Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones:

-Give Me a Sign (coro) – Breaking Benjamins.

-Sparks Fky – Taylor Swift.

-Lucky – Glee version.

-Need You Now – Glee version.

...

La música es el amor buscando palabras.

Capitulo 8: Duetos y sentimientos

Matsuri estaba sentada en una sillita apartada, a un rincón de la enorme sala en donde su mejor amiga desfilaba la ropa que se estaba probando para su próximo concierto. Era alucinante ver como a Hinata todo lo que se pusiera le quedaba perfecto, ella era tan hermosa que ninguna chica se le comparaba, por eso algunas le tenían envidia y muchas deseaban ser como ella. La castaña en tanto, sólo se conformaba con la amistad que tenían y con admirarla desde esa posición tan privilegiada, la de ser su amiga.

—Wow… Hinata-chan luce preciosa –susurró para sí, con las mejillas levemente sonrojadas y una enorme sonrisa en el rostro, al tiempo que observaba a la ojiperla posar para una cámara usando un vestido strapless de color rojo, con una enorme cinta negra cruzando debajo de los pechos y una preciosa caída en A, llegando hasta sus rodillas.

—Si quieres puedes ir y modelar con ella –escuchó la suave voz de la mánager, Kurenai, quien le sonreía abiertamente. A leguas se notaba que era una mujer muy amable y simpática, aunque Hinata le había dicho que ella sólo pensaba en el dinero, seguro que estaba exagerando.

—N-no, gracias, esas cosas no me quedarían ni en un millón de años –respondió avergonzada.

—Pero ¿qué dices, muchacha? –habló la mujer en tono de regaño—. Para empezar, tienes una cara muy dulce y tu cuerpo no está nada mal, si tan sólo te vistieras más juvenil matarías a los chicos por querer salir contigo. ¡Tendrías muchos pretendientes!

Matsuri se sonrojó al oírla, bajando los hombros como una niña asustada.

—¿Usted cree?

—¡Claro! –aseguró Kurenai, quien en ese momento se calló al ver quién se acercaba a ellas. Sonrió levemente y le saludó—. Buenas, Neji, ¿ya te has ocupado de la seguridad?

—Así es, Kurenai-san –respondió el joven ojiperla con seriedad. Miró de reojo a la joven que estaba sentada ahí observando a su prima y notó como ésta se sonrojaba y bajaba la mirada al verle, al parecer era alguien muy tímida, le recordaba a la Hinata de hace unos años—. Tú debes ser la amiga de Hinata.

—Eh… s-sí, K-Koyama Matsuri –se presentó la jovencita, esbozando una dulce sonrisa.

—Hyûga Neji, el primo de Hinata y además el encargado de su seguridad –se presentó él, sin poner ningún tipo de expresión en su rostro. Sabía que eso a veces asustaba a las personas, pero no pensaba cambiar ese aspecto de sí mismo, se sentía cómodo, así como era. Aunque era verdad que precisamente por ser como era, fue que su relación había terminado en fracaso.

Por otro lado, se encontraba Tenten, quien estaba también mirando como Hinata desfilaba y posaba ante la cámara, para luego ayudarla con algunas cosas como sus accesorios, maquillaje y demás. También le preparaba el siguiente vestuario, para que la ojiperla fuese a cambiarse en cuanto acabara con uno.

El tiempo transcurrió entre risas y momentos agradables, hasta que al final, la idol había escogido lo que iba a usar.

—¿Quieres ir por algo de beber? –le preguntó Hinata a su amiga, la cual asintió con la cabeza y se puso de pie, pero antes de poder salir de la enorme habitación, Hinata tomó algunas prendas que había decidido no usar, poniéndolas sobre las manos de la castaña—. Esto es para ti, por haber venido hoy.

—P-pero, Hinata-chan…

—Pero nada, es un regalo de tu amiga. Sólo las he usado hoy, espero que no te moleste –le sonrió de una forma dulce y sincera. La verdad era que Hinata estaba muy feliz de tener a una amiga, una persona en quien podía confiar y contarle sus cosas, nunca había contado con nadie así antes y quería hacer todo lo posible por hacerla feliz.

—Está bien, muchas gracias –dijo Matsuri—. Y por supuesto que no me molesta que lo hayas usado.

Hinata asintió con la cabeza y las dos partieron a buscar algo de beber. Por su lado, Neji se había quedado mirándolas alejarse, sin poder evitar sentirse feliz por su prima. Vio entonces como Tenten guardaba lo que ya no se usaría, al tiempo que el fotógrafo desmontaba la costosa cámara profesional. Se acercó con pasos sigilosos hacia donde estaba la joven China, sin embargo, no se esperaba que de un momento a otro apareciera una persona indeseable en escena.

Eri trabajaba ahí como secretaria, ellos dos habían mantenido una relación de cerca de dos años, empezaron siendo jóvenes, pero Neji había caído como un idiota, presa de los encantos de esa joven. Ella era dulce y siempre estaba dispuesta a soportar su mal genio, pero había sido él mismo quien terminó por arruinarlo, era demasiado frío y eso la hizo pensar que no la quería, por lo que terminó huyendo a los brazos de otro.

Aún le dolía recordar aquello, más porque después de un tiempo, Eri quiso obtener su perdón y hacía lo que fuera sólo para que él le concediera unos minutos, cosa que el chico no era capaz de hacer, su corazón herido no podía perdonarla. No así como así.

Frunció el ceño cuando notó como Eri pretendía acercársele, así que, sin pensarlo, él caminó a zancadas hacia Tenten y la jaló del brazo, ante las protestas que la chica hacía, pero a él nada de eso le importaba, sólo quería alejar a Eri de su vida, o hacerla sentir mal, tan miserable como ella le hizo sentir con su engaño.

—Cállate y ven aquí –le ordenó el Hyûga a la joven de los chonguitos, la cual de pronto se quedó callada, sin saber que decir. Él la soltó en uno de los pasillos, pegándola contra una pared y acercándose peligrosamente a su oído—. Escúchame bien –le susurró—: quiero que en este momento te hagas pasar por mi novia.

—¿Su qué? –interrogó Tenten, con la boca abierta y los ojos como platos. ¿Es que ese hombre se había vuelto loco? ¡Y encima se lo ordenaba!

—Ya me has oído –en ese preciso instante, Neji observó como Eri se les acercaba, planeando enterarse de qué asunto tan importante hablaban como para haberse tenido que alejar de esa manera. Él no sabía en qué estaba pensando, jamás había sido tan impulsivo, pero necesitaba lastimarla, hacerle ver que sin ella podía seguir vivo, fue por eso que no le importó que Tenten fuese su empleada, simplemente la tomó del mentón y prácticamente la obligó a besarle. Al principio notó como ella se resistía, pero al cabo de unos segundos comenzó a corresponderle y eso por poco y lo vuelve loco. Se sorprendió de la facilidad con que sus labios y los de Tenten encajaban, así como de la textura suave y el sabor dulce que éstos tenían.

Después de unos segundos, se separó de ella para mirarla a los ojos, descubriendo que por un momento se había olvidado completamente de que Eri les estaba viendo. Volteó entonces hacia donde se suponía que ella estaba, pero ahí no había nadie; se había ido.

—¿Qué…? –comenzó a decir Tenten, quien de pronto lo alejó de un empujón y le miró con mucha rabia, se sentía utilizada, ultrajada, aunque no fuese tan así—. ¡¿Pero que rayos le sucede?! –exclamó, sin llegar a perder el poco respeto que aún mantenía por ese idiota.

Es que sinceramente… ¿Quién se creía que era él para besarla?

Neji le miró de mala gana, era cierto que él había actuado sin pensar, pero no era como para que lo empujara y le gritara de esa manera, además, ella no se vio muy enfadada mientras le correspondía al beso que le dio.

—Cálmate, no es para tanto, sólo lo hice para que esa mujer se alejara de mí –respondió despreocupado, llevándose las manos a los bolsillos del pantalón y caminando tranquilo de regreso a la gran sala de las fotografías, dejando a la castaña totalmente desconcertada en aquel lugar, pues sinceramente no entendía qué era lo que había pasado ahí y encima, ese beso le gustó más de lo que debería.

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Gaara se encontraba en su habitación tocando la guitarra, estaba terminando las últimas partes de la canción que había compuesto pensando en la persona más especial e importante de su vida, alguien que ya no estaba a su lado, pero que aún así amaría por siempre; su madre.

Cada vez que pensaba en ella, se sentía abatido y triste, le daban deseos de oír música muy ruidosa y fuerte, o tocar la guitarra con toda su pasión. Odiaba sentirse así de débil, odiaba que su padre le culpara todo el tiempo por lo ocurrido; odiaba haberla perdido.

En ese momento comenzó a cantar, sin perder detalle de las notas musicales con sus dedos sobre las cuerdas de su hermosa guitarra roja.

I can feel you falling away

No longer the lost

No longer the same

And I can feel you starting to break

I'll keep you alive

If you show me the way

Forever, and ever, the stars will remain

I'm falling apart

Leave me here forever in the dark

Después de acabar con el coro y de anotar un par de cosas, volvió a pasar sus manos sobre las cuerdas sin tocar nada en especial, se sentía ridículo, pero no dejaba de pensar en las palabras de Naruto hoy en la escuela.

—¿Alguna vez has besado a una chica que te guste?

Cada vez que esa escena se repetía en su cabeza, pensaba en ella. Era tan dulce y tímida, tan diferente a todas esas tontas mujeres que sólo se le acercaban alardeando cuanto lo admiraban o morían por él. Matsuri no era igual a todas ellas y eso le gustaba, además, su forma de tocar el piano y su voz suave pero firme le habían encantado por completo, haciendo que cayera bajo un hechizo sin retorno.

¿Qué podía hacer para dejar de pensarla entonces?

—Después de todo no puedo hacerlo, ¿no? –soltó una leve sonrisa, dejando la guitarra de lado y mirando hacia el techo de su habitación—. Matsuri… realmente me gustas… –confesó para sí, aún emocionado por haber descubierto sus sentimientos por ella. Aunque aún cuando lo sabía, había muchas cosas que no lograba comprender, tal vez si le preguntaba a Temari…

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Hinata y Matsuri estaban sentadas en el patio del estudio de grabación, que era como una enorme casa al estilo oriental, pero con un patio central más al estilo japonés. Las dos estaban bebiendo un refresco, mientras hablaban de una que otra tontería. Ya que Hinata había terminado con lo del vestuario, tenía el resto de la tarde libre, porque mañana comenzaría con duros ensayos, la fecha del concierto se estaba acercando, además del dichoso festival de la escuela.

—Entonces, Matsuri-chan, ¿ya has besado a Gaara-san? –preguntó la ojiperla con una sonrisa, haciendo que su amiga se pusiera de todos colores.

—¡N-no! –exclamó totalmente sonrojada—. ¿Por qué habría de besarlo? Él y yo no somos nada, es decir, somos amigos, n-no, compañeros… bueno, eso…

—Bueno, pues porque te gusta –respondió a la pregunta la joven idol, como si fuera la cosa más normal del mundo, y es que lo era, aunque para ella no era nada cotidiano el hablar de chicos ni de romances, puesto que nunca antes había tenido a una persona como Matsuri a su lado. Rio cuando vio a su amiga ponerse más roja, le hacía mucha gracia—. Vamos, no lo niegues, que yo sé darme cuenta de las cosas.

—Qué mala eres –le dijo la castaña resignada. Mostró una pequeña sonrisa y comenzó a relatar lo que el otro día le había sucedido, con el corazón latiéndole a mil por hora de sólo recordarlo—. La otra vez… cuando Gaara-kun y yo estábamos en el salón de música, él… me dijo unas cosas muy lindas y luego, me tomó de la mano, acarició mi mejilla y…

—¿Y te besó?

—No –Matsuri bajó la mirada al recordar cómo habían sido interrumpidos—. Pero estuvo tan cerca de mí… de verdad sentí que iba a besarme, y sentí que mi corazón iba a estallar –ella de pronto miró hacia el horizonte, aunque estuviese cubierto por las paredes de la construcción—. Yo lo he amado desde hace dos años, él es una persona demasiado maravillosa, aunque todos digan lo contrario, yo sé que él es bueno y amable, lo ha sido conmigo.

—Lo quieres mucho, ¿verdad? –Hinata vio como su amiga asentía con la cabeza, sin poder dejar de pensar en sus palabras. Inmediatamente sus mejillas se tiñeron de rojo y fue su turno de bajar la mirada, gesto que no pasó desapercibido por Matsuri, puesto que la miró atentamente—. ¿Sabes? Últimamente a mi me han pasado unas cosas raras.

—¿A qué te refieres con eso? –cuestionó Matsuri, arqueando una ceja.

—B-bueno yo… –de pronto sus dedos comenzaron a hacer un gracioso movimiento, juntándose las puntas de los mismos mientras sus mejillas se encendían cada vez más—. Hay un chico… es… bueno, una persona que me ha tratado distinto de los demás.

—¿Por qué distinto?

—Al principio sólo peleábamos, pero a medida que nos fuimos conociendo, comenzamos a llevarnos bien –relató, sin atreverse a revelar el nombre del susodicho, temía que Matsuri no aprobara que ella sintiera esas cosas por un chico que tenía novia—. Yo… me siento muy a gusto cuando estamos cerca, cuando hablamos… pareciera que podemos entendernos a la perfección, aunque somos diferentes y nos gustan estilos de música distintos, a través de la música siento como si nos conectáramos… yo… él hace que mi corazón quiera estallar.

Matsuri sólo la veía sorprendida, la forma en que Hinata acababa de hablar, diagnosticaba un solo mal.

—¿Qué crees que sea esto?

—Estás enamorada de él –le respondió la castaña con seguridad y una dulce sonrisa, sin esconder su veredicto tras palabras adornadas, no planeaba confundir a su amiga, quería que ella se diera cuenta cuanto antes de qué era eso que sentía.

Por su parte, al oír esas palabras, los ojos de Hinata se abrieron muy sorprendidos y se llevó una mano a su pecho, sintiendo nuevamente como el corazón le latía fuertemente.

¿Yo… enamorada de Naruto-kun…? –pensó, aún absorta.

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Tenten estaba regresando a la primera sala, en donde estaban las cosas de Hinata y donde se había hecho la prueba de vestuario. Como era la asistente suplente, tenía que encargarse de ordenar todo lo que la chica había escogido y guardar lo que no.

Soltó un suspiro de resignación, pues aparentemente estaba algo perdida, sin embargo, de pronto alguien la jaló del brazo bruscamente y la hizo chocar contra una pared, provocándole dolor en la columna por el fuerte golpe.

—¡¿Quién demonios eres tú?! –escuchó una voz femenina. Abrió los ojos pasados unos segundos y vio a la misma chica de antes, la cual, supuestamente, Neji había tratado de alejar al besarla a ella—. ¡Responde! –insistió la mujer.

—P-perdón, no sé qué le pasa, señorita, pero eso me ha dolido –le dijo con el ceño fruncido, sin responder a la pregunta que histéricamente le hacía aquella desconocida. La mujer no le había soltado el brazo, apretándoselo con mucha fuerza, tanta que no parecía la de una chica—. Suélteme o no me contendré –advirtió. Después de todo, Tenten no era ninguna debilucha.

—Cállate, deja de hacerte la mosquita muerta y dime qué te traes con mi Neji.

Esas palabras llamaron la atención de la joven china. Además de histérica, ahora resultaba que la mujercita era posesiva, vaya.

—¿Su Neji? –repitió, arqueando una ceja—. Yo no sabía que las personas pertenecían a otros –se rio.

—¡No te burles, estúpida! –le gritó Eri, dándole una bofetada tan fuerte que Tenten sintió que el rostro se le ladeaba por completo, había sido doloroso—. Neji es mío, me pertenece, no dejaré que una simple mujerzuela como tú lo bese.

La castaña estaba en shock, no sabía si lanzársele encima a esa mujer y arrancarle todos los pelos o darle de patadas hasta que llorara, la verdad era que lo estaba decidiendo y tenía serias inclinaciones por la primera opción, pero justo cuando iba a reaccionar, al mismo tiempo que Eri nuevamente trataba de pegarle, la mano de alguien detuvo el brazo de la chica, haciendo que quedara en el aire. Tenten siguió esa mano, hasta que se topó con la mirada iracunda de Neji Hyûga.

—¿Qué crees que haces? –le preguntó a la histérica, con demasiada rabia en el tono de su voz, cosa que la hizo temblar.

—Neji, yo… ella…

—Discúlpate con Tenten ahora mismo –le exigió el ojiperla. Tenten no recordaba haberle visto más furioso anteriormente, de verdad estaba que asustaba, pero en el fondo, era un poco agradable ver que estaba tan furioso porque alguien le había tratado de hacer daño a ella, sin embargo, trató de convencerse de que esa no era la razón. Él estaba así por esa chica, no por ella.

—¿Por qué debo disculparme con la estúpida que te besó frente a mis narices? –le recriminó Eri, sacudiendo la mano para soltarse de su agarre. Miró a Tenten con odio, la cual aún seguía callada y sorprendida por todo lo que estaba pasando—. Neji… –siguió hablando la mujer—. ¿Por qué besaste a esta mujercita?

Tenten frunció el ceño al ser llamada mujercita, sin embargo, nuevamente se quedó callada, pues el Hyûga se le adelantó.

—Porque amo a Tenten y ella es mi novia –mintió descaradamente, agarrándole la mano a Tenten y jalando de ella, para así lograr que le abrazara. Como la Ama estaba demasiado sorprendida, no le dio tiempo de reclamar o desmentir algo, encima de eso, él volvió a jalarla para que se alejaran—. No vuelvas a buscarme, Eri, porque yo ya te olvidé –y en ese momento, Tenten vio en sus ojos como él seguía mintiendo. Él no había olvidado a esa Eri, no la había olvidado para nada.

Y por un instante, Tenten se sintió triste y utilizada, no parecía más que un muñeco con el cual se podía jugar como se quisiera. Eso había hecho Neji con ella; jugar.

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Él estaba solo en aquella oficina, revisando papeles, firmando más documentos. Odiaba estar siempre con la misma rutina, pero no tenía otra escapatoria al doloroso pasado que aún lo atormentaba. Siempre que miraba la fotografía que estaba sobre su escritorio, le dolía el pecho, al ver la sonrisa tan marcada en el rostro de aquella mujer de largos cabellos rojos, esos que él mismo había halagado una vez, cuando eran más jóvenes, siendo que todos consideraban que eran los cabellos de una demonio.

Aún recordaba que cuando él le dijo que tenía un cabello hermoso, ella se había sonrojado como un tomate.

—Kushina… –no pudo evitar llamarla, como en cada sueño lo hacía, cada noche que se acostaba y despertaba sin ella. Sin su calor, sin sus besos. Sólo tenía su recuerdo, sólo el recuerdo de lo que había sido su amor y el fruto que éste dejó; su hijo Naruto.

Dejó de mirar su fotografía, tratando de volver a trabajar, pero los recuerdos le agobiaban. Aún podía verse aquella tarde observando las noticias, consternado al oír que cayó el avión y que no hubo ningún sobreviviente, el avión donde viajaba su esposa, la famosa cantante Kushina Uzumaki.

De pronto, el intercom de su escritorio hizo un sonido y presionó el botón rojo para oír la voz de su secretaria.

—Tiene una vista del señor Hiashi Hyûga.

Minato frunció el ceño. ¿Para qué lo estaría buscando Hiashi aquí? Aquel que solía ser nada más y nada menos que el representante de Kushina.

—Dile que pase –respondió al fin, tenía que saber qué quería.

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Karin estaba en su habitación, recostada boca abajo sobre la cama y hablando por teléfono con Sakura, mientras que, con su otra mano, escribía en la laptop. Se reía cada vez que leía alguna de las tonterías que ese lagarto de quinta le escribía por chat, pues se suponía que iban a hablar sobre el tema que presentarían, o al menos en eso quedaron en la escuela, sin embargo, eso parecía habérseles olvidado.

—Karin, ¿has hablado con la cerda? Últimamente está un poco rara, ¿no crees? –le preguntaba Sakura, al tiempo que Karin terminaba de responderle algo a Suigetsu.

—No, la verdad ni lo he notado, he estado ocupada practicando para la tarea de música y la de química –respondió la pelirroja, echando un vistazo a su violín, que estaba perfectamente guardado en su estuche, ni lo había tocado—. De todos modos, debe ser algo relacionado con Kiba, ya sabes cómo son las chicas con novio, se complican por lo que dijo, por lo que no dijo.

—Debe ser eso –le dijo la peli rosa del otro lado.

En ese momento, Karin volvió a mirar la pantalla, en donde Suigetsu le hablaba nuevamente.

Lagartija de coladera dice:

-¿Sabes? Te ves linda en la foto de perfil.

La chica no pudo evitar soltar una sonrisa, perdiéndose parte de la conversación de su amiga.

—Qué idiota –susurró, olvidándose de que aún sostenía el teléfono.

—¡¿Qué dijiste, cuatro ojos?! ¡¿Cómo te atreves a llamarme idiota?! –exclamó Sakura, logrando sacar del trance a la joven de ojos rojos.

—¿Qué? ¡No, Sakura no era a ti! –le trató de explicar, pero era inútil, ésta ya le había colgado—. ¡Puta peli rosa mal pensada! –se quejó molesta, tirando el teléfono sobre la cama—. Ya le llamaré luego –se dijo, volviendo a sonreír al releer el mensaje de Suigetsu.

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Sakura había salido a dar una vuelta luego de colgarle enojada a Karin. Qué rabia le daba, si ella no le había hecho nada como para que le dijera idiota, pero ya iba a ver luego en la escuela cómo la iba a dejar, igual que a Ino, esa era otra que le debía una buena explicación por lo rara que andaba últimamente, parecía todo el tiempo en las nubes, eso era demasiado anormal en ella.

—Tontas amigas… ¿Quién las necesita? –se preguntó con el ceño fruncido. Estaba dando pasos largos y pesados, por lo que no se fijó que había una piedra filosa en el suelo, la cual le hizo doler el pie, provocando que se cayera y se doblara el tobillo—. Auch –se quejó adolorida.

Se llevó una mano a su pie lastimado, sobándolo.

—Pero qué torpe soy –se regañó a sí misma. En ese momento, como si este fuese su peor día, una pelota de tenis le golpeó en la cabeza—. Auch –volvió a quejarse, esta vez con pequeñas lágrimas amenazando con salir de sus ojos. Se levantó adolorida y cogió la pelota, enojada—. ¡¿De quién es eso?! –exclamó.

—¿Sakura? –escuchó una voz detrás de ella, una voz masculina, que la hizo voltear completamente avergonzada, ahora resultaba que haría el ridículo frente a él.

—S-Sasuke-kun –susurró, despacio, en voz baja y con las mejillas ardiendo. No pensó que de verlo se sentiría así de fascinada, pues Sasuke lucía demasiado guapo. Usaba una remera sin mangas, del tipo musculosa, de color negro, como su cabello y sus ojos. Tenía un short hasta las rodillas de color blanco y tennis blancos, marca Nike. Llevaba una raqueta de tenis en la mano y el cabello humedecido, al parecer, por el sudor.

—¿Qué haces aquí? –le preguntó el muchacho indiferente, aunque no había podido evitar reparar en lo linda que lucía con ese vestido rosado. Alzó la mano hacia ella, notándola más tensa de lo normal—. Mi pelota.

—Eh, c-claro –dijo la chica más avergonzada aún. Estiró sus manos y le entregó la pelota, temblando cuando su piel y la de él se rozaron. Recordó entonces que se había prometido olvidarlo y rápidamente alejó sus manos, bajando la mirada—. Debo irme, Sasuke-kun, nos vemos –dicho esto, salió corriendo, sin que Sasuke intentara detenerla para nada, sólo la vio correr. Por su parte, ella podía sentir el dolor en su pierna y eso la hizo detenerse a mitad del camino, ahora la molestia se había transportado hasta su rodilla y la hizo caer, sosteniéndose la misma.

Al ver aquello, Sasuke no supo por qué, pero corrió hacia ella preocupado, sin importarle nada.

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—Ya suélteme –exigió Tenten, tironeando de su brazo para lograr que por fin Neji la soltara, provocando que parasen de caminar—. ¿Qué le pasa a usted? ¿Cómo se atreve a inventar esas mentiras? –reclamó con el ceño fruncido, es que ella era una persona que nunca se quedaba callada, incluso si debía pelear contra su propio jefe.

—Cálmate, deja de gritar –le dijo el castaño de lo más calmado, aunque no pudo evitar soltar una sonrisa cuando vio como Tenten hacía un gracioso puchero y se cruzaba de brazos ofendida, como si se tratara de una niña pequeña a la que le acababan de quitar su dulce.

—Es que me enferma la gente mentirosa, y más si me usan a mi para mentir –le respondió, sacándole la lengua.

—Ni modo, creo que puedo vivir con eso –se burló el Hyûga, dándole la espalda para comenzar a caminar hacia la dirección a donde debían ir—. Ven, tenemos que regresar al auto, mi prima está por salir.

Tenten sólo lo siguió en silencio, estaba realmente molesta, después de que ese idiota la había besado, encima llegaba una loca a golpearla y ahora resultaba que el tipejo se burlaba de ella. ¿Pero qué le pasaba hoy a todo el mundo con ella? ¿Acaso era el día de "jodan a Tenten"?

Estaba mascullando un montón de cosas en voz baja, cuando de pronto desvió la mirada hacia uno de los pasillos y vio a una persona que la dejó con el corazón en la boca. Se quedó paralizada y quiso salir corriendo, más cuando ésta se desapareció tras una puerta, sin siquiera haberla visto, sin embargo, las piernas de Tenten no se movían.

—E-es…

—Hey –le llamó Neji, con su ceño ligeramente fruncido al ver que la chica no se movía—. Te dije que nos fuéramos, ¿qué haces ahí parada? –reclamó—. Date prisa y ven aquí.

—S-sí –dijo la castaña, volviendo a caminar y sacudiendo la cabeza. Definitivamente, esa persona no era quien ella creía, sólo lo había imaginado y eso era todo.

Nada más.

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Temari estaba ordenando un montón de test de actitud que había tomado en la semana el orientador de la escuela, los cuales habían sido aplicados sólo a los terceros años, entre ellos estaba el de su hermano y el de cierto chico que desde que llegó, le había llamado la atención, aunque ella no había querido ojearlo demasiado, no sabía por qué esa persona le inquietaba.

De pronto oyó unos toques a su puerta.

—Adelante –dijo, sin dejar de prestar atención a la tarea que estaba realizando. La puerta se abrió, dando paso a la intromisión de su hermano menor, Gaara, quien lucía algo afligido y eso rara vez se veía. Al verlo, Temari dejó los test de lado para prestarle más atención—. Gaara, ¿se te ofrece algo?

El pelirrojo asintió con la cabeza, algo nervioso.

—Habla, hermano, sabes que aquí estoy para ayudarte –le concedió la palabra con una alegre y maternal sonrisa, indicándole que le contara su problema, pues Gaara jamás la buscaba si no tenía un problema, eso era un poco interesado, pero así era el chico y no había nada que hacerle.

—Verás… –dudó sobre como empezar, nunca había hablado un tema como este antes y eso era realmente vergonzoso—. Pues… en la escuela… hay una chica…

—¡Gaara! –lo interrumpió Temari, sorprendida—. ¡¿No me digas que me vas a hacer tía?! –exclamó, provocando lo que nunca antes había logrado ver en el rostro de su hermano, que éste se pusiera tan rojo como su cabello.

—¡No! –Gaara también gritó—. Ni siquiera me dejas terminar de hablar –se quejó enojado, cruzándose de brazos y desviando la mirada.

Temari se carcajeó un momento, aliviada, pues aún se consideraba demasiado joven para ser tía, además, su padre asesinaría a Gaara, a Kankuro o a ella, si a alguno de los tres se le ocurría la genial idea de traer un hijo al mundo sin haber terminado sus estudios y sin haberse casado. No es que pensara que Gaara era un mujeriego que podía cometer tal imprudencia, simplemente fue lo primero que se le vino a la cabeza en cuanto lo vio tan nervioso.

—Perdona –se disculpó, aún riendo—, dime qué no pasa, y prometo esta vez oír hasta el final.

—Está bien, pero no me interrumpas y no te pongas a decir estupideces –le regañó Gaara, aún molesto por el tonto comentario de la rubia, pero decidió seguir hablando—. Pues verás, en la escuela hay una chica, que creo que me… gusta, o algo así.

—Oh… –Temari no pudo evitar hacer una exclamación de sorpresa, era la primera vez que oía algo parecido, es decir, para que a Gaara le gustara algo, ese algo debía ser demasiado bueno, lo mismo era con las personas para él—. Ya veo por donde va la cosa, estás confundido respecto a ella… ¿Verdad?

—Algo así –le secundó el chico, asintiendo con la cabeza—. Es que, bueno, nunca había sentido esto por nadie y… pues ella es en verdad muy distinta a todas las chicas que he conocido, es dulce y tímida, y le gusta la música tanto como a mí.

—Vale, me has dejado intrigadísima, dime quién es –exigió saber la mayor, sin embargo, vio como su hermano fruncía el ceño en señal de estarle negando su pedido, cosa que la desanimaba—. Vamos, Gaara, no seas egoísta.

—No lo haré, si te digo quién es, eres capaz de ir a hablarle y contarle todo lo que te dije.

—Ah… –exclamó la rubia—. Yo nunca haría eso –dijo fingiendo molestia, pero a los pocos segundos relajó de nuevo su expresión, cruzándose de brazos y bajando la mirada—. En realidad, sí que lo haría.

—Lo sabía –susurró Gaara, entornando los ojos—. Pero ya, deja de hacerme perder el tiempo y… ayúdame, que para eso vine –nuevamente se mostró algo avergonzado, cosa que en verdad divertía demasiado a Temari, le gustaba ver a Gaara así, que por un momento dejara de ser tan frío y distante y se mostrara más humano, sobre todo si había una chica que le gustaba, eso quería decir que su hermanito aún podía sentir y llegar a ser feliz.

—Bueno, si lo que quieres es estar seguro de lo que sientes por ella, deberías probar, no sé, besándola, por ejemplo.

—¿B-besarla? –cuestionó Gaara con cierta sorpresa, atragantándose con su propia saliva al imaginar aquello—. Besar a Matsuri… yo… ¿Seré capaz de hacerlo…? –se preguntó.

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Sakura se sostenía la rodilla con una mano y con la otra se sobaba el tobillo, sentada en el suelo sin importarle lo duro que éste estuviera.

—Sakura –Sasuke la llamó cuando llegó a su lado, aunque su tono de voz no fue inusual, sonó ligeramente preocupado—. Oye… ¿Estás bien? –le preguntó, acuclillándose a un lado de ella para -sin si quiera pedir permiso- tomarle delicadamente el tobillo y revisarlo—. Está hinchado, creo que te has torcido.

—Am… yo…

—¿Por qué corriste si sabías que te dolía? –le preguntó Sasuke, aparentemente molesto, notando como ella sólo bajaba la mirada, apenada.

—Lo siento… yo sólo… no quería molestarte, Sasuke-kun –respondió Sakura, quien en ese momento sentía deseos de llorar, porque siempre terminaba haciendo el ridículo frente a Sasuke, sin importar lo que hiciera y cuánto tratara de impedirlo, era imposible que alguna vez saliera airosa de la situación, cuando él estaba presente, ella era una completa idiota.

—Pues mira que lo has hecho de todas formas –masculló secamente, a lo que la peli rosa lo volteó a ver con tristeza—. No esperarás que te deje aquí tirada, ¿verdad? Acabas de fastidiar mi juego porque tendré que ayudarte.

Al oír sus palabras, lo primero que pensó Sakura fue en darle una patada en la cara para que se dejara de creer el centro del universo. ¿Es que acaso se creía el último hombre sobre la tierra como para que ella tuviera que aceptar su ayuda? Si tan importante era su juego, entonces ella prefería quedarse ahí tirada y se lo haría saber.

—Si para ti es un fastidio ayudarme, entonces no lo hagas –dijo, rechazando la mano del chico cuando éste trató de sostenerla, para hacer que se levantara—. Vuelve a tu juego y déjame sola, yo sabré como me las arreglo.

Sasuke la miró con el ceño fruncido, molesto. ¿Y ahora que mosca la había picado a la tonta esa? Para empezar, él le estaba ofreciendo su ayuda y ella le hablaba de esa manera. Pues bien, si quería irse cojeando todo el camino hasta su casa como una mula, que lo hiciera, ya que era tan orgullosa como para rechazarlo, él haría lo mismo.

—Haz lo que quieras, y sí, voy a volver a mi juego –le respondió, poniéndose de pie y dándole la espalda para caminar de regreso a donde se encontraba antes, pues su compañero le estaba esperando. Por más que quería no voltearse, al llegar al final de la calle tuvo que hacerlo, notando como la chica se arrastraba hacia su derecha para poder ponerse en pie con la ayuda de una pared. Bufó con enojo y siguió caminando, ignorándola—. No es más que una molestia –pensó.

—¿Quién se cree que es? ¿Acaso piensa que sólo porque estoy enamorada de él voy a dejar que me pisotee? Pues está muy equivocado –se decía Sakura, mirando una y otra vez la dirección que había tomado Sasuke. Si pudiera mover su pierna, le habría dado una patada, seguro, pero por ahora, simplemente debía quedarse ahí parada, no podía siquiera apoyar el pie—. Ay… ¿Qué hago? –se preguntó confundida, fue en ese momento que se le ocurrió llamar a Naruto, así que sacó su celular.

Al menos Naruto jamás diría que era un fastidio ayudarla.

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El rubio estaba ensayando la canción que cantaría con su novia Sakura, tocando la guitarra con gran entusiasmo. Tenía que aprovechar que su padre no estaba en casa, sino en su oficina, así no le jodería todo el día con que dejara de tocar. Lo entendía, sabía que a su padre no le gustaba recordar la época en que su madre se dedicaba a la música, pero no por eso lo iba a dejar pisotear su sueño y menos ahora que estaba tan cerca de obtenerlo, eso ni pensarlo.

—Mamá, ilumínalo tú para que me entienda –murmuró mirando al techo, como si en verdad su madre pudiera escucharle desde el cielo. Aún recordaba aquel fantástico concierto al que asistió, uno de ella, en donde se dio cuenta de que quería dedicarse a la música como su mamá, ser como ella, una estrella igual que ella.

No podía negar que la extrañaba demasiado, era pequeño cuando ella falleció, pero la amaba más que a nada, le seguía doliendo su pérdida, pero sentía que la música era capaz de conectarlo con ella y cuando tocaba la guitarra era como si su madre le estuviera escuchando. ¿Por qué su padre no podía ver eso? ¿Por qué no era capaz de ver las cosas positivas y sólo veía las negativas?

—¿Por qué no pude entender que yo amo la música igual como mamá? –se preguntó con el ceño fruncido. En ese instante, oyó el sonido de su celular. Dejó la guitarra sobre la cama y lo contestó—. ¿Bueno? Sakura-chan –sonrió al oír su voz, pero enseguida se alteró—. ¡¿Eh?! –saltó de la cama—. ¡Enseguida voy por ti, espérame ahí!

Y como un rayo, corrió hacia la salida de su casa, tomando el primer auto que encontró, pues, aunque su padre no le dejaba conducir, él tenía licencia y no lo hacía nada mal, sólo que como siempre, Minato estaba muy molesto con él por lo de la música y le tenía prohibidas varias cosas.

Aunque en este momento nada de eso le importaba, no si Sakura necesitaba su ayuda.

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Cuando Hiashi entró en su oficina, Minato estaba de pie, mirándole con seriedad, mas no con odio. Solían ser verdaderos amigos, pero todo cambió tras la muerte de Kushina, su esposa, puesto que nunca pudo perdonar a Hiashi el haberla alentado ese día a volar, en cierta forma le culpaba, y también culpaba a la música, pues siempre sintió que Kushina amaba más a la música que a él.

—Dime qué se te ofrece, no tengo mucho tiempo –dijo el hombre rubio de manera cortante. Hiashi sólo frunció el ceño, pues no recordaba que Minato fuera así, él era la persona más alegre del mundo, aunque siempre fue algo tímido y reservado cuando la ocasión lo requería, era alguien que siempre irradiaba buena vibra, no como ahora.

—Quiero hablar sobre tu hijo, Naruto –mencionó Hiashi, también cortante, después de todo, así era su personalidad.

—¿Naruto? –cuestionó Minato, algo sorprendido, pues hace años que Hiashi no veía a Naruto, lo conoció cuando era un niño, antes de la muerte de Kushina—. ¿Qué tienes que ver tú con Naruto?

—No soy yo, es mi hija, Hinata.

Nuevamente Minato frunció el ceño. Hinata… había escuchado que se volvió una popular estrella juvenil, como en sus tiempos lo fue su esposa Kushina, y también la madre de la ojiperla; Hanako, quien también había fallecido joven. Ellas solían ser las mejores amigas, siempre iban juntas a todas partes, incluso aquella vez.

—¿Qué sucede con Hinata?

—Al parecer están en la misma escuela y parecen llevarse como amigos –comenzó Hiashi—. Hinata me contó que tu hijo es un músico, que tiene mucho talento.

—Naruto no es músico ni lo será nunca, él sólo se dedicará a estudiar para ser mi sucesor en la empresa –interrumpió el rubio con impaciencia, sin querer escuchar las palabras de su ex amigo, no estaba dispuesto a ceder en su palabra de ninguna manera con respecto a su hijo, Naruto tenía que ser como él quería, porque no permitiría que lo mismo volviese a pasar, no dejaría que la historia de Kushina se repitiera.

—Te equivocas, Minato, le he visto, heredó el talento de su madre.

—Si has venido a hablarme de estas idioteces te puedes ir, ya te lo dije, Naruto será mi sucesor y punto final.

—Minato, escúchame –habló el Hyûga con mucha autoridad, tanta como siempre había demostrado ante la persona que fuese—. Tu hijo merece que le des una oportunidad, no lo desperdicies, no lo frenes, debes darte cuenta de que él necesita tu apoyo. No te pierdas, Minato, no seas como yo fui.

Después de decir todo aquello, el hombre se dio la media vuelta, dirigiéndose a la puerta, pero se detuvo al agarrar el pomo, pues oyó la voz de Minato.

—¿Por qué haces esto?

Hiashi cerró los ojos y bajó la cabeza.

—Lo hago por la memoria de Kushina, ella fue mi amiga y estoy seguro de que no quiere esto para su hijo –respondió antes de salir, dejando a Minato realmente abatido.

¿Y si él tenía razón? ¿Si de verdad estaba actuando mal con Naruto?

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—¡Sakura-chan! –gritó Naruto al llegar al lugar indicado por su novia, encontrándola apoyada contra una pared, con un pie claramente lastimado. No esperó ni dos segundos para correr hacia ella—. ¿Qué sucedió?

—Me tropecé y caí –respondió la chica, esbozando una sonrisa en cuanto lo vio llegar, estaba tan preocupado por ella, era tan dulce… ¿Por qué demonios no podía enamorarse de Naruto? ¿Por qué tenía que estar enamorada de un chico descorazonado como Sasuke? Aún habiendo aceptado ser la novia del rubio, aún así no podía amarlo. Pero tenía que hacerlo, así tuviera que forzarse.

—Ven aquí –Naruto la ayudó a apoyarse sobre su hombro, para así evitar que Sakura cargara su peso contra su pie lastimado—. ¿Te duele mucho? Porque si es así te llevaré enseguida al hospital, vengo en uno de los autos de mi padre, así que no será ningún problema.

—Gracias, Naruto –dijo la peli rosa, volviendo a sonreírle, aunque fingiera que todo estaba bien. Se odiaba a sí misma por mentirle, por hacerle creer que ella sentía lo mismo, cuando no era cierto, cuando sentía sólo cariño por él y no amor.

Por su parte, Naruto la cargó en sus brazos y la subió al auto, para él era como su princesa en apuros, así que no dudó en hacer todo lo posible por hacerla sentir mejor. En ese momento nadie más ocupaba su mente, y aunque una leve imagen de Hinata apareció en sus pensamientos, ésta se borró tan rápido como había aparecido.

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La noche había llegado y con ella terminaba aquel tan agotador día, dando paso a un brillante nuevo día. Muy temprano en la mañana todos se estaban preparando para dar sus clases, sin embargo, como cierto grupo sabía que su profesor era un lento e irresponsable, algunos se ocupaban de otras cosas, como sus ensayos.

—Creo que ya está listo para presentarlo, ¿no crees? –le dijo Kiba a Hinata con una sonrisa. Habían practicado durante el fin de semana en casa de ella y ahora llevaban una media hora extra en el salón de música. Aunque el castaño no iba a cantar, había tocado la guitarra excelentemente.

—Eres muy bueno, Kiba-kun –le dijo de pronto Hinata—. ¿No has pensado en entrar a una banda o algo así?

—No, la verdad es que nunca lo he pensado –respondió el Inuzuka, dejando de lado la guitarra para dar unos cuantos pasos hacia la ojiperla, que estaba de pie junto al piano de cola—. Y tú, Hinata, ¿por qué decidiste ser cantante?

—¿Eh?

—Bueno, me he dado cuenta de que eres realmente inteligente, podrías hacer lo que tú quieras, y sin embargo, te dedicas a la música desde tan temprana edad.

—Bueno… –Hinata bajó la mirada, con las mejillas algo sonrojadas, pues cada vez que Kiba la veía fijamente, se sentía algo intimidada, el chico parecía tener demasiada seguridad y eso a veces la abrumaba, no es que le molestara, sólo era algo incómodo—. Lo que pasa es que cantar es mi sueño –respondió, sonriendo levemente—. Siempre, desde pequeña he querido hacer esto, y… se lo prometí a una persona.

—Ya veo… –Kiba se alejó de ella, volviendo a su asiento para tomar la guitarra—. Es genial que hayas logrado cumplir tu sueño –dijo comenzando a tocar algunas notas sueltas, rasgueando sin hacer ninguna tonada—. La verdad es que yo soy muy diferente, siempre he pensado que los sueños son imposibles de alcanzar y ahora resulta que tengo a una estrella aquí a mi lado –miró a la chica—. Es genial haberte conocido, Hinata.

—Gracias, Kiba-kun –Hinata le sonrió amablemente, de alguna forma, sentía que ese chico podía entenderla a la perfección, tal vez no fueran tan diferentes como creyó al principio, cuando lo acababa de conocer.

—Permiso –se escuchó una voz femenina, por la cual ambos jóvenes se voltearon hacia la entrada y pudieron ver a Ino, la cual se quedó un tanto desconcertada al ver como ellos dos se sonreían, pero pasó por alto aquello y también sonrió—. Hinata-san, Kiba, Kakashi-sensei ya llegó y me mandó a buscarlos.

—Vamos enseguida –respondió Kiba, guardando rápidamente su guitarra. Hinata ya había corrido hacia el salón, dejando solos a los dos chicos—. Ino… –Kiba la llamó, mostrándose de pronto muy serio, pero sólo con ver la cara de su novia, se arrepintió de lo que sea que iba a decir y negó con la cabeza—. No, olvídalo, no es nada –aseguró.

Ino no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y caminó delante de él. Había algo entre ellos que comenzaba a no agradarle, como si de pronto algo faltara, como si se hubiera creado un vacío.

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Las clases ese día pasaron muy rápido, aunque para algunos se tornaron realmente incómodas, como fue el caso de Sakura, quien no dejaba de mirar a Sasuke con tristeza y éste le devolvía la mirada con indiferencia; eso la hacía sentir muy mal.

Por otro lado, como ella se encontraba lastimada, Naruto no paraba de actuar como su enfermero, atendiéndola y ayudándola con cualquier cosa, aunque la chica le pedía que no lo hiciera. Ver aquellas escenas hacía que Hinata se sintiera mal, después de lo que le había dicho Matsuri en su prueba de vestuario, no dejaba de pensar en ello y aunque al principio le parecía ridículo, podía que tuviera razón, lo que era verdaderamente frustrante.

En pocas horas había llegado la tan esperada hora de los clubs, en donde todos se habían adelantado al salón de música, excepto dos personas, pues el chico había detenido a la chica antes de que ésta saliera, tomándola de la muñeca.

—Espera –dijo Gaara con cierto nerviosismo—. Eh… yo quería hablar contigo.

Matsuri se volteó y asintió con la cabeza, sonrojada y sorprendida, pues usualmente Gaara no se le acercaba de esa manera, quería decir que el asunto era importante.

—Claro, Gaara-kun –le dijo sonriendo, aunque por dentro tuviera ganas de desmayarse, después de todo, él estaba sosteniendo su mano.

Al darse cuenta de que aún la sostenía, Gaara rápidamente la soltó, avergonzado. Ni siquiera sabía como actuar enfrente de ella, jamás se había sentido tan tonto cuando estaba con una chica. ¿Era normal que su corazón latiera tan rápido al verla? ¿Era normal también que sintiera tanta rabia si otro se le acercaba a Matsuri? -como pasó aquella vez en la disco-.

—Sólo… sólo quería recordarte lo de ensayar juntos, ya sabes, ibas a enseñarme a tocar el piano –se sintió un idiota al haber sacado una excusa tan tonta, cuando en realidad quería decirle otra cosa, algo totalmente distinto.

—Eh… claro –la castaña asintió con la cabeza, desviando la mirada y apretando su bolso contra su pecho—. Puedo hacerlo cuando quieras, yo no hago nada por las tardes después de la escuela y siempre estoy sola, así… así que tengo suficiente tiempo.

—Eso suena bien –sonrió levemente el pelirrojo—. ¿Qué te parece esta tarde? Pero no puede ser en mi casa, no tengo piano y a mi padre no le gusta verme tocar.

—Eh… en mi casa, yo tengo un piano y… y como dije, estoy sola –dijo avergonzada. Jamás pensó que invitaría a un chico a pasar la tarde en su casa, sin embargo, ellos no iban a hacer nada malo, sólo iban a tocar música. ¿Cuál era el problema? —. El único problema es que lo amo, y si estoy sola con él no podré controlar mis nervios –pensó angustiada.

—Entonces me iré contigo en la tarde –le dijo Gaara, ya resuelto—. Ahora vámonos al salón de música, debemos ir a cantar.

Matsuri sólo asintió y le siguió, iban a llegar un poco tarde, pero esperaba que todo les saliera bien, aunque aún no se curaba por completo de su miedo escénico, estaba segura de que con Gaara junto a ella podría hacerlo.

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Kakashi estaba frente al salón revisando la lista, cuando de pronto ingresaron los dos alumnos que faltaban y se oyeron algunas burlas, provenientes de Naruto, por supuesto, quién no podía dejar de molestar a Gaara con Matsuri, porque estaba seguro de que ahí había algo.

Cuando el profesor terminó de pasar la lista, le tocó llamar a los primeros alumnos que mostrarían su trabajo hoy. Pasó el dedo por la lista y paró en el nombre de Kiba, quien, al oírse mencionado, se paró como un resorte, con su guitarra en mano.

—Kiba-kun y yo estuvimos practicando una de las canciones que saldrá en mi nuevo disco –dijo Hinata mientras acomodaba el micrófono a su altura, mostrando su ya tan característica sonrisa de ángel.

—Oh, eso suena interesante –comentó Kakashi, notando que Kiba se paraba junto a la joven idol, poniéndose su guitarra, al parecer harían un dúo de voz y guitarra. La verdad era que él nunca dijo que ambos integrantes del dúo debían cantar, por lo que le pareció ingenioso de parte de ellos que sólo la ojiperla cantara mientras el castaño se ocupaba de la música.

—Wow, una canción nueva de Hinata-san –murmuró una de las chicas del grupo, mientras otras hablaban de lo mismo, emocionadas, pues oirían la canción antes de que saliera a la venta.

Kiba comenzó a tocar la guitarra, sin dejar de mirar a Hinata en todo momento, como si estuviera encantado por ella. Sonrió apenas la ojiperla comenzó a cantar, sin notar la mirada de tristeza que ponía su novia.

The way you move is like a full on rainstorm

And I'm a house of cards

You say my name for the first time baby, and I

Fall in love in an empty bar

Hinata mantenía sus ojos cerrados, dejando que su voz hipnotizara a los oyentes, sin embargo, ella misma se dejaba llevar por la melodía, deseando poder decirle todas esas palabras que estaba cantando a una sola persona.

And you stood there in front of me just

Close enough to touch

Close enough to hope you couldn't see

What I was thinking of

Y justo al llegar al coro, abrió los ojos y le miró fijamente, aunque nadie se daba cuenta por estar disfrutando de la canción, sólo Naruto pudo notarlo, cuando sus ojos azules y los perla de Hinata se conectaron.

Drop everything now

Meet me in the pouring rain

Kiss me on the sidewalk

Take away the pain

'Cause I see sparks fly whenever you smile

Después de eso, Hinata comenzó a moverse por todo el escenario, sonriendo y cantando con verdadera alegría, deseando transmitirle esos sentimientos al chico dueño de los ojos azules, que no hacía más que mirarla. Y mientras todos la seguían con simpatía, ella sentía mariposas en el estómago, era la primera vez que cantaba con esa sensación.

Get me with those green eyes baby

As the lights go down

Something that'll haunt me when you're not around

'Cause I see sparks fly whenever you smile

So reach out open handed

And lead me out to that floor

Well, I don't need more paper lanterns

Take me down baby, bring on the movie star

'Cause my heart is beating fast

And you are beautiful

I could wait patiently but

I really wish you would

Drop everything now

Meet me in the pouring rain

Kiss me on the sidewalk

Take away the pain

'Cause I see sparks fly whenever you smile

Get me with those green eyes baby

As the lights go down

Something that'll haunt me when you're not around

'Cause I see, sparks fly whenever you smile

Tal como decía en su canción, cada vez que veía la sonrisa del rubio sentía como si viera chispas o fuegos artificiales dentro de su pecho, algo que la hacía sonreír a ella, porque estando con Naruto nunca debía fingir ser algo que no era. Y, sin embargo, aunque por fin hubiese comprendido lo que sentía por él, que se había enamorado por primera vez, se sentía demasiado alejada.

Era imposible decirlo.

Naruto tenía novia y jamás se fijaría en una chica como ella, precisamente porque era la única persona que la conocía como era. ¿Cómo podría querer a alguien que engañaba a todos los demás?

I run my fingers through your hair

And watch the lights go out

Keep your beautiful eyes on me

Gonna strike this match tonight

Lead me up the staircase

Won't you whisper soft and slow?

I'd love to hate it

But you make it like a fireworks show

Drop everything now

Meet me in the pouring rain

Kiss me on the sidewalk

Take away the pain

'Cause I see sparks fly whenever you smile

Get me with those green eyes baby

As the lights go down

Something that'll haunt me when you're not around

'Cause I see sparks fly whenever you smile

.

Sparks fly!

Oh baby smile!

Sparks fly!

Cuando Hinata terminó de cantar, hizo una leve reverencia y se bajó del escenario, escuchando aplausos y risas, pero a la única persona a la que esperaba ver aplaudiéndole era a él. La canción que acababa de cantar, no sólo era parte de su nuevo disco, aún inédito, sino que, además, era una canción que ella misma había escrito, siendo aprobada por Kurenai, tal como Naruto le había dicho, que probara, que no perdía nada, y tenía razón, aunque había mentido un poco en la letra, pues, escribió sobre alguien de ojos verdes y no azules, no quería ser tan obvia. Sin embargo, cuando quiso ver su sonrisa dirigida a ella, sólo descubrió que el rubio había dejado de mirarla, para tomar la mano de Sakura y ayudarla a ponerse de pie y caminar hacia el escenario, incluso le había traído una silla para que no cantara de pie.

Realmente estaba enamorado de ella.

¿Cómo podría Hinata competir contra eso?

—Sakura-chan y yo cantaremos una canción llamada Lucky, la escogimos pensando en lo felices que somos –dijo Naruto con entusiasmo, acomodándose la guitarra y sentándose al lado de Sakura.

Comenzó a tocar y fue el primero en cantar, mientras la ojijade miraba por un solo segundo al Uchiha, para luego verlo a él.

Do you hear me, I'm talking to you

Across the water across the deep blue ocean

Under the open sky oh my, baby I'm trying

Luego fue el turno de Sakura, quien había empezado algo tímida al principio, pero rápidamente se adaptó, después de todo, estuvo practicando duramente para cantar mejor de lo que lo había hecho la primera vez. Y en realidad tenía una hermosa voz.

Boy I hear you in my dreams

I feel you whisper across the sea

I keep you with me in my heart

You make it easier when life gets hard

Y al llegar al coro, comenzaron a cantar juntos, sonriéndose el uno al otro. Sakura tomó el micrófono con una de sus manos y siguió a Naruto.

Lucky I'm in love with my best friend

Lucky to have been where I have been

Lucky to be coming home again

Hinata oía la letra y sentía una punzada de dolor en su pecho, cuando oía como Naruto expresaba con tanta alegría la frase "soy tan afortunado de estar enamorado de mi mejor amiga".

Pero ella no era la única, pues había otra persona que tampoco podía soportar toda esa dulzura en el aire, era algo que siempre le había repugnado a Sasuke, pero ahora mucho más. ¿Por qué no soportaba ver a Naruto y a Sakura siendo felices juntos?

They don't know how long it takes

Waiting for a love like this

Every time we say goodbye

I wish we had one more kiss

I wait for you I promise you, I will

.

Lucky I'm in love with my best friend

Lucky to have been where I have been

Lucky to be coming home again

.

Lucky we're in love in every way

Lucky to have stayed where we have stayed

Lucky to be coming home someday

Naruto y Sakura terminaron de cantar y nadie dudó en aplaudir, incluso Hinata lo hizo, el único que se quedó de brazos cruzados fue Sasuke, quien no tardó en mirar con odio a la peli rosa, como haciéndole querer ver que nada en el mundo le fastidiaba más que ella, pero sólo se molestó más al ver que a Sakura ni siquiera le importó, puesto que siguió sonriendo, abrazada de Naruto.

—Bien, ¿quiénes quieren ser los siguientes? –preguntó Kakashi, mirando a todos sus alumnos, pero obviamente nadie se ofrecía, por ende, estuvo a punto de escoger al azar, pero antes de eso, alguien se puso de pie.

—Nosotros, sensei –dijo Gaara con su típica seguridad. Matsuri se levantó con más timidez, pero asintió con la cabeza y caminó lentamente, hasta sentarse en el piano. Gaara, por su parte, acomodó la silla al lado del piano y un micrófono a su altura, así como otro a la altura de la joven—. Estamos listos.

—Cuando quieran –dijo el profesor.

Lo primero que comenzó a sonar fue el piano de Matsuri, seguido por la guitarra de Gaara. Pocos segundos después, la suave voz de la chica se dejó escuchar.

Picture perfect memories,

Scattered all around the floor.

Reaching for the phone 'cause

I can't fight it anymore.

De pronto la voz de Gaara se unió, aunque ninguno de los dos descuidaba el instrumento que estaban tocando, lo que lo hacía un dúo muy entretenido, además, aunque cantaban y tocaban, no dejaban de mirarse.

And I wonder if I've ever cross your mind

For me it happens all the time

Antes de llegar al coro, Matsuri volvió su vista al piano, mientras que el pelirrojo se fijaba ahora en como acomodaba sus dedos sobre las cuerdas.

It's a quarter after one,

I'm all alone and I need you now.

Said I wouldn't call

but I lost all control and I need you now.

And I don't know how I can do without,

I just need you now.

La música siguió su curso, hasta que de pronto fue el turno de Gaara, quien, sin perder la concentración, parecía sólo cantarle a Matsuri. Para ellos era más fácil decir lo que sentían a través de la música que en palabras.

Another shot of whisky,

can't stop looking at the door.

Wishing you'd come sweeping

in the way you did before

Algunas chicas suspiraban al oírle cantar, mientras otras hervían de la endivia al darse cuenta de lo obvio, lo que pasaba entre esos chicos era más que evidente.

And I wonder if I've ever cross your mind

For me it happens all the time

Matsuri sonrió y volvió a mirar a Gaara, sintiendo que se perdía en la profundidad de sus ojos y perdiendo todo el miedo para cantar con todas sus fuerzas.

It's a quarter after one,

I'm a little drunk

And I need you now.

Said I wouldn't call

but I lost all control and I need you now.

And I don't know how I can do without,

I just need you now.

Oh ohhh...

Yes, I'd rather hurt than feel nothing at all

It's a quarter after one,

I'm all alone and I need you now.

And I said I wouldn't call

but I'm a little drunk and I need you now.

And I don't know how I can do without,

I just need you now,

Oh, baby I need you now

Cuando la canción acabó, se oyeron los típicos aplausos y ambos jóvenes regresaron a sus asientos.

Kakashi estaba más que satisfecho con el trabajo de esos dos, sentía que habían sido los más expresivos hasta ahora, aunque cabía destacar que Hinata, como una profesional, había estado increíble, pero se vio cierta tristeza en su interpretación, en cambio, en la de estos dos sólo vio alegría y eso le gustó. También le agradó la presentación de Naruto y Sakura, sólo que a la chica se le veía menos comprometida.

—Bien, han estado increíbles los tres dúos que han salido… ¿Ahora a quien escogeré? –se empezó a preguntar, sin embargo, vio con satisfacción como la chica más ruda de su clase se levantaba de golpe, tomando del cuello de la camisa a su compañero de equipo.

—Venga, hombre pez, es hora de la acción –dijo con una sonrisa, trayendo consigo su violín.

¿Qué clase de presentación harían?

Continuará…