Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: Ligero Ooc al inicio de la historia, justificado.
Canciones: Vuelvo A Existir – Alana.

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El primer beso es como una canción que escuchas por primera vez, quizá no te guste al principio, pero mientras más la repites, se vuelve mejor.

Capitulo 9: Una meta que cumplir

Las exclamaciones de sorpresa no se hicieron esperar en cuanto la presentación de Suigetsu y Karin comenzó. No era una sorpresa para nadie que Karin era bastante buena tocando el violín, sin embargo, jamás la habían visto tan seria en ello, ni mucho menos tenían la menor idea de que Suigetsu fuese capaz de seguirla con el piano. Aunque parecía que al chico le costaba un poco de trabajo ir al ritmo de Karin sobre las teclas del piano, la armonía con la que ambos tocaban parecía indicar que entre ellos existía cierta complicidad, bastante poco frecuente de encontrar en dos personas tan distintas como ellos.

Habían convertido una clásica canción, bastante conocida, en una gama de tonalidades bastante armoniosas y melódicas, era nada menos que "Somewhere Over the Rainbow", pero tocada al estilo de la música clásica.

Cuando los chicos finalizaron su presentación, todos comenzaron a aplaudir debido a la emoción, pues la interpretación realmente les había llegado.

—Bien –dijo Kakashi en cuanto sus dos alumnos se sentaron. En verdad había mucho talento en aquel salón de música, no eran simples aficionados los que habían aceptado su reto, sino chicos que en verdad amaban la música y creían que podrían encontrar un futuro con ella; eso era sin duda algo maravilloso.

En aquel momento el maestro se puso de pie y volvió la vista a su lista, para seguir con las presentaciones pendientes, después de todo, esto ameritaba una calificación de su parte para todos ellos.

—Me han sorprendido gratamente hasta ahora, chicos, incluso tú Sakura, que sé muy bien no te tenías nada de fe a la hora de cantar –la nombrada sólo bajó la cabeza, asintiendo levemente, con una pequeña sonrisa—. Pero sin duda, quien se lleva mis aplausos es la pequeña y tímida Matsuri –dijo el hombre—, aunque eres muy reservada, cuando te sientas frente al piano eres otra persona –el hombre sonrió bajo su máscara, mientras la chica sólo se sonrojaba tiernamente y a la vez sentía sobre sí la potente mirada del chico que le gustaba, el cual no dejaba de verla. Kakashi desvió la vista de ellos dos, para posarla ahora sobre Hinata, la única artista profesional entre todos sus alumnos, a quien consideraba que no tenía nada que enseñarle al principio, pero observó algo en su presentación que al parecer nadie más había notado y eso había sido un enorme vacío en sus ojos—. Sobre Hinata creo que no hay nada que decir, sabemos que es una celebridad sin igual, y su voz es como la de un ángel, ¿no están de acuerdo?

—¡Sí! –exclamó la mayoría del salón, aunque no faltaban algunas envidiosas.

—No es para tanto –murmuró para sí Karin, al tiempo que Suigetsu le observaba con una ligera sonrisa socarrona; esa extraña mujer en verdad le llamaba mucho la atención.

—Por supuesto, no puedo dejar de mencionar la hermosa presentación de Karin y Suigetsu, estuvieron impecables los dos –aseguró Kakashi, provocando que la pelirroja se avergonzara un poco, no estaba muy habituada a los halagos—. Bueno, en fin, hay que continuar con esto –dijo el profesor—. ¿Quién sigue?

Y así, las presentaciones continuaron, aunque nadie más logró impresionar tanto a Kakashi como las primeras exposiciones, de todas formas, fue un agrado verlos a todos tan comprometidos.

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Ya las clases habían terminado para esa hora, pero ella aún seguía en la escuela, parada en aquella azotea mirando hacia el cielo, el cual comenzaba a ponerse rojo debido a los efectos del atardecer.

El viento corría furioso, removiendo sus negros cabellos, como si quisiera avisarle que se acercaba una tormenta.

—¿Por qué me pasa esto a mi? –se preguntó entonces la joven idol, llevándose una mano a su pecho, justo a la altura del corazón, en donde podía sentir los frenéticos latidos que amenazaban con delatar su estado.

Bajó la mirada con tristeza cuando volvió a pensar en él. Sabía que era una tonta por haber dejado que esto le pasara. ¿Desde cuándo Hinata Hyûga era tan fácilmente cautivada por un chico torpe y ruidoso? No podía negar que había algo en su personalidad burbujeante que no dejaba de atraerle, pero por Dios, ella era una estrella reconocida, alguien aclamada y admirada por cada chico y chica de su edad. ¿Cómo es que terminó cayendo en las redes de un chico al que ni siquiera le gustaba ella como artista? Era cierto. Naruto despreciaba su estilo de música, a él le parecía prefabricado y superficial, alguien como él no podía entender todas las horas de escuerzo y trabajo que Hinata había puesto para llegar hasta ese lugar. No había sido un juego de niños, ni tampoco logró todo aquello sólo gracias a las conexiones y el dinero de su padre. Fue algo por lo que ella luchó, algo que realmente quiso hacer, aún más allá del miedo que le daba la mirada de las personas. Por eso era que entendía a la perfección cómo se sentía su amiga Matsuri, cuando la miraba a ella cantando, era como verse a ella misma algunos años atrás, cuando apenas comenzaba en la industria de la música. Tenía tanto miedo de subirse a los escenarios y, sin embargo, luchó incansablemente para superar ese miedo, porque quería cantar, porque quería ser como había sido su madre, porque fue la promesa que le hizo a su tumba.

—Madre… –murmuró con tristeza, siempre que la recordaba sentía muchísima tristeza—. ¿Tú que hubieras hecho en mi lugar? Si te hubieras enamorado de un chico que ni siquiera se fija en ti… ¿Cómo te sentirías?

—¿Con quién hablas? –se escuchó una voz masculina de pronto, asustando a Hinata y haciéndole dar un salto, lo que provocó que se golpeara la frente contra la rejilla de protección de la azotea—. H-hey, Hinata –la llamó Naruto, corriendo hacia ella para comprobar su estado—. ¿Estás bien?

—Auch, s-sí –respondió la ojiperla, sobándose la cabeza con los ojos cerrados, por lo que no vio que Naruto estaba parado justo enfrente de ella y con su rostro muy cerca del suyo—. Sólo me sorprendiste, pero estoy bien –respondió con una sonrisa, abriendo por fin sus ojos, sólo para que su rostro se pusiera tan rojo como un tomate—. N-Naruto-kun…

—Perdón, es que no sabía que estabas aquí –dijo el rubio despreocupadamente, alejándose sin siquiera haber notado la expresión de Hinata—. Se me olvidó algo en la sala de música y quise pasar a tomar algo de aire aquí, no pensé encontrarte aún en la escuela.

—Sólo quise estar en un lugar tranquilo para pensar –respondió simplemente Hinata—, sin embargo, mi primo debe estar esperándome abajo, será mejor que me vaya.

—Claro –Naruto sonrió—. Hasta mañana, Hinata.

—Hasta mañana, Naruto-kun –dijo la muchacha justo antes de salir por la pesada puerta de la azotea, dejando al rubio solo en aquel lugar, quien se sentó sobre la banca que estaba ubicada a un lado de la rejilla y miró al enrojecido cielo.

—En verdad… sólo estaba buscándote –susurró para sí—. Cuando vi a tu primo abajo me dijo que no salías aún, así que me preocupé –soltó un suspiro—. ¿Realmente qué sucede conmigo…?

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Sakura regresaba a casa luego de haber ido al hospital. Al parecer, la torcedura de su pie era un tanto seria y debía tener cuidado al caminar, sin embargo, no tenía otra forma de regresar a casa, por lo que tuvo que hacer exactamente lo que el médico le indicó que no hiciera.

—Duele… –se quejó, cerrando un ojo por el dolor.

Estaba realmente molesta con el idiota de Sasuke, de no haber sido por él, nada de esto estaría pasando. Encima de todo él era tan arrogante… Sinceramente, ¿por qué se había enamorado de él? Era tan estúpido el sólo hecho de pensarlo.

—Idiota, no es más que un idiota –murmuró para sí, con el ceño fruncido y la boca torcida, como si fuera el puchero de una niña de cinco años.

Las últimas nubes negras estaban tapando todo el azul del cielo, al tiempo que caía la noche como si se apresurara más de la cuenta. Cuando Sakura menos lo notó, algunas gotas de agua le golpearon la punta de la nariz y la frente.

—Ay no –se quejó, notando que ya comenzaba a llover y ella no traía un paraguas consigo, por lo que, como pudo, trató de refugiarse bajo el cobertizo de una tienda que estaba cerrada, justo cuando la lluvia comenzaba a caer con mayor intensidad.

Miró frustrada como los autos apresuraban el paso, levantando un poco de fango del suelo, el cual le llegó encima, dejándola toda mojada y embarrada.

—¡Idiota, fíjate por donde andas! –exclamó enojada, pero se arrepintió de sus dichos en cuanto notó como el automóvil negro se detenía un poco más delante de ella, para que segundos después la puerta de atrás se abriera. Se le congeló la sangre al ver salir de ese auto a Sasuke Uchiha, el cual la observaba tan fríamente como siempre, pero en un rato, tal vez al haberla reconocido, torció los labios en una sonrisa arrogante.

—¿Qué haces ahí toda embarrada? –se burló, lo que sin duda enfureció a Sakura.

—¿Tú qué crees, imbécil? –le insultó la chica rosada—. Tu estúpido autito de juguete acaba de embarrarme toda, ¿acaso no te piensas disculpar?

—Yo no iba conduciendo –discutió Sasuke.

—¡De todos modos discúlpate! –exclamó la peli rosa ofuscada. En verdad estaba comenzando a sentir deseos de volverse una asesina, no le importaba ir a la cárcel si podía deshacerse de la estúpida sonrisita que estaba estampada en el rostro de ese tarado. Nunca había sentido tantas ganas de insultarlo y de despreciarlo como ahora, pero no podía soportarlo más, cualquier persona en su sano juicio la habría ayudado después de verla, pero ese idiota sólo se reía.

—Ya te dije que no tengo por qué hacerlo –insistió Sasuke.

—¡Entonces sólo púdrete y vete! –le gritó Sakura tan fuerte, que en ese momento pensó que perdería la voz, hasta sintió como se rasgaba su garganta y, para empeorar aún más las cosas, el estruendoso sonido de un trueno hizo eco en el ambiente, seguido de un luminoso relámpago. Cuando Sakura se dio cuenta, había saltado a los brazos de Sasuke, ignorando el dolor de su tobillo, además se había mojado completamente con la lluvia, pues el paraguas que él sostenía se había caído, y no sólo eso, sino que él la sostenía por la cintura y la miraba fijamente.

¿Qué demonios estaba pasando?

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Los dedos de la castaña se movían suavemente sobre las teclas del piano, convirtiéndose en algo tan natural como respirar. La impresión que le daba a Gaara al verla era la de una elegancia incomparable, nunca había visto a una mujer que le hiciera sentir de esa manera. Era como magia desarrollándose frente a sus ojos, pero… ¿Tal vez era así por lo que sentía por ella?

—¿Ves que fácil es? –habló de pronto la castaña, sacando de su ensoñación al chico que la estaba acompañando. A él le llamó la atención que al llegar a su casa no hubiese nadie esperándole, incluso cuando preguntó si no habría problemas con que él estuviera allí, Matsuri respondió que su madre no regresaría a casa hoy. Le parecía muy extraño que una chica tan frágil y dulce como Matsuri pasara sus tardes sola en aquella desoladora casa, ciertamente, no le agradaba en lo absoluto la situación.

—Claro –el chico mostró una leve sonrisa para disimular que en verdad no había puesto ni un poco de atención a la lección, pues sus ojos no podían apartarse de ella, de su sonrisa, de su expresión al tocar el piano. Lucía tan segura de sí misma cuando interpretaba alguna melodía. Se veía aún más hermosa que en su estado normal.

Matsuri sonrió dulcemente y se movió con la intención de ponerse de pie, había notado lo tarde que era y que además había comenzado a llover, seguro Gaara ya quería irse a su casa, pero al pararse, tiró sin querer un cuaderno de letras que tenía sobre el piano.

—¿Qué es esto? –preguntó Gaara al recogerlo, notando varias canciones escritas ahí, especialmente compuestas para el piano—. ¿Tú las hiciste?

—Hago esto cuando estoy aburrida –respondió algo avergonzada la castaña, recibiendo el cuaderno de las manos del chico, que sólo podía mirarla fijamente—. Cuando era pequeña mi abuela me enseñó a tocar el piano, practicábamos horas juntas, ya que nunca he tenido un padre y mi madre no podía estar conmigo, porque trabajaba todo el día, así que no tenía nada mejor que hacer que tocar el piano, luego mi abuela murió y… me quedé sola…

—Ya veo… –murmuró el pelirrojo, sintiéndose un tanto culpable por haber hecho a Matsuri recordar cosas tristes—. Sin embargo… yo… me gustaría mucho escucharte tocando una de esas canciones.

—¿Eh? –exclamó la chica—. ¿Estás seguro? Son ultra cursis –se rio nerviosamente—. No creo que te vayan a gustar.

—Yo creo que sí –aseguró Gaara con una leve sonrisa. No podía evitarlo, esa chica… realmente le había conquistado con su ternura, no podía resistirse a ella, a ser alguien diferente cuando estaba con ella. ¿Acaso esto era el amor al que tanto despreciaba en un principio? Cómo se veía que lo había subestimado.

—Está bien –aceptó Matsuri, abriendo el cuaderno en una página cualquiera, para luego dejarlo sobre el piano y así poder tener una visión de las notas musicales que debía interpretar.

Con cuidado comenzó a tocar una dulce tonada, una melodía algo triste, pero a la vez romántica. Gaara quedó fascinado al ver su expresión concentrada, pero sintió como si algo fuerte le golpeara en cuanto la oyó cantar, algo que atravesó su pecho y le hizo sentir un enorme escalofrío recorrerle de pies a cabeza.

Juro que nunca vi a un niño como te veo a ti

¿No lo ves, nunca así?

Aún no entiendes la manera en que me haces sentir

Si estás, cerca de mí.

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Y así, todo cambió, el mundo giró

Vuelvo a existir…

En ese momento Gaara decidió que no había una mejor forma de expresar lo que estaba sintiendo más que cantando junto a ella, fue por eso que decidió poner el ritmo a la siguiente estrofa, a pesar de sólo haberla leído levemente mientras la castaña la cantaba.

Te regalo el tiempo en mi reloj

Al principio, Matsuri le miró sorprendida, pero no tardó nada en seguirle con su aterciopelada voz.

Hoy sé que nunca sentí esto por nadie

Es algo que no quiero evitar

Gaara continuó con la siguiente línea, mientras se sentaba al lado de ella y sonreía levemente.

Sólo tú me haces gravitar

Y nuevamente Matsuri volvió a cantar.

Sin ti todo lo que tendría es espacio

Me llevas con tanta facilidad

Y Gaara puso el punto final al coro, al mismo tiempo que clavaba su mirada en ella, como si quisiera decirle directamente las siguientes palabras:

Ya no quiero a nadie, nadie más…

En ese instante, Matsuri dejó de tocar, Gaara había sostenido su mano y sus ojos no se apartaban de los de ella, era simplemente como si todo a su alrededor hubiera desaparecido. Fue ahí que Gaara recordó las palabras de su hermana y sus ojos se desviaron hacia los labios de Matsuri. Eran tan rosados y pequeños, lucían tan apetitosos, y en ese momento él se sentía como un lobo hambriento. Simplemente no pudo evitarlo, antes de que se diera cuenta, ya no existía ninguna distancia que los separara; la estaba besando.

Los ojos de Matsuri se abrieron por la sorpresa, tanto que casi ardían, pero rápidamente cayeron cerrados, por fin creyendo lo que estaba pasando. Era como un sueño, su corazón casi salía de su pecho y su rostro se sentía extremadamente caliente. Pero aun así era maravilloso, aunque se sentía como una torpe por jamás haber besado a nadie antes, sentir la delicadeza con la que Gaara la besaba, la estaba llevando a las nubes.

Había sido un mágico primer beso. Pero entonces, el pelirrojo se separó.

—Matsuri… lo siento, es sólo que yo… no pude controlarme… –dijo nervioso, notando el sonrojo en las mejillas de la castaña y que hasta su propio rostro estaba de ese color, combinándolo con los latidos desenfrenados de su corazón. Se levantó como un rayo y se alejó tanto como pudo, tomando todas sus cosas apresuradamente—. Será mejor que me vaya, es tarde.

—Eh… s-sí, es cierto –dijo Matsuri, bajando la mirada. Estaba tan desconcertada como él lo estaba, así que sólo atinó a pararse y abrirle torpemente la puerta.

Gaara ni siquiera se despidió, estaba demasiado conmocionado como para pensar en eso. Simplemente salió y se perdió en medio de la oscuridad de la noche y las gotas de lluvia.

Matsuri cerró la puerta y se apoyó contra ésta, sujetándose el pecho con fuerza y dejándose caer al suelo, para luego acariciar suavemente sus labios, sintiendo como si aún los labios de Gaara estuvieran sobre los suyos.

—Gaara… me besó… –murmuró, aún sorprendida.

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Sakura llegó a su casa toda mojada y embarrada, pero eso no le preocupaba en lo más mínimo. Su corazón estaba latiendo muy fuerte, pues había estado demasiado cerca de Sasuke, y… ¿A quién quería engañar? Todavía estaba enamorada de él como una tonta, aunque estuviera molesta, aunque tratara de odiarlo.

—Sasuke-kun… –suspiró, tocándose suavemente el pecho, con las mejillas sonrojadas.

Cuando se dio cuenta de que estaba en los brazos de Sasuke Uchiha, lo único que pudo hacer fue quedarse paralizada como una estatua, mirando sus oscuros ojos negros. El chico la sostenía por la cintura y había dejado caer el paraguas, por lo que ambos estaban completamente empapados.

—No sabía que fueras tan cobarde –se burló de pronto él, provocando que Sakura se alejara enojada, pues el comentario le había molestado.

—No es de tu incumbencia –dijo con las mejillas levemente sonrojadas. Sin pensarlo dos veces, le sacó la lengua a Sasuke y se alejó, medio corriendo, medio cojeando.

Sasuke sólo pudo sonreír.

Sakura se dirigió a su habitación para darse una ducha y quitarse la ropa mojada, pero antes de poder empezar, había comenzado a estornudar.

—¿Será que me enfermaré?

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Naruto estaba encerrado en su cuarto, tocando su hermosa guitarra anaranjada. Estaba concentrado en ello, cuando de pronto oyó unos golpes a su puerta. Alzó la mirada, creyendo que se trataba de su pervertido padrino, pero se sorprendió al ver que era su padre, quien traía una caja entre sus manos.

—Quiero hablar contigo, Naruto –dijo el rubio mayor, entrando a la habitación sin esperar a recibir una invitación por parte de su hijo. Se sentó en la cama y notó como Naruto dejaba de lado su guitarra rápidamente, pues sabía que a su padre no le agradaba.

—Ya dejé de tocar –dijo el menor—. A eso venías, ¿no?

—No –respondió Minato—. Te traje esto –dijo, acercando la pequeña caja de color rojo a las manos de su hijo, quien la miró dudoso, pero de igual forma, la terminó aceptando. La abrió, aún escéptico, pero su sorpresa fue enorme al reconocer el objeto que estaba dentro.

—¿Esta no es… la uñeta de mamá? –se preguntó, asombrado, pues jamás la había visto sino en fotos. Era la uñeta favorita que usaba su madre para tocar la guitarra y componer canciones, ella siempre la llevaba en todas las fotografías en las que salía con su guitarra, pero él pensaba que su padre la había hecho desaparecer, ¿por qué estaba dándosela ahora? —. ¿Qué significa esto, papá? –quiso saber, sin poder ocultar su curiosidad.

—Sabes bien lo que es eso –dijo Minato, cambiando su rostro de seriedad por una pequeña sonrisa paternal, la cual Naruto no veía desde que era un pequeño—. Quiero que la tengas, Naruto, esto era muy especial para tu madre –miró al cielo—. ¿Sabías que yo se la regalé?

—¿En serio? –cuestionó un sorprendido Naruto, viendo como su padre asentía con la cabeza.

—Sé muy bien que he sido injusto durante todo este tiempo, pero creo que me entiendes, ¿verdad? –el hombre bajó la mirada, dejando escapar toda su tristeza—. Siento como si la música me la hubiese arrebatado, esa música que ella tanto amaba, y que ahora tú también amas.

Naruto también bajó la mirada. Él sabía todo eso, pero nunca lo había escuchado de los labios de su padre, era la primera vez que él se abría de esa manera y en cierta medida, le parecía un poco triste, pero le gustaba que esto estuviera pasando, tal vez él ahora lograría comprenderle sólo un poco.

—Papá… –Naruto habló después del incómodo silencio, mirando a su padre con duda—. Pero ¿por qué me estás diciendo todo esto?

—Porqué sé que recibiste una oferta para ser parte de una empresa, y necesitas mi aprobación para ello.

Naruto se quedó con la boca abierta. ¿Cómo es que su padre se había enterado?

—¿Pero cómo…?

El hombre mayor suspiró.

—Eso no importa, lo importante es lo que te voy a decir. Naruto, sabes lo que pienso al respecto de la música, y que jamás podré reconciliarme con la idea de que tu madre murió por ello –Naruto se temía lo peor con esas palabras, sin embargo, fue todo lo contrario—. Pero un buen amigo me dijo que debía dejarte seguir tu sueño –ahora el menor casi se caía de espaldas—. Te dejaré hacer lo que desees, incluso si fallas, porque creo que es lo más justo para ti.

—¡¿Hablas en serio?! –exclamó Naruto, tan feliz que apenas podía creerlo, por eso, cuando su padre asintió con la cabeza, no halló nada mejor que arrojársele encima—. ¡Eres el mejor, papá!

—¡N-Naruto! –se quejó el hombre.

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Un nuevo día había llegado y con él, muchas cosas nuevas iban a suceder.

Hinata estaba dentro de su limusina, acercándose al colegio. Iba sumida en sus pensamientos sobre Naruto, por lo que apenas notó el revuelo que había en la entrada de la institución; sólo fue consciente de ello cuando su primo Neji se lo hizo saber.

—¿Qué es todo ese ruido? –preguntó el castaño extrañado, llamando la atención de Hinata, quien bajó un poco el vidrio de su ventana para enterarse de qué era lo que pasaba; pero ojalá no lo hubiera hecho.

—¿Qué significa esto? –exigió saber la ojiperla, en cuanto vio a su enemiga pública parada en la entrada de su instituto, portando el uniforme del mismo. Sintió casi como si se le congelara la sangre. ¿Pero qué rayos hacía Shion en su escuela?

Sin esperar un segundo, y sin importarle lo que la gente fuese a pensar de ella, se bajó de la limusina, causando la emoción de sus compañeros de la escuela, pero ella no les prestó atención, sino que se dirigió expresamente hacia donde estaba parada aquella joven rubia, casi tan hermosa como Hinata, incluso poseía la misma aura angelical que caracterizaba a la Hyûga.

—Oh, pero si es mi querida amiga, Hinata-san –dijo Shion en cuanto la vio, sonriendo dulcemente y mostrándose tan amable como un pedazo de cielo, mientras que Hinata no hacía ningún esfuerzo por disimular su ceño fruncido, pues había ocasiones en las que simplemente no se podría controlar y toda su rabia salía a flote.

—¿Qué haces tú aquí? –le preguntó la ojiperla. A pesar de lo poco que ambas habían convivido -pues Shion era aún muy nueva en el medio– Hinata no tragaba mucho a esa chica, pues durante un programa de variedades, había declarado ser mejor tanto en voz como en presencia que Hinata, cosa que nadie se había atrevido a hacer antes.

—¿No lo adivinas? Seremos compañeras de instituto –respondió alegremente la rubia—. Como tengo algunos problemas debido a mi fama, mi agencia consideró enviarme a esta escuela, que por como lo vimos contigo, acepta sin problemas a las celebridades como nosotras.

—Eso veo –Hinata sonrió sarcásticamente.

¡Esto era lo último que le faltaba!

¿Por qué tenían que traerle a su enemiga a la misma escuela?

Por su parte, Shion estaba verdaderamente contenta de haber llegado a este lugar, después de lo mucho que le rogó a su representante Sasori para que la dejara venir; la única forma había sido cuando le mostró un video del chico rubio tocando junto a su banda. Ella ni siquiera sabía algo de él aparte de haber escuchado su nombre, pero su forma de tocar la tenía hipnotizada y no se iba a rendir hasta hacer que él quisiera formar parte de su banda de músicos. Sin duda, sería la mejor si lo tenía a él, incluso mejor que Hinata.

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Ya estaban todos los chicos en su salón de clases, esperando a que llegara la profesora de esa hora. Hinata estaba mirando hacia el frente con molestia, pues de alguna forma, se sentía desplazada por esa Shion, además, estaba segura de que esa rubia trataba de copiar su estilo, pero no se iba a salir con la suya tan fácilmente.

Naruto estaba en su asiento, supuestamente oyendo lo que Sasuke le decía, pero la verdad era que no podía apartar sus ojos de Hinata. ¿Cómo era que lograba ponerse tan bonita con el ceño fruncido?

—Naruto, ¿estás oyendo? –le preguntó el Uchiha, molesto. Le molestaba ser ignorado, y más cuando hablaba de algo tan importante como la banda. Lo peor era que Gaara aún no había llegado y el torpe de Naruto parecía en la luna. Seguro que estaba pensando en esa tonta de Sakura, pues Naruto no tenía cabeza para otra cosa a veces.

—Disculpa, estaba concentrado en otra cosa –el rubio volteó la mirada, tratando de despegar su atención de la joven idol; tenía que hacerlo como fuera—. ¿Qué me estabas diciendo?

—Te pregunté si ya obtuviste la firma de tu padre, sólo faltas tú, hasta Gaara ya la tiene –dijo Sasuke, a lo que Naruto asintió con la cabeza, mostrando una enorme sonrisa.

—Ni siquiera tuve que robársela –dijo alegre—. Papá me la dio por sí mismo.

Sasuke arqueó una ceja al no comprender bien esas palabras, pues, por lo que sabía, el padre de Naruto estaba totalmente en contra de que su hijo se dedicara a la música. ¿Por qué habría cambiado de opinión?

En ese momento, Gaara entró al salón y se sentó silenciosamente en su puesto. Para Sasuke, su amigo estaba más raro de lo normal, incluso el distraído de Naruto lo notó.

—Hey, ¿le pasa algo a Gaara? –preguntó el rubio, a lo que Sasuke sólo le hizo un gesto de no saber. Cuando Naruto iba a decir otra cosa, se dio cuenta de que su novia Sakura estaba entrando al salón, cojeando notoriamente de un pie y se veía un poco pálida, por lo que él no dudó en levantarse para ayudarla a llegar a su asiento—. Sakura-chan –la llamó—. ¿Por qué no me dijiste que estabas así? Hubiera ido a buscarte a tu casa, debe dolerte mucho.

—Estoy bien, Naruto –aseguró la peli rosa—. El doctor me dijo ayer que puedo venir tranquilamente a la escuela, además, mi papá me trajo –dijo sonriendo, pero, aun así, Naruto la ayudó a llegar hasta su asiento.

Sasuke miró la escena con hastío y se volteó a mirar por la ventana, ya que lo encontraba más interesante que ver a esos dos juntos.

Por su parte, Hinata se sintió un poco triste al ver a Naruto tan preocupado por Sakura. Pero era algo tan obvio, después de todo, ella era su novia. Pero ¿por qué tenía que dolerle tanto?

Hinata tonta, tonta, ya deja de pensar en él. ¿Y qué si te gusta? ¡Sólo olvídalo! –se dijo a sí misma, como si con esa orden auto infundada, todo se pudiera solucionar, pero sabía que no era tan fácil.

Matsuri no podía dejar de ver a Gaara desde que éste llegó al salón. Estaba tan sorprendida aún por lo sucedido ayer, por el beso que él le había dado. Había sido su primer beso y nunca creyó que fuese a ser con el chico al que amaba. Sin embargo, ahora estaba muy asustada, después de todo, Gaara casi había salido huyendo anoche. ¿Estaría dispuesto a hablar del tema con ella? ¿O sólo la ignoraría? Pues parecía que ya lo estaba haciendo, ni siquiera la había mirado desde que llegó.

Gaara-kun… –se dijo con tristeza.

Cuando la profesora entró al salón, todos voltearon a ver al frente, excepto el pelirrojo, que por fin había posado sus ojos sobre la chica que no lo había dejado dormir. No quería que ella se diera cuenta, por eso lo hizo disimuladamente.

—Chicos –de pronto todos oyeron la voz de la directora, quien entró después de la profesora. La mujer se paró frente a todo el salón, mostrando una sonrisa—. Quiero que le den la bienvenida a una nueva compañera de clases, ella estudiará aquí a partir de hoy.

Hinata miró al frente con los ojos muy abiertos, mientras veía entrar al salón de clases a su rival, la cual venía rodeada de un aura de inocencia.

—Me llamo Shion, mucho gusto a todos –dijo la rubia, haciendo una leve reverencia, para después ponerse de pie y mirar a sus nuevos compañeros, aunque sólo fijó sus ojos en la persona por la que había venido en primer lugar—. Naruto-kun, ya verás que vendrás a mi —pensó.

Por su lado, Hinata sólo podía ver esta aparición como un verdadero desafío. Pues bien, si esta chica tenía tanto interés en enfrentarla, que se atuviera a las consecuencias.

Continuará…