Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones:
Hinata: Usotsuki (Mentiroso) Ending de School Days.
Ino y Sakura: Amor A Medias (Ha-Ash)
Gaara el grupo: I Will Not Bow (Breaking Benjamins)
Matsuri y Gaara: Todo Por Ti (Alana)
...
A veces, el amor llega de formas muy estúpidas y poco convencionales, pero es de aquella manera que se transforma en algo mágico y que dura para siempre.
Capítulo 3: Cantar es mi pasión
Hoy era el segundo día del tan esperado club de música, la mayoría lo había estado esperando todo el día, rogando para que las clases acabasen pronto para poder asistir a su lugar favorito, mientras que otro resto de alumnos estaban asustados; hoy demostrarían sus habilidades.
Naruto y su grupo estaban felices, iban a demostrar lo que sabían hacer, cómo transformaban los sonidos que salían de sus instrumentos en música, en la música que a ellos les gustaba.
Shikamaru estaba casi tirado sobre uno de los asientos, mientras que sus pies descansaban sobre el otro y, un algo ofuscado Kiba trataba de moverlo, pues quería ocupar el asiento junto a su novia Ino.
—Vamos, Shikamaru, mueve tus sucias pezuñas para que mi Kiba se pueda sentar –le reclamó la joven rubia, frunciendo el ceño. El Nara la miró y soltó un hondo suspiro, quitándose del lugar para que éste fuera ocupado por Kiba, que sonrió complacido al ver que su novia le conseguía un lugar así de fácil. Ino siempre había sido una chica mandona, pero él la manejaba a su antojo, siempre que le pedía algo, Ino lo hacía sin chistar, eso era porque lo quería de verdad.
—Eres una problemática, mujer, pero ahí tienes tu asiento –le dijo Shikamaru, entornando los ojos, aunque ahora se sintiera menos cómodo. Ino sólo le sacó la lengua y luego le hizo un desprecio, haciendo que su larga coleta de caballo se moviera como una bandera ondeando al viento, entonces sin querer golpeó a alguien con ella.
Se dio la vuelta, fijando sus ojos azules en un chico pálido, de cabello negro azabache y ojos del mismo color, que al parecer no se había ni inmutado por el golpe, pues ni siquiera la miró, aunque ella habría querido disculparse, pero él sólo siguió de largo para sentarse atrás de ellos.
—Ese es el nuevo, vaya que es raro ni siquiera le molestó que lo golpeara… –pensó extrañada, pero al final decidió no darle importancia al asunto, problema de él era si la había ignorado, así se ahorraba las disculpas.
Kiba rodeó con su brazo el cuello de Ino, atrayéndola hacia su persona y haciendo que se saliera de sus pensamientos. La rubia lo quedó mirando algo sonrojada y entonces el chico la besó. Shikamaru los miró con fastidio, esos dos ya se parecían a sus padres estando tan melosos y pegados como con cola.
—Que par de problemáticos… mejor me hubiera ido al club de Shôji –pensó con molestia, desviando la mirada y cerrando los ojos, por lo que al instante cayó dormido.
La habitación se quedó en silencio al observar cómo entraba la estrella que brillaba más que ninguna otra, la dulce y angelical joven que los embobaba a todos, a cada uno de los chicos de esa escuela, aún si estos tenían novia, como cierto castaño que luego de separar sus labios de los de su amada, se quedó perdido observando a la Hyûga.
Hinata no se sentía intimidada por más que la mirasen, ella estaba acostumbrada a las miradas de la gente, pero no era así con la personita que estaba escondida detrás de ella, su tímida nueva amiga; Matsuri.
—Matsuri-chan, ¿qué haces ahí escondida? –preguntó la ojiperla sonriendo graciosamente y haciéndose a un lado para dejar ver a su acompañante, la cual se sonrojó al notar que algunos chicos la miraban, porque todos tenían envidia de la cercanía que tenía con la linda Hinata, a nadie más se había acercado tanto.
—E-es que… no me gusta que me miren, Hinata-san, todos están viéndome por estar a tu lado –al oírla, la sonrisa de Hinata desapareció, siendo reemplazada por una expresión de tristeza, porque siempre le sucedían esas cosas, o las personas querían estar desesperadamente a su lado, o no se le querían acercar.
—Si no te gusta estar conmigo está bien, me sentaré sola.
—¡N-no! –negó rápidamente la castaña, se había dado cuenta de que cometió una imprudencia con ese comentario y tenía que arreglarlo—. Hinata-san, tu presencia es muy agradable para mí, es un honor que entre todas las personas que hay en esta escuela tú te hayas acercado a mí, no quiero que pienses que me molestas… soy feliz de… tener tu amistad –la chica sonrió, haciendo que la sonrisa regresara a los labios de la Hyûga.
De verdad ella le había llamado amiga. Se sentía tan bien tener una amiga, una persona en quien poder confiar, a alguien a la que podía contarle lo que fuera. Su amiga.
—Entiendo, será mejor que vayamos a sentarnos, Matsuri-chan, y por favor deja de llamare Hinata-san, ¿de acuerdo?
—D-de acuerdo, Hinata-chan –respondió Matsuri, luego de lo cual ambas se fueron a sentar en la primera fila, ya que tenían motivos para querer estar ahí; ambas tenían que ver de cerca a cierta persona, aunque fuesen dos diferentes.
Hinata fijó sus ojos en ese rubio otra vez. Cómo le fastidiaba su presencia, pero hoy por fin vería qué tan bueno era. No olvidaba que él aún poseía esa grabación que podría acabarla, tenía que recordar no desafiarlo al punto de hacer que él quisiese vengarse, porque entonces lo terminaría pagando muy caro y eso no sería nada bueno.
—Ay Dios, ¿qué hago aquí? – Se preguntaba Sakura en voz baja, mirando para todos lados y sintiéndose como un bicho raro. Verdaderamente no había sido buena idea, ella no sabía un pelo sobre música, con suerte y cantaba en la ducha, ¿sería que haría el ridículo de su vida?
Miró a su mejor amiga Ino, la cual se veía asustada como ella, pero no se podían quedar así y hacer el papelón de sus vidas. Aunque ninguna hubiese cantado nunca, algo les tenía que salir en este momento.
Su vista se posó entonces en aquel joven que había sido la razón por la que ella estaba aquí; Uchiha Sasuke, alguien que nunca la voltearía a ver como ella quería, porque para él sólo la música existía. A pesar de ser tan popular y de tener a media escuela detrás de su sombra, Sasuke jamás había tenido novia, ni siquiera le habían conocido a alguna "amiga especial", tal como su amigo Gaara, era un chico muy reservado y frío ante todas las personas, aunque el otro día se había comportado muy amable con ella y eso le hacía tener ciertas esperanzas, que se desvanecían cada vez que lo observaba y él ignoraba su existencia como si no le importase en lo más mínimo.
—Sasuke-kun… nunca se va a fijar en mí, nunca va a quererme como yo lo quiero –eran sus tristes pensamientos.
Pero ella no sabía, no conocía que había otra persona que sentía lo mismo que ella, que al igual que ella, desfallecía por un amor no correspondido, por su amor. Naruto no podía dejar de quererla, por más que lo había intentado, por más que se decía a sí mismo que Sakura estaba enamorada de Sasuke, su corazón era terco, así como él, por eso la seguía amando en silencio, doliéndole cada vez que ella perdía sus ojos en el Uchiha. Se sentía herido, él la amaba y le entristecía que ella perdiera su tiempo con una persona que jamás la podría hacer feliz, porque Sasuke nunca le correspondería, ese frío corazón no era capaz de sentir amor, no como el que sentía él.
Pero entonces sus ojos azules regresaron hacia ella, la persona que lo haría brillar como una estrella en el firmamento. Hinata era una joven preciosa, si no fuera por esa doble faceta, tal vez… ¿En qué pensaba? Él sólo tenía ojos para Sakura, para nadie más.
—Hinata no es nada, ella no es nadie importante en mi vida, aparte de hacer mi sueño realidad… Hinata Hyûga nunca será nada más –pensaba muy seguro de sí mismo, pero qué equivocado estaba en ese momento, porque no sabía que muy pronto ella sería algo muy importante y valioso para él, algo que jamás podría abandonar.
—¡Alumnos, buenas tardes a todos! –saludó un muy animado profesor Kakashi, que para variar había llegado diez minutos tarde y para la mayoría de ellos, aquellos minutos se hicieron eternos. El peli plata se paró en frente de todos, hablando a través de un micrófono que había en el centro de la tarima—. Bien, como sabrán, el día de hoy vamos a mostrar lo que sabemos hacer, así que quiero ver, ¿quién se ofrece?
Nadie parecía querer ser el primero, tal vez los nervios eran demasiado fuertes, por lo que ella no tuvo más opción que ofrecerse. Hinata Hyûga se puso elegantemente de pie, dispuesta a ser la primera en demostrar la potencia y dulzura de su voz.
—Yo lo haré, Kakashi-sensei –dijo, caminando hacia el centro de la tarima, luego de haber subido un pequeño escalón. Tomó el micrófono entre sus manos mientras que Kakashi presionaba un botón en una especie de equipo reproductor de música. Se alejó y una de las canciones de Hinata comenzó a sonar, pero era sólo su pista.
Al reconocerla, varias personas -en especial las chicas- se emocionaron, pues era claramente una de las favoritas de todos, una canción que hablaba sobre ella misma, sobre ser una persona débil, que se había dejado pisotear por las mentiras de quien amaba. "Usotsuki" era el nombre de aquella hermosa y envolvente canción.
Kimi no koto wo omou sono tabi
umaku ikigate kinai
hontou no jibun wo kakushite
nani ga hoshii n darou
Las chicas coreaban la canción de Hinata, mientras que los hombres sólo se deleitaban con su hermosa voz y su sonrisa, que a pesar de todo era un tanto nostálgica.
ichiban no nikaisha nante
egao miseru kara
hitotsu mata uso ga koboreta
kimi ga suki nano ni...
Hinata cerró sus ojos, recordando las muchas veces que cuando era una niña se dejaba pisotear por cualquier persona, cuando era una niña débil que sólo podía esconderse detrás de las faldas de su madre. Pero todo eso había cambiado, ahora ella era una estrella, que brillaba en lo más alto del cielo y estaba dispuesta a todo por no caer jamás de ahí, incluso si tenía que aceptar los chantajes de un chico engreído.
kono koe ga kareru made
kotoba ni shitai ienai mama
osaeteta kodou e to namida afureteku
itoshisa ga tsuyogari ni kowatte shimau
kizuite...
semai sora no shita de watashi ha
kimi wo mitsumete iru
La música siguió sonando y Hinata continuó demostrando por qué se había vuelto tan famosa. Quizás, para gente como Naruto y su grupo su música, podía carecer de sentido, pero para ella era perfecta, porque cada canción la representaba, hablaba sobre algún aspecto de ella, por eso las amaba.
—Muy bien, Hinata –le felicitó Kakashi, que al igual que todos los ahí presentes, estaba sorprendido por su hermosa voz y por el sentimiento que ella ponía al cantar, incluso Naruto debió admitir que ella era muy buena, demasiado buena para su gusto.
De un momento a otro, todos comenzaron a aplaudir, demostrando así que de verdad apreciaban el talento de aquella chica, haciéndola sentir valiosa, como se sentía en cada uno de sus conciertos, porque los aplausos le hacían entender que estaba haciendo las cosas bien.
—Gracias –la ojiperla hizo una leve reverencia y después de eso regresó a su asiento, siendo felicitada también por su nueva amiga, que estaba verdaderamente orgullosa de ser tan cercana a alguien como Hinata. Matsuri sabía que ni en un millón de años sería tan buena como ella, porque siendo así como era, no llegaría a ninguna parte, si les temía a las miradas no podría dedicarse a la música.
—Tengo que admitir que tiene una hermosa voz, y que cuando canta se ve realmente… ¿Tierna? Bah, no sé cuál sea la palabra, pero me da igual –pensaba Naruto cruzándose de brazos y desviando la mirada, no sabía por qué, pero de pronto se sentía algo molesto, como si alguien hubiese hecho algo para incomodarle.
—Naruto, ¿por qué tienes esa cara de perro atropellado? –le preguntó Sasuke al oído, pero el rubio decidió no contestar.
Mientras la hora avanzaba, los distintos alumnos que Kakashi mencionaba en su lista salían adelante a hacer de las suyas. Kiba demostró que era todo un as con la guitarra eléctrica y no cantaba nada mal, a la vez que Shikamaru enseñó sus dotes para el bajo, cosa que dejó a más de alguno boquiabierto, porque el Nara jamás había demostrado tener algún interés musical y que tocara así era realmente impresionante, sobre todo para Sasuke, quien venía tocar el mismo instrumento.
—Bueno… –después de un rato de oír a varios de los chicos y chicas, Kakashi llegó hasta un nombre interesante, una de las alumnas que menos estaban interesadas en materias como esta, lo sabía porque ella lo vociferaba en el salón de clases. Le sorprendió también ver a su mejor amiga, pero sonriendo decidió llamarlas a las dos—. Sakura, Ino, pero que sorpresa me dan al estar aquí.
El cuerpo de las dos féminas se tensó al instante mismo de haber oído sus nombres. ¿Ahora que iban a hacer?
—¿Por qué no pasan adelante y nos hacen una demostración? –ofreció el peli plata, señalando hacia el pequeño escenario. Todas las miradas se posaron en aquellas dos nerviosas jovencitas, que no sabían qué inventar para salvarse de esto, de verdad que no querían hacer el ridículo.
—Eh… y-yo… –comenzó a decir Sakura, sintiendo que en cualquier momento podría desmayarse, su cara estaba más roja que nunca y lo peor de todo era que ¡Sasuke la estaba mirando!
Podría haber soportado que cualquier otro la mirara de esa forma, pero si Sasuke se llegaba a burlar de ella… si él lo hacía, entonces moriría.
—Bien, Sakura, vamos –de pronto sintió como Ino la tomaba de la mano, decidida, llevándola al centro de la tarima y tomando entre sus manos el micrófono, cosa que la descolocó, porque no se dio ni cuenta en qué momento la música había comenzado a sonar.
Por su lado, Ino ya estaba segura de esto, de vez en cuando ella y Sakura iban al karaoke y aunque nunca habían sido de lo más afinadas, tampoco era que fuesen malas. Sabía que su miga estaba nerviosa, pero al darle una mirada confiada, Sakura supo lo que debía hacer, no dejarse vencer.
Ino fue la primera en ponerse en el centro y tomar la actitud de una verdadera idol, demostrando así su estilo y valentía, mientras la música sonaba.
Aunque busque ya no hay
Ni un motivo para estar
A tu lado y en soledad
Luego fue el turno de Sakura, la rubia -que para sorpresa de todos no lo hacía nada mal- apenas terminó su estrofa le entregó el micrófono a su amiga, la cual comenzó a cantar muy despacio, su voz casi no se oía, aunque tenía el micrófono encendido.
Te regalo los por que
De un amo que sólo fue
Como una oración hecha sin fe
Fue el turno de Ino una vez más, así que, acercándose a Sakura, logró tomar el micrófono. Comenzando a bailar por todo el escenario como toda una profesional y dejando incluso a Sakura sorprendida, pues no sabía que Ino se moviera tan bien, además de cantar muy bonito.
Definitivamente Ino le estaba dando una paliza y eso no lo podía permitir.
Yo te di, lo mejor de mí
Y a cambio sólo recibí, nada de ti.
.
La mitad de una mentira no es la verdad
No pretendas
Digas lo que digas ahora sé que no
Amor a medias no es amor
Sakura tomó el micrófono, sacando toda su voz para terminar el coro, ella también tenía que poder, así como lo había hecho Ino.
La mitad de una promesa no es algo real
¿Por qué te engañas?
Tus palabras no me atraparán, ya no
Amor a medias no es amor.
Amor a medias no es amor…
Ohh…
Terminaron de cantar y los aplausos no se hicieron esperar, ese par sabían cómo salir airosas de situaciones difíciles. Chocaron sus manos y regresaron a sus asientos.
—Bien, debo decir que lo hacen bastante bien –les felicitó Kakashi con una sonrisa, o al menos era lo que se podía distinguir a través de su máscara. Volvió su vista a la lista y notó el nombre de cierto rubio hiper-activo, al cual aún no había visto en acción, aunque sí lo había hecho otras veces y debía admitir que Naruto era increíblemente bueno con la guitarra—. Naruto, Sasuke y Gaara, creo que al fin les ha llegado su turno.
Los tres mencionados se pusieron de pie al instante, mientras que Hinata los miraba con atención. Naruto fue el más escandaloso, corrió como si su vida dependiera de ello, mientras que sus dos amigos sólo caminaron tranquilamente, sin poner atención a las miradas de algunas de sus fans que siempre estaban presentes a donde quiera que fuesen.
Gaara y Naruto se pusieron sus guitarras y Sasuke acomodó su bajo, sin embargo, antes de comenzar, el rubio tuvo que quejarse.
—Oye, Sasuke-teme, ¿u cómo vamos a tocar sin el baterista? –aunque su reclamo tenía toda la razón del mundo, no sonaría bien sin la betería, era fundamental y le daría la potencia a su interpretación.
—No lo sé, dobe, supongo que tendremos que hacerlo así nada más –le respondió el azabache, que también estaba algo ofuscado por ese hecho tan importante.
—Bueno, debe haber alguien aquí que sepa tocar la batería y les pueda seguir el ritmo, ¿no es así? – habló Kakashi, mirando a todos sus alumnos, que sólo se observaban entre sí, negando con la cabeza o con expresiones de confusión, hasta que uno de ellos se puso de pie. Era el chico nuevo.
—Yo puedo hacerlo sin problemas –aseguró. Kakashi le miró, ciertamente se veía misterioso y algo reservado, pero él sabía que las personas de ese tipo eran especialmente buenas sorprendiendo a los demás y, de verdad quería ver cómo le sorprendía este chico.
—De acuerdo, tú eres… ¿Sai no es así? –el mencionado asintió con la cabeza, por lo que Kakashi miró a los chicos y luego volvió su vista hacia él—. Bien, pasa adelante y ayuda a tus compañeros.
Sai sólo asintió, pasando al lado de Ino para salir hacia el frente. La rubia le quedó mirando con detenimiento, verdaderamente era un chico apuesto, pero muy serio para su gusto, ella prefería a los hombres más sociables, como su novio Kiba, quien se llevaba bien con todo el mundo.
Sai sólo se limitó a tomar asiento en su lugar, sin prestar atención a nada más que a los tres chicos que tenía en frente.
—¿Estás seguro de que puedes seguirnos? –le preguntó Sasuke algo dudoso, pero Sai simplemente asintió con la cabeza.
El Uchiha suspiró y tomó su instrumento. Le hizo un gesto a Naruto para partir y el rubio comenzó a emitir el potente sonido, al mismo tiempo que lo hacía Sasuke. A los pocos segundos Sai les siguió con la batería, primero dando leves golpes, hasta que, de un momento a otro, la música comenzó a sonar más fuerte, cuando Gaara incorporó la segunda guitarra.
En un instante los cuatro parecían estar completamente de acuerdo. Y entonces la voz del pelirrojo comenzó a sonar, dejando a todos impresionados por su profundidad.
Now the dark begins to rise
Save your breath, it's far from over
Leave the lost and dead behind
Now's your chance to run for cover.
Hinata no podía creer que ellos fuesen tan buenos y Matsuri, ella estaba embelesada viendo cantar a Gaara. Ahora que lo estaba viendo de frente, dándose cuenta del increíble talento que él poseía tanto en la guitarra como en su voz, no podía hacer otra cosa más que enamorarse más de él, mucho más si eso era posible.
I don't wanna change the world
I just wanna leave it colder
Light the fuse and burn it up
Take the path that leads to nowhere.
La letra de esa canción, Sasuke la había escrito especialmente como una especia de revelación contra quienes les impedían hacer su sueño realidad, porque como ahí decía, no se dejarían vencer.
All is lost again
But I'm not giving in.
La Hyûga, mientras oía, solo podía poner sus ojos sobre Naruto, observando como sus dedos se movían con rapidez y maestría, como si fuese todo un experto. Tal vez no era lo que ella pensó, él de verdad amaba la música, lo podía notar en la sonrisa que adornaba sus labios, por esa razón le había pedido aquello, porque Naruto deseaba mostrar su música con todas sus fuerzas, aunque no estaba segura aún, tenía que admitirlo; él era bueno.
I will not bow
I will not break
I will shut the world away
I will not fall
I will not fade
I will take your breath away.
Fail…
Los demás no hacían más que disfrutar de la canción y de la increíble voz del pelirrojo, que en verdad les había sorprendido, observando la sincronía perfecta que había entre todos ellos.
Watch the end through dying eyes
Now the dark is taking over
Show me where forever dies
Take the fall and run to Heaven.
.
All is lost again
But I'm not giving in.
.
I will not bow
I will not break
I will shut the world away
I will not fall
I will not fade
I will take your breath away.
.
And I'll survive, paranoid
I have lost the will to change
And I'm not proud, cold-blooded fate
I will shut the world away.
En ese momento vino el solo de guitarra de Naruto, quien se paró delante moviendo sus dedos sobre las cuerdas, hasta que éstos casi no se viesen, mientras su sonrisa se acrecentaba aún más al estar haciendo algo que en verdad disfrutaba con todas sus fuerzas.
I will not bow
I will not break
I will shut the world away
I will not fall
I will not fade
I will take your breath away.
.
And I'll survive; paranoid
I have lost the will to change
And I'm not proud, cold-blooded fate
I will shut the world away.
Al terminar de tocar, todos los demás estaban en silencio, sorprendidos. Querían aplaudir y decirles que eran geniales, pero nadie se atrevía a hablar.
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Neji estaba en la gran mansión Hyûga, como hoy Hinata estaría en la escuela hasta tarde, tenía un tiempo libre, ya que la había dejado encargada de los otros guardaespaldas. El joven ahora sólo se dedicaba a revisar unos itinerarios que le había enviado la manager de su prima, porque a pesar de tener tiempo libre, sólo se dedicaba a trabajar, no existía otro pasatiempo en su aburrida vida.
Sí, Neji Hyûga estaba aburrido, pero ¿qué más podía hacer? Él era sólo un miembro de la rama secundaria de su familia, la famosa y prestigiosa familia Hyûga, quienes respetaban sus tradiciones más que nada en el mundo.
—Bueno, creo que está en orden, el próximo fin de semana Hinata tendrá una agenda muy ocupada –se decía a sí mismo. Por un momento dejó aquella hoja de papel de lado y se quedó mirando el reloj de la pared como si esperara por algo, aunque no era nada en realidad, sólo que estaba tan absurdamente aburrido que pensaba que algo o alguien vendría de un momento a otro, pero no, nada inusual pasaba nunca en su vida, ¿por qué algo así iba a suceder?
—¡Por favor, ayúdenme! –escuchó de pronto una voz femenina. Arqueó una ceja algo confuso, ¿acaso alguna de las empleadas estaba gritando afuera?
—¿Qué será ese escándalo? –se preguntó un tanto molesto, pues si su tío Hiashi llegaba y se daba cuenta de ello, armaría un gran alboroto. Salió hacia el patio indignado, cuando de pronto notó a una jovencita de cabello castaño, tomado en dos chonguitos y vestida con ropas chinas, corría delante de los dos perros guardianes, siendo perseguida por ellos.
Una gotita recorrió la sien de Neji, ¿quién demonios era ella y por qué huía de sus perros guardianes?
—Neji-sama –una de las empleadas más antiguas de la casa se apareció de improvisto, se veía un poco cansada, pues al parecer había corrido, traía consigo la manguera del jardín dispuesta a mojar a los perros para que cesaran de perseguir a la chica.
—¿Qué sucede aquí, anciana Chiyo? –exigió saber el joven de ojos perla, apuntando hacia la muchacha, sin poder evitar reparar en lo hermosa que era, pero ese no era el punto—. ¿Quién es ella?
—Esa jovencita es la nueva empleada que contrató Hiashi-sama, llegó desde China y debería haber estado aquí ayer, pero creo que tuvo algún problema, aunque eso no es lo importante, Neji-sama, si no hacemos algo será mordida –explicó la anciana. El Hyûga tomó en sus manos la manguera y la apuntó hacia los perros, sin embargo, antes de decir que dieran el agua volvió a fijarse en la chica, vaya que era linda.
Sin más, el genio Hyûga dio la orden de que abrieran la llave de la manguera, dirigiendo el chorro a los dos perros, que al sentir el frío líquido corrieron asustados, aunque el chorro fue tan fuerte que a Neji se le salió de control, terminando por empapar completa a la pobre castaña.
—¡Dios, pero que hombre más bruto! –se quejó la muchacha de ojos chocolate, causando que una venita se marcara en la sien del castaño, ¿cómo se atrevía a ofenderlo de esa manera?
—Bruta será otra, que se ha acobardado por dos perros inofensivos –dijo con calma, cerrando sus ojos y soltando la manguera que comenzó a mojar el pasto del patio, hasta que el agua fue cortada.
—¡Inofensivos mis calzones! –exclamó Tenten Ama, que estaba realmente agotada por todo lo que había vivido. Primero, nada más llegar a Tokio, se perdía como una tonta y ahora un idiota la empapaba, llegando por fin al lugar al que debía ir, sin contar con que había sido perseguida por dos feroces perros.
Neji estaba sorprendido, ella era muy extraña, era la primera persona que lo trataba así, sin importarle si quiera quien era él, o es que esa chica era muy tonta o no lo conocía para nada. Bueno, antes Chiyo dijo que venía de China, tal vez era por eso. Y sinceramente, no había conocido a una persona más graciosa en toda su vida, irreverente y graciosa.
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Todos comenzaron a aplaudir después de haber oído a los chicos, incluso Hinata tuvo que unirse al resto, porque ciertamente la habían sorprendido, no esperaba que fuesen buenos en realidad.
Cuando ellos bajaron del escenario, Naruto pasó junto a Hinata y sin que nadie se diera cuenta, se acercó a su oído.
—Ya lo sabes, Hinata, tenemos que hablar más tarde en la azotea de la escuela –se alejó un poco y le sonrió sínicamente, causándole molestia a la chica, porque él era un descarado, pero cuando le susurró, cuando le dijo esas palabas tan suavemente, de alguna manera la hizo temblar como nadie lo había hecho.
Se sintió un poco tonta, pero no había sido su culpa, los chicos no solían acercársele de esa manera, aún era una inexperta en ese campo y pensaba que siempre lo sería, porque nunca había conocido a una persona que no la viera sólo como una cantante, como a un personaje famoso, sólo Naruto era la excepción, y también su amiga Matsuri.
Pero ella odiaba a Naruto.
—Bueno, he de admitir que estoy sorprendido, para ser la primera vez que tocaban juntos los cuatro, ha salido increíble. Sai, se nota que sabes cómo tocar la batería –dijo Kakashi al joven pelinegro, que sólo asintió de cabeza regresando a su asiento—. Por su parte, Naruto y Sasuke son realmente geniales, ¿la letra es tuya Sasuke? –el azabache asintió y luego Kakashi volteó a ver a Gaara—. Y qué decir del vocalista, perfecto, Gaara.
Cada vez que alguien lo halagaba se sentía genial, cuando le decían que su voz era increíble, que su forma de cantar les deslumbraba. Eso deseaba, cantar… ser una estrella famosa y ser reconocido por todos, que cada persona que lo viera supiera quién era y le tuviera respeto; ese era su sueño.
—Pero bueno, todavía me falta alguien, ¿verdad, pequeña Matsuri?
La castaña dio un salto al oírse nombrada de los labios del profesor. Le miró incrédula; era cierto, había estado tan concentrada viendo las presentaciones de los demás -sobre todo en la de Gaara- que se olvidó por completo que ella también estaba ahí, que ella también debía presentarse.
—E… etto… y-yo… –la castaña bajó la mirada, estaba completamente sonrojada y no sabía qué decir, definitivamente no era capaz de hacerlo, tenía demasiado miedo de fallar, sobre todo después de la increíble presentación de Gaara y sus amigos.
Notó de pronto que alguien la miraba fijamente, mucho más profundamente de lo que lo hacían el resto de las personas ahí presentes. Levantó su vista y pudo darse cuenta de que se trataba de Gaara, que parecía más bien dispuesto a decirle algo, tal vez que deseaba verla, pero no estaba segura.
—Vamos, ¿qué sucede? –le preguntó Kakashi, no era la primera vez que veía a una persona así, muchas veces el miedo podía más que los deseos de ser admirados por las personas.
—Matsuri-chan, tú puedes hacerlo –le animó Hinata con una sonrisa. Nuevamente se veía reflejada en ella, eran tan parecidas. Recordó su primera presentación en público, era muy pequeña y se trataba de una reunión familiar, en donde terminó por salir corriendo y llorando a esconderse en los brazos de su madre, porque cuando era una niña lo único que podía hacer era eso, huir a los brazos de su mamá.
Matsuri asintió con la cabeza al oír los alientos que le daba Hinata, así que terminó por ir hacia adelante, pero no subió al escenario, sino que más bien se situó abajo, en donde estaba el piano. Hasta ahora nadie se había acercado a aquel instrumento, por lo que Kakashi puso una expresión de interés, quería ver qué tan buena era con el piano aquella tímida jovencita.
Se sentó en silencio, destapando las teclas blancas. Tomó un poco de aire y finalmente comenzó. Tocó dos teclas, siguió tocando por unos cuantos segundos más, pero todavía ninguna melodía se podía distinguir, no lo estaba haciendo correctamente.
Todos la observaban, todos esperaban demasiado de ella.
—No puedo hacerlo… no… si todos me miran de esa manera… si todos están esperando tanto de mí yo… no puedo… ¡No puedo! –de un momento a otro, alejó sus manos del piano. Hinata notó que lágrimas salían de sus ojos, porque al parecer estaba demasiado asustada, entonces, como una tabla de salvación, el timbre que avisaba el término de las clases comenzó a sonar y todos hicieron ruido al sentirse felices de irse por fin a sus casas.
—Bueno, chicos, nos vemos mañana –les despidió Kakashi con una sonrisa, porque también había notado lo sucedido con Matsuri y la quería ayudar un poco.
—Matsuri-chan –la llamó Hinata, acercándose a ella mientras todos salían del salón de música, pero la castaña no le oía, estaba como paralizada, el miedo la tenía frustrada, el fracaso.
Sus ojos se fijaron en él nuevamente, justo antes de que saliera del salón, y pudo verlo, su mirada… él estaba decepcionado, ella lo había decepcionado.
—Matsuri-chan, ¿estás bien? –insistió Hinata, sentándose junto a la castaña, la cual sólo asintió con la cabeza y sonrió levemente, porque no podía preocuparla.
Kakashi se acercó a las dos chicas cuando ya nadie más quedaba en ese lugar, apoyando una de sus manos sobre el hombro de Matsuri, que aún se veía un poco afligida por lo sucedido.
—Tranquila, es normal tener miedo, pero debes ser capaz de superarlo si realmente quieres estar aquí –y sin más, el profesor también abandonó el aula.
—¿Quieres que te deje a solas? –preguntó Hinata, viendo como su amiga asentía con la cabeza. La ojiperla no dijo más, ella había vivido lo mismo y sabía lo que se sentía, así que simplemente abandonó la sala imitando a todos los demás, dejando a Matsuri a solas.
—¿Por qué he sido la única cobarde? –se preguntó la castaña, apretando sus puños con rabia.
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Los chicos iban por el pasillo de la escuela, dispuestos a marcharse cada uno a su casa. Naruto abrazó por el cuello a su prima mientras ésta iba de la mano con su novio Kiba y junto a Sakura.
—Ino, ¿cuándo saldremos a bailar todos juntos como la otra vez? –preguntaba el rubio, entusiasmado, ya que tenía muchas ganas de mover el esqueleto, estaba contento por algo en especial.
—No sé, además la última vez invitaste a los amargados de Sasuke y Gaara, y ellos se quedaron sentados todo el tiempo –contestó la rubia—. No es nada divertido, ¿sabes? Todas las chicas que los invitaban a bailar terminaban rechazadas.
—¡Pero esta vez no será así! ¡¿Verdad Gaara y Sasuke?! –llamó a sus dos amigos. El pelirrojo sólo le ignoró y el azabache alzó una mano como diciendo que sí, sólo para dejarlo tranquilo—. ¿Ves? Ellos se portarán bien.
—Bueno… ya veremos cuando, tal vez el viernes –comentó Ino, soltando un suspiro, para después mirar de reojo a Sakura, quien no quitaba sus ojos de Sasuke. Esto era el colmo, ¿cuándo se cansaría su amiga de estar tras un imposible? Lo mejor era hacerle ver de una vez lo que tenía en frente—. Es más, Naruto, ¿por qué no vas tú con Sakura? Así pueden divertirse juntos.
—¿Cómo? –cuestionaron ambos jóvenes a la vez. Naruto estaba algo sonrojado y sorprendido, pero lo entendió todo al ver como su prima le guiñaba un ojo.
Miró entonces hacia su costado y vio pasar a Hinata, quien sin si quiera dirigirle una mirada, se encaminó hacia la azotea de la escuela. El rubio recordó entonces que la había citado en ese lugar, por lo que debía presentarse cuanto antes.
—Bueno, luego hablamos sobre esto. ¡Tengo que irme! –y sin más, se fue corriendo detrás de la Hyûga, mientras sus amigos le veían desconcertados.
—Ese Naruto… –susurró Kiba desinteresadamente, notando como su novia ahora le abrazaba cálidamente. No le molestaba aquello, pero no entendía por qué a veces estar con Ino no era suficiente, no sentía esa increíble pasión que se debe sentir hacia el ser amado, hacia ese que te enloquece, Ino sólo le gustaba, pero nada más al parecer y eso en cierta forma lo agobiaba.
—Oh, demonios –masculló de pronto Gaara, quien buscaba desesperadamente algo en su mochila, pero no estaba por ninguna parte—. Seguro que la dejé en el salón de música, iré por ella.
—¿Qué se te perdió? –le preguntó Sasuke con curiosidad, observando que su amigo siempre tan serio, estaba un poco afligido.
—La uñeta de mi guitarra, la olvidé así que iré por ella –fue toda la respuesta que dio el pelirrojo. Sasuke sabía de la importancia que tenía esa uñeta para Gaara, la había conseguido en uno de los conciertos de su banda favorita y tanto a ese pequeño objeto como a su guitarra los cuidaba más que a su vida.
—Oh bueno –el azabache resolvió simplemente seguir su camino.
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Hinata había subido hasta la azotea de la escuela y ahora estaba viendo hacia abajo a través de la rejilla de alambre, apoyando sus pequeñas y blancas manos, mientras el viento acariciaba suavemente su cabello.
—Cuando estás así de verdad pareces un ángel, lástima que no sea del todo cierto –escuchó una voz que le hizo fruncir el ceño. Se volteó y le miró ahí, tan sonriente y engreído. ¿Quién pensaba que era? No importaba mucho, porque en este momento era la persona que la podía destruir.
—¿Eso ha sido un halago o una ofensa? –interrogó, provocando una sonrisa en el joven Uzumaki, cosa que la hizo bajar la mirada, sin entender por qué de pronto se sintió nerviosa y se había sonrojado.
—Tómalo como un simple comentario, pero, en fin, no estamos aquí para eso, ¿verdad? –Hinata desvió la mirada, ciertamente esa sonrisa contagiosa que ponía Naruto era muy molesta.
—¿Qué es lo que quieres de mí?
Naruto le miró atentamente, pero esta vez no parecía arrogante ni nada por el estilo, al contrario, se veía mucho más él, sonriente, alegre.
—Sólo quería felicitarte, de verdad cantas muy bien, y claro, quiero oír tu respuesta.
La cantante estuvo varios segundos en silencio, pensando en la respuesta que iba a dar ahora, pero por más que lo meditaba, no llegaba a ninguna conclusión diferente a la que tenía desde que los vio tocar con toda esa energía. Realmente, no había forma de negarse y ella lo sabía, no podría decirle a Naruto que no, por más que lo deseara.
—De acuerdo –accedió al fin, soltando un hondo suspiro, sin percatarse de la sonrisa aún más brillante que aparecía en los labios del rubio—. Pero debes prometerme que cuando conozcas a mi agente, me devolverás esa grabación.
—Te lo prometo, no soy ningún aprovechado, ¿sabes? Sin embargo… necesitaba una oportunidad… –Naruto bajó la mirada con cierta melancolía, cosa que Hinata notó y le llamó bastante la atención—. Perdóname por eso, pero es la única forma que tengo para salir a la luz, porque… no, eso es algo que no te incumbe –terminó, haciendo una expresión de berrinche.
Hinata se enfadó por eso, ¿por qué primero parecía querer hablarle y luego se echaba para atrás? No pudo más que cruzarse de brazos y hacerle un desprecio, se sintió ofendida.
—Bien, como sea, entonces te hablaré mañana después del almuerzo en este mismo lugar, te diré como me fue, ¿de acuerdo? Pero no esperes que ella quiera recibirte así de fácil, aunque yo se lo pida.
—¿Ella? ¿Tu agente es mujer?
—Pues claro, ¿qué esperabas? –Hinata respondió algo altanera lo último, para abandonar finalmente la escena, dejando a Naruto solo y muy emocionado, porque a fin de cuentas había conseguido su cometido, conocería a la manager de Hinata y si tenían suerte, tal vez sería el principio de su carrera como músicos.
Hinata había corrido escaleras abajo. Se sentía molesta, estaba muy enojada, porque no entendía qué demonios le había sucedido ahí, ¿por qué cuando ese torpe le sonreía se sonrojaba instantáneamente? ¿Por qué su corazón estaba tan agitado?
—Que tonta… eso es porque… lo odio –se explicó a sí misma, convencida de que esa era la única respuesta, que lo que sentía hacia ese chico jamás cambiaría.
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Pequeñas y saladas lágrimas rodaban por sus mejillas, porque se sentía impotente, ahí, aún sentada frente a ese piano, lamentándose por haberse dejado vencer por su miedo una vez más. Había sido cobarde, había hecho el ridículo en frente de todos sus compañeros, en especial en frente de él.
¿Por qué debía ser así?
¿Acaso no había una manera de cambiar?
—¿Por qué sigo siendo tan cobarde? –se preguntó mientras se secaba las lágrimas. Miró el piano una vez más con tristeza; ya no había nadie ahí que la pudiera oír, nadie que la criticara, ahora estaba sola y no sentía vergüenza, por eso comenzó a tocar.
La melodía era suave y lenta, ya no presionaba sólo por presionar como hace un momento, esta vez se escuchaba claramente la música que emitía el piano. Sus dedos se movían despacio, mientras cerraba sus ojos y las lágrimas seguían cayendo.
Quería olvidarse de su miedo por unos segundos, quería demostrarse a sí misma que podía hacerlo, que podía no sólo tocar el piano, sino que realizar lo que en verdad amaba; cantar.
Está mal, tenerte siempre junto a mí
Un error, me hace dar todo lo que soy.
Justo en ese momento, Gaara se apareció por la puerta del salón, ya que venía por su uñeta, sin embargo, se quedó hipnotizado al oír aquella melodía, pero más que nada por esa dulce voz. Se acercó un poco más y observó sorprendido a aquella tímida castaña que hace un rato no se había atrevido a tocar en frente de ellos.
Fue real, resbalé y en tus brazos
Caí.
Y entonces, cuando ella iba a continuar con la segunda parte de la letra, él se le adelantó, conocía esa canción porque su hermana siempre la oía en el radio, y no sabía por qué en ese instante tenía tantos deseos de acompañar a esa chica.
Me venció, no hay nada que pueda hacer
Y está bien, si significa estar junto a ti.
Al oírlo cantar, Matsuri lo miró asombrada, pero sin dejar de tocar el piano ni por un instante.
—Es Gaara… pero esto no puede ser… seguramente sólo estoy soñando –pensó aún sorprendida, sin sospechar que no se trataba de ningún sueño, por lo que sin más, cantó junto a él.
Abrázame, y nunca, nunca
Me dejes ir.
.
Dar mi vida, no bastará, bastará
Para siempre, no bastará, bastará
Yo me rindo, y moriré, moriré
Si no estás junto a mí
.
El pelirrojo había terminado sentado junto a la castaña mientras ésta terminaba de tocar el piano, pensado aún que seguía soñando como una niña, pero entonces, cuando sintió como una de las manos de él se posaba sobre la suya delicadamente, se dio cuenta de que todo eso había sido real, nada fue un sueño.
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—¿Dónde podrá estar ese mocoso malcriado? –se preguntaba cierta rubia de cuatro coletas, quien buscaba por todas partes a su hermano menor, pues había prometido a su padre que irían juntos a casa.
Hoy Temari había comenzado a trabajar en la escuela como consejera, pero su querido hermano había estado huyendo de ella toda la tarde, seguro no quería presentarla con sus amigos, no era más que un egoísta.
—Uy, pero ese condenado me las va a pagar, porque no pienso regresar a casa sola para que después papá me regañe por su culpa, claro que no –estaba tan distraída apretando sus puños con rabia, que no notó que un alumno caminaba hacia ella. Él, muy distraído oyendo música en su celular, ni siquiera se había fijado que la rubia venía delante de él, por tanto -y sin poder evitarlo- chocaron de frente.
Ambos cayeron al suelo en direcciones contrarias debido al fuerte golpe, sintiendo también mucho dolor.
—Auch, pero que problemática, ¿que no ves por donde caminas? –reclamó el Nara, enfadado, fijándose inmediatamente en si su bajo había sufrido algún daño, pero todo parecía en orden.
—¿Quién demonios eres tú? ¿Y cómo te atreves a decirme eso? –se quejaba Temari, sobándose la cabeza, que le había quedado adolorida.
En ese momento, ambos se miraron el uno al otro, quedándose perdidos por varios segundos, ella en esos ojos negros y esa mirada de pereza y él, en esos hermosos ojos azules y su mirada decidida, aunque tampoco dejó de mirar lo bien dotada que estaba esa mujer.
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—¡Dios mío, no lo he imaginado, él de verdad está aquí! –se exaltó Matsuri al sentir la calidez de la mano de Gaara sobre la suya, por lo que rápidamente la apartó, de forma algo brusca y torpe.
El pelirrojo, por su parte, notó lo que acababa de hacer y no se lo explicaba, ¿por qué demonios había tomado su mano de esa manera? ¿En que estaba pensando cuando lo hizo?
—Perdona… –se disculpó, poniéndose de pie inmediatamente y dando unos cuantos pasos hacia los asientos, debía buscar lo que lo había traído aquí en primer lugar.
—N-no hay problema… –susurró la castaña débilmente. Ya no sentía deseos de llorar, más bien estaba muy nerviosa y sonrojada, no podía creer que Gaara acababa de oírla cantar y además de todo, había cantado junto a ella.
El pelirrojo finalmente halló su preciado objeto, el cual guardó enseguida, seguro de que no lo volvería a perder, entonces se volteó hacia la chica que parecía perdida en sus pensamientos, finalmente decidiéndose a hablarle.
—Oye… no entiendo por qué no pudiste cantar y tocar frente a todos, lo haces muy bien.
Matsuri lo miró con sorpresa, ¿Gaara acababa de adularla? Esto era demasiado para ella, definitivamente no podía ser real.
—¿Tú… tú crees eso? –preguntó bajando la mirada, sin atreverse a verlo a los ojos, porque sabía que si lo hacía se perdería en ellos. Sus mejillas estaban sonrojadas, lo que le daba un aspecto bastante dulce, siempre que Gaara la miraba ella estaba sonrojada, era algo graciosa.
—Claro que sí –respondió sinceramente, sin embargo, se sintió un poco incómodo, esta situación era muy extraña, ¿qué hacía él hablando con esa chica rara en medio del salón de música y completamente solos? Y además… ¿Por qué carajo cantó con ella? —. Bueno yo… me voy… –avisó, para salir de ahí de una vez por todas.
Se sentía extraño, demasiado extraño.
—Gaara… Gaara ha cantado conmigo… –se dijo, llevándose una de sus manos a su pecho. Sentía que su corazón latía mucho más rápido de lo normal, porque era la primera vez que algo así le sucedía, era la primera vez que cantaba frente a una persona además de sí misma, y esa persona había sido su amado Gaara.
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Shikamaru frunció el ceño, esa mujer era demasiado autoritaria, ¿de dónde habría salido?
—No te importa quién soy yo, ¿más bien tú quien rayos eres y que haces aquí? ¿No será que eres periodista y andas buscando a Hinata?
—¿Hinata? –se preguntó la rubia algo confundida, hasta que se percató de lo que él le había dicho—. ¡¿Qué te pasa, tarado?! ¡Yo no soy ninguna periodista, yo trabajo aquí!
—Oh… ¿En serio? –cuestionó el Nara, algo desconcertado, mientras se ponía de pie perezosamente. Le extendió su mano a la chica para ayudarla, pero ella la apartó haciendo ahínco en que no necesitaba su ayuda, por lo que se incorporó sin más y completamente sola. Shikamaru ahora la observó mejor, vaya que era linda y no cualquier mujer le causaba esa impresión, debido a que no estaba muy interesado en las chicas, porque pensaba que si tenía una novia sólo haría su vida más problemática—. De todos modos, ¿quién eres?
—Ya te lo dije, trabajo aquí, mi nombre es Temari y soy la nueva consejera escolar –el chico se quedó algo impresionado, ¿una consejera tan joven y bonita? Seguro que tendría algunos problemas con los pervertidos incorregibles de sus compañeros.
—Ya veo… –volvió a extender su mano, tratando de ser cortés, ya que ella era mayor, era lo menos que podía hacer—. Soy Shikamaru Nara, es un gusto, Temari-san.
—¿Eh? –la rubia frunció el ceño mientras le estrechaba la mano, no le gustaba para nada haber sido llamada así, se sentía como una anciana, pero justo cuando iba a replicar, se apareció su hermano menor, así que soltó de inmediato la mano de Shikamaru—. Oh Gaara, por fin te encuentro.
—Vámonos, Temari –fue todo lo que dijo el frío muchacho, pasando de largo tanto a su hermana como a su compañero de clases. Todavía estaba perturbado por eso tan insólito que le había sucedido, él no solía acercarse a ninguna mujer de esa manera. ¿entonces por qué lo hizo?
Y su hermana simplemente decidió seguirle sin chistar, ya habría tiempo para hablar de nuevo con este tal Shikamaru.
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—Mañana hablaré con él nuevamente… –se dijo Hinata, dejándose caer de espalda sobre su cómoda cama. Cerró sus ojos y trató de no pensar en esa imagen, pero la sonrisa de Naruto, aquella sincera y alegre, no quería borrarse de sus recuerdos.
A pesar de lo molesto que era, de que la estaba chantajeando, realmente no podía odiarlo como quería, le parecía que ambos eran muy parecidos en cierto punto, porque ambos amaban la música y deseaban ser alguien.
Al final decidió quedarse dormida, lo mejor que ahora podía hacer era descansar y pensar en que mañana sería un nuevo día, un día mucho mejor.
Continuará…
