Hola chicas, ¡no me acribillen por mi tardanza tenga piedad!

Lamento el retraso, se que siempre me disculpo pero de verdad me hace sentir un poco mal durar tanto para actualizar, he tenido problemas familiares y con el idiota de mi novio el cual esta tentando a su suerte...

Pero en fin, espero y disfruten este cap tanto como yo lo disfrute escribiendo.

ACLARACIÓN IMPORTANTE: En el capítulo anterior escribí que la concubina principal del amo bonito se llama Hana, fue mi error y la verdad discúlpenme chicas, pero en realidad ella se llama Meyzu. Lo que pasa es que me confundí y puse Hana, gracias que mi Valkiria-San me lo comentó fue que me di cuenta, lamentablemente perdí el documento y no pude arreglarlo. Pero cuando pueda lo haré, pero de todos modos se los aclaró aquí. No es HANA es MEYZU. Lamento los inconvenientes (es que me gusta mucho el nombre de Hana T-T) Por cierto, la compañera del amo bonito por decisión general, será Rin y ya verán, se la tengo bien preparada al ingrato ese buajaja...

Muchísimas gracias a: Nena Taisho, Ladybug miau (guerrera atena), Guest (deja tu nombre para darte las gracias como mereces linda), Mari Yuki Taisho, mi hermosa Valkiria-San, Dame-San, linda Rinnu, Meitaisho3, Sabella-Chan, Kaherine P, Kono Kaori, Evilangelux (ya extrañaba tus reviews), Nemesisprime03, TheSacredArcher, y también a los que le dieron follow y fav. ¡Me hicieron el día! Leer sus comentarios positivos, y que me alienten con mi fic me llena de mucha alegría. También quería decirles que pronto estaré trabajando con un nuevo fic de Inuyasha que se llamara, La concubina del demonio. Vaya titulo, ¿cierto?:3 jajaja, sin mas que decir o agradecer, ¡Disfruten de la lectura!


7


Corría apresuradamente mientras se internaba en el bosque. La neblina densa le obstruía la visión, pero no le importaba. Tenía que huir.

Palpo con su mano derecha su carcaj de flechas y su arco mientras un poco de paz se instalaba en su ser. Había cometido un error al haber confiado en ese hombre. Siguió corriendo y de un momento a otro sintió otra presencia detrás de ella. No se hacía falta girarse para ver quién era.

Ella ya lo sabía.

Saco dos de sus flechas y rápidamente las tenso en el arco sin dejar de mirar hacia el frente y sin disminuir su velocidad. Cuando visualizo un punto de apoyo perfecto para lo que tenía en mente, apresuro su paso y cuando alcanzo su objetivo giro sobre su propio eje, sin demostrar ninguna emoción apunto directamente a su asechador mientras dejaba que las dos flechas salieran expulsadas con un silbido bajo rodeadas por su poder espiritual. No se fijó si había acertado en su tiro. Siguió corriendo.

Por un momento pensó que se había salvado. Que realmente llegaría a tiempo y se salvaría. Que inocente era, frenó sus piernas abruptamente ocasionando que se tambaleara y rodara por la grama del bosque –producto de la velocidad en la que había estado corriendo–, para fijarse en la figura que se alzaba frente a ella. Sus ojos dorados la dejaron clavada en su lugar sin poder moverse. ¿La mataría? ¿Lo haría?

Soltó un suspiro trémulo. Le dirigió una sonrisa temblorosa mientras con sus ojos intentaba trasmitirle el amor que sentía. Sabía que él no lo hacía porque quería. Lo estaban manipulando. Al ver como alzo su espada para acabar con ella no pudo más que cerrar los ojos esperando.

Un segundo más tarde y su gritó de agonía y dolor resonó por todo el bosque.

Se despertó sobresaltada y bañada en sudor.

Respiraba agitadamente producto de su, ¿pesadilla?, ¿podía llamarla pesadilla? No podía recordar que era lo que la había puesto en tal estado de agitación. Intento serenarse y lo consiguió unos minutos después. Se recostó de nuevo y sus ojos chocolates intentaron adaptarse a la oscuridad de sus aposentos.

Kagome puso una mano en su pecho mientras sus ojos inspeccionaban la habitación en busca de algo.

¿Pero de qué?

Ella no lo sabía. Su corazón se normalizo pero aún así su alma siguió inquieta. Sintió como un pequeño bulto se movía a su lado y giro sus ojos para observar la pequeña figura de Shippo quien dormía a su lado. Una sonrisa cariñosa tomo posesión de sus labios. El pequeño Shippo se estaba abriendo cada vez más a ella. Ya hablaba más que antes y aunque se ponía nervioso cuando había mucha gente a su alrededor se tranquilizaba cuando le tomaba de la mano.

Suspiro y cerró los ojos para dormirse mientras que afuera de sus aposentos, una sombra se movía rápidamente sin que ella se diera cuenta.

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– ¡Buenos días, Kagome sama! –Canturreó la voz de Meyzu despertándola. Parpadeo y se fijo en que ya era de mañana. No se había dado cuenta en el momento en el que se había dormido en la madrugada pero lo agradecía, después del sueño turbio que había tenido pensó que no podría conciliar el sueño, pero se equivoco.

Ahogando un bostezo tras su mano derecha fijo su mirada en Meyzu –la concubina del hermano de Inuyasha–, quien traía una caja en sus manos.

–Buenos días, Meyzu. –Dijo soñolienta. – ¿Qué es eso? ¿Y donde esta, Shippo?

Meyzu sonrío y la miro con un brillo en la mirada.

–El pequeño Shippo está en el jardín con la señora Izayoi. –Explico y luego señalo la cajita. –Y esto se lo manda Inuyasha sama, ¡es un regalo!

Kagome abrió los ojos un poco más mientras un ligero sonrojo se apoderaba de sus mejillas.

¡Inuyasha le mando un regalo!

Emocionada le tendió la mano a Meyzu quien le sonrió mientras le tendía la pequeña caja. Cuando la sostuvo se dio cuenta que no era muy pesada, jugo inquieta unos segundos con ella para luego abrirla.

Sus ojos se abrieron como platos. ¡Eran perlas!

Asombrada se fijo en las perlas blancas que formaban un hermoso collar.

–Es hermoso. –susurro admirada. No podía creer que Inuyasha se tomara en serio eso de cortejarla, ella se lo había dicho hace dos días en un impulso para ver su reacción. ¡No esperaba que se lo tomara en serio! Sabía que Inuyasha era diferente, él no era humano era un Yōkai, bueno era un hibrido pero era prácticamente lo mismo. Ellos no hacían eso de cortejar a sus compañeras ni nada parecido, ella no quería que pensará que intentaba cambiarlo o algo por el estilo. A ella le gustaba como era él. En realidad, lo aceptaba así.

Pero el hecho de que él quisiera hacerlo la hacía feliz.

–Eso no es todo, Kagome sama. –Meyzu choco sus manos emocionada mientras se acercaba a la silla del tocador que ella poseía en su habitación, tomo en sus manos un kimono de color rosado con estampados de flores y bordado en dorado. ¡Era precioso! –Esto también viene con el regalo de esta mañana, debe ponérselo para desayunar yo la ayudaré–.

Kagome asintió y después de asearse dejo que Meyzu la vistiera y la peinara con un moño sencillo que consistía en parte de su pelo recogido y lo demás le caía en cascada por la espalda.

Miro fijamente a Meyzu la que se había puesto nerviosa de un momento a otro.

Arqueó una ceja en señal de curiosidad.

– ¿Qué pasa, Mey? –Pregunto. Meyzu dio una pequeña sacudida como si la fuera sorprendido en algo malo.

–Es que… yo no sé si deba decírselo, mi señora.

Al ver la preocupación en su rostro, Kagome sonrío tranquilizadoramente.

–No te preocupes, puedes decirme lo que sea.

Meyzu la miro dubitativa para luego respirar hondo.

–Sora, la concubina principal de Inuyasha sama ha pedido formalmente conocerla, mi señora. –Kagome se sorprendió. –Ella estará en el desayuno de esta mañana.

– ¿Inuyasha lo sabe? –Pregunto mas intrigada que celosa. Aunque podía sentir como los celos empezaban a crecer al imaginarse a esa mujer junto con Inuyasha.

Meyzu negó con la cabeza.

–La única que lo sabe es la señora Izayoi, fue a ella a la que Sora recurrió.

Kagome se sorprendió para luego sonreír.

–En ese caso no hagamos esperar a nadie Meyzu, vamos a desayunar.


– ¡¿Qué demonios hacen ustedes dos aquí?! –Exclamó con molestia. Observo a su viejo amigo de la infancia –Miroku Houshi–, el que se hacía llamar a sí mismo "monje", y no era más que un libidinoso. A su lado se encontraba su otro amigo/rival, Kouga Okami quien se encontraba de brazos cruzados y con una expresión de fastidio en el rostro.

–Deja de balbucear, chucho. –Dijo con fastidio Kouga e Inuyasha le gruñó en respuesta.

Miroku sonrió.

–Hemos venido a visitarte viejo amigo. –Su voz bajo un poco. –Y quizás hacerle una visita a una de tus preciosas concubinas, quizás Sora, o tal vez Haruno.

–De ninguna manera, depravado. –Gruño Inuyasha. –Vengan vamos a desayunar, aún es temprano y prefiero tratar con ustedes cuando tenga el estomago lleno.

–Qué raro. –Murmuro con ironía, Kouga. –El chucho siempre pensando en comer–.

– ¿Por qué no cierras la boca, apestoso?

– ¿A quién llamas apestoso, bestia?

– ¡Pues a ti idiota! No veo a otro apestoso por aquí y Miroku no cuenta. Su olor es más pasable que el tuyo.

– ¡Los monjes no apestamos!

– ¡Cállense ustedes tres y compórtense! –Riño Izayoi quien venía tomada de la mano del pequeño Shippo, ¿hasta cuando esos tres iban a comportarse como niños? Negó con la cabeza, a veces eran más infantiles de lo que deberían ser.

Al ver a la madre de su amigo, ambos se pusieron rectos como una tabla mientras hacían una reverencia y se callaban. No es que le tuvieran miedo a la bondadosa Izayoi, pero a veces la madre de su amigo podía ser un poco estricta con ellos. La cara de Izayoi cambio por completo. Del enfado a la alegría en un segundo mientras enfocaba su vista sobre sus hombros.

La nariz de Kouga capto un ligero olor dulzón a lilas y a jazmines. Era atractivo a su parecer pero aún así el olor de Ayame –su compañera–, era mejor. Al menos para él. Vio como Inuyasha se tensaba mientras olisqueaba el aire. Frunció el ceño, Inuyasha se estaba comportando muy raro.

– ¡Querida, que bueno que ya despertaste! –El saludo eufórico de Izayoi hizo que girara su cabeza hacia atrás. No fue una novedad para él ver a Meyzu, estaba acostumbrado a verla. Pero ver a aquella mujer de pelo azabache fue un golpe en su estomago. ¡La condenada mujer era preciosa! Si bien el quería muchísimo a su compañera –con la que se había unido hace tan sólo cinco meses–, eso no quería decir que él no sabía apreciar a una mujer hermosa cuando la veía. Y la mujer que tenía al frente, ¡simplemente guao! Le daban ganas de soltarle un aullido.

Al parecer Miroku tuvo la misma impresión que él, pues el monje pervertido ya se había acercado a la humana mientras le besaba el dorso de la mano con galantería.

– ¡Bendita sea la cuna donde dormiste, preciosa!

La mujer vio sorprendida al idiota del monje, se ruborizó mientras le hacia una sencilla y elegante reverencia.

–Supongo que gracias, mi señor. –Dijo con voz educada y dulce. Por el rabillo del ojo vio como Inuyasha revelaba sus colmillos.

– ¡No tienes nada que agradecerme, preciosa! –Miroku le paso un brazo por los hombros. –Una mujer tan hermosa como tú merece que alaben su belleza–. Vio en cámara lenta como la mano de Miroku bajaba directamente hacia el trasero de la humana, suspiro para sus adentros, Miroku nunca cambiaría. Vio como Meyzu también lo noto y una expresión de pánico cruzo por su cara.

– ¡Miroku san, no!

Inuyasha se acerco a pasos gigantescos hacia Miroku. Lo tomo de la solapas de su traje de monje mientras lo sacudía. Sólo porque eran amigos no le clavaba un maldito puñetazo en la nariz.

– ¡No te pases, Miroku! ¡No te acerques así a ella! –Le grito. Miroku inconsciente como siempre abrió su gran bocota.

–Pero si tú ya tienes seis, ¡déjame alguna para mí! –Dijo en tono de berrinche. Una venza empezó a palpitar en su frente. –Además no puedes ser tan egoísta, Inuyasha. Buda te castigará si no compartes.

¡Lo iba a matar!

Le gruño con fiereza y si no fuera sido por su madre quien le puso una mano en el hombro le fuera clavado las garras en la bocota de imbécil que tenía ese idiota. Su demonio quería rebanarle la garganta por semejante osadía.

¡Estaba hablando de su compañera! ¡No de una puta!

– ¡Es mi jodida compañera, así que respeta idiota!

Miroku se congelo al igual que Kouga. ¿Habían oído bien? ¿Había dicho su compañera? Kouga achico lo ojos, y después se quiso dar a sí mismo una bofetada. ¿A dónde demonios estaba mirando? Si fuera enfocado mejor su vista en la mujer desde un principio, –en vez de estar mirando las reacciones del chucho su amigo/rival–, se hubiera dado cuenta que la essencia de Inuyasha inundaba a esa mujer de pies a cabeza.

Vio como Inuyasha seguía sacudiendo a Miroku con una promesa de muerte escrita en la mirada. ¿Así que el muy idiota esta coladito por la humana? Bueno, no era un secreto para nadie los posesivos y territoriales que eran los demonios. Pero lo sorprendía sobremanera la forma en la que Inuyasha reacciono. Antes, si Miroku fuera coqueteado con algunas de las concubinas del chucho, Inuyasha no hubiera reaccionado de esa manera. Al menos que se tratará de Sora, quien era la favorita, y sin embargo, Inuyasha nunca la había celado.

–Buenos días a todos. –Dijo una voz femenina muy conocida para muchos de los presentes. Kouga clavo los ojos en la figura que se acercaba a paso lento pero seguro. El cabello rubio y los ojos azules de Sora fue lo primero en lo que se fijo. Portaba un Kimono azul rey que hacia resaltar sus ojos. Era muy linda, a veces se preguntaba como el chucho podía conseguir mujeres tan guapas con lo bruto que era.

– ¿Sora? ¿Qué haces aquí? –Exclamo con nerviosísimo Inuyasha. Kouga alzo una ceja al mismo tiempo que la humana lo hacía.

Sora sonrío.

–Voy a desayunar con ustedes, mi señor.

Al ver la mueca de espanto de Inuyasha y la manera en la que la humana alzo la barbilla hizo que una sonrisa lobuna adornará su rostro. La estadía en la casa de los Taisho iba a ser muy entretenida.

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Kagome comió con tranquilidad. Aún no le habían presentado a la tal Sora de manera formal pero discretamente por el rabillo del ojo clavo sus ojos en ella. Era tal y como se la había imaginado. Era muy bonita. Ignoro las leves punzadas de celos y siguió comiendo. Se alegro muchísimo que Inuyasha se sentara a su lado y que en cada oportunidad que podía le tomara la mano. También tuvo que agradecer silenciosamente al monje que se había sentado con la muchacha.

Pero aun así la tensión podía sentirse en el ambiente. Era la primera vez que veía al padre de Inuyasha incomodo, incluso su hermano parecía querer salir huyendo en la primera oportunidad. A diferencia de la señora Izayoi que tenía una sonrisa de suficiencia en el rostro.

Cuando todos acabaron de comer y los sirvientes retiraron las sobras la señora Izayoi se levanto con un movimiento de elegancia.

–Con el permiso de todos me retiro y me llevo conmigo a las señoritas. –Todos los hombres/Yōkais abrieron los ojos como platos. –Vamos a mi sala de descanso a tomar té y galletas.

Inuyasha clavo los ojos en su padre en busca de ayuda, pero este le miro negando con la cabeza.

–Por cierto mi señor. –Izayoi se dirigió hacia su compañero. –He invitado a Irasue al palacio para terminar nuestra última sesión de bordados, espero que no te incomode.

InuNo clavo los ojos con molestia en su compañera pero no le refutó. Para cualquiera sería algo raro que ambas mujeres se llevaran bien. Después de todo aunque Irasue le daba completamente igual los humanos aun así no se relacionaba con ellos. No los odiaba ni tampoco les gustaba, simplemente le eran indiferentes. Grande fue la sorpresa para todo aquel que conociera a la DaiYōkai cuando esta empezó a enviar invitaciones a Izayoi para tomar el té o para hacer cualquier actividad. E incluso en varias ocasiones visitaba a la propia Izayoi. Era una amistad bizarra si se lo preguntaban a él.

–Tú puedes hacer lo que desees, mi señora. –Podían decirle que era un completo adulador o muy condescendiente con su compañera, pero era ella la que decidía si le abría las piernas o no, así que le daba igual lo que pensaran los demás. Una Izayoi contenta, era un mundo lleno de felicidad y sexo. Sus hijos tenían que aprender de él, o al menos Inuyasha. Con el carácter que se gasta su futura hija Inuyasha tendría que ser más que adulador.

Las mujeres se retiraron y todos clavaron sus miradas en él. Los miro alzando una ceja.

– ¿Qué? Algún día aprenderán que es más importante mantener a sus compañeras contentas que enojadas, cachorros.


La puerta de la sala de té se cerró en completo silencio cuando la última de los sirvientes se retiro después de dejar las tazas de té y las bandejas con galletas.

Izayoi tomo su taza de té con delicadeza mientras las demás la imitaban, con discreción observo la elegancia de su futura hija al tomar la taza y la manera en la reservada con la que miro a Sora quien le devolvió la mirada.

Después de unos en completo silencio, Izayoi se digno a tomar el mando de la situación.

– ¿Y bien, Sora? –La mencionada la miro. – Estas frente a la futura compañera de tu señor, ¿algo que decir?

Izayoi no quería se grosera ni avergonzar ni a Kagome y mucho menos a Sora. Pero lo molestaba sobre manera los aires de grandeza que Sora se estaba tomando. ¿Es que era tonta? Una sola palabra de Kagome hacía Inuyasha y Sora estaría fuera del palacio en un segundo.

Sora se sonrojo por la vergüenza y por la mirada de reprensión de la madre de su señor.

–Es un honor para mí conocerla, mi señora. –Bajo la mirada y se inclino frente a ella. Kagome nunca fue dura y tampoco juzgó nunca a nadie. Pero estaba enojada por la manera en que la tal Sora se comporto frente a ella, como si el sólo mirarla a ella era una completa molestia y por ello no pudo evitar el tono mordaz que se deslizo por su voz.

–Pues no parece.

Sora alzo la cabeza y la miro sorprendida para luego mirarla avergonzada.

–Mi señora… –Susurro con voz afligida, en un movimiento inesperado se arrodillo frente a ella y le tomo las manos con reverencia. – ¡Por favor, no me saque del palacio!

Kagome la miro atónita. ¿En qué momento paso de ser odiosa a suplicarle? ¿Y porque decía que iba a sacarla del palacio?

–Sora yo no… Yo no te sacaré del palacio, ¿por qué dices eso? –Pregunto con curiosidad. Sora levanto su cabeza y clavo sus lindos ojos azules en los chocolates de ella. La mirada llorosa de la rubia conmovió a Kagome e incluso hizo que se olvidará de su odiosidad.

–Es que… Miyuki dijo que usted nos sacaría a todas. –Izayoi, Meyzu y Kagome la miraron con sorpresa pero Sora siguió hablando de manera rápida. –Dijo que usted había dicho que no nos quería cerca del amo Inuyasha, que se encargaría de dejarnos en las tierras abandonadas y sin un refugio. –Sora la miro suplicante. –Por favor señora, no nos saque de aquí, ¡no tenemos a donde ir!

Kagome pasó de la sorpresa a la furia. ¿Cómo se atrevía esa estúpida arpía a poner palabras en su boca? ¡Tuvo que haberla purificado! ¿Dónde demonios estaba su jodido arco cuando lo necesitaba? Miro por toda la sala e hizo un vago intento de tranquilizarse sólo necesitaba alejarse un poco e ignorar las cosas que Miyuki le había dicho a Sora…

– ¡Si va a sacarnos por favor no haga que nos azoten!

¿Azotar? Frunció el ceño… ¡Esa zorra sin escrúpulos!

–De ninguna manera voy a hacer que te azoten a ti o alguna de las demás. –Trato de que la rabia que sentía no se deslizara por la voz, ahora que tenía tan cerca a Sora se dio cuenta que no era tan mayor como imaginaba. Debía llevarle como dos años a lo mucho–. Tampoco voy a sacarlas del palacio, así que no te arrodilles ante mí de esa manera por favor.

Sora levanto la mirada y vio la sinceridad en los ojos de su nueva señora. Cuando Miyuki había despotricado contra la compañera de su señor y después de que dijo todas las cosas que la señora quería hacerles el miedo se apodero de ella, que a diferencia de las demás era la más tímida y a la más se le dificultaba el trato hacia los demás. Sora no supo de donde saco el valor para mostrarse indiferente ante la presencia de su nueva señora, sólo podía recordar como Miyuki le había dicho que la ignorara y que de esa manera llamara la atención del amo hacía ella, para que ella lo convenciera de que no se acoplara a la nueva señora.

Su plan falló desde el primer momento, supuso Sora.

Nunca jamás había visto a su señor prestarle tanta atención a alguien, si bien su señor siempre tuvo un favoritismo por ella y la ponía por encima de las demás, pero nunca de la manera en la que lo hacía con la señora Kagome. Al ver la bondad y la sinceridad en los ojos de su nueva señora se arrepintió de haber escuchado los comentarios venenosos de Miyuki. Pero es que el simple hecho de que su señor no le avisará a ella que encontró a su compañera fue una gran contrariedad.

– ¡Muchas gracias, mi señora! –Tomo ambas manos de la sacerdotisa y se las llevo a la boca para luego depositar un beso en señal de rendición y lealtad–. Le pido disculpas por mi comportamiento anterior, Kagome sama. Prometo que no volverá a pasar.

Kagome un poco renuente -pero como siempre su lado amable y cálido le ganaba a su lado desconfiado-, le sonrío con seguridad a Sora.

–Ahora bien, Sora… Cuéntame un poco más de tu señor.

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– ¡Yo te ayudaré, mi querido amigo! –Grito eufórico Miroku–. Mis artes de seducción no fallan.

Inuyasha lo miro alzando una ceja, realmente no esperaba ese arrebato de efusividad de parte del monje pervertido. Miro a Kouga el que simplemente se encogió de hombros, Inuyasha lo conocía lo suficiente para saber que ese gesto bastaba para hacerle saber que también contaba con él.

– ¿Cuándo pedí tu ayuda, pervertido? –Se cruzo de brazos con orgullo negándose a aceptar la verdad. La verdad era que estaba desesperado, si bien le había mandado un regalo esa misma mañana a Kagome, no debió de ser del agrado de su compañera. Si bien se había puesto el kimono que le había pedido a su madre que obtuviera para ella, seguro se lo había puesto por consideración. Después de todo, ella no le había hablado en todo la mañana. Tampoco le dio una sonrisa de agradecimiento y ni un simple "gracias", entonces él supuso que se equivoco en su elección de cortejo.

¡Pero es que él nunca había cortejado a nadie! ¿Cómo demonios lo hacía? Así que hizo lo más sensato que se le paso por la cabeza, pues que preguntarle a su padre no era una opción, era un vejete que de seguro le diría que le diera unos buenos orgasmos a su compañera y con eso bastaba. Aún era un completo misterio el porqué su madre se había fijado en él.

Su medio hermano… Eso ni siquiera era una opción para considerar.

Así que les había comentado su plan a Miroku y a Kouga. Pero se estaba arrepintiendo. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Miroku tenía el suficiente conocimiento en mujeres para ayudarlo, además Kouga ya estaba acoplado. Así que, ¿Por qué no?

–Bien lo primero, ¿es alérgica a alguna flor? –Pregunto Miroku con su porte serio. Inuyasha se tomo la barbilla mientras pensaba… Recordaba el haber paseado con ella por el jardín de su madre, si bien ella se mantuvo un poco alejada de las azucenas e incluso le menciono algo sobre ellas. Pero la verdad, estaba más interesado en ver la curva de sus pechos y el movimiento de sus labios al hablar que no prestó atención a nada más.

Así que clavo los ojos en Miroku y le respondió seguro de sí mismo.

–No.

Miroku sonrió.

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Las risas femeninas se oían por todo el salón privado de la señora del general perro, Kagome escuchaba los relatos de la señora Izayoi sobre la infancia de Inuyasha y ella no podía parar de reír. A ella le sorprendió la facilidad con la que Sora le cayó bien. Después del amargo comienzo, Sora fue muy amable con ella e incluso tímida. Era tan tierna que Kagome pudo imaginarse porque fue una de las preferidas de su compañero, aunque los celos no se hicieron esperar.

Unos ligeros toques llamaron la atención de todas.

–Adelante.

Uno de los sirvientes, si mal no lo recordaba se llamaba Haruko, entro con un pequeño ramo de flores en las manos.

–Con su permiso. –Se acerco hacía ella y le hizo una reverencia–. Esto se lo manda el amo Inuyasha, mi señora.

Le tendió el bonito ramo de flores y un suspiro soñador salió de sus labios. Le sonrió en agradecimiento y cogió el ramo entre sus manos.

Se dispuso a llevárselo a la nariz para olerlo, pues tenía una gran variedad de flores que le daban un aspecto muy llamativo. Su mirada recayó en una flor particular.

Era una azucena. ¡Una jodida azucena! Su nariz empezó a picar y gimió.

– ¿Kagome sama? –Sora se acerco hasta ella al ver su cara de pánico, con todo el dolor del mundo, puesto que había sido un detalle muy hermoso por parte de él, tiro el ramo al otro lado del salón. Ella era alérgica a las azucenas, si hubiera acercado aun más el ramo a su nariz en esos momentos estuviera hinchada como un globo. Daba gracias a Dios que pudo alejarla a tiempo para que sólo le quedara una ligera molestia en la nariz.

Se sintió culpable cuando vio el ramo de flores tirado en el extremo del salón, había sido un bonito detalle de su parte…

Un momento.

Frunció el ceño ignorando las miradas interrogativas de las tres mujeres a su alrededor. Ella recordaba haberle dicho sobre su alergia hacia las azucenas, el muy idiota no le había prestado atención mientras ella se desvivía contándole todo sobre ella.

– ¡Macho estúpido, animal sin cerebro! –Gruñó molesta. ¿En qué demonios pensaba Inuyasha?

Afuera del salón Inuyasha dio un respingo y miro molesto a Miroku. Fue un idiota en confiar en él.

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–Bien lo de las flores no funciono, ¿pero cómo iba a saber yo que era alérgica? –Pregunto gimoteando y sobándose el chichón que tenía en su cabeza regalo de Inuyasha. Este le gruñó.

–Yo te diré que hacer, chucho.

Inuyasha lo miro con una ceja alzada. Ahora que lo recordaba, ¿no había sido Ayame la que prácticamente cortejo a Kouga?

–Llévala de cacería. –Estuvo tentando de pegarle un puñetazo, ¿Quién creía que era su compañera? ¿Una loba hambrienta o qué?

– ¿En serio? ¿Una cacería?

El sarcasmo en su voz era muy notorio. Kouga frunció el ceño.

–Si chucho, una cacería. Ya sabes, llévala y que te vea cazar de esa manera la impresionaras; créeme. No hay mujer que se resista a ver a un macho hacer eso.

Inuyasha suspiro. No tenía caso, realmente no lo tenía. Pedirle consejo a ese dúo de idiotas, ¿en qué demonios estaba pensando? Ni siquiera había fumado opio para decir que estaba un poquito ido hacía las nubes.

–Jodanse, imbéciles. Son los peores amigos que alguien puede tener, no entiendo como pueden conseguir mujeres, tu ni hables. –Le gruñó a Kouga que iba a replicarle–. Si fue Ayame la que prácticamente te llevo al cortejo, grandísimo idiota y tú –Señaló a Miroku–. Tú... tu eres un idiota y ya esta.

-¡Hey, me ofendes!


Kagome miro el perfil de Inuyasha mientras esté observaba el atardecer. No había podido agradecerle los regalos que le había enviado, y después del desastre de las flores en la que ella se encontraba más que molesta no había tenido ánimos de hablar con él.

Se acerco y se sentó a su lado quedándose en silencio unos minutos.

–Me agrada Sora. –Murmuro ella para romper el silencio, él la miro y le sonrío pero no dijo nada más.

Nerviosa y un poco tímida le toco el brazo derecho.

–Muchas gracias por tus obsequios, los adoro.

Él la miro con sorpresa.

– ¿De verdad? –Ella asintió y le sonrío tímidamente–. ¿Incluso las flores?

Su sonrisa titubeo un poco pero se dijo que tenía que darle un poco de crédito al pobre. Hacer lo que intentaba hacer por ella iba en contra de su naturaleza. Y aunque por años ella soñó que el hombre de su vida la cortejaría como Dios manda, encontró fue a un tosco Yōkai, el cual no tenía ni un gramo de sutileza de su parte.

–Incluso las flores, aunque soy alérgica a las azucenas.

Inuyasha hizo una mueca ante la mención de su alergia pero se recompuso. Ella no le estaba gritando y eso era una buena cosa.

–Oye, Kagome.

La aludida lo miro, él se había quedado en silencio unos momentos.

– ¿Qué pasa?

Titubeo un poco pero su determinación pudo más.

– ¿Realmente deseas ser mi compañera?

La pregunta le tomo por sorpresa. Durante todo ese tiempo ella ya había dado por hecho que serían compañeros, si no fuera así ella no le hubiera permitido tantas libertades con ella o con su cuerpo se dijo a si misma mientras un ligero rubor se expandía por sus mejillas.

–Sí, Inuyasha. ¿Por qué preguntas?

Fue un gran alivio para él el que ella se lo confirmara, pero aún así tenía que explicarle las fases de acoplamiento. Después de todo le quedaba sólo unos días para el día estipulado.

–No sé si pienses eso después de que te diga sobre el proceso de nuestro acoplamiento.

Ella frunció el ceño, pero como el continuo no lo interrumpió.

–Nuestras leyes son diferentes a la de ustedes los humanos. –Dudo un poco–. Nosotros somos más… exigentes por así decirlo. Nuestros enlaces son para toda la vida, Kagome. Y él proceso puede ser un poco perturbador para aquellos que no pertenecen a nuestra raza.

Ella lo miro estaba completamente atenta a cada una de sus palabras.

–Como recuerdas yo te marque con mi essencia y mi olor sólo que el olor se va cuando tú te aseas o cuando cambias de kimono, la essencia por el contrario siempre prevalece. –Continúo con seriedad–. Pero eso no es todo, cuando los compañeros se encuentran tienen que realizar una especie de ritual, que consiste en dos fases.

– ¿Fases? –Pregunto con curiosidad.

El asintió.

–Sí. La primera fase es dejar tu essencia, cuando nosotros nos unamos como compañeros y bueno… yo te muerda por así decirlo mi saliva se mezclara por tu sistema y mi olor empezará a mezclarse con el tuyo. –Explico–. También como estaremos tanto tiempo juntos mi olor no se irá así no te muerda. El detalle está en que yo no tolerare otros olores femeninos en mi cuerpo.

–Mentiroso. –No pudo evitar acusarlo, él la miro con sorpresa–. Meyzu me dijo que muchos machos conservaban a sus concubinas después de acoplarse, si diez que no soportaras otros olores femeninos en tu cuerpo, ¿Cómo explicas que aquellos machos si puedan? ¿O es que piensas cubrirte la nariz?

Inuyasha sonrió ante su ligero ataque de celos.

–Eso es diferente, pues de ser el caso yo no te mordería de esa manera puedo tolerar otros olores en mi cuerpo, pero eso no pasará. –Se apresuro a aclarar ante su mirada asesina–. Bien como te decía, esa es la primera fase. La segunda fase es acoplarnos en la noche de luna llena. Es un ritual en el que participarán toda mi gente, pues tendré que luchar para ser digno de ser tu compañero.

– ¿Qué quieres decir?

–No te preocupes, sólo lo haré en caso de que alguien se oponga a nuestro enlace, de ser así yo peleare por lo que es mi derecho.

Aun temerosa de ese ritual tan machista dejo que el continuara sin preguntarle nada más.

–De seguro te preguntas cual es la última fase. –Fue más una aclaración que una pregunta, ella asintió–. Me marcaran.

Ella lo miro atónita.

– ¿Te marcaran?

El asintió.

–Sí, pero no debes preocuparte por eso; no duele. Esa no se tomaría como una fase ya que es algo que siempre hacemos, la verdad es que la última fase para mí sería un poco más difícil.

– ¿Qué quieres decir?

–Tendrás que huir de mí. –Ella lo miro sin comprender y él soltó una risita nerviosa–. Exactamente como lo oyes, huiras de mí y yo te perseguiré, te cazaré por así decirlo. Si logro atraparte entonces seré completamente digno de ti.

– ¿Y si no? –Ella lo miro con una sonrisa picara que él correspondió.

–Eso no pasará nena, te atrapare. –La sonrisa se le esfumo–. Y eso es lo que me preocupa.

– ¿Por qué?

–Por qué en el momento que te atrape seré más demonio que hombre, Kagome. Mi yōkai interior va pedir sumisión y si tú no te muestras sumisa temo herirte sin proponérmelo. Además…

– ¿Además qué?

Suspiro al ver lo interesada que estaba en el tema.

–Seré mas demonio que hombre cariño, ya te lo dije. Será todo carnal, será puro sexo y lujuria. No quiero que nuestra primera vez sea sexo salvaje sin desenfreno, no quiero dañarte pero no podré evitarlo. Me moriría si te daño, ¿entiendes?

La mirada afligida en su rostro derritió todo su ser. Se acerco más a él y le dio un casto beso en los labios. Más como un apoyo que como algo sensual.

–Tú no me dañarías, tengo fe en ti. –Inuyasha la abrazo contra su pecho y la beso en la frente. Rogó porque así fuera, si él le hiciera daño a Kagome no se lo perdonaría jamás. Después de todo, ella era humana y frágil.

–Te prometo algo.

Un "mhm" fue la repuesta que tuvo. Sonrío, que perezosa era.

–Ya que no pude cortejarte de la forma en la que merecías, yo…

–Inuyasha, no. –Ella le interrumpió, no quería que él se sintiera mal por eso–. Te acepto como eres, no importa de verdad.

Sus palabras le hicieron feliz pero aún así no desistió.

–Lo sé, nena, losé. Pero ya que aceptaste ser mi compañera, te prometo que a partir de ahora te haré muy feliz. Lo prometo.

Ella le sonrío con alegría mientras se apoyaba en su pecho y asentía feliz. Cerró sus ojos y dejo que él le acariciara el cabello con sus garras.

En esos momentos, eso era todo lo que necesitaba.


¿Y bien que tal? Se que no apareció Miyuki, pero en el próximo si aparecerá al igual que mis queridas Sango y Yura ya que hacen falta.

Y para que se alegren... es posible que en el próximo cap haya lemon. ¡Es posible! jajaja, lo sé soy mala, pero aun no prometo nada.

Espero que hayan disfrutado mucho, ¡Las quiero lindas! Nos leemos pronto.

Un beso, Bellk