielo, si es que ahí voy, vigilaré tus pasos, y dejaré que te tropieces y caigas hermana. Pero nunca dejaré que te quedes en el suelo.-Mas lágrimas corrían por el rostro de Kagome, ya eran difíciles pararlas, y ya no quería hacerlo.-Te ayudaré a levantarte, y siempre estaré junto a ti, dejaré que llores, pero nunca que te rindas. Dejaré que falles, pero no que pierdas las esperanzas. Dejaré que te rompan el corazón, pero también ayudaré a que te lo recompongan. Dejaré que te lastimen, para después sanarte. Dejaré que te confundas, y que dudes de ti, solo para que te encuentres después a ti misma. Dejaré que te amen, porque yo también lo hago. Nunca dudes de mi amor y cariño hacía a ti, en el momento oportuno, recuerda todo lo que te enseñé.-Le apretó la mano con las pocas fuerzas que le quedaban. Por favor Kamisama, un poco más, dame un poco más de tiempo, al lado de mi hermana. Rogo Kikyö.

-Basta Kikyö, no digas más. Tú te pondrás bien, me hiciste una promesa y debes de cumplirla.

-Hermana, no te engañes a tu misma, no te hagas más daño.- Tosió y tuvo que cubrirse con su mano, para que Kagome no viera el hilo de sangre que manchaba su boca.-No me lo hagas más difícil, ya no resisto más Kag. Me duele, me duele mucho.- Sollozo y empezó a toser y agitarse. Kagome estaba asustada, tenía que llamar a la curandera, pero Kikyö la detuvo.

-No.. espera.

-Kikyö necesitas..

-No, Kagome.-Dijo con firmeza, con el poquito que le quedaba.-Lo que necesito es que te quedes a mi lado, y me des tu mano. Diles a Yura, a Sango y Kohaku, que los amo. Que son parte de mi familia, y que desde donde esté también cuidaré de ellos. A todos les espera un largo camino.

Kagome no podía negárselo a su hermana.

-¿Recuerdas aquella vez, que te subiste al árbol y no podías bajarte?-Los recuerdos del dichoso árbol llegaron a la memoria de Kagome como un flash. Soltó una risita asintiendo, lo recordaba perfectamente.

-Me puse frenética, pensé que te harías daño, y subí a bajarte. Al final, fue Yura la que nos bajo a las dos.-Compartieron una sonrisa cómplice, de esas que solo se da entre hermanas.

Kikyö cerró los ojos y siguió hablando. Su muerte estaba cerca, y quería decirle más cosas a su hermana.

-Tendrás un futuro difícil hermana, y que más me gustaría a mi poder estar a tu lado.-Kagome la miro sin entender.-Te esperan retos, recuerda que eres digna de ser una sacerdotisa, y digna de ser mi hermana, eres fuerte, poderosa, dentro de ti, hay un poder inimaginable.

Kagome no entendía el parloteo de su hermana, pero lo dejo estar. De seguro estaba delirando.

-Te ayudaré, guiaré tus pasos desde el más allá.-La fuerza se le estaba yendo, la vida se escurría de sus manos.-Recuerdo Kagome, que siempre, siempre, te voy a querer chiquilla impetuosa. Me.. me estoy muriendo nena.. ya, no puedo más.-Más convulsiones, ya su Kimono estaba totalmente manchado, no podía mantener los ojos abiertos, y sentía mucho dolor.

Kagome negó con la cabeza fuertemente. Su hermana no podía dejarla, ella no era tan fuerte.

Al final, Kikyö dio un último suspiro, y murió.

-¡NO!-El grito frenético de Kagome se escucho en todo el palacio, al cuarto interrumpieron Sango y Yura.

Sango le daba gracias a Kamisama que Kohaku estuviera entrenando y no estuviera aquí.

Kagome movía el cuerpo de su hermana y la sacudía, luego la abrazo fuertemente.

Al cuarto llegaron algunos sirvientes y curanderas, mirando la trágica escena, viendo como Kagome lloraba desconsoladamente encima del cuerpo inerte de su hermana. Mientras que Yura y Sango sabían que Kagome se estaba haciendo más daño.

-Kag, ven.. Vamos a tu habitación.-Sango intento cogerle la mano, pero Kagome le dio una sacudida, mientras abrazaba más fuerte el cuerpo de su hermana.

-¡No, Sango!-Sollozos, y más lágrimas bañaban sus hermoso rostro. No quería, no podía aceptarlo, no, no, no su hermana, su querida hermana no podía estar muerta, Kikyö no.

-¡Me lo prometiste Kikyö, me lo prometiste!-Le gritaba con la voz entrecortada.- ¡Me dijiste que no me abandonarías! ¡Que me cuidarías! ¡Qué estarías conmigo siempre!-Yura la congio por la cintura, pero Kagome le echo un empujón.

-¡Mentirosa! ¡Eres una mentirosa Kikyö!-No podía hablar bien, las lágrimas corrían rápidamente por su rostro, la garganta le dolía, pero más le dolía el corazón.-¡Me dejaste, me dejaste! ¡Tú no puedes dejarme, no puedes, lo prometiste! ¡Maldita sea Kikyö me lo prometiste!-La dejaron estar, que se desahogara, lo mejor que podían hacer, era eso.-¡¿Cómo pudiste dejarme?! ¡Yo no soy tan fuerte Kikyö! ¡No lo soy!-Su garganta la sentía cerrada, no podía tragar, y sentía que todo se estaba desvaneciendo a su paso. Ahora en voz baja acerco su boca al oído de su hermana, como si esta pudiera escucharla.

-Kikyö, vengaré tu muerte, encontraré al culpable hermana.-La apretó contra ella.-Pe…pero por fa…vor regresa. No me abandones, yo.. Yo seré buena, ya no faltaré a mis clases de arquería para poder cabalgar, yo.. yo.. Yo solo quiero qué me abraces una vez más.-Su voz se rompió.-Por…Por favor.

Poco a poco dejo de sacudir el cuerpo de su hermana, no le importo que ella también se hubiera llenado de sangre.

Recuerdos de su niñez pasaban como flashes por su cabeza. La primera vez que Kikyö le enseño a montar bien a caballo, cuando se escapaba de su habitación para dormir con ella. Cuando Yura, Sango y ella se metían en problemas y Kikyö las protegía a todas. Siempre a su lado, sonriéndole y alentándola, regañándola cuando faltaba a su clases, para después jalarle el cabello juguetonamente.

Sango y Yura tenían el corazón roto, las lágrimas también bañaban sus rostros, Kikyö había sido muy buena con ellas. Les había dado todo el amor y el cariño que había en su pequeño cuerpo, les había enseñado a leer y a escribir. A ser unas damas, a pesar de que ellas no deseaban serlo. Les había reprendido, había sido mandona y estricta. Pero lo más importante, Kikyö las había amado, las había abrazado cuando Sango se había roto el tobillo, abrazo y consoló a Yura cuando se había caído del caballo, a pesar de que era un Yōkai puro, Yura había necesitado de ese consuelo, no le había dolido la caída, pero quería ser amada, y Kikyö la amo como a otra hermana. Yura no podía más que sentir amor y gratitud hacía Kikyö, honraría su nombre, y protegería a todos, incluso a costa de su propia vida.

Un sonido en seco la trajo de vuelta a la realidad. Instantes después se dio cuenta que su mejilla ardía y palpitaba. Le había dado un bofetón tan fuerte, que le rompieron el labio inferior. Delante de ella, Hiten se encontraba de pie con la mano aún en el aire, ella lo miro, y todo lo que pudo sentir fue rabia, ignorando el dolor y picor.

Hiten se agacho a ver a la pequeña humana que estaba ignorándolos a él y a su hermano. La pequeña puta necesitaba que alguien le enseñará modales y el sería el que se los enseñaría. Le cogió la barbilla con fuera y la obligo a mirarlo. Sus ojos chocolates ardían con una pasión desgarradora, que hizo que su erección creciera. La muchacha estaba ardiendo en rabia, bien. Sonrío con satisfacción, le gustaba que sus presas pelearan. Era, como decirlo… Más gratificante.

-Eres una pequeña estúpida ¿lo sabías?-La muy perra lo fulminó con la mirada, antes de echar su cabeza hacia atrás e impulsarse hacia adelante con fuerza. El choque de cabezas sonó con un sonido en seco, e hizo que su cabeza palpitara.

Con un siseo maldijo y le dio un revés con su mano derecha. La cabeza de la perra se movió hacia un lado, pero se negó a llorar, a pesar que él podía oler las lágrimas acumuladas en sus ojos. Bien, el no quería que lloriqueara cuando la montara.

La levanto con fuerza, y la tiro boca abajo, el pequeño cuerpo de la humana reboto en el césped y le dio un vistazo de su magnífico culo. El iba a disfrutar muchísimo desflorando a esa mujer.

Un sonido ahogado detrás de él, seguido de un siseo lo puso en alerta. Se volteo ligeramente a decirle al estúpido de su hermano, que se quedará quieto, que pronto llegaría su turno.

Pero se encontró con algo que no esperaba.

Detrás de él, había un maldito hibrido que con su mano derecha le atravesaba el pecho a Mantén. Hiten no podía creerlo, tanto era su estupefacción que se quedo inmóvil, viendo con el jodido mal nació, le arrancaba del pecho el corazón a Mantén. El órgano palpitaba entre sus manos, hasta que él lo hizo trizas con sus garras. El cuerpo sin vida de su hermano callo como en cámara lenta frente a sus ojos, los ojos vacios lo miraban. La furia empezó a recorrer su cuerpo, su hermano, su compañero, muerto por un ser repugnante y miserable.

Pero el hibrido se había metido con los hermanos equivocados. Con un movimiento de su mano llamo a su Raigekijin1*. Le iba a enseñar a ese jodido animal, que él no era tan fácil de vencer.


Inuyasha estaba ardiendo en cólera. Su día era una completa mierda.

Primero su padre lo había mandando a una misión para que hablara con los demonios de la línea fronteriza. La línea fronteriza era la división que había hecho su padre, con un terrateniente llamado Higurashi, hace unos 20 años, la idea era que los humanos y demonios vivieran en paz, para no extinguirse mutuamente. Una idea estúpida si le preguntaban a él, pero siendo su madre una mujer humana, bueno, que se podría esperar.

La línea fronteriza era cuidada por un Yōkai viejo amigo de su padre, su nombre era Royakan, junto con sus lobos cuidaban la frontera de los demonios. Mientras que Bankotsu, el general de los siete guerreros custodiaba junto a sus hermanos, la frontera de los humanos.

Su padre le había dicho que el pacto había sido violado, hace unos dos meses atrás más o menos, había corrido el rumor con un Younkai había traspasado la frontera y había asesinado a la sacerdotisa guardiana del palacio y la aldea de los Higurashi, los cuales eran una de las familias más poderosas, al menos, de los humanos. Para rematar, la mujer era la primogénita del viejo amigo humano de su madre y padre. Su padre había montando en cólera, y pidió que le trajeran la cabeza del Yōkai, para vengar así a la hija de su difunto amigo. Pero nadie la trajo, el demonio había sido muy cuidadoso.

Algo que había hecho sospechar a todos ellos.

Llegaron a la conclusión que era alguien que la mujer conocía, porque se relacionarían, era un misterio para todos, la víctima no había sido escogida al azar. La pregunta es ¿Por qué matar a una princesa, que de paso era una sacerdotisa poderosa, y con qué fin? Algo que también lo hacía estar inquieto era lo fácil que fue para el demonio. El había conocido a Kikyö, en realidad, la había visto las pocas veces cuando ella visito el palacio de su padre. Tenía un poder espiritual impresionante, y podía purificar a cualquier demonio sin ningún problema. No le dio importancia, y siempre la veía de lejos, ella siempre traía un aroma en sus Kimonos, que llamaban mucho su atención.

Al principio pensó que era le esencia de la mujer, pero no fue así. Cuando se lo pregunto, dijo que la esencia que él sentía, debía ser de su hermana pequeña. Él nunca conoció a la dichosa hermana pequeña, y estaba agradecido por eso. Cuando inhalaba ese aroma de las ropas de la sacerdotisa se volvía loco, su pulso pulsaba constantemente, y su corazón se aceleraba. Para su maldita mala suerte, a su pene le encantaba ese aroma. Cada vez que podía oler aunque sea un poco de ese olor, no es que fuera mucho, el aroma que Kikyö traía en sus ropas, no era fuerte, pero si lo suficiente para olerlo y diferenciarlo del aroma propio de la sacerdotisa. Él siempre lucia una erección de campeonato, su maldito pene se alzaba como una vara, y él se sentía avergonzado que el simple aroma de la hermana pequeña de Kikyö lo pusiera en tal estado. Se sentía como un jodido depravado.

El poder de Kikyö podía derrotar a un ejército, entonces ¿Cómo un simple demonio pudo matarla? ¿Cómo no se defendió? Mierda, era todo un maldito dilema.

Después de hablar con Royakan, este le había asegurado y perjurado que ningún demonio traspaso la barrera. Normalmente los demonios que traspasaban la frontera tenía que notificarlo a Royakan, este daba su consentimiento. Cuando volvían, se les hacía una revisión, si el demonio que había herido de muerte a Kikyö pudo ocultar el olor de sangre, pero no las vibraciones espirituales que siempre emanaban de ella, ¿entonces, quien realmente hirió a muerte a Kikyö, y con qué fin?

El había traspasado la barrera, porque quería hablar con los residentes de la casa Higurashi. Y acepto a regañadientes que también quería conocer a la hermana de Kikyö. Quería ver, si era tan bella como decían, o al menos, como lo había sido su hermana en vida.

Iba solo, normalmente siempre viajaba solo, o lo hacía con su ejército. O con su medio hermano, pero esta vez sencillamente quiso hacerlo solo.

Estaba tan concentrado en el camino, que no se había dado cuenta del picor que perturbaba su nariz, cuando se dio cuenta se detuvo en seco.

El fabuloso olor que a veces olía de la ropa de Kikyö, estaba llegando a su nariz, la hermana de Kikyö estaba cerca. Inhalo profundamente, para luego fruncir el ceño. Había olores mezclados con el de ella.

Miedo, rabia, y dos olores a demonios machos.

Un gruñido nacido desde lo más profundo de su garganta, salió de su boca. Moviéndose con agilidad, esquivando los árboles, siguió el olor. Mataría al que la fuera asustado, y osado acercarse a ella. No la conocía, pero su olor lo incitaba a protegerla. Su demonio interior estaba despierto y gruñendo. Bien, los dos estaban de acuerdo en matar.

Primero llego un manantial, el olor era tenue, aun fresco. Eso quería decir que no se había movido hace mucho. Inhalando de nuevo, supo hacía donde dirigirse, cruzo el manantial, y empezó a correr.

El olor se estaba haciendo más fuerte, olio la excitación que provenían de los dos machos. Royakan no le había dicho, que había dos demonios que habían solicitado el permiso de traspasar la frontera. Se encargaría de eso más tarde, lo primordial era encontrar a la mujer.

Llego a un lugar donde la maleza del bosque no era tan abundante. Se subió de un salto árbol, pero desde donde estaba, no podía observar bien a la mujer.

Pero si sabía quiénes eran los idiotas que la tenían. Había escuchado a Sesshomaru hablar de unos hermanos relámpago, normalmente ninguno de los Yōkais los soportaba, eran ridículos.

Escucho perfectamente todo lo que decían, al principio estaba calmado. Al parecer no le había hecho nada aún. Hasta que sus orejas dieron un tirón, cuando escucharon un sonido en seco.

Su cuerpo se puso en tensión, listo para atacar.

-…pequeña estúpida ¿lo sabías?-No escucho que la mujer respondiera, su nariz picaba y su demonio estaba arañando su pecho para subir a la superficie. Estaba gruñendo y pataleando con fuerza dentro de sí mismo.

Inuyasha estaba jadeando, su demonio estaba inquieto, luchando por salir, el no podía dar rienda suelta a su demonio. No mientras la pequeña humana esta cerca, no podía arriesgarse.

Pudo oler la excitación mayor que tenía uno de ellos. Y Inuyasha sabía muy bien, lo que querían hacerle a la pequeña humana, pero sobre su cadáver iban a violarla.

Sigilosamente se acerco más cerca, aún no le había dado un vistazo a la mujer, pero no quería hacerlo. Tenía un casi nulo autocontrol de su bestia interior y presentía que si veía a la mujer en mal estado. Explotaría.

Miro a uno de los hermanos, el gordo simplón que estaba más cerca de él. La cosa era espantosa, ¿Que mierda tan fea era esa?, sacudiendo su cabeza, afilo sus garras. Se agacho y espero. Ninguno se había percatado de su presencia, y eso jugaría a su favor.

Ser acerco un poco más, solo un poco más, y podía matarlo de un solo movimiento.

¡Ajá! El idiota estaba mirando hacía su hermano, no estaba atento a su entorno. Una sonrisa maliciosa se formo en su rostro. Bien, pagaría caro su descuido. Aun agachado, en un movimiento de sus pies, se impulso hacia adelante, cayendo justamente delante de él bicho feo, el idiota solo pudo soltar un jadeo de sorpresa, antes de sus manos con garras atravesara su pecho, la mano de Inuyasha, siguió hacia adelante, dañando todo su organismo por dentro, hasta que tuvo en sus manos lo que quería. Sonrió, tenía su jodido corazón en sus manos.

Con un movimiento lanzo su brazo hacia atrás, trayendo consigo el corazón del bastardo. Los ojos se habían abierto con sorpresa, mientras sus manos arañaban su pecho. Unos segundos después cayó muerto en el suelo. Inuyasha estaba preparado para arremeter contra el otro hermano, se giro un movimiento ágil, y quedo de frente al otro hermano. Bueno, por lo menos este no era tan difícil de mirar.

El otro hermano relámpago, se levanto y estiro su mano de un lado. Una especial de lanza apareció en su mano, Inuyasha arqueo una ceja expectante. Pero se descuido.

Cediendo a un impulso que no conocía, miro hacia la mujer. Vio un cuervo curvilíneo lleno de curvas en un cuerpo esbelto que estaba boca abajo. Sus caderas tenían magulladuras, igual que sus piernas y su espalda. Tenía las manos atadas en la espalda, igual que sus pies también estaban atados. Su precioso cabello estaba hecho hacia un lado lleno de pasto. Su aroma le llego de lleno, dejándolo sin respiración.

Su demonio empezó a jadear con fuerza y aullar lleno de rabia, arañando desde adentro queriendo salir y matar al hijo de perra que le causo esos moretones. Sus ojos se volvieron rojos, le salieron marcas a los lados del rostro, Inuyasha podía sentir como su demonio interno tomaba el control, pero no le importaba, estaba seguro que no le haría daño a la mujer, además el también estaba cabreado, nadie tenía que tocar esa piel perfecta y dejarle esas marcas tan horrendas. El hijo de puta de su demonio, no había dejado de repetir en su mente esas jodidas palabras.

¡Nuestra! ¡Nuestra! ¡Mía, mía!

Al parecer solo conocía esas palabras.

Justo antes de que su demonio tomará el control, por el rabillo del ojo vio al otro Younkai viniendo directo hacía él.

La jodida puta y todo lo que se menea. Iba a matar a ese cabrón.


Continuara.

¡Hola chicas! Aquí les traigo el primer capítulo. Espero y les guste. Tenía pensando actualizar entre lunes y martes, pero se me había ido el internet, y me llego fue esta mañana. Lo siento, no tengo fecha para actualizar el segundo capítulo, pero lo actualizaré tan pronto como lo tenga. Esperare ansiosa sus reviews, y gracias por las que le dieron Fav a mi historia, y a las que me comentaron. ¡Son un amor! Un cap mas o menos larguito por el retraso.

1*.-Es el arma que Hiten usa en la serie y en el manga, así se llama, y mediante ella controla los truenos.

Antes de despedirme quisiera aclarar algo. A algunas les dije que este seria una especie como de segundo prologo. Cuando lo estaba escribiendo así tan solo iba a escribir la mitad, al menos asi lo tenia en mente, luego decidi añadirle más cosas y este fue el resultado. Decidi que este seria el primer capitulo, así que espero y me den sus opiniones, sus comentarios son mi recompensa y mi llenan de alegría. Gracias.

¡Chaito!