Inuyasha no me pertenece.
Nota: Holas mis chicas. ¡Feliz año, súper atrasadisimo! Jajaja pero la intención es lo que cuenta. Aquí les traigo un nuevo capítulo, y espero que lo disfruten. Este cap, es un poco corto pero es porque voy a actualizar este viernes, así que no tendrán que esperar tanto. También aprovecho para decirles que me he creado un facebook hace días, si quieren pueden agregarme allí. Además, ¿adivinen quien cumple años este miércoles? ¡Pues, nada mas y nada menos, que esta preciosidad! Jajaja, cumplo 18, ya me pongo vieja. ¿A que si?, bueno, disfruten este capitulo, y espero sus felicitaciones. Si no me felicitan, las dejare sin lemon. Jaja okno, bueno sin mas nada que decir; ¡A leer!
4
Ella estaba en serios problemas.
Kagome no sabía qué hacer con todo lo que se le venía encima. O con todo lo que estaba sintiendo. Había pasado una semana desde que su auto proclamado "compañero" se instalara en su palacio. A ella realmente le tenía sin cuidado lo que Inuyasha hiciera, no es como si fuera alguien vital para ella. O bueno, eso era lo que ella se repetía en cada ocasión. Y para completar, cosas raras le estaban pasando a su cuerpo. Vivía en constante sintonía con Inuyasha, y eso no le gustaba para nada.
Su mente se negaba a aceptarlo, pero al parecer su alma y corazón no tenían ningún problema con él. Su cuerpo por otro lado, parecía añorarlo.
Ella nunca había conocido el toque de un hombre, ella era pura, mas no era tonta. Ella escuchaba a los criadas hablar sobre como intimaban con los hombres. Cosas que hacían, que Kagome se preguntaba si sería tan satisfactorio como muchas decían.
Su cuerpo vibraba por él. Y cuando ella le había preguntado a Yura, esta simplemente se había encogido de hombros y le respondió con indiferencia fingida.
-No lose Kagome.
Ella había refunfuñado pero Yura no le había dicho nada más. Por otro lado, Sango tampoco le decía nada, preguntarle a Hana seria escandalizar la, y preguntarle a Inuyasha, el dueño de sus tormentos, no era una opción.
Así que ella se encontraba en problemas. Porque mientras más negaba la reclamación de Inuyasha sobre ella, mas su cuerpo lo anhelaba, y eso se estaba convirtiendo un gran problema. No sabía porque, pero algo había cambiado en ella, desde el primer beso que compartieron.
Ella pensaba que con el pasar de los días el se aburriría de las constantes ganas de ella por ignorarlo, pero por el contrario, al parecer al muy idiota, le parecía divertido que Kagome lo ignorara.
Pero no era eso la que la tenía en tal estado de mal humor.
El muy idiota la provocaba. Al principio Kagome pensaba que eran alucinaciones suyas, y que el simplemente quería ser amable, por los constantes desmayos que ella había tenido desde que él se presento en el palacio. Se había desmayado dos veces más, pero nada grave, al menos eso era lo que pensaba ella. Nadie le decía nada, y cuando le pregunto a Sango directamente ella le había dicho tartamudeando que sus desmayos eran producto del impacto de la situación en la que se encontraba.
Pero había algo en Kagome, una vocecita, que le decía que era algo más. Pero ella estaba decidida a no indagar profundamente sobre ese tema en particular, ya que todo el mundo se ponía nervioso cuando ella hacía notar su curiosidad.
Si el idiota no la provocaba, la molestaba diciéndole que se la llevaría con él a sus tierras. ¡Primero daría batalla si él quería llevársela!
Frustrada Kagome suspiro mientras acariciaba el lomo de Kirara y daba rienda suelta a sus pensamientos.
No había nadie cerca, Sango se había ido a entrenar con Yura y Kohaku sin decirle nada, algo que le dolió, pero se dijo que estaba siendo muy tonta. Hana, estaba quien sabe dónde. Y el idiota, lanzando un bufido, Kagome pensó que no era importante donde estaba el idiota, y diciéndose a sí misma que el hecho de que ella mirara constantemente por encima de su hombro, o a los lados, era simple y llanamente, precaución.
Lanzo otro suspiro. Preguntándose a sí misma ¿a quien quería engañar? Solo quería engañarse a sí misma, porque para nadie en el palacio era un secreto que ella sentía atracción por aquel medio demonio.
Entrecerrando los ojos pensó en algo que él le había dicho anoche, cuando se había colado en su habitación.
Ella había estado peinándose la larga cabellera mientras se preparaba para dormir. Tan distraída había estado que no se había fijado en su entorno, e Inuyasha había tomado eso a su favor. Se había acercado tan cerca, que cuando su aliento había rozado su oreja de una forma tan sensual y erótica, que ella solo había podido dar un pequeño grito ahogado desde su posición. Recordar el sonido ronco de su voz, hacia que el cuerpo de Kagome temblara.
-Si tu vinieras a mí, yo gustoso te recibiría.-Él le había susurrado esas palabras antes de robarle un beso e irse de su habitación.
Poniéndose derecha, Kagome pensó, que ella no iba a ir hacia él, el muy idiota... ¡Además él no tenía derecho a entrar en su habitación!
Levantándose Kagome decidió que si el muy idiota estaba empecinado a decir que ella era su compañera, el tenia que ganársela. Ella no le dejaría las cosas tan fáciles.
Sonriendo, emprendió camino fuera de los muros del palacio, tenía ganas de dar un paseo. Cuando al fin salió del palacio, sintió que alguien la seguía. Echando un vistazo hacia atrás, se dio cuenta que era Akitoki, el general del ejército de su fallecido padre. Dándole una pequeña sonrisa a Akitoki, siguió caminado con Kirara acurrucada en sus brazos.
Paseo por la aldea que se encontraba cerca, saludando a los aldeanos, y dándoles uno que otro beso a los niños que jugaban. Se perdió en sus pensamientos, ¿ella tenía que ceder ante Inuyasha, por que el diga que son compañeros? Ella siempre se imagino, que cuando al fin un hombre se fijara en ella, el primero tendría que cortejarla.
Así que ella dispuso hacer a una lista mentalmente del pro y los contra de Inuyasha.
El le salvo la vida. Definitivamente un punto a su favor. Le dio para que ella cubriera su desnudez, cuando otro hombre no lo hubiera hecho. Otro punto a su favor. Le dio un magnifico beso, que sacudió su alma entera. Con las mejillas sonrosadas por el recuerdo, Kagome le sumo mentalmente otro punto a favor de Inuyasha. La atrapo cuando se desmayo, eso es otro punto.
Pero él fue el motivo por el que te desmayaste. Le susurro su consciencia. Kagome frunció el ceño, eso era un punto en contra de Inuyasha. Intento espiarla mientras se daba un baño hace cuatro días. Eso es otro punto en contra. Se presenta en su palacio sin ser invitado y fue muy grosero, al menos, según lo que pensaba ella. Eso es otro punto en contra. El muy estúpido se comió toda su comida, eso es
otro punto en contra.
Por los momentos Inuyasha tenia cuatro puntos a favor, y cuatro en contra. Tenía que haber un desempate. ¿Cual sería?, bueno ella no lo sabía, pero pronto lo averiguaría.
De repente Kirara se puso tensa en sus brazos, Kagome se detuvo y miro a Kirara, mientras la gatita lanzaba un maullido y saltaba de sus brazos para correr hacia el bosque.
Nerviosa y maldiciéndose a sí misma por dejar el arco y las flechas, de nuevo, miro hacia atrás pero ni una pista donde pudiera estar Akitoki.
Así que tomo una decisión. Corrió detrás de Kirara, hacia el bosque, al parecer, ella aun no había aprendido la lección de correr al bosque sola, sin escolta, y sin armas.
Inuyasha observo como su compañera lanzaba una airada por encima de su hombro, y corría adentrándose en el bosque. El soltó una maldición por lo bajo, y se apresuro a perseguir a la tonta de su compañera.
Llevaba una semana en el palacio, y la mujer solo se hacia la dura. No le hablaba, lo miraba de reojo, y se marchaba. Incluso lo llamo pervertido cuando el sin querer la vio cuando se estaba dando un baño. ¡El no era ningún pervertido! El tenia todo el maldito derecho de verla desnuda. ¡Era su condenada mujer, maldita sea! Pero cada vez que sacaba el tema, la cabezota de su compañera refunfuñaba y se largaba.
El no entendía porque ella se negaba a ceder. El podía oler lo excitaba que ella se ponía cuando él hacía de las suyas, el aroma picante de su sexo lo llamaba y hacia que su boca babeara por saborear su tierna, suave y dulce carne. ¡Pero no! La mujer se negaba, lo ignoraba, y eso lo tenía cabreado. Desde que la conoció, su pene se ha negado a bajar, vivía en una constante excitación, que lo tenía tan duró como piedra, y sus bolas moradas.
Frustrado sacudió la cabeza para alejar sus pensamientos y la siguió mientras ella esquivaba las raíces de los arboles. Aunque al parecer no le fue muy bien con la cuarta raíz, porque tropezó con una. Estuvo tentado a ayudarla, pero decidió no hacerlo. La manera graciosa en la que se cayó de bruces hizo que el contuviera una risotada. La mujer podía ser graciosa cuando quería.
Inuyasha negó con la cabeza. Él le había deseado una compañera, obediente, sumisa, y bonita. Y lo que obtuvo fue una compañera, rebelde, cabezota, hermosa, y para colmo, loca. Suspirando mientras corría detrás de ella, se dijo que eso solamente les sucedía a los hombres valientes. Seducir a su compañera, seria todo un reto.
La siguió hasta que sus pasos se detuvieron abruptamente frente a la gata que siempre rondaba en el palacio.
El estaba en una de las ramas más cercanas a ella, apartando la mirada de su compañera, dejo que sus sentidos se extendieran, cerró los ojos e inhaló, el rico olor de su compañera lleno sus fosas nasales, luego el olor de la gata de dos colas, después dos machos humanos, y por ultimo un ligero olor a miedo, esperanza, y dolor, que provenían a un zorro demoniaco.
Abrió los ojos, y observo a su compañera desenvolverse frente a esta situación. Si algunos de los machos humanos intentaban hacer algo con ella, los destrozaría.
Kagome aun estaba escupiendo un poco de tierra cuando se fijo en que Kirara se había detenido, y tenía tanto el pelo, y las dos colas, erizadas. Gruñía baja mente hasta que ella se fijo en lo que tenía delante de ella.
Dos hombres, alrededor de los treinta, tenia acorralo a un pequeño niño pelirrojo. Uno de los hombres tenía un hacha peligrosamente cerca del pequeño, mientras que el otro tenía un arco y una flecha. A primera vista parecían aldeanos, pero ella no estaba tan segura.
La cólera, y la preocupación se extendieron por todo su cuerpo. ¿Como se atrevían a asustar de esta forma a ese pobre niño? Frunció el ceño, ella les enseñaría a meterse con alguien de su tamaño. Bueno, ella era menuda pero igual valdría.
-¡Hey! ¿Que creen que están haciendo?-Al parecer ninguno de los hombres esperaban que alguien los viera, voltearon a mirarla, y uno de ellos sonrió maliciosamente, mostrándole que le faltaban algunos dientes y los demás los tenia podridos.
-Mira nada más Iñaki, que cosita tan dulce. ¿No te parece?-El de dientes podridos le habló a su otro compañero, quien sonrió, haciendo que la larga cicatriz que le cruzaba la cara, desde el ojo derecho hasta la nariz, se viera macabra.
-Muy dulce, Hu, muy dulce.
Kagome les frunció el ceño aun más, y camino hacia ellos sin temor. Que hombres más repugnantes pensó.
Ambos al parecer sorprendidos por su acción se le quedaron mirando con sorpresa, mientras ella los empujaba hacia un lado, para poder mirar al pequeño niño, o al menos hasta que lo vio más de cerca, se dio cuenta que estaba equivocada. No era un niño...
-Es un pequeño demonio. -Dijo ella para sí misma, aunque los dos hombres la escucharon porque uno de ellos le respondió.
-Así es mi señora, así que a un lado.-Dientes podridos la empujó ligeramente y continúo.- Para que podamos deshacernos de él.
Ella miro con horror como el hombre levantaba el arco y la flecha y apuntaba hacia el pequeño que lo miraba con los ojos llenos de horror.
-¡Kirara!-El grito salió de sus labios, mientras Kirara se transformaba y un gruñido escapaba de ella. Poniéndose delante de Kagome de manera protectora le enseño los dientes filosos al hombre haciendo que este diera varios pasos hacia atrás.
Aliviada de que Kirara la respaldara, se acerco al pequeño. Mirando sus preciosos ojos verdes que la miraron con un poco de pánico.
-Chist, aquí estoy. No te are daño.-El niño la miro durante un segundo, antes de lanzarse a sus brazos. Lo abrazo protectoramente contra su pecho mientras observaba como Kirara trataba de espantar a los hombres.
Iñaki, dientes podridos, no le importaba nada al parecer, porque alzo su arco y su flecha y apunto directamente hacia la frente de la gata, que a su vez lo esquivó con un movimiento rápido. Pero esa acción la dejó a ella y al niño sin protección, mientras que el otro hombre llamado Hu, se acerco con el hacha en alto. Ella puso a su espalda al niño, mientras que el hombre se preparaba para atacar.
-Yo no cometería semejante estupidez, si fuera tú.-La voz ronca de Inuyasha, inundo de alivio a Kagome. Mirándole se dio de cuenta que bajo la suavidad de su forma de hablar, se escondía una furia innegable.
Inuyasha estaba furioso. Al principio dejo a su compañera encargarse del asunto, pero cuando vio en la manera que aquel hombre se acercaba a atacarla, vio todo rojo. Su demonio, rugía con fuerza dentro de sí. Queriendo herir a quien osó intentar lastimar a su compañera.
Se movió rápidamente, y le pegó un puñetazo en la mandíbula, y otro en la sien. Haciendo que se fuera de bruces hacia atrás, cayendo inconsciente. El otro hombre hace un rato que ya se había largado. Miro a su compañera, quien lo miraba sorprendida y con ligero rubor en las mejillas. Aunque pronto se olvido de él.
-Lindura, ¿estas bien tesoro? ¿Los hombres malos no te hicieron daño?
El demonio zorro negó con la cabeza, pero lo miro a él con un poco de miedo. Kagome también lo miro, y le dirigió una sonrisa burlona.
-Oh, ¿te preocupa este señor?-Ella soltó una sonrisa burlona.-Este señor esta domado, no hay nada de qué preocuparse.
El se contuvo de gruñir, y simplemente dejó que la mujer se encargara del mocoso. Mientras un pensamiento perturbador se coló en su cabeza.
Si ya los hermanos relámpagos traspasaron la barrera, y este pequeño demonio también. ¿Cuantos demonios más, ya han cruzado la línea?
Kagome sonrió mientras miro a Shippo siendo mimado por Sango, Yura, Hana y todas las criadas. El niño solo había hablado para decirle su nombre pero del resto, no había abierto la boca. Nadie le había cuestionado, por el contrario lo estaban mimando.
Miro por tercera vez la puerta del salón de té, esperando que Inuyasha llegara, aunque no lo admitiría en voz alta. Después de que todo se resolvió, volvieron con el niño andando hacia el palacio, en el medio del camino se encontraron a un Akitoki preocupado porque no la encontraba, ella lo calmo diciéndole que estaba bien. Inuyasha por otro lado, le reclamo sobre el cuidado que el tenía que mantener con la seguridad de ella.
A la final, regresaron a tiempo antes de la puesta de sol, pero Inuyasha se había marchado apenas se había asegurado que Kagome estaba segura. Murmurando algo sobre asuntos pendientes.
Habían transcurrido unos minutos, cuando Inuyasha entro como un tornado, todo el salón se quedo en silencio. Mientras él se dirigió a paso seguro hacia ella. Apenas fue consciente de los apuros de Sango y Yura por sacar a los demás del salón, los intentos de Shippo por quedarse, para al final, dejarlos solos,
Cuando se detuvo frente a ella, la mirada que le dirigió, fue posesiva y determinada. Sus palabras los corroboraron.
-Mañana por la mañana vamos a partir hacia mis tierras, y no voy a aceptar un no por respuesta.
Ella abrió la boca para replicar le y decirle que ella no se iría a ningún lado. Pero el no le dejo. Le agarro por detrás de la nuca, y bajo su boca a la suya.
El beso era para silenciarla, ella lo sabía. Pero no por eso no disfruto de ello.
La lengua de Inuyasha, se interno en su boca. Lenta y juguetona incito a la suya para jugar, se enredaron y batallaron el uno contra el otro. Mientras el olor de él se filtraba por todos sus poros. Kagome se sentía caliente y su cuerpo palpitaba de deseo. Inuyasha gimió en su boca, un sonido puramente masculino, haciendo que todo su cuerpo se erizaba. El se separo de ella con renuencia, mientras ella soltaba un gemido de protesta.
-Mañana compañera, nos iremos. Sera un viaje de cuatros días, eres mía Kagome.-Le dio un apretón antes de soltarla y continuo y gruño.-Mia, de los pies a la cabeza. Y a donde yo voy, tú vas.
Se dio media vuelta dejándola aturdida. Apretó sus manos sobre la seda de su Kimono violeta, y aspiro profundamente tratando de alejar la bruma en la que Inuyasha la dejo. Y repitiéndose a si misma que esto que le pasaba, no era normal.
Estaba temblando mientras que dentro de ella algo se estaba construyendo, algo que la dejaba anhelante y temblorosa. Necesitando más y más. ¿Pero de que? Esto no era normal, esta necesidad que sentía por Inuyasha no era normal. Ella había escuchado muchas cosas sobre el sexo y esas cosas, pero nada así. Dios, nada nunca así.
Temblando pensó que el viaje que aria con Inuyasha sería un autentico infierno, ella no podía negarse, de alguna u otra forma él se encargaría de que ella se fuera con él.
Suspiro, los temblores estaban pasando, pero aun se sentía caliente, más de lo normal, más caliente de lo que estuvo con el primer beso.
-Dios-Gimió con preocupación mientras se ponía una mano en la frente.- ¿Que me está pasando?-Suspiro. -Kikyö, ¿qué me está pasando?
Pero su hermana no estaba para ayudarla, ni ahora, ni nunca.
Recuerden, actualizare el viernes con seguridad. Asi que espero sus reviews, dulce tarde niñas. Y gracias por el apoyo que me brindan.
