Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones: La canción es la misma del capi anterior, sólo que esta es la parte que sigue.
...
Una canción es más que una simple melodía, una canción es un poema, un montón de versos salidos del alma de quién la escribió, la cual puede tocar también los corazones de otros.
Capítulo 5: Cuando estoy frente a ti
Te conocía sin verte aún
¿Qué pasó?
Yo no sé, no sé qué fue
Sus voces seguían en completa armonía, disfrutando de aquel momento con alegría, sonriendo, dándose vueltas por todo el pequeño escenario, mientras la gente comenzaba a fijar su atención en ellos, en especial sobre la joven idol, que ya había sido reconocida por más de alguno de sus fans presentes, que estaban demasiado emocionados por este "concierto" tan inesperado.
Cantando dije mucho más
Y fue muy fácil (muy fácil)
Porque mi esencia viste
En ese momento, Hinata recordó cuando Naruto la había descubierto, cuando vio a través de su disfraz de niña buena y fue capaz de conocer su verdadera personalidad, no como la veían las demás personas, de esa forma superficial que nada tenía que ver con la verdadera Hinata. Naruto era tal vez la única persona en el mundo que de verdad la conocía.
Como soy, me entiendes bien
Y es más de lo que soñé
Tu voz se oyó y el ruido no
La soledad se fue
Uh, me cantas así
Una vez más se encontraron de frente en el escenario, mirándose, sonriéndose, casi como si hubiesen cantado juntos de toda la vida.
Al ritmo de la canción
Siento la conexión
Oh, eres la música en mí
Se siente bien y también se ve
Y nos trajo aquí (por qué)
Porque eres la música en mí
Y de pronto todos parecieron contagiarse con su ritmo y las voces de varios de los presentes comenzaron a oírse, haciendo un armonioso coro.
Juntos cantando al fin
Tengo el poder de decir lo que es real
Se siente genial
Lo tengo que expresar
.
Na na na na
Oh, yeah
Na na na na
Oh, yeah
Na na na na
Eres la música en mí
Na na na na
Oh, yeah
Na na na na
Oh, yeah
Na na na na
Eres la música en mí
.
Al ritmo de la canción
Siento la conexión (conexión)
Oh, eres la música en mí
Sí, se siente bien y también se ve
Y nos trajo aquí (aquí por qué)
Eres la música en mí
Oh, Yeah
Eres la música en mí
Cuando finalmente la música y la canción acabaron, parecía que ni Naruto y ni Hinata se hubiesen dado cuenta de ello, pues ambos seguían viéndose fijamente, con una sonrisa en sus rostros, hasta que la Hyûga habló.
—Cantas bien –dijo frunciendo el ceño, provocando la misma reacción en el rubio, que se mostró bastante arisco en ese momento, pero no podía evitar detallarla, Hinata era en verdad hermosa y al contrario de lo que él pensaba antes de conocerla, tenía un gran talento en el escenario, ella disfrutaba cantar y hacer brillar su voz.
—Y tú no lo haces tan mal como pensaba antes –fue todo lo que respondió, para luego bajar del escenario entre un mar de admiradores de Hinata, que planeaban arrojarse encima de ella.
—Ay no, me olvidé de ellos, que tonta soy, por dejarme llevar por la situación ahora todos me han reconocido –pensó la joven ojiperla, que definitivamente estaba en problemas graves, pues hoy no traía a nadie de su seguridad personal consigo, les había pedido expresamente que le dejaran venir sola, ahora se arrepentía de ello.
Naruto se volteó y vio el embrollo en el que estaba metida la idol, así que no le quedó más remedio que ayudar. Rodando los ojos, se encaminó hacia ella y la tomó de la mano sin nada de delicadeza, como si estuviese jalando un costal de papas, al menos de esa forma se había sentido Hinata cuando el rubio -en forma nada amable- la subió a su hombro y la llevó entre las personas sorprendidas por tal acto, algunos hasta pensaron que era un secuestro, pero eso sería ridículo en medio de tantos ojos observándole.
—Abran paso, la señorita no puede atenderles en este momento, con permiso –eran las palabras del ojiazul para apartar a todos los curiosos, hasta que finalmente logró llegar a la mesa con sus amigos.
Sakura, Ino y Karin reían por lo bajo viendo a la parejita, Gaara y Sasuke no prestaban atención por estar hablando de la canción, Shikamaru se quejaba de lo problemático que había sido todo y de un momento a otro se levantó y se fue hacia otro lugar, mientras Chouji le seguía, abriendo un paquete de papas fritas y Shino -a quién por cierto nadie había notado- siguió sentado en el mismo lugar. Kiba los miraba con el ceño fruncido y Matsuri -al igual que las otras chicas- reía levemente.
—¡Bájame, subnormal! –exclamó Hinata, dándole algunos golpes en la espalda a Naruto y un leve rodillazo en el pecho, por lo que el chico enseguida la dejó en el suelo sana y salva.
—Oye, agradece que te salvé de tus hambrientos fans, que lo único que querían era un pedacito de la famosa estrella –habló sarcástico, mientras Hinata le mostraba una pequeña sonrisa igual.
—Pues gracias, pero no te hubieras molestado –dijo enojada, sacándole la lengua. Se fue a sentar muy molesta, justo al lado de su amiga Matsuri, quien volteó a ver que el rubio tenía más o menos la misma reacción; ese par eran bastante especiales.
—No sabía que se llevasen tan bien, hasta parecen una parejita de novios –bromeó la pelirroja del grupo, riendo divertida y al oírla, los dos aludidos se sonrojaron.
—¡No somos novios! –aclararon al unísono, sorprendiéndose de su extraña y graciosa sincronía, cosa que divertía aún más a las chicas mal pensadas.
—Bueno, primo, pero piénsalo, Hinata-chan es muy linda y es hasta mejor que esta frentona que tanto te gusta –habló Ino con una enorme sonrisa, mientras los ojos de Naruto y Sakura se abrían como platos, llamando levemente la atención de cierto azabache que se volteó a verlos.
—¡Ino! –pegaron el grito los dos jóvenes, pues ese comentario por parte de Ino había sido muy imprudente, pero a ella no parecía afectarle en lo más mínimo, sólo se seguía riendo como una tonta sin sentir culpa alguna.
Hinata, por su parte, miró la reacción de Naruto, ahora sí que parecía sonrojado y avergonzado. ¿De verdad le gustaba Sakura?
—Hmp, pues a mí no me importa, lo que pase con él me tiene sin cuidado –pensó algo molesta, aunque no entendía muy bien por qué, pues no había ninguna razón para sentirse así por una persona que no le interesaba.
—Esto… Hinata-chan… –le llamó tímidamente Matsuri, quien a leguas se notaba muy incómoda por tener tan cerca al chico de sus sueños, sin siquiera atreverse a hablarle, con suerte era capaz de mirarle de reojo, la verdad era que a veces se odiaba por ser así, se suponía que quería cambiar, pero no era tan fácil como decirlo, o cantarlo—. V-voy a ir a buscar algo de beber, ya regreso –se levantó sin que nadie lo notara.
Le decepcionaba, Gaara ni siquiera la había mirado, a pesar de lo mucho que se arregló, sólo para que él la viera, era obvio que no estaba interesado en alguien tan corriente y poca cosa.
—Soy una tonta… –susurró, bajando la mirada con verdadera tristeza. A veces se preguntaba por qué sentía todo eso por una persona que con suerte conocía su existencia, pero siempre que trataba de responder a eso, o que quería no sentirlo, le resultaba inútil, era simplemente eso, estaba enamorada y no había nada que pudiera hacer al respecto, sólo vivir con la idea de que él nunca le haría caso, por mucho que intentara hacerse notar—. Gaara…
Mientras caminaba, no se fijó en que sin querer empujó a un chico, el cual derramó toda su bebida sobre su cara camisa de marca, mirando a la castaña como si hubiese cometido un pecado mortal.
—Niña estúpida, mira lo que has hecho –dijo furioso, mientras Matsuri se regañaba mentalmente por ser tan torpe, no podía volver a sucederle lo mismo de hace dos años. ¿Siempre tenía que chocar a los tipos más rufianes?
—Ay no… –pensó angustiada, más aún cuando ese sujeto, en lugar de observarla con enojo, cambió su expresión, ¿por una sonrisa?
—Que niña tan bonita –dijo acercándose a ella, mientras la joven daba varios pasos hacia atrás, tratando de alejarse, hasta que ese tipo la tomó bruscamente por la muñeca, jalándola hacia él y tapándole la boca para que no hablara—. Shh, ven conmigo, nos vamos a divertir –le susurró al oído, haciéndola temblar por completo del miedo, pues sintió su apestoso aliento a alcohol y no podía liberarse de sus fuertes brazos.
Sin más, fue arrastrada por ese tipo, sintiendo que ninguno de los ahí presentes se daban cuenta de lo que estaba pasando, porque estaban todos metidos en su propio mundo.
—Por favor, ayúdenme… –era todo lo que rogaba la joven, cerrando sus ojos con verdadero terror.
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—Mocoso estúpido, hasta piensa que no lo iba a venir a buscar, pero no me conoce, le dije que no saliera hoy y ya va a ver por desobedecerme lo que le va a pasar –mascullaba con rabia cierta joven rubia, la cual iba entrando al local en donde Gaara le había dicho que iba a estar y al cual le pidió expresamente no ir, pero al igual que él, ella era terca como una mula y cuando alguien desafiaba su autoridad, se ponía como una fiera; Gaara hacía hecho exactamente eso y ahora estaba furiosa, dispuesta a devolverlo a la casa a patadas si era necesario.
Miró para todos lados buscando una cabellera rojiza, después de todo, el tono de Gaara no era muy común, pero tampoco es que fuese único.
—Seguro que ha venido con los vagos de Sasuke y Naruto –murmuró para sí, tratando de localizar a alguno de ellos, pero nada, el hacinamiento era increíble pues el lugar era muy concurrido por los jóvenes—. Ay, rayos.
Fue entonces que divisó un extraño peinado en forma de piña, justo al lado de la barra. Si no mal recordaba, ese era un tal Shikamaru, era compañero de Gaara o algo así, seguramente él sabría dónde encontrarlo, así que sin esperar un segundo se dirigió a él.
—Deja de ser tan problemático, Chouji –reclamó un cansino Shikamaru, ya harto de ver a su amigo quejándose con el barman porque no vendían las papas fritas que él quería comer, pero el chico no le hacía el menor caso, sólo se dedicaba a amenazar al hombre que le miraba con cierto miedo—. Venga, Chouji, ya basta.
—Déjame en paz, Shikamaru, yo tengo derecho a comer mis papas –y siguió quejándose. El Nara simplemente rodó los ojos, ya harto de la situación y tomó la jarra mediana de cerveza que estaba junto a su amigo, encima de la barra, dispuesto a beberla, hasta que de pronto alguien le llamó.
—Eh tú, Shikamaru –dijo en voz tan alta, que sin quererlo asustó al pelinegro, quién se volteó rápidamente, derramándole absolutamente toda la jarra de cerveza encima de la blusa, justamente sobre sus senos, lo que sin duda enfureció a la rubia Sabaku No—. ¿P-pero qué demonios?
—Que problemático –fue todo lo que Shikamaru logró decir, antes de recibir una fuerte bofetada, que incluso distrajo a Chouji de su pelea con el barman.
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La chica miró por la ventana de la gran mansión Hyûga, pensando en todas las locuras que estaba cometiendo, sólo por dar con el paradero de esa persona tan importante para ella.
—Por favor no sigas huyendo, sólo quiero hablar contigo, no voy a hacer más que eso –se dijo con tristeza, como si estuviera hablando con ella. Nunca entendió por qué fue tan cruel y le abandonó, para que después, cuando ella la intentase buscar, se escondiera casi como si una asesina a sueldo la estuviera persiguiendo, cuando se trataba de nada más que su propia hija—. Mamá… déjame encontrarte…
Cuando cerró sus ojos chocolates, una pequeña lágrima rodó por su mejilla, sentía deseos de llorar, pero el sonido de la puerta siendo golpeada por un puño le distrajo, obligándola a secarse rápidamente las lágrimas.
—¿Quién es? –preguntó, tratando de que su voz no sonara muy quebrada, pero de igual forma se notó un poco, lo que inquietó a la persona del otro lado, pero prefirió no preguntar.
—Soy Neji, te llamaba porque mi tío dice que ya está lista la cena de las empleadas, pues bajar –y dicho esto, el castaño se dio la media vuelta, alejándose de la puerta al instante, pero realmente se sintió preocupado, ¿acaso esa chica estaba llorando? —. Hmp, no es que me interese –se trató de convencer, después de todo, ella no era más que una empleada común y corriente, sin ninguna gracia, sólo un poco bonita y ya, eso era todo.
Por su parte, Tenten se miró rápidamente al espejo, nadie se podía enterar de que estaba llorando, ella era alguien fuerte, no podía derrumbarse, aunque el mundo se estuviese cayendo frente a sus ojos.
—Tengo que aguantar, si he venido a este país y a esta casa es sólo para poder encontrarte, no daré marcha atrás –y sin más, se dirigió a la puerta, con una enorme sonrisa, aparentando que nada malo sucedía con ella, pero sólo fingía.
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Sakura charlaba animadamente con Ino y Kiba, quien a su vez trataba de hacer conversación con el serio de Shino, mientras que Naruto, Sasuke y también Suigetsu trataban de convencer a un sereno Sai de unirse a la banda y el pelirrojo miraba para todos lados con cierta inquietud, buscando a alguien que desde hace rato se había separado de ellos.
Sin decirle nada a nadie se puso de pie, además estaban todos inmiscuidos en sus propios problemas, así que nadie notó su ausencia, excepto Hinata, quien le miró irse, pues al igual que él, estaba preocupada por Matsuri.
—Bueno, es hora de ir a bailar, amor –habló de pronto Ino, jalando de la mano a su novio Kiba, quien de mala gana se levantó, mirando de reojo a la joven idol. Le molestaba que ella no le prestara la debida atención, seguro era por culpa de Ino y de que la tenía pegada todo el día, eso además de ser molesto, alejaba a la hermosa ojiperla de él.
—Sí, claro, Ino –dijo de mala gana.
Naruto observó como ellos se paraban a bailar y rápidamente tomó la mano de la peli rosa, la cual se sorprendió un poco por su accionar.
—¡Vamos a bailar, Sakura-chan! –exclamó contento. La chica miró enseguida al Uchiha, pero éste sólo la ignoró como hacía siempre, así que ella frunció el ceño.
—Ino tiene razón, no tengo por qué perder mi tiempo con alguien que no me valora, Naruto es diferente, él sí me quiere –pensó decidida, poniéndose de pie y tirando del brazo al rubio—. Vamos Naruto, bailemos –sonrió brillantemente, deslumbrando a Naruto enseguida, el cual le siguió como un títere siendo controlado.
Hinata miró el hecho con bastante molestia, no podía disimular que algo dentro de ella se revolvió al notar la cara de enamorado que tenía Naruto cuando miraba a la rosada.
—Hey, tú, vamos a bailar –dijo algo demandante, tomando la mano de la persona que tenía más cerca de sí, que en ese momento era Sasuke Uchiha. Él le miró sin entender, pero al ver como Sakura y Naruto bailaban, sentía que su sangre hervía, no sabía qué le pasaba por dentro, no alcanzaba a comprenderlo, pero era molesto.
—Vamos –fue todo lo que dijo, llevando consigo a la chica, objeto de la mayoría de las miradas masculinas alrededor de ellos.
—Bueno, ¿bailas, pelirroja? –preguntó divertido Suigetsu, mirando a la chica que sólo desvió la mirada, cruzándose de brazos y haciéndole un desprecio.
—No con lagartijas como tú, pero como sé que nadie más lo hará… –volteó a ver a Sai y a Shino, los cuales parecían felices en su universo, uno con celular en mano y el otro bebiendo una cerveza—. Creo que por esta vez aceptaré tu ofrecimiento –prosiguió, tomando la mano que el albino le extendía cortésmente. Aunque no lo demostrara, Suigetsu era todo un caballero.
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—S-suéltame… por favor… –rogaba la castaña con voz apagada, mientras ese sujeto le daba leves besos en el cuello, por suerte aún no había tocado sus labios, pero sus asquerosas manos bajaban cada vez más por su cintura. Por sus mejillas corrían las lágrimas una y otra vez, nunca pensó que esto sería así, nunca creyó que alguien intentaría abusar de ella sin que pudiera defenderse.
—Calla, bonita, no te quejes tanto que te va a gustar, además me la debes por lo que me hiciste –le murmuró al oído, tomándola del mentón mientras se dirigía lentamente a sus labios.
Matsuri cerró sus ojos, su corazón estaba agitado por el miedo que sentía, porque ese sujeto estaba a punto de besarla y ella no quería que su primer beso fuese de esta manera, no podría soportarlo.
—¡No! –exclamó tan alto como pudo, sacando fuerzas de donde no tenía para empujarlo y alejarlo de ella, era simplemente repugnante tenerlo cerca, saber lo que quería hacer con ella, obligándola—. ¡No me toques! ¡No vuelvas a tocarme! –volvió a gritar, rogando porque alguien la escuchara y viniera en su ayuda, sabía que era una inútil por no poder hacerlo ella misma, pero ¿cómo enfrentarse a alguien con mucha más fuerza?
—¡Deja de resistirte, mocosa estúpida! –gritó el tipo colérico, arrojándose una vez más sobre la chica para tratar de besarla a la fuerza, haciendo que se golpeara contra la pared del solitario baño de hombres. Ella cerró sus ojos y lloró, lloró con miedo, rabia e impotencia, sintiendo que estaba perdida, hasta que de pronto se oyó un golpe seco contra el suelo.
Cuando abrió los ojos tuvo que pestañear varias veces, porque ahí, frente a ella, se encontraba su amado Gaara, y unos metros más adelante el chico que había tratado de forzarla estaba en el suelo, con el labio roto y mirando al pelirrojo con verdadero odio.
—¡¿Quién demonios eres y quién te crees para interrumpir?! –gritó el chico poniéndose de pie, mientras observaba la expresión mezclada de tristeza y alivio que tenía la castaña, la cual aún no paraba de llorar, a pesar de verse liberada de él.
—Hijo de puta, nunca te perdonaré –dijo Gaara, con la cara más aterradora que había mostrado jamás, causando escalofríos de pronto en ese sujeto, que retrocedió dos pasos, hasta encontrar su espalda con una pared.
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—Escucha, lo que pasó fue sin intención, no tenías para qué pegarme, ni mucho menos decir que soy un pervertido –dijo Shikamaru sobándose el rostro. Él y Temari estaban ya afuera del local, puesto que la rubia necesitaba limpiarse y él trataba de aclarar el malentendido, ya que Temari le gritó que era un mocoso pervertido por mojarla en donde lo hizo.
—Sí, puede que fuese un accidente, pero aun así me molestó –dijo ya más calmada, secándose la blusa con una servilleta, pues era todo lo que tenía—. De todos modos, yo también lo siento, creo que el golpe fue demasiado.
—Y que lo digas –murmuró el Nara para sí, volviendo a sobarse la mejilla, la cual le había quedado roja tras el golpe de la chica—. Vaya que golpea fuerte, a la hora que me casara con una mujer así, me mata… pff, se parece a mamá –entornó los ojos.
Temari le miró de reojo en ese momento, el mocoso no estaba nada mal, aunque sí era algunos años menor que ella, vamos, que era compañero de clases de su hermano menor, ¿qué le estaba mirando entonces?
—Oye, Shikamaru –lo llamó por su nombre, después de todo, no sería educado de su parte decirle "Shikamaru-kun" o "mocoso". El nombrado la quedó mirando, esperando a saber qué iba a decirle—. Tú… ¿Has visto a mi hermano Gaara?
Por un momento, se formó un tenso silencio, en el cual los dos jóvenes no hacían más que mirarse fijamente, a pesar de los dos metros de distancia que los separaban. El viento estaba helado, hizo que Temari se abrazara a sí misma, después de todo tenía su ropa mojada.
—Gaara está… –justo cuando Shikamaru iba a responder, se escuchó un fuerte grito desde el interior del local, el cual llamó la atención de ambos.
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—¡Te voy a matar! –gritó el pelirrojo, propinando otro golpe en el rostro de ese sujeto, el cual cayó sobre una de las mesas, tirando todo lo que estaba sobre ella y rompiéndolo contra el suelo, para luego hacer una maniobra con sus manos, agarrándose del borde de la mesa para quedar de pie. Apenas eso sucedió, se lanzó contra Gaara, dándole una patada en el costado, a la altura de las costillas.
El pelirrojo cayó de rodillas, aquel golpe había sido realmente fuerte y su estado no era el mejor de todos, pues al igual que el otro sujeto, estaba sangrando del labio, tenía un corte donde debía estar su ceja y, además, un moratón en la frente. Había salvado de milagro a sus dos manos de sufrir una lesión, pero en ese momento, eso era lo que menos le preocupaba.
—Maldito… –susurró, llevándose una mano a la zona afectada. Volteó levemente cuando escuchó una suave voz, que le pedía que se detuviera. Vio a Matsuri llorando detrás de él y no sabía por qué, pero le dolió, le lastimaba verla sufrir de esa manera, era por eso que golpeaba a ese tipo. No quiso hacerles caso a las súplicas de la castaña y se puso de pie, arremetiendo nuevamente contra el sujeto—. ¡Vas a pagar lo que hiciste, imbécil! –estaba prácticamente fuera de sí, sentía como el deseo de venganza corría por sus venas, alimentándose aún más con el odio que lo carcomía.
—¡Gaara! –escuchó el grito de Naruto, quien le tomó con ambas manos por debajo de sus brazos, impidiendo que se moviera, al mismo tiempo que Sasuke repetía lo mismo con el otro sujeto. Todos sus amigos se reunieron en el lugar, sorprendidos por lo que estaba pasando, al igual que el resto de los presentes—. ¡¿Gaara, que demonios te sucede?! –inquirió el rubio enojado, no podía entender que Gaara se pusiera a pelear de esa manera justo cuando estaban por tener una importante presentación, más cuando él era siempre tan sereno.
—¡Suéltame, Naruto, voy a matarlo!
—¿Qué pasó aquí? –preguntó esta vez el azabache, deteniendo con toda su fuerza al sujeto que intentaba liberarse para volver a atacar al pelirrojo.
—¡Gaara, cálmate! ¡¿Qué te hizo ese tipo?! –le gritó Naruto, pero Gaara no pretendía hacerle caso, estaba fuera de control, cegado por la ira.
—¡No me voy a calmar, ese bastardo trató de violar a Matsuri!
En el instante en que dijo esas palabras, Naruto le soltó, sorprendido por lo que acababa de oír. Gaara parecía un poco más tranquilo, pero aún no se calmaba por completo, mucho menos cuando veía el rostro de angustia de la dulce Matsuri.
—¡Matsuri-chan! –Hinata corrió como un rayo hacia la chica, abrazándola protectoramente, mientras la castaña sólo lloraba en su regazo.
Los demás presentes vieron como de pronto el Uchiha -con la mirada ensombrecida- soltaba al tipo que trataba de contener, sólo para que segundos después le pudiera incrustar su puño en la cara con toda su fuerza, arrojándolo al suelo, de donde Naruto lo levantó, halándolo del cuello de la camisa, para después volver a golpearlo con aún más fuerza.
—Eso es lo que mereces por intentar abusar de una mujer, y más si se trata de una amiga mía –su voz sonó realmente amenazante, tanto que el chico sintió nuevamente miedo, como cuando Gaara lo había amenazado.
Por otro lado, Matsuri le miró con cierta sorpresa, él acababa de decir que ella era su amiga. Se sentía afortunada, ellos tres, incluso Uchiha Sasuke, quien jamás en su vida la había volteado a ver, la habían defendido de una manera increíble, ahora quería llorar aún más, pero por el alivio que le llenaba al saber que no estaba sola como pensaba.
—Lo más bajo que existe es un hombre tratando de abusar de una mujer –esta vez quien habló fue Kiba, el cual miró despectivamente a ese chico que ya comenzaba a cabrearse con que todos estuviesen en su contra.
—¡Gaara! –la voz de Temari cortó el silencio tenso. La rubia se desesperó al ver a su hermano menor herido, así que corrió a auxiliarlo, arrodillándose junto a él—. Gaara, ¿qué pasó?
—¡Es la policía, viene la policía! –gritó alguien entre la multitud de espectadores. Temari volteó a ver a su hermano una vez más, quien afectado por todos los golpes que había recibido, se desmayó sobre su hombro.
—Gaara… –articuló sorprendida—. ¡Gaara!
—¡Gaara! – exclamaron todos los demás, corriendo hacia el pelirrojo.
Matsuri sintió como algo dentro de ella la golpeaba con fuerza, en el instante justo en que le vio caer a Gaara desmayado, así que como todos los demás corrió hacia él con desesperación.
La policía se apareció entonces, tomando al que los asistentes señalaron como el culpable de todo y fijando su vista en el joven desmayado.
—¡Esto se termina de inmediato! –vociferó uno de los oficiales con autoridad, llamando al silencio de todos los presentes, mientras otro de ellos detenía al aludido culpable.
—Gaara… despierta por favor… –rogó la castaña, clavando su mirada sólo en el chico, sin siquiera importarle que la policía estaba ahí, para ella lo único importante era saber que él estaba bien, nada más que eso.
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Miró aquella magnífica guitarra con cierta nostalgia, desde hace diez años que no la tocaba, simplemente la admiraba en silencio. De no haber sido por esa lesión, posiblemente aún seguiría en su banda, se habrían hecho famosos como siempre soñó y no sería ahora un mal pagado profesor de matemáticas.
—¿Removiendo el pasado? –escuchó una voz algo burlona detrás de él. Se llevó ambas manos a los bolsillos, soltando un bufido.
—No es que sea un aficionado a recordar viejos tiempos, pero cada vez que la miro me acuerdo de esos momentos –respondió, volviendo a fijar su vista en aquella guitarra platinada, tan hermosa y que, sin duda, provocaba un sonido que le calaba los huesos.
—Y que lo digas, fueron los mejores de nuestras vidas, ¿o no, Kakashi? –preguntó la mujer de alborotados cabellos negros con tonos en violeta, emitiendo una sonrisa un tanto arrogante. El mencionado se volteó, observando a esa amiga que no veía desde hace un montón de tiempo, se había perdido en el sendero de la vida -así como decía él-, pero hoy, justo en esta reunión de ex alumnos, se reencontraban.
—Ha pasado mucho tiempo, ¿no es así, Anko?
—Eso veo, me han contado que te dedicas ahora a ser profesor, enhorabuena.
—Tiene sus altas y bajas, pero es divertido, además, si yo no pude cumplir mi sueño, puedo hacer que alguien más lo haga –dijo riendo, con aquella extraña sonrisa que se escondía siempre detrás de su tapabocas.
La guitarra ahora era una especie de trofeo detrás de una vitrina en la escuela, todos podían observarla al pasar, pero nunca nadie se detenía a preguntarse quién era el que solía tocarla, pensaban que era un adorno más, pero no era así.
—Oye, Kurenai y Asuma están aquí, quieren hablar contigo –dijo Anko, a lo que Kakashi asintió con la cabeza. Ella le dio la espalda y por un par de segundos él se le quedó viendo fijamente, se notaba que aún seguía siendo temperamental, pero ya no era la niña que solía ser, eso estaba más que claro, había cambiado mucho.
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La cabeza le dolía como nunca, apenas podía ver el lugar en donde se encontraba, pues todo le daba vueltas. Trató de levantarse, pero fue inútil, apenas y podía moverse, al menos durante los primeros segundos. De pronto escuchó el sonido de unos gritos.
—¡Se supone que debes cuidarlo, tú eres la mayor! –se escuchó la voz furiosa de un hombre, la cual él sabía perfectamente a quién pertenecía—. ¡Trabajo todo el día para darles lo mejor, lo mínimo que pido de ustedes es un poco de respeto!
—¡¿Acaso crees que soy su maldita niñera? ¡Hago todo lo que puedo, pero Gaara no me respeta!
Aquello era típico, siempre que se buscaba algún problema la que terminaba regañada era Temari, su padre pensaba que aún era un niño, que todo lo que hacía era por llamar la atención, pero no era así, lo único que deseaba era vivir sin que nadie le estuviera estorbando, no quería que su padre siguiera creyendo que todo lo que él anhelaba eran estupideces, que debía ser como él; un importante político.
—Maldita sea… –se dijo con enfado, logrando por fin sentarse en la cama, para llevarse una mano a su cabeza, aún dolía demasiado. Vio como la puerta de su cuarto se abría, dejando entrar a su hermano mayor, por sólo un año. Frunció levemente el ceño—. ¿Qué quieres, Kankuro?
El chico de cabello y ojos castaños, le miró con reproche, aun oyéndose los gritos de la mayor y de su padre también, desde la sala.
—Papá se enfadó mucho cuando te vio llegar desmayado y golpeado, te aviso que tienes castigo por un mes –respondió Kankuro de brazos cruzados.
Gaara bufó.
—No me digas, me importan una mierda sus castigos –dijo mirando hacia un costado, orgulloso igual que su progenitor, así era como lo definían sus hermanos mayores, a pesar de ser el menor, el que supuestamente más debía ser protegido, a Gaara le gustaba valerse por sí mismo, ser autoritario y estar siempre solo, no quería que nadie velara por él, estaba cansado de que le trataran como a un niño consentido. Esa actitud, incluso con lo mucho que él odiaba que se lo dijeran, le hacía ser igual a su padre, Rasa.
—Gaara, ¿por qué te has puesto a pelear? –interrogó sin rodeos su hermano mayor, pero obtuvo sólo una mirada de ira por parte del pelirrojo.
—No te incumbe –respondió sin más, tirándose a la cama de espaldas y cubriendo su rostro con la almohada—. Vete, déjame solo.
Kankuro suspiró, supuso que era inútil seguir preguntando, así que lo mejor que podía hacer ahora era dejarlo solo, ya se le pasaría la rabieta y entonces todo volvería a estar como siempre.
Gaara, por su parte, se sentía muy mal, ya no tanto por el dolor físico, sino que -a pesar de lo mucho que le costaba admitirlo- estaba preocupado, quería saber qué había sucedido con ella, quería saber si Matsuri estaba bien.
Y después de eso se ponía a pensar en la forma en la que había actuado, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué reaccionó de esa manera?
Era cierto, cualquier persona habría defendido a una chica al ver que alguien trataba de hacerle daño, pero lo que él sintió en ese momento había sido odio puro, deseos de venganza, no podía perdonar al sujeto que trató de abusar de Matsuri y por un instante le quiso ver muerto. ¿Eso era algo normal? No estaba seguro, pero algo muy extraño le estaba sucediendo, desde que había comenzado a hablar con ella, algo que no entendía.
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Hinata soltó un suspiro al llegar al fin a su cama. Nunca pensó que aquella noche terminaría de esa manera, con la policía rodeándole y la pobre de su amiga a punto de ser abusada por un asqueroso tipo, al cual se habían llevado detenido. Aunque sin duda lo peor era que estaba segura de haber sentido el flash de una cámara sobre sus ojos. ¿Qué pasaba si había algún paparazzi y el día de mañana salían fotos de ella en medio de ese escándalo? ¿Qué diría la prensa de ella?
—Demonios –se dijo con rabia. Estaba muy enojada, se suponía que iría a pasar un momento agradable con sus nuevos compañeros, pero ahí estaba el odioso de Uzumaki que se la había pasado molestándola, incluso le hizo cantar con él.
Pero había algo en todo esto que no podía negar, de verdad había sido divertido realizar el dúo con Naruto, no era porque él cantara bien o mal, sino porque cuando ambos entonaron juntos aquella melodía, había sentido una conexión tan extraña, tan intensa, que le hacía pensar que sufría de alguna enfermedad, pues de sólo recordarlo su rostro tomaba un leve tono carmesí.
—Será mejor que deje de pensar en todo aquello, mañana tengo cosas importantes que hacer –era verdad, acababa de recordar que el día de mañana tendría un ensayo muy importante. Por el momento, no tendría giras debido a sus clases, pero dentro de un mes habría un importante festival al cual asistirían muchas estrellas emergentes y también experimentadas, Hinata estaría ahí como la estrella revelación, estaba segura de que brillaría como siempre y para ello debía dedicar muchas horas al ensayo, quería que todo saliera perfecto. Lamentaba mucho no haberse podido quedar con Matsuri como habían planeado, pero después de todo lo ocurrido, su amiga decidió irse a su casa.
Y así, con esos pensamientos se acostó, quedando profundamente dormida.
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—¿Entonces él está bien? –preguntó la chica, aún con su semblante de preocupación en el rostro. No podía negarlo, se moría de la inquietud por saber qué había pasado, tenía mucho miedo de que por su culpa Gaara pudiera encontrarse mal, por eso había pedido el número de su casa a Naruto y después de debatirse por al menos una hora, había decidido llamar para preguntar.
Cuando la hermana de Gaara le respondió que todo estaba bien, se sintió mucho más aliviada y colgó. No sabía si sentirse triste o feliz, por un lado, aquella experiencia vivida con el tipo había sido traumatizante y estaba segura de que no la olvidaría en mucho tiempo, pero por el otro, él, precisamente él la había defendido de esa increíble manera, ese chico que tanto amaba, que le robaba hasta el sueño.
—Gaara… –susurró con una pequeña sonrisa. Ya se había bañado, quería quitarse cuanto antes la sensación que ese sujeto le había dejado, por eso ahora ya estaba lista para dormir, estaba muy cansada después de todo lo que había sucedido.
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Era día sábado, aproximadamente las tres de la tarde y se encontraban los tres en casa del pelirrojo.
—¿Entonces estás bien para lo de mañana? –le preguntó Naruto, a lo que Gaara asintió sin dar una respuesta más clara, era todo lo que se podía esperar de él. Por su parte, Naruto sonrió con gracia—. A todo esto, que buena golpiza le pusiste al tipejo.
—Es verdad, y bien merecido se lo tenía –opinó Sasuke, que hasta ese momento se había mantenido en silencio. Gaara los miró, pero no dijo nada, lo que le dio alas al rubio para continuar y lanzar una broma que no fue bien recibida por su amigo.
—¡Esa es la forma de defender a tu chica!
El ceño del pelirrojo se frunció, mirando a su amigo como si lo fuese a asesinar.
—¿De qué demonios estás hablando? Ella no es mi chica –negó rotundamente, logrando simplemente que Naruto le mirara con duda, avivando sus deseos por molestarlo.
—¿Ah no? Pero te gusta –aseguró cruzándose de brazos, a lo que Gaara no dijo nada, sólo se dedicó a mirar un punto inexistente en la pared, como si lo que había dicho Naruto no tuviera la menor importancia, lo que al rubio le pareció una afirmación—. ¿Ves? Ni siquiera lo niegas. ¡Te gusta Matsuri-chan! –exclamó apuntándolo con el dedo.
—Cállate, te voy a golpear, Naruto –amenazó Gaara algo cabreado. Sasuke carraspeó su garganta para hacerles callar y así acabar un poco con la tensión del ambiente, sin embargo, también se había dado cuenta de que Gaara nunca negó la afirmación del rubio, sólo se hizo el desentendido y como bien dicen, el silencio otorga.
—Chicos, déjense de estupideces, tenemos que pensar en la presentación de mañana, aún no tenemos baterista y no hemos decidido qué vamos a tocar –dijo Sasuke, tomando asiento en una de las sillas de la habitación de su amigo.
Naruto se sentó sobre la otra, golpeando el piso con uno de sus pies mientras se cruzaba de brazos, mostrándose realmente preocupado. De pronto los tres se habían quedado en completo silencio, pensando en lo que iban a hacer. Definitivamente no podían echar esta oportunidad a la basura, pero tampoco podían hacer una presentación mediocre, se suponía que si querían triunfar, debían hacerlo a lo grande.
¿Entonces qué hacer?
—¿Y si le pedimos a Suigetsu? –opinó Naruto esperanzado, sin embargo, bajó la cabeza con resignación al ver que Sasuke negaba.
—Tiene una presentación con su banda ese día, además no podemos pedirle que esté con ellos y con nosotros al mismo tiempo, eso sería demasiado.
—Lo único que nos queda es hablar con Sai –dijo Gaara. Los tres se miraron entre ellos, para luego suspirar rendidos, si no era Sai estaba fritos—. Tú tienes su número, ¿no, Naruto?
—Sí, toma –respondió el rubio arrojándole el celular, rogando internamente porque el pelinegro aceptara, realmente le necesitaban.
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Ino y Sakura se encontraban de compras en el centro comercial, las dos llevaban un montón de bolsas en sus manos, luciendo teñidas juveniles muy bonitas. Varios chicos se les quedaban viendo por el camino, deslumbrados.
—Mira allí, es nuestra compañera Hinata –dijo la rubia señalando hacia un televisor, en donde pasaban un video musical de la joven idol, en el cual aparecía vestida con un traje blanco, lucía bastante mona.
—Sí que es popular, ¿no te parece? Me gustaría ser como ella –opinó la chica rosada, soltando una pequeña sonrisa al imaginar cómo sería tener toda esa popularidad que rodeaba a Hinata. Ella no se quejaba de su vida, con padres atentos que la consentían en todo, ser una de las mejores alumnas en la escuela y bastante popular, pero no siempre se tiene todo lo que se quiere. Desde pequeña había deseado la atención de Sasuke, que éste la mirara, aunque fuese sólo un momento, pero nada de eso sucedía.
Al pasar por afuera de una peluquería, se miró reflejada en la vitrina. Observó su cabello, estaba largo, porque a Sasuke le gustaban las chicas con cabello largo, eso había escuchado una vez y desde entonces día a día se había dejado crecer el cabello, cuidándolo para que estuviera hermoso y así Sasuke la mirara más que a las demás, pero eso nunca funcionó, para él no era más que un cero a la izquierda.
—¿Sakura? –la llamó su amiga Ino algo confundida, ya que la peli rosa se había quedado callada, de pie frente a la peluquería.
De un momento a otro Sakura sonrió, mirando a Ino.
—Ino, espérame, creo que pasaré a la peluquería, ya vuelvo –avisó sin más, dejando a su amiga algo sorprendida, más que nada por haber tomado esa decisión tan de repente, así que sin preguntar nada la siguió hacia el interior.
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Neji estaba saliendo de su casa, vistiendo como todo un guardaespaldas, con aquellos anteojos oscuros que ocultaban sus ojos claros y su perfecto traje bien puesto. Se dirigía al lugar en donde su prima estaba ensayando, no había podido salir antes por tener otros asuntos que atender, pero ya desocupado debía velar personalmente por la seguridad de Hinata.
—¡Esperen ahí! –escuchó una escandalosa voz femenina. Se volteó con disgusto, para encontrarse a la dueña de aquella voz, siendo "paseada" por los perros de la casa, cuando debería ser al revés. Entornó los ojos y le pareció un poco gracioso, esa chica casi era arrastrada por los perros.
—Cielos –soltó un suspiro, caminando hacia ellos para pararse en frente. Con sólo una mirada los animales se detuvieron de golpe, dejando por fin descansar a la castaña—. Si vas a pasear a los perros, procura tú llevarlos, no que ellos te lleven a ti.
—Gracias, señor, pero no se hubiera molestado –dijo Tenten de mala gana, la verdad no podía entender esa actitud tan arrogante en ese chico, de momentos se comportaba como un mayordomo y al otro parecía al auténtico jefe. Tenten podía perfectamente no dejarse ordenar por él, en realidad, no tenía por qué ser una empleada, pero no aceptaría la ayuda del señor Hyûga sin retribuirle algo a cambio y como no tenía dinero, no encontró una forma mejor que trabajar para él.
Neji la miró en silencio por varios segundos. Había recordado que la noche anterior la había oído llorar, pero ahora ella parecía tan fuerte y segura de sí misma, esa chica realmente lo desconcertaba.
—No tienes para qué llamarme señor, no soy un anciano –fue todo lo que dijo antes de darle la espalda y alejarse de ella, montándose en su auto negro.
Tenten sólo le observó partir en silencio, pero una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
—Qué tipo tan raro –susurró, sin saber por qué se sentía feliz de pronto.
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Hinata se sentó a beber un poco de agua. Había estado bailando durante bastante tiempo, aprendiendo las coreografías para sus canciones junto a los bailarines. Estaba agotada, los ensayos siempre eran así de fuertes.
—¿Estás bien, Hinata? –le preguntó su representante Kurenai, ex alumna del instituto en donde ahora estudiaba la Hyûga, de hecho, había sido ella quien se lo recomendó al padre de Hinata, le había dicho que ahí no tendría problemas para terminar sus estudios, porque eran muy discretos.
—Sí, Kurenai-sensei, sólo estoy algo cansada, pero puedo seguir –respondió con su sonrisa amable, se notaba que hoy estaba de muy buen humor. No es que le agradara ser una niña caprichosa todo el tiempo, pero necesitaba descansar después de fingir tanto que era una chica buena, a veces quería gritar a los cuatro vientos, dejar de lado esa máscara que tanto la perturbaba.
—Finalmente tus amigos vendrán mañana, ¿no es así? –comenzó a hablar la representante, sentándose junto a ella—. Dime una cosa, ¿qué tan buenos son?
—La verdad es que bastante, a pesar de que su estilo difiere mucho con el mío –Hinata guardó silencio por unos momentos, mientras recordaba la potente voz de Gaara, la forma en que Sasuke tocaba el bajo y la maestría de Naruto con la guitarra, sin contar con la increíble participación de Sai en la batería, sin duda ellos podían hacerse muy famosos—. Pero creo que será toda una experiencia que los conozcas, sensei –terminó sonriendo.
—Eso espero, de verdad sería grandioso para mí representar a una banda de chicos guapos –bromeó Kurenai, imaginando aquello con gracia; cuatro chicos extremadamente populares, siendo deseados por todas las jovencitas de su edad, vendiendo discos a montones.
—Kurenai-sensei, veo que piensas mucho en el dinero –opinó la ojiperla, pero no le dio mucha importancia a ello, no sabía por qué, pero de verdad les deseaba éxito a esos chicos, en el fondo eran buenas personas y su sueño era tan válido como el que ella tenía y estaba cumpliendo, no había nada de malo en ayudarles si estaba a su alcance.
En ese instante miró hacia la entrada, ya que uno de los guardias acababa de pasar, trayendo a una chica castaña a su lado, la cual miraba todo el lugar fascinada.
—¡Por aquí, Matsuri-chan! –la llamó Hinata. Después del terrible incidente de anoche, no sabía cómo levantarle el ánimo, así que decidió invitarla a su ensayo, tal vez así se alegraría un poco y al parecer lo había conseguido, pues Matsuri sonreía con alegría.
—Hola, Hinata-chan, vaya, este lugar es increíble –dijo la chica emocionada al llegar al lado de su amiga. Hizo una leve reverencia para saludar a Kurenai y ésta le respondió con un gesto de mano.
—Kurenai-sensei, ella es Matsuri-chan, es mi compañera de clases y amiga –la presentó Hinata con una sonrisa—. Ella es toda una artista, toca el piano y además canta.
—Y-yo no soy ninguna artista, Hinata-chan –dijo la joven ruborizada. Hinata sólo le sonrió, ella de verdad lo pensaba, creía firmemente que Matsuri podría ser grande si se lo proponía, así como lo habían hecho Naruto y su grupo, pero aún había cosas que le impedían decidirse por su sueño, por eso ella no la presionaba, esperaba a que ella lo hiciera por sí misma.
—Es un gusto conocerte, Matsuri, cuando quieras puedes venir a visitarnos –le dijo amablemente Kurenai, a lo que la castaña asintió con la cabeza.
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Ino miró a su amiga sin saber qué expresión poner, al observar la cara de Sakura, se podía dar cuenta de que ella no estaba precisamente feliz con el cambio, parecía estar sufriendo de nostalgia, seguramente extrañaría su larga cabellera rosada, pero la verdad, se veía mucho mejor con el cabello corto, hasta los hombros.
—¿Por qué lo hiciste, Sakura? –le preguntó la rubia, sintiendo la tristeza que guardaba Sakura, la cual bajó la mirada.
—Porque a Sasuke-kun le gustan las chicas con cabello largo –respondió, levantando la cabeza para emitir una sonrisa falsa. Ino entendió todo perfectamente con esa frase, lo que hacía Sakura era simple; renunciar para siempre a Sasuke Uchiha. Sabía que le había dolido, era obvio, pues estaba enamorada de él, pero tarde o temprano esto debía pasar, ella tenía que darse cuenta de que ese chico nunca le haría caso.
—Sakura, bien hecho –dijo Ino abrazándola, tratando de darle ánimos, esta era la mejor decisión que Sakura pudo tomar.
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Después de muchas cosas, el día domingo finalmente había llegado. Naruto salió de su casa sin avisar a nadie. Gaara -como estaba castigado- se salió por la ventana, mientras que Sasuke simplemente dijo que se largaría por un rato. Los tres se reunieron en el parque, trayendo consigo sus instrumentos, pues jamás tocaban sin ellos.
—¿Sai vendrá? –preguntó Naruto, pues sin duda era muy importante que el chico apareciera, mas la respuesta del pelirrojo -que era quién habló con él- fue simplemente la de bajar los hombros, haciendo alusión a que no sabía.
Sasuke se sentó en silencio y Gaara lo imitó, mientras que Naruto daba patadas al suelo con impaciencia, haciéndose cada vez más molesto hasta el punto de cansar a sus dos amigos. A veces se preguntaban cómo podían juntarse con alguien tan escandaloso como Naruto, pero no había respuestas para eso.
Cuando el azabache estaba a punto de replicar, notaron como una limusina negra se detenía cerca de ellos. El rubio fue el primero en acercarse, la reconoció de inmediato porque era la misma que casi lo había atropellado el día en que conoció a Hinata.
—¿Ya están todos? –le preguntó la Hyûga al bajar el vidrio. Naruto la miró algo decepcionado, pero asintió con la cabeza.
—Supongo que sí, ¿podemos irnos ya? Si mi padre descubre que me fui me castigará, lamentablemente es un pesado –dijo con cierta desesperación, a lo que la Hyûga asintió con la cabeza, echando un vistazo a sus dos amigos.
—¿Sai-san no vendrá?
—Al parecer no, tendremos que hacerlo sin él –respondió el rubio. Al mirarlo, Hinata se dio cuenta de que era eso lo que le preocupaba, era realmente lamentable, pues sin baterista no sonarían tan bien, pero no había nada que se pudiera hacer al respecto. Naruto se volteó, estaba por llamar a sus amigos para informarles que ya partirían, cuando notó como cierto pelinegro se acercaba—. Es Sai…
—Siento llegar tarde –se disculpó el joven ante Sasuke y Gaara, quienes se miraron entre sí y sonrieron quedamente.
—No importa, sólo vámonos que nos esperan –dijo Sasuke, levantando su bajo y poniéndoselo al hombro con la correa del estuche. Gaara hizo lo mismo con su guitarra y los tres se acercaron a la limusina, sin embargo, se sorprendieron al ver a Hinata Hyûga dentro de ella, pues Naruto no les había comentado todo con lujo de detalles.
El rubio miró a Sai con una enorme sonrisa, a pesar de que no se lo había preguntado directamente, estaba seguro de una cosa, y esa era que ya tenían nuevo baterista en la banda.
—¡Bien, es hora de partir! –exclamó emocionado.
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Cuando vieron aquel increíble lugar, sonrieron fascinados, con la idea de que algún día ellos también alcanzarían todo eso, sin duda era lo que querían.
Les hicieron esperar dentro de una sala, Hinata les dijo que enseguida vendría su manager para oírlos, pero cuando salió el rubio fue detrás de ella, alcanzándola a la mitad del pasillo.
—Espera, Hinata –la llamó, a lo que la chica se volteó -como siempre- de mala gana.
—¿Qué quieres? –preguntó con aspereza, no entendía por qué, pero siempre que estaba frente a Naruto era incapaz de fingir, se sentía nerviosa de sólo imaginar cómo sería que él la viera como esa chica falsa que era ante todos los demás, siempre que veía a Naruto a los ojos, su corazón comenzaba a bombear más rápido y los colores subían a su rostro, ¿qué era eso?
—Sólo quería devolverte esto –respondió el chico con su brillante sonrisa, entregándole en las manos a la chica esa pequeña cinta en donde estaba grabada su voz. Hinata le miró con sorpresa.
—¿Por qué me la entregas? Aún no se han presentado –dijo dudosa. La verdad era que ya hasta se había olvidado de aquella grabación, pero le parecía muy extraño que él se la entregara así de fácil, después de haberla chantajeado por esto.
—Te dije que te la daría sin importar el resultado, no quiero tenerla porque ya estoy aquí, es toda tuya, destrúyela si quieres.
Hinata lo siguió mirando, sus ojos perlados se perdieron por un pequeño instante en la figura de ese chico, nunca antes había conocido a una persona que le causara esas sensaciones, esa rabia, alegría y confusión, todo junto y demasiado mezclado para su gusto.
—Naruto –lo llamó, cuanto éste ya se había dado la vuelta para regresar a la sala, pero se detuvo al oírla, su voz había sonado tan suave y dulce, además no recordaba haberla oído decir su nombre antes, siempre se dirigía a él despectivamente, esta vez había sonado tan diferente—. Gracias… y suerte –terminó la chica, sonriendo sinceramente, cosa que por un breve momento desarmó al rubio.
Estaba acostumbrado a ver esa sonrisa en su rostro, dirigida a las demás personas, pero nunca antes la había sentido como un golpe en pleno corazón, mientras mil mariposas revoloteaban en su estómago.
Hinata Hyûga lo desconcertaba, a veces pensaba que detrás de su fachada de ángel se escondía un demonio, pero otras, sólo podía ver a una joven dulce y frágil; hermosa, que pedía un poco de su comprensión. Existían en ella dos polos opuestos, que a su vez la complementaban, dándole la sensación de que nunca en su vida conocería a alguien como ella.
—Gracias a ti –respondió finalmente, después de haber estado varios segundos en silencio. Sentía una enorme necesidad de saber quién era realmente ella, una famosa idol capaz de hipnotizar a todos con su adorable voz, o una dulce jovencita que necesitaba -igual que todos- un poco de afecto, de verdad deseaba descubrirlo.
—¿Por qué será… que cuando estoy frente a ti me siento de esta manera? –se cuestionó a sí mismo, sin atreverse a preguntárselo a ella directamente.
Continuará…
