Inuyasha no me pertenece.

Hola mis chicas bonitas. Muchas gracias a todas por sus dulces felicitaciones, me llenaron de alegría. Aquí les traigo un nuevo cap, lamento la tardanza, pero ya les había explicado lo ocurrido, además que también estaba escribiendo un minific que subiré en breve. Espero les guste y esperaré ansiosa sus reviews.


5


Dio ligeros pasos asegurándose que nadie le seguía, que nadie le veía. Necesitaba tener precaución, deslizándose fuera de la seguridad de su hogar se dirigió con pasos cautelosos hacia donde se encontraban los caballos. No tuvo tiempo de quejarse, ni de esperar por la persona con la que se tenía que encontrar, porque ya se encontraba ahí.

Fue solo una sombra en toda la obscuridad de la noche, pero fue todo lo que necesitó. Se acerco y miro, o más bien trato, de mirar fijamente sus ojos.

-¿Que, crees que debemos hacer? No podemos dejarla marchar con ese híbrido. –Dijo. Su voz estaba inundaba en una cólera que no podía pasar desapercibida. Su acompañante simplemente se limito a sonreír con malicia antes de hablar.

-Oh, pero eso es lo que debemos hacer. Dejar que se marche con el híbrido. –Levanto su mano con autoridad cuando su compañero se preparaba para replicar. –Lo sabes tan bien como yo, que eso es lo que quiere el jefe.

Un siseo silencioso vino del otro.

-No permitiré que se vaya con él, ella es mía maldita sea. –Gruño, y no pudo evitar la mano que salió disparada hacía su cuello, como tampoco pudo evitar el súbito dolor que vino con eso. Su compañero se puso nariz con nariz con él mientras le gruñía en la cara.

-No se te ocurra ni por un momento desafiarme, ni a mí, ni al jefe. –Mordió las palabras. –No quieres tenernos de enemigos, débil humano. Ahora lárgate, tu presencia me irrita.

Lo empujo y observo como el humano regreso a su vivienda. Soltó un suspiro y pensó en su jefe. Era un maldito manipulador, y sabia como jugar sus cartas. Pero se pregunto ¿Porque tenía que involucrar al débil humano? Era un completo parásito, y no servía para nada.

Al menos, se convenció a sí mismo, que cuando el jefe ya no necesitara mas al humano, el se encargaría de matarlo lentamente.

Al menos tenía ese consuelo para el mismo. Se deslizo entre las sombras mientras se escabullía del lugar, y nadie pudo notarlo. Nadie.

Inuyasha espero pacientemente a que su compañera saliera de sus aposentos. Sabiendo que la mujer solo quería retrasar lo inevitable. Con su mujer, se encontraban la Yōkai Yura, la exterminadora Sango, y su doncella Hana.

Sabiendo que su compañera iba a tardar un poco, dejo que su mente divagará con lo ocurrido del día anterior.

Después de haberse asegurado que su compañera estaba bien, se fue a buscar a Royakan, y a los siete guerreros. Los puso al tanto de la situación, como ellos también le contaron lo que había pasado últimamente.

Al parece varios aldeanos había hecho a correr la voz de que si veían a cualquier Yōkai, sea niño, o adulto, no eliminaran. Muchos tenían miedo, de que así como murió la sacerdotisa Kikyö, también puedo pasarle lo mismo a la hermana que quedaba. Al parecer, desde la muerte de la hermana de su compañera, Kagome se había dedicado a proteger y cuidar a los aldeanos, y a todo aquel que se lo pidiera.

Corría el rumor, de que él se llevaría a Kagome, y muchos temían quedarse sin su protección. Era cierto. Él se llevaría a Kagome, pero apenas llegara a sus tierras mandaría a dos de sus hombres de confianza, para que vigilaran el territorio Higurashi.

Bankotsu y Royakan, temían que se desatara una guerra. Por eso el tenía intenciones de alejar a su compañera de este lugar, si se desataba una guerra, quería a su compañera completamente segura. Las cosas se estaban saliendo de control, y eso estaba causándole irritación.

Suspiro de nuevo mientras movía uno de sus pies nerviosamente, los pelos de su nuca se erizaron y sintió que alguien lo observaba, giro un poco su cabeza hacia atrás y miro fijamente al mocoso que su compañera había rescatado el día anterior.

Su nombre era Shippo, y no había abierto la boca para hablar tan solo para decir su nombre. Miro sus increíbles ojos verdes, y lo que vio en ellos lo lleno de furia.

En los ojos del mocoso pudo vislumbrar el tormento, el conocimiento de horrores, de los cuales ningún niño, sea humano, híbrido o Yōkai, tenía que ser consciente a esa edad. Lo puso furioso el pensar en que alguien, obligó a ese pobre niñato a observar alguna especie de masacre.

En sus ojos también pudo observar la esperanza de no tener que ser víctima de nuevo, independientemente de lo que haya tenido que pasar para sobrevivir. Haciendo algo de lo que nunca espero hacer. Se acerco y se agacho frente al niño, mientras le ponía una mano en la cabeza.

-Nadie te hará daño mocoso, así que quita esa mirada que me jode. –Su voz sonó más fuerte de lo que había tenido intención en un principio, pero funciono. El niño sonrió ligeramente, para luego hacer un puchero típico de un niño.

Se levanto y espero de nuevo a que su compañera se dignara a salir.

Estaba a punto de entrar a la fuerza, cuando una de las corredizas se deslizó hacia un lado y su compañera salió.

Su aroma le pego de lleno y el apenas pudo contener e gruñido que se elevo desde el fondo de su garganta.

Vestía un Kimono verde de seda con un estampado de flores amarillas. Un obi azul de rallas, llevaba puesta los tradicionales tabi junto con un par de geta. (NT: los tabi son los calcetines tradicionales que separan el dedo pulgar del resto de los dedos para calzar las sandalias. Los Zori son unas sandalias bajas hechas de algodón y cuero, los geta son de madera)

Su cabello lo tenía en lo alto de su cabeza, amarrado con una especie de pasador del cual de ambos lados caían adornos dorados. Típicas cosas que usaban las mujeres.

Pero no fue lo hermosa que se veía lo que lo dejo sin aliento, fue el ligero olor que ella desprendía que casi hizo que él se pusiera de rodillas y jadeara.

Aclarándose la garganta al fin pudo encontrar su voz.

-¿Lista? –Dios que estuviera lista, el necesitaba ponerla en un lugar seguro, como también necesitaba hablar cuanto antes con su padre. No sólo por lo que estaba pasando en la línea divisora, si no por lo que le estaba pasando precisamente él.

Sentía un hambre voraz por su compañera, un frenesí dentro de sí mismo, que estaba volviendo loco tanto al hombre, como al demonio. Su demonio normalmente solo se alzaba contra él en las batallas, pero ahora, cada vez que tenía cerca a Kagome su demonio gritaba dentro de sí para salir a la superficie. Maldición pensó él, el no quería tomar a su compañera en un frenesí de lujuria comandado por su lado demoniaco, él quería tomarse su tiempo en complacérsela a ella. Él nunca había escuchado de este tipo de cosas que le estaba pasando, esto no era normal, Inuyasha lo sabía, por lo tanto, necesitaba hablar cuanto antes con su padre.

Y que Kami sama los ayudará, rogo él, si alguna vez su demonio tomaba el control para tomarla, el no sabía si podría encontrar el suficiente control para no lastimarla.

Ella asintió, y les hizo señas a unos guardias que se encontraban cerca, para que pudieran retirarse.

-Shippo ira con nosotros. –Dijo ella. Su voz llena de determinación. La negación estaba en la punta de su lengua, hasta que recordó el miedo en los ojos del niño. Y aceptó a regañadientes. El triunfo que vio en los ojos de su compañera casi lo hizo sonreír. La mujer no sabía que con niño, o no, el igual iba a seducirla.


Kagome soltó lentamente el aire que estaba conteniendo. Por un momento pensó que Inuyasha iba a negarse a llevar al pequeño Shippo con ellos. Sorprendentemente no se negó, y en contra de sus deseos tuvo que subirle al menos tres puntos a favor. Un punto por salvarla ayer, otro por ayudar a Shippo, y otro por ser comprensivo.

Soltó una maldición silenciosa. ¿Cómo, podía resistirse a él?

Trato de evitar a toda costa mirarlo, pero era imposible. Vestía su armadura de púas junto con su vestimenta roja habitual y aun lado de su cadera su Katana, se veía para comérselo. Y que ganas tengo de hacerlo pensó ella para sí misma.

Miro a sus dos amigas que la veían con diversión. Estuvo tentada a darle un puñetazo a cada una pero se contuvo a tiempo, las muy traidoras se había confabulado con Inuyasha. Cuando ayer por la noche cuanto intento pedirles a ambas que los acompañaran en el viaje a las tierras de Inuyasha, las muy bakas le habían dicho en un tono condescendiente que eso no iba poder ser posible, que ellas se asegurarían que todo estaba en orden antes de seguirlos unos días después.

Frunció el ceño e hizo un puchero. ¿Tendría la fuerza suficiente para resistirse a su supuesto compañero?

No lo sabía, y eso estaba matándola.

Inuyasha se fijo en la expresión afligida de su compañera, ¿en qué diablos estaba pensando esa mujer? Se pregunto. El esperaba que ella no estuviera pensando en la manera de escaparse de él, porque Inuyasha no sabía si su demonio podría tolerar más rechazos o desafíos hacia ambos. La pequeña rebelde no sabía que mientras más se negara a él, tanto hombre como demonio se lo tomaban como un desafío. Y todo el maldito mundo sabía que era una muy mala cosa desafiar a un Yōkai, sea hibrido o no.

Le hizo una seña, y mientras ella cogía en brazos al cachorro Shippo, mientras que un pequeño grupo se encargaban de subir los baúles de su compañera al carruaje, ellos se dirigieron hacia las afueras del palacio. No tenían tiempo que perder e Inuyasha quería estar cuanto antes en sus territorios.

Abrió los ojos por la sorpresa.

Fuera del palacio de su compañera había una muchedumbre de humanos, algunos tenían palos, otros arcos y flechas, unos cuantos tenían hachas, y también había mujeres y niños.

Un hombre que debía rondar por los cincuenta, se acerco mientras era escoltado por dos muchachos más jóvenes. Ambos muchachos tenían armas en cada mano.

El hombre se acerco lentamente y se paró a una distancia compresible de él, y clavo su mirada en su Kagome. Actuando puro por el instinto que lo estaba gobernando bloqueo la vista del hombre sobre su compañera, atrayendo toda la atención sobre él.

El hombre carraspeo y luego hablo con una voz ronca y gruesa.

-Queremos que se largue de aquí y deje a la princesa Higurashi en paz. –Lo miro fijamente a los ojos mientras continuaba. –Aquí no hay nada que le pertenezca, váyase y le dejaremos marchar en paz.

A sus espaldas escucho la inspiración profunda que hizo su compañera, así como también pudo oler su indecisión, pero ¿indecisión sobre qué? ¿Sobre irse con él, o quedarse aquí? Por un momento sintió pánico, pánico puro porque su compañera quisiera alejarse de él, aunque aun no estuvieran acoplados. Pero luego pudo sentir como la rabia calentaba su sangre, y como el demonio luchaba por salir y como también empezó a gruñir con furia ante el desafío que el viejo le lanzo deliberadamente.

¡Era su maldita compañera! ¡Y primero se congelaría el infierno antes de que alguien la apartara de él!

Iba a por la cabeza del viejo cuando la dulce voz de su compañera se hizo presente.

-Señor Senkai, no tiene nada de lo que preocuparse. –Hizo una pausa, como buscando las palabras correctas para calmar al anciano. –Nadie me está llevando contra mi voluntad, mi deseo es ir con él. –Aunque al final ella vacilo el anciano se calmo visiblemente, pero no retrocedió.

-Comprendo princesa. Pero mi deber como líder del pueblo, y por la lealtad que todos nosotros y nuestros antepasados le han proclamado al clan Higurashi, tenía que informar sobre lo sucedido al consejo de ancianos. –Inuyasha frunció el ceño. Lo que le faltaba, los anciano inmiscuidos en sus asuntos.

El consejo estaba formado por los ancianos de cada clan noble. Cada acción que cada clan quisiera realizar, tenía que ser aprobado por el consejo. Si el consejo no veía con buenos ojos el acoplamiento entre él y Kagome, podían tratar de separarlos. Lo bueno de todo esto, es que desde que los Yōkais y los humanos decidieron hacer el pacto se pidió para estar en igual de condiciones, que al menos tres Yōkais formaran parte del consejo.

-Entiendo, señor Senkai. –Kagome en realidad no lo entendía. Detestaba todo lo que el estúpido consejo opinaba. Y desde que el nuevo líder del consejo tomo posesión del liderazgo, el consejo se estaba volviendo más imposible de soportar, y más aún mientras la estaba presionando que se casará con un terrateniente del sur. Menos mal que ella fue inteligente y se iba de buen pie con Inuyasha. –Pero como comprenderá, mis asuntos me pertenecen solo a mí. Si el consejo quiere entablar una conversación conmigo, yo estaría realmente gustosa de recibirlos en el palacio Taisho.

Inuyasha sonrío. No había manera de que separaran a su compañera de él. Una vez que su compañera estuviera completamente segura, el se encargaría de todo.

El anciano asintió, y el orgullo brillo en sus ojos al mirar a su princesa. Pero nadie se esperara lo que paso a continuación. Nadie supo quien fue, ni de quien provino. Pero una flecha se dirigió directamente a la garganta de Kagome. Inuyasha sintió el silbido de la flecha al ser disparada y reacciono según lo que sus instintos le exigían. Proteger a su compañera. Con un movimiento de su brazo derecho empujo a Kagome a su espalda, mientras que giro para estar frente a ella. Por la velocidad en la que la flecha se dirigían a ellos el no tendría tiempo de esquivarla. Así que hizo lo más natural. Cubrió a su compañera con su cuerpo.

El ardor que sintió cuando la flecha se clavo en su hombro izquierdo, no le importo. Era una herida insignificante. Pero su compañera no pensaba igual.

-¡Oh, Inuyasha! –Las manos de su compañera se aferraron a su brazo derecho. No fue consciente de nada más que de los preciosos ojos que lo miraban con genuina preocupación. Sango y Yura los rodearon, al igual que varios de los samuráis que se encontraban cerca. El general Akitoki empezó a gritar órdenes. Él controlo a su demonio lo mejor que pudo, aunque no pudo evitar que las franjas moradas se plasmaran en su rostro. Su demonio estaba perdiendo el control y luchaba por salir a la superficie. Arañaba y gruñía ferozmente por perseguir, cazar y matar a quien haya osado lanzar esa flecha contra su compañera.

¡Está bien! ¡Ella está bien, está con nosotros! Le gruño él a su Yōkai.

¡Mi compañera! ¡Mía, mía, nuestra! El gruñido primitivo que dio su demonio al calmarse, no lo calmo a él precisamente. Su demonio cada vez estaba más ansioso por que el finalizara las fases de acoplamiento con Kagome. No sabía cuánto tiempo podría controlarlo más. Tanto el humano como el demonio estaban desesperados por ella.

Ya casi no le quedaba control.


Kagome aun estaba un poco nerviosa. No estuvo asustada ni nada parecido, pero casi se había desmayado cuando vio como Inuyasha sangraba por haberla protegido. Mientras se subía al carruaje y cerraban las cortinas dejo que su mente divagara.

Todo se estaba saliendo de control. Esa muchedumbre que se encontraba a las afueras del palacio no era normal. Ellos nunca harían algo así, y muchos menos el señor Senkai. Él era un hombre sensato y muy respetuoso con las decisiones que ella tomaba. Incluso siempre tomaba en cuenta las opiniones de ella, con referencia al pueblo. Había algo más en todo ese asunto, y ella lo presentía. Pero la pregunta era, ¿a qué se debía el súbito interés en ella? ¿Por qué alguien trataría de matarla? Frunció el ceño. Todo era tan confuso.

Sintió como el pequeño Shippo se acurruco más cerca de ella, mientras era preso del sueño. Una sonrisa se deslizo en su rostro al fijarse en él. ¿Por qué no hablaba? Se pregunto. Tal vez fuera tímido y aun no confiaba del todo en ellos. Pues bien, se dijo a sí misma, are que confié en nosotros para protegerlo.

Mientras seguía torturándose pensando en lo ocurrido, acarició el arco que se encontraba a su derecha. Nunca más se separaría de su arco y flechas. Ella ya aprendió la lección.

Se despertó lentamente mientras sentía como el carruaje se detenía. Se froto los ojos y se dio cuenta que se había quedado dormida. La voz del general Akitoki llamándola se hizo presente.

-Princesa estamos preparando el campamento, ¿quiere que le ayude a salir? –Estaba por responder cuando su querido compañero interrumpió.

-Ya le ayudo yo, Akitoki. –Supuso que Akitoki asintió, porque lo que luego vio fue a su compañero separar las cortinas y tenderle una mano para salir. Ella se fijo en el pequeño Shippo que seguía dormido. Así que decidió aceptar la mano de él, para poder salir y estirar las piernas.

Salió y se fijo que efectivamente estaban montando un campamento. Supuso que pasarían la noche en ese lugar, ya que estaba cayendo el atardecer.

Inuyasha clavo los ojos en ella, y Kagome noto que aún las franjas moradas seguían en su rostro. Un temblor la recorrió.

-Cerca de aquí hay unas aguas termales, ¿Por qué no vas a darte un baño? –La forma en la que se lo dijo hizo que ella frunciera el ceño.

-¿Quieres decir insolente, que huelo mal? –La diversión oscureció sus ojos dorados mientras asentía con la cabeza.

-Eso es exactamente lo que quiero decir, princesa mía. –Se ruborizo por el mote cariñoso por el cual él la llamo, sin poder evitarlo ladeo su cabeza hacia un lado para que él no lo notará. El soltó una sonrisa que la cautivo de pies a cabeza.

Ella asintió. Mientras él le indicaba qué camino tomar. Se fue con la espalda recta y la cabeza en alto. No iba a darle la satisfacción de que él notara los estragos que hacía en ella.


-Xei, Hu, sigan a la princesa y mantengan su lejanía para que ella disfrute de privacidad pero sin estar desprotegida. -Instruyo Akitoki. La sangre le hirvió lentamente a Inuyasha. Nadie iba a seguir a su compañera y mucho menos cuando se iba a dar un baño. ¡Los mataría!

Se dirigió a Akitoki y le clavo una dura mirada.

-Yo la seguiré y la protegeré. Vigila que el niño este cómodo. -No le dio oportunidad a que le dijera nada, después de decirle lo que tenía que decir se marcho detrás de su compañera.

Corrió y siguió el olor de su compañera. Afortunadamente las aguas termales no estaban lejos. Se impulso hasta la rama del árbol más cercano para tener un buen vistazo de su compañera y de cualquier posible ataque. Su compañera ya estaba dentro de las aguas termales y parecía relajada. Sonrió al verla jugando como si fuera una chiquilla. Cuando sintió un tirón en su miembro supo que su segunda cabeza también le gustaba mirarla.

Su compañera empezó a lavarse el pelo, tenía en la orilla de las termales unos frascos con contenido desconocido para él. Ella se acerco más a la orilla para coger uno de los frascos y untárselo por el cuerpo.

El hecho de que ella no fuera consciente de que él se encontraba mirándola, solo causo que se excitara aun mas. Ver como pasaba sus pequeñas manos por su cuerpo hizo mucha mella en él.

Control, mucho, mucho control. Se dijo.

Pero su demonio no estaba de acuerdo. Gruñía y ronronea a incitándolo a que se acercará a ella. Los instintos que estaba tratando de suprimir con mucho esfuerzo cada vez se hacían más fuertes. Quizás, si él se acercaba solo un poco...

Bajo de la rama del árbol y se acerco con sigilo. Su mujer estaba dándole la espalda mientras terminaba de untarse lo que había en el pequeño frasco. Un ligero olor floral provino de ella haciendo que su erección palpitara con fuerza.

Al diablo.

Se despojo de toda su ropa. Silenciosamente. Dejo a su espada, Colmillo de acero, cerca de él por si acaso. Observó como su compañera se sumergió por completa dentro del agua. Esa era su oportunidad, así que sin meditar ni pensar mejor sus acciones, se metió dentro de las aguas termales. Justo a tiempo, pues su compañera salió de nuevo a la superficie lanzando un suspiro de dicha sin ni siquiera darse cuenta de su presencia.

No supo si sentirse insultado o contento.

Se movió dentro del agua y eso si trajo su atención. Pues ella volteo la cara curiosa para ver de qué se trataba. Cuando lo diviso abrió los ojos como platos, luego se ruborizó, para que después el aire que el respiraba se impregnara por el ligero olor de su excitación con una pizca de enojo. Una combinación interesante.

-¿Qué haces aquí? -Le tiro un poco de agua. -Vete.

El se puso una mano en la barbilla mientras fruncía el ceño como si estuviera meditándolo.

-MM... me parece que no. -Sonrió con diversión al verla inflar sus cachetes y hacer un puchero.

-Serás idiota, ¡Fuera! -El falso enojo que ella quería emplear con él, en vez de enfurecerlo lo hizo sonreír.

Se acerco a ella como quien no quiere la cosa, mientras ella abría los ojos con sorpresa. La tomo de la cintura pegando su cuerpo desnudo, al suyo propio.

-Ah, pero si yo vine a lavarte la espalda.

Ella intento empujarlo con una de sus manos, mientras la otra cubría sus pechos, pero solo sirvió para darle una vista de sus pezones.

-Mentiroso, viniste porque eres un pervertido.

Él soltó una risa. Sorprendiéndola y sorprendiéndose a sí mismo. Su demonio por otro lado, estaba ronroneando de felicidad por estar cerca de la compañera de ambos.

-Quizás, quien sabe...

Ella abrió la boca de seguro para echarle un discurso sobre su falta de principios pero él fue más inteligente. Cubrió su boca con la suya.

Ella se quedo estática en sus brazos, a él no le importo. Siguió besando sus labios dulcemente y dándole pequeños mordisquitos. Ella se relajo contra él, mientras que abría la boca con un suspiro.

El metió su lengua muy despacio, provocándola. Ella tímidamente imito sus movimientos haciendo que su pene se pusiera más duro. Se alejó un poco de ella para ni clavarle la erección en su vientre, pero ella gimoteo y se pego aun mas a él haciendo que ambos gimieran.

Se besaron con dulzura y paciencia. El beso empezó a subir de intensidad, ya las manos de ambos no se quedaban quietas. Se tocaban mutuamente para sentirse el uno al otro. El la beso más duramente, un beso apasionado y desesperado. Ansiosos por comerse, sentirse.

Inuyasha arranco la boca de su compañera y abrió los ojos para verla. Ella tenía sus manos agarradas a sus antebrazos, tenía las mejillas ruborizadas, los labios entreabiertos, hinchados y húmedos por sus besos.

Con un gemido de pura necesidad, volvió a estrellar su boca contra la de ella. Su lengua busco la suya, y la suya salió a su encuentro. Se enredaban y se acariciaban en una danza de placer. La cargo contra él y delicadamente la puso en la orilla. Justo donde él había extendido su Haori.

La dejo recostada, mientras ella avergonzada intentaba en vano cubrirse. No es como si él fuera a dejar que eso pasara.

Negó con la cabeza, mientras alzaba un dedo en señal de advertencia. Ella lo miro sorprendida.

-Nada de cubrir lo mío, señorita. -Le dijo un poco juguetón. El comentario en vez de enfurecerla, hizo que lo ansiara aun más.

Ella quito las manos de su cuerpo, mientras que él le daba una sonrisa satisfecha.

-Buena chica. -La elogió.

Entonces se dedico a lo suyo. Cubrió su cuerpo con el suyo, dejándola que lo sintiera. Ella suspiro y lo abrazo por el cuello mientras se seguían besando. Hizo un recorrido de besos por su cuello y subió al lóbulo de su oreja derecha, lo mordió delicadamente y lo chupo en su boca haciendo que ella gimiera.

Bajo de nuevo por su cuello mientras se llenaba las fosas nasales con su olor.

-Oh, qué bien hueles... hueles muy bien. -Suspiro, mientras la seguía besando hasta que llegó a sus pechos. Eran completamente redondos y firmes, con unos pezones duros, delicados y rosados. Listos para su boca.

Bajo su cabeza y metió uno de sus pezones en la boca. Lo mordió ligeramente haciendo que ella diera un respingo y su respiración se aceleraba aun mas. Chupo dulcemente primero, después chupo con fuerza.

-Ay, dios mío... Inuyasha. -Los gemidos de ella eran cada vez mas fuertes mientras él se alternaba entre sus pechos. Su mujer tenía los pezones demasiado sensibles. El estaba completamente seguro que podía hacer que se corriera con solo chuparlos. Pero el ya tendría tiempo para eso. Dejo sus pechos con algo de renuencia, mientras que subía su cabeza para besarla.

Tentando a lo que le quedaba de auto control, bajo una de sus manos a los rizos azabaches que cubrían el lugar al que el tanto ansiaba llegar. Casi se corre cuando sintió lo mojada que estaba. ¡Su mujer estaba empapada! ¡Por él!

Su demonio dio un gruñido orgulloso. Mientras que el hombre se permitió deslizar una sonrisa arrogante en su rostro. Se acerco a su oído para besarlo.

-Pero mira que mala eres, mujer... -Chupo su cuello mientras que uno de sus dedos masajeaba ligeramente su botón hinchando. -Mira que mojarte así. Tan mojada.

-Inuyasha. -Gimió en respuesta. El sonrió y siguió masturbándola. Los espasmos recorrieron el cuerpo de su mujer, y él se contuvo de clavar sus colmillos con fuerza en su cuello. Su mujer iba a correrse.

El clímax se estrello contra ella dejándola suspendida en una nube de placer. Nunca había experimentado nada igual, ni se había sentido tan viva.

Inuyasha sonrió orgulloso y presumido. Ella le sonrió medio somnolienta por los espasmos de placer que aun la recorrían. Ella sabía lo que pasaba entre un hombre y una mujer. A pesar de ser una época bastante machista y clasicista, sus sirvientas hablaban mucho y no precisamente en voz baja. Además que Yura también les había contado algo a Sango y a ella. Pero le sorprendió que Inuyasha no intentara hacerle el amor. El solo le dio placer a ella, no tomo el suyo propio. Y por alguna razón, Kagome quería que él estuviera satisfecho.

-In-nuyasha. -Suspiró con la voz temblorosa.

Inuyasha miro a su compañera que lo miraba con ojos satisfechos.

Le quito con ternura, algo nada propio de él, un mechón de pelo húmedo que ella tenía en su mejilla.

-¿Si?

Ella se quedo muda unos segundos, el miedo y la vergüenza pasaron por sus ojos, para luego la determinación y la necesidad se extendió por ellos.

-Quie-ero... yo q-quiero. -Lanzo un suspiro y lo miro con las mejillas aun más encendidas.-Yo quiero darte placer.

El se quedo en shock por sus palabras. Pero solo un instante, estaba tan duro que ni siquiera tuvo que pensárselo. Se giro para que ella quedara de lado (NT: en forma de cuchara jeje n.n) con el detrás de ella. Ella respiraba de nuevo de forma rápida al igual que él. No iba a penetrarla, no podía. No le haría suya en ese lugar. El necesitaba hablar antes con su padre sobre algo que lo tenía muy inquieto.

Pero aun así, ella quería complacerlo, así que no podía decirle que no.

Acomodo su pierna izquierda en su cadera por un segundo.

-Cuando te diga que cierres las piernas, las cierras. ¿Entendido, nena? -Ella asintió en acuerdo mientras gemía con expectación.

Así que, acercando su erección a su dulce entrepierna se frotó contra ella creando una fricción de placer desmedida.

Su mano derecha que estaba atrapada por la cabeza de ella y parte de su cuerpo le sirvió por coger uno de sus pechos. Su otra mano la agarro por las caderas.

-Ciérralas. -Gruño con fuerza e impaciencia. Al cerrar ella sus piernas hizo que su erección quedara atrapada justo e sus labios, pero sin penetrarla.

La cabeza de su pene se frotaba contra el clítoris de ella, haciendo que las sensaciones fueran deliciosas e inexplicables.

Se frotó contra ella con más fuerza, mientras que ella gemía su nombre y otro orgasmo se construía para ella. Sus pelotas golpeaban su trasero redondo y respingón.

-¿Sientes lo que me haces, Kagome? -Le gruñó al odio con la respiración agitada. -Siente lo que me haces nena, esta duro por ti y para ti. -Otra embestida. -Solo para ti.

-Inuyasha... más.

-¿Mas? -Siseo ronco, empujó sus caderas con más fuerza, su agarre en su cintura se apretó de tal manera que supo que su piel nívea se marcaría. Eso le produjo satisfacción de una manera retorcida. El saber que estaba siendo rudo con ella, y por la manera en la que sus jugos contaban y como de contoneaba contra él, a ella le gustaba.

Su demonio se pego más a su piel para sentirla, un ronroneo salió de su boca. Mientras que ella se corría con fuerza.

-Santa mierda. Maldita sea, me corro bebé. -Gimió él. -Me corro...

Un empuje contra ella, dos más y se corrió con fuerza, manchándola con su semen. Se aferro a ella mientras los espasmos de placer lo recorrían con brutalidad deliciosa. Nunca se había sentido tan bien, con ninguna mujer. Y eso que ni la había penetrado.

Estuvieron aferrados el uno del otro durante un rato. Hasta que ambos sintieron ya era hora de regresar al campamento. Se limpiaron y se pusieron su ropa. Inuyasha dejo que ella se fuera primero, para unos instantes después él se iba detrás de ella.

Cuando llegaron ninguno de los hombres dijo ni hizo nada. Aunque se dirigieron entre ellos miradas de complicidad, respetaron a su princesa. Shippo se despertó media hora después que ambos regresaron y él le dirigió una mirada de curiosidad a los dos, pero el niño como siempre no dijo nada.

Los tres días restantes fueron muy cómodos y agradables para todos, en especial para Kagome. Lo que paso en las aguas termales no se repitió de nuevo, pero Inuyasha no la descuidaba. Le robaba uno que otro beso y siempre le otorgaba una que otra caricia. Ese día en las aguas termales mientras ella se daba un baño, su mente le había jugado una mala pasada haciéndole pensar en él. Vaya grata sorpresa cuando se dio cuenta qué el estaba con ella.

Convivió más con Inuyasha y Shippo, como si fueran una familia. Había ocasiones en la que ambos se molestaban, pero ella regañaba a Inuyasha y abrazaba a Shippo protectoramente ocasionando el enojo de Inuyasha. Pero ni siquiera cuando Inuyasha y Shippo se gruñían y se jalaban el cabello, el pequeño hablaba. Era algo que preocupaba profundamente a Kagome, pero decidió darle su tiempo. Esos días sirvieron para que Inuyasha se abriera paso en su corazón. Poco a poco la idea de qué ambos sean compañeros se le hacía cada vez más correcto.

Al cuarto día, llegaron a las tierras de Inuyasha. El palacio del Este era impresionante. Las murallas que se alzaban eran preciosas e imponentes.

Cuando ella bajo de su carruaje para entrar en la palacio se quedo impactada. Era sin lugar a dudas un sitio precioso. Tan embelesada estaba que no se dio cuenta que su compañero se había alejado un poco de ella y una mujer se encontraba abrazándolo. El no le correspondía el abrazo, más bien se encontraba desconcertado y mirándola con enojo.

Algo hirvió al rojo vivo dentro de su ser cuando vio a esa mujerzuela guindársele por el cuello a su compañero. ¡A su Inuyasha!

Los celos y la rabia se apoderaron de ella como un cascabel. Sentía una acidez en el estomago mientras miraba a aquella mujer. Inuyasha se la paso en todo el viaje espantando a cualquier hombre que la mirara.

Nadie iba a tocar lo que era de Kagome.

Se acerco a ellos con toda la rapidez que su Kimono azul rey le permitió. No iba a permitir que viniera esa mujer a tocar a su compañero como si ella tuviera todo el derecho de hacerlo.

Antes de poder contenerse se paro frente a esa mujer que le estaba dando la espalda, Inuyasha la miro con sorpresa y con desesperación en los ojos.

-Nena, no es lo que... -Pero ella no le prestó atención. Con toda la fuerza que la rabia y los celos le permitieron agarro a esa mujer por el cabello y la echo hacia un lado con furia. Noto que en su mano derecha quedaron algunos mechones rosados pero no le importo. La encaro y miro directamente a unos ojos rubíes que la miraron con rabia.

-¿Quien te crees que eres para tocar a MÍ compañero? - Exigió con voz serena pero furiosa. -No te permito que toques lo mío, así que no vuelvas a hacerlo jamás.

No fue consciente como cinco pares de ojos la miraron con curiosidad y sorpresa. Tampoco se dio cuenta de la satisfacción que embargo a su compañero.

Entonces la mujer estúpida hablo.

-¿Su compañera? ¿Tu? -Le dijo furiosa. -Inuyasha no se mezclaría con escoria humana.

Ella sintió como la furia se encendió aun más en su interior. No fue consciente de nada, ni de la rabia e indignación de Inuyasha, ni de la molestia de aquellos pares de ojos que los observaban. Sólo fue consciente de una cosa, si alguien no la agarraba en los próximos dos segundos iba a matar a la perra.

No se contuvo. Se lanzo contra ella.


Jajaj pero miren nada más, lo celosa que nos salió la Kagome.

Espero que les haya gustado, y gracias por su apoyo!

Por cierto, si alguna de ustedes tienen dudas sobre la forma de transporte de Kagome, ya que en el anime no recuerdo haber visto ningún carruaje. Fue algo que investigue, en la época feudal, se usaba un carrajua para las princesas para que se trasladaran. Pueden buscarlo por google yo lo busque, como carruajes antiguos durante el periodo de Heian. Por ahi encontraran varios.

Un beso enorme, nos leemos pronto