Hola mis nenas.

Antes de que empiecen a leer.

Me encantaron sus reviews y me alegra que les este gustando mi historia, Valkiria-San me pregunto sobre la "essencia" y algo de lo que yo había puesto en mi cap anterior. Cuando empiecen a leer verán que mi querida Yura se lo explicará a Kag, por si alguna también tenía esa duda y no me pregunto. Con respecto a lo que me pregunto mi Crystal jajaja, si Inuyasha no es virgen nena. Recuerda que en esos tiempos la virginidad en las mujeres era algo muy valioso y que sólo se lo entregaban a sus esposos, los hombres por el contrario desde tiempos inmemorables han sidos unos auténticos zorrones. Sean demonios o no, aunque así los amemos jaja.

Sin más que decir, ¡empiecen a leer!


3


Las voces femeninas se elevaban cada vez más. Era una tortura para cualquiera que pasaba por ese pasillo exacto del palacio. Las voces se mezclaban, una más furiosa que la otra. Hasta que Kagome no pudo más y literalmente exploto. Literal.

-¡Pueden callarse la boca de una vez!-Miro a sus dos mejores amigas furiosa. No podía creer que no le hubieran dado el espacio y el tiempo que ella necesitaba para pensar y analizar todo lo que le había pasado el día anterior.

La noche anterior Yura y Sango irrumpieron en su habitación, la ignoraron y ella se sintió feliz de no tener que tocar el tema.

Pero su felicidad duro puco.

Yura y Sango siguen insistiendo en que Kagome les ocultaba algo, y ella se estaba molestando cada vez más. ¿Qué no podían entender que ella no quería hablar de nada? ¡Eran insoportables! Escucho la voz de su amiga Yura, hablándole de que brillaba con-no-se-que-carajos-es. Y que estaba marcada. ¿De qué coño hablaba Yura? ¡Marcada su culo!

-¿Marcada? ¿De qué carajos me estás hablando Yura, te has vuelto loca o qué demonios pasa contigo mujer?-Era imposible no detectar la incredulidad en su voz.-Además ya les dije lo que paso, no entiendo porque tanta insistencia con el tema.

Yura la miro sin pestañear y no perdió la poca paciencia que le quedaba. Ayer había llegado a la conclusión junto con Sango que lo mejor era dejar estar a Kagome por ese día. Que al día siguiente la acribillarían a preguntas.

Bueno, ya es otro día y Kagome se negaba a decirles la verdad, no quería aceptar que ayer estuvo tan cerca del algún Yōkai y que este la marco con su essencia. Eso le cabreaba, y ni decir de Sango. Si Yura estaba a punto de perder la paciencia Sango ya la perdió.

-La pregunta aquí es que pasa contigo Kagome. ¿Porque nos mientes? Entiendo que les mientas a los sirvientes, incluso a Hana y a Kohaku, ¿pero a nosotras? ¿En serio?-A Kagome no le paso por alto el dolor en las palabras de Sango, como si estuviera decepcionada de que ella no quisiera hablar.

Hablar. Maldita sea, ¡Kagome no quería hablar!

Si ella hablaba, estaría aceptado lo que paso, y ella no podía. Bueno, en realidad, no quería aceptarlo. Algunos dirán que es un caprichoso, o que es una niñería que ella pensara de ese modo. Pero no era así, ella quería olvidar todo lo ocurrido porque no podía permitirse sentir lo que estaba sintiendo por ese medio demonio. ¡Ella no podía!

No por el hecho de que fuera un Yōkai, o bueno, medio Yōkai. Si no porque ese hombre la hacía sentirse vulnerable, había algo en el que la hacía querer recostarse sobre su pecho y ronronear como una gatita. Y maldita sea, si ella no se sentía frustrada por eso.

Lanzo un suspiro y miro a sus hermanas. Porque eso era lo que eran las tres. Hermanas. Y si algo le había enseñado su querida Kikyö era que entre hermanas no se guardaban secretos.

Entonces les contó todo. Todo lo que había sucedido desde que había salido de palacio sin escoltas y sin su arco y flechas. Les contó su secuestro y la manera en la que su salvador la salvo. Como él la beso como si no hubiera un mañana, y como ella se había derretido en sus brazos. Lo vulnerable y confundida que se sentía. Sango y Yura la escucharon con atención y no se escandalizaron por su aparente atracción por un demonio, bueno, teniendo en cuenta que una de sus mejores amigas era una, estaba fuera de la ecuación.

-Eso era lo que quería que nos dijeras Kaggie.- La voz siempre dulce y compresiva de Sango no tardo en hacerse presente.

-Lamento no haber sido sincera antes.

Yura negó con la cabeza dándole entender que no importaba, y Sango hizo un sonido gracioso quitándole importancia. Kagome se sintió relajada por un momento, pero luego recordó algo que Yura le había dicho hace unos minutos. Algo como que estaba marcada y llevaba la essencia de alguien por todo el cuerpo. Algo que ella no entendía para nada.

-Yura quieres explicarme lo que había dicho hace unos momentos por favor.

La mirada inocente que Kagome le dirigió no la sorprendió. Sabía que si no saciaba su curiosidad se pondría pesada.

Soltó un suspiro y empezó a explicarle.

-La essencia, es algo de los Yōkais. Cada Yōkai tiene una essencia diferente, o bueno digamos de un color diferente por así decirlo. Es una manera para marcar a sus compañeros, además del olor. Es un instinto que permanece dormido hasta que el Yōkai o un Hanyou, encuentra su compañero.-hizo una pausa para que asimilara. Cuando Kagome asintió ella continuó.-La essencia que llevas en el cuerpo es de un color dorado con toques rojos. La verdad es que no se mucho, solo lo esencial. Como también se que el proceso de acoplamiento es por etapas, o algo así me dijo mi madre.

Procesando toda la información que Yura le dio su primer instinto fue negarse. Pero ella había estado cerca de ese mitad Yōkai. Eso quería decir que... Soltó un jadeo de sorpresa y una profunda negación quería salir de su boca, cuando su alma vibraba en aceptación.

Iba a decirle a Yura donde se podía meter sus "suposiciones de que ella brillaba con no-se-que-cosa" pero su doncella Hana interrumpió en la habitación viéndose un poco agitada.

-Mi niña-Jadeo.-En la sala del palacio hay alguien que quiere verla.

Kagome frunció el ceño frustrada.

-¿Quien es, Hana?

La aludida trago saliva visiblemente para luego contestar.

-Dice que es el hijo del general Yōkai Inuno Taisho, y que necesita hablar con usted.

La confusión golpeo los rostros de las tres jóvenes. Yura era una Yōkai, pero desde que el señor Takeo y la señora Hikari Higurashi la adoptaron, convivió más con los humanos, que con los demonios.

Kagome se levanto de su futon junto con Sango y Yura y siguieron a Hana. A medida que el avance hacia la sala del palacio se hacía más notoria, por alguna razón empezó a sentirse nerviosa y sus pensamientos eran un eran un enredo. De reprendió ella misma, a la final, ella nunca volvería a ver a su dichoso salvador.

Su pulso se disparo con cada paso que daba e increíblemente, cuando detuvo sus pasos al frente de la puerta corrediza que la separaba de la sala, la inundo una especie de ansiedad. Armándose de valor se ajustó las solapas de su Kimono dorado con blanco, y abrió para encontrarse con una sala prácticamente vacía y con un sólo hombre dentro.

Un demonio. En realidad, medio demonio.

Era él. Su salvador. El medio demonio que invadió sus pensamientos desde la tarde de ayer y durante toda la noche.

De su boca salió un gritito estrangulado. Y él se giro. Le sonrió, una sonrisa depredadora. Y en sus ojos se podía vislumbrar el triunfo y el conocimiento.

El sabía quien era ella. Los recuerdos del día anterior se estrellaron contra ella de manera brutal. El beso, su toque, su voz ronca. La manera en la que sucumbió ante él.

Se sonrojo, y los ojos de el brillaron como si pudiera leerle el pensamiento.

Entonces a Kagome le ocurrió algo que nunca, jamás, en su vida le había pasado.

Se desmayó.


Inuyasha se sentía como una autentica mierda.

El día anterior después de darse tres malditos baños fríos en el río más cercano, su erección al fin pudo desinflarse. Y él al fin pudo hablar con Royakan y aclarar ciertas dudas, que a la final lo dejaron más inquieto que nunca.

Se había dirigido a la línea divisora. Para cualquier humano que no poseyera poderes especiales y que traspasara la barrera con el permiso del líder de los siete guerreros, al traspasar la línea sería como una fuerte sacudida pero nomas que eso.

Pero para los Yōkais sería como si les hicieran tragar ácido y les quemara el estomago en carne viva. Sería solo por unos minutos y luego todos se repondrían pero, no por eso era menos doloroso. La razón es porque la línea divisora era, en realidad, una línea de protección echa por una gran sacerdotisa vieja amiga del señor Higurashi y su padre. Su padre nunca ha dicho el nombre de la sacerdotisa. Al parecer tenía que ser un secreto que él se llevara a la tumba.

A Inuyasha en realidad no le importaba saber el nombre de la sacerdotisa. Al menos eso se había dicho el mismo antes de que Royakan le hubiera informado que necesitaban encontrar a esa sacerdotisa cuanto antes. Al parecer había una pequeña (nótese el sarcasmo), grieta de poder espiritual en la línea fronteriza. Según lo que pensaba Royakan, la pequeña grieta que había sido hace un mes, estaba avanzando con una velocidad sorprendente. Y ellos necesitaban que la sacerdotisa lo arreglara cuanto antes o todo sería un caos. De ahí la explicación de porque los hermanos payasos habían traspasado la línea sin que Royakan se diera cuenta.

Al ser muy dolorosa para los demonios el paso de una línea a otra, ellos tenían que acudir a Royakan para que el les diera una especie de semilla para que el dolor no fuera tan intenso y más soportable.

Los humanos no la necesitaban, porque ellos no poseían poderes demoníacos.

Inuyasha no se lo había tomado en un principio tan a pecho, el tenía en mente un plan, buscaría a su traviesa compañera al día siguiente, luego le explicaría quien era él, y de seguro ella saltaría a sus brazos como lo aria una buena compañera. Luego, él la poseería y se aseguraría de cumplir las fases del acoplamiento de compañeros. Después regresaría a las tierras del norte a hablar con su padre, para que este buscara a la sacerdotisa anónima y entonces el solo se encargaría de su mujer y de su ejército.

Claro, eso era lo que pensaba Inuyasha antes de que él se encontrara con el líder de los siete guerreros y él le informara lo que estaba ocurriendo.

Al parecer, Bankotsu, le habían llegado rumores de algunas muertes de algunos humanos, causados por demonios. Y eso era un terrible problema.

Si los demonios estaban cruzando la línea, sin que Royakan y ninguno de los siete guerreros se dieran cuenta, era porque alguien los estaba ayudando. ¿Pero quién?

Además, como si fuera poco, Jakotsu, un tipo que en opinión de Inuyasha era absolutamente extraño, (y no preciosamente porque el tipo se fuera tirado, literalmente a sus brazos), había escuchado a unos humanos que estaban cansados de esa situación, agregándole la muerte de Kikyö que era solo un incentivo mas para ellos, tenían pensado ser ellos los cazadores y no los cazados.

Un pensamiento ridículo, pero Inuyasha se guardo eso para sí. Según le explico Ryukotsu, eso, al menos de momento, no supondría un problema. Ellos tenían la ligera esperanza de que eso solo fueran comentarios producidos en un momento de miedo.

Inuyasha no lo creía así, pero no discutió.

Después de eso, Inuyasha pasó la noche en una cueva. Esperando que se hiciera de día para ir a buscar a su compañera rebelde.

Y eso fue lo que hizo.

Y ahora estaba en el palacio del viejo amigo de su padre, quién había resultado ser el padre de su compañera, sosteniendo a su criatura en sus brazos porque la bendita mujer se había desmayado tan sólo verlo, y al verla cayendo como en cámara lenta, solo atino a moverse tan rápido para sostenerla y que no se hiciera daño con el fuerte golpe, que de seguro iba a darse.

Siendo honesto, Inuyasha no había esperado ese recibimiento.

El chillido de una de las mujeres lo trajo de vuelta del lío de sus pensamientos. Levantando su mirada vio la angustia en la cara de la mujer, que lo había recibido, sin mal no recordaba, su nombre era Hana.

-¡Mi niña! -El jadeo preocupado de la doncella de su compañera le hizo entender que este no era un comportamiento habitual en ella. ¿Aturdida por verlo? Tal vez. ¿Asustada? . No. ¿Sorprendida? . Absolutamente.

-Hana ve por algo para poder hacer que Kagome vuelva en sí.-Alguna de las dos muchachas restantes habló. Inuyasha no sabría decir cual era, porque en el momento que mencionaron el nombre de su pequeña cosa rebelde él se había olvidado de todo.

K.A.G.O.M.E. Saboreó el nombre de ella en sus labios, y se sintió tan bien, que sin poder evitarlo se inclinó y le dio un casto beso que le supo a gloria.

Levanto la mirada y vio cuatro pares de ojos que lo observaban sorprendidos. El se encogió de hombros y se giro con la preciosa carga para dirigir al centro de la sala. Se sentó con ella en sus brazos y esperó.

Las dos mujeres se le quedaron viendo y por primera vez Inuyasha noto que una de ellas no era humana, si no, todo lo contrario, era una Yōkai que lo miraba sin pestañear y con el conocimiento y la preocupación pintando sus rasgos.

Ella se acerco a él y murmuro.

-Eres su compañero.-No fue una pregunta, fue en realidad, una afirmación. El no dijo nada, simplemente asintió. Ella conforme se giro y se acerco a la otra mujer que lo miraba con una advertencia en sus ojos. Algo como, dáñala y yo te dañare a ti.

Nadie hablo mientras la doncella se apresuro a poner un pequeño frasco de sales debajo de la nariz de su Kagome.

Sus ojos se movieron y ella dio un pequeño manotazo al frasco para alejarlo de su nariz. Poco a poco volvió a ser consciente y entonces lo miro fijamente. Y ese momento fue... como si nada mas existiera.

Hubo una conexión, que se arruinó cuándo la mujer castaña murmuro el nombre de su compañera y ella literalmente brinco de sus brazos, y monto en cólera.

-¿Como te atreves pervertido cochino?-Definitivamente su compañera tenía carácter.-¿Como sabes donde vivo? ¿Me seguís te? ¡Eres un acosador! ¡Fuera de aquí! ¡Hana llama a los guardias!

Inuyasha no pudo evitarlo, se río de ella. Era un autentica monada. Pero aunque, le encantará ver lo mona que se veía Inuyasha tenía que regresar con su padre. Y no había manera como el infierno que él se fuera sin su compañera. Así que al mal paso, darle prisa.

-Soy tu compañero pequeña rebelde, así que si me voy, tú te vienes conmigo.-La doncella y la castaña lo vieron sorprendidas y con la boca abierta. La yōkai lo miro con diversión.

-¡Que te den! ¡Yo no soy tu compañera idiota!-Después de la sorpresa inicial, Kagome se recompuso. Ignorando la calidez y la satisfacción que invadió a su alma cuando él dijo que era su compañera.

Él la miro calmado y le hablo como si hablara con un niño que no entiende.

-Si lo eres dulzura.

-Qué no lo soy, ¡y no me llames dulzura!

-Que si, no seas terca mujer.

-¡Yo no soy terca! ¡Y dije que no!

A Inuyasha se le estaba agotando la paciencia, y estaba cansado de ver como tres mujeres lo veían con diversión, mientras su compañera lo negaba. Abrió la boca para decirle unas cuantas cosas a su compañera rebelde pero ella se le adelanto.

-Hana, Yura, Sango ¡Fuera!-Las tres la miraron como si se fuera vuelto loca y Kagome por segunda vez se sintió de esa manera. Sabía que iban a negarse, pero ella necesitaba hablar con el pervertido a solas.-Por favor, voy a estar bien.

A regañadientes las tres salieron del lugar. Ella se giro a ver a su supuesto "compañero" y sintió que las rodillas le temblaban.

Si no fuera tan endiabladamente guapo, ella podía mandarlo derechito al demonio, pero es que por alguna estúpida razón, ella se volvía toda tonta cerca de él. Iba a poner distancia, cuando en un santiamén el estuvo a milímetros de su cara. Hipnotizando la con esos hermosos ojos dorados, y tentando la con esa boca.

El le agarro la barbilla y la miro con un brillo posesivo en sus ojos.

-Eres mi compañera. Mía.-Y la beso. Fue increíblemente dulce, comparado con el beso lleno de pasión que le había dado ayer. Amoldo sus labios con los suyos y la tentó de una manera absolutamente dulce. Sin poder evitarlo ella soltó un suspiro soñador. Había algo en el, que tranquilizaba a su mente, hacia palpitar su corazón, y hacía temblar a su alma.

Este hanyou podía herirla y ella no podría evitarlo. Ese pensamiento hizo que abriera los ojos como platos, empezó a forcejear contra él, y el dio un paso hacia atrás y la miro preocupado.

Con una tranquilidad que ella no tenía en esos momentos le hablo.

-No soy tu compañera. Ni siquiera se tu nombre.

Él sonrió.

-Eso es fácil de arreglar, me llamo Inuyasha.

Ella se sorprendió pero ignoro ese hecho.

-Esta bien Inuyasha yo no...

-Vuelve a decir mi nombre.-Ella se sorprendió por su petición y por lo ronca que sono su voz, pero por alguna razón obedeció.

-Inuyasha.

El se acerco más a ella, y a sus labios.

-Otra vez.-Susurro a un milímetro de sus labios y ella jadeo presa del deseo. Pero ella tenía que frenarlo, dando un paso atrás ignoro la mueca de decepción que él hizo y lo encaro.

-No soy tu compañera Inuyasha, ahora vete.

El chasqueo la lengua y le lanzo una falsa mueca de reprimenda.

-Yo no quería llegar a estos extremos pero tú no me dejas otra opción.

Ella lo miro sin entender, un segundo después ella se encontró sobre su estomago en su regazo. Ella sorprendida solo atino a mover su cuello para mirarle.

Un segundo luego, sus nalgas empezaron a escocer. ¡El muy canalla le dio un azote en el culo!

-¿Aceptaras que eres mi compañera?

-¡No!

Un azote de él. Un chillido de ella.

-¿Eres mi compañera?

-¡No!

Otro azote. Otro chillido. Las nalgas le escocían pero no era doloroso, en realidad, ella empezó a sentir vibraciones en su sexo y la avergonzó saber que él se daría cuenta.

En efecto, Inuyasha se dio cuenta que a su pequeña rebelde le gusto su castigo. Se río en voz baja. Se levanto y la estabilizo a ella. Tenía la mirada brillosa y las mejillas sonrosadas. Muy hermosa.

-Llama a tu amiga la yōkai.

Ella hizo lo que le pidió, y un momento más tarde entró la yōkai a la estancia.

Inuyasha la miro, y noto la belleza que poseía, y el cuerpo curvilíneo que tenia. Si fuera el mismo Inuyasha de antes, no fuera fallado en seducirla para pasar un buen rato en algún rincón. Pero definitivamente Kagome se le hacía más hermosa, y más deliciosa. El demonio y el hombre querían a Kagome. No se conformarían con nada menos, ella era su compañera.

-¿Podrías explicarle a tu amiga, que ella, es mi compañera?-El tono amable que el empleo no engaño a nadie en la estancia, el obtendría lo que quería sí o sí.

La yōkai soltó un suspiro y miro a su amiga con compasión ante su negativa a aceptar los hechos como eran.

-¿Recuerdas lo que te explique hace un rato, sobre la essencia?-Kagome asintió y las alarmas empezaron a sonar en su cabeza, no le gustaba el giro que dio la conversación.

Yura dudo un poco, pero continúo.

-Tu llevas la essencia de él encima Kagome. El te eligió, o bueno, su demonio te eligió como su compañera.

Kagome negó con la cabeza pero Yura asintió.

-Son compañeros.

Inuyasha sonrió con suficiencia y la miro con superioridad. Ella tenía ganas de darle un puñetazo para borrarle esa estúpida sonrisita que la irritaba, pero en vez de eso, sintió que se tambaleo y la obscuridad quería tragársela.

Antes de que la obscuridad se la tragara vio la preocupación en la cara de Inuyasha antes de que el la cogiera en brazos. Cuando la obscuridad se apodero de ella, pensó que al menos le había borrado la sonrisa de suficiencia de la cara.

Entonces, se desmayo.

Otra vez.


¡Buenos chicas! Espero que les haya gustado lo que les he traído hasta ahora. Gracias por sus reviews, follows, y favs. Cada vez que leo sus comentarios y veo que me han marcado como favorito y siguen mi historia, bailo la macarena. En serio.

Prontico les traeré mi próximo capitulo. Y veremos que pasa.

Chaito preciosas, hasta pronto.

Bellk