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Controlando el ligero temblor que le recorrió la espina dorsal Sango, miro fijamente a Hana, la doncella de Kagome, tratando de entender lo que sus oídos estaban escuchando. Se negaba a creerlo Kagome simplemente no podía ser tan estúpida.

-¿Qué dijiste Hana?

Hana removió nerviosas sus manos y se balanceo de atrás para adelante sobre sus pies. Sabía que tenía que haber evitado que su ama cometiera semejante tontería, la señorita Kagome era una dama, si bien también era un sacerdotisa, ella no tenia porque estar investigando muertes, y mucho menos la muerte de la señora Kikyö. Hace más de tres horas que su niña se había ido y ella está muy preocupada por su ama.

-La señorita Kagome, me había dicho que saldría a los alrededores para conseguir unas pistas sobre la muerte de la señora Kikyö. Eso fue hace más de tres horas señorita.

Sango inhalo y exhalo varias veces, su mejor amiga a veces podía ser tan inteligente, pero otras veces podía ser tan increíblemente estúpida.

Paciencia, Kami, dame paciencia Pensó ella.

-Voy a buscarla Hana, no te preocupes.-Le dijo.-Busca a Yura y dile que se encuentre conmigo en las puertas del palacio.-Se giro y vio a si gatita.-Vamos Kirara.

Dando media vuelta se fue a buscar su Hiraikotsu, y su traje de exterminadora. Desde la muerte de Kikyö ella no creía que fuera seguro andar por los alrededores fuera una buena idea, por eso, prefería ir preparada por si se encontraba con algún demonio. Se cambio rápidamente y salió hacia las puertas del palacio. Yura ya estaba esperándola con su vestimenta que usaba cuando entrenaban. Un pequeño traje de cuero negro, un traje de mujer ninja. No hacía falta decirle a Yura porque saldrían ella ya lo sospechaba.

-¿Kagome?-Fue la única pregunta que hizo Yura, Sango asintió y ninguna dijo nada más. El corazón de ambas latía apresuradamente, ellas se habían recompuesto de la perdida de Kikyö con esfuerzo, perder a Kagome. No querían ni pensarlo.


Kagome estaba nerviosa. Si bien, había tomado la decisión de aceptar su muerte con valentía, fue una decisión completamente estúpida ahora que lo pensaba con más detenimiento. Ella quería tener hijos, y formar una familia. Pero también, quería vengar la muerte de su hermana. Y muerta, no podría vengarla. ¿Pero cómo podía salirse de esta situación en la que estaba metida hasta el fondo? Bueno, no tenía que preguntárselo, pues hace tan solo un minuto el idiota Hiten estaba prácticamente encima de ella, y un minuto después ya no.

Ella sintió que algo se había aproximado. Era un demonio, pero no sabría definirlo ciertamente. Lo que si sabía era que tenía un poder inimaginable. Ella podía escuchar como peleaba con Hiten y quería verlo. Tratando de removerse un poco, todo lo que las cuerdas le permitiesen, para poder observar, con gran esfuerzo pudo girarse de medio lado. Un ángulo perfecto para poder observar la pelea que se desarrollaba frente a sus ojos.

Hiten tenía su lanza que a su parecer era muy extraña. Miro a la persona que estaba peleando contra él y el aire se atasco en sus pulmones.

Era un hibrido.

Era alto, tenía el pelo peli plateado, y dos orejas en la cima de su cabeza, portaba su cara surgen dos marcas de color magenta laterales en cada mejilla similares a rasguños, sus ojos eran de un color azulado, sus pupilas rasgadas y la esclerótica de sus ojos era de color rojo, tenía unas cejas pobladas y de color negro que hacia contraste con su cabello. Estaba vestido con unos Hakama blusados en los tobillos, una chaqueta con mangas "separadas", un kosode, y un obi. Encima de todo llevaba una armadura de acero con púas.

Al parecer su lado demoniaco tomo el control. Pero no fue eso lo que la impresiono. Si no, que al verlo luchando contra Hiten una oleada de preocupación corrió por sus venas. ¿Por qué ella se preocuparía por alguien que no conocía en lo absoluto? No, mejor dicho. ¿Por qué ella se preocupa por un demonio?

Hiten la sacó de sus preguntas auto impuestas cuando en un movimiento de su muñeca, le clavo al punta de su lanza en el hombro derecho, ella intento dar un grito ahogado pero todo lo que pudo hacer fue dar un sonido estrangulado. Después de todo, estaba amordazada. Al parecer a su salvador, eso no le importo, porque dio un gruñido, (que según la opinión de Kagome fue de lo más aterrador con un toque sexy), y le clavo una de sus muy largas garras el brazo izquierdo de Hiten, arrancándole un pedazo de piel.

-¡Maldito hibrido me las vas a pagar!-El bramido de Hiten la asusto, se estaba cabreando en serio y temió un poco por su salvador. Al parecer su salvador no pensaba igual, poniendo su pie derecho al frente, y estirando un poco su pie izquierdo hacia atrás le hizo una seña a Hiten con una de sus garras para que se acercará a él, mientras se reía un poco.

Hiten elevo su lanza hacía el cielo, y rallos empezaron a caer en cualquier parte. Asustada cerró los ojos e hizo de todo para concentrarse e invocar un pequeño campo de fuerza para ella. Pero no podía, no podía concentrarse mientras escuchaba los gruñidos y todo lo que estaba sucediendo, los vellos de su nuca se encresparon avisándole de que algún peligro se acercaba. Abrió los ojos, y todo paso en cámara lenta.

Vio como un rallo venía directamente hacía ella, pero algo, o mejor dicho alguien, la levanto y de un brinco la movió del lugar, ahora se encontraba en un lugar más apartado de la pelea, pero aún así podía observarla. Cuando alzo la cabeza, sus ojos se encontraron directamente con unos de color rojo, que la miraron con… ¿Preocupación? Nah, de seguro estaba delirando. Pero no le dio tiempo a pensar, estupefacta vio como Hiten le clavo la lanza en su hombro de nuevo y se la retorció.

Su salvador dio un gruñido y giro la cabeza. Hiten estaba sonriendo confianzudamente, y lo miro con una mirada retadora. Su salvador con un movimiento de su brazo izquierdo, cogió a Hiten con una velocidad impresionante, por la garganta. Hiten abrió los ojos como platos y miro a su salvador con odio. Su salvador simplemente sonrío y le clavo las garras a ambos lados de la garganta. Apretó y apretó cada vez más fuerte, haciendo que de la garganta de Hiten botará mucha sangre. Ella quería apartar los ojos, pero no podía, atónita siguió mirando la escena, hasta que su salvador la miro y le hablo con una voz un poco aterradora.

-Cierra los ojos.-Y ella lo hizo.

Escucho un ligero crack y se hizo el silencio. No quería abrir los ojos, pero tuvo que hacerlo cuando no sintió más a su salvador cerca. Un poco asustada, aunque no quería admitirlo, abrió los ojos para ver como su salvador levanto el cuerpo de Hiten y el de Manten, y se fue dando saltos. Ella abrió los ojos como platos y lucho contra la oleada de desesperación y decepción que sobrevino a su cuerpo al verse abandonada por él. ¿Por qué se sentía de esa manera? ¡Ni siquiera lo conocía! No le gustaba sentirse así, y se dijo a si misma que lo mejor que pudo haber pasado, es que ese hombre se fuera marchado.

Pero se engaño a sí misma, porque unos momentos después el volvió a llegar con algo en la mano de color rojo, se dio cuenta que era su chaqueta, quedándose tan solo con la armadura encima del kosode. Ignoro la sensación de calidez que la reconforto y se propuso mirarlo con curiosidad.

Ya no tenía esas manchas moradas, y los ojos le habían cambiado. Eran ahora de un impresionante color dorado. Atónita solo pudo mirar esos ojos que se le hicieron tan bonitos. El se acerco con cautela, y se agacho delante de ella. Rompió las ataduras de sus manos y le quito la amordaza de la boca. Kagome se lo agradeció en silencio, movió las manos para suavizar un poco el calambre que surgió cuando la sangre empezó a circular de nuevo en sus manos. El se levanto y mirando hacia otro lado le tendió su chaqueta.

Ella lo agarro y lo miro sin entender. El volteo a verla y suspiro.

-Estas desnuda.-Inmediatamente ella abrió los ojos como platos y dio un pequeño gritito, se la puso rápidamente, y la arreglo de forma que cubriera todo lo necesario.

-Gracias.-Dijo, su voz un poco temblorosa.


-Gracias.-La voz de ella era como una caricia. E Inuyasha se arrepintió inmediatamente por darle su traje de rata de fuego que su padre le había dado para cuando no llevara sus armaduras. Después de haber lanzado por un pequeño acantilado los cuerpos de los bichos raros, la adrenalina de la pelea ya se había borrado de su sistema. Haciendo que tomara cada vez más conciencia de la pequeña criatura que ahora lo miraba con curiosidad.

Su piel estaba un poco magullada e Inuyasha se concentro y darle una repasada para ver si estaba herida de gravedad, si claro, mintiéndose a si mismo se dijo que el solo miraba sus muslos para ver si la habían violado o algo así, no para ver lo suave que se veían o lo delicioso que sería pasar la lengua por sus muslos para llegar al centro de su… Para ya Inuyasha, compórtate.

Aunque Inuyasha era consciente de que si ellos lo hubieran hecho el fácilmente podría identificarlo por los olores, y él se hubiera tomado la tarea de torturarlos por semanas por haberle hecho eso a su mujer.

¿Su mujer? ¿Desde cuándo la consideraba suya? ¡Si ni siquiera sabía su nombre!

Pero ya te gustaría a ti saber más que su nombre. Inuyasha frunció el ceño, su subconsciente era una mierda total.

Miro de nuevo a la mujer y le tendió la mano para ayudarla a levantarse, nadie podía de decir que Inuyasha Taisho, hijo del general perro, no era un caballero. Después de todo, su madre lo educo a punta de pellizcos. Ella se balanceo un poco sobre sus pies e Inuyasha la agarro por la cintura para estabilizarla mejor, solo para ayudarla se dijo. Bah, miéntete todo lo que quieras.

Inuyasha se congelo en su sitio. Antes no se había dado cuenta porque estaba peleando y la adrenalina que corría por sus venas mezclada con la furia que él había sentido en ese momento había sido tanta, que él no había podido concentrarse en nada más. Pero la condenada mujer olía condenadamente bien. Era una mezcla entre lilas y jazmín. Una mezcla adictiva si lo preguntan a él o a su demonio, que pareciera que estuviera ronroneando de aprobación por sostenerla contra sí.

Incapaz de resistir la tentación hizo que se inclinara un poco mientras ella lo miraba frunciéndole el ceño. Acerco su nariz a su cuello solo para inhalar un poquito de esencia, solo un poquito. Mentiroso, si bueno, ella no tenía porque saberlo. Inhalo e inmediatamente se arrepintió.

Su Yōkai estaba luchando para salir a la superficie y gruñía dentro de él reclamándola como su compañera. El impacto de esa revelación hizo que por un segundo perdiera el control, haciendo que sus encías picaran y dejando que se alargaran, sus franjas moradas salieron e Inuyasha tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para echar hacía atrás a su demonio. Atrás muchacho. El hizo que su demonio se hiciera para atrás, pero no pudo evitar que de su ser manara la essencia*1. Marcándola un poco.

Sin poder evitarlo él suspiro sobre el cuello haciendo que a ella se le erizara la piel. Sonrío.

-Hueles condenadamente bien.-El no pudo evitar el ronroneo que salió de su boca.

La apretó más fuerte contra él y froto su nariz por todo su cuello si poder detenerse, inhalando más su aroma, soltado un ronco gemido de placer cuando sus fosas nasales se llenaron de su esencia. Ella tembló ligeramente entre sus brazos y un dulce aroma lleno el ambiente, basto solo un segundo para que Inuyasha se diera cuenta que la pequeña criatura en sus manos, estaba un poco excitada. ¡Por él! Y ese conocimiento hizo que su pecho se inflara de orgullo. Lentamente sin querer asustarla saco su nariz de su cuello, y le agarro la barbilla con su mano girando su cabeza hacia él.

Miro sus lindos ojos chocolates que mostraban recelo, confusión, y excitación. Ella no le tenía miedo y eso era bueno. Al menos de momento.


Kagome estaba confundida, un poco recelosa, con otro sentimiento un poco desconocido por ella. Pero del cual había oído hablar muchísimo. Deseo.

Oh, ella había tenido un poco de miedo cuando él la agarro por la cintura, y la apretó contra él. Pero cuando lo único que él hizo fue frotar su nariz contra su cuello y olerla, ella solo pudo relajarse. El no iba a matarla ni nada, era impresionante la manera en la que ella se sentía segura con él, ella no tenía porque desear su cercanía, y no porque fuera mitad humano y mitad Yōkai, no, no era por eso. Kagome no era tonto, ella sabía que había demonios buenos, su padre le hablo de uno al que llamaban el general perro, que era un amigo íntimo de su padre, y el cual era el más poderoso según los rumores. Y su padre, siempre le había dicho lo bueno y justo que era. Además, Yura, quien era algo así como su hermana, también era una Yōkai. No, ella no debía desear su cercanía porque, simplemente no debía. ¿Por qué?, Si te gusta tanto tener sus brazos a tu alrededor. Ella frunció el ceño por la pequeña vocecita de su, subconsciente.

Oh, pero cuando él dijo lo bien que olía, pura arrogancia femenina se desato en su interior. Y ella no pudo más que relajarse en sus brazos. Cuando él le agarro la barbilla para que lo viera a los ojos, Kagome estuvo a punto de derretirse. Sus ojos dorados la miraron posesivos, y con un calor que podía competir con las llamas del inframundo. La cara del su salvador, que por cierto aun no le había dicho su nombre, se acerco un poco más hacía ella, como no queriendo asustarla. Que dulce, pensó ella e innecesario. Hace rato ya desde que ella había apagado todas las alarmas de su cabeza.

El se acerco un poco más y ella se quedo inmóvil esperando. No es que como si ella no supiera lo que él fuera a hacer. Era virgen, pero no santa. Ya la habían besado en varias ocasiones, pero cuando el estrello sus labios contra ella, Kagome se dio cuenta que nunca nadie, la había hecho sentir como él lo estaba haciendo.

Al principio el sólo jugó con sus labios, dándole ligeros besos y alejándose antes de que ella hiciera algo más. Le besaba el labio superior y lo chupaba delicadamente. De ella surgió un gemido desde lo más profundo de su alma, y el sonrío, y entonces, la beso de verdad.

Sus labios se movieron lentamente sobre los de ella, persuadiéndola para que abriera la boca para él, y ella con todo el gusto del mundo le dio acceso a su boca. El introdujo la lengua de manera lenta y tentativa, parecía como si él se estuviera conteniendo. Kagome supuso que ella echo a perder su autocontrol, porque cuando ella hizo que su lengua se uniera a la de él, de manera tímida, el rugió un sonido más animal que humano, y devoro su boca.

No fue pasivo, ni gentil. El devoro, poseyó y domino su boca como demostrándole que eso le pertenecía. Chupo su lengua con maestría e hizo que ella se pusiera mas mojada, haciéndola sentirse consciente de su cuerpo por primera vez en su vida. Sus pezones se erizaron debajo de la chaqueta que él le había dado y se hicieron más pesados. El despejo su boca de la de ella, y Kagome gimoteo en desacuerdo, echándose un poco más hacia adelante para obtener más de sus besos. El negó con la cabeza, y en sus ojos ella pudo vislumbrar un poco de furia mezclada con la excitación.

-Alguien viene.-El murmullo de su voz ronca, hizo que algo dentro de ella diera un brinco. No por el hecho de que alguien se acercará, si no, por el solo sonido de su voz hizo que su corazón latiera más apresuradamente. Solo entonces ella fue consciente de los gritos que resonaban en el bosque. Abrió los ojos como platos y la realidad se estrello contra ella como una bofetada.

Ella se había perdido, se fue del palacio sin decirle a nadie hacia donde iba, o porque salió sin guardias, sin decirle nada a sus amigas, solo dándole una breve explicación a su doncella Hana, a la que había dejado más que preocupada. Las voces que cada vez más se acercaban eran de Yura, y Sango. Sin duda preocupadas por ella, y ella aquí, besándose con un desconocido, que podía haberla matado sin dudarlo. ¿En qué clase de desconsidera e inconsciente se había convertida? No conocía de nada a este medio Yōkai, y ella aquí de lo más relajada. ¡Por dios que ella era estúpida! Sin duda Sango y Yura iban a matarla. Dios, ¡Que tonta!

-Oye, criatura…-La voz de su tormento la sacó de sus preocupaciones. Lo miro, y se puso furiosa. ¡Él era el culpable! ¡Era él el que le nublaba el juicio! Sabía que estaba siendo irracional, pero su mente estaba hecha un espiral de emociones. Y no podía pensar con claridad. Haciendo algo de lo que estaba segura se arrepentiría después, lo empujo con todas sus fuerzas, mientras él se tambaleaba hacia atrás. Ella no es estúpida, sabía que si él no hubiera querido moverse no lo hubiera hecho. Y eso solo la puso más furiosa, por lo considerado que se estaba mostrado con ella. Y por lo bien que ella se sentía estando con él.

Con todas sus fuerzas le grito.

-¡Aléjate de mí! ¡Aprovechado! ¿Quién te crees que eres?-Él la miro como si se estuviera volviendo loca, y Kagome se sentía justo así. ¡Loca! Dándose media vuelta echó a correr hasta adentrarse más en el bosque rezando en silencio para que el no la siguiera. Dando un vistazo hacia atrás vio que él la miraba con el desconcierto pintando en su rostro. Y ella se empezó a sentir mal, pero se negó a dar marcha atrás. Tenía que alejarse de él, para que Sango ni Yura se dieran cuenta de lo que había pasado. Aunque Kagome sabía que tenía que dar alguna explicación creíble de porque estaba casi desnuda y sin su kimono.

Corrió un poco más y pudo escuchar cada vez más cerca los gritos de Yura y Sango. Se precipito hacia adelante y las a ambas paradas frente al manantial donde Manten la había secuestrado.

-¡Sango! ¡Yura! ¡Aquí!-Ambas se giraron en su dirección y el alivio en sus caras fue palpable. Ellas echaron a correr en su dirección y en el medio del camino se encontraron en abrazo apretado. Y entonces Kagome se permitió llorar. No se había dado cuenta de la opresión que sentía en el pecho, que se había hecho más fuerte con cada paso que daba alejándose de su salvador. Ella se arrepintió de haber llorado porque ahora Sango y Yura la miraron con preocupación. Antes de que la acribillaran con preguntas ella se lanzo a dar una justificación terrible.

-Salí a buscar pistas sobre la muerte de Kikyö, y no encontré nada.-Las miro a ambas a los ojos y vio el escrutinio en sus miradas mientras bajaban las miradas a su escasa vestimenta. Ella se apresuro a agregar.-Llegaron unos Yōkai a atacarme, me secuestraron y estuvieron a punto de hacerme cosas horribles.-Hizo una pausa y continuo.-Alguien llego y me salvo, me dio esto para que no anduviera desnuda y luego se marcho. No sé quién es, ni como se llama. De verdad, por favor solo quiero irme a casa.

No espero que respondieran y se lanzo sobre Kirara a abrazarla y se monto a horcajadas en su lomo. Yura y Sango la miraron pero no dijeron nada, Sango se subió detrás de ella, mientras que Yura usando su peineta se giro para deslizarse fácilmente entre los arboles contralando los ligeros hilos que nadie veía, excepto ella, por sus poderes espirituales. Llegaron al palacio momentos después mientras todos los sirvientes y los guardias se precipitaban a verla. Ella los calmo a todos, principalmente a una llorosa Hana, que parecía haber perdido a su hijo. Siendo esto irónico ya que Hana era mayor que Kagome por tan solo 6 años. Se dirigió a sus aposentos para darse un baño, sin querer pensar más en aquel sujeto de ojos dorados.

Yura miro la manera en la que Kagome se precipito hacia sus aposentos sin disimular su agitación para evitar el cuestionamiento que Sango y ella le iban a hacer.

Le molestaba que Kagome quiera verle la cara de tonta, Yura no era ninguna niña para comerse sus cuentos. Ella como un Yōkai podía vislumbrar un poco de la essencia que impregnaba su cuerpo, lo suficiente para que cualquier demonio lo viera. Miro a Sango que se había detenido a su lado también molesta con su amiga. A diferencia de ella, Sango no podía ver la essencia, pero sabía que algo estaba pasando, algo que Kagome les estaba ocultando a ambas. Si Kagome llevaba essencia en su cuerpo quería decir que algún Yōkai había hecho su reclamo de manera suave, pero al fin, era un reclamo.

¿Pero quién reclamó a su amiga? Kagome… Abrió los ojos como platos, solo había un motivo por lo que los demonios soltaba su essencia. ¡Kagome era la compañera de un Yōkai! Yura, frunció el ceño. Todo se estaba complicando cada vez más.

Dirigiéndose hacia dentro miro a Sango de nuevo.

-Vamos por nuestras respuestas.- Siguiendo el camino por el que su amiga había desparecido.


Inuyasha se quedo estático y confundido por unos minutos, que se le hicieron eternos. Luego, sintió furia.

¿Cómo se atrevía a dejarlo así? ¡Él era su puto compañero carajo! Ella no podía irse como si nada, frunciendo el ceño decidió que le daría una hora para que disfrutara su huida. Luego, luego el iría a buscarla a exigirle que se comportara de una mejor manera con su compañero. ¡Ósea él! A Inuyasha le importaba que su pequeña criatura no supiera que ellos eran compañeros, el se encargaría de hacérselo saber, y luego, esa mujer aprendería a que tenía que tenerle respeto. Pero antes, Inuyasha necesitaba respuestas, y necesitaba hablar con Royakan sobre los hermanos payasos, o relámpagos, como sea.

Lanzo un suspiro de agotamiento y miro hacia su Hamaka y vio que su maldito pene no se había desinflado, aun después de que la dichosa mujer lo hubiera abandonado. El no podía ir a ver a Royakan con una maldita erección y con sus bolas a punto de volverse moradas.

Suspiro.

Tendría que darse un baño frío antes, caminando hacia el manantial, pensó en que su criatura iba a aprender de que a Inuyasha Taisho nadie lo dejaba con una erección si hacerse cargo.


Hola chicas aquí les dejo el segundo cap. ¡Espero y les guste chicas! Espero ansiosa sus reviews, por cierto arregle el capitulo uno del error con la palabra Younkai, gracias por hacérmelo notar.

NT: 1* La essencia es algo que todos los demonios poseen, cada uno de un color diferente. Y es la primera fase para marcar a sus compañeras. El proceso consta de 3 fases para marcar a sus compañeras, que les iré explicando a medida que avancemos más con el fic. Cualquier duda, o sugerencia, espero sus reviews. Hasta pronto.

Bellk