¿Hay alguien, aquí? ¿Me odian? ¿Me lanzarán tomates? ¡No, por favor! He vuelto una vez más, por favor disfruten de este capítulo, realmente no voy a aburrirlas con más de lo mismo. Solo que ahora vine con todo *juega con su pie timidamente*, así que espero que les guste este cap.
¡Las amo!
11
Sesshomaru apretó los dientes de forma discreta.
¿Su cuñada se había marchado? ¿Qué demonios pasaba con esa mujer?
Observo fríamente el comportamiento nervioso de la compañera de su padre, Izayoi, quien mordía sus labios una y otra vez hasta hacerse un poquito de sangre. Sesshomaru se contuvo a sí mismo de decirle que estaba haciéndose daño. Con los años había aprendido a las malas qué meterse en asuntos ajenos era un problema, además que ya no era su estilo.
―¿Por qué se marcharía? ―preguntó Miroku con confusión, mientras miraba a un casi noqueado Inuyasha. Inuno tuvo que darle una paliza para que no cometiera una estupidez, calmarlo había sido un suplicio pero lo había logrado―. ¿No rindes en la cama o qué?
Aunque el comentario final había sido en un tono de broma, de Inuyasha empezó a emanar rabia pura. Si Sesshomaru hubiera sido un Yōkai que mostraba sus emociones, fuera puesto los ojos en blanco. Ese estúpido monje era más idiota de lo que pensaban.
―Bueno, ese no es el punto ―interrumpió Inuno―. Alguien tuvo que verlas salir, no pudieron irse sin que nadie de mis tierras las viera. Es prácticamente imposible.
―Kagome chan es una sacerdotisa, viene de un linaje puro querido ―respondió Izayoi con las manos entrelazadas de manera temblorosa―. Un hechizo ¿quizás? No lo sé. Pero al parecer, pasaron inadvertidas. Kouga se encargo de interrogar a los soldados y vigilantes, y nadie noto nada en particular.
―Esto es una mierda.
Sesshomaru se irguió en su puesto y clavo sus ojos fríos en su hermano menor.
―Como no es raro en ti, te precipitaste de tus aposentos para salir a buscar a la humana sin miramientos, estoy completamente seguro que ni siquiera te fijaste con detalle en tu habitación para encontrar alguna pista. Una nota, o un olor ―explico con frialdad, sus ojos dorados adoptaron un matiz aburrido―. Típico de un idiota como tú.
Para el desconcierto de todos Inuyasha lucia abatido, y no respondió a su hermano como normalmente lo hacía. Simplemente se encogió en su lugar sin mirar a nadie. Lucia patético, y Sesshomaru no pudo evitar pensar que no merecía a la sacerdotisa.
Miroku, quien puso especial atención a las palabras del hermano de su amigo, noto la forma en la que miraba a Inuyasha, casi con decepción. Era interesante ver a Sesshomaru con un matiz diferente, la pregunta que estaba haciendo mella en él era, ¿por qué se preocupaba el Yōkai en ayudar indirectamente a su hermano? Lo detestaba, era algo innegable, nunca se llevarían bien y Miroku estaba cada vez más intrigado. Desde la llegada de Kagome, Sesshomaru actuaba distinto, rondaba a su cuñada de forma discreta, que era casi imperceptible para los demás. Había que observar su comportamiento con mucho detalle. Y observar a los demás, era algo que él disfrutaba.
Se levanto con un suspiro.
―Vamos, amigo ―animó―. Busquemos en la habitación.
Inuyasha aun decaído, se levanto y camino detrás de él. Caminaron alrededor de unos segundos en silencio, cuando llegaron por fin llegaron, el primero en dar un paso hacía la habitación fue Miroku. Su amigo, lucia cada vez más decaído.
Observaron todo el cuarto con detalles, buscaron por todos los rincones, incluso, Miroku se atrevió a revisar los cofres de ropa intima de Kagome ―temiendo que su amigo se diera cuenta y le pegara―, pero Inuyasha estaba más concentrado olisqueando el cuarto que otra cosa. Finalmente, Miroku, agotado se lanzo en el futón a pensar. Poso su cabeza suavemente en la almohada y respiro profundamente. Giro hacia la derecha y se quedo mirando a su amigo mientras este olía el kimono de su compañera.
―¿Algún olor en particular? ―preguntó.
Inuyasha negó.
―Solo el mío, el suyo, y el de sus acompañantes. Nada más ―gruñó un poco―. Claramente tu olor ahora también está por toda la habitación, deberías bañarte monje cochino.
Resopló con diversión.
―Bañarse está sobrevalorado, amigo.
―Puerco.
Se rió suavemente y se movió para sentirse más cómodo, se detuvo cuando su hombro rozó algo. Curioso, se irguió y reviso debajo de la almohada.
Bingo.
Una nota.
Con la adrenalina subiendo por su torrente sanguíneo, abrió la nota rápidamente. Sus ojos se movieron con una impresionante velocidad, absorbiendo toda la información.
Suspiro nuevamente, la señorita Kagome se había metido en una buena.
―Inuyasha, ven a ver esto.
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―¡Dios, eso se siente realmente bien!
―Lo sé…
Gimió de gozo.
―¡No pares, por favor! ―Kagome se revolvió nerviosa, se sentía en las nubes.
―Si sigues retorciéndote así, no voy a poder evitarlo…
―Ahh… no puedo impedirlo ―gimoteo.
―Inténtalo con más fuerza, demonios.
―¡Es que se siente bien!
Un chasquido y después un apretón con fuerza fue su respuesta.
―¡No tienes que ser tan bruta, Sango! ―gimió Kagome―. ¡No es mi culpa tener los pies hinchados!
Sango resopló con indignación.
―A mi me duele la espalda también, Kagome, no me vez quejándome.
Entrecerró los ojos.
―Tú fuiste la que se ofreció a darme un masaje de pies, ¡no te quejes ahora!
―Si hubiera sabido que actuarias de esta manera, el único masaje que iba a darte sería una patada en el trasero.
―Tú…
―¡Ya basta las dos! ―interrumpió Yura. Estaba cansada de sus berrinches, durante todo el viaje si no se quejaba una se quejaba la otra. Tenían horas caminando, ya Yura casi no sentía los pies. Y si bien ella podía haber usado sus preciosos hilos para desplazarse, no quiso hacerlo. Kirara se había lastimado una pata mientras salían del aplació a hurtadillas, así que Sango y Kagome se negaron a usarla como medio de transporte. Kagome había usado casi toda su fuerza en desaparecer su energía espiritual durante su travesía. No quería que fueran detectadas, así que no tenía fuerzas para curar a Kirara.
Sora y Meyzu miraban a ambas mujeres pelear un poco alejadas mientras preparaban algo para comer.
―Mas importante Kagome ―Yura quiso llamar su atención antes de que se pusiera a discutir de nuevo con Sango. Innecesariamente ―. ¿Cuánto falta?
Kagome sonrió.
―Falta poco, calculo que un kilómetro(1) como mucho. ¿Por qué la pregunta?
Yura se encogió de hombros mientras fruncía el ceño.
―Solamente quiero saber. Tu compañero debe estar realmente furioso.
Kagome suspiro, mientras alzaba la mirada al cielo. Furioso debía ser poco. Inuyasha debe de estar furibundo, pensó. Sin embargo, no se arrepentía. No podía ir con su compañero hacía donde iban, y muchos menos con algunos de sus soldados. No podían llamar la atención, y hacia donde se dirigían no era seguro que supieran aun de su lazo con los Yōkais. Debía ser sumamente discreta. Ya se encargaría ella de Inuyasha, esperaba que con su nota él estuviera aunque sea un poco más tranquilo.
Bufó.
Bueno eso era imposible.
―Lo sé ―suspiró―. Ya me las arreglare con él.
―Por muy molesto que el señor Inuyasha este con usted no va a pegarle, mi señora ―Sora llamó su atención, mientras aún seguía preparando un poco de estofado. Estupefacta se quedo mirándola. ¡Ella nunca pensó mal de su compañero!
Sin embargo, Sora no hizo caso de su mirada incrédula y continuó.
― El amo no es como otros compañeros, él es bueno. Un poco malgeniado ―dudó―. Y quizás con pésimo carácter, pero buena persona ―se apresuro a agregar.
Meyzu, a su lado, asintió dándole toda la razón. Kagome simplemente no podía quitarles la mirada de encima.
―Eso…, gracias por hacérmelo saber. Creo.
Ambas asintieron contentas, Sango por otro lado, solo aguantaba la risa.
―Por cierto Kagome, ya que sabemos que tu compañero no va a pegarte ―se rió un poco mientras le comentaba, Sango adoraba molestarla―. ¿Qué le escribiste en la nota?
Se encogió de hombros.
―Solo la verdad a medias, le explique que me ausentaría por un par de días. Lógicamente le dije que estaría bajo el cuidado de ustedes, y le pedí explícitamente que no se preocupara. Que cuando menos lo esperaba estaría de regreso con él.
Yura bufó con sorna.
―vaya, que considerada.
Volteo a mirarla con enojo.
―¿Y qué esperabas? ¡No podía decirle hacía donde iba! ¡Él nunca me hubiera dejado ir sola! ―resopló―. Probablemente hubiera insistido en venir en el peor de los casos, e hubiera arrastrado al monje Miroku y al joven Kouga. ¡No podía permitirlo!
―Ya, ya, ya, cálmate hermanita ―Sango sonrió―. Solo hagamos lo que vinimos a hacer y marchémonos antes que a tu compañero se le ocurra mover a todo su ejército en tu búsqueda ―bromeó.
Kagome se congeló en su sitio, mientras miraba a sus doncellas inquieta.
―Sora, Meyzu ―llamó―. Inuyasha no sería capaz, ¿verdad?
Sango se tensó y miro detalladamente a las doncellas.
―¿Verdad?
Yura frunció el ceño.
―¿Verdad?
Ambas doncellas se rieron nerviosamente. Bueno, su amo era muy temperamental e impredecible. Aunque no creían que él fuera capaz…, bueno realmente quería pensarlo.
Sora tartamudeo.
―B-bueno, yo… ¿Él no lo haría? ―más que una afirmación, Sora le estaba preguntado a Meyzu.
Esta, por otro lado simplemente se encogió de hombros.
―Bueno, y-yo creo que no.
Sango resopló.
Yura ―aun con su ceño fruncido―, se cruzo de brazos molesta.
Kagome por otro lado, se dio una palmada en la frente.
―Genial, estamos todas jodidas.
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Observo cuidadosamente a través de los ojos de su subordinado, las cinco figuras femeninas. Realmente él no se esperaba que su objetivo saliera del palacio de los Taisho de forma fortuita. Eso le ahorraba muchísimos problemas.
Observo de soslayo la figura de Kagura, tan bella y tan podrida por dentro como él. O al menos, eso es lo que ella quería hacerle creer, hasta el momento no lo había defraudado, pero él siempre esperaba lo peor de las personas. Después de todo, él fue traicionado por la persona que más amaba.
Oh…, cuanto amor, para tan poca persona.
Sin embargo, en esta ocasión tenía todo premeditado. No contaba con que su presa saliera por sí sola, pero se ahorro el tener que hacerla salir.
Le parecía muy extraño que Inuyasha no estuviera rondando cerca de ella. O en su defecto, Sesshomaru.
Maldito Sesshomaru, las ansias de ponerle las manos encima eran grandísimas. Sin embargo tenía que tener paciencia. Cada uno de ellos tenía un objetivo, él por ejemplo, se conformaba con torturar al hijo mayor, su socio por otro lado, tenía unas ganas desesperadas de ponerle la mano encima a Inuyasha. Oh, pero el gran Jefe anhelaba a Inuno.
Así que bien, ellos tres tenían cuentas pendientes con los Taishos.
Cuentas que pronto serán cobradas.
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Kagome suspiro nerviosa y se removió incomoda en su lugar. Aunque la presencia de sus compañeras la calmaba aun no podía evitar sentir intranquila. Sabía que ella había sido invitada, pero, la verdadera intención de su llegad a ese lugar dictaba muchísimo de ser correcta.
Se repitió a si misma que era lo correcto.
Tratando de serenarse observo detenidamente el lugar que la rodeaba, la sala de visita del clan Hitomi era una delicia visual. Llena de pinturas, jarrones con flores, e incienso aromático le hacían entrar en calma. Además no era su primera visita en el palacio.
Giro su cabeza cuando escucho pasos apresurados yendo hacía donde se encontraban, la puerta corrediza se deslizo una figura conocida para ella dio paso al lugar. Una lenta sonrisa de emoción cruzo su cara mientras se levantaba apresuradamente.
¡Al fin!
―¡Kagome!
―¡Rin!
Ambas se encontraron en el medio del lugar y se abrazaron fuertemente después de tanto tiempo sin verse. Kagome lanzo una dulce carcajada, al sentir el cuerpo más menudo de su querida amiga apretarse contra el suyo. Acaricio el lacio cabello de Rin, mientras no dejaban de murmurarse la una a la otra lo mucho que se habían extrañado.
―Bueno, bueno ―Sango aplaudió llamando la atención de ambas―. ¿Y yo que, Rin? ¿No hay abrazo, para mí?
Soltando una risa, Rin se separo de ella mientras se lanzaba a los brazos de Sango como una niña pequeña.
―¡Sango, te extrañe!
―Bueno, yo también pequeña ―Sango la abrazo protectoramente―. ¡Estás preciosa!
Rin, se sonrojo sin poder evitarlo. No compartía el pensamiento de Sango, realmente, ella se consideraba tan poca cosa delante de sus amigas de la infancia, sin embargo, sabía lo molestas que todas se ponían cuando se ponía en plan auto despreciativo, así que simplemente se encogió de hombros.
Se separo de Sango y le regalo una sonrisa llena de cariño. Observo a su alrededor y sonrío realmente emocionada al ver a Yura, inmediatamente se sonrojo sin poder evitarlo.
Siempre que miraba a Yura, se sonrojaba, era algo que no podía evitar. Su corazón se acelera y sus piernas tiemblan, odiaba sentirse tan tonta alrededor de la Yōkai, pero era algo que nunca pudo controlar. Suspiro silenciosamente, camino hacia ella con paso tímido.
Cuando estuvo al frente y pudo observar mejor sus rasgos, tuvo que tragar un suspiro. Demonios, Yura era preciosa.
Como si le leyera el pensamiento, Yura sonrió de lado mientras abría los brazos.
―¿Y yo? ―preguntó sonriente―. ¿Me abrazas, Rinni?
No pudo evitarlo y ahí si soltó un suspiro. Extrañaba el "Rinni" de Yura. Amaba la forma en que su nombre sonaba en sus labios.
Sin querer retrasar lo que más deseaba, se arrojó a sus brazos.
―¡Siempre habrán abrazos para ti!
Riéndose, Yura le beso la cabeza con cariño.
―Eso espero.
―¡Rin! ―llamó Kagome, y aunque adoraba a su amiga, se lamento tener que separarse de Yura, tratando de no parecer decepcionada se giro a su amiga, mientras soltaba a Yura lentamente, muy lentamente.
Su amiga estaba acompañada por dos mujeres más, casi se golpea la frente por lo despistada que podía llegar a ser. Por su apariencia podía fácilmente decir que eran Yōkais. Una de ellas tenía el cabello tan dorado como el sol, y los ojos azules más bonitos que había visto. Mientras que la otra, tenía un cabello blanco como la nieve, y unos preciosos ojos amatistas. Se sorprendió. Sabía que sus amigas eran temerarias, pero de ahí a hacer migas con Yokais.
Bueno, siempre fueron raritas.
Kagome carraspeo.
―Ellas s-son, ah, mis ―Rin abrió ligeramente los ojos sorprendidas. ¿Kagome estaba tartamudeando? ¡Increíble! ―. Mis, a-amigas, sí, verás nos conocimos de una manera muy chistosa, aunque es una historia aburrida, luego te contaré. Si, luego.
Rin se encogió de hombros, si Kagome no las consideraba un peligro, confiaba en ella.
Sonriendo se acerco a ambas, y les dio una reverencia cortes.
―Un placer conocerlas, siéntase bienvenidas en mi humilde hogar.
―¿Humilde? ―murmuro Sango unos pasos detrás.
Sin haberla escuchado Rin, continuó.
―Si necesitan algo, no duden en avisar.
Ambas asintieron mientras le regresaban la reverencia.
―Un placer estar frente a usted, Rin san ―la rubia le sonrió con delicadeza.
―Es usted muy linda, Rin san ―la amatista le agradeció serenamente.
Rin asintió y les sonrió a ambas con sinceridad.
Yura, cansada de tanto parloteo innecesario, decidió tomar cartas en el asunto. Si bien, Kagome les había pedido acompañarlas hasta el clan Hitomi por petición de Rin, nunca les dijo el por qué. Solamente había puesto una cara de preocupación y juntado sus manos en forma de plegaria mientras les soltaba:
―¡Tenemos que ir a ver a Rin chan! Y solamente nosotras, nadie más.
Aguanto todo el camino porque no creía que detenerse a hablar sobre el asunto fuera lo mejor en esos momentos, pero ya estando frente a Rin, las dudas carcomían a Yura. ¿Qué podría ser eso tan importante?
―Bien, basta de charla ―llamó la atención de todas, su bonito rostro adopto un timbre serio―. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué vinimos tan apresuradamente?
Rin y Kagome compartieron una mirada, pero antes de que alguna de ellas pudiera abrir la boca, una presencia llamo la atención de todas interrumpiendo lo que iban a decir.
―Yo puedo contestar a eso, Yura san ―El hombre camino lentamente hacia ellas con una dulce sonrisa en su rostro. Era Kagewaki. Kagewaki Hitomi, el líder del clan, y hermano mayor de Rin. Cuando estuvo frente a todas, realizo una reverencia y posteriormente procedió a depositar un beso en la mano de todas.
―Por favor, siéntese ―señaló los cojines―. Pongámonos cómodos para conversar.
―¡Setsu! ―llamó él. Apareció por el pasillo una sirvienta de aspecto delicado, hizo una reverencia y espero indicaciones―. Por favor tráenos el té.
―Sí, amo.
Kagewaki se giro hacia ellas y sonrio nuevamente. Yura siempre se pregunto como ese tipo podía tener una sonrisa plasmada en el rostro todo el tiempo.
―Es un placer verlas nuevamente, han pasado unos largos ocho meses desde la ultima vez que nos vimos ―todas asintieron, excepto Meyzu y Sora. Kagewaki las miro detalladamente, pero no hizo ningún comentario al respecto―. Envié un mensaje a la casa Higurashi, pero le dijeron a mi mensajero que no te encontrabas, Kagome. Sin embargo, tu ama de llaves le indicó que te haría llegar el comunicado. Y veo que es así.
Su hermana se removió en su lugar.
―Así es, Kagewaki san ―sonrío un poco para aligerar el ambiente―. Actualmente no estoy residiendo en la casa principal del clan, aunque es un tema que me gustaría tocar después ―se apresuró a agregar―. Por otro lago, me alegro que se haya tomado las molestias en invitarnos.
Yura frunció el ceño. Esperen… ¿Rin no las había invitado? ¿Había sido Kagewaki? ¿Por qué?
Como si le leyera el pensamiento, Kagewaki inclino la cabeza en reconocimiento.
―Nuestras familias han sido amigas por mucho tiempo, no veo porque no invitarlas ―hizo una pausa, y sonrió ampliamente con resignación―. Después de todo, no todos los días Rin se casa.
Silencio.
Yura estaba completamente segura que si ya estuvieran tomando el té lo habría escupido. Sango a su lado, se tensó, mientras Kagome permanecía neutral.
―Rin… ¿Se casa?
Kagewaki asintió, mientras la susodicha baja la cabeza.
―Así es, Yura. Se casa mañana.
Abrió los ojos como plato. ¡Imposible! Bastaba con solo mirarle la cara a Rin para saber que no era feliz.
―No me lo hubiera imaginado… ―susurro.
Sonrió negando con la cabeza. Incluso él, no parecía muy de acuerdo.
―Ni yo, pero estamos pasando por tiempos difíciles ―De repente, Kagewaki se vía cansado, agotado―. No quisiera tener que hacer esto, pero necesitamos esta alianza. Nuestros enemigos vienen desde el sur, y su unimos fuerzas con el clan Fujimoto nuestro clan solo se hará más fuerte.
―Pero, Kagewaki… Rin solo tiene dieciséis años ―Sango quería encontrar algo que pudieran hacer, pero no podía pensar en nada―. ¿No deberías pensarlo más?
―Oh, mi querida Sango ―la forma soñadora en que él pronunció su nombre la hizo sonrojarse―. Créeme, si pudiera lo hiciera. Pero si tengo que elegir entre ver a mi gente muerta, especialmente a mi hermana, o realizar esta alianza ―su rostro cambio a uno mortalmente serio―. Escojo esta alianza.
Su tono no dejaba nada abierto a discusión.
―Está bien, chicas ―Rin les sonrió. Una sonrisa tan falsa, que Kagome quería pegarle―. Yo estoy bien con esto, solo quería que ustedes estuvieran presente. Para mí, será más fácil así.
Todas asintieron aun si estar de acuerdo.
Cambiaron de tema, y se pusieron al día, Kagome inteligentemente obvio su recién acoplamiento, no por vergüenza, pero era algo que aun no quería mencionar. Quería hacerlo en el momento indicado. Después de hablar durante una hora, decidieron ir a descansar, pues el viaje había sido rápido pero muy tedioso.
Después de darse un baño relajante, Kagome su puso su túnica para dormir, y sigilosamente se dirigió al cuarto de Sango. Yura, ya se encontraba ahí también así que las tres se sentaron y se quedaron en silencio procesando todo. Aunque Kagome ya lo sabía, no era fácil para ella.
―Que mierda todo esto ―Sango estaba muy triste por el destino que le toco a Rin. Casarse sin amor…, que horrible.
Yura asintió. Pero Kagome no. Ella tenía un plan.
―Podemos evitarlo.
Ambas la miraron boquiabiertas.
―¿Te volviste loca? ―Sango estuvo a punto de gritar―. ¡Es una alianza, Kagome!
―No es cualquier cosa Kag, no es un juego.
Kagome asintió.
―Lo sé, pero ella no quiere casarse y sé que es un error este matrimonio. Lo sé.
―¿Y cómo piensas evitarlo?
Sonrió.
―Bueno, queridas hermanas, esto es lo que haremos.
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―¿Las encontraste? ―Inuyasha estaba sumamente ansioso, así que no podía evitar preguntar cada tres segundos a Irasue, por otro lado, la bruja tenía más de una hora ignorándolo.
―Tu compañera es muy fuerte, Inuyasha. Y eso que su poder espiritual solo esta por la mitad ―Irasue se giro hacía él con seriedad ―. Afortunadamente, lo que tu compañera tiene en poder, yo lo tengo en experiencia.
―¿Y? ―insistió.
Irasue finalmente dejo de lado su seriedad y sonrió.
―La encontré.
(1): Creo si no me equivoco, como 17 minutos algo así.
Eh eh, ¿les gusto? No se esperaban lo de Rin por Yura, ¿verdad? JAJAJA, bueno, yo tampoco pensé escribir eso pero entonces me llegaron muchísimas ideas y bueno... La razón de su atracción por Yura tiene un por qué pero van a conocerlo más adelante.
Gracias por su inmenso apoyo.
Las amo, ¡gracias!
