Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones:

Away – Breaking Benjamins (por Gaara y el grupo)

Believe – Nami Tamaki (por Shion)

...

La música expresa todo lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio.

Capítulo 6: Avanzando

Sasuke miró al serio y callado Sai, el cual leía la libreta de notas con atención, buscando la manera de seguir en la batería las melodías que ellos iban a tocar. Naruto y Gaara estaban montando sus instrumentos, no habían traído una batería, pero en el estudio había una, así que no había nada más de qué preocuparse, sólo tenían que tocar y disfrutar.

—¿Puedes hacerlo? –preguntó el azabache, algo dudoso, pero luego de un par de segundos, el chico pálido asintió con la cabeza, con seguridad.

—No es nada, los seguiré con facilidad –aseguró. Sasuke asintió con la cabeza y tomó su bajo, dispuesto a dar una increíble presentación.

Entre tanto, la manager les observaba desde el otro lado de un vidrio, con unos grandes audífonos en sus oídos, al igual que Hinata y el muchacho que controlaba el sonido. La mujer les hizo un gesto de aprobación cuando vio que ya estaban listos y los chicos se miraron entre ellos, asintiendo, para comenzar a tocar.

El sonido era potente pero controlado, las guitarras sonaban juntas de manera perfecta, siendo complementadas por el bajo y los toques de la batería; todos en perfecta sincronía.

Gaara se paró firme frente al micrófono, con sus ojos cerrados y sin despegar las manos de las cuerdas de la guitarra.

Cold am I

I'm beside myself

Because there's no one else

Have I grown

So blind

Only god could save you

If you knew your way to the light

Los sonidos se volvieron un poco más profundos, dando paso a la siguiente parte de la canción, en donde el pelirrojo abrió sus ojos, dejando ver su color aguamarina, al mismo tiempo que Naruto sonreía y sus dedos parecían tener vida propia.

So, fly away

And leave it behind

Just stay awake

There's nowhere to hide

Antes del coro, todos los chicos se mostraron con más energías y lo dieron todo.

I see you

Cause you won't get out of my way

I hear you

Cause you won't quit screaming my name

I feel you

Cause you won't stop touching my skin

I need you

They're coming to take you away

Kurenai sonrió levemente, imaginándolos en un verdadero concierto con cientos de personas, que sólo estuvieran ahí para verlos. No podía negar que, para no ser profesionales, tenían un gran sentido interpretativo y un muy buen estilo visual, que claro, ella se encargaría de mejorar aún más, para que esos niños se volvieran tan populares como su actual estrella.

Mientras ellos seguían con la música, se acercó una persona un tanto confusa, era Matsuri, Hinata le había invitado nuevamente a venir, pero la castaña no tenía ni la menor idea de quienes estarían hoy en el estudio, por lo que se llevó una gran impresión al ver al grupo de Gaara tocando con tanas energías.

—G-Gaara… –susurró, con sus mejillas teñidas de rojo y el corazón bombeándole como loco. No estaba preparada para verle tan pronto, seguramente se desmayaría si se paraba en frente de él una vez más, sin embargo, tenía muchas granas de darle las gracias por lo que él había hecho en la fiesta, por defenderla de esa manera.

—Oh, Matsuri-chan, al fin llegas –le saludó Hinata, quitándose los audífonos para prestárselos a ella y así pudiera oír la voz del chico que le gustaba, pues ahí donde la veían, Hinata era demasiado observadora y ya se había dado cuenta de la evidente atracción que existía entre ese par, que, aunque se mostraran indiferentes ante ello, no podían negarlo.

Después de saludar, Matsuri aceptó los audífonos de parte de su amiga y de inmediato se sintió abrumada por la potente voz de Gaara y la armonía de todos los instrumentos, esos chicos realmente parecían disfrutar lo que hacían y eso le hizo aparecer una leve sonrisa en los labios.

Al terminar con la presentación, los cuatro chicos salieron para oír la opinión de la manager, que los miraba con bastantes expectativas puestas en ellos. Al salir y darse cuenta de la presencia de la castaña, Gaara se sorprendió levemente, pero se dio a la tarea de ignorarla, como si no la hubiese visto, lo que a ella le causó cierta tristeza.

Gaara… me ha ignorado… –pensó, bajando la mirada.

Por su parte, Hinata no apartaba sus ojos del ojiazul, sentía deseos de lanzarse a sus brazos a felicitarlo, a decirle que lo habían hecho fantástico, pero no era capaz de actuar de esa manera, una demostración de ese tipo no iba con su persona, no era alguien tan sociable como para relajarse así con otra persona, por mucho que le conociera.

—Estuvo increíble, muchachos –dijo por fin Kurenai, mirando a los cuatro jóvenes que sonreían animados e ilusionados—. No sólo saben tocar, sino que lucen bien, son todos muy guapos, estoy segura de que un grupo conformado por ustedes cuatro sería una sensación.

—¿De verdad cree que tengamos una oportunidad? –preguntó Naruto, aún incrédulo ante lo que oía. Por un segundo buscó la mirada de Hinata para darle las gracias, pero apenas la encontró, la chica se sonrojó y miró en otra dirección, desconcertándolo—. ¿Qué le pasará?

—Claro que la tienen, son realmente buenos –les aseguró una vez más la mujer de ojos carmesí—. Es más, me gustaría mucho trabajar con ustedes, ahora que los he encontrado no los puedo dejar ir, ¿qué me dicen? ¿Les gustaría volverse famosos?

—¡Claro! –exclamó Naruto, Sasuke dio un ligero "sí" y tanto Gaara como Sai sólo asintieron con la cabeza, haciendo aparecer una gotita en la frente del rubio, pues era el único eufórico al parecer.

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Neji estaba dando unas vueltas por el estudio de grabación, no necesitaba estar todo el tiempo encima de Hinata ahora que ella estaba en ese lugar, pues ahí no había de qué protegerla. No era muy aficionado al cigarrillo, pero este día en particular se sentía estresado, seguro era gracias a la joven que había llegado a trabajar a su casa, que siempre se comportaba como una tonta y era un verdadero dolor de cabeza.

Al acabar el cigarrillo, lo arrojó al cesto de basura que estaba cerca y cuando iba a dar unos pasos, sintió que alguien tocaba su hombro. Se volteó, encontrando a una linda joven de cabello castaño y largo, la cual le sonreía alegremente, pero se notaba un poco de cinismo en su mirada.

—Hola, Neji –saludó, pero él frunció el ceño con incomodidad, no era agradable encontrarse con esa mujer bajo ningún aspecto, a pesar de que ella trabajara tan cerca de él.

—Hola, Eri –dijo en forma fría. Aún le dolía cada vez que la tenía cerca, esa molesta sensación en su pecho no se quitaba hiciera lo que hiciera, porque lo que sintió por ella fue demasiado grande, pero le había engañado con otro—. Con tu permiso –trató de pasarla de largo, sin embargo, la chica no se lo permitió, plantándosele en frente.

—Espera, no te vayas –le pidió en forma amable, bajando la mirada con tristeza—. Quería hablar un rato contigo, tomar un café o algo así… sé que no quieres verme, pero…

—En eso tienes toda la razón, no quiero verte –le cortó antes de que ella pudiera terminar, dejándola sola y con la palabra en la boca.

La chica se apoyó contra la pared.

—Neji… perdóname… –susurró.

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Los chicos salían del estudio, pero no se veían tan felices como se suponía que tenían que estar, el único tranquilo era Sai, pero los otros tres parecían a punto de un colapso nervioso, en especial Naruto que era el más expresivo de todos.

Hinata salió junto a su amiga la castaña, la cual se despidió alegremente y se fue caminando, siendo seguida con la mirada por cierto chico pelirrojo.

—No esperaba que nos pidieran la autorización de nuestros padres –refunfuñó Naruto cruzándose de brazos. Llevaba la guitarra en la espalda, dentro de su funda, al igual que sus dos amigos que guardaban de la misma forma sus instrumentos—. ¿Qué rayos voy a hacer? –se preguntó, revolviéndose el cabello.

—Querrás decir qué vamos a hacer –le recordó Sasuke, pues no sólo Naruto tenía un padre que se oponía a su sueño musical, sino que también él y Gaara vivían de esa manera, era molesto, pero cierto.

—Yo me voy a casa, adiós –dijo el pelirrojo, que sin más se alejó caminando, era cierto que estaba muy preocupado por esto de la firma de su padre, pero ahora había otra cosa que le preocupaba también.

—Mmm –Naruto se quedó mirando fijamente el lugar por donde se acababa de ir su amigo Gaara, esbozando de pronto una traviesa sonrisa zorruna—. ¿Lo han notado? Gaara acaba de irse detrás de Matsuri-chan –todos le voltearon a ver—. ¡Lo sabía, ese terco se ha enamorado!

—Déjalo en paz, si lo molestas tanto nunca se atreverá a aceptarlo –dijo Sasuke soltando un suspiro de resignación, Naruto siempre era demasiado imprudente—. En fin, yo también me largo, gracias por todo, Hinata –se dirigió a la joven idol. Hicieron una reverencia mutua y el azabache se alejó a pasos lentos.

—Nos vemos –se despidió Sai, tomando la otra dirección.

Cuando menos se dieron cuenta, Naruto y Hinata estaban a solas afuera del estudio, sin nadie que les molestase y como ese lugar quedaba muy retirado de la zona más poblada de la ciudad, no había quien reconociera a la Hyûga y se le lanzara encima emocionado.

—B-bueno, creo que es hora de que también te marches, espero que puedas solucionar lo del permiso –dijo Hinata, quien no entendía por qué de pronto se sentía tan nerviosa, nunca antes le había pasado, pero Naruto lograba hacerla temblar cada vez que la miraba con esos ojos azules tan alegres y pacíficos.

—Claro, haré lo que pueda –dijo el chico rubio, bajando la mirada—. Oye, Hinata… esto… gracias por todo lo que has hecho por nosotros, no sé cómo podré pagarte, a pesar de que prácticamente te he obligado tú… has sido muy amable.

—No ha sido nada –ahora sus blancas mejillas se encontraban teñidas de rojo, un suave sonrojo que la hacía lucir realmente adorable, dulce.

—De todas formas… gracias –insistió Naruto, acercándosele, tomándole de las manos delicadamente para luego sentir muy de cerca su respiración. Desapareció la distancia un poco más, sin comprender qué era esa sensación tan dulce que le invadía de pronto, pero tratando de ignorarla, posó en forma suave sus labios sobre la mejilla de la chica. Un beso. Había sido sólo un beso de agradecimiento, de amistad, para ambos, no era más que eso—. Hinata… seamos amigos de ahora en adelante.

—S-sí, Naruto… -kun –dijo sin querer la Hyûga, sorprendiéndose al darse cuenta de cómo le había llamado. Naruto también se sorprendió, pero al cabo de unos segundos, sonrió.

—Me agrada que me llames de esa forma –después de eso, se alejó hacia su casa, mientras Hinata se llevaba una mano a su mejilla y la otra a su corazón, que saltaba como un loco dentro de su pecho.

—Suena muy bien, Naruto-kun… –repitió para sí misma, esbozando una leve sonrisa.

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La chica iba justo delante de él. Aceleró un poco sus pasos hasta que finalmente le dio alcance, parándose enfrente de ella y sorprendiéndola.

—G-Gaara-kun –dijo nerviosa, abriendo levemente sus ojos mientras el sonrojo se apoderaba de sus mejillas. Bajó la mirada y sintió que sus rodillas temblaban, no podía creer que fuese él quien se le plantaba en frente, cuando hace unos minutos la había ignorado—. ¿Q-qué sucede?

—Yo quería… –el chico no sabía cómo empezar, en esta situación era igual de tímido que la joven, pues se daba cuenta de la forma en que ella actuaba y no es que él fuera mucho más abierto que ella—. Verás, yo… sólo quería preguntarte como estabas –dijo al fin, notando como el rojo en las mejillas de la castaña aumentaba.

—Eh… y-yo, estoy muy bien y-yo… –Matsuri hizo una reverencia algo torpe y graciosa—. ¡Muchas gracias por salvarme de nuevo, Gaara-kun!

—¿De nuevo? –cuestionó el Sabaku confundido, no recordaba otra vez en que la hubiera ayudado de esa manera, pero la vio asentir con la cabeza, aún avergonzada.

—Así es… hace dos años –comenzó a relatar, mirando hacia su costado con una dulce sonrisa—. Era el primer día de clases y sin querer provoqué a un chico de tercero, entonces apareciste tú y… me salvaste de él… –por un momento levantó la vista, viendo al sorprendido chico a los ojos—. Tampoco pude agradecerte por aquella vez.

Gaara la quedó mirando atentamente, en silencio, hasta que finalmente recordó aquel día, lo recordó con mucha claridad.

—Cierto –dijo sin dejar de mirarla fijamente—. Tú tenías… el cabello más largo, es por eso que no te reconocí.

Matsuri le sonrió una vez más, ya no sentía sus piernas temblar, ya no tenía tanto miedo de estar en frente del chico que le gustaba, porque él era una persona amable, a pesar de que quería dar una imagen intimidante y cerrada, Gaara era todo lo contrario a eso, era alguien de muy buenos sentimientos y lo había demostrado en las dos ocasiones en que la salvó.

—Yo no tengo con qué pagarte, por eso sólo… acepta mi gratitud de esta manera –dijo Matsuri, alzándose de puntitas para depositar un dulce beso en la mejilla del muchacho, que abrió los ojos con sorpresa y sintió un vuelco increíblemente fuerte dentro de su pecho. Después de eso la chica salió corriendo, avergonzada y con el corazón agitado como nunca, pero a la vez feliz por haberse atrevido a hacer algo como eso.

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Sai llegó a casa tan silencioso como siempre. Su casa tenía un aspecto lúgubre y desolado, como si nadie viviera ahí a parte de él, pero eso no era tan cierto, la verdad era que Sai no vivía solo. Después de dejar sus zapatos en la entrada y cambiarlos por unos más cómodos para estar dentro de la casa, caminó hasta una habitación.

Dentro, estaba una mujer recostada en una cama, se veía muy enferma, su cabello canoso le daba una apariencia más añosa de la que en realidad tenía y no lucía muy bien.

—Sai –dijo ella, esbozando una débil sonrisa—. ¿Cómo estás, hijo? ¿De dónde vienes?

—Vengo de un lugar importante –el siempre frío e inexpresivo chico, por primera vez esbozó una sonrisa, a pesar de que no se veía demasiado sincera, eran muy pocas cosas las que en verdad era capaz de transmitir, debido a la soledad que sentía—. Muy pronto mamá, tendré el dinero para tu operación –aseguró, volviendo a su expresión de siempre.

Ella sólo le miró sin decir nada, su hijo solía decirle siempre lo mismo, que muy pronto tendría el dinero para la operación que ella necesitaba, por eso él era el único de la casa que trabajaba. Vivían solos, el padre de Sai la había dejado hace mucho tiempo por otra mujer y desde ese lluvioso día el muchacho le odiaba con toda su alma, porque si no fuera por ese hombre, su madre jamás habría enfermado de tristeza, de soledad.

—Ya verás que esta vez lo obtendré –aseguró Sai una vez más, para luego salir de esa habitación.

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Aquella tarde pasó rápidamente, dando paso a un nuevo día de escuela en que los alumnos llegaban sonrientes a sus salones, mientras que otros -como Naruto- se quejaban por tener que aprender más cosas inútiles que no les servirían para nada.

Hinata tembló levemente en su asiento al oír la voz del rubio reclamando por quien sabe qué clase de cosas, lo volteó a ver y un leve sonrojo se apoderó de sus mejillas.

—¿Y dónde está Sakura-chan? –se preguntó el chico curioso, no la había visto desde la fiesta esa que resultó tan mal y tenía muchos deseos de ver a esa chica que le gustaba tanto, pero no estaba en el salón, al igual que Ino.

—Hmp, seguro anda perdiendo el tiempo –opinó Sasuke, sin darle importancia al asunto. Se cruzó de brazos y cayó sentado sobre su asiento, para después desviar la mirada hacia la entrada del aula, cuando escuchó unos murmullos que -aunque no lo aparentaba- le llamaron la atención.

Sus ojos azabaches de pronto se abrieron levemente al darse cuenta de que la persona que entraba era nada menos que la joven Haruno, pero ya no llevaba más su cabello largo hasta la cintura, ahora lo había cortado por sobre los hombros, dándole un aspecto totalmente diferente. ¿Tal vez algo más maduro?

—¿Qué idioteces pienso? –miró hacia la ventana con el ceño fruncido, no entendía por qué de pronto sentía un estúpido cosquilleo en el estómago, qué tontería.

—¡Wow, Sakura-chan! ¡Qué linda! –exclamó Naruto corriendo hacia la chica, parándose en frente de ella. Sakura sonrió levemente y se tocó el cabello, ahora mucho más fácil de peinar que antes, de hecho, con una cinta de color rojo había quedado perfecta para venir a la escuela, cuando antes perdía varios minutos cepillándose, para nada.

—¿Tú crees, Naruto? –preguntó con un leve sonrojo en las mejillas, mientras el rubio ojiazul asentía fervientemente.

—Creo que así luces aún más bonita que antes –volvió a opinar el rubio, que después de decir aquello, creyó que sería golpeado, pero le sorprendió ver una sonrisa en el rostro de su compañera y amiga. Miró junto a Sakura y descubrió a su prima, que le guiñó un ojo con complicidad.

Hinata se sintió algo mal al ver la escena, como Naruto halagaba tan entusiasta a esa chica. No sabía por qué razón, pero no le gustaba, no podía gustarle.

El profesor a cargo del aula entró entonces, lucía tan despreocupado como siempre, pero a la vez alegre, al parecer traía alguna buena noticia.

—Chicos, tengo algo que informarles –habló en cuanto todos se callaron y le prestaron atención—. Hoy haremos las elecciones para los delegados de clase, por favor, los interesados levanten la mano y los demás vayan pensando en quién votar, ya que con esto comenzaremos a organizar todo para el festival cultural de la escuela que es dentro de dos semanas, y en donde la directora Tsunade ha decidido hacer una participación especial del grupo de música, los mejores se presentarán ante toda la escuela.

Ante la noticia, todos se sintieron emocionados, algunos más que otros, pero todos tenían cierta ilusión con estar ahí.

Ino se abrazó a su novio Kiba y volteó ligeramente hasta el final del salón, notando al misterioso compañero nuevo que siempre estaba callado y era antisociable. De alguna forma, le causaba una impresión de soledad que no le gustaba, no le gustaba verlo solo.

—Bueno, los interesados en ser delegados de la clase levanten la mano.

Al instante dos personas alzaron sus manos, se trataba de Sakura -que siempre era la delegada de la clase- y Naruto, quien siempre lo intentaba, pero nunca era elegido. Sin embargo, a la hora de votar, nadie votó por Naruto, sí lo hicieron por Sasuke, quién ni siquiera se había presentado y aun así quedó como delegado, junto a Sakura.

—Bien, según las votaciones, quienes quedan como delegados son Sasuke y Sakura –la peli rosa asintió con la cabeza, mientras que Sasuke se cruzó de brazos y bufó molesto, no le gustaba nada la idea, mucho menos si debía estar tan cerca de Haruno.

—Yo me opongo, no quiero ser delegado –masculló, enfadado, sin embargo, el profesor Hatake negó con la cabeza.

—Tus compañeros te han escogido, eso quiere decir que confían en ti.

—¡Yo no confío en el teme! –exclamó Naruto, apuntando al nombrado con una mano. Sasuke sintió que una venita se marcaba en su frente, pero no dijo nada, después de todo, Naruto era así de idiota, siempre era así.

—Cállate dobe, y si me han elegido a mí, mala suerte para ti –fue todo lo que dijo, resignándose a su nuevo puesto.

Miró de reojo el asiento de la joven peli rosa, pero lo único que vio fue a la chica viendo hacia el frente, no le prestaba ni la más mínima atención a él y eso en cierta medida le disgustaba, no sabía por qué, pero estaba demasiado acostumbrado a que ella siempre lo estuviera mirando.

Aunque, de todas formas, era mejor así, ¿no?

—Kakashi-sensei –Sakura levantó la mano para tomar la palabra y al poco tiempo se puso de pie, parándose frente a todo el salón—. Bueno, como ya soy la nueva delegada de la clase, me tomaré la tarea de organizar todo lo referente al festival cultural, pues este año como ha dicho Kakashi-sensei, será muy importante –sonrió, mirando a su compañero—. Sasuke-kun, deberás ayudarme.

—Sí, claro –fue todo lo que respondió, pero de mala gana. Qué fastidio era todo esto, no iba a estar de buen humor en todos estos días, sobre todo si debía pasar tiempo con una chica como Sakura, le parecía tan endemoniadamente… molesta. Y ahora que llevaba ese nuevo look, tal vez estaba un poco -ojalá nadie nunca supiera que pensó aquello- bonita.

Después de organizar algunas cuantas cosas en conjunto con todo el grupo, la clase continuó con normalidad. Todos estaban atentos, hasta que sonó el timbre que indicaba la hora del descanso.

Naruto guardó sus cosas rápidamente, para correr hacia la cafetería a comprarse algo de comer, pues se moría de hambre, sin embargo, al dar sólo dos pasos, pasó a llevar sin querer el hombro de la idol, que se sobó adolorida.

—¡Oh, lo siento mucho, Hinata! –se disculpó apenado, mirándola con preocupación, pero ella sonrió y negó con la cabeza.

—No te preocupes, está todo bien, Naruto-kun, d-digo, Naruto… –Hinata bajó la mirad sonrojada, sin saber por qué nuevamente le había llamado de esa manera, le perturbaba el hecho de sentirse de esa forma, tan vulnerable cuando le veía cerca de ella.

—Oye, no te preocupes, ya te dije que no hay problema en que me llames así –sonrió Naruto, llevándose una mano detrás de su nuca, algo avergonzado—. Eh, bueno, me iré a buscar de comer, ¡nos vemos!

Toda aquella escena fue observada tanto por Gaara como por Sasuke, que se miraron entre sí y luego siguieron a Naruto. Estaban comenzando a sospechar que algo se traían esos dos, no era normal que de un día para el otro la joven Hyûga les consiguiera una importante entrevista con su manager. Oh no. Seguramente, Naruto y ella eran "más que amigos".

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Tenten miró de reojo al joven de la casa, que acababa de volver luego de quien sabe qué cosa. Se veía enojado, bueno, como casi siempre, eso no era ninguna novedad.

Cuando estaba por entrar a la casa, se fijó en que él la había quedado mirando detenidamente, pero después negó con la cabeza y la pasó de largo. No entendió por qué, pero un leve sonrojo surcó sus mejillas. Se sintió molesta, no era la primera vez que veía a un chico guapo, pero sí a uno tan arrogante, porque ese Neji Hyûga realmente no tenía comparación.

—No es más que un engreído –soltó, sin darse cuenta de que le oían.

—¿Quién es engreído? –escuchó tras su espalda. Se dio la media vuelta, asustada, encontrándose con los ojos perla del muchacho, quien la miraba con una ceja en alto, al parecer, divertido—. Es de mala educación hablar de las personas a sus espaldas.

—¿Y quién le ha dicho que hablaba de usted? –cuestionó la castaña, desviando la mirada, pero con una leve risilla al notar que el chico acababa de insultarse a sí mismo y eso no le había gustado.

—De todas formas, no deberías hacerlo –dijo molesto, para luego darle la espalda. Ella lo miró en silencio, observando su figura masculina delante de ella. Debía reconocer que era un chico guapo, con lo engreído y todo que era, pero era apuesto.

Por su parte, Neji entró a casa aún molesto. Aún no olvidaba su conversación de ayer con su ex novia, lo que lo ponía de pésimo humor, pues sabía que en el fondo todo había sido su culpa. Amaba a esa chica, pero descuidó su relación, no le prestó la atención debida, se olvidó de ella, enfocándose en el trabajo y en la protección de su prima. Alguien que era demasiado frío en sus relaciones, no podía quejarse si al final terminaban prefiriendo a otro en su lugar.

—Demonios –masculló, golpeando la pared con un puño.

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En la escuela, Temari estaba caminando por el pasillo, distraída. Llevaba en sus manos unas cuantas hojas, eran test que se habían practicado a los alumnos del instituto y ella como la consejera debía revisarlos y si era posible evaluar las personalidades de los estudiantes.

Iba leyendo uno de ellos cuando chocó con alguien. Alzó la mirada y vio que se trataba de Shikamaru Nara, aquel chico que en cierta forma no le agradaba mucho.

—Oh, eres tú, ¿qué es esa cara de aburrimiento? –cuestionó, frunciendo el ceño.

—Es lo que parece, una cara de aburrimiento –respondió el Nara como si nada, soltando un enorme bostezo. Miró de reojo a la hermana de Gaara, vaya que la tipa era guapa, aunque claro, era mayor que él, ¿cómo no iba a parecerle guapa?

—Muy gracioso, niño –Temari soltó una sonrisa al ver que el Nara se mostraba enfadado. Después de eso, sólo lo pasó de largo, pero no notó como él se daba la vuelta, mirando sus largas y bien formadas piernas debajo de su corta falda.

—Qué mujer tan creída –susurró el chico pelinegro.

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Las clases siguientes fueron muy aburridas para todos los chicos, hasta que llegó la que todos esperaban, el club de música.

Naruto iba feliz, ni siquiera recordaba que necesitaba un permiso para lo del grupo, porque hoy la chica que le gustaba lo había tratado bien, tanto que se sentía flotando en las nubes.

—Hey, chicos, ¿creen que hoy tengamos algo divertido que hacer? –preguntó a sus amigos, los cuales obviamente no le respondieron, sólo se hicieron los desentendidos—. Oh, que aburridos son –masculló, entornando los ojos.

Gaara estaba sentado con los ojos cerrados y de brazos cruzados, pero repentinamente abrió sus ojos y los posó sobre la figura de la joven castaña, que no había notado su presencia, pues estaba de lo más animada hablando con Hinata. No sabía qué le pasaba con ella, no podía dejar de pensarla, de recordar ese fugaz beso que le había dado ayer en la mejilla. Aún se sentía cálido en ese lugar, esa chica dulce era tan linda.

—Rayos –masculló cuando sintió que los latidos de su corazón aumentaban. Cerró los ojos y trató de pensar en otra cosa, en ese momento le hubiera venido bien un poco de rock pesado, eso siempre lo distraía.

Como siempre, Kakashi llegó tarde, inventando alguna ridícula excusa, pero después de oír todos los reclamos de sus alumnos, dio comienzo a la clase de música que tanto les agradaba a todos.

—Para la semana que viene quiero que traigan un cover del grupo o cantante que más les guste –comentó como tarea, mirando a Hinata—. Obviamente no puedes cantar tus propias canciones, Hinata-chan, y tampoco sería apropiado que la imiten a ella –miró al resto de estudiantes—. ¿Queda claro?

—¡Sí! –respondieron.

Naruto se volteó hacia sus amigos, con cierta duda.

—¿Y qué vamos a tocar?

—Ni idea –respondió Gaara, desinteresado, pero la verdad era que no dejaba de ver a la chica que sin que él se diera cuenta le estaba robando el corazón. Naruto sí lo notó, pero decidió no perturbarlo, como le había dicho Sasuke, si lo molestaba demasiado nunca sería capaz de reconocer que ella le gustaba.

—Yo tengo una idea –opinó Sasuke, mirando por el rabillo del ojo a la peli rosa del grupo, sin embargo, desvió la mirada a los pocos segundos—. No nos vendría mal algo clásico.

—¡Chicos, antes de que lo olvide! –el profesor Kakashi volvió a hablar, llamando la atención de todos—. Les tengo otra tarea, espero que no les moleste, pero me gustaría ver cómo trabajan en dúos mixtos, así que me tomé la libertad de ponerlos en parejas, para ver cómo se desempeñan.

A algunos pareció no agradarles la idea, pero a otros en cambio les fascinó, sobre todo a Naruto al darse cuenta de con quien había quedado; haría pareja con Sakura, no podía sentirse más feliz. En cambio, Matsuri al ver a su pareja sintió que casi le daba un infarto, ya que éste era Gaara y al recordar que el día anterior lo había besado -aunque fuese en la mejilla- sentía que sus piernas temblaban. Hinata, por su parte, se sentía algo decepcionada, no era que su compañero Kiba le cayera mal, pero esperaba volver a hacer dúo con Naruto, le había gustado la primera vez. Sasuke quedó con una chica de quien ni siquiera recordaba el nombre, además de estar aburrido, estaría con una desconocida. Ino se sorprendió al ver que le tocaba con Sai, aunque no le disgustó para nada, a fin de cuentas, le interesaba conocer a ese chico. Al final de la lista, Karin miró con mala cara el haber quedado con ese tal Suigetsu, no era que le cayera mal, pero tampoco le agradaba.

Durante el resto de la clase, estuvieron tocando algunos instrumentos y cantando, así como poniéndose de acuerdo con lo del cover.

A la hora de la salida, Sakura se dirigió a Naruto.

—Oye, Naruto –le habló sonriente. El rubio la miró atentamente, emocionado de que ella le hablara con esa expresión de duda, hasta parecía avergonzada—. Me preguntaba… ya que nos toca trabajar juntos… ¿No te gustaría ir a mi casa y así planear qué hacer?

—Claro, Sakura-chan, con gusto –respondió sonriente, alzando con nerviosismo una de sus manos, para acariciar el cabello corto de la chica—. Tu cabello… era muy bonito, ¿por qué lo has cortado?

Sakura bajó la mirada, Naruto era el único chico que le había dicho que su cabello era bonito, nadie más lo había hecho, ni siquiera su adorado Sasuke. Él nunca le haría el menor caso, Sasuke ya no debía existir para ella, sólo Naruto.

—Porque quería verme diferente –respondió por fin, alzando sus ojos jades para ver al chico, el cual de pronto se sintió más nervioso, mientras ella se iba acercando—. Naruto… –susurró, cerca de sus labios—. ¿Tú me quieres?

Él la miró asombrado, sintiendo como su corazón comenzaba a latir desmesuradamente rápido. ¿Que si la quería! ¡Dios! Estaba enamorado de ella, siempre lo había estado, Sakura siempre había sido la chica de sus sueños.

Tomó valor de donde no sabía que lo tenía y rodeó la cintura de la chica, cuando ya no quedaba nadie en el salón era cuando le confesaría sus sentimientos, sin importar lo que fuese a suceder.

—Sí, te quiero, Sakura-chan –respondió, mirándola fijamente a los ojos, para después cerrar los suyos propios e irse acercando lentamente. Ella también cerró sus ojos jades, dejándose llevar por el momento, hasta sentir la suave presión sobre sus labios.

Afuera del salón de música, Gaara y Sasuke se miraron entre sí.

—¿Y Naruto? –preguntó el pelirrojo, estaba seguro de que el rubio venía detrás de ellos cuando estaban saliendo, pero de pronto se había desaparecido, seguro al muy torpe se le olvidó algo y se devolvió a buscarlo.

—No sé, lo iré a ver –contestó el azabache con molestia. Devolvió sus pasos hacia el salón de música y divisó algo que lo dejó boquiabierto. Naruto y Sakura estaban abrazados, besándose.

No supo por qué, pero sintió un frío calándole los huesos y como si algo amargo se revolviera dentro de su estómago, haciéndole complicado respirar. Cerró los ojos y se alejó, volviendo a donde estaba Gaara.

—Naruto está ocupado, luego nos alcanza –dijo sin más, pasando de largo al pelirrojo, que le miró sin comprender.

—¿Te pasa algo? –inquirió.

—Nada –fue todo lo que respondió, apresurando más sus pasos. Se sentía enojado, molesto y lleno de ira, pero no sabía por qué razón, si, a fin de cuentas. esa chica no le interesaba en lo más mínimo.

Para nada.

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Aquella tarde, Hinata estaba mirando la televisión, pero su ceño estaba fruncido, pues veía algo que no le agradaba del todo. Era otra idol, una chica que hace poco había comenzado a robar la pantalla y captar la atención de todos sus seguidores. Ella, quien le había desafiado recientemente, ahora estaba haciendo noticia con el lanzamiento de su nuevo single. La canción iba justo en el coro.

Itsuka chikau bokura

kono te de kizuku mirai wa

kanarazu kono basho de

kimi ga doko ni itatte

dakedo ima wa futari setsunaku

sorashite hitomi

seaerukoto wo shinjite

Frunció más el ceño al recordar sus palabras, hace sólo unos días atrás, cuando se cruzaron tras el escenario después de un concierto de Hinata y antes de que esa chica saliera.

—Así que tú eres la famosa ángel del escenario –dijo, sonriente, pero sínica. Eso a Hinata no le agradó en lo más mínimo, su carácter parecía muy arrogante.

—Así es, esa soy yo –respondió, desafiante.

La otra chica le sonrió, acariciándose su larga cabellera rubia mientras sus ojos violáceos se clavaban en la figura de la Hyûga.

—Bueno, de ahora en adelante, Hinata, dejarás de ser la idol más aclamada –terminó, alejándose triunfal hacia donde se encontraba el escenario, para comenzar con su número artístico.

Hinata debía admitir que ella tenía una voz impresionante, no era tan dulce como la suya, sino más bien fuerte y decidida, pero podía llegar a sonar increíble en cuanto ella se lo proponía.

—Aunque con eso no me destruirá… esa Shion… –susurró, apretando su puño.

Miró la grabación que tenía sobre su mesa, era esa cinta que Naruto le había regresado. Sonrió al imaginarlo a él, de alguna forma, ese chico le agradaba bastante.

Pero no sabía que una persona que le agradaba tanto, sin proponérselo, podría hacerla sufrir realmente, porque a pesar de ser una idol, ser famosa, reconocida y aclamada, era un ser humano con sentimientos y emociones, que se estaban involucrando demasiado con la persona incorrecta.

Continuará…