Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones: It's My Life – Bon Jovi
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No viviré para siempre, por eso, sólo quiero vivir mientras esté con vida…
Capítulo 7: Es mi vida
Le dio un abrazo con verdadera alegría, rodeándola por la cintura y aprisionando sus labios de forma cariñosa y dulce. Ella le sonrió al separarse, mirándole directo a esos enormes y jubilosos ojos azules.
—Debo entrar, Naruto –dijo la peli rosa con voz dulce, tratando de adaptarse a la nueva realidad que ahora tenía frente a ella; era la novia de Naruto. De ahora en adelante tenía decidido empezar desde cero al lado del rubio, el único chico que de verdad la quería por quien era ella y que no discriminaba su forma de ser.
—Se me hará eterna la noche hasta volver a verte –le susurró el rubio, al tiempo que la soltaba. Estaba tan feliz, por fin la chica que tanto quería le hacía caso y nada ni nadie cambiarían su dicha. Se despidió de ella en la puerta de su casa y se alejó con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. Después de haberse puesto de acuerdo juntos sobre la canción que iban a interpretar para el club de música, Naruto la había acompañado como todo buen novio hasta su casa.
Sentía que de ahora en adelante las cosas no volverían a ser las mismas, ahora que Sakura era su novia.
Al llegar a su casa, lo primero que hizo fue tirarse sobre el sofá con una enorme sonrisa adornando sus labios, ni siquiera los regaños de su padre por haber ensuciado la entrada lo alteraron en lo más mínimo, porque hoy nada podría salirle mal.
—Vaya, pero que felicidad se respira en el aire –habló Jiraiya, el padrino de Naruto, el cual se sentó a su lado y encendió el televisor con el control remoto—. Vamos a ver qué cosa interesante hay en la televisión.
—Las mismas cosas aburridas de siempre –dijo Naruto con desinterés, no obstante, se interesó apenas vio la imagen de Hinata—. Déjale ahí.
—Creí que esa cantante no te gustaba –le dijo su padrino con el ceño fruncido, sin comprender por qué razón, de un momento a otro, su ahijado se interesaba en la Idol más aclamada de Japón.
—Silencio, no me dejas oír –se quejó el rubio quitándole el control remoto a Jiraiya para subir el volumen al televisor. Ahí, en la gran pantalla de la sala, una imagen impactante de Hinata se estaba transmitiendo a través del aparato. Salía utilizando un hermoso vestido blanco, apretado en la parte de arriba y holgado en la de abajo, le llegaba hasta las rodillas y dejaba libres el resto de sus blancas piernas. Sus ojos lucían preciosos, delineados en color negro, que resaltaba aún más el tono perla. Su cabello caía suelto sobre sus hombros y detrás de ella, dos alas blancas y emplumadas se alzaban hasta casi desaparecer del recuadro de la cámara. Era uno de sus videos musicales.
—Recientemente, la famosa Idol, Hyûga Hinata, se ha visto implicada en ciertos hechos bastante perjudiciales para su carrera, como ha sido en que hace tres días atrás se le vio y se fotografió en una discoteque en donde llegó la policía después de varios incidentes, al parecer ocasionados por amigos de la artista –contaba la reportera del canal musical, dejando que otra secuencia de imágenes sobre Hinata apareciera, esta vez, luciendo como una diablita y vestida completamente de rojo, con dos cuernos pequeños sobre su cabeza y alas de murciélago en su espalda—. Y no sólo eso, al parecer estaría saliendo con alguien, tal y como se ha comentado este último tiempo, sin embargo, no se tienen antecedentes de quién pueda ser esta persona…
Naruto cambió la televisión y dejó el control sobre los mullidos cojines del sofá. Tenía el ceño fruncido y una amarga expresión.
—Esos tipos dicen puras estupideces acerca de la gente –se quejó, molesto de que inventasen todas esas tonterías acerca de Hinata, en especial, la última cosa que habían dicho. ¿Cómo era eso de que estaba saliendo con alguien?
—¿Y a ti por qué te molesta tanto? Ni siquiera la conoces, además, recuerdo que no te agradaba.
Naruto no le respondió, estaba demasiado ofuscado pensando en quien podría ser esa persona, para luego preguntarse por qué demonios le importaba. Y fuese cual fuese el caso, decidió subir a su habitación.
Aún tenía que pensar bien las cosas acerca del permiso que necesitaba de su padre.
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Temari le miró con sorpresa y sin saber que decirle. Su hermano menor le acababa de contar acerca del grupo musical que tenía con sus amigos -aunque eso ya lo sabía- y la posibilidad que habían obtenido de volverse famosos, el único problema era, como siempre, su padre.
Por un lado, ella sabía que lo que iba a sugerir estaba mal, pero si Gaara buscaba su ayuda era porque no sabía a quién más recurrir, y esos eran casos muy especiales, puesto que el pelirrojo, la mayoría del tiempo, resolvía sus asuntos por sí mismo. De cierta forma, a Temari le alegraba saber que él contaba con ella.
—Lo único que se me ocurre es que no se lo digas a papá –recomendó la rubia.
Gaara frunció el ceño.
—Se supone que necesito su firma, y si no le digo nunca la obtendré.
—Si se lo dices papá jamás te la dará –aseguró Temari, corrigiendo a su hermano menor—. Sin embargo, podemos obtener su firma sin que él se entere para qué es –sonrió victoriosa, pensando en las cosas que hacía por ese chico, que a pesar de ser un amargado, era alguien a quien ella quería mucho, porque a diferencia de ella y de Kankuro, Gaara nunca había podido conocer a su madre, era algo que siempre le había faltado y ella misma se había dado a la tarea de suplirla, para que así Gaara no se sintiera solo y fuera como cualquier otro niño normal.
—¿Cómo harás eso, Temari? –preguntó Gaara confuso, aunque debía reconocer que su hermana tenía sus trucos—. Papá podría darse cuenta.
—Sólo confía en mí, nunca se enterará, al menos hasta que tengas edad para mandarte por ti mismo –rio la chica con confianza. Haría esto por su hermano, porque estaba segura de que ser un artista era el verdadero sueño de Gaara.
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Sasuke buscaba como un loco entre los papeles de aquel escritorio, revolviendo todo, pero dejándolo luego en el mismo lugar encontrado, hasta que un papel le llamó la atención. Al final de éste, en la esquina derecha de la hoja, estaba lo que tanto había buscado; la firma de su padre.
—Esto es justo lo que necesito –se fijó en el contenido del dichoso papel, para comprobar que su padre no lo extrañaría si hacía falta, y una vez que comprobó que no era así, se lo guardó en el bolsillo de la chaqueta y salió a hurtadillas del despacho.
Ya tenía la firma, ahora sólo debía ponerla en ese permiso y tendría a su alcance su máximo sueño.
Al llegar a su cuarto, se tiró sobre la cama de espaldas. Aún no lograba dejar de pensar en lo que sus ojos habían visto en el salón de música, luego de que todos lo abandonaran. Siempre supo que Naruto estaba enamorado de Sakura, pero sinceramente, nunca creyó que algo entre ellos se fuese a concretar, los veía más como amigos que como una pareja y ahora se le hacía inverosímil el hecho de verlos juntos.
No sabía por qué razón le molestaba tanto, debería estar feliz por Naruto. Y por Sakura… sinceramente no tenía por qué importarle, ya que esa chica no era nada en su vida, o al menos, de eso quería convencerse.
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—No puede ser… –dijo Hinata con enfado, observando en la internet como un video de ella en medio de la pelea en la discoteque había sido subido por alguno de sus fans, además, también estaba la canción que había cantado junto con Naruto. Cuando le puso play, se sorprendió al oír -nuevamente- lo bien que sonaban juntos, pero más perpleja le había dejado el leer los comentarios del video, ya que éstos hacían alusión a que ella y el "chico rubio" hacían realmente una hermosa pareja.
Al leer aquellas líneas, sus latidos se aceleraron, por ello rápidamente quitó la página y cerró su laptop.
¿Por qué razón ella haría una buena pareja de Naruto?
—No hay razón para que digan eso –murmuró con el ceño fruncido, enfadada, pero más que nada, avergonzada de sólo recordar todas esas opiniones en donde decían lo bien que lucía con Naruto.
—Hinata –oyó la voz de su padre, el cual acababa de entrar a su cuarto con una cara de pocos amigos, al parecer, había visto las noticias y se había enterado del escándalo que habían provocado sus fotos circulando por todos los medios, así como la controversia que se causó con su canción con Naruto.
—¿Sucede algo, padre? –preguntó, tratando de sonar serena, pero aún no olvidaba el hecho de que su pecho se aceleraba al pensar en Naruto.
—Así es, vi la televisión –habló enojado. Él era quien siempre le decía que debía evitar los escándalos, que si hacía noticia, fuera sólo por su talento y no porque otros anhelaban enterarse de su vida privada, así de reservado era el hombre a cargo de la empresa de música Hyûga.
—Lo siento mucho, padre –se disculpó Hinata antes de que él dijera exactamente qué le había molestado, después de todo, podía imaginarlo—. No fue culpa mía que esa pelea se armara, sólo íbamos a divertirnos y…
—El chico que cantó contigo –cambió de pronto el tema el hombre de ojos perlados—. Él es tu compañero de clases ¿No es así? –vio a Hinata asentir con la cabeza—. ¿Me dirías su nombre?
—Uzumaki Naruto –dijo dubitativa la joven Hyûga, intrigándose aún más en cuanto vio la expresión de sorpresa en el rostro de su padre. Él se había puesto blanco de la impresión, jamás lo había visto así de perplejo, era algo nuevo para ella—. ¿Sucede algo, padre?
Él estuvo en silencio unos segundos más.
—No pasa nada –respondió al fin—. Ahora entiendo todo –murmuró para sí, aunque Hinata pudo oírlo a la perfección, pero no entendió a qué se refería. De todas formas, decidió no preguntar, cuando su padre deseaba guardarse algo para sí, no había poder humano que le hiciera soltar palabra. Por su lado, Hiashi sólo se paró y se dirigió a la puerta—. Procura no meterte en más escándalos –le dijo con voz apacible, para luego desaparecer del cuarto de su hija mayor.
Hinata suspiró, pensó que sería regañada, pero en lugar de eso, su padre se había mostrado realmente extraño.
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Esa noche, Neji se había levantado a las tres de la mañana en busca de un vaso de agua, puesto que tenía la garganta seca, a tal punto que le llegaba a doler. Había bajado con cautela para no despertar a nadie, pero una vez estuvo en la cocina, vio algo que lo sorprendió. Allí se encontraba la chica que hace poco había aparecido en su casa, diciendo que venía desde China y que trabajaría para su familia; Tenten. Estaba usando una delgada remera sin mangas de color rosa y un ajustado short de tela negra, dejando libes sus piernas y también mostrando su delgada figura.
Ella tarareaba una canción, mientras se servía un vaso de agua, hasta que de pronto lo vio a él, atragantándose del susto.
Neji corrió a ayudarla, golpeándole levemente la espalda.
—¿Estás bien? –le preguntó una vez que la vio respirando normalmente. A su vez, Tenten se llevó una mano al pecho y dio una honda bocanada de aire.
—¿Qué hace usted aquí? –interrogó la castaña, sin siquiera responder a la preocupación del joven de la casa, lo que le molestó un poco, después de todo, él había venido a ayudarla.
—Yo vivo aquí –aclaró como si fuera lo más obvio del mundo—. Deberías tener más cuidado al beber algo, podrías ahogarte sin tener a nadie cerca.
—No lo creo –rio Tenten, quien no creía posible el hecho de llegar a tener tan mala suerte, aunque, a decir verdad, ella ya tenía bastante mala suerte, sino, ya habría encontrado a su madre apenas llegó a Japón.
El Hyûga decidió ignorarla mientras se bebía un vaso de agua, pero no podía evitar mirarla de reojo, se vía demasiado linda con aquel pijama y desde hace algún tiempo no apreciaba a una chica en ese estado. No es que fuera un pervertido o algo parecido, estaba muy claro que se trataba de una persona juiciosa y respetuosa, sin embargo, era hombre y el ser serio no le quitaba eso.
Cuando estaba a punto de retirarse, la voz de ella lo detuvo.
—Gracias por ayudarme, señor –le sonrió abiertamente, causando una extraña conmoción en el pecho del muchacho, que sólo asintió con la cabeza antes de irse.
No había sentido algo así desde que salía con Eri, su única novia.
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El nuevo día finalmente había llegado. Hinata entraba a la escuela en su siempre lujosa limusina negra, llamando la atención de los alumnos, los cuales, sin embargo, ya estaban algo acostumbrados a su glamorosa presencia en el lugar.
—Por favor, detente aquí –ordenó Hinata a su chofer, el cual enseguida obedeció. Ella tomó su bolso y su almuerzo, dispuesta a bajar, pero su primo se lo impidió.
—¿No deberías esperar a que todos se vayan?
—Estaré bien, Neji nii-san –aseguró la chica con una dulce sonrisa, la cual sorprendió a su primo. Desde hace mucho tiempo no veía a Hinata sonreír así, definitivamente algo había cambiado con ella desde que había llegado a esta escuela y él ansiaba saberlo.
—De acuerdo –asintió con la cabeza, dejando bajar a su prima ante la conmoción que causó entre los alumnos, pero como ya habían sido advertidos por la directora, nadie se acercó a acosarla, la única que se acercó con toda normalidad a ella fue una chica castaña, a la cual Neji miró con curiosidad, para después formar una leve sonrisa—. Así que ya tiene una amiga –murmuró.
—¡Buenos días, Hinata-chan! –exclamó Matsuri, acercándose a la idol, la cual le recibió con una cálida sonrisa—. ¿Cómo has estado?
—Hola, Matsuri-chan, muy bien –respondió la Hyûga, caminando junto con su amiga hacia su salón de clases.
Dentro del salón, se encontraban Sasuke y Gaara hablando sobre el haber conseguido ya los permisos para firmar con la disquera, sólo faltaba Naruto, pero como siempre, éste se complicaba para todo y les había dicho que no se le ocurrió la manera de obtener la firma de su padre.
—No me molesten, ustedes son más listos que yo –se quejó cruzándose de brazos enojado, pero justo al voltear hacia la entrada vio que cierta chica de cabellera rosada se acercaba, así que sin esperar un segundo, se levantó corriendo para abrazarla y darle un cálido beso en los labios, todo ello siendo observado por la atenta mirada del azabache, el cual hacía un esfuerzo por no mostrarse interesado, pero no podía.
—Demonios… –pensó volteándose para mirar por la ventana.
—Buenos días, Sakura-chan –la saludó Naruto emocionado, hoy era el primer día de su noviazgo oficial con la Haruno y sentía deseos de restregarlo en la cara de todo el mundo—. ¿Cómo estás?
—Muy bien, Naruto –respondió Sakura, quien dirigió una fugaz mirada hacia el Uchiha, pero al cabo de un segundo la desvió, ya que no debía verlo a él ahora que pensaba olvidarlo para siempre. Era mejor así.
Ino le guiñó un ojo a la feliz pareja y se fue hasta su asiento, pero no pudo evitar voltearse y mirar fijamente a su compañero para el dúo de la clase de música. Aún seguía intrigándole su aparente soledad, era algo que no terminaba de encajarle.
—Caramba, pero mira nada más que tenemos aquí –se escuchó la voz de Karin, la cual no había podido evitar exclamar aquello en cuanto vio como Naruto y Sakura se tomaban de las manos—. No me digan que ya son novios –habló en un tono muy alto, mirando de reojo a Sasuke y -sin que se diera cuenta- en ese momento entraron Hinata y Matsuri, la primera se había quedado inmóvil—. Venga, Naruto y Sakura, se lo tenían muy guardado.
—No es así, Karin –trató de corregirla Naruto, pero Sakura se le adelantó.
—Sí somos novios, Karin, desde ayer –dijo con una sonrisa, abrazándose al rubio, que sólo se sonrojó de manera graciosa y se rascó la nuca, pero de un momento a otro volteó a ver a la chica que aún seguía parada junto a la puerta. Algo sucedió en ese instante, que los hizo sentir vacíos a ambos.
Hinata le sonrió y se acercó a su puesto, haciendo como si nada le pasara, aunque por dentro, le estaba doliendo el pecho de una manera que nunca creyó que le dolería y, ni siquiera sabía por qué.
Poco después de eso, las clases comenzaron.
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Era la hora del receso y Hinata estaba en la azotea, en donde le gustaba pensar a solas, ya que por extraño que pareciera, nadie iba ahí. Tenía los ojos cerrados y tarareaba la misma canción que una vez allí, Naruto le oyó cantar. Estaba concentrada en ello, o eso quería, puesto que, en su mente, las imágenes del rubio tomando de la mano a su compañera de clases, Sakura, le torturaban de una forma abrumadora.
—¿Por qué me importa tanto? –se preguntó, cansada de pensar en ellos dos juntos. ¿No debería alegrarse? Naruto y ella eran amigos, por lo tanto, debía sentirse feliz si algo bueno le pasaba a él, pero en lugar de eso tenía esa opresión en el pecho, ese nudo en la garganta—. ¿Por qué…? –volvió a preguntarse.
En ese instante, sintió el sonido de la pesada puerta de metal moviéndose y se volteó exaltada, pero se calmó al ver que sólo se trataba de Naruto, quien al verla en ese lugar le sonrió.
—Sabía que estarías aquí –dijo animado.
—¿Estabas buscándome? –preguntó la ojiperla un tanto sorprendida, lo imaginaba pasando todo el tiempo con su novia y no preocupado de ella, no eran nada tan importante.
—Sí, quería hablar un rato contigo –Naruto se acercó a donde estaba ella y tomó asiento en el banco que estaba justo al lado de donde la chica se encontraba de pie—. Vi que subieron nuestro video a YouTube, aunque no me sorprende, eres tan famosa que cualquier cosa que hagas es noticia en todos lados.
—Sí, yo también lo vi –la chica se alejó de la rejilla de alambre y se sentó al lado del rubio, pero en el otro extremo del banco, quedando lo más separada posible de él—. La canción salió muy bonita, ¿no crees?
—Sí –respondió bajando la mirada—. La verdad es que… yo sólo sirvo para tocar la guitarra en el grupo, Sasuke y Gaara son los talentosos que escriben las canciones y todo eso, pero… cuando cantamos tú y yo… –volvió a mirar a la chica—. Yo tuve una fuerte inspiración y escribí una canción, aunque claro, no tiene nada que ver con el grupo.
—¿De verdad escribiste una canción? –Hinata le sonrió, de esa manera dulce que le salía sin que ella se diera cuenta, a pesar de que con Naruto nunca fingía ser lo que no era—. ¿Y me la mostrarás algún día?
—Claro, la hice pensando en ti –habló tan animado como siempre, sin notar como un ligero sonrojo se apoderaba de sus mejillas, hasta que se dio cuenta de lo que había dicho y él mismo se sonrojó también—. Es decir, en tu voz –se corrigió.
—Ya veo.
—Oye, Hinata –la llamó Naruto, observando fijamente sus dos orbes perla, que eran realmente hermosos—. ¿Por qué la canción que cantaste aquí no está entre tu repertorio?
—Esa es una canción que escribí –respondió la Hyûga, dedicándose a mirar al cielo, porque si veía a Naruto, sentía que se perdería en su mirada, que era mucho más azul que toda aquella vasta y extensa altura—. Nunca se la he mostrado a Kurenai-sensei, ella y otras personas son quienes escogen las canciones que voy a grabar, así que todo lo que hago por mí misma me lo guardo para mí.
—¡Pero esa es una canción fantástica! –exclamó con cierto recelo, porque no podía creer que una canción así, que ella interpretaba con tanto sentimiento, no fuese escuchada por todos sus fans—. Deberías enseñársela a tu manager y grabarla, sería todo un éxito.
—¿Tú crees?
Hinata sólo lo vio asentir con la cabeza fervientemente y le sonrió, si él se lo decía de esa manera, tal vez le hiciera caso y decidiera escribir sus propias canciones de ahora en adelante.
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Estaban los dos solos en el salón de música, practicando una canción para el trabajo en dúos del club. Mientras Matsuri tocaba un poco de piano, Gaara hacía sonar su guitarra, ninguno de los dos estaba cantando, simplemente disfrutaban de la música que juntos estaban creando. Se miraban a los ojos de vez en cuando y se sonreían, hasta que, lentamente se detuvieron.
—Tocas realmente bien –halagó el pelirrojo, aunque no lo decía sólo por adular, para él estaba más que claro que esa chica era muy talentosa y eso era lo que le había llamado la atención de ella. Era una persona con tantas cualidades y, sin embargo, le daba miedo mostrarlas, era muy diferente de él o de sus amigos del grupo, porque ellos anhelaban hacerse conocidos.
—Gracias, Gaara –dijo Matsuri bajando la mirada—. Tú también, tocas increíble la guitarra, yo quisiera tocarla así, pero soy muy mala.
—¿De qué te quejas? –cuestionó el chico divertido—. Yo podré ser bueno en la guitarra, pero ni en un millón de años tocaría el piano como tú.
Matsuri soltó una pequeña risita.
—No es difícil –aseguró—. Sólo hay que sentir la música.
—Pues entonces hagamos un trato –propuso sentándose junto a ella, al tiempo que dejaba su guitarra sobre un pedestal. Al verlo tan cerca, Matsuri se sonrojó, pero trató de controlarse un poco—, tú me enseñas a tocar el piano y yo te enseño a tocar la guitarra.
—Parece un trato justo –aceptó la chica, mostrando una amplia sonrisa. No podía creer que esto de verdad estuviera pasando, hace sólo unas semanas, Gaara ni siquiera la volteaba a ver y ahora era capaz de mantener esta conversación tan cotidiana con él. Se sentía como un sueño hecho realidad—. ¿Tú crees que nos salga bien esta presentación?
—Con tu voz, dudo que nos salga mal –dijo el pelirrojo, viendo hipnotizado los ojos negros de la chica, la cual le devolvía la mirada con un destello tan inocente y a la vez interesante. Sentía una fogosa necesidad de acercarse más a ella, desapareciendo la distancia que los estaba separando. Era sofocante, le quemaba desde dentro de su ser y apremiando a ese deseo, posó una de sus manos sobre la mejilla de Matsuri, la cual sólo se sonrojó como un tomate, pero no hizo ningún ademán de alejarse de él, al contrario, parecía que quería lo mismo.
Ella cerró los ojos y justo cuando estaba por sentir los labios del chico sobre los suyos, el teléfono de uno de ellos comenzó a sonar, haciendo que la chica diera un salto del susto y él se alejara en el acto, avergonzado por lo que iba a hacer.
—Es el mío, perdona –se disculpó Gaara poniéndose de pie, al tiempo que atendía la llamada—. ¿Bueno? –habló dándole la espalda a Matsuri, la cual aún no podía controlar los acelerados latidos de su corazón, sentía que éste le iba a explotar, y no era para menos, había estado a punto de besar al chico de sus sueños.
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—Aquí está –dijo Hiashi, mirando la revista de negocios en donde salía su ex mejor amigo junto a su único hijo, el cual no lucía demasiado sonriente en aquella fotografía. Ambos rubios lucían elegantes, el mayor con una enorme sonrisa, pero en el fondo, parecía realmente falsa.
Hiashi observó entonces a su hijo; Naruto Uzumaki. El parecido era innegable, por mucho que tuviera el cabello rubio, sus expresiones faciales eran como las de ella.
—Realmente se parece a Kushina –susurró, emitiendo una pequeña y casi imperceptible sonrisa, sin siquiera darse cuenta de ello—. Así que este es tu hijo…
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Hinata había bajado de la azotea luego de hablar un rato con Naruto, pero el rubio había decidido quedarse allí arriba. Estaba un poco desanimada desde la mañana, pero ahora se sentía algo mejor, sobre todo luego de los ánimos que el guitarrista le había dado respecto a su canción.
Cerró los ojos y sin querer soltó un suspiro, que por suerte no fue oído por nadie, o eso creyó.
—¿Pensando en algún chico que te gusta? –interrogó una voz masculina, la cual hizo a Hinata dar un salto debido a la impresión de oírlo tan de repente.
—K-Kiba-kun –hizo un leve puchero—. N-no te había visto, ¿de dónde saliste? Es de mala educación eso de hablarle a la gente sin saludarla primero.
—Lo siento –se disculpó el castaño, con una sonrisa de culpabilidad, pero a la vez algo arrogante—. Es que te vi tan sola que no pude evitar acercarme, además… de verdad me intriga eso de si pensabas en el chico que te gusta –insistió con el tema, notando de reojo y con algo de molestia como las mejillas de la joven Hyûga se teñían levemente de rojo.
—No es así, a mí no me gusta nadie –aseguró la chica, la cual hizo una leve reverencia y se fue corriendo por el pasillo. Afortunadamente, hace muy poco habían tocado el timbre y la mayoría de los alumnos estaban volviendo al salón, así que nadie se le puso al camino.
—Hinata… –susurró Kiba para sí mismo—. Es realmente una chica linda –por un instante, pensó en su novia Ino, pero sacudió la cabeza y con ello también sus pensamientos sobre la rubia, en este momento sólo le importaba una cosa y esa era conquistar a la idol, nada más que eso.
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Ino estaba corriendo desde el baño de chicas hacia el salón, ya que habían tocado el timbre y ella -para variar- iba a llegar tarde. Estaba concentrada en darse prisa, cuando de pronto, al mirar hacia un costado, se fijó en el chico pelinegro de su clase, el cual estaba sentado sobre el pasto, al parecer escribiendo o haciendo un dibujo. Por alguna razón la curiosidad le ganó y se acercó sigilosamente, ya se había olvidado de que iba a llegar tarde, sólo quería ver lo que él estaba haciendo y por qué estaba tan concentrado en ello.
Alzó un poco la cabeza, para mirar sobre el hombro del muchacho y, al hacerlo, pudo apreciar sobre la libreta de dibujo un precioso paisaje, perfectamente dibujado y con un impactante juego de luz y sombra. Se quedó boquiabierta y no pudo decir ni una palabra.
—No es tan impresionante –susurró Sai, el cual se había dado cuenta desde un principio de la presencia de la rubia y sólo estaba esperando a que ella le hablara, pero al parecer no pensaba hacerlo—, siempre he practicado este arte, es por eso que me sale así.
—Eres increíble, Sai –dijo ella, sin saber qué palabras más podía usar para describirlo.
El muchacho se puso de pie, guardó sus cosas y se volteó a mirarla. Lo cierto era que antes ya la había mirado, Ino era una chica muy hermosa, que llamaría la atención de cualquiera, incluso de alguien tan serio y callado como él. Pero no era sólo su largo cabello rubio o sus profundos ojos azules, sino que también su forma de ser le había llamado un poco la atención, ella era una persona muy alegre y radiante, no tenía nada que ver con su personalidad oscura y retraída.
Por su parte, Ino se había quedado paralizada en cuanto los ojos negros del chico se posaron sobre su persona, aunque Sai pasaba desapercibido la mayoría del tiempo, para ella no era así en absoluto, sólo le había bastado mirarlo en un par de ocasiones para sentir que su pecho iba a estallar, algo que jamás había sentido con Kiba o con cualquier otro chico.
—Yo… eh, bueno… –Ino bajó la mirada con las mejillas encendidas por el color rojo, jamás esperó comportarse tan nerviosa frente a un chico, por lo general, siempre tenía mucha personalidad—. Creo que viene siendo hora de regresar al salón, los profesores nos van a regañar y… e-eso…
—Sí, es verdad –Sai asintió levemente con la cabeza y se alejó hacia el interior del edificio una vez más, dejando atrás a la chica, pero repentinamente se dio la vuelta para mirarla—. Gracias Ino-san, aprecio que te guste mi dibujo –y dicho esto, siguió caminando, sin sospechar que ella estaba al borde de un colapso nervioso.
¿Quién pensaría que alguien tan apagado y solitario podía hacer sentir así a la alocada Ino Yamanaka?
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Las clases de aquel día fueron de lo más aburridas, entre exámenes, tareas y demás, las horas pasaron realmente lento, pero finalmente había llegado la hora del almuerzo, por lo que todos se juntaron con sus respectivos amigos, menos Sakura y Sasuke, quienes se habían ido a comer al salón de maestros para planear algunas cosas sobre el festival escolar, el cual tendría ocasión en muy poco tiempo.
—¿Qué dices de hacer un café? –preguntó la peli rosa, a lo que el joven azabache muy "amablemente" rechazó su propuesta.
—Me parece una pésima idea –respondió de mala gana, no era que quisiera ser así de ácido con Sakura todo el tiempo, pero no lo podía evitar, de sólo mirarla le entraba una rabia que no alcanzaba a comprender. Le estaba molestando demasiado el tener que ocuparse de esas estupideces del salón y del festival junto con ella, sólo quería terminar pronto y salir de aquí—, eso de las cafeterías lo harán la mayoría de los salones, no es por nada, pero está muy usado.
—Tienes razón, Sasuke-kun –dijo la peli rosa con una sonrisa, aunque se sentía algo triste por la forma en que había sido tratada por él, pero estaba tratando por todos los medios de que no le afectara, tenía que lograr que así fuera—. Entonces… déjame pensar en otra idea.
—Estoy aburrido de estar aquí… ¿Podríamos darnos prisa? –nuevamente el Uchiha se mostraba con esa actitud pedante y grosera. Cerró los ojos y se recargó de manera rebelde contra el respaldar de la silla, sin notar que los ojos de la chica se aguaban un poco, debido a la forma en que él la hacía sentir; siempre tan miserable.
—Eh… claro… –ella cerró los ojos también, respirando hondamente. Tenía que controlarse, no se podía poner a llorar frente a ese desalmado que al parecer no tenía ni siquiera un poquito de aprecio hacia ella. Había sido bastante difícil que se diera cuenta de ello, pero finalmente comprendía que ese Sasuke Uchiha al que tanto amaba era sólo un personaje idealizado en su cabeza, el verdadero era simplemente despreciable. Luego de pensar por alrededor de un minuto y medio, finalmente volvió a mirar al chico—. ¿Qué te parece un musical?
—¿Musical? –por el tono usado en la pregunta del chico, podría decirse que le interesó la idea, o al menos, esa fue la impresión que le había dado a Sakura, la cual asintió con la cabeza.
—Sí, como la mayoría de los del salón estamos en la clase de música de Kakashi-sensei, tal vez sería buena idea presentar una obra de teatro con algunas canciones y música en vivo, ¿no te parece divertido? –mostró una sonrisa—. Podríamos hacer audiciones con los chicos del salón y quien mejor lo haga, se quedará con los papeles, mientras los que no puedan conseguir ninguno, puede ayudar en la escenografía y el vestuario.
Sasuke pareció meditarlo por un momento, hasta que finalmente se dignó a contestar.
—Me parece una idea muy razonable –dijo sin mirar a la peli rosa, no podía aceptar que la idea le había fascinado, eso se lo guardaría sólo para sí, porque no pensaba halagarla de ninguna forma.
Por su parte, Sakura sólo sonrió, al menos a Sasuke le había agradado su idea y, ella acababa de darse un golpe contra el piso, en donde había entendido que el mejor camino para ella estaba al lado de Naruto, el chico que hace muy poco se había convertido en su novio.
Nada podía salir mal ahora.
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Gaara estaba en la cafetería tomando su almuerzo junto con Naruto, el cual se encontraba muy molesto porque su novia había tenido que ir a comer con Sasuke, cuando conocía a la perfección los sentimientos que la peli rosa solía tener por él y estaba seguro de que aún los sentía, por eso estaba totalmente dispuesto a borrarlos, sin embargo, ahora estaba tornándose demasiado molesto y eso estaba perturbando al nada paciente Gaara.
—¿Podrías dejar de golpear la mesa con tus dedos, Naruto? –cuestionó enfadado el de ojos aguamarina, ya no iba a soportarlo por más tiempo—. ¿Es que acaso no te puedes estar quieto un milisegundo?
—Es que tú no entiendes, claro, como las mujeres ni siquiera te llaman la atención –ante las palabras del rubio, Gaara frunció todavía más el ceño. Era cierto que encontraba fastidiosas a la mayoría de las mujeres, pero eso no significaba que no le llamaran la atención, después de todo, era un hombre, era todo un hombre. Además, había una jovencita que sí despertaba mucho interés en su persona, por más que él no lo quisiera así.
—Eres un estúpido –masculló.
Naruto le miró de mala gana, cuando Gaara lo insultaba así, quería decir que no estaba de acuerdo con sus comentarios, así que esbozó una sonrisa pícara al comprender en qué parte de sus dichos, su amigo no estaba de acuerdo.
—Ya veo, me había olvidado por completo de ella –rio sínicamente—, es cierto que a ti te gusta Matsuri-chan, y no intentes negarlo porque es demasiado obvio.
Los ojos siempre serenos de Gaara se abrieron levemente por la sorpresa, pero al cabo de unos segundos, regresó a la normalidad y siguió comiendo como si nada. Como si un tonto comentario de Naruto lo fuera a afectar.
—Ella no me gusta –aseguró, pero en el fondo sabía que mentía, Aunque aún no tenía claro lo que ella le hacía sentir, era obvio que era algún tipo de atracción, tal vez sólo fuese física, debido a que la castaña era en realidad muy guapa, sólo que no se preocupaba lo suficiente de su aspecto, pareciendo más una niña que una mujer. Y ante sus propios pensamientos, Gaara se sorprendió… ¿Desde cuando miraba así a Matsuri?
—Gaara, ¿con quién crees que estás hablando? Podré ser un idiota para todo lo demás, pero soy un veterano del amor, amigo mío, recuerda cuánto tiempo llevo detrás de Sakura-chan –habló filosóficamente el rubio, volviendo a captar la atención de su compañero—. Escucha, no tiene nada de malo que te guste una chica, al contrario, eso es lo mejor que te puede pasar.
—¿Por qué lo dices?
—Gaara, ¿has besado alguna vez a una chica? –interrogó Naruto confundido, estaba seguro de que oiría un "no" por respuesta, pero le sorprendió ver al pelirrojo asentir con la cabeza.
—¿Qué crees que soy? ¿Un extraterrestre? Claro que he besado chicas, es decir, ellas me han besado, pero ese no es el punto –Gaara bufó molesto al enredarse en su propio discurso—. Se siente bien por el momento, pero después es nada.
—Voy a cambiar la pregunta entonces –el rubio se cruzó de brazos y miró hacia el techo de la cafetería, en donde no había nada más que color blanco, un blanco que era como un lienzo esperando ser coloreado y que llenaba a su mente de ideas nuevas—, ¿alguna vez has besado a una chica que te guste?
Esta vez el pelirrojo pareció meditar hondamente la respuesta, sin llegar a una conclusión afirmativa que lo respaldara. Definitivamente, jamás había besado a una chica por el hecho de que ella le gustase como persona, cuando había besado a alguien, fue sólo porque quiso saber como se sentía, tal vez en un par de ocasiones quiso demostrar qué tan hombre era, pero nunca por sentimientos, jamás. Por un momento, recordó lo que casi había sucedido con Matsuri en el salón de música, en ese instante sí había querido besarla, no por simple aburrimiento, ni porque quisiera demostrar algo a alguien, sino porque quería sentirla a ella, porque ella le provocaba eso y mucho más.
—No –respondió al fin, escueto y rudo como siempre.
Naruto rio.
—Entonces no sabes lo que se siente, no tienes idea de lo que es estar enamorado de alguien, Gaara, te aseguro que no es nada malo, al contrario, es un sentimiento que te hace muy feliz.
—Hablas como una chica.
—Oye, los hombres también sentimos, ¿o crees que soy un extraterrestre? –cuestionó, usando la misma analogía que anteriormente Gaara había utilizado. En estos momentos, Naruto podía volverse un verdadero sabio, tan inteligente como nunca antes lo había sido, pero incluso tras decir todas aquellas palabras tan adornadas y que podían denotar lo que Sakura le hacía sentir, en este momento estaba sintiéndose muy confundido. Primero había empezado como un nudo pequeño en su garganta al ver sonreír a Hinata Hyûga, pero luego aquello se expandió de una manera inexplicable, de una forma en que no lo podía parar.
No quería sentir aquello y estaba haciendo todo lo posible por reprimirlo, ahora que Sakura era por fin su novia, no pensaba echar a perder las cosas por una confusión estúpida. Él sólo estaba así porque Hinata había logrado hechizarlo con su dulce encantamiento, como hacía con todas las personas que la seguían ciegamente, pero él era lo suficientemente fuerte como para resistirlo, y lo haría.
—¿Ahora en qué estupideces piensas? –le preguntó Gaara intrigado, a lo que Naruto rápidamente se salió por la tangente.
—En como conseguir el permiso de mi papá, ¿será que le hago firmar alguna cosa de la escuela y luego traspaso su firma? –miró a Gaara esperando una respuesta, pero éste sólo se encogió de hombros.
—Hazlo como mejor te parezca –respondió ecuánime.
¿Por qué Naruto debía tener unos amigos tan aburridos y poco sociables como Gaara y Sasuke? ¿Era algún castigo por algo que hizo en su vida pasada?
Seguro que sí.
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Neji cargaba varios vestidos y accesorios de Hinata hasta una de las tantas limusinas de la casa, con la ayuda de la nueva empleada, Tenten, quién admiraba todo el material realmente fascinada. La verdad era que ella conocía muy poco y nada sobre la famosa Hinata Hyûga, sin embargo, había bastado sólo oír un par de sus canciones para caer encantada bajo el hechizo de su dulce voz.
—¿Todo esto necesita la señorita Hinata? –preguntó algo impresionada—, de verdad que los artistas deben prepararse mucho para sus conciertos.
—Hinata es un ícono de la moda en este país, miles de jovencitas quieren verse como ella, es por eso que mi prima cuida mucho su vestuario, no permite que nada se salga de lugar –respondió el pragmático joven—. Siempre hace pruebas de vestuario ante de cada concierto y luego regresa todo a su armario.
—Querrá decir habitación de ropa, porque es inmensa –bromeó la castaña, aunque le pareció que Neji se estaba comportando más amargado de lo normal, pues ni la miraba para responderle—. Bueno, y a todo esto, ¿por qué es que yo debo acompañarlo, señor? –frunció el ceño ante la pregunta.
—La asistente personal de Hinata llamó para avisar que está enferma y no podrá estar en su prueba de vestuario esta tarde, así que, como no tengo otra asistente, le he pedido a mi tío que me permita llevarte por esta vez para suplir el puesto –explicó el castaño, acomodando perfectamente las prendas de su prima, como lo haría todo un maniático del orden y la limpieza.
—Claro –Tenten no supo por qué, pero el hecho de ir a presentarse a ese estudio de música le daba cierto pavor, era como si se fuera a encontrar con algo inesperado en ese lugar, o como si algo malo fuese a suceder. Por todos los medios, trató de ignorar aquel presentimiento y se subió a la limusina junto con Neji. Por un momento, al encontrarse fascinada con el vehículo, pensó que todo volvía a ser normal, pero no esperaba lo que ocurriría.
Por otro lado, sólo en el momento en que la castaña se pegó al vidrio polarizado para observar el paisaje de la ciudad de Tokio, Neji se volteó a verla atentamente. Las facciones de su rostro se le hacían muy conocidas, ahora que lo analizaba con calma, estaba seguro de haberlas visto antes en algún otro lugar.
—Tal vez sólo estoy alucinando –se dijo mentalmente. No tenía por qué haber visto a Tenten o a alguien parecido a ella en ningún lugar, ¿no?
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Después del almuerzo y de las clases de biología, llegaba la hora tan esperada diariamente por todos los alumnos, la hora de los clubs. Había más de alguno que pertenecía a dos clubs o más, sin embargo, podían ser extracurriculares, un ejemplo de ello era el club de natación al cual pertenecía Suigetsu.
—Así que sabes nadar, lagartija –se burló la pelirroja en cuanto le vio cerrando su casillero, sacando las baquetas que usaba para tocar la batería en su grupo; Hebi, una banda que había formado con unos amigos fuera de la escuela, hecho por el cual no había podido unirse a la banda de su amigo Sasuke.
—¿No me digas que fuiste a verme al club de natación? –Suigetsu mostró su sonrisa tiburonezca, la cual siempre llevaba una cuota de sarcasmo y burla impregnada a ella—. ¿Por qué? ¿Acaso te gusto, pelirroja?
Karin enrojeció levemente con la afirmación, pero fue categórica en negar con la cabeza rápidamente.
—Por supuesto que no, yo no tengo tan mal gusto –aseguró enojada—, sólo te buscaba ayer para lo de los famosos dúos del club de música, no quiero hacer el ridículo, así que dime enseguida si sabes cantar o hacer algo.
—Uy, que agresiva eres, y eso que me habían hablado muy bien de ti –dijo el albino, apoyándose de espalda sobre el casillero cerrado—. Pues la verdad no sé cantar y nunca lo he intentado, así que olvídate de hacer un dúo de voces… ¿No sería mejor realizar algo distinto?
—¿Qué tienes en mente? –cuestionó algo interesada la chica de anteojos, la cual observó como el albino le hacía un gesto de acercarse más con su dedo índice. Al parecer, tenía un plan.
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Todos entraban emocionados al salón. Habían estado practicando arduamente las dos tareas otorgadas por el profesor, sobre todo el grupo de Naruto, quienes a pesar de no haber podido juntarse una sola vez a ensayar, estaban seguros de poder presentarse ya mismo, puesto que, como ellos mismos lo decían, tenían un especial don, podían practicar individualmente y luego improvisar toda la pista juntos, haciendo que sonara maravilloso, aunque claro, no había nada como ensayar en conjunto. Tendrían que buscar un lugar en donde poder hacerlo.
Cuando Matsuri y Hinata entraron, la castaña se había quedado viendo a Gaara tan embobada como siempre, sonrojándose con sólo imaginar lo que había sucedido cuando ensayaban para el dueto.
—¿Qué sucede, Matsuri-chan? Te has puesto roja de sólo mirar a Gaara-san –le dijo la ojiperla algo divertida, le causaba gracia ver como su amiga y ese chico se tardaban tanto para confesar lo que era obvio que sentían, era como estar viendo un dorama en vivo y en directo.
—N-no es nada, Hinata-chan –aseguró la chica soltando una sonrisa nerviosa, definitivamente no quería ser descubierta.
—Claro –Hinata decidió no intervenir en el tema, no era su deber el estarse metiendo en relaciones personales, así que decidió cambiar el rumbo de la conversación en cuanto tomaron asiento—. Oye, esta tarde después de la escuela tendré una prueba de vestuario para mi próximo concierto, ¿te gustaría acompañarme?
—¿De verdad? –preguntó Matsuri, asintiendo con la cabeza, fascinada—. Me encantaría, siempre he soñado con estar en algo así.
—Y por supuesto, estás invitada al concierto también –dijo Hinata amablemente, para luego voltear a ver a Naruto, el cual estaba sentado y tomado de la mano con Sakura. No tenía nada en contra de la peli rosa, pero por alguna razón detestaba verla al lado de Naruto, le parecía un romance tan falso, tanto como lo era ella misma—. No lo entiendo… ella se la pasa mirando a Uchiha-san… ¿Entonces por qué está con Naruto-kun?
Se sorprendió de lo que acababa de preguntarse y se juró no volver a hacerlo, pero era imposible, era demasiado buena observadora como para no percatarse de que esa chica de ojos jade sólo podía ver a Uchiha Sasuke y que, a su vez, éste la ignoraba indolentemente, o al menos eso hacía hasta hace poco, pues ahora no dejaba de mirarla.
Se vio interrumpida cuando apareció Kakashi-sensei, el cual después de dar varias indicaciones dio el pase al grupo de Naruto, que aseguraba estar listo para presentar el cover.
—¿Y qué van a cantar? –les preguntó Kakashi apenas ellos terminaron de acomodarse con sus instrumentos en el escenario, sin embargo, esta vez había un pequeño cambio; Gaara tenía la guitarra, Naruto el bajo y Sasuke se había ubicado en el teclado, por su parte, Sai seguía en la batería.
—It's My Life –respondió el rubio, a lo que una pequeña ovación por parte del resto se oyó, al parecer la canción era del agrado de todos, hasta Kakashi se mostró agradado por la idea.
La música comenzó a sonar enseguida, conducida por la guitarra de Gaara y el sonido del teclado de Sasuke. La batería sonaba algo bajo en la introducción, dando el pase a los otros tres instrumentos. Dentro de unos segundos, el pelirrojo comenzó a cantar.
This ain't a song for the broken-hearted
No silent prayer for the faith-departed
Su voz no sonaba tan profunda como siempre, pues trataba de respetar el tono del cantante original, sin embargo, no por eso era menos impresionante, al contrario, el sonido que los cuatro producían, muy a pesar del poco ensayo, era verdaderamente aplastante.
I ain't gonna be just a face in the crowd
You're gonna hear my voice
When I shout it out loud
Por un segundo, todos los instrumentos, excepto la batería, se silenciaron, dando paso al coro de la canción, al tiempo que algunos de los presentes se ponían de pie para corear también.
It's my life
It's now or never
I ain't gonna live forever
I just want to live while I'm alive
(It's my life)
My heart is like an open highway
Like Frankie said
I did it my way
I just wanna live while I'm alive
It's my life
Mientras los chicos seguían con su interpretación, una persona que estaba junto a la puerta les observaba con asombro, para luego esbozar una sonrisa de malicia, en cuanto sus ojos violáceos se posaron sobre el rubio que sonreía deslumbrantemente al pasar sus dedos por las cuerdas del bajo.
Ella se alejó cuando la canción aún sonaba, agitando su largo cabello rubio de un lado al otro, para luego volver a sonreír. Se detuvo en cuanto recibió un llamado a su teléfono celular, el cual no tardó en responder.
—¿Bueno? Aquí Shion –dijo alegremente—. Oh, no, no estoy aún en la prueba de sonido, primero desvié mi camino, quería conocer mi nueva escuela, claro, adiós, Sasori-san.
Colgó la llamada y pensó por un momento en el muchacho de cabellera rubia. No podía decir que los otros tres integrantes de la banda no le habían impactado, pero él y su forma de disfrutar lo que interpretaba, era simplemente fascinante.
—Es muy guapo, y un muy buen músico –se dijo—, podría tener un gran futuro –luego de esto se alejó definitivamente, planeando algo que tal vez cambiaría las cosas en la vida de muchos.
Continuará…
