Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones: -
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Un sueño puede convertirse en una meta de vida, una misión, una meta que alcanzar, pero ¿hasta dónde somos capaces de llegar para cumplir nuestros sueños? ¿Cuál es el límite?
Capítulo 2: Clases de música
Ella sólo lo miraba con el ceño fruncido, mientras que el rubio todavía no sabía cómo reaccionar ante esta sorpresiva situación. Tenía ganas de decirle un par de cosas, como que fingir no le quedaba a una chica como ella, se veía tan dulce ante todos, pero en el fondo era todo lo opuesto; eso era precisamente lo que a Naruto no le había agradado de ella.
—¿Que no me has oído? He dicho que me des esa grabadora en este instante –volvió a exigir Hinata, olvidándose por completo de su manto de calidez, después de todo, Naruto ya la había visto, ¿qué caso tenía fingir ante él? Además, si él llegaba a contar algo, ella manipularía la situación como siempre para salir airosa, pero todo era distinto si él tenía una grabación con su voz.
—Yo… –Naruto la miró por unos segundos, mirando luego la grabadora en su mano. Aquella idea no quería desaparecer de su mente y la verdad, teniendo semejante oportunidad frente a sus narices, ¿no sería un pecado dejarla pasar? Ya estaba harto de que su padre le cortara las alas, de que siempre impidiera que su sueño de ser un músico se viera truncado sólo porque él no quería permitirle seguir ese camino, porque Naruto debía ser lo que él quería, pero ya no más, esta vez no se dejaría vencer tan fácilmente.
Hinata lo miró expectante un rato más, hasta que se cansó de verle poniendo esas expresiones de duda en su cara. No dejaba de golpear su pie contra el suelo, sintiendo como cada segundo pasaba a una velocidad increíblemente lenta, pero finalmente no pudo más.
—¡Ya basta, dejarás de mirarme así y me darás esa grabación de una vez por todas! –exclamó.
—¿Y qué sucedería si no lo hago? –cuestionó Naruto con una sonrisa divertida. Hinata se calmó por un momento, mirándole con duda—. Venga, responde a mi pregunta, ¿qué pasaría si yo decido guardar esta grabación y se la enseño a los medios de prensa? ¿Crees que seguirás siendo una cantante popular todavía? Me pregunto qué harían tus fans si descubren tu verdadera naturaleza.
Hinata estaba absorta, ¿qué pretendía obtener este sujeto de su persona?
—E-eso no es de tu incumbencia, sólo entrégamela y lárgate –habló en un tono algo temeroso, después de todo, se estaba asustando de aquella mirada que tenía el chico. Debía aceptar una cosa, aquellos ojos azules que se asemejaban al mismo cielo eran los más hermosos que había visto en su vida, pero aun así no dejaba de intimidarle esa sonrisa arrogante y el hecho de que él tuviera una grabación suya en su momento de furia.
—¿Qué te parece si hacemos un trato? Una especie de trueque –ofreció el rubio aun sonriendo, con una expresión que casi decía "te tengo". Hinata pareció confundida, ¿qué clase de trueque podría querer?
—¿De qué estás hablando?
—Es simple –Naruto pareció más relajado, después de todo, él tenía el control de la situación, así que Hinata decidió irse con cuidado—. Si estamos de acuerdo, el hecho de que yo muestre esta grabación a la prensa arruinaría tu carrera, ¿no es verdad? –Hinata asintió con la cabeza, habiéndose arrepentido luego, porque sólo le había confirmado a aquel ojiazul que tenía todo el poder sobre ella en este instante—. Entonces, yo podría devolverte esta grabación y hacer como si esto nunca pasó…
—Eso es excelente, ¡Ahora dámela! –Hinata se apresuró a acercarse a él, estirando su mano para alcanzar aquella grabadora y poder quitarle el pequeño casete, pero Naruto estiró sólo un poco su mano, haciéndole imposible tomarla, ya que era mucho más alto que ella.
—Eh, espera un poco que aún no he terminado –rio Naruto divertido. Hinata se alejó de él y se cruzó de brazos, inflando las mejillas y luego soltando todo el aire de una vez, lo que hizo que su flequillo se levantara levemente—. Como iba diciendo, yo podría devolvértela, pero… esto tiene un precio.
—Genial, ¿qué es lo que quieres? ¿Una cita? ¿Un autógrafo? O ya sé, ¿quieres ir a uno de mis conciertos? –Hinata estaba dispuesta a ofrecerle de todo, no escatimaría con tal de recuperar aquella cinta delatora, aquella que podría destruirla para siempre y enterrar su carrera en el fondo del abismo.
—No me interesan ese tipo de cosas –respondió Naruto, frunciendo el ceño, pues era cierto, el estilo de Hinata no le gustaba para nada, él y su grupo eran metal alternativo así que el pop de Hinata no era algo que le agradara del todo—. Lo que yo quiero es otra cosa.
—¿Y qué es lo que quieres? –interrogó la cantante con el ceño fruncido, pues pensaba que no existía nadie en la vida que rechazara ese tipo de invitación de su parte, después de todo, la gente la adoraba.
—Lo que quiero, es una cita con tu agente, quiero que conozca a mi grupo, quiero ser famoso, así como tú –habló decidido el Uzumaki, notando por un momento la sorpresa que expresaban los ojos de Hinata, después de todo, aquella no era una petición muy normal que digamos.
—¿Qué dices? –se atrevió a cuestionar ella, aún sorprendida.
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Las clases acababan de terminar y todos salían del salón tomando sus bolsos y mochilas. Gaara tomó su mochila y su guitarra -él también tenía una- caminando con ellas hacia la entrada. Se había puesto sus audífonos, así que la música que oía estaba en extremo fuerte, por lo que no iba poniendo atención a nada más a su camino. Salió al pasillo y enseguida las personas comenzaron a aglomerarse para ver salir a Hinata, por lo que decidió alejarse del gentío de inmediato, y sin querer chocó su hombro contra una chica, tirándole su bolso y casi todo lo que traía dentro, pues ella estaba buscando algo en él y estaba abierto.
—Ay, cielos –se quejó ella. Gaara no solía ser amable con las personas, pero la pobre chica estaba tirada ahí recogiendo todo en medio de tanto alboroto, no podía dejarla así.
—Disculpa, no fue mi intención –se agachó para ayudarla, quitándose los audífonos de los oídos.
Ella no le había mirado, pues se encontraba recogiendo sus cosas, pero al oírlo disculparse, no pudo evitar dirigir sus ojos negros hacia él, sonrojándose completamente con el solo hecho de notar de quien se trataba.
—G-Gaara-kun –susurró despacio, pero igualmente fue oída por él, quien se extrañó un poco.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Ah… yo… –qué tonta había sido, ¿para qué había abierto la boca? —. Siempre tan idiota, Matsuri ¿y ahora que le digo? ¬pensaba nerviosa y totalmente sonrojada, después de todo, él se podía dar cuenta de sus sentimientos y eso era lo que menos quería, sabía que Gaara jamás se fijaría en una chica tan poca cosa como ella, él era demasiado genial, alguien que sólo existía para ser admirado, para ser deseado, pero jamás alcanzado, jamás obtenido por nadie como ella—. L-lo que pasa es que somos compañeros de salón… p-por eso.
—Claro –Gaara la recordó en ese momento, la había visto un par de veces en el salón, pero jamás le había tomado la mayor importancia, después de todo, la chica no llamaba demasiado la atención, no hablaba con nadie y siempre estaba sola, aunque él debía admitir que esos ojos que tenía le parecían bastante bonitos.
La siguió ayudando a recoger todo, hasta que de pronto tomó un cuadernillo que tenía escritas varias partituras para tocar el piano, por lo que el chico se les quedó viendo con detenimiento, ya que eran bastante complicadas, sólo alguien que de verdad supiera de música las entendería.
—¿Tocas el piano? –preguntó de pura curiosidad. Matsuri se dio cuenta de que Gaara había agarrado su cuaderno de partituras, por lo que se sonrojó aún más de lo que estaba -si es que era posible- y se lo arrancó prácticamente de las manos.
—E-eso es sólo algo que hago por hobbie, no soy realmente buena –dijo tomando todas sus cosas con rapidez, para después salir corriendo avergonzada. No quería que nadie supiera de su amor por la música, al fin y al cabo, todos no harían más que burlarse, sólo para eso ella servía, para que se rieran de ella.
—Que chica más rara –susurró Gaara para sí, observando el camino que ella había tomado por unos segundos. Luego se volvió a poner los audífonos y siguió su camino, ignorando a todos los que estaban locos por ver a Hinata, pues seguro eso sería de todos los días.
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Caminaba silencioso hasta donde lo esperaba el chofer de su familia. Muchas veces había pedido a su padre un auto para movilizarse por sí mismo, pero Fugaku había sido categórico al momento de rechazar su petición. Era el padre más difícil que le podía haber tocado, encima de estarlo siempre criticando hasta por el más mínimo defecto, estaba totalmente en contra de su sueño, lo único que lo movía era la avaricia, el querer tener más, por eso sólo quería que sus dos hijos fuesen parte de su empresa y se encargaba de impedirle a Sasuke como fuera que se dedicara a la música, no se lo permitía ni como pasatiempo.
Sin embargo, Sasuke jamás había estado dispuesto a dejar que su padre decidiera su futuro y así lo tuviera que contradecir toda la vida, no se dejaría manipular.
Se llevó su bolso al hombro, ya que sin querer se cayó, pero entonces, un sonido llamó su atención, algo como un grito.
—¡Auch! –se quejó con dolor, pues había caído al suelo tropezándose con una piedra. Sakura estaba espiando a Sasuke a escondidas, pero cuando vio que se detuvo, pensó que se iba a dar la vuelta, así que trató de huir y fue cuando la dichosa piedra se atravesó en su camino.
Sasuke caminó hasta llegar atrás de unos enormes contenedores de basura y pudo ver a una chica de cabellera rosada, la cual se quejaba en el suelo ya que al parecer se había lastimado un tobillo.
—¿Sakura? –cuestionó arqueando una ceja. La mencionada lo volteó a ver con el rostro sonrojado, tal vez él se había dado cuenta de que lo estaba espiando y se moría de la vergüenza. Estaba enamorada de Sasuke Uchiha desde que era una niña, desde siempre, pero ese joven jamás le había hecho caso.
—S-Sasuke-kun… y-yo… –bajó la mirada con vergüenza, quería que se la tragara la tierra, pero entonces se sorprendió cuando sintió como el azabache la tomaba por la cintura, haciendo que se pusiera de pie—. ¿Qué haces?
—Te ayudo a ponerte de pie, claro está –respondió él, tan serio como siempre. Sakura no entendía qué lo había vuelto así, cuando Sasuke era un niño solía ser mucho más alegre, siempre hablando de lo grandioso que era su hermano mayor y que quería ser como él, pero entonces un día cambió drásticamente, dejó de sonreír y se volvió un amargado.
—Gracias, Sasuke-kun.
—¿Qué estabas haciendo tirada aquí? –preguntó ayudándola a caminar. Al dar un paso, Sakura sintió un intenso dolor en su pie, por lo que su caminar era muy lento, si no fuera por Sasuke, probablemente no se podría mover. Sakura no sabía qué responderle, pero estaba claro que decirle que lo espiaba no era una opción.
—Es que yo… bueno, estaba buscando a Kakashi-sensei… –mintió lo mejor que pudo. Sasuke la miró con cierta duda y confusión mezcladas, ya que Sakura no era de las que se llevaban mucho con ese profesor porque siendo una de las chicas más inteligentes del salón, nunca dejaba trabajos pendientes ni nada parecido.
—¿Para qué querías tú a Kakashi-sensei? –volvió a interrogar el Uchiha, no era que fuera muy curioso, pero de pronto quería enterarse de algunas cosas.
—Ah… yo… –Sakura se sentía acorralada, ¿qué mentira podía inventar ahora para zafarse? Porque nada parecía lo suficientemente bueno. Miró hacia una pared del estacionamiento de la escuela y la luz vino a su mente como un foco encendido; se trataba de un anuncio del club de música—. Es por el club de música, pienso inscribirme este año y… quería consultar algunas cosas con Kakashi-sensei, eso es todo.
—¿Tú? Pero si todos los años has dicho que eso no te interesa, creí que estarías en el club de modelaje como todos los años con Ino –Sasuke sabía cómo era Sakura, desde pequeños siempre había sido una chica superficial, la música nunca había sido de su interés, era extraño que ahora le tomara importancia a eso.
—B-bueno, nunca es tarde para cambiar de opinión –aseguró la nerviosa joven, más que nada, por seguir así abrazada al chico de sus sueños, pero ahora que lo pensaba bien. ¡En qué lío se había metido! Ella de música no tenía ni la más mínima idea, con suerte había aprendido a tocar la flauta dulce, y si no se inscribía ahora en el club de música, entonces Sasuke la descubriría y no podía permitirlo, no tenía otra opción.
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Naruto caminaba hacia su casa cargando su guitarra en la espalda. Estaba sonriendo, las cosas con Hinata Hyûga habían salido mejor de lo que pensó, porque ella había aceptado el trato sin vacilar, de verdad debía ser muy importante para ella mantener su fachada de niña buena, había tenido una suerte increíble para grabarla en ese momento.
Pero ahora que lo pensaba, el motivo que le había impulsado a hacerlo había sido por esa canción, por esa hermosa voz capaz de hipnotizar a cualquiera. Debía aceptar que Hinata tenía una voz preciosa, como pocas veces había oído, que haberla escuchado en vivo había sido cautivador, pero esa actitud de niña arrogante le quitaba todo lo bueno que tenía.
—Ja, niña presumida, pero de que me va a servir estar cerca de ella, me va a servir, ya quiero ver las caras de Sasuke y Gaara cuando se los diga –se dijo emocionado.
Cuando llegó a su casa, subió rápidamente a su habitación, quería practicar algunos acordes, ya que finalmente en la tarde no había podido, por aquel extraño encuentro que tuvo con la cantante de pop.
Se sentía un tonto, no dejaba de pensar en ella, en lo arrogante, pero a la vez linda que era, ¿qué le estaba pasando?
—¡Ya basta! –se regañó a sí mismo, pues debía concentrarse en su música, no debía tener cabeza para otra cosa. Comenzó a pasar sus dedos suavemente por las cuerdas de la guitarra, cuando estaba solo le gustaba crear tonadas lentas, melodiosas, no acostumbraba a tocar siempre la misma música.
Estaba muy concentrado, con los ojos cerrados, pensando de nuevo en esa dulce sonrisa que había sido capaz de hipnotizar a todos los chicos de su escuela. Pensaba nuevamente en Hinata…
—¡Naruto! –la voz de su padre lo sacó de sus pensamientos, haciendo que dejara de tocar para darse cuenta de que estaba parado en la puerta de su cuarto, mirándole con rabia.
Naruto frunció el ceño al notar que su padre nuevamente le miraba de esa manera, como si lo que estaba haciendo fuese algo realmente malo, como si tocar su guitarra encerrado en su habitación fuese alguna clase de pecado.
—¿Sucede algo, padre? –preguntó sin inmutarse, pero tratando de no provocarle.
Aquel hombre alto, rubio y de ojos azules era tan parecido a él, ver a Minato Namikaze era como estar viendo a Naruto en el futuro, por eso todos pensaban que tenían una excelente relación de padre e hijo, pero estaban equivocados, porque Naruto no soportaba que su padre tratara de hacerle desistir de su sueño, y Minato, él odiaba que Naruto fuese tan obstinado y no hiciera caso a sus peticiones.
—Claro que sucede algo, ¿que no piensas detener ese escándalo? –casi gruñó el rubio mayor. Naruto simplemente guardó su guitarra dentro del estuche, dejándola a un lado de su cama, para después mirar a su padre sin ninguna expresión.
—¿Estás contento ahora? –cuestionó, sentándose en la cama. Minato sólo le miró y cerró la puerta de golpe, mientras que Naruto se dejaba caer de espaldas.
No dejaría que su padre le quitara la felicidad que sentía en este momento, no dejaría que esta vez se entrometiera, gracias a Hinata lo tendría todo, estaba seguro.
—Hinata… –y sin darse cuenta, ese nombre volvió a escapar de sus labios en forma de suspiro. Aquella hermosa joven, sería su boleto a la fama.
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Como siempre, las afueras de su casa estaban atiborradas de periodistas y fotógrafos que querían hacerle una entrevista, seguramente relacionada con su cambio de escuela o como se estaba llevando con sus nuevos compañeros, pero la verdad, no estaba de humor, después de lo que había sucedido con ese Naruto, no tenía ganas de ver a nadie, más porque si no cumplía sus exigencias, se vería expuesta ante todos quienes la consideraban el ángel de la música.
—Que sujeto más idiota, lo odio… ¿Cómo se ha atrevido a chantajearme de esa manera? Pero… aunque se salga con la suya y le presente a mi agente, no ganará nada, él no es bueno seguramente, se irán con la cola entre las piernas –eso pensaba la joven estrella, que estaba segura de que, aunque Naruto le obligara a ser presentado ante quien la dirigía, no sería capaz de cumplir sus expectativas.
Le pidió a su primo Neji que le ayudara a disipar a los periodistas junto a los demás guardaespaldas y finalmente entró a su casa dando un enorme suspiro, aunque en realidad, de casa no tenía mucho, más bien era una mansión.
—Será mejor que descanses, Hinata-sama, has tenido un día muy pesado –le sugirió Neji, mientras se quitaba su saco negro y los lentes de sol. Hinata sonrió y asintió con la cabeza, no debía sentirse enojada por causa de ese Naruto.
—Como digas, Neji nii-san –respondió la ojiperla, para luego darle la espalda y caminar hacia su cuarto.
Neji soltó un suspiro y se dejó caer sentado sobre una silla. Ser el guardaespaldas principal de su prima Hinata era muy agotador, siempre tenía que estarla cuidando de los fans y de los periodistas, no era nada fácil tener que estarle quitando gente de encima todo el santo día, a veces necesitaba un descanso, pero no era capaz de dejar sola a Hinata, no se perdonaría si le sucediera algo.
De todas formas, a veces se sentía muy solo, tal vez necesitaba una distracción de aquella vida llena de ajetreos y exigencias, pero ¿qué clase de distracción?
Mientras tanto, Hinata había subido a su habitación. Era un cuarto que tenía de todo, televisión de plasma, muebles hermosos y nuevos, un closet del tamaño de otra habitación, lleno de todo tipo de ropa. Su cama era grande y cómoda y tenía un montón de animales de felpa encima.
Se lanzó sobre la cama abrazando un pequeño zorro de color rojizo, bastante gracioso. Ese era su animal favorito, se lo había regalado un niño hace mucho tiempo atrás, le conoció en un concierto musical al que asistió con su madre y ese pequeño le obsequió muy amablemente el zorrito.
—Naruto… –susurró sin darse cuenta, soltando un suspiro, pero entonces notó lo que le había pasado y se sentó enojada—. ¿Q-que demonios he dicho? –se preguntó molesta.
Se volvió a recostar sobre la cama boca abajo, cubriendo su rostro con una almohada, no tenía por qué estar pensando en ese idiota que trataba de chantajearla, no tenía por qué.
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Una chica se encontraba en medio de la ciudad, mirando para todos lados, completamente desorientada. Su cabello era castaño y estaba tomado en dos chonguitos. Sus ojos eran color chocolate y su piel era clara. Usaba una especie de traje chino, una blusa de color rosado claro y unos pantalones bombachos de color blanco. En su mano llevaba una maleta de color café, mientras que en la otra tenía un papel blanco, que al parecer tenía apuntada una dirección.
—Cielos… esto no puede ser –se decía la joven, volteando a cada lugar, pero sólo veía gente desconocida—. Creo que… estoy perdida… ¡Demonios! –exclamó enfadada consigo misma.
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Gaara había llegado a casa después de haber ido a comprar algunas cosas de comer, pues su hermana mayor se las había encargado. Se dirigió a la enorme cocina y dejó un par de bolsas sobre la mesa, después de todo, las empleadas se encargarían de ordenar aquello.
Se disponía a irse a su habitación para practicar un poco la nueva canción, cuando por la puerta de la cocina se apareció una joven alta, de cabello rubio, tomado en cuatro coletas y unos hermosos ojos azules, la cual lo miraba con una sonrisa. Gaara frunció el ceño, sabía perfectamente que significaba esa sonrisa; Temari le diría algo que no le gustaba.
—Antes de que digas nada, no me interesa –aseguró el pelirrojo cortando el impulso de hablar de su hermana mayor, la cual hizo cara de berrinche, pues odiaba quedarse con las palabras en la boca.
—Gaara, no seas así de pesado, cada día te pareces más a papá.
Ante el comentario, el ceño del menor se frunció aún más, odiaba cuando lo comparaban con su padre, simplemente no lo soportaba, porque aquel sujeto ni siquiera podía llamarse de esa manera, cuando siempre lo había despreciado… siempre le había tratado mal y le había culpado por la muerte de su madre.
—No me compares con ese hombre – soltó enojado. Temari suspiró, había olvidado lo mucho que a Gaara le enfadaba que le dijeran que se parecía a su padre.
—Perdona, pero vamos, déjame hablar, te diré algo que te puede convenir –afirmó la chica con expresión de cómplice. Se sentó en una silla de las que estaban alrededor de la mesa de la cocina y tomó una manzana, le dio una mordida y miró a su hermano menor con gracia—. Gaara, desde mañana asistiré a la escuela como asistente y consejera, así que deberías estar contento, me verás todos los días.
—Además de hacerlo en la casa, ¿tendré que verte en la escuela también? Vaya –se quejó el chico de orbes aguamarina. Tomó una manzana también y le dio una mordida, caminando luego a su habitación, mientras que Temari lo miraba ofendida.
—¡Gaara, que mal hermano eres! –vociferó la chica, pero el pelirrojo simplemente la ignoró, solía hacerlo siempre que Temari se ponía fastidiosa. La rubia apoyó su rostro contra la mesa, aún se sentía ofendida, pero no iba a dejar que el mal humor de su hermano le echara a perder este momento, quería dar su mejor esfuerzo en aquel trabajo de medio tiempo.
Temari tenía ya veinte años y estaba en su segundo año de universidad, estudiando nada más y nada menos que psicología, según ella, porque en el futuro trataría los problemas mentales del antisocial de su hermano, pero en realidad era porque la carrera le gustaba bastante.
Gaara, por su parte, se encerró en su habitación, prefería oír su ruidosa música que los gritos estridentes de su hermana mayor, menos mal que Kankuro -su otro hermano- aún no llegaba, porque entonces no tendría paz y eso era lo que más necesitaba, mucha paz.
—A ver –dijo tomando su guitarra, una preciosa guitarra eléctrica de color rojo fuego, con algunos toques en blanco, perfecta según él. Se sentó en la cama y posó su mano izquierda sobre las cuerdas, haciendo un acorde con sus dedos, mientras que con la derecha comenzaba a crear la melodía.
Música, eso era lo único que le movía en la vida, su único camino, su único futuro.
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Ella llegó a casa a inmediatamente corrió hacia la pequeña sala. Su casa no era la gran cosa, era apenas suficiente para que ella y su madre vivieran a gusto, no tenían mucho, no eran millonarias como la mayoría de la gente que asistía a su escuela, ella era una chica humilde, de una familia esforzada. Su padre se había ido de la casa, pero constantemente les mandaba dinero para poder sobrevivir, mientras que su madre trabajaba absolutamente todo el día para poder mantenerla, ella decía que mientras viviera, su princesa no necesitaba sacrificarse, mientras ella estuviera, no la dejaría trabajar, por eso Matsuri pasaba la mayor parte del tiempo sola en casa, después de salir de la escuela -en donde tampoco hablaba con nadie- se quedaba largas horas practicando en el piano que antes era de su abuela fallecida.
Dejó su bolso sobre el piso, sentándose con calma en la pequeña silla frente al piano. Destapó las teclas, tocando una por una sin que éstas emitieran ningún sonido, pues tan solo pasaba sus manos con delicadeza sobre ellas, hasta que pronto comenzó a presionarlas.
El sonido se oía débil, como el ahogado grito que lanza una persona que no puede ser escuchada, cuando intentas liberarte de una pesadilla que no te deja despertar.
—Qué tonta soy… –se dijo bajando la mirada. No podía dejar de pensar en él, siempre pensaba en él.
Lo había conocido haces dos años, cuando entró a la escuela. Desde la primera vez que lo vio, le pareció un príncipe de los cuentos de hadas, de esos que sólo se fijan en la hermosa princesa, pero ella no era una princesa, no era más que una niña común y corriente sin nada en especial.
—Gaara-sama… –suspiró, sintiendo los fuertes latidos de su corazón.
Era su primer día de clases en la preparatoria y se encontraba bastante nerviosa, no conocía a nadie, además, para ella era muy difícil hacer amigos, siempre lo había sido por el hecho de ser demasiado tímida con la gente.
Tenía sólo quince años. Su cabello caía liso sobre su espalda hasta casi tocar su cintura, mientras que su mirada delataba a una jovencita llena de amabilidad y ternura. Caminaba por el pasillo buscando su salón, pero estaba algo perdida.
—¿Dónde quedará este número? –se preguntaba mirando un papel. Iba tan distraída, que sin querer chocó con una persona, pero sin verle la cara—. Ah… l-lo siento –se disculpó apenada.
—¿Lo sientes? Niña estúpida, mira lo que has hecho –se escuchó una voz masculina bastante grave. La jovencita levantó su vista para observar que sin querer había manchado la camisa blanca de un chico mayor que ella, con lo que al parecer era un refresco—. Eres una idiota, ahora me pagarás por esto.
—Y-yo… no tengo dinero, por favor perdóneme –se disculpó una vez más, pero aquel tipo no quiso entender de buena manera.
—¡Te dije que me lo pagues! –lanzó un grito histérico, asustando a la castaña. Ella cerró sus ojos, dando un salto, mientras aquel chico se atrevía a levantar la mano, dispuesto a golpearla si era necesario, la obligaría a pagarle como fuera, pero entonces, la mano de alguien detuvo su golpe.
Matsuri abrió sus ojos y vio la espalda de alguien, de otro chico. Su cabello rojizo llamó enseguida su atención, era un cabello muy hermoso.
—Déjala en paz, ¿no te das cuenta de que es sólo una chica nueva y asustada? –dijo aquella persona, con una voz tan profunda que logró hacer temblar el cuerpo de la joven.
—¿Quién rayos eres tú, mocoso? Vete si no quieres que te termine golpeando también –amenazó el bravucón, pero una sola mirada del pelirrojo bastó para congelarle la sangre.
—Es mejor para ti no saberlo –respondió con aquella voz amenazante y esa mirada capaz de infundir miedo a quien fuera. Al parecer, el chico le había reconocido, porque comenzó a temblar como si estuviese frente a un monstruo.
—T-tú, eres Gaara… –susurró, antes de salir corriendo del lugar. El tal Gaara se dio la vuelta y en ese instante ella pudo apreciar su rostro, pero en particular, el hermoso color aguamarina de sus ojos. En un segundo ya había quedado hipnotizada.
—Tú, deberías tener más cuidado si no quieres que algo así te vuelva a pasar –fue todo lo que dijo, antes de abandonar el lugar, dejando a la joven aún paralizada, viéndolo con verdadera admiración y deslumbramiento, con sus mejillas sonrojadas y sus ojos brillando como si hubiese encontrado un tesoro valioso.
—Gaara…
Sin darse cuenta, sus dedos estaban tocando una melancólica melodía por sí mismos, mientras pensaba en él siempre le sucedía aquello, pues sabía que sería inútil amarlo como lo amaba, Gaara jamás le haría caso, ni siquiera recordaba aquel primer día.
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La radio estaba encendida con todo el volumen, mientras él trataba de conciliar el sueño, cosa que le resultaba imposible. Tenía muchísimo sueño, todo el tiempo lo tenía, pero se ponía de malas cuando no podía dormir.
—Es suficiente –se dijo enfadado. Salió de su habitación y bajó las escaleras, caminó hacia la sala y bajó el volumen hasta cero, observando a sus padres que dejaron de bailar felices de la vida al ver que su hijo les había cortado la inspiración—. Ustedes, par de problemáticos, dejen de hacer tanto ruido.
—Shikamaru, no nos hables de esa forma que somos tus padres –lo regañó la mujer de cabello castaño oscuro y ojos negros, que aún no soltaba las manos de su esposo, Shikaku Nara. Él carraspeó un poco, tal vez algo avergonzado y se separó de su mujer, mirando a su hijo con cierta flojera.
—Shikamaru, en lugar de dormir deberías hacer algo, no sé, ¿qué te parece si practicas un poco con ese bajo que te regalamos para navidad? –dijo Shikaku, mientras que Shikamaru sólo bostezaba con pereza.
—No quiero, es muy problemático –respondió, dándose la vuelta para volver a su cuarto. Shikaku iba a subir el volumen del radio, pero Shikamaru se detuvo a la mitad del camino, sin darse la vuelta—. No lo vuelvas a subir, viejo, déjame dormir.
—Rayos, ¿cómo hace eso? –se preguntó el hombre, -casi igual a su hijo- mientras miraba a su esposa con intriga. Ella sólo hizo un gesto de no saber y después suspiró resignada—. Yoshino, si Shikamaru no nos deja oír música, ¿te parece si vamos a cenar los dos solos fuera?
—Shikaku, por fin haces algo romántico –le respondió su esposa, con estrellitas en sus ojos.
Shikamaru cerró la puerta de su cuarto, se dirigió a la cama para seguir durmiendo y miró de reojo el bajo que estaba justo al lado de su ordenador. Lo tenía desde hace unos dos años atrás, al principio le encantaba tocarlo, pero había perdido el interés a medida que aprendía más, tal vez porque nunca encontró a alguien que pudiera acoplarse con el sonido que él producía, era demasiado problemático estar buscando incentivos para tocar.
—Hum… el club de música, hace tiempo que lo he estado pensando –se dijo mirando al techo, el cual estaba pintado como un cielo lleno de nubes blancas, pues de ver las nubes no se cansaba.
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Había llegado el gran día, Kakashi se encontraba dentro del salón de música esperando a que llegasen los chicos que se inscribirían. Había varios clubs disponibles en la escuela, entre ellos teatro, danza, periodismo, modelaje, deportes y, un montón de cosas sin sentido, pero el club más solicitado era siempre el de música.
—Vamos a ver, cuántos llegarán este año –se preguntó el profesor de cabellera plateada, que tenía una libreta y un lápiz en mano.
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—¡¿Cómo que te inscribirás en el club de música?! –gritó histérica la rubia. Sakura se cubrió los oídos para salvaguardar la salud de sus tímpanos.
Ambas jóvenes entraban a la escuela aquella mañana. Cuando Sakura soltó la bomba, inmediatamente Ino gritó llena de sorpresa, pues no podía creer que su mejor amiga le estuviese haciendo esto, ellas estaban juntas en todo y ahora Sakura la abandonaba.
—Ino, no te pongas así, lo que pasa es que tengo deseos de cambiar de aire por una vez, es el último año, quiero hacer algo diferente, vamos –decía Sakura sonriendo, aunque sabía bien que estaba mintiendo, pues se sentía prácticamente obligada a asistir a aquel club.
—No te lo puedo creer –Ino soltó un suspiro. No pensó jamás que Sakura desearía hacer algo distinto, sobre todo si se trataba del club de música, ellas no tenían aptitudes en ese ámbito, pero aun así no se pensaba quedar sola, si Sakura se iba a ese club, entonces ella también—. Perfecto, si tú vas, yo voy.
—¿Qué? Ino, ¿estás segura? –interrogaba la peli rosa, pues no pensó que Ino también se interesaría por ese dichoso club.
Sin embargo, ya estaban decididas, ambas se inscribirían, así que se encaminaron hacia el salón.
Desde afuera del salón de música, Matsuri observaba como varios alumnos ingresaban cargando sus instrumentos musicales. Ella estaba nerviosa, quería entrar, pero sentía que nuevamente los nervios la traicionarían y volvería a hacer el ridículo, sin tan solo tuviera más fuerza de voluntad.
—G-Gaara-kun… –susurró, observando como aquel pelirrojo entraba junto a sus dos amigos. Sus mejillas se sonrojaron como siempre le pasaba cada vez que lo veía, porque siempre sólo lo podía ver desde lejos.
—Matsuri-chan –escuchó una dulce voz detrás de ella. Se espantó y dio un salto algo asustada, usualmente nadie le hablaba en la escuela, pero entonces se quedó con la boca abierta al darse cuenta de quién se trataba, era nada más y nada menos que la famosa estrella que ahora se sentaba a su lado, Hinata Hyûga.
—H-Hinata-san, ¿sucede algo? –preguntó avergonzada, después de todo, estaba frente a aquella importante personalidad y no podía creer que le hubiese hablado y que recordara su nombre.
Hinata miró hacia la entrada del club, que ya comenzaba a cerrarse al parecer.
—Estás pensando entrar al club de música, ¿verdad? –preguntó sonriente la Hyûga. Le agradaba demasiado Matsuri, era una chica tan tímida y dulce que le recordaba a ella misma antes de convertirse en una cantante famosa, ella era igual y, a veces, aún conservaba esa forma de ser, pero no la mostraba ante nadie—. Oye, ¿por qué no entramos juntas?
—Y-yo… –Matsuri bajó la mirada, ella no estaba segura de eso, pero la misma Hinata Hyûga se lo estaba pidiendo, ¿cómo podría decirle que no? Además, Gaara también estaba ahí. Tal vez era hora de enfrentar aquel miedo, de dejar de temerle a las miradas de la gente, quizás ya era tempo de brillar—. Está, está bien, Hinata-san.
—¡Qué bien! –exclamó la Hyûga, tomándola del brazo para jalarla hacia la entrada. De inmediato, ambas se volvieron el centro de atracción de todos los presentes, una por ser una famosa estrella y la otra por ser su amiga.
Por un momento, Matsuri se sintió tensa, alguien la miraba fijamente y la hacía sentir nerviosa. Al observar hacia aquel lugar, pudo ver que eran los ojos aguamarina que tanto deseaba que la mirasen, ahí estaba Gaara, observándola.
—Es ella otra vez, así que vino –pensó el pelirrojo, que sin darse cuenta delineó una pequeña sonrisa, para luego desviar la mirada, pero Matsuri pudo notarlo, pudo ver como por unos segundos él parecía sonreír al observarla.
Por su parte, Hinata sólo podía ver a cierto rubio que tenía su guitarra sobre las piernas. Él no la dejaba de mirar, parecía como si ella fuese lo más interesante del mundo, pero no la veía con deslumbramiento, sino con una especie de complicidad. Ella sabía lo que estaba pensando.
Aun así, sus ojos le parecían los más hermosos que había visto; azul cielo, le parecía que detrás de ellos se escondía alguna clase de dolor.
Ambas jóvenes tomaron asiento y dejaron de llamar la atención cuando se escuchó como alguien carraspeaba. Se trataba de Kakashi, que se había parado en el frente, encima de una especie de tarima, con un micrófono en mano.
—A todos los que se encuentran aquí, les doy la bienvenida a nuestro club de música, espero que puedan mostrar todos sus talentos, y que este año sea uno muy bueno para todos nosotros –habló Kakashi sonriendo, o al menos eso parecía ser debajo de su mascarilla.
Algunas chicas murmuraban cosas entre sí, como lo guapo que les resultaba aquel profesor, mientras que, Naruto nuevamente se quedaba viendo a Hinata Hyûga.
—Brillaré, brillaré como tú lo haces, todos me admirarán, a mí y a mis amigos, seremos estrellas igual que tú –pensaba con seguridad, sonriendo alegremente sin percatarse, mientras que Hinata, había sentido un extraño vuelco en su pecho al ver esa sonrisa, le recordaba a la de alguien, ¿pero a quién?
—¡Bien, chicos, es hora de inscribir sus nombres! –exclamó Kakashi, oyendo como todos celebraban contentos.
El club de música al fin había comenzado.
Continuará…
